La Primera Presidenta gobierna sola contra el mundo * Tiene que lidiar con enemigos, además de políticos leales a AMLO… y para acabarla de amolar está sin partido * Ojalá lo hiciera bien doña Claudia Sheinbaum, es el país el que paga los platos rotos
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Platos rotos.
Seguro usted ha visto alguna vez en algún circo o en la tele, eso de los ‘platos chinos’, cuando un malabarista mantiene vibrando una docena de varas fijas al suelo, con un plato que gira en la punta de cada una.
La idea, claro, es que no caiga ninguno y se rompa. Bueno, este menda ve así a la Presidenta. Y la cosa no promete, hábil no es.
A CUIDAR LOS VARIOS FRENTES
Primero que nada, recibió del Pejestorio un desastre de gobierno, una madeja de problemas mal atendidos o sin resolver, en una salsa de corrupción antes no vista en el país.
Además, el Pejeremías le incrustó en su gobierno y en el Poder Legislativo a sus enemigos políticos, los que compitieron contra ella por la candidatura, y en el partido y secretarías de la mayor relevancia a leales a él.
No olvidar que sustituyó a la pejista Luisa María Alcalde de la presidencia de Morena por Ariadna Montiel, ciento por ciento del Pejestorio y con el enorme poder que le da guardar el secreto de los programas sociales.
Así, la señora tiene que gobernar con enemigos, sin partido y con leales al otro no a ella, y no se atreve a lo único que debe hacer, una purga política y plantarle cara al de la hamaca en Palenque, el de Macuspana.
Luego están los varios frentes que debe cuidar al mismo tiempo la doñita de Palacio.
Por un lado, la relación con los EUA que está como agua para chocolate con su gobierno y que ella, amateur que es, creyó que podía capotear cediendo en todo (en todo), menos en perseguir y enchiquerar a los narco-políticos, que ella, usted, nosotros, vosotros, ellos, sabemos que están dentro de la estructura de su gobierno y en la de no tan pocos estados.
Y la feliz poseedora del bastón de burla, que le cedió el Pejehová, parece muy convencida de que así se puede llevar el resto de su sexenio, capoteando ese toro yanqui tan toreado, con un pañuelito desechable (el de la sacra soberanía y el no injerencismo). La va a cornear (nótese el cuidado en el lenguaje).
Por otro lado, está el muégano de grupos que conforman ese mazacote de intereses que es Morena, rodeando a doña Sheinbaum, grupos no coincidentes en nada distinto a conseguir poder y medrar con él.
En primer lugar los más peligrosos, los “puros”, unos marxistas a rabiar, otros socialistas radicales, que desafían y enfrentan a la Presidenta, como Héctor Díaz Polanco, los Batres, Jesús Ramírez Cuevas, Paco Taibo, la Brugada, Godoy, la tribu de Pablo Gómez y varios más.

Por ideología, doña Sheinbaum comulga con estos, pero se lo guarda, no está el horno para bollos con el Tío Sam.
Estos “puros” son de armas tomar: hicieron su propio acordeón, distinto al de Palacio para la elección de ministros de la Suprema Corte y acomodaron a cuatro de los nueve (Hugo Aguilar, Lenia -de Lenin- Batres, Loretta Ortiz y María Estela Ríos).
Obviamente los “puros” en el discurso, todos son leales a muerte a doña Claudia, pero ‘quasi in occulto’, a la chita callando, operan para cerrar el paso a los de ella y a ella misma.
Ya olieron el dulce aroma del poder presidencial, lo sienten casi en sus manos, es cosa de seguir envenenando al que vive en Palenque, sembrándole dudas sobre la fidelidad de doña Sheinbaum para colocar cuantos candidatos afines puedan en la próxima elección de 17 gobernadores y 500 diputados federales, en 2027, para ser definitorios de “la grande”, la candidatura presidencial en 2030. Nada fácil la tiene la doñita de Palacio.

En segundo lugar está el grupo de conversos, los personajes que pepenó el Pejeremías de otros partidos, muchos expriístas, que no son de Morena aunque ahí militen, ni de doña Sheinbaum, aunque le declaren su amor rendido: el clan de los Monreal, los Murat, los Yunes, sin olvidar a Alejandro Armenta Mier, gobernador en Puebla, priísta 32 años, desde 1985, morenista desde 2017. Hay más, lo que no hay es espacio.

En tercer lugar, los morenistas sinceros, convencidos, de buena fe, todos adoradores de ese motor intelectual, adalid de la decencia, el santo, santo, santo Peje. Esos no pintan ni nadie los toma en cuenta. Ni modo, son broza. Ahí para la otra.
En cuarto lugar, los gobernadores de Morena, en 24 de los 32 estados, todos orgánicamente leales al que le deben todo, el Pejestorio, no por buenecitos, que no son, sino por convenencieros: “usted es la Presidenta y usted manda, pero si se pone trompuda, no se le olvide, tenemos padrino” (‘Godfather’, don Vito Obrador, se entiende).

Doña Sheinbaum haría bien en dedicarle algo de su tiempo a grupos de mucho poder que parece que están adormecidos, pero esos, le saben muy bien a esto y no mueven un dedo a lo tarugo, como el Grupo Atlacomulco, el Grupo Texcoco, el Grupo del PAN en la CDMX y los del Grupo Tabasco, que prueban su fuerza sólo por no dispersarse, a pesar de escándalos inmensos como el de La Barredora.
Y que se ande con cuidado con los de ultraderecha (que sí hay y andan muy atareados sumando apoyos, como el Yunque, créalo, todavía existe).
También es de suponer que la doñita sabe que tiene que andarse con mucho tiento con personajes que forman el grupo problema: a la cabeza, con foquitos alrededor de su nombre como anuncio de cine: Rubén Rocha Moya, del que no hay necesidad de decir nada. Luego, Adán Augusto López (fundador de Morena, antes del PRD y del PRI, “hermano de López Obrador), que está que bufa contra la doñita de Palacio (y es mal enemigo).

Los gobernadores, Alfonso Durazo de Sonora, Marina del Pilar Ávila de Baja California, Américo Villareal de Tamaulipas, que andan en la cuerda floja porque los EUA los tiene en la mira, aparte de la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno, que no ocupa titulares de prensa, pero anda con muchos problemas raros.
No, no la tiene fácil doña Sheinbaum Pardo y encima su falta de oficio político que tanto se le nota con el añadido de que sus decisiones políticas quedarán bajo el escrutinio del Tío Sam; allá en los EUA se definirá el futuro político de muchos y de Morena, y eso sí va a ser diarrea explosiva.
Ojalá lo hiciera bien doña Claudia Sheinbaum, es el país el que paga los platos rotos.