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MANO NEGRA

El populismo, una paradoja de la democracia 

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en

  • El problema surge cuando un solo dirigente, un partido o un movimiento encarna por sí mismo la voluntad popular
  • Si quieres entender a una persona, no escuches sus palabras, observa su comportamiento: Albert Einstein

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

El ingenio popular suele encontrar fórmulas sencillas para explicar realidades complejas.

Una de ellas dice: “Si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, probablemente sea un pato”. La frase viene a cuento cuando se trata de identificar aquello que, más allá de las apariencias y las justificaciones, termina por revelar su verdadera naturaleza.

El maestro José Carreño Carlón ha advertido, y abre el debate en uno de sus más recientes artículos en La Aurora de México, sobre los riesgos de un “populismo dadivoso y empobrecedor” (*), capaz de comprometer los recursos y la capacidad operativa de instituciones públicas debilitadas, como el Instituto Mexicano del Seguro Social, actualmente convulsionado por las demandas de sus trabajadores por mejoras salariales, entre otras.

Bajo esa premisa, el gobierno de Claudia Sheinbaum merece ser analizado a la luz de las características que diversos especialistas atribuyen al populismo contemporáneo.

En política, sin embargo, las etiquetas no bastan. Para llamar populista a un gobierno no alcanza con que sus adversarios lo califiquen así; es necesario examinar sus prácticas, su discurso y, sobre todo, su relación con las instituciones democráticas.

La advertencia obliga a formular una pregunta incómoda: ¿hasta dónde puede llegar un gobierno en la distribución de beneficios y la concentración del poder sin comprometer la sostenibilidad de las instituciones que está obligado a preservar?

 

EL POPULISMO BAJO LA LUPA

Para entender el fenómeno conviene acudir a Ricardo Becerra, presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD), quien publicó en Nexos el artículo “Tips para entender el populismo”. Becerra parte de una observación relevante: aunque el populismo tiene antecedentes históricos que se remontan a los siglos XIX y XX, su expansión contemporánea ha obligado a estudiar con mayor atención sus mecanismos políticos y sus consecuencias para la democracia.

El historiador e intelectual francés Pierre Rosanvallon ha llegado a caracterizar nuestra época como el siglo del populismo. El fenómeno no se limita a una ideología, una región o un partido. Puede presentarse tanto en la izquierda como en la derecha, y su fuerza reside, en buena medida, en la capacidad de ofrecer respuestas simples a problemas complejos, reivindicar a sectores que se sienten excluidos y prometer que el poder volverá a manos del pueblo.

El economista Dani Rodrik ha explicado una parte de ese atractivo: los dirigentes populistas ganan terreno cuando prometen recuperar la soberanía nacional y devolver a los ciudadanos el control de las decisiones políticas. El problema comienza cuando esa promesa de representación se transforma en la pretensión de que un solo dirigente, un partido o un movimiento encarna por sí mismo la voluntad popular.

Ahí está el punto de quiebre. En sus reflexiones, Becerra identifica varios rasgos que ayudan a reconocer el fenómeno: la apelación permanente a las emociones; la construcción de una identidad colectiva enfrentada a sus adversarios; la apropiación política del Estado; la concentración del poder en el Ejecutivo; la descalificación del disenso y la polarización como método de gobierno.

A ello se suman el debilitamiento de los contrapesos, la presión sobre las instituciones autónomas y la tentación de modificar las reglas constitucionales para asegurar la continuidad del proyecto político. No todos estos rasgos aparecen necesariamente con la misma intensidad en cada gobierno.

La advertencia central de Becerra, sin embargo, merece especial atención: el populismo puede llegar al poder mediante elecciones democráticas y, una vez instalado, utilizar su legitimidad electoral para modificar las condiciones que permiten la competencia, el pluralismo y la alternancia.

La paradoja es evidente. La democracia abre la puerta al poder de las mayorías; el constitucionalismo establece límites para impedir que esas mayorías se conviertan en poder absoluto. Ganar una elección otorga legitimidad para gobernar, no un cheque en blanco para debilitar los contrapesos.

 

SHEINBAUM Y EL MANUAL DEL POPULISMO

El análisis adquiere una dimensión mexicana con el artículo “Sheinbaum, populista de manual”, publicado por Rubén Aguilar en Animal Político. Aguilar sostiene que Claudia Sheinbaum reproduce, en su manera de hacer política y de comunicarse, varios de los mecanismos populistas que caracterizaron al gobierno de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador.

Su observación parte de un contraste: a diferencia de otros dirigentes populistas, a quienes suele distinguir la espontaneidad y la facilidad para conectar emocionalmente con sus seguidores, Sheinbaum proyecta una imagen más rígida y controlada. Pero, según el articulista, esa diferencia de estilo no modifica el fondo de su estrategia política.

Aguilar identifica cinco prácticas recurrentes en el discurso presidencial.

La primera: “presentar una realidad favorable al gobierno”. La comunicación oficial tiende a destacar los logros de la administración y a restar importancia a los problemas. El riesgo aparece cuando la narrativa gubernamental deja de contrastarse con los indicadores, los resultados y la experiencia cotidiana de los ciudadanos.

La segunda: “responsabilizar al pasado”. Los gobiernos anteriores, el neoliberalismo y los adversarios políticos aparecen como explicación de buena parte de los problemas nacionales. La revisión histórica es legítima; lo cuestionable es convertirla en una respuesta permanente que sustituya la rendición de cuentas de quienes gobiernan hoy.

La tercera: “distorsionar los hechos”. Aguilar sostiene que la mentira forma parte de la estrategia populista, es parte central de la construcción del mensaje. Esta práctica sistemática se requiere para hacer realidad los dos puntos anteriores: la construcción de la fantasía, todo está bien y los problemas del pasado han sido superados, y el pasado es el culpable de todo lo que no está bien.

La cuarta: “construir enemigos políticos”. La narrativa populista suele dividir el espacio público entre quienes representan al pueblo y quienes supuestamente conspiran contra él. Los adversarios dejan de ser interlocutores legítimos y se convierten en obstáculos morales para la transformación prometida.

La quinta: “descalificar a los medios y periodistas críticos”. Las conferencias presidenciales pueden servir para informar y responder preguntas; el problema surge cuando el poder público utiliza su posición para estigmatizar a quienes investigan, cuestionan o exhiben errores de la administración.

La utilidad del planteamiento de Aguilar no consiste en aceptar todas sus conclusiones sin discusión, sino en convertirlas en preguntas para evaluar al gobierno. ¿La información oficial permite conocer los problemas o busca neutralizar las críticas? ¿Las responsabilidades se asumen o se trasladan sistemáticamente al pasado? ¿Los adversarios son tratados como parte legítima de la democracia? ¿La prensa puede ejercer su trabajo sin represalias? Las respuestas no deberían depender de simpatías partidistas, sino de los hechos.

 

POSTURA DE CLAUDIA SHEINBAUM

Ante las acusaciones de la oposición y de sectores internacionales que califican a su administración de “populista” o “autoritaria”, la Presidenta Claudia Sheinbaum responde sosteniendo que su gestión es una democracia de derechos respaldada por el pueblo. En lugar de aceptar el término en su sentido peyorativo, redefine la cercanía con la ciudadanía como el eje central de la 4T bajo la máxima: “Con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.

Retomado de diversas publicaciones en medios y redes sociales, sus principales argumentos y estrategias de respuesta ante estas críticas se estructuran en los siguientes puntos:

  1. Reafirmación del respaldo popular y encuestas. Sheinbaum argumenta frecuentemente que las políticas de bienestar y las reformas constitucionales de su gobierno no son “ocurrencias” populistas, sino mandatos soberanos avalados por la ciudadanía. En sus conferencias mañaneras suele citar los elevados índices de aprobación ciudadana (que diversas encuestas sitúan entre el 70% y el 79%)para demostrar que la población aprueba el rumbo del país y que el gobierno está legitimado de manera democrática y no mediante manipulación.
  2. Contranarrativa hacia la oposición (“La derecha contra el pueblo”). Para neutralizar la etiqueta de populismo, la Mandataria revierte el argumento señalando que quienes la critican pertenecen a una “derecha internacional y conservadora”que defiende el clasismo, el racismo y los antiguos privilegios económicos. Sheinbaum sostiene que la oposición busca descalificar los programas sociales tachándolos de populistas porque ignoran las fallas del modelo neoliberal, el cual -según sus declaraciones- concebía la educación y la salud como mercancías en lugar de derechos humanos fundamentales;
  3. Ironía ante críticas de actores extranjeros. Cuando líderes de la derecha internacional o analistas extranjeros han calificado a su gobierno de “populismo autoritario” o dependiente, Sheinbaum ha optado por responder con ironía o rechazo directo. Con ello, defiende la autodeterminación y asegura que los ataques internacionales obedecen a redes políticas que buscan incidir de manera ilegítima en el panorama nacional.
  4. Defensa de los programas de bienestar como derechos. Frente a las críticas que acusan a los apoyos económicos directos de ser clientelares (una característica atribuida al populismo), la Presidenta enfatiza que su gobierno ha impulsado cambios legales para elevar los programas sociales a rango constitucional.

Al institucionalizarlos de este modo, argumenta que dejan de ser dádivas de un gobernante en turno para transformarse en derechos permanentes exigibles por cualquier ciudadano de México.

 

EL PODER NO ES PATRIMONIO DE UN MOVIMIENTO

El debate sobre el populismo no puede reducirse a una discusión sobre el carácter de la Presidenta, su estilo personal o su capacidad para comunicar. Lo verdaderamente importante es la manera en que se ejerce el poder y se relaciona con las instituciones.

En México, la fuerza electoral de Morena y la continuidad del proyecto iniciado por López Obrador plantean una cuestión de fondo: ¿cómo garantizar que una mayoría política, por amplia que sea, respete los límites que protegen a las minorías, la libertad de expresión y la independencia de los órganos encargados de vigilar al gobierno?

Los programas sociales, por sí mismos, no definen a un gobierno como populista. Tampoco lo hace el hecho de contar con una amplia base electoral. La discusión cambia cuando los apoyos se convierten en instrumentos de lealtad política, cuando el debate público se sustituye por la descalificación o cuando las mayorías se utilizan para debilitar los controles institucionales.

La pregunta no es si el gobierno debe ayudar a quienes más lo necesitan. La pregunta es si puede hacerlo sin debilitar las instituciones que deben atenderlos de manera permanente. El IMSS es un ejemplo particularmente sensible. Su capacidad para prestar servicios depende de recursos suficientes, infraestructura, personal, medicamentos y una administración eficaz.

 

LA PARADOJA DEMOCRÁTICA

El populismo plantea una contradicción que las democracias no pueden ignorar. Se presenta como la voz auténtica del pueblo, pero puede terminar cuestionando la legitimidad de todos aquellos que no comparten su visión. Invoca la soberanía popular, pero va por encima de los límites institucionales que les impiden concentrar el poder.

Y ahí reside su paradoja: puede servirse de las elecciones para llegar al gobierno y, al mismo tiempo, erosionar las condiciones que hacen posible una democracia plural. La diferencia entre una mayoría democrática y una mayoría que pretende imponerse sin límites no está en el número de votos que obtuvo, sino en su disposición a respetar las reglas, escuchar a las minorías, tolerar la crítica y aceptar la posibilidad de perder el poder en las urnas.

Por eso, el examen del gobierno de Claudia Sheinbaum no debería agotarse en la pregunta de si es o no populista. Lo sustantivo es determinar qué decisiones fortalecen la democracia y cuáles reducen sus contrapesos; qué promesas se traducen en resultados y cuáles permanecen en el terreno de la propaganda.

El poder necesita límites, incluso cuando goza de respaldo popular. Quizá, precisamente entonces, los necesita más. Porque en democracia el pueblo tiene el argumento definitivo en las urnas, pero ningún gobernante puede arrogarse el derecho de hablar en su nombre para siempre.

El pato puede caminar, nadar y graznar. En política, sin embargo, no basta con reconocer su apariencia: hay que examinar sus actos. No basta con identificar al gobernante; importa examinar qué hace con el poder que recibió de los ciudadanos. Y, sobre todo, observar hacia dónde conduce al país.

Es bajo estos argumentos que ustedes enterados lectores, tienen la última palabra en este debate. ¿La batalla ideológica del siglo XXI es entre democracia liberal y populismo?

 

ALACENA

Una muy buena. Defiende Villoro la crítica al recibir el Premio Fuentes.

El pasado 14 de octubre, tras recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en el Palacio de Bellas Artes, el escritor y periodista Juan Villoro expresó que
en tiempos en los que la aprobación de la llamada “Ley Antimemes” ha encendido las alarmas de censura en el país, se pronuncia en favor de la crítica y el disenso.
Durante el acto de entrega del premio, el también columnista de Grupo Reforma dijo que es de agradecer que México represente una zona de excepción en un momento en que la ultraderecha avanza en América Latina; “sin embargo, es mucho lo que debe corregirse”, enunció. “No sería fiel al espíritu de Fuentes si no insistiera en ello. Con excesiva frecuencia, se considera que toda crítica se ejerce en contra. No es así: la crítica honesta favorece.
“Un gobierno progresista debe ofrecer las mejores bases para ser criticado. La discutidora especie humana sólo prospera en discrepancia”, subrayó Villoro, para resaltar la necesidad de más presupuestos para ciencia, cultura, educación y salud, “pilares esenciales de una política de izquierda que no existe en la realidad, pero que no deja de ser un ideal”. Lo que necesitamos, sentenció, es que Bellas Artes no sea una estación del Metro, sino una necesidad cotidiana de todos los mexicanos.

Una que duele. Lamento informar del sensible fallecimiento del periodista Francisco Garfias, mejor conocido en el medio como “Pancho Garfias” el pasado 11 de octubre a los 75 años, víctima de complicaciones tras una cirugía de cáncer de páncreas.

Gran amigo y mejor periodista, Pancho se especializó en periodismo político y crónica parlamentaria; fue colaborador en diversos medios de comunicación como Milenio, Unomásuno, La Crónica de Hoy y Excélsior, medio para el que publicaba su columna Arsenal.

Nació el 7 de agosto de 1951. Su inicio como reportero fue en el diario Unomásuno tras egresar de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la que estudió Periodismo. Posteriormente, trabajó en Petróleos Mexicanos (Pemex) y en Radio Educación, donde se desempeñó como redactor de noticias.

Entre 1983 y 1989 fue corresponsal de Excélsior en Francia. Desde París cubrió acontecimientos políticos europeos y asuntos económicos internacionales, entre ellos las discusiones relacionadas con la deuda externa y la llegada de François Mitterrand a la presidencia.

A su regreso a México, en 1989, se concentró en la cobertura parlamentaria y siguió de cerca los trabajos de la Cámara de Diputados y del Senado. También cubrió procesos electorales, incluida la campaña presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994.

Descanse en paz el querido Pancho.

 

REFERENCIAS: El populismo como ideología. Dr. Carlos Mario D Agostino, miembro del Instituto de Filosofía Política e Historia de las Ideas Politicas de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas de Argentina, en ancmyp.org.ar; (*) la frase a la que José Carreño hace referencia en su articulo de laaurorademexico.org.mx, la retoma de Jesús Reyes Heroles cuando el político veracruzano aludía el gobierno de Luis Echeverría; Tips para entender el populismo, Ricardo Becerra, nexos.com.mx; grupoanimal.com.mx; Chat GPT; eleconomista.com.mx; reforma.com.mx; Gobierno de México, www.gob.mx;

FOTOGRAFÍAS: gaceta.unam.mx; gettimages.com.mx; www.gob.mx; wikipedia.org; Chat GPT; facebook

MANO NEGRA

John Lennon, el rebelde recalcitrante

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  • Vino al mundo el 9 de octubre de 1940 en Liverpool; cumpliría 86 años de edad
  • “Estoy harto de leer cosas de políticos neuróticos, psicóticos y cabezones. Lo único que quiero es la verdad, sólo dame alguna verdad”, unas palabras icónicas del legendario cantante de The Beatles

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

La creciente y recalcitrante rebeldía de John Lennon, así como su evidente capacidad para influir en los otros tres integrantes de los Beatles, provocaba desconcierto incluso entre quienes admiraban al grupo.

Así lo escribió Philip Norman, periodista y biógrafo británico reconocido por sus trabajos sobre Lennon y la legendaria banda de Liverpool.

En su retrato del músico, Norman describió la transformación de aquel personaje que, en los primeros años de la Beatlemanía, parecía encarnar una imagen juvenil, divertida y cercana, pero que pronto comenzó a mostrar aristas incómodas.

Aquel Lennon de canciones aparentemente sencillas evolucionó hacia una personalidad artística cada vez más compleja, inconforme y dispuesta a desafiar las convenciones.

El biógrafo tampoco ocultó su disgusto ante la transformación de los Beatles. Las gafas, los bigotes, los collares hippies, las blusas de inspiración femenina y la influencia del Maharishi Mahesh Yogi parecían alejar al grupo de aquella imagen impecable que había conquistado al público.

Pero Lennon no estaba dispuesto a permanecer atrapado en el personaje que otros habían construido para él.

Con motivo del aniversario de su nacimiento, es necesario recordar a una de las figuras más influyentes de la música popular del siglo XX, quien el pasado 9 de octubre habría cumplido 86 años.

John Lennon no sólo fue miembro fundador de The Beatles. Su trayectoria como solista estuvo marcada también por el activismo, la inconformidad política y su persistente defensa de la paz, aunque no exenta de contradicciones.

Norman retrata una existencia que comenzó en circunstancias extraordinarias: Lennon nació en Liverpool, en 1940, durante un bombardeo alemán, y murió en Nueva York, en 1980, bajo los disparos de un admirador que se convirtió en su asesino.

Nació y murió bajo el signo de la violencia, escribe Norman en su obra John Lennon, The Life, pero dedicó una parte fundamental de su vida a promover ideales de paz. Una lucha apasionada que, como señala el biógrafo, también tuvo momentos de ingenuidad, paradojas y contradicciones.

Lennon fue un Beatle, pero nunca pareció conformarse con pertenecer al grupo musical más venerado de su época. Necesitaba ir más allá, cuestionar lo establecido y explorar los límites de su propia libertad.

 

OTRA VUELTA DE TUERCA A UN PERSONAJE ANALIZADO HASTA LA SACIEDAD

¿Qué mejor homenaje a Lennon que volver sobre algunas de las historias que contribuyeron a construir su leyenda?

En John Lennon. Pop & Rock, el periodista y crítico musical barcelonés Ignacio Julià se plantea cómo abordar la vida de un personaje tan estudiado. Su respuesta consiste en equilibrar los datos biográficos —no siempre coincidentes entre las numerosas fuentes disponibles— con el análisis de su música y de sus ideas.

Julià reconoce que la documentación sobre Lennon y los Beatles presenta discrepancias en fechas y acontecimientos, mientras que la interpretación de sus canciones y su pensamiento depende, inevitablemente, de la mirada de quien los estudia.

Con esa advertencia en mente, vale la pena recuperar una curiosidad que ha alimentado la fascinación de los seguidores de Lennon: la recurrente presencia del número nueve en su vida.

Nació un 9 de octubre; su hijo Sean nació el mismo día, 35 años después. Liverpool, su ciudad natal, tiene nueve letras en inglés y la numerología ha encontrado otras coincidencias en su historia personal. El autobús escolar número 72, por ejemplo, suma nueve.

La fascinación por ese número también quedó asociada a la música de los Beatles con Revolution 9, la experimental composición incluida en el álbum conocido como The White Album, publicado en 1968.

Coincidencias, interpretaciones y casualidades se mezclan en la biografía de un artista cuya vida sigue despertando preguntas.

En 2010, el escritor francés David Foenkinos, melómano y admirador de Lennon, publicó una biografía novelada que buscaba apartarse del mito para acercarse al hombre. La obra, Lennon, reconstruye episodios de su infancia, sus relaciones familiares, su matrimonio, la tormentosa historia de los Beatles, su relación con Yoko Ono y su particular filosofía de vida.

Uno de los episodios más controvertidos de aquella trayectoria fue la declaración que dio la vuelta al mundo: los Beatles eran “más populares que Jesucristo”.

La frase apareció en una entrevista que la periodista británica Maureen Cleave publicó en 1966. En ella, Lennon reflexionaba sobre la pérdida de influencia del cristianismo y el fenómeno de adoración que rodeaba al grupo. La declaración, retomada y difundida en Estados Unidos fuera de su contexto original, desató una reacción particularmente virulenta en sectores religiosos.

Hubo quemas de discos, amenazas y llamados a boicotear los conciertos. El Ku Klux Klan también anunció su oposición a las presentaciones de la banda.

Lennon llegó a temer por su seguridad. Aunque ofreció disculpas públicas para contener la crisis, aquella experiencia dejó una huella en su relación con la fama, la opinión pública y la libertad de expresión.

En la reconstrucción literaria de Foenkinos, Lennon aparece consciente de que la Beatlemanía había rebasado los límites de la música: millones de personas depositaban en los cuatro músicos expectativas que poco tenían que ver con sus canciones.

El episodio permite entender una de las grandes paradojas de su vida: el artista que se convirtió en ídolo de masas también rechazaba las ataduras que imponía la adoración colectiva.

Hacia el final de la trayectoria de los Beatles, Lennon atravesó momentos de vaivenes emocionales y llegó a expresar ideas de identificación con Jesucristo. Esos pasajes, narrados en la obra de Foenkinos, muestran a un hombre vulnerable detrás de una figura pública que parecía inquebrantable.

La libertad de pensamiento que defendía no lo libró de sus propias contradicciones. Quizá por eso Lennon sigue siendo un personaje difícil de encasillar: pacifista y provocador, creador y rebelde, ídolo popular y crítico de la misma sociedad que lo encumbró.

 

EL ÚLTIMO DÍA EN EL EDIFICIO DAKOTA

Mientras escribo estas líneas y escucho música de los Beatles -y, por supuesto, de John Lennon-, vuelvo a uno de los episodios más dolorosos de su historia: la tarde del 8 de diciembre de 1980, cuando Mark David Chapman lo esperaba frente al edificio Dakota, su residencia en Nueva York.

En la reconstrucción de Foenkinos, Chapman aparece como un admirador cuya fascinación terminó transformándose en resentimiento. Había decidido asesinar a Lennon y permaneció cerca del edificio hasta que el músico regresó.

Horas antes, Lennon le había firmado un ejemplar de su álbum Double Fantasy. La fotografía de aquel encuentro conserva una ironía trágica: el artista posa junto a quien acabaría con su vida.

Cuando Lennon volvió al Dakota, Chapman le disparó cinco veces. Cuatro de los proyectiles lo alcanzaron. El músico fue trasladado al Hospital Roosevelt, donde murió esa misma noche. Tenía 40 años.

Chapman fue detenido en el lugar y posteriormente condenado a cadena perpetua. Su crimen puso fin a una vida que había dejado una huella profunda en la música, la cultura popular y el movimiento pacifista.

 

UNA ANÉCDOTA PERSONAL EN NUEVA YORK

En septiembre de 2018, por motivos de trabajo, viajé a Nueva York para acompañar al presidente Enrique Peña Nieto, quien asistiría al periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Durante una tarde libre decidí visitar el edificio Dakota, una construcción de estilo neogótico inaugurada en 1884, situada en la calle 72 Oeste, frente a Central Park. Allí había vivido Lennon durante sus últimos años y allí fue asesinado el 8 de diciembre de 1980.

Mi interés no era solamente arquitectónico o turístico. Quería estar frente al lugar e imaginar los últimos momentos de un músico del que siempre he sido un apasionado seguidor.

En la década de los setenta yo había sido baterista de un grupo local de rock, integrado por amigos que compartíamos la pasión por la música. La banda se llamaba Apple Husk, expresión que puede traducirse como “cáscara de manzana”, un nombre inspirado, de manera imaginaria, en Apple, la compañía discográfica fundada por los Beatles.

Quizá por eso, años después, encontrarme frente al Dakota tuvo para mí un significado especial: fue una forma de acercarme, aunque fuera por unos instantes, a la historia de uno de los artistas que marcaron mi vida.

Durante aquella visita oficial también ocurrió otro encuentro inesperado con la memoria de los Beatles.

Como parte de las actividades del presidente Peña Nieto, se celebró una reunión con representantes de los medios de comunicación en el Terrace Room del histórico Hotel Plaza. Al concluir el encuentro, mientras los periodistas abandonaban el salón, me detuve frente a una fotografía de gran formato en la que aparecían los cuatro Beatles junto a la doctora Joyce Brothers, reconocida psicóloga, columnista y personalidad de la televisión estadounidense, fallecida en 2013.

La imagen correspondía a la estancia del grupo en el Hotel Plaza, en febrero de 1964, durante su primera visita a Estados Unidos. Aquella llegada marcó un momento decisivo en la expansión internacional de la Beatlemanía.

En la fotografía, Ringo Starr parece tomarle el pulso a Joyce Brothers, mientras John Lennon, Paul McCartney y George Harrison presencian la escena.

No se trataba de una imagen cualquiera. Formaba parte de la memoria histórica del hotel, que conserva fotografías y testimonios de algunos de los acontecimientos y personajes que han pasado por sus instalaciones.

Joyce Brothers tampoco era una periodista más. Se había convertido en una figura conocida en todo Estados Unidos por su trabajo como psicóloga y por su presencia en la televisión y la prensa, donde abordaba cuestiones de comportamiento humano y relaciones personales.

Su encuentro con los Beatles ofrecía una oportunidad para analizar un fenómeno que entonces sorprendía al mundo: la Beatlemanía, esa mezcla de admiración musical, identificación juvenil y devoción popular que convirtió a cuatro muchachos de Liverpool en figuras de alcance planetario.

Aquel día, frente a la fotografía, la historia de los Beatles dejó de ser únicamente un recuerdo musical. Por unos instantes, se volvió una experiencia personal: la imagen de cuatro jóvenes que habían transformado la cultura popular y la memoria de un hombre que, aun después de su muerte, sigue provocando preguntas.

John Lennon fue mucho más que el rebelde de gafas redondas, el compositor de canciones inolvidables o el activista que convirtió la paz en una bandera. Fue también un hombre lleno de contradicciones, capaz de incomodar a sus admiradores y de cuestionar el mundo que lo celebraba.

Quizá esa sea una de las razones por las que su obra permanece vigente. No porque haya ofrecido respuestas definitivas, sino porque nunca dejó de formular preguntas.

Y porque, detrás del mito, sigue estando aquel hombre que exigía algo elemental, pero no siempre fácil de conseguir: la verdad.

 

REFERENCIAS: John Lennon, The Life, Philip  Norman. Editorial Anagrama, Barcelona 2009. 840 pp; Lennon, David Foenkinos. Editorial Anagrama, Madrid,  España, 2010. 189 pp; John Lennon, Pop & Rock. Ignacio Julià. Editorial Máscara, Valencia, España,1996. 214 pp; Wikipedia.org; Chat GPT; elpais.com; Instagram

 

FOTOGRAFÍAS: notorious.com.ar; Wikipedia; Chat GPT; Presidencia de la República, www.gob.mx; theplazany.com; gettyimages.com; Bob Gruen; Alamy.com; reddit.com.

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MANO NEGRA

No es lo mismo hacer públicos los resultados y hacer pública la encuesta

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Cuando el ganador ya está anunciado, conocer los números sirve solamente para explicar la decisión. Cuando los números se conocen antes, sirven para comprobarla * Alito toca la puerta del PAN; y la pregunta obligada es: ¿alianza o salvavidas? * “Si uno no lee a Julio Verne, no viaja al centro de la Tierra”: Eduardo Madina

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Las encuestas, que primero no eran públicas, por fin aparecieron. Y me refiero a que el pasado 29 de septiembre, finalmente después de semanas de reclamos, inconformidades y preguntas incómodas, Morena decidió hacer públicas las encuestas con las que definió a sus 17 coordinadores estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Y aunque conservó restricciones sobre el acceso a los documentos completos, después de todo se dieron a conocer los números. El detalle tiene su historia.

El 22 de septiembre, Ariadna Montiel había anunciado que las encuestas serían dadas a conocer “detalladamente, una por una”, pero solamente después de que Morena concluyera la designación de sus 17 coordinadores. La declaración llegó después de que la propia Claudia Sheinbaum Pardo se pronunciara en favor de transparentar los resultados. Y así ocurrió.

Terminadas las designaciones, Morena salió el pasado martes 29 a explicar las cifras, la metodología y la participación de siete empresas encuestadoras. Fueron 16 procesos medidos mediante encuestas; San Luis Potosí tuvo una definición por consenso.

Las casas encuestadoras fueron: Buendía & Márquez; Covarrubias y Asociados; Defoe; De las Heras Demotecnia; Enkoll (Enkoll Inteligencia de Mercados); Mendoza Blanco & Asociados, S. C., y Votia.

La dirigencia defendió el procedimiento como transparente y explicó que las llamadas encuestas “espejo” coincidieron con los resultados de Morena.

Pero hay una pequeña gran diferencia en la narrativa del partido guinda, entre hacer públicos los resultados y hacer pública la encuesta.

Porque, de acuerdo con la información difundida en diversos medios de comunicación, los aspirantes pudieron conocer los resultados y solicitar explicaciones, pero Morena mantuvo la decisión de no entregar copias físicas o electrónicas de los documentos.

Me explico: los aspirantes pueden mirar el legajo, pero no necesariamente llevárselo a casa. Y ahí está el detalle.

A lo largo de varias semanas se pidió confianza. Ahora se ofrecieron solamente números.

Durante semanas Morena se dio a la tarea de declarar una y otra vez que “el pueblo” había decidido, que había “absoluta transparencia y democracia en su proceso”, pero ahora sabemos, al fin, cómo se repartieron los diez puntos de la metodología: OPINIÓN POSITIVA, HONESTIDAD, DISPOSICIÓN A VOTAR, PREFERENCIA Y OTRAS ATRIBUCIONES.

No se trata de afirmar que las encuestas hayan sido manipuladas. El prestigio de las encuestadoras contratadas, para tal fin, no está a discusión.

Se trata de una pregunta más elemental: ¿por qué aquello que finalmente podía hacerse público tuvo que esperar a que terminaran las designaciones?

Cuando el ganador ya está anunciado, conocer los números sirve solamente para explicar la decisión. Cuando los números se conocen antes, sirven para comprobarla.

Morena ha dado un paso hacia la publicidad de sus encuestas. El siguiente, si quiere cerrar definitivamente la discusión, sería permitir que esos resultados puedan ser revisados y contrastados de manera independiente.

Para el experto Roy Campos, uno de los analistas más respetados, refiere que “Morena organiza un gran show para seleccionar candidatos de manera que se mantiene una atención desmedida en su proceso, al final, parece que seleccionó no candidatos sino ganadores, los hace crecer y tomar ventaja, ¿Y los otros partidos? muy probablemente estén cocinando algo, pero por lo pronto no se ven”.

Así que hacia adelante Morena tiene tamaña tarea para lograr credibilidad, toda vez que ya se encuentran inmersos en el proceso de designar a sus 300 coordinadores distritales federales; el registro de acuerdo a su convocatoria, se realizó –sólo en línea- del 1 al 4 de octubre, y quedarán legalmente atados a respetar el veredicto de las encuestas y “no podrán impugnar ni inconformarse con las decisiones finales del partido”.

Así que la pregunta sigue aplicando para Morena; si las encuestas son la prueba de que “el pueblo decidió”, ¿por qué no dejar que todos puedan revisar la prueba?

Porque una encuesta que decide una candidatura, no debería descansar solamente en un acto de fe.

 

ALACENA

Un galimatías. Alito toca la puerta del PAN y la pregunta obligada es: ¿alianza o salvavidas? Y es que la política, como la aritmética, también tiene sus reglas, y eso lo sabe el dirigente tricolor. Veamos.

Alejandro Moreno volvió a poner sobre la mesa lo que hasta hace algunos meses parecía políticamente improbable: que PRI y PAN vuelvan a caminar juntos, ahora, rumbo a las elecciones de 2027.

Esta vez el mensaje que lanzó en varios cartones con datos y cifras, como en debate televisivo muy socorrido en campañas electorales, fue más concreto. En entrevista con Ciro Gómez Leyva, realizada el lunes 5 de octubre, el dirigente priísta habló de construir un “gran frente amplio ciudadano” y de impulsar candidaturas comunes entre ambos partidos, bajo una premisa que pretende ser estrictamente electoral: sumar votos, esfuerzos y candidatos competitivos para enfrentar a Morena.

La pregunta no es tan sencilla; no es solamente si PRI y PAN pueden ponerse de acuerdo. La pregunta de fondo es qué tendría que ceder cada uno para hacerlo posible, situación por la que ya han atravesado a lo largo de los años, y que el resultado ha sido, por decir lo menos, incierto.

El PAN llega a la discusión defendiendo la recuperación de su propia identidad. Su dirigencia ha insistido en que no existe todavía una alianza construida y que cualquier decisión deberá considerar las condiciones particulares de cada entidad.

El PRI, en cambio, ha mantenido abierta desde hace meses la puerta a un frente opositor. Recordarán que hace algunos días Alejandro Moreno no tuvo empacho alguno en recibir en las instalaciones del tricolor a Vicente Fox Quesada para iniciar conversaciones y posibles acuerdos.

Alito ha insistido en que una oposición dividida puede fragmentar el voto y que el objetivo fundamental debería ser competir por la Cámara de Diputados y por las gubernaturas que estarán en juego. Ahí está el dilema.

Para el PRI, la alianza significa sumar la fuerza electoral del PAN. Para el PAN, la alianza significa decidir cuánto está dispuesto a compartir con un partido que hoy tiene una presencia electoral nacional menor.

Las cifras ayudan a entender el tamaño del problema. Una encuesta de Enkoll difundida en septiembre colocó a Morena con 41% de preferencia nacional, al PAN con 12% y al PRI con 8%. Como usted lo sabe bien, estimado lector, son mediciones de intención de voto, no resultados electorales anticipados, pero muestran la dimensión de la brecha que enfrenta la oposición.

Por eso la discusión sobre una alianza no puede reducirse a sumar mecánicamente los porcentajes de dos partidos. Dos marcas electorales no necesariamente producen automáticamente una suma aritmética de votos.

Hay territorios donde el PRI conserva estructura, cuadros y presencia municipal; hay otros donde el PAN tiene mayor implantación. Y existen entidades en las que las propias estructuras panistas han presionado para explorar acuerdos con el priísmo.

El caso de Nuevo León resulta esclarecedor. El acercamiento entre Alito y Jorge Romero, el dirigente de Acción Nacional, cobró nueva fuerza después de que ambos aparecieron juntos en Monterrey durante el informe del alcalde priísta Adrián de la Garza. La posibilidad de una alianza PRI-PAN volvió pues al centro de la conversación en la ruta del 2027. Pero hay un segundo problema: las candidaturas.

¿Quién encabeza? ¿El candidato debe ser panista donde el PAN tenga mayor presencia? ¿Priísta donde el PRI conserve estructura? ¿O un ciudadano externo a ambos partidos?

La respuesta a esas preguntas será probablemente más complicada que la fotografía de dos dirigentes sonriendo juntos, estrechándose las manos y compartiendo un abrazo fingido.

Y en esa ecuación, no podía faltar un tercero en discordia. Movimiento Ciudadano ya ha rechazado incorporarse a una alianza con el PRI, por lo que la construcción de un frente opositor amplio enfrenta desde ya límites políticos.

En consecuencia, la propuesta de Alito coloca al PAN frente a una disyuntiva estratégica: competir con identidad propia o explorar candidaturas comunes allí donde la suma de estructuras pueda resultar políticamente conveniente.

No es todavía una alianza, pero tampoco es ya solamente una de las muchas ocurrencias de Alito. La conversación existe, los acercamientos están a la orden del día, y algunas estructuras estatales la están empujando.

Lo que falta es lo más difícil: los acuerdos concretos, las candidaturas y, sobre todo, la confianza entre dos partidos que durante años fueron acérrimos adversarios.

La política, como la aritmética, también tiene sus reglas. La sabiduría colectiva lo define así; en política, uno más uno no siempre es dos. ¿Se destrabará el galimatías?

Esa será, precisamente, la prueba de fuego para PRI y PAN rumbo a 2027.

 

REFERENCIAS: infoabe.com.mx, eleconomista.com; elpais.com; elfinanciero.com; sdpnoticias.com; mitofsky.mx; enkoll.com; pan.org.mx; pri.org.mx; morena.org; Chat GPT; wikipedia.org

FOTOGRAFÍAS: elpais.com; facebook; instagram; Chat GPT.

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MANO NEGRA

El poder y el péndulo

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Circula ya “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024” * ¿Cómo cambió la democracia a través del análisis de 485 millones de votos y 12 elecciones federales?: Luis Carlos Ugalde, coordinador editorial de la obra * En 2018, Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político * “La diplomacia es el arte de enviar a la gente al infierno, de tal manera que ellos soliciten direcciones”: Winston Churchill

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Hay fotografías que cuentan la historia reciente de México, mejor que cualquier discurso. Una de ellas está en el nuevo libro de Integralia y la Universidad de la Libertad: “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

Es Luis Carlos Ugalde, director general de Integralia Consultores y coordinador editorial de la obra, quien señala que este estudio muestra cómo ha cambiado el poder político en México a través del análisis de cerca de 485 millones de votos en 12 elecciones federales.

¿Cómo cambió la democracia mexicana entre 1991 y 2024?, se pregunta el académico, y señala los puntos clave de la obra:

Evolución electoral: El análisis recorre más de tres décadas de vida democrática usando datos duros, mapas y gráficas interactivas.

De la hegemonía a la competencia: Explica la transición desde el dominio histórico del PRI hacia una etapa de competencia entre varios partidos y alternancias en el poder.

Nueva concentración: Identifica que en la etapa más reciente se observa el ascenso de Morena y un proceso de nueva concentración política en el país.

Enfoque basado en urnas: La propuesta central es contar la historia reciente de México de forma visual y objetiva, partiendo estrictamente de los resultados en las urnas y el comportamiento del voto.

Durante más de tres décadas, el mapa electoral de México se transformó profundamente: del predominio del PRI, a una etapa de competencia multipartidista y alternancias, hasta el ascenso de Morena y una nueva concentración política.

En el nuevo estudio de @Integralia_Mx y @ULibertadMX, precisa Ugalde, contamos ese proceso a través de mapas, gráficas y datos electorales.

El estudio es completamente digital y su navegación es interactiva: desde tu teléfono o computadora pueden recorrer los datos, explorar las gráficas y consultar los mapas que muestran cómo fue cambiando el voto en México a lo largo del tiempo.

El objetivo es observar la transformación en perspectiva: cómo se redistribuyeron los votos, qué tan competidas fueron las elecciones, cómo cambió el peso de los partidos y qué ocurrió con la representación política.

Más de tres décadas de elecciones permiten contar una parte importante de la historia reciente de México desde un lugar muy concreto: las urnas.

Son mapas electorales. Pero, en realidad, son radiografías del poder.

 

EL DINOSAURIO SEGUÍA EN PIE

En 1991, el PRI parecía invencible. Obtuvo 58.5 por ciento de los votos para diputados federales y ganó 254 de los 300 distritos de mayoría. El dinosaurio seguía en pie, pero el mapa comenzó a cambiar.

La competencia electoral, las reformas políticas y el crecimiento de la oposición fueron modificando, elección tras elección, el reparto del poder.

En 1997, y aquí de nueva cuenta me refiero en primera persona al tema, llegó el gran aviso: el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. México descubrió entonces que gobernar también podía significar negociar.

Durante más de dos décadas ningún partido consiguió controlar por sí solo la Cámara Baja. Hubo gobiernos divididos, alianzas, acuerdos, desencuentros y, desde luego, muchas negociaciones bajo la mesa y sobre ella.

 

EL PÉNDULO CAMBIÓ DE LADO

Hasta que llegó 2018. Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político. Y en 2024 alcanzó 40.8 por ciento de los votos de mayoría relativa para diputados federales, el porcentaje más alto obtenido por un partido desde 1994. El péndulo había vuelto a cambiar de lado.

Pero aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando una fuerza política que llegó al poder cuestionando la concentración del poder termina disponiendo de una capacidad legislativa extraordinaria?

El PRI conoció durante décadas lo que significa tener una enorme concentración de poder. Ahora Morena enfrenta una circunstancia diferente: tiene la oportunidad de demostrar qué hace una mayoría cuando no necesita de la oposición para sacar adelante buena parte de su agenda. Y ahí está el verdadero desafío.

Porque los contrapesos eran fáciles de defender cuando se estaba en minoría. La prueba llega cuando se tiene la mayoría. La historia electoral mexicana demuestra que ninguna hegemonía es eterna. El mapa de 1991 no es el de 1997; el de 2000 no es el de 2012; y el de 2018 no es el de 2024.

Los electores cambian. Los partidos cambian. Las mayorías cambian. Lo que no debería cambiar son las reglas que permiten que ese relevo ocurra. Por eso, más allá de Morena, del PRI, del PAN o de cualquier otro partido, la pregunta de fondo es institucional: ¿Los contrapesos que México construyó durante tres décadas serán suficientemente sólidos para resistir cuando el péndulo vuelva a moverse?

Contrapesos que Morena se ha encargado de desactivar en virtud de sus mayorías en 2018 y 2024, encaminadas más a una predictadura.

 

NINGUNA MAYORÍA ES PARA SIEMPRE

Porque tarde o temprano el péndulo se moverá. Y cuando lo haga, quizá quienes hoy tienen la mayoría necesiten las mismas reglas que ayer pedían quienes estaban en la oposición. Esa es la ironía de la política.

Los mapas electorales no solamente muestran quién ganó. También muestran que ninguna mayoría es para siempre. Hoy el poder puede sentirse dueño del mapa. Mañana quizá tenga que aprender nuevamente a leerlo desde la oposición. Y ahí podemos encontrar la verdadera narrativa, de la fotografía que muestra el libro “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

 

ALACENA

Los mexicanos satisfechos. Dada su trascendencia, la publicación de la “Historia visual de la transición mexicana a la democracia, 1991-2024” fue observada por diversos analistas desde diferentes ángulos.

Ciro Gómez Leyva califica como espectacular el trabajo que acaban de difundir Integralia Consultores y la Universidad de la Libertad: Un despliegue de mapas y estadísticas que termina convirtiéndose en una de las crónicas más potentes sobre los últimos 30 años electorales, políticos, sociales y anímicos del país.

Nos recuerda de golpe, por ejemplo, que en ese lapso han competido 26 partidos, 19 de los cuales ya no existen. Afirma que en 1991 podían votar 37 millones y hoy pueden hacerlo 100 millones. De los muchos cuadros y datos, me quedo, dice, con uno que, con base en el Latinobarómetro pregunta a los mexicanos qué tan satisfechos están con sus vidas:  En 2008, la respuesta positiva era de 67%, pero, al triunfar López Obrador, la cifra subió a 84%. El último dato disponible la situaba en un notable 82% en 2024.

Le pregunté a Luis Carlos Ugalde, destaca Ciro, a qué creía que se debía ese dato y su análisis fue sencillo y claro: el arribo de López Obrador generó un gran entusiasmo, y la inclusión del concepto “pueblo” fue muy bien recibida por mucha gente que, además de sentirse incorporada, comenzó a recibir los beneficios de los programas sociales. “Lograron recuperar así el optimismo”, precisa Ugalde.

Y responde la última pregunta: ¿Se ha perdido ese impulso en los tiempos de Claudia Sheinbaum? En ocho meses lo vamos a medir con votos, finaliza el ex presidente del IFE y Coordinador Editorial de la obra.

 

DEFINIDOS LOS CANDIDATOS GUINDAS

Más de lo mismo. Si las encuestas fueron el instrumento para decidir, ¿por qué no ponerlas sobre la mesa? Y es que el 28 de septiembre pasado Morena cerró la definición de sus 17 coordinaciones estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Los ganadores de las “encuestas internas” son los siguientes: Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Baja California Sur, Manuel Cota Cárdenas; Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus; Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar; Colima, Rosa María “Rosi” Bayardo Cabrera; Guerrero, Beatriz Mojica Morga; Michoacán, Carlos Torres Piña; Nayarit, Jasmine Bugarín Rodríguez (PVEM); Nuevo León, Clara Luz Flores Carrales; Querétaro, Santiago Nieto Castillo; Quintana Roo, Eugenio “Gino” Segura Vázquez; San Luis Potosí, Elí César Cervantes Rojas; Sinaloa, Imelda Castro Castro; Sonora, Lorenia Valles Sampedro; Tlaxcala, Ana Lilia Rivera Rivera; Zacatecas, Verónica Díaz Robles.

La información publicada sobre el proceso señala que en algunos estados la encuesta no terminó por determinar directamente al perfil anunciado, por ejemplo, Héctor Santana habría quedado primero en Nayarit, pero se aplicó un ajuste de género que llevó a Jasmine Bugarín; en otros casos también hubo reclamos de participantes.

Ya terminó el desfile de nombres, pero no la discusión sobre la transparencia del método. El diario El País reportó que Alfonso Sánchez García, en Tlaxcala, y Milena Quiroga, en Baja California Sur, expresaron inconformidad; Quiroga incluso solicitó una revisión técnica de las encuestas.

También se registraron resistencias de otros aspirantes, entre ellos Tatiana Clouthier en Nuevo León. Pero más allá de los nombres, el episodio dejó una sensación ya conocida por los mexicanos: más de lo mismo.

Otra vez aparecieron las encuestas como argumento central para justificar las decisiones. Otra vez quedaron inconformes los que perdieron. Otra vez hubo reclamos, ausencias, resistencias y llamados posteriores a la unidad. Y, sobre todo, otra vez quedó pendiente la pregunta que se ha convertido en el talón de Aquiles de estos procesos: ¿dónde están las encuestas?

Porque decir quién ganó no es lo mismo que mostrar cómo ganó. Mientras los nombres ya están sobre la mesa, los números siguen sin aparecer. Y cuando los números no aparecen, los reclamos ocupan su lugar. No entienden que no entienden.

 

REFERENCIAS: integralia.com.mx; ulibertad.edu.mx; http://linkedin.com; www.detona.com; latinobarometro.com; lapoliticaonline.com; laaurorademexico.com; elpais.com; ChatGPT; wikipedia.com; instagram.

FOTOGRAFÍAS: Portada del libro Historia visual de la transición mexicana a la democracia: 1991,2024; Ilustración Chat GPT; elpais.com.

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