En lugar de elegir entre las dos naciones, nuestro país necesita una estrategia que aproveche ambas relaciones comerciales con el objetivo de reactivar el crecimiento económico * La transformación del orden internacional exige una visión estratégica que vaya más allá de las decisiones de corto plazo
J. ADALBERTO VILLASANA
En tiempos de cambios geopolíticos, en los que el crecimiento económico es marginal, México debe navegar entre dos potencias económicas y llevar el barco a buen puerto.
El reto no es sencillo, porque queda atrapado entre los intereses de ambas naciones y sus proyectos de expansión.
Hay un término muy mexicano: Meterse entre las patas de los caballos.
Pero no hay de otra, porque buenas decisiones en ambas relaciones pueden reactivar la economía y lograr el crecimiento esperado y necesario.
Datos de la plataforma Observatorio de Complejidad Económica (OEC) apuntan: La balanza comercial de México con China es fuertemente deficitaria. En el intercambio de mercancías, México exporta a China alrededor de 15,100 millones de dólares e importa desde este país aproximadamente 106,000 mdd, lo que genera un déficit estructural superior a los 90,000 mdd anuales.
Se indica que el intercambio comercial se caracteriza por la venta de materias primas mexicanas y la compra de productos manufacturados y tecnológicos chinos.
Exportaciones de México a China: Destacan principalmente los minerales (como el cobre y mineral de plata), maquinaria eléctrica, equipos médicos y productos derivados del hierro.
Importaciones desde China: El mercado mexicano compra principalmente maquinaria, teléfonos, equipos electrónicos, vehículos y autopartes.

RELACIÓN COMERCIAL MÉXICO-EUA
México mantiene un superávit histórico y se posiciona como el principal socio comercial de Estados Unidos.
En el periodo anual reciente, las exportaciones mexicanas hacia EU alcanzaron cifras récord de 534,874 mdd, frente a importaciones estadounidenses de 358,900 mdd, consolidando a México por encima de Canadá y China.
ARANCELES IMPUESTOS DE MANERA UNILATERAL
Estados Unidos ha impuesto unilateralmente aranceles a México y Canadá, al igual que al resto del mundo, como parte de una amplia política proteccionista impulsada por el presidente Donald Trump, quien argumenta motivos de seguridad nacional, entre otras razones, en medio de una competencia comercial, financiera y tecnológica, sobre todo con China.

De enero a mayo de 2026, las exportaciones mexicanas de mercancías sumaron 242,903 millones de dólares, aumentando 10.8%, a tasa anual.
A la inversa, las importaciones de México desde Estados Unidos se cifraron en 161,664 millones de dólares, subiendo 15.4 por ciento.
MÉXICO NECESITA ESTRATEGIA BENEFICIOSA
En lugar de elegir entre EU y China, México necesita una estrategia que aproveche ambas relaciones comerciales con el objetivo de reactivar el crecimiento económico.
Un análisis de Juan Carlos Angulo, especialista del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana (Ibero), plantea que el país debe adoptar una política exterior pragmática para aprovechar las oportunidades que ofrecen ambas potencias.

Ante la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China, México no debería asumir que debe alinearse exclusivamente con una de las dos potencias.
Por el contrario, el país necesita una estrategia que le permita fortalecer su relación económica con Estados Unidos sin renunciar a las oportunidades comerciales, tecnológicas y de inversión que representa Asia, sostiene Juan Carlos Angulo, académico de la Licenciatura en Economía de la Universidad Iberoamericana.
El planteamiento forma parte del análisis “Entre la marea rosa y la ola azul del Pacífico”, difundido por el Departamento de Economía de la Ibero, en el que el especialista reflexiona sobre el nuevo escenario geopolítico que enfrenta América Latina y las implicaciones que éste tiene para México.
En su texto, Angulo explica que el mundo atraviesa una profunda reconfiguración. Mientras varios países latinoamericanos experimentan el regreso de gobiernos de izquierda, fenómeno conocido como la “marea rosa”, el centro de gravedad de la economía mundial continúa desplazándose hacia el Indo-Pacífico, una región que concentra buena parte del comercio, la innovación tecnológica y la competencia estratégica entre Estados Unidos y China.
Para el académico, este nuevo contexto representa tanto un desafío como una oportunidad para México.
Por un lado, el país mantiene una integración económica sin precedentes con Estados Unidos gracias al Tratado entre México, EU y Canadá (T-MEC), una relación que seguirá siendo fundamental para el crecimiento económico nacional.

Sin embargo, limitar su estrategia internacional únicamente a América del Norte podría significar perder oportunidades que surgen del dinamismo económico asiático.
El análisis señala que China ha incrementado de manera sostenida su presencia en América Latina mediante inversiones, financiamiento, infraestructura y comercio, mientras que Estados Unidos busca recuperar influencia en la región.
Frente a esta competencia, México puede beneficiarse si construye una política exterior basada en el pragmatismo y la diversificación, en lugar de una lógica de confrontación o de exclusividad.
De acuerdo con Angulo, la pregunta no debería ser con cuál potencia quedarse, sino cómo desarrollar una estrategia capaz de aprovechar las fortalezas de ambas relaciones para impulsar el desarrollo nacional.
El académico también destaca el papel que podría desempeñar la Alianza del Pacífico, integrada por México, Chile, Colombia y Perú, como un puente estratégico entre América Latina y las economías asiáticas.
En este escenario, México cuenta con una posición privilegiada por su cercanía con el mercado estadounidense y su capacidad para ampliar sus vínculos con Asia, siempre que adopte una visión de largo plazo.
Más allá de la coyuntura política, el análisis plantea que América Latina debe evitar quedar atrapada en la creciente competencia entre las dos mayores economías del mundo.
Para el especialista, la región necesita construir una política exterior que preserve su autonomía, fortalezca la cooperación regional y le permita negociar con distintos socios internacionales en función de sus propios intereses de desarrollo.
En el caso mexicano, ello implica aprovechar la estabilidad que ofrece su integración con Norteamérica, al tiempo que expande su presencia económica hacia los mercados del Pacífico, donde se concentrará buena parte del crecimiento mundial en las próximas décadas.
TEXTUALMENTE HAY QUE DECIRLO
Como apunta el análisis del especialista Juan Carlos Angulo, la transformación del orden internacional exige una visión estratégica que vaya más allá de las decisiones de corto plazo y México puede beneficiarse si construye una política exterior basada en el pragmatismo y la diversificación, en lugar de una lógica de confrontación o de exclusividad.
REDES SOCIALES
Sígueme en X: @TXTUALes
Y como @villasana108 en Tik Tok
En Instagram: @villasana10