¿Vocación democrática o remordimiento de conciencia? * El presidente traidor: De tecnócrata a demócrata * Allanó el camino para que Andrés Manuel López Obrador fuera jefe de Gobierno * El Fobaproa, “el error de diciembre” y la privatización de ferrocarriles, su gran legado para millones de mexicanos * Marcado para siempre por la traición a su partido, el PRI, y a su antecesor, Carlos Salinas de Gortari
MARCO ANTONIO FLORES***
¡Ahora resulta..! que el expresidente Ernesto Zedillo Ponce de León es el paladín y defensor de la democracia mexicana, y hoy en día se atreve a señalar que el gobierno de la Cuarta Transformación se ha convertido en una tiranía.
Zedillo Ponce de León está en todo su derecho de realizar críticas que no son ninguna novedad. Han sido advertidas por muchos politólogos, juristas y analistas desde el sexenio pasado.
Lo que no olvidamos muchos mexicanos es que Ernesto Zedillo, durante su mandato, se convirtió en el gran detractor, destructor y traidor del sistema político mexicano, lo que abrió el camino para la primera alternancia del año 2000.
Teníamos una “dictadura perfecta” que, con todos sus defectos, era un sistema sui generis en el mundo.
Un sistema político PRI-gobierno que nos dio paz, crecimiento económico, creación de las instituciones, que propiciaron el periodo más largo en Latinoamérica de estabilidad política, social y económica.
Un sistema político-electoral que abrió la entrada a los partidos de oposición a la competencia política, desde los 70s y propició el pluralismo político de manera gradual e institucional.
Un sistema que tenía sus reglas no escritas, una de ellas la lealtad al sistema-partido y a las personas que lo llevaron al poder.
La traición a su antecesor fue la principal divisa del gobierno de Zedillo. Imagínese que el expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien modernizó al país con la creación del TLCAN (hoy llamado T-MEC) y nuestro ingreso al club de los 22 países -en ese tiempo- más avanzados del mundo, la OCDE, de pronto se convirtió en un expresidente corrupto, con un hermano “asesino”.
Es lo que millones de mexicanos veíamos a diario en los titulares de la prensa nacional, sólo al presidente Zedillo Ponce de León se le podría ocurrir “poner la Iglesia en manos de Lutero”, y eso fue lo que hizo al nombrar procurador General de la República al panista Antonio Lozano; los métodos de investigar con adivinas y osamentas son sólo anécdotas del gigantesco escándalo sexenal.
El desconocimiento y desprecio por el PRI lo puso de manifiesto Zedillo con aquella consigna de la “sana distancia”.
ZEDILLO, SALVADOR DE AMLO
A quince días de que López Obrador abandonara Palacio Nacional, Ernesto Zedillo alzó la voz para acusar que la Cuarta Transformación consistió en “transformar nuestra democracia en tiranía”.
¿Por qué se dio cuenta cuando ya no hay remedio?
Ernesto Zedillo tuvo en sus manos frenar a un defraudador de la ley, y lo impulsó.
¿Por qué lo dice cuando ya de nada sirve?
El golpe está consumado y el expresidente dio un grito estéril y a destiempo.
Cuando López Obrador lanzó su candidatura a jefe de Gobierno del Distrito Federal no cumplía con los requisitos de la ley, dado que no acreditó su residencia en la capital del país en los cinco años previos.
Luego de un par de manifestaciones de AMLO en el Zócalo, Zedillo le ordenó al PRI no impugnar y dejarlo pasar. Fox y Santiago Creel le pidieron lo mismo al líder del PAN en el DF, José Luis Luege.
Fue así como AMLO aprendió que a él no le vienen con eso de que la ley es la ley.
El secretario de Gobernación de Zedillo, Emilio Chuayffet, gestionó que le quitaran a López Obrador dos órdenes de aprehensión por la toma de pozos petroleros.
También había accedido a la exigencia de AMLO de remover a Roberto Madrazo del gobierno de Tabasco, a quien le ofreció, sin éxito, hacerse cargo de la Secretaría de Educación Pública.
Es absolutamente cierto todo lo que dijo Zedillo del talante antidemocrático, destructor y vengativo de López Obrador. Pero demasiado tarde.
Fue el único expresidente -junto con Echeverría- que calló cuando las cosas debieron decirse y advertir a su público natural, banqueros y grandes empresarios que después se subieron al tren de la 4T, que AMLO era un peligro para México.
Ahora sigue criticando cuando AMLO ya no está en el gobierno y cuando el país pierde su democracia.
Se presenta como el padre de la democracia mexicana y de la legalidad, cuando él, como presidente de la República, ordenó torcer la ley para favorecer al candidato López Obrador.
Zedillo ejerció el poder de manera arbitraria y vengativa.
Fue la procuraduría de Zedillo la que sembró un cadáver en la finca de un enemigo suyo para acusarlo de homicidio.
La PGR de Zedillo pagó medio millón de dólares al testigo usado en el caso del homicidio de José Francisco Ruiz Massieu, para que cambiara todas sus declaraciones anteriores y acusara del crimen al hermano de quien lo hizo presidente, Carlos Salinas de Gortari.
Zedillo autorizó ese soborno millonario al testigo, de acuerdo con lo que declaró en su momento el entonces secretario particular del procurador general, José Antonio Lozano Gracia.
Con el presidente Zedillo la justicia fue una vergüenza.
Para culpar a su antecesor del asesinato de Luis Donaldo Colosio, la procuraduría de entonces torturó a Othón Cortes (al que señalaban como “el segundo tirador”) y lo tuvo un año preso en Almoloya, hasta que un juez digno ordenó su inmediata liberación: el ahora ministro de la Corte Jorge Mario Pardo Rebolledo.
Así que con estos hechos no es el padre fundador de la democracia mexicana.
El expresidente fue omiso por décadas. Ernesto Zedillo no defendió al país y a la democracia cuando había que hacerlo.
LAS TRAICIONES CONTRA CHUAYFFET, ALZATI, MADRAZO, PASCUAL GARCÍA DE ALBA
Ni la reforma judicial, ni la electoral, fueron obra o idea del mandatario Ernesto Zedillo. Fueron iniciativas, diseñadas e impulsadas por grandes juristas encabezados por el entonces secretario de Gobernación, el brillante e institucional Emilio Chuayfett Chemor, que al final fue traicionado y cesado como “chivo expiatorio” por el caso Acteal.
Traicionado, como lo había sido su primer secretario de Educación Pública, Fausto Alzati Araiza, cesado en un escándalo vano e inutil, cuya verdad siempre conoció Zedillo. Al respecto, Chuayffet Chemor señaló: “Al presidente Zedillo Ponce de León sólo le hubiera bastado decir que ‘la Constitución Política no señala como requisito para ser secretario de Estado ser doctor, ni siquiera licenciado”… sobre todo porque atrás del escándalo estaban enemigos políticos del presidente Ernesto Zedillo como Manuel Camacho Solís y Elba Esther Gordillo.
En esas fechas se evidenció la debilidad política de EZPL ante las presiones y chantajes de Andrés Manuel López Obrador.
Los comicios para la gubernatura de Tabasco se habían realizado el 20 de noviembre de 1994 -10 días antes de que tomara posesión Zedillo como presidente de la República-.
López Obrador decía tener documentos de fraude que nunca probó. En enero de 1995, Roberto Madrazo Pintado fue a visitar al “todavía” secretario de Educación, cuya renuncia ya parecía inminente, Fausto Alzati, con quien había hecho amistad en las lides juveniles priístas, para comentarle que el presidente Zedillo Ponce de León le había ofrecido la SEP a cambio de reconocer a Andrés Manuel como ganador de la gubernatura de Tabasco.

Madrazo Pintado le dijo a Alzati Araiza que la propuesta se la había hecho el secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, en nombre del presidente Ernesto Zedillo.

Roberto Madrazo dijo que no aceptaría esa propuesta y se quedó a gobernar Tabasco luego de echar del palacio de gobierno a los porros de AMLO que lo tuvieron tomado durante algunas semanas.
Otra celebre traición de Zedillo fue a Pascual García de Alba, su principal colaborador desde que fue secretario de Programación y Presupuesto, a quien el propio Zedillo calificaba como “el mejor macroeconomista” de México, por cierto, creador de los “pactos para la estabilidad económica”; ya en la SEP lo echó a la calle como resultado de las intrigas de Esteban Moctezuma.
En su círculo más cercano también hubo traiciones; siendo presidente despidió a dos de sus colaboradores de toda la vida, su eterna secretaria privada y su leal jefe de ayudantes. Al parecer la secretaria privada le estorbaba a Liébano Saénz, el poderoso secretario particular, a quien muchos consideraban el “poder tras el trono”, propició la salida de Luis Téllez a la Secretaría de Energía e intervino en la caída de Emilio Chuayffet como secretario de Gobernación.
En 2000, en el ocaso de su sexenio, Zedillo Ponce de León le volvió a abrir la puerta de la política nacional a López Obrador, al aceptar -veladamente- apoyar su candidatura para la jefatura del Distrito Federal, a sabiendas de que no cumplía con el requisito de residencia, que establecía la norma electoral.

El 1 de enero de 1994 ocurrió el primero de los acontecimientos que pudieron ser consecuencia de la lucha por la sucesión presidencial de Salinas de Gortari, que había sido resuelta en favor de Luis Donaldo Colosio Murrieta en octubre de 1993 y que dejó en el camino a grandes y poderosas figuras políticas como Fernando Gutiérrez Barrios y Manuel Camacho Solís, quienes -por diferentes razones y trayectorias- se sentían como seguros sucesores de Salinas de Gortari.
Gutiérrez Barrios, aunque vio truncado su sueño, desde 1993, cuando el presidente Salinas lo cesó como secretario de Gobernación, preservó su ferviente deseo hasta marzo de 1994, cuando ocurrió el segundo de los fatídicos acontecimientos: El asesinato de Colosio Murrieta, candidato presidencial del PRI.
Se supo que el exsecretario de Gobernación pidió el apoyo del exsecretario de la Defensa Nacional, Juan Arévalo Gardoqui, para ser el candidato sustituto, al mismo tiempo que una semana antes del magnicidio daba a conocer en la revista “Siempre” sus méritos y cualidades para ser presidente de México.
Manuel Camacho Solís, por su parte, mostró su enfado por no haber sido favorecido. Desde el destape de Luis Donaldo Colosio, prefirió renunciar a la cancillería, para extraña y sospechosamente ocuparse de “negociar la paz” con el EZLN.
En ese escenario, Salinas de Gortari se vio obligado a designar a Ernesto Zedillo como candidato presidencial suplente del PRI. Se le agotaron las opciones, pues otros miembros de su gabinete que habían sido presidenciables como Pedro Aspe y Emilio Gamboa ya no cubrían el requsito constitucional de haber renunciado seis meses antes de la elección.
En julio de 1994, Zedillo resultó electo presidente de México, con una copiosa votación y no fue resultado de su gran carisma político o popularidad, pues para muchos expertos la elección ya había sido ganada por Colosio desde el 23 de marzo pasado.
En ese año ocurrieron otros dos grandes acontecimienotos que cimbraron la poltíca y la economía de México. En septiembre del fatídico “94” fue asesinado el cuñado de Carlos Salinas, José Francisco Ruiz Massieu, a la sazón secretario general del PRI.
Finalmente, a veinte días de la toma de posesión de Zedillo Ponce de León, el 20 de diciembre de 1994, ocurrió “el error de diciembre”, que se ha considerado como el daño más fuerte para la economía nacional y para la economía personal de millones de mexicanos -en un siglo-, pues de la noche a la mañana vieron mermados sus ahorros y patrimonio, e incrementadas sus deudas, por la abrupta devaluación del peso de 300 por ciento.

ZEDILLO, TAMBIÉN RESPONSABLE DEL “ERROR DE DICIEMBRE”
En su libro “México, un paso difícil a la modernidad”, editado en 1996, Carlos Salinas de Gortari describe cómo el “error de diciembre” incluye la calidad del gabinete de Ernesto Zedillo, el desmantelamiento de los funcionarios de la SHCP, el pésimo paquete económico para 1995 y el mal manejo de las reservas internacionales con que inició su gobierno para cubrir el déficit de la balanza comercial.
Salinas de Gortari responsabilizó a Zedillo y a sus funcionarios de haber entregado a los empresarios información privilegiada sobre la devaluación mayúscula que venía.
“Esta información resultó letal -acusa Salinas-, pues los empresarios la utilizaron para cubrir sus deudas en dólares. Aquellos dirigentes empresariales supieron en ese momento que el gobierno estaba dispuesto a devaluar más allá de lo permitido por la banda”.
Relató Salinas: “Unos cuantos mexicanos vaciaron las reservas internacionales. El 21 de diciembre, en pocas horas, el país perdió la mitad de sus reservas internacionales. Sin reservas no era posible mantener el tipo de cambio ni enfrentar las obligaciones adquiridas, entre ellas los Tesobonos.
“El desplome de las reservas internacionales fue provocado por mexicanos que tuvieron información anticipada sobre la devaluación y se lanzaron a comprar divisas. Esto está confirmado con datos que presentó el FMI en un documento oficial”, añade Salinas.

En 2000, el presidente tecnócrata Zedillo Ponce de León, que se había pasado en su gobierno destruyendo el sistema PRI-gobierno que lo había llevado al poder, cosechó lo que sembró. Vino la primera alternancia, Ernesto Zedillo reconoció de inmediato el triunfo de Vicente Fox Quesada, pero no por su vocación democrática, sino porque ya no le quedaba otra salida, el triunfo de Fox había sido claro y contundente. Un PRI debilitado y desprestigiado por quien debía ser el “primer priísta del país” y un candidato mediocre, Francisco Labastida, propiciaron la derrota. Fue en ese momento cuando Ernesto Zedillo se convirtió en el presidente demócrata, como “el burro que tocó la flauta”.
Quizá lo peor del sexenio zedillista no fueron el Fobaproa, el “error de diciembre” o la privatización de los ferrocarriles, sino la traición a su partido y a su antecesor. No sabemos si fue por comisión o por omisión, si fue su falta de pericia política o su deslealtad fue deliberada.
DESCARTA SHEINBAUM LLEVAR AL TERRENO LEGAL A ZEDILLO POR FOBAPROA
La Primera Mandataria Sheinbaum Pardo descartó la posibilidad de llevar ante la justicia al expresidente Ernesto Zedillo por el endeudamiento del país a raíz de la implementación del Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa).

En su Mañanera del Pueblo del jueves pasado, aseguró que se trata de mantener en la memoria estos hechos que llevaron a miles de mexicanos a perder su patrimonio e incluso a algunos al suicidio.
“Entonces por eso es importante que ustedes nos ayuden, que nos ayuden todos todos aquellos… hay quien perdió su casa, quien perdió su negocio, que diga cierto, qué fue lo que le pasó, su historia porque no es necesariamente algo penal y ya pasó tantos años, pero sin que se recuerde, porque quien olvida su historia, puede cometer los mismos errores hacia el futuro”, dijo.
Claudia Sheinbaum agregó que la oposición eligió como vocero para criticar al gobierno y la reforma judicial a quien es recordado por los mexicanos, según una encuesta de 2024, como uno de los peores presidentes en la historia moderna del país.
En lealtad y habilidad política, no hay duda que la Presidenta Sheinbaum podría darle cátedra al académico de Yale.
***Académico y consultor.