El diputado morenista deja plantado a sus “miles” de seguidores en la Plaza Allende * Al vocero del partido guinda nadie lo conoce, por lo que debe ponerse las pilas y demostrar que quiere ser un digno defensor de los derechos del pueblo y no un negocio más como acostumbran demostrarlo todos los políticos * Le falta mucho para llegar a ser un digno aspirante a la alcaldía Cuauhtémoc
LOS MALOSOS
Lo que se anunció con bombo y platillo fue un total fracaso.
El evento que se realizó en la Plaza Allende del enigmático Tlatelolco estuvo más desolado que el Zócalo capitalino en la madrugada.
En teoría sería una gran posada en donde habría piñatas y aguinaldos, encabezado por el diputado morenista Arturo Ávila, pero ni máiz paloma, el vocero no llegó y dejó plantados a sus “miles” de seguidores.

Es de reconocer que el equipo de Ávila hizo su mejor esfuerzo para que hubiera ambiente en la posada, pero todo fue inútil… no “prendió”… y más cuando el equipo organizador señaló que Arturo estaba en Aguascalientes y que su vuelo estaba con retraso.
Ante los hechos, se constata que el diputado morenista no lo conocen ni en Tlatelolco. Tendrá que trabajar mucho para “pegar” en el ánimo ciudadano.
Es innegable que Ávila es muy conocido, pero no porque tenga arrastre popular, sino por hacer el ridículo y defender lo indefendible ante los cuestionamientos certeros y bien fundamentados por los panistas Federico Döring y Damián Zepeda.

Arturo hace su chamba, atacar a la oposición, sobre todo a Alessandra Rojo de la Vega Piccolo, pues su misión es bajarla de la preferencia ciudadana, pero así no lo logrará. La mejor carta de presentación es cumplirle a la gente y entregar buenos resultados, puntos que no cumple para nada Arturo Ávila, más que vocero es boxero, pues con todo mundo se pelea.
Ávila tiene cercanía con Pedro Haces y con Ricardo Monreal, y piensa que eso le da para ganar la Cuauhtémoc… eso pensaba Catalina y resulta que perdió ante Rojo de la Vega Piccolo.

Arturo quiere la Cuauhtémoc y confía en ganar la alcaldía con el apoyo de la maquinaria electoral de Morena.
Àvila se siente el “héroe” de la Cuarta Transformación, defiende a capa y espada a los morenistas, critica a los opositores, pero ni aún así lo conocen. Es, para ser más claros, y ante los hechos, el “héroe desconocido”.
No la Haces mi buen Arturo. A diferencia de Ale Rojo, Ávila es más de escritorio que de territorio, no practica la cercanía con la ciudadanía. Así es muy difícil ganarse la confianza del pueblo.
El diputado morenista la tiene muy difícil porque Alessandra Rojo de la Vega, en base a sus buenos resultados, ya conectó con la gente, colonos y vecinos la quieren y la apoyarán en cualquier proyecto político que emprenda.
Ale Rojo es una aguerrida, valiente, firme en sus ideas y con la convicción de servir a la gente… y si a eso le agrega que posee un gran carisma y la confianza ciudadana, es innegable que se ha convertido en la piedrita en el zapato del partido guinda, el temor de Morena, pues saben que Rojo tiene todo para seguir escalando en el mundo de la política, una Resistencia a toda prueba… y si no la paran ahorita, después será casi una misión imposible.
Nadie imaginó que una simple activista, feminista y ambientalista creciera en el ánimo de la gente, hay una gran diferencia entre la chica que se movilizaba en defensa de las mujeres a lo que es ahora: una alcaldesa con vocación de servicio.

EL BOXERO DE MORENA
El sello de Ávila es atacar a la oposición y pelear con todo mundo… por algo en los corrillos ya no se le dice vocero sino boxero, al estilo Gerardo Fernández Noroña.
Ávila critica a Ale Rojo por los baches, parques abandonados, falta de recolección de basura y mercados públicos inoperantes, pero, con todo respeto, eso no es exclusivo de la Cuauhtémoc, eso pasa también en las alcaldías morenistas y de eso nada dice.
En concreto: Está al Rojo vivo el miedo de Morena.
LOS HECHOS
El diputado federal Arturo Ávila, del partido oficialista Morena, dejó plantados a los vecinos de la Unidad Habitacional Tlatelolco la noche del miércoles 17 pasado, con lo que demuestra el poco interés para estar con el pueblo que lo esperó durante horas y no llegó.

Se trató de la Segunda Posada organizada por los vecinos de Tlatelolco en la Plaza Allende, pero la reunión careció de una real organización.
Comprobamos una total desorganización, los vecinos no tuvieron un recibimiento digno, pues ni un café les ofrecieron, pese a la temperatura que osciló entre los diez grados.
Todos con su chamarra y algunos con bufanda, pero los anfitriones no fueron nada corteses con la asistencia.
Bien sabemos que el diputado Arturo Ávila pretende ser el próximo alcalde en la Cuauhtémoc, pero derrocha desinterés y abandona a los vecinos de esa alcaldía.

Lo más relevante de la posada fue la entrega de los llamados “aguinaldos’, que son bolsitas con dulces, y hasta ahí.
Los niños se divirtieron con las piñatas, mientras los adultos esperaban al político para recibirlo con entusiasmo, pero Arturo Ávila no llegó, al menos nosotros no lo vimos. Realmente el diputado Ávila no pudo ir… ¿o no quiso ir?
Ninguno de los vecinos dijo algo al respecto, pero no se vale que la gente del pueblo sea maltratada de esa forma.
El diputado morenista Arturo Ávila debe ponerse las pilas y demostrar que quiere ser un digno defensor de los derechos del pueblo y no un negocio más como acostumbran demostrarlo todos los políticos.
¿A qué va la gente a una posada? Pues a bailar, a pasar unas horas divertidas, en convivio con los vecinos y a conocer gente, pero eso no pasó.