Es inmortal, sólo cambia de color, señala Diego Fernández de Cevallos * En el mundo de la política siempre ha habido transformación: Primero fue PRI, luego PRD y ahora Morena * “Es un partido tan longevo, que tiene ya demasiados lunares, demasiadas manchas. Y esa de la corrupción es una muy señalada, porque además es muy vendible”, asevera el ex presidente Enrique Peña Nieto
MARCO ANTONIO FLORES***
Diego Fernández de Cevallos puso el dedo en la llaga de forma directa y sin tantos rodeos.
Durante su participación en el documental “PRI: Crónica del fin”, dirigido por Denise Maerker en la plataforma N+, el panista afirmó, sin tapujos, que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no desapareció, sino que sigue vigente bajo nuevas siglas.

“El PRI es inmortal. Hoy está más fuerte que nunca, nada más se quitaron la chaquetilla tricolor y se pusieron una moradita”, expresa el excandidato presidencial del Partido Acción Nacional (PAN) en 1994, al referirse a Morena como la versión actualizada del partido que gobernó México por más de 70 años.
En analogía con la afirmación del también llamado “Jefe Diego”, y a la ley de Lavoisier, podríamos aseverar: “El PRI ni se crea ni se destruye, solamente se transforma”… y así ha sido desde sus inicios.

Fundado por Plutarco Elías Calles en 1929 como Partido Nacional Revolucionario (PNR), después renombrado por Lázaro Cárdenas como Partido de la Revolución Mexicana (PRM), luego convertido por Manuel Ávila Camacho a Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Posteriormente fue escindido por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1988, primero como Corriente Democrática- Frente Democrático Nacional, después como PRD.

En 2012, cuando Andrés Manuel López Obrador perdió la elección presidencial por el PRD, se desligó de ese partido y con un grupo de ex perredistas registró a Morena en 2014.

Cuatro años después ganó la Presidencia y mayorías en el Poder Legislativo y gubernaturas.
La Presidenta Claudia Sheinbaum, en 2024, no sólo ganó con el 53 por ciento de la votación, sino que logró mayoría absoluta en el Congreso. Con excepción de ella, casi toda la cúpula política de Morena es de extracción priísta.
El expresidente López Obrador fue dirigente del PRI en Tabasco, militó en ese partido por 14 años.
Priístas de cepa fueron Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Marcelo Ebrard, Manuel Bartlett Díaz, Ricardo Monreal, Adán Augusto López Hernández, Alejandro Murat, Rocío Nahle García, Layda Sansores, Esteban Moctezuma Barragán, Alfonso Durazo Montaño, Félix Salgado Macedonio, Alejandra del Moral, Carlos Ramírez Marín, Adrián Ruvalcaba, Eruviel Ávila.
Varios ex gobernadores priístas que ahora son embajadores o cónsules, así como un total de once gobernadores morenistas que antes fueron priístas, como Julio Menchaca Salazar, mandatario hidalguense, y Américo Villarreal, gobernador de Tamaulipas.

El nuevo Primor -así le llama el Jefe Diego- tiene el ADN priísta, no sólo por los personajes, sino porque ha logrado caracterizarse como lo que fue el PRI durante muchos años, un partido hegemónico, con un poder absoluto que controla los tres Poderes federales, así como la mayoría de las gubernaturas del país.
UNA NUEVA APLANADORA ANTE DETERIORO DEL PRI
El ahora invencible “partidazo” es un PRI actualizado y remasterizado, una nueva aplanadora.
Aunque Tlatelolco 1968 y los “Halcones” de 1971 cambiaron el paradigma político del país, trataríamos de ubicar los momentos “clave” que llevaron al PRI a su deterioro y casi extinción.
Un primer momento de cisma para el partidazo ocurrió en 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo renuncian a su partido para crear el Frente Democrático Nacional, estructura que derivó en el PRD y a la postre Morena.
Un segundo momento que significó un parteaguas en el PRI sucedió en 1994 con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta. Los votos para Ernesto Zedillo Ponce de León fueron los del miedo y en favor del desaparecido candidato. Zedillo Ponce de León mostró su alejamiento del partido que lo llevó al poder, con aquello de la “sana distancia” y desprestigió al PRI-Sistema, al decirle todos los días a millones de mexicanos que el expresidente Carlos Salinas de Gortari y su hermano habían sido… uno corrupto y otro asesino. Además, escogió un mal candidato, Francisco Labastida Ochoa.
Lo anterior dio paso a la primera alternancia, en el año 2000. El PAN, con Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa, no logró desmantelar al PRI y en 2012 la mayoría de los mexicanos le dio otra oportunidad al PRI al elegir a Enrique Peña Nieto como presidente de la República.

El tercer momento -final- ocurrió entre 2012-2018, con el gobierno de Peña Nieto, el PRI entró a su fase terminal.
El último gobierno priísta empezó su debacle por dos acontecimientos fundamentales: El escándalo de la Casa Blanca y la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.
Los dos sucesos fueron tomados como banderas ideológicas y políticas en contra de Enrique Peña y los promotores de la ofensiva fueron precisamente los grupos que ahora gobiernan, encabezados por el expresidente Andrés Manuel.
El expresidente Peña expresó en el documental de Denisse Maerker, “PRI: Crónica de un fin”, que “la desaparición de 43 estudiantes normalistas fue una tragedia”, pero reiteró que defiende “la verdad histórica” que presentó el entonces procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, en enero de 2015.
El pasado 26 de septiembre se cumplieron 11 años de la tragedia de Ayotzinapa, sin embargo, la investigación está como al principio y parece que así perdurará por años, mientras haya intereses políticos y económicos de por medio. Como dijera el clásico: “Que alguien nos explique”.
AMLO y Alejandro Encinas terminaron por enredar más la investigación: La “verdad histórica” se volvió mentira; los sicarios y delincuentes que habían sido procesados fueron absueltos; por acusaciones de los delincuentes, mandos militares fueron llevados a la cárcel y después absueltos; los familiares de los 43 están inconformes con el último informe. Este 2025, con motivo del aniversario de la tragedia, los “normalistas”, con lujo de impunidad, violencia desmedida y prepotencia, asaltaron el Campo Militar número uno de la Ciudad de México, intentaron derribar la puerta con un camión, arrojaron bombas molotov y pintarrajearon las bardas; reclaman la extradición de Tomás Zerón, pero ¿acaso con ello se lograría la justicia y la verdad? ¿Cuál es la deuda o el grado de compromiso del actual gobierno con el ala radical de ese grupo?
Ayotzinapa, la Casa Blanca y los escándalos de corrupción de al menos 5 gobernadores priístas aceleraron la debacle priísta.
Peña Nieto llevó su popularidad al nivel más bajo en la historia de los presidentes contemporáneos. Esto se debió a que el exgobernador del Estado de México marginó a importantes líderes y grupos de priístas y se dejó encerrar por su reducido grupo “Toluco”, delegando todo en Luis Videgaray Caso, Miguel Ángel Osorio Chong y Luis Miranda Nava. Además, adicionalmente, su jefe de Comunicación, Eduardo Sánchez, lejos de ayudarlo, lo empinó: Salió a los medios con Angélica Rivera a “explicar” el tema de la Casa Blanca y sólo dio más argumentos a la oposición para maximizar el asunto contra Peña Nieto.
“La Casa Blanca fue un manejo de crisis equivocado. Creo que Angélica nunca debió de haber dado la cara de un tema que correspondía al Presidente de la República”, admite Peña Nieto sobre las palabras de su exesposa para tratar de esclarecer la adquisición del inmueble.
“El PRI es un partido tan longevo, que tiene ya demasiados lunares, demasiadas manchas. Y esa de la corrupción es una muy señalada, porque además es muy vendible”, asevera el ex presidente.
LEGADO DEL PRI
El PRI retuvo el poder 70 años porque construyó muchas instituciones en favor de la gente, ejemplos hay muchos: IMSS, Banxico, Pemex, CFE, Infonavit, INE, Fonatur, UNAM, IPN, Conaliteg, Metro, universidades estatales y educación en todos los niveles, infraestructura, carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales, escuelas, red de telecomunicaciones, así como programas sociales exitosos, etc.
Pese a ello, se fue desgastando y paulatinamente perdió el poder en los momentos “clave” que hemos subrayado, fundamentalmente por: División interna (De la Madrid), falta de oficio político (Zedillo) y por los escándalos de corrupción (EPN).
Un factor determinante en las tres alternancias fue el surgimiento de líderes fuertes, carismáticos, con oportunas promesas al electorado. En la primera alternancia, en el año 2000, Vicente Fox aprovechó el desastre que dejó Ernesto Zedillo dentro del PRI-Sistema y prometió acabar con las víboras prietas y las tepocatas.
En la segunda alternancia de 2012, Enrique Peña Nieto encontró que el PAN no había realizado el “cambio” que ofreció. Con gran carisma y un slogan de campaña convincente: “Te lo firmo y te lo cumplo”, rescató el poder presidencial para el PRI.
En 2018 vino la tercera alternancia. Por los motivos que comentamos con anterioridad, la popularidad de EPN y su partido se fue al sótano.
El persistente liderazgo de Andrés Manuel López Obrador, quien había buscado la Presidencia en 2006 y 2012, encontró las condiciones que favorecieron su triunfo contundente. Capitalizó los errores y omisiones del último gobierno priísta a favor de su candidatura, con una bandera que caló hondo: Prometió acabar con el “mayor cáncer” de México, la corrupción.
Dado el gran poder que logró el gobierno de la “transformación” será difícil predecir cuántos sexenios o años retenga el poder. Sin embargo, de manera vertiginosa, dos factores para el declive político ya se están configurando, los mismos errores que llevaron al declive al PRI: Los escándalos de corrupción y la división interna.

Sólo faltaría el surgimiento de un liderazgo con la capacidad y el carisma para capitalizar las promesas incumplidas a su favor. La auténtica “transición democrática” -pacto de la Moncloa- está pendiente en nuestro país.
México no necesita estar dividido en dos, por el encono y la división. Consenso y unidad pueden ir de la mano. En una democracia, y aún en un régimen autoritario, las mayorías mandan.
México es más grande que sus problemas y seguramente que el país saldrá avante. México ha superado tres revoluciones y una cuarta transformación no será la excepción.

Como bien dice, el pueblo es sabio y seguramente dará un golpe de autoridad en el momento que sea necesario. Que así sea por el bien de TODOS.
***Académico y consultor.