Ante la problemática, la Primera Presidenta Claudia Sheinbaum quiere democratizar al IPN * El conflicto empieza a generar preocupación por posibles afectaciones académicas, ante el aumento de planteles en paro y la posibilidad de una mayor radicalización de las protestas
MARCO ANTONIO FLORES***
La Primera Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo hace una propuesta innovadora y trascendental que cayó muy bien en toda la comunidad politécnica: Democratizar el procedimiento para nombrar al nuevo director general del Instituto Politécnico Nacional (IPN), para dar mayor participación a sus más de 800 mil egresados, 220 mil alumnos, 20 mil profesores, investigadores, empresarios, servidores públicos y ex directores generales, para una elección más transparente.

Desde hace décadas el nombramiento se hace como lo establece la Ley Orgánica del IPN, en su artículo 12: “El director general será nombrado por el Presidente de la República; tendrá la representación legal del Instituto Politécnico Nacional, durará en su cargo tres años y podrá ser designado, por una sola vez, para otro periodo”.

Respecto a este nombramiento, que podría darse en noviembre de 2026 -o antes si fuera el caso-, la Primera Mandataria da una extraordinaria noticia para los politécnicos. Dijo: “Es más, vamos a hacer una consulta en el Poli para la próxima dirección, vamos a democratizar la elección del director general del Politécnico Nacional, o directora, en una consulta para que la comunidad elija a tres. Toda mi vida luché en la UNAM para que eso fuera así; una consulta para ver qué la gente opina, quién puede ser el mejor director o directora”.
El IPN requiere una reconfiguración normativa a fondo para frenar el saqueo y la corrupción de que ha sido objeto en las últimas administraciones, incluida la actual.
El propio Poder Ejecutivo o el Legislativo deberían presentar una iniciativa de nueva ley orgánica -tiene casi 50 años- que cambie el sistema vertical en el que tanto el Consejo General como la administración dependen ciento por ciento del director general. El OIC ha sido rebasado, en algunos casos se vuelve cómplice de corruptelas.
Urge crear un “Comité Anticorrupción” independiente, integrado por al menos cinco distinguidos politécnicos externos, que tenga dientes para canalizar denuncias ante la Auditoría Superior de la Federación (ASF) o la Fiscalía General de la República (FGR).
El Instituto Politécnico Nacional atraviesa una de las más severas crisis institucionales de su historia. Esto ocurre desde la llegada de Arturo Reyes Sandoval a la dirección del IPN en 2020. Su nombramiento resultó sorpresivo para la comunidad politécnica, nadie lo conocía, ya que llegó al Politécnico luego de una estancia de once años en la Universidad de Oxford, Inglaterra, y aunque venía de ser un buen investigador en el área de ciencias biológicas, su falta de conocimiento del IPN, su nula experiencia en la administración pública y su docilidad y subordinación a siniestros personajes de la 4T, han propiciado una de la etapas de mayor estancamiento, corrupción e ineficiencia de la otrora institución rectora de la educación tecnológica nacional.

Por ello, en las postrimerías del final de su segundo periodo de gestión, Reyes Sandoval enfrenta crecientes movilizaciones estudiantiles, que son una “bomba de tiempo”. Los alumnos exigen su destitución, argumentando presunta malversación de presupuesto, falta de mantenimiento y mejoras a las instalaciones académicas, reclamos por corrupción, falta de transparencia, desvío de recursos y exigen auditorías a la administración.
Han sido públicas las recientes tomas y bloqueos: Se han realizado cierres viales en avenidas estratégicas como Circuito Interior (a la altura del Casco de Santo Tomás), tomas de las instalaciones de Canal Once y plantones en la Secretarías de Educación Pública (SEP) y de Gobernación (Segob).
Asimismo, diversas escuelas han entrado en paros de actividades académicas -hasta por 36 horas-, como medida de presión ante la falta de diálogo resolutivo por parte de las autoridades.
Sin pretender apartar al IPN de su papel fundamental de apoyar al gobierno en turno para coadyuvar en el desarrollo nacional, en el ámbito exclusivamente académico y técnico: “La técnica al servicio de la patria”.

Nos parece que la actual dirección general del IPN, encabezada por Arturo Reyes Sandoval, ha pasado por alto la autonomía y la dignidad del IPN, ya que ha mantenido una abierta y exagerada subordinación al gobierno de la transformación.
El mejor ejemplo, el Canal Once, que durante décadas se ostentó como orgullo politécnico y se llamaba “El canal del IPN”, pero ahora está convertido en una caja de resonancia de la propaganda “ideológica”, con noticiarios y programas tendenciosos conducidos por burdos, serviles y arrastrados voceros dóciles, del más bajo nivel, del gobierno federal de Morena.

Con acciones de sumisión como esa y con la permisividad del director general para nombrar a los más altos directivos del IPN por encargo de siniestros personajes como Martí Batres, Marcelo Ebrard, Jesús Ramírez Cuevas y Jenaro Villamil, se tiene alineado al IPN.
Si bien Reyes Sandoval no milita oficialmente en Morena, su designación original presuntamente fue por ser sobrino de la exsecretaria Irma Sandoval, de igual manera su ratificación fue impulsada por el movimiento obradorista.
El actual director general del IPN -de investigador a politiquillo- ha politizado la institución. Ha permitido e impulsado a diversos grupos estudiantiles y sindicatos, alineados a la 4T como el Comité de Lucha Estudiantil del Politécnico (CLEP) y el Movimiento de Estudiantes No Asignados (MENA); han tenido entre sus líderes a consejeros nacionales y locales activos de Morena.
Organizaciones académicas, como el Bloque de Delegaciones Democráticas, también han mostrado apoyo abierto a las políticas del partido.
El pasado 6 de mayo la titular del Poder Ejecutivo, Claudia Sheinbaum Pardo, pidió que se investigaran los problemas y acusaciones contra Arturo Reyes Sandoval, ya que se han multiplicado.
Estudiantes becados en el extranjero han sido abandonados, los que están en los planteles del país se quejan de que no hay recursos necesarios para sus investigaciones, incluso el equipo de futbol americano también está sin apoyo alguno.
Se destacan las denuncias de corrupción, malversación de fondos y represión a la comunidad estudiantil. En especial se conoció la denuncia de la Fundación Politécnica en contra de Reyes Sandoval por presunto desvío de recursos públicos hacia una asociación civil o patronato denominado Corazón Guinda y Blanco, ante lo cual la Fiscalía General de la República abrió una carpeta de investigación para esclarecer responsabilidades.
Esta denuncia ha ocasionado protestas en amplios sectores de la comunidad politécnica en las últimas semanas, como la del 17 de abril, cuando un grupo de alumnos tomó un estudio del Canal 11 y transmitió a nivel nacional sus quejas contra el director del instituto.

Se hizo público que se trata de una burda maniobra entre la Fundación Politécnica y el recién creado patronato, ya que, a través de éste, el director del IPN y otros funcionarios de esa institución cobraron como “donativos” de más de 200 mil estudiantes, conceptos de inscripciones, exámenes de admisión y otros trámites escolares, cuyos pagos se depositaron en cuentas del patronato.
En la operación del nuevo patronato también participaron Javier Tapia Santoyo, antes de ser destituido como secretario de Administración del IPN, por una investigación sobre enriquecimiento ilícito y desvío de recursos; el abogado Marx Yazalde Ortiz; y el secretario general, Ismael Jaidar Monter, entre otros.
El IPN y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) son las instituciones públicas de educación superior más conocidas, reconocidas y emblemáticas del sistema educativo nacional.
En la UNAM la elección de rector la realiza la Junta de Gobierno y el Consejo Universitario con sus propias reglas, ha sido transparente y han ocurrido los cambios de rector de manera legítima, pacífica, democrática y bien aceptada por toda la comunidad universitaria.
El caso del IPN ha sido muy diferente, ya que, si bien parte de la comunidad politécnica veía como un privilegio que fuera el Presidente de la República el que nombrara a su director general, en los últimos años se ha discutido de manera amplia y creciente la necesidad de cambiar este procedimiento para democratizar esta designación y dar mayor participación a toda la comunidad politécnica.
Por ello la propuesta de la Presidenta Sheinbaum Pardo puede convertirse en un parteaguas histórico dentro del Instituto Politécnico Nacional, que tantas aportaciones ha hecho al desarrollo nacional en las últimas décadas, a través de sus médicos, arquitectos, químicos, biólogos, enfermeras, técnicos-medios, administradores, contadores, economistas, físico-matemáticos; así como ingenieros civiles, electromecánicos, petroleros, en aeronáutica, telecomunicaciones y recientemente en robótica e informática, que fueron el factor humano clave para la construcción de la infraestructura nacional en hospitales, escuelas, carreteras, red de telecomunicaciones y de electricidad, así como desarrollo de la industria petrolera, al menos de las últimas siete décadas.
Enhorabuena por la modernización, depuración y democratización que la Mandataria Claudia Sheinbaum quiere para el glorioso Instituto Politécnico Nacional.

***Académico y consultor, egresado del IPN.