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MANO NEGRA

No es lo mismo hacer públicos los resultados y hacer pública la encuesta

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Cuando el ganador ya está anunciado, conocer los números sirve solamente para explicar la decisión. Cuando los números se conocen antes, sirven para comprobarla * Alito toca la puerta del PAN; y la pregunta obligada es: ¿alianza o salvavidas? * “Si uno no lee a Julio Verne, no viaja al centro de la Tierra”: Eduardo Madina

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Las encuestas, que primero no eran públicas, por fin aparecieron. Y me refiero a que el pasado 29 de septiembre, finalmente después de semanas de reclamos, inconformidades y preguntas incómodas, Morena decidió hacer públicas las encuestas con las que definió a sus 17 coordinadores estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Y aunque conservó restricciones sobre el acceso a los documentos completos, después de todo se dieron a conocer los números. El detalle tiene su historia.

El 22 de septiembre, Ariadna Montiel había anunciado que las encuestas serían dadas a conocer “detalladamente, una por una”, pero solamente después de que Morena concluyera la designación de sus 17 coordinadores. La declaración llegó después de que la propia Claudia Sheinbaum Pardo se pronunciara en favor de transparentar los resultados. Y así ocurrió.

Terminadas las designaciones, Morena salió el pasado martes 29 a explicar las cifras, la metodología y la participación de siete empresas encuestadoras. Fueron 16 procesos medidos mediante encuestas; San Luis Potosí tuvo una definición por consenso.

Las casas encuestadoras fueron: Buendía & Márquez; Covarrubias y Asociados; Defoe; De las Heras Demotecnia; Enkoll (Enkoll Inteligencia de Mercados); Mendoza Blanco & Asociados, S. C., y Votia.

La dirigencia defendió el procedimiento como transparente y explicó que las llamadas encuestas “espejo” coincidieron con los resultados de Morena.

Pero hay una pequeña gran diferencia en la narrativa del partido guinda, entre hacer públicos los resultados y hacer pública la encuesta.

Porque, de acuerdo con la información difundida en diversos medios de comunicación, los aspirantes pudieron conocer los resultados y solicitar explicaciones, pero Morena mantuvo la decisión de no entregar copias físicas o electrónicas de los documentos.

Me explico: los aspirantes pueden mirar el legajo, pero no necesariamente llevárselo a casa. Y ahí está el detalle.

A lo largo de varias semanas se pidió confianza. Ahora se ofrecieron solamente números.

Durante semanas Morena se dio a la tarea de declarar una y otra vez que “el pueblo” había decidido, que había “absoluta transparencia y democracia en su proceso”, pero ahora sabemos, al fin, cómo se repartieron los diez puntos de la metodología: OPINIÓN POSITIVA, HONESTIDAD, DISPOSICIÓN A VOTAR, PREFERENCIA Y OTRAS ATRIBUCIONES.

No se trata de afirmar que las encuestas hayan sido manipuladas. El prestigio de las encuestadoras contratadas, para tal fin, no está a discusión.

Se trata de una pregunta más elemental: ¿por qué aquello que finalmente podía hacerse público tuvo que esperar a que terminaran las designaciones?

Cuando el ganador ya está anunciado, conocer los números sirve solamente para explicar la decisión. Cuando los números se conocen antes, sirven para comprobarla.

Morena ha dado un paso hacia la publicidad de sus encuestas. El siguiente, si quiere cerrar definitivamente la discusión, sería permitir que esos resultados puedan ser revisados y contrastados de manera independiente.

Para el experto Roy Campos, uno de los analistas más respetados, refiere que “Morena organiza un gran show para seleccionar candidatos de manera que se mantiene una atención desmedida en su proceso, al final, parece que seleccionó no candidatos sino ganadores, los hace crecer y tomar ventaja, ¿Y los otros partidos? muy probablemente estén cocinando algo, pero por lo pronto no se ven”.

Así que hacia adelante Morena tiene tamaña tarea para lograr credibilidad, toda vez que ya se encuentran inmersos en el proceso de designar a sus 300 coordinadores distritales federales; el registro de acuerdo a su convocatoria, se realizó –sólo en línea- del 1 al 4 de octubre, y quedarán legalmente atados a respetar el veredicto de las encuestas y “no podrán impugnar ni inconformarse con las decisiones finales del partido”.

Así que la pregunta sigue aplicando para Morena; si las encuestas son la prueba de que “el pueblo decidió”, ¿por qué no dejar que todos puedan revisar la prueba?

Porque una encuesta que decide una candidatura, no debería descansar solamente en un acto de fe.

 

ALACENA

Un galimatías. Alito toca la puerta del PAN y la pregunta obligada es: ¿alianza o salvavidas? Y es que la política, como la aritmética, también tiene sus reglas, y eso lo sabe el dirigente tricolor. Veamos.

Alejandro Moreno volvió a poner sobre la mesa lo que hasta hace algunos meses parecía políticamente improbable: que PRI y PAN vuelvan a caminar juntos, ahora, rumbo a las elecciones de 2027.

Esta vez el mensaje que lanzó en varios cartones con datos y cifras, como en debate televisivo muy socorrido en campañas electorales, fue más concreto. En entrevista con Ciro Gómez Leyva, realizada el lunes 5 de octubre, el dirigente priísta habló de construir un “gran frente amplio ciudadano” y de impulsar candidaturas comunes entre ambos partidos, bajo una premisa que pretende ser estrictamente electoral: sumar votos, esfuerzos y candidatos competitivos para enfrentar a Morena.

La pregunta no es tan sencilla; no es solamente si PRI y PAN pueden ponerse de acuerdo. La pregunta de fondo es qué tendría que ceder cada uno para hacerlo posible, situación por la que ya han atravesado a lo largo de los años, y que el resultado ha sido, por decir lo menos, incierto.

El PAN llega a la discusión defendiendo la recuperación de su propia identidad. Su dirigencia ha insistido en que no existe todavía una alianza construida y que cualquier decisión deberá considerar las condiciones particulares de cada entidad.

El PRI, en cambio, ha mantenido abierta desde hace meses la puerta a un frente opositor. Recordarán que hace algunos días Alejandro Moreno no tuvo empacho alguno en recibir en las instalaciones del tricolor a Vicente Fox Quesada para iniciar conversaciones y posibles acuerdos.

Alito ha insistido en que una oposición dividida puede fragmentar el voto y que el objetivo fundamental debería ser competir por la Cámara de Diputados y por las gubernaturas que estarán en juego. Ahí está el dilema.

Para el PRI, la alianza significa sumar la fuerza electoral del PAN. Para el PAN, la alianza significa decidir cuánto está dispuesto a compartir con un partido que hoy tiene una presencia electoral nacional menor.

Las cifras ayudan a entender el tamaño del problema. Una encuesta de Enkoll difundida en septiembre colocó a Morena con 41% de preferencia nacional, al PAN con 12% y al PRI con 8%. Como usted lo sabe bien, estimado lector, son mediciones de intención de voto, no resultados electorales anticipados, pero muestran la dimensión de la brecha que enfrenta la oposición.

Por eso la discusión sobre una alianza no puede reducirse a sumar mecánicamente los porcentajes de dos partidos. Dos marcas electorales no necesariamente producen automáticamente una suma aritmética de votos.

Hay territorios donde el PRI conserva estructura, cuadros y presencia municipal; hay otros donde el PAN tiene mayor implantación. Y existen entidades en las que las propias estructuras panistas han presionado para explorar acuerdos con el priísmo.

El caso de Nuevo León resulta esclarecedor. El acercamiento entre Alito y Jorge Romero, el dirigente de Acción Nacional, cobró nueva fuerza después de que ambos aparecieron juntos en Monterrey durante el informe del alcalde priísta Adrián de la Garza. La posibilidad de una alianza PRI-PAN volvió pues al centro de la conversación en la ruta del 2027. Pero hay un segundo problema: las candidaturas.

¿Quién encabeza? ¿El candidato debe ser panista donde el PAN tenga mayor presencia? ¿Priísta donde el PRI conserve estructura? ¿O un ciudadano externo a ambos partidos?

La respuesta a esas preguntas será probablemente más complicada que la fotografía de dos dirigentes sonriendo juntos, estrechándose las manos y compartiendo un abrazo fingido.

Y en esa ecuación, no podía faltar un tercero en discordia. Movimiento Ciudadano ya ha rechazado incorporarse a una alianza con el PRI, por lo que la construcción de un frente opositor amplio enfrenta desde ya límites políticos.

En consecuencia, la propuesta de Alito coloca al PAN frente a una disyuntiva estratégica: competir con identidad propia o explorar candidaturas comunes allí donde la suma de estructuras pueda resultar políticamente conveniente.

No es todavía una alianza, pero tampoco es ya solamente una de las muchas ocurrencias de Alito. La conversación existe, los acercamientos están a la orden del día, y algunas estructuras estatales la están empujando.

Lo que falta es lo más difícil: los acuerdos concretos, las candidaturas y, sobre todo, la confianza entre dos partidos que durante años fueron acérrimos adversarios.

La política, como la aritmética, también tiene sus reglas. La sabiduría colectiva lo define así; en política, uno más uno no siempre es dos. ¿Se destrabará el galimatías?

Esa será, precisamente, la prueba de fuego para PRI y PAN rumbo a 2027.

 

REFERENCIAS: infoabe.com.mx, eleconomista.com; elpais.com; elfinanciero.com; sdpnoticias.com; mitofsky.mx; enkoll.com; pan.org.mx; pri.org.mx; morena.org; Chat GPT; wikipedia.org

FOTOGRAFÍAS: elpais.com; facebook; instagram; Chat GPT.

MANO NEGRA

El poder y el péndulo

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Circula ya “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024” * ¿Cómo cambió la democracia a través del análisis de 485 millones de votos y 12 elecciones federales?: Luis Carlos Ugalde, coordinador editorial de la obra * En 2018, Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político * “La diplomacia es el arte de enviar a la gente al infierno, de tal manera que ellos soliciten direcciones”: Winston Churchill

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Hay fotografías que cuentan la historia reciente de México, mejor que cualquier discurso. Una de ellas está en el nuevo libro de Integralia y la Universidad de la Libertad: “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

Es Luis Carlos Ugalde, director general de Integralia Consultores y coordinador editorial de la obra, quien señala que este estudio muestra cómo ha cambiado el poder político en México a través del análisis de cerca de 485 millones de votos en 12 elecciones federales.

¿Cómo cambió la democracia mexicana entre 1991 y 2024?, se pregunta el académico, y señala los puntos clave de la obra:

Evolución electoral: El análisis recorre más de tres décadas de vida democrática usando datos duros, mapas y gráficas interactivas.

De la hegemonía a la competencia: Explica la transición desde el dominio histórico del PRI hacia una etapa de competencia entre varios partidos y alternancias en el poder.

Nueva concentración: Identifica que en la etapa más reciente se observa el ascenso de Morena y un proceso de nueva concentración política en el país.

Enfoque basado en urnas: La propuesta central es contar la historia reciente de México de forma visual y objetiva, partiendo estrictamente de los resultados en las urnas y el comportamiento del voto.

Durante más de tres décadas, el mapa electoral de México se transformó profundamente: del predominio del PRI, a una etapa de competencia multipartidista y alternancias, hasta el ascenso de Morena y una nueva concentración política.

En el nuevo estudio de @Integralia_Mx y @ULibertadMX, precisa Ugalde, contamos ese proceso a través de mapas, gráficas y datos electorales.

El estudio es completamente digital y su navegación es interactiva: desde tu teléfono o computadora pueden recorrer los datos, explorar las gráficas y consultar los mapas que muestran cómo fue cambiando el voto en México a lo largo del tiempo.

El objetivo es observar la transformación en perspectiva: cómo se redistribuyeron los votos, qué tan competidas fueron las elecciones, cómo cambió el peso de los partidos y qué ocurrió con la representación política.

Más de tres décadas de elecciones permiten contar una parte importante de la historia reciente de México desde un lugar muy concreto: las urnas.

Son mapas electorales. Pero, en realidad, son radiografías del poder.

 

EL DINOSAURIO SEGUÍA EN PIE

En 1991, el PRI parecía invencible. Obtuvo 58.5 por ciento de los votos para diputados federales y ganó 254 de los 300 distritos de mayoría. El dinosaurio seguía en pie, pero el mapa comenzó a cambiar.

La competencia electoral, las reformas políticas y el crecimiento de la oposición fueron modificando, elección tras elección, el reparto del poder.

En 1997, y aquí de nueva cuenta me refiero en primera persona al tema, llegó el gran aviso: el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. México descubrió entonces que gobernar también podía significar negociar.

Durante más de dos décadas ningún partido consiguió controlar por sí solo la Cámara Baja. Hubo gobiernos divididos, alianzas, acuerdos, desencuentros y, desde luego, muchas negociaciones bajo la mesa y sobre ella.

 

EL PÉNDULO CAMBIÓ DE LADO

Hasta que llegó 2018. Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político. Y en 2024 alcanzó 40.8 por ciento de los votos de mayoría relativa para diputados federales, el porcentaje más alto obtenido por un partido desde 1994. El péndulo había vuelto a cambiar de lado.

Pero aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando una fuerza política que llegó al poder cuestionando la concentración del poder termina disponiendo de una capacidad legislativa extraordinaria?

El PRI conoció durante décadas lo que significa tener una enorme concentración de poder. Ahora Morena enfrenta una circunstancia diferente: tiene la oportunidad de demostrar qué hace una mayoría cuando no necesita de la oposición para sacar adelante buena parte de su agenda. Y ahí está el verdadero desafío.

Porque los contrapesos eran fáciles de defender cuando se estaba en minoría. La prueba llega cuando se tiene la mayoría. La historia electoral mexicana demuestra que ninguna hegemonía es eterna. El mapa de 1991 no es el de 1997; el de 2000 no es el de 2012; y el de 2018 no es el de 2024.

Los electores cambian. Los partidos cambian. Las mayorías cambian. Lo que no debería cambiar son las reglas que permiten que ese relevo ocurra. Por eso, más allá de Morena, del PRI, del PAN o de cualquier otro partido, la pregunta de fondo es institucional: ¿Los contrapesos que México construyó durante tres décadas serán suficientemente sólidos para resistir cuando el péndulo vuelva a moverse?

Contrapesos que Morena se ha encargado de desactivar en virtud de sus mayorías en 2018 y 2024, encaminadas más a una predictadura.

 

NINGUNA MAYORÍA ES PARA SIEMPRE

Porque tarde o temprano el péndulo se moverá. Y cuando lo haga, quizá quienes hoy tienen la mayoría necesiten las mismas reglas que ayer pedían quienes estaban en la oposición. Esa es la ironía de la política.

Los mapas electorales no solamente muestran quién ganó. También muestran que ninguna mayoría es para siempre. Hoy el poder puede sentirse dueño del mapa. Mañana quizá tenga que aprender nuevamente a leerlo desde la oposición. Y ahí podemos encontrar la verdadera narrativa, de la fotografía que muestra el libro “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

 

ALACENA

Los mexicanos satisfechos. Dada su trascendencia, la publicación de la “Historia visual de la transición mexicana a la democracia, 1991-2024” fue observada por diversos analistas desde diferentes ángulos.

Ciro Gómez Leyva califica como espectacular el trabajo que acaban de difundir Integralia Consultores y la Universidad de la Libertad: Un despliegue de mapas y estadísticas que termina convirtiéndose en una de las crónicas más potentes sobre los últimos 30 años electorales, políticos, sociales y anímicos del país.

Nos recuerda de golpe, por ejemplo, que en ese lapso han competido 26 partidos, 19 de los cuales ya no existen. Afirma que en 1991 podían votar 37 millones y hoy pueden hacerlo 100 millones. De los muchos cuadros y datos, me quedo, dice, con uno que, con base en el Latinobarómetro pregunta a los mexicanos qué tan satisfechos están con sus vidas:  En 2008, la respuesta positiva era de 67%, pero, al triunfar López Obrador, la cifra subió a 84%. El último dato disponible la situaba en un notable 82% en 2024.

Le pregunté a Luis Carlos Ugalde, destaca Ciro, a qué creía que se debía ese dato y su análisis fue sencillo y claro: el arribo de López Obrador generó un gran entusiasmo, y la inclusión del concepto “pueblo” fue muy bien recibida por mucha gente que, además de sentirse incorporada, comenzó a recibir los beneficios de los programas sociales. “Lograron recuperar así el optimismo”, precisa Ugalde.

Y responde la última pregunta: ¿Se ha perdido ese impulso en los tiempos de Claudia Sheinbaum? En ocho meses lo vamos a medir con votos, finaliza el ex presidente del IFE y Coordinador Editorial de la obra.

 

DEFINIDOS LOS CANDIDATOS GUINDAS

Más de lo mismo. Si las encuestas fueron el instrumento para decidir, ¿por qué no ponerlas sobre la mesa? Y es que el 28 de septiembre pasado Morena cerró la definición de sus 17 coordinaciones estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Los ganadores de las “encuestas internas” son los siguientes: Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Baja California Sur, Manuel Cota Cárdenas; Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus; Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar; Colima, Rosa María “Rosi” Bayardo Cabrera; Guerrero, Beatriz Mojica Morga; Michoacán, Carlos Torres Piña; Nayarit, Jasmine Bugarín Rodríguez (PVEM); Nuevo León, Clara Luz Flores Carrales; Querétaro, Santiago Nieto Castillo; Quintana Roo, Eugenio “Gino” Segura Vázquez; San Luis Potosí, Elí César Cervantes Rojas; Sinaloa, Imelda Castro Castro; Sonora, Lorenia Valles Sampedro; Tlaxcala, Ana Lilia Rivera Rivera; Zacatecas, Verónica Díaz Robles.

La información publicada sobre el proceso señala que en algunos estados la encuesta no terminó por determinar directamente al perfil anunciado, por ejemplo, Héctor Santana habría quedado primero en Nayarit, pero se aplicó un ajuste de género que llevó a Jasmine Bugarín; en otros casos también hubo reclamos de participantes.

Ya terminó el desfile de nombres, pero no la discusión sobre la transparencia del método. El diario El País reportó que Alfonso Sánchez García, en Tlaxcala, y Milena Quiroga, en Baja California Sur, expresaron inconformidad; Quiroga incluso solicitó una revisión técnica de las encuestas.

También se registraron resistencias de otros aspirantes, entre ellos Tatiana Clouthier en Nuevo León. Pero más allá de los nombres, el episodio dejó una sensación ya conocida por los mexicanos: más de lo mismo.

Otra vez aparecieron las encuestas como argumento central para justificar las decisiones. Otra vez quedaron inconformes los que perdieron. Otra vez hubo reclamos, ausencias, resistencias y llamados posteriores a la unidad. Y, sobre todo, otra vez quedó pendiente la pregunta que se ha convertido en el talón de Aquiles de estos procesos: ¿dónde están las encuestas?

Porque decir quién ganó no es lo mismo que mostrar cómo ganó. Mientras los nombres ya están sobre la mesa, los números siguen sin aparecer. Y cuando los números no aparecen, los reclamos ocupan su lugar. No entienden que no entienden.

 

REFERENCIAS: integralia.com.mx; ulibertad.edu.mx; http://linkedin.com; www.detona.com; latinobarometro.com; lapoliticaonline.com; laaurorademexico.com; elpais.com; ChatGPT; wikipedia.com; instagram.

FOTOGRAFÍAS: Portada del libro Historia visual de la transición mexicana a la democracia: 1991,2024; Ilustración Chat GPT; elpais.com.

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MANO NEGRA

El dinosaurio cambió de piel

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Designa Morena -mediante encuestas- a 10 de sus precandidatos a las gubernaturas * Inconformidades, reclamos de fallas en el procedimiento y amenazas de abandonar a Morena, el común denominador * Todos exigen que las encuestas se hagan públicas y se transparente el proceso * “Las dos fallas que coexisten en nuestro mundo: el exceso de miseria y las miserias del exceso”: Irene Vallejo

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Ya parece un lugar común utilizar el microrrelato de Augusto Monterroso -“y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”- para describir aquellas realidades políticas que, pese a los discursos de transformación, se resisten a desaparecer.

Viene a cuento por las declaraciones de Citlalli Hernández, quien, a edredón y espada, defiende que el proceso de encuestas utilizado por Morena para seleccionar a quienes encabezarán sus proyectos rumbo a las 17 gubernaturas de 2027 fue democrático.

Más aún: la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena se dio el lujo de calificarlo como el proceso “más transparente” realizado por su movimiento. El problema es que cuando se proclama la transparencia, pero las herramientas que supuestamente sustentan la decisión permanecen bajo reserva, la palabra comienza a perder contenido.

Y ahí está el dinosaurio.

El de Monterroso funciona como metáfora de un problema grave, de un trauma, de un régimen político obsoleto o de una realidad pesada de la que uno quisiera librarse, pero que sigue ahí cuando abre los ojos.

En México, el dinosaurio también puede representar a ese personaje indiferente y calculador que todos conocemos: el que sobrevive a los cambios de partido, de gobierno y de discurso; el que se mueve entre el tráfico de influencias, los acuerdos de cúpula y las complicidades; el que forma parte de esa cultura política antigua y primitiva de la que creíamos habernos librado. Pero no. Sigue allí. Sólo cambió de piel. Veamos.

A ocho años de la aparición de la era López Obrador -Carreño, dixit- abundan los inventarios catastróficos discutidos en los espacios subsistentes de libertad. Y pululan las hojas de balance susurradas entre grupos de interés privados, con ganancias multiplicadas en la coyuntura, a cambio de silentes complicidades en la destrucción o debilitamiento de instituciones y contrapesos.

La promesa fue transformar el régimen. La pregunta es si lo que terminó transformándose, fue solamente la manera de ejercerlo con sus desastrosas consecuencias.

 

DEL DEDAZO A LA ENCUESTA

Durante décadas -y el escribidor de estas líneas lo vivió en carne propia en su experiencia profesional y política- el viejo sistema político mexicano tuvo una palabra para definir quién sería el candidato: dedazo.

No hacía falta demasiada explicación. El poder decidía y después aparecía el procedimiento para revestir de legitimidad la decisión. Durante décadas la narrativa fue la misma: “los sectores y las organizaciones que conforman el partido han decidido postular a fulanito de tal para que se convierta en el abanderado priísta a la primera magistratura del país”.

Hoy las palabras son diferentes. Ya no se habla de designación. Se habla de encuesta. Ya no hay candidatos. Hay el eufemismo llamado “coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. Ya no hay, al menos formalmente, precampañas. Hoy se disfrazan de recorridos, reuniones, posicionamientos y organización territorial. La nomenclatura cambió. La pregunta es si cambió también la lógica.

Morena ha definido ya 10 de las 17 coordinaciones que encabezan su proceso rumbo a las gubernaturas de 2027. En los hechos, esos nombramientos constituyen la antesala de las candidaturas, aunque jurídicamente todavía no tengan ese carácter y sean cuestionados por partidos políticos y la opinión pública, por tratarse de actos anticipados de campaña.

Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Campeche, Pablo Gutiérrez; Colima, Rosi Bayardo; Guerrero, Beatriz Mojica; Michoacán, Carlos Torres Piña; Querétaro, Santiago Nieto; Quintana Roo, Eugenio Segura Vázquez; Sinaloa, Himelda Castro; y Zacatecas, Verónica Díaz Robles.

Y aquí aparece el punto neurálgico: ¿Quién ganó las encuestas? No quién fue anunciado, ni quién recibió el aplauso, o quién apareció en la fotografía. Porque una encuesta democrática necesita algo más que una palabra. Necesita metodología, muestra, cuestionario, procedimiento y resultados.

Pero, sobre todo, condiciones para que los participantes puedan conocer y eventualmente controvertir el resultado. Sin esos elementos, el ciudadano sólo recibe la conclusión. Y la conclusión, por sí misma, no demuestra el procedimiento. Y en algunos casos de los 10 ya seleccionados, saltan a la vista algunos ejemplos de inconformidades y división dentro de Morena.

 

ZACATECAS: LA PREGUNTA INCÓMODA

Zacatecas convirtió esa discusión en una crisis política interna. La designación de Verónica Díaz como coordinadora generó reclamos de dirigentes y aspirantes de Morena, así como una ruptura visible con el PT. Una de las principales críticas fue precisamente la falta de información pública sobre los resultados de las encuestas que supuestamente sustentaron la decisión.

La dirigencia morenista sostiene que las decisiones se tomaron mediante encuestas, pero los resultados de esas mediciones no han sido transparentados públicamente.

Y eso abrió una grieta difícil de cerrar. Porque cuando los números no se ven, aparecen las interpretaciones. Cuando la metodología no se conoce, aparecen las sospechas. Y cuando el resultado contradice otras mediciones públicas, aparece inevitablemente la pregunta: ¿qué encuesta estamos discutiendo?

Una cosa es decir que las mediciones externas no determinan una candidatura. Eso puede ser cierto. Otra muy distinta es pretender que la sociedad acepte un resultado interno que no puede conocer ni revisar. En Zacatecas, además, las diferencias no quedaron circunscritas a Morena. El PT manifestó su desacuerdo y se apartó del acto de presentación de la coordinadora, convirtiendo una decisión interna en un problema para la coalición que pretende competir en 2027. Morena ya duerme con el enemigo.

 

MICHOACÁN: EL OTRO ROSTRO DE LA DISPUTA

Michoacán ofrece otra lectura. Carlos Torres Piña fue designado coordinador y quedó colocado como principal perfil de Morena para 2027, mientras Raúl Morón quedó fuera de la contienda interna.

El episodio también exhibió la disputa entre grupos internos y la posición del PT, que había respaldado a Morón. Aquí la encuesta apareció como mecanismo formal, automático, en tanto el propio Morón ya amenazó con acudir a las instancias legales a denunciar las irregularidades. Pero alrededor de ella gravitan las alianzas, los grupos, los gobernadores, los partidos aliados y las estructuras territoriales.

El analista Héctor Aguilar Camín sostiene que la selección de candidatos de Morena para 2027 exhibe una estructura interna cada vez más centralizada, cerrada y dependiente de acuerdos de las élites, en contraste con la imagen de participación ciudadana que anteriormente pretendía proyectar mediante las encuestas. Y entonces la pregunta deja de ser exclusivamente estadística. Se vuelve política. Porque las encuestas pueden medir preferencias, pero no explican por sí solas las negociaciones políticas que ocurren alrededor de ellas.

 

EL DILEMA DE MORENA

Morena enfrenta ahora un dilema peculiar, por decir lo menos. Si publica las encuestas, tendrá que explicar sus resultados. Si no las publica, tendrá que explicar por qué un procedimiento presentado como democrático no puede ser conocido en sus aspectos esenciales. La propia Citlalli Hernández ha dejado abierta incluso la posibilidad de repetir o rehacer alguna encuesta si fuera necesario, para dar certeza a los aspirantes inconformes.

Eso, paradójicamente, abre otra pregunta: Si el procedimiento fue tan transparente, ¿por qué sería necesario repetirlo? No se trata de afirmar que una encuesta sea fraudulenta porque no nos guste el resultado. Tampoco de afirmar que una persona ganó porque aparezca arriba en otra medición.

Se trata de algo mucho más sencillo: la democracia no sólo necesita resultados; necesita procedimientos verificables. Y esa diferencia importa. Porque si todo queda reducido a “la encuesta dijo”, el ciudadano vuelve a quedar fuera del proceso.

 

DINOSAURIO

Tal vez ése sea el verdadero problema. Que después de tantos años de hablar de transformación política, el viejo dinosaurio no desapareció. Aprendió nuevas palabras. Antes se llamaba dedazo. Ahora puede llamarse encuesta. Ahora puede anunciarse desde una conferencia partidista. Antes se hablaba de disciplina revolucionaria. Ahora se habla de unidad y cierre de filas.

Antes el candidato era “el bueno”. Ahora es “el coordinador”.

Cambió el vocabulario; el escenario; el partido en el poder. Pero la vieja tentación de concentrar la decisión política sigue siendo la misma. Y quizá ésa sea la verdadera enseñanza del cuento de Monterroso. Que el dinosaurio no necesita conservar el mismo rostro para seguir siendo el mismo dinosaurio. Puede cambiar de nombre, de color, el discurso. O puede incluso proclamarse transformador.

Pero cuando despertamos y encontramos que la decisión ya estaba tomada y sólo faltaba conocer el procedimiento que supuestamente la produjo… el dinosaurio todavía está allí.

Y ahora, además, presume que ganó una encuesta.

 

ALACENA…

Una buena. Sueños periodísticos. El periodista y escritor José Luis Martínez S, director del suplemento Cultural Laberinto de Milenio, recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Fernando Benítez por sus casi 50 años de creatividad en el periodismo cultural, en el marco del 40 aniversario de la Feria Internacional del libro de Guadalajara a celebrarse el próximo mes de diciembre.

Felicitaciones querido amigo y maestro José Luis Martínez S.

Otra buena. La UNAM de manteles muuuuyyy largos. Hay instituciones que sobreviven a los gobiernos. Hay otras que sobreviven a las épocas. Y existen unas cuantas que, además, terminan convirtiéndose en parte de la conciencia de una nación. La Universidad Nacional Autónoma de México pertenece a esa última categoría.

Este 21 de septiembre se cumplieron 475 años del origen de la Universidad de México, antecedente histórico de la UNAM. Casi cinco siglos de una institución que ha atravesado virreinatos, guerras, imperios, repúblicas, revoluciones y gobiernos de todos los signos. Luego de 475 años, el mayor homenaje que puede hacerse a la Universidad no es simplemente recordar su pasado. Es defender su derecho a pensar el futuro.

REFERENCIAS.- El Dinosaurio, Wikipedia; milenio.com, elfinanciero.com; laaurorademexico.com; revistaeldiluvio.com; elpais.com; infobae.com; gaceta.unam.mx; Chat GPT; reforma.com

FOTOGRAFÍAS.- Ilustración Chat GPT; eluniversal.com; Instagram; cepropie.gob.mx.

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MANO NEGRA

El 2027: La batalla por la democracia

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Medición de fuerzas políticas * Un documento del IETD coloca sobre la mesa una pregunta que partidos y ciudadanos no podrán esquivar: ¿Qué democracia llegará a las urnas el próximo año? * “Soy una convencida de que la gran mayoría de la gente que es pobre, no lo hace por maldad”: Susanita, en MAFALDA

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Con las elecciones intermedias de 2027 ya en el panorama político, el pasado 10 de septiembre inició formalmente el año electoral, considerado uno de los procesos más grandes de la historia democrática de México.

Y tanto partidos como instituciones gubernamentales y organizaciones sociales especializadas y reconocidas ponen en marcha sus estrategias de lucha y opinión, cada una en el ámbito de su competencia.

El 2027 no será únicamente una elección de diputados, gobiernos estatales o posiciones locales. Será una medición de fuerzas sobre el rumbo político del país.

El próximo 6 de junio estarán en juego las 500 diputaciones federales y 17 gubernaturas, además de miles de cargos locales; alrededor de 102 millones de mexicanos estarán en posibilidad de votar el año próximo, pero probablemente entre 50 y 60 millones decidirán efectivamente la elección.

Pero detrás de esa enorme maquinaria electoral hay algo mucho más importante que una simple suma de cargos: Está en juego el equilibrio del poder.

Por eso vale la pena echar una mirada al documento “Agenda mínima e inmediata para la reconstrucción democrática de México”, presentado en agosto por el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD).

Porque hay documentos que nacen para ser leídos por especialistas y otros que, aunque escritos con lenguaje académico, terminan retratando una batalla política. Este es uno de ellos. Y quizá lo más importante no está solamente en lo que dice, sino en cuándo lo dice.

El IETD no plantea su agenda en abstracto. La coloca expresamente frente a las elecciones de 2027 y parte de una premisa contundente: México vive, a su juicio, una erosión de su vida democrática y es necesario actuar antes de que las urnas vuelvan a convertirse en el gran campo de disputa por el poder.

El documento está firmado por un amplio grupo de académicos, intelectuales, periodistas, especialistas y actores vinculados a la transición democrática mexicana. Entre ellos aparecen José Woldenberg, Lorenzo Córdova, Ciro Murayama, Mauricio Merino, José Carreño Carlón, Jacqueline Peschard, Raúl Trejo Delarbre, Sergio López Ayllón y Javier Martín Reyes, entre muchos otros. No es, por tanto, un manifiesto partidista en sentido estricto.

Pero tampoco es políticamente inocente.

Porque sus planteamientos inciden directamente en uno de los debates que acompañarán -y probablemente contaminarán- todo el proceso electoral: Las reglas del juego y las condiciones de competencia entre el oficialismo y sus adversarios.

 

DEMOCRACIA EN DISPUTA

El IETD coloca sobre la mesa una preocupación que ya dejó de ser exclusiva de los académicos: la posibilidad de que México esté entrando en una etapa de concentración de poder en la que los contrapesos institucionales tengan cada vez menos capacidad para contener a la mayoría gobernante.

El documento plantea, entre otros asuntos, la defensa de la representación proporcional, la actuación firme de las autoridades electorales, la vigilancia ciudadana de las casillas y de los votos, y la necesidad de que las campañas sean verdaderos espacios de discusión de los problemas nacionales. Pero aquí aparece la primera paradoja.

El diagnóstico democrático puede ser correcto y, sin embargo, insuficiente para ganar una elección.

Porque una democracia no se defiende únicamente denunciando sus riesgos. También se defiende -sobre todo- convenciendo a los ciudadanos de que existe una alternativa mejor. Y esa es precisamente la asignatura pendiente de la oposición.

 

MORENA: ¿EL FAVORITO?

Morena llega al banderazo de salida con una ventaja en el papel. Las encuestas más recientes muestran al partido gobernante claramente por encima de sus adversarios nacionales.

Una medición de Enkoll colocó a Morena en 41% de intención de voto, frente a 12% del PAN, 8% del PRI y 12% de Movimiento Ciudadano.

Más allá de que una encuesta es una fotografía y no una sentencia, el dato revela algo políticamente mucho más profundo: La oposición todavía no consigue convertir el desgaste del gobierno en una alternativa electoral competitiva.

Morena, mientras tanto, y en medio de reclamos por actos anticipados de campaña, ya trabaja en la selección de sus candidatos para las 17 gubernaturas y demás puestos de elección popular.

Pero su problema no es tanto cómo llegar a 2027. Es cómo evitar que sus propias disputas internas le hagan perder lo que hoy parece tener ganado.

El partido enfrenta procesos de selección en los que las encuestas internas se mantienen “bajo reserva” y en los que la dirigencia intenta conciliar popularidad, reputación, paridad de género y unidad política.

Porque el verdadero adversario de Morena podría no estar enfrente. Podría estar adentro.

 

LA OPOSICIÓN: ¿ALIANZA O SUPERVIVENCIA?

Y aquí comienza el segundo capítulo.

El PAN y PRI enfrentan una disyuntiva que parece sencilla, pero que puede definir su futuro: ¿Competir separados o volver a intentar una alianza?

El problema es que la alianza PAN-PRI no necesariamente suma automáticamente sus votos. También puede sumar sus negativos.

El PRI carga con décadas de desgaste y una crisis de identidad que no termina de resolver. El PAN enfrenta el desafío de recuperar una identidad propia y ampliar su base social. Y ambos tienen frente a sí a un Movimiento Ciudadano, MC, que apuesta por competir separado y que ha logrado posicionarse como una alternativa distinta al viejo bloque opositor.

MC puede convertirse así en el partido bisagra de 2027, aunque no necesariamente porque vaya a ganar más gubernaturas que Morena; sino porque puede quitarle votos suficientes a la oposición tradicional, para modificar el resultado en distritos y entidades competidas. Y eso cambia completamente el tablero.

 

EL TERCER JUGADOR

Pero 2027 tendrá otra particularidad. A las fuerzas políticas tradicionales se incorporarán nuevos jugadores. Entre ellos, Somos México, surgido del movimiento de la llamada “marea rosa”, y PAZ, una fuerza reciclada de orientación evangélica, que ha mostrado simpatía permanente con Morena, y para ser correctos, entre AMLO y el pastor de PAZ, antes PES. Cambian el nombre, pero no la afinidad.

En una elección tan fragmentada, unos cuantos puntos porcentuales pueden significar la diferencia entre ganar y perder una gubernatura, un distrito o una mayoría legislativa. Por eso los nuevos partidos no necesariamente necesitan conquistar millones de votos para modificar el resultado.

Les basta con quitarle votos al adversario correcto en el lugar correcto. Y ahí estará una de las claves de 2027.

 

EL ÁRBITRO

Pero existe un tercer protagonista. El árbitro, es decir, el INE. Y aquí el documento del IETD adquiere especial relevancia. Porque si algo puede contaminar una elección antes de que llegue a las urnas es la percepción de que el árbitro no es imparcial.

El proceso electoral comenzó precisamente bajo un clima de desconfianza hacia el Instituto Nacional Electoral. PAN, PRI, MC y otras fuerzas opositoras han cuestionado su actuación y han reclamado mayores garantías de imparcialidad.

Basta con revisar diversas notas informativas que dan cuenta de la presencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, justo el 10 de septiembre, a la ceremonia de inicio del Proceso Electoral Federal, lo que generó un debate político por ser una “presencia inédita de la política interior”, algo que no pasaba desde que en 1996 se plasmó en la Constitución Política la autonomía del árbitro electoral, del gobierno y los partidos.

El oficialismo, por su parte, rechazó esas acusaciones. El problema es que una elección democrática no solamente necesita ser limpia. Necesita parecer limpia. Porque si uno de los contendientes llega a la jornada electoral convencido de que el árbitro está parcializado, y el otro llega convencido de que el resultado ya está prácticamente decidido, la legitimidad comienza a erosionarse antes de abrirse la primera casilla. Y ese sería un pésimo escenario para nuestro país.

 

ELECCIÓN DEL MIEDO

Hay, además, un asunto que podría convertirse en el gran elefante dentro de la habitación: la seguridad. Claudia Sheinbaum ya anunció una estrategia para prevenir la violencia política y la infiltración del crimen organizado en las candidaturas. No es un asunto menor.

En 2024 fueron asesinados 40 candidatos, de acuerdo con los datos publicados en diversos medios en aquella fecha, y las autoridades reconocen el riesgo de que grupos criminales intenten influir en las elecciones. Esto significa que 2027 no solamente será una batalla por votos. Puede ser también una batalla por impedir que el dinero, la intimidación o la violencia sustituyan la voluntad ciudadana.

Y aquí la democracia se juega literalmente en tierra. En los municipios, las comunidades, las casillas y en las candidaturas.

 

¿Y LA OPOSICIÓN?

Aquí regreso al documento del IETD. Su mayor aportación quizá no esté en señalar los peligros institucionales. Está en recordar que la defensa de la democracia necesita ciudadanos organizados, y también partidos capaces de representar algo más que su propia supervivencia. La oposición tendrá que responder preguntas incómodas: ¿Qué propone para mejorar la seguridad? ¿Cómo generará empleos? ¿Cómo pretende recuperar el crecimiento económico? ¿Qué hará frente a la pobreza? ¿Cómo resolverá el deterioro de los servicios públicos? ¿Qué modelo de salud propone?

¿Cómo enfrentará la corrupción? ¿Cómo reconstruirá la confianza en las instituciones? Y, sobre todo: ¿Por qué debería un ciudadano votar por ella?

Porque repetir que Morena es autoritario no basta. Decir que México está en peligro tampoco. Denunciar todos los días al gobierno no construye automáticamente una alternativa. La ciudadanía puede estar inconforme y, al mismo tiempo, no encontrar quién represente esa inconformidad. Ese es el verdadero problema opositor.

 

MORENA, A EXAMEN

Pero sería un error suponer que Morena tiene la elección ganada. Una cosa es encabezar las encuestas. Otra muy distinta gobernar bien. El 2027 será también un referéndum político sobre el desempeño de los gobiernos emanados de la llamada Cuarta Transformación.

Y sobre todo la percepción ciudadana sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum. Los programas sociales pueden producir lealtades, pero no sustituyen eternamente los resultados. Y las elecciones locales tendrán una particularidad: Muchos ciudadanos no votarán pensando exclusivamente en Palacio Nacional. Votarán pensando en su municipio. En la inseguridad de su colonia. En el estado de las calles. En el transporte. En el agua. En el empleo. En la posibilidad de vivir mejor.

Ahí es donde el poder territorial puede comenzar a separarse del poder presidencial.

 

EL VERDADERO RETO

Por eso 2027 puede convertirse en una paradoja. Morena puede ganar muchas posiciones y, sin embargo, enfrentar una elección más complicada de lo que hoy sugieren las encuestas. La oposición puede perder muchas posiciones y, al mismo tiempo, comenzar a reconstruirse. Todo puede ocurrir simultáneamente.

Por eso sería un error reducir 2027 a una pregunta elemental: ¿Quién ganará? La pregunta importante es otra:

¿Qué equilibrio de poder surgirá de las urnas? Y todavía hay otra, más profunda: ¿Qué democracia tendremos después del 6 de junio de 2027?

Porque ese es el verdadero campo de batalla que anticipa la agenda del IETD. No se trata solamente de defender una institución. Ni de salvar a un partido. Ni de impedir que otro gane. Se trata de determinar si México será capaz de conservar una democracia con competencia efectiva, contrapesos, árbitros creíbles, pluralidad política y ciudadanos capaces de decidir libremente.

En otras palabras: 2027 no será solamente una elección sobre quién gobierna. Será una elección sobre cómo se gobierna. Y quizá, sobre algo todavía más importante: sobre quién tendrá el poder para decidir cómo se gobernará México durante los próximos años.

La batalla apenas comienza. Y esta vez, a diferencia de otras elecciones intermedias, no solamente estarán en juego los votos. Estarán en juego las reglas del juego.

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