A deshacerse de tanto lastre y de los traidores * Si no lo hace la Primera Presidenta, pone en riesgo su gobierno… y al país también, pues el Tío Sam no es de fiar
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Mucho miedo.
En aquél Autlán de principios del siglo pasado, contaba la abuela Elena, que un tío suyo dijo a su hijo mayor que se entregara o él lo entregaba, por una fea fechoría que había cometido y andaba averiguando el Tomasón, alcalde de huarache que a tiros impartía justicia pronta y expedita.
Y el hijo le contestó que no sabía que su padre era traidor, pero él lo atajó: -El traidor eres tú, lo que hiciste traicionó a toda la familia -huyó.
El Tomasón regresó con el cadáver atravesado en una cabalgadura. El tío lo enterró en el monte, sin decir dónde. No se volvió a hablar de él. Historias de rancho.
LEALTAD MÁXIMA
Hay cosas que todos sabemos qué son, aunque no nos hayamos detenido a reflexionar en ellas. Un caso es la lealtad. Todos entendemos qué es y todos rechazamos su contrario, la deslealtad.
Los pensadores de la antigüedad nada dijeron de la lealtad, tal vez porque de tan obvia, les pareció innecesario su estudio y enseñanza; y sí, es muy evidente: sin lealtad no hay matrimonio, no hay filiación, no hay sociedad, no hay nada, ni ejércitos ni empresas, nada… ni futbol.
Ahora hay por ahí unos que no parecen pensar mucho o que piensan torcido, que se atreven a decir que la lealtad no es una virtud ni un valor sino un patrón de conducta… bueno, que aprovechen.
Es de no creerse a qué extremos se llega intentando erradicar la religión en general y el cristianismo en particular, porque al menos en Occidente, se profese o no alguna fe, todo está empapado en cultura cristiana, herencia indeleble de Roma al mundo… en fin, cada quien.
La cabeza más clara de nuestra especie, opina este menda, el inmenso Tomás de Aquino, no trata explícitamente sobre la lealtad, pero sí sobre la fidelidad, su hermana gemela, y dice (a brocha gorda) que es honrar la palabra dada y los compromisos honestos contraídos, contribuyendo a la convivencia y al bien común, al ser firme cumplimiento de lo justo. Y le cerró la puerta a los que, siendo cómplices, se creen leales. ¡Listo!
Sí, la lealtad no es esa ‘omertà’ de delincuentes de la mafia en todas sus presentaciones -Cosa Nostra, ‘Ndrangheta, Camorra, Sacra Corona Unita, Società Foggiana, la más brutal-, sino la original ‘omertá’ de los sicilianos del siglo XVI, ese no cooperar, colaborar ni informar nada nunca a la autoridad, resistiendo al gobierno español invasor.
Y por cierto, para su acervo del saber inútil, parece que ‘omertà’ es palabra derivada del siciliano ‘omu’ -hombre-, derivada por imitación de la ya en desuso palabra española “hombredad”, hombría… feministas, absténganse.
En todo, pero muy destacadamente en la cosa pública, en política, la lealtad es un valor básico, no esencial porque no hace la lealtad lo que es la política, pero sí fundamental. Si la traición es siempre despreciable, en política es infame.
Pero hay que andarse con cuidado, porque hay casos en que se da una legítima lealtad a corrientes de pensamiento político que por más equivocadas, inicuas o malvadas que nos puedan parecer, suscitan la fidelidad de algunos y a veces de muchos, que las abrazan creyéndolas correctas.
Un ejemplo para ahorrar explicaderas: el nazismo, ideología fascista enemiga frontal del marxismo, del comunismo (no son lo mismo), de la democracia, antijudía (no diga antisemita, por favor, los árabes también son semitas), partidaria del racismo y la eugenesia, fue en su momento un credo aceptado por no pocos países y pueblos enteros (aunque ahora lo nieguen).
Bueno, pues leales y fieles nazis, se opusieron al atropello a los judíos, al exterminio, al holocausto, eran nazis, no criminales y por eso es que tuvieron que construir cámaras de gas: los soldados se rehusaban a hacer de matarifes. Lealtad a la causa equivocada, a la luz de lo que ahora ya sabemos, no en su momento. Y lo mismo con el estalinismo, ese comunismo asesino y vil que contaba con la veneración de millones, hasta que se supo la verdad, pero mientras, fueron leales, válidamente leales.
Todo esto a cuento de la lealtad todo terreno de la Presidenta Sheinbaum a su antecesor, a la parentela del tipo, sus cercanos operadores políticos o ni eso, sino simples bandidos que estuvieron (y están), al servicio del cuatrotero mayor.
Es muy respetable la manera de pensar de la señora, el izquierdismo lo trae en su ADN, y también se debe aceptar sin malas caras su lealtad a Morena.
Pensemos como pensemos los que no pensamos como ella piensa. Es legítima su lealtad a sus ideas y al partido al que pertenece.
Pero, a ver, si la dama de Palacio, se entera que aparte de como todos entendemos la lealtad, es palabra originada por ahí del siglo XVI, derivada del latín ‘lex’, ley, sí, la lealtad en nuestro idioma, antes significaba apego a la ley.
La lealtad termina donde empieza lo ilegal, lo ilegítimo, lo indebido. Por eso el solemnísimo juramento ante el Congreso y la nación, al asumir la presidencia de este país, es cumplir y hacer cumplir la ley, esto es: la lealtad máxima.
Por la manera en que parece que la señora Sheinbaum entiende la lealtad, es que asume indebidamente el papel de defensora oficiosa de su mentor y del tropel de corruptos, deshonestos, dislocados y torcidos del entorno más cercano, personal y político, de quien ella admira tanto. O teme.
Los escándalos del momento son la oportunidad, tal vez irrepetible, para que doña Sheinbaum tome las riendas y se deshaga de lastre y traidores: quitar del liderazgo en el Senado a Adán Augusto López; echar de Gobernación a Rosa Icela Rodríguez.
También quitar a Mario Delgado de Educación Pública; a Raquel Buenrostro de la Función Pública; a Ariadna Montiel de la Secretaría del Bienestar; al indefendible Octavio Romero Oropeza, hoy en el Infonavit después de desvalijar Pemex.
También quitar a algunos gobernadores, por lo menos a Rubén Rocha de Sinaloa… y por supuesto sacar a Andy de Morena. Sin raspar al de Macuspana.
Si no lo hace pone en riesgo su gobierno… y al país también. El tío Sam no es de fiar.
La Presidenta puede, es cosa que quiera, a menos que tenga razón el fétido Trump y tenga miedo, mucho miedo.
Lo que dicen en la Mañanera del Pueblo es: ¿Información, opinión o desinformación? * Negando la realidad, nada se arregla: La Primera Presidenta rechaza que hayan encontrado refinerías clandestinas, según ella son “centros de procesamiento ilegal de combustible”… igual el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue eso, nada más se salió de la vías sin volcarse
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
¡Perfecto!
Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, le decía a tío Toño, el “TNT”, por Tonto, Necio y Terco.
Tan al pelo le quedó que, a sus espaldas, todos le decíamos así.
Le amputaron una pierna y decía que fue por una uña enterrada, cosa cierta, pero porque tenía diabetes y se le pudrió.
Siempre negó tener más azúcar en la sangre que un frasco de cajeta y no dejó el trago ni los postres porque -según él- estaba “sanísimo”. Murió así, sanísimo.
OCULTAR INFORMACIÓN
La semana pasada, el secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, nos hizo saber a los del peladaje, que (léase con la voz Manuel Bernal, el Declamador de América) “México ha retomado la senda del crecimiento”.
Lo dijo porque en el segundo trimestre de este año, el PIB creció el 1.5 por ciento.
Los especialistas se muestran escépticos, afirman que no es sostenible. Allá ellos, ojalá se equivoquen (pero no se equivocan).
Se entiende que los gobernantes procuren no salir a dar información, bañados en llanto, rosario en mano, pero tampoco se trata de que salgan a tomarnos el pelo.
Y mentir es maña destacada de estos cuatroteros redentores de la patria y la raza lo sabe, misteriosamente, sin datos macroeconómicos ni acceso a la información, sabe que el gobierno engaña.
El propósito único de doña Claudia Sheinbaum Pardo es mantener el circo andando o más bien, que no se le caiga a ella; lástima que recibió la casa en llamas… y lo niega.
“Vamos bien y vamos a ir mejor” -1 de septiembre del año pasado- y el 6 de julio de este año dijo: “Estamos muy optimistas de México, en todos sentidos” (así habla, no se aceptan reclamaciones… a ver quién es el macho que la corrige; debió decir “optimista por México”, pues la preposición ‘por’, indica motivo, la ñora tiene esperanza por el futuro, por el bienestar de la nación, mientras que la preposición ‘de’, indica posesión… ni al caso, disculpe usted).
El optimismo a veces es un desatino. Winston Churchill, al asumir el cargo de Primer Ministro del Reino Unido, en mayo de 1940, sabiendo que no estaban preparados ni de lejos para la guerra con la Alemania nazi, dijo ante el Parlamento:
“No tengo nada que ofrecer, salvo sangre, trabajo duro, lágrimas y sudor”.
(Disculpe otra digresión: no dijo “esfuerzo”, dijo: “I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat”; ‘toil’ es trabajo duro, extenuante, pero también significa batalla. Don Winston hablaba bien su idioma… no como otros, ¡qué envidia!).
Churchill no se unió al optimismo bobo de su predecesor, Neville Chamberlain, que le aseguró al Reino Unido que habría “paz para nuestro tiempo”, que no habría guerra por el acuerdo que firmó con Hitler en Múnich. Tonto.
Viene al pelo agregar que don Winston en el inicio de ese histórico discurso, lo primero que dijo fue que su gobierno, se concebía “sobre la base más amplia posible que incluya a todos los partidos, tanto a los que apoyaron al anterior gobierno como a los de la oposición”. Leyeran algo en Palacio.
No es posible resolver los grandes y muy graves asuntos nacionales, sembrando división, segregando a la oposición, acosando a todos los que no piensen como ellos, acotando a la prensa, ocultando información, negando la realidad.
Tampoco es posible fincar la solución de nada, celebrando con un optimismo voluntarioso algo tan feble, insignificante, como un raquítico crecimiento de la economía en un trimestre.
Otra vez este juntapalabras se acuerda de Churchill: después de años de coleccionar derrotas ante el ejército nazi, por fin, en noviembre de 1942, el ejército británico logró derrotar al gran general Rommel en el Alamein, obligando a las fuerzas alemanas a su definitiva retirada de África.
Y don Winston habló: “(se) ha obtenido una gloriosa y decisiva victoria en lo que yo considero que debería llamarse la Batalla de Egipto (…) Ahora bien, este no es el final. Ni siquiera es el principio del fin. Pero quizá sea el fin del principio”. (Cuánta razón tenía, faltaban tres años para la victoria, tres años de terribles batallas y mucho sufrimiento).
Sí, sin caer en el corrosivo optimismo que adormece la decisión de mantener el esfuerzo, menos cuando no hay lugar para el optimismo, optimismo que aún justificado no deja de ser la ilusoria inclinación a ver las cosas de la mejor manera. Y México hoy no se puede ver así, está peor que nunca en tiempos de paz.
No son ganas de amargarle el día a nadie. Es la verdad. El Banco Mundial informa que México registra su peor desempeño del siglo en los Indicadores Mundiales de Gobernanza (donde la mejor calificación es 100%): control de la corrupción (28.8% una drástica caída desde el 46.8% del registro histórico de México); Estado de derecho (37.1%); y retrocesos generalizados en la efectividad y estabilidad institucional del país.
Créalo: el Banco Mundial no trae entre ojos sólo a los cuatroteros, al contrario, evalúa a todo el mundo, en frío.
LA COSA ESTÁ QUE ARDE
No lo dude, la cosa está que arde. Comparemos cifras del sexenio de Peña Nieto y del Pejecutivo:
crecimiento promedio anual del PIB, con EPN: 2.4%; con AMLO, la tercera parte, el 0.81%.
PIB per cápita: EPN, +1.3%; con AMLO, -0.31% (primero los pobres, sí Chucha).
Inflación acumulada en el sexenio; EPN, 27.87%; con AMLO, 32.14% (4.27% más que con Peña).
Deuda pública: EPN, 10.8 billones de pesos; con AMLO creció el 61%, ahora debemos 17.4 billones de pesos (el que prometió muchas veces no endeudar al país, el que aseguraba que no hacían falta créditos, que con los 500 mil millones que se iba a ahorrar en corrupción, alcanzaba para todo, el que no contrató créditos para atender la pandemia, a la hora de las elecciones no se hartó de conseguir prestado).
Negando la realidad, nada se arregla. El viernes 31 de julio, doña Sheinbaum negó que hayan encontrado refinerías clandestinas, que según ella son “centros de procesamiento ilegal de combustible”… igual el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue eso, nada más se salió de la vías sin volcarse.
Si el Tío Sam se lleva a la mala a varios cuatroteros empezando por Rocha Moya, no serán secuestros sino… viajes imprevistos. ¡Perfecto!
Eso lo deciden los grupos de poder * La mafia del poder no siempre propone a los mejores, los más preparados y decentes, sino que se van con quienes les aseguren sus intereses y tengan posibilidades de atraer votos * El ciudadano normal, común y corriente está ávido de un gobierno que respete la ley y dé resultados
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Bache.
Nada más, téngame paciencia, no deje de leer ni se meta con la mami de este menda. Gracias.
Es un engaño la democracia, no existe ni puede existir.
EL CUENTO DEMOCRÁTICO VENDE BIEN
La democracia suele ser coartada de gobiernos esperpénticos como la “democracia popular” marxista-leninista de la desaparecida URSS; el “Estado democrático popular” de Stalin, o la República Popular Democrática de Corea, la del norte, la del gordinflón Kim Jong-un.
La democracia entendida como el ‘gobierno del pueblo’ es una tontada: el pueblo no puede ni debe gobernar, faltaba más, sólo recuerde las celebraciones del pueblo, ahora, en lo del evento futbolero, hasta muertos hubo.
Y por cierto: jamás dijo semejante barbaridad Abraham Lincoln, léase el discurso de Gettysburg -tres párrafos, 277 palabras- que pronunció el 19 de noviembre de 1863, ni una sola vez dice la palabra democracia y lo “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, lo dice del gobierno de su país, “bajo la protección de Dios”. Eso sí.
La democracia como un sistema electoral en el que la mayoría del pueblo decide quién ha de gobernar, también es una falacia porque aun si los comicios son limpios, igual la gente elige del menú que otros confeccionan, el pueblo no pone candidatos, los ponen los grupos de poder que no siempre proponen a los mejores, los más preparados y decentes, sino a quienes les aseguren sus intereses y tengan posibilidades de atraer votos (incluida Suiza, no se crea ese cuentazo de su “democracia directa”, allá también los partidos parten el queso… suizo, claro).
El cuento de la democracia vende bien porque suena bien que la mayoría decida, pero no es raro que la minoría se imponga y tuerce la decisión mayoritaria, piense en que la coalición de dos partiditos como el Verde y el del Trabajo (el chiste se cuenta solo) dan a Morena la mayoría legislativa con que mangonea el país a su antojo.
Hay otra manera tramposa de defender eso de la democracia, diciendo que la democracia es lo único que asegura a todos la igualdad de derechos y ante la ley. Mentira.
Eso depende de la calidad de quien tenga el mando, por eso ha habido buenos y hasta estupendos gobernantes que no fueron demócratas, sino monarcas, dictadores y autócratas que la historia y sus pueblos veneran.
EJEMPLOS DE MONARCAS, DICTADORES Y AUTÓCRATAS
Sin mencionar al tirano de Atenas Pisístrato -siglo VI a.C.-; ni a Cincinato, dictador de Roma -siglo V a.C.-, por el que se llama así Cincinnati en los EUA; hablaremos de esos lejanos tiempos a Marco Aurelio -siglo II d.C.-, emperador romano que gobernó 19 años, hasta su muerte, con poder absoluto, indiscutido, sin votaciones populares ni Parlamento (que no existía), pero sí con el Senado sujeto a su voluntad por el acatamiento que imponían su respeto a la costumbre, a la ley y su conducta personal, impecable.
Escribió su diario ‘Meditaciones’, considerado referencia suprema del gobierno perfecto (así). Sus ‘Meditaciones’ han sido leídas y estudiadas por no pocos jefes de Estado como el primer ministro de China -de 2003 a 2013-, Wen Jiabao, quien afirma (vive) haberlas leído más de cien veces. ‘Meditaciones’ es el clásico más editado. Y de democracia, ni una pizca, le daba risa.
Otro es Federico II el Grande, rey de Prusia 46 años, de 1740 a 1786, monarca absoluto, déspota ilustrado cuya voz era la única, que modernizó al gobierno y reformó las leyes y prohibió la tortura judicial; permitió la libertad de prensa muy en serio; implantó la enseñanza primaria obligatoria de ocho años, para niños y niñas; garantizó la tolerancia religiosa. Fomentó el comercio y la industria, impulsó la agricultura y evitó las hambrunas. Protegió las artes, reformó la Academia de Ciencias de Berlín. No de balde se le dice ‘el Grande’. Y democracia… ni en sopa de letras.
Puede usted pensar que son casos de otros tiempos, bueno, del siglo XX, también tenemos al inmenso, asombro del mundo, Mustafa Kemal Ataturk, fundador de Turquía, sin comicios su presidente-autócrata de 1923 hasta su muerte en 1938. Hizo completo al Estado turco moderno, el actual: abolió el sultanato y el califato (se dice fácil), otorgó derechos e igualdad jurídica a las mujeres; creó el sistema escolar laico, gratuito y unificado para alfabetizar al pueblo y fomentar la lectura.
A la fecha, 88 años después, es venerado en su país. No hay espacio para ni resumir la grandeza de su gobierno… nada democrático.
Si sigue usted pensando que son ejemplos aislados de otros tiempos, otras tierras y otros pueblos, se le recuerda que con CERO democracia México, el siglo pasado, tuvo unos 60 años de gobiernos que dieron resultados impensables en su momento, sí, ese priísmo imperial tan denostado, hizo que el mundo hablara del “milagro mexicano”; régimen que heredó al México actual el tratado de comercio que sostiene la economía del país. Sin democracia.
LOS CUATROTEROS NO DAN UNA
Por supuesto, este juntapalabras no propone que dejemos de usar la palabrita (democracia), ni que se implante en México una monarquía ni dictadura, cuantimenos la caricatura de autocracia en la que ya estamos.
Hay que apretar a estos gobernantes de chisguete que tanto yerran y tanto mal hacen, exigiéndoles democracia, porque eso, sea o no falacia, lo entiende el tenochca simplex promedio, como un gobierno que respeta la ley y da resultados.
Y ese es el asunto, estos cuatroteros no dan una no porque no sean democráticos sino porque hacen charamuscas con la ley para acomodarla a sus intereses. Y ante su realidad de pifias y chascos, corrupción e ineficacia, mienten, mienten, mienten en todo.
El gobierno moreno nació torcido, el Pejestorio tenía un solo objetivo: conservar el poder para que sus paniaguados lo suban a los altares como prócer de la patria, sin reparar en nada, incluido tolerar primero y pactar después, con la delincuencia organizada.
Del mal nunca se obtiene el bien y han hecho tanto mal que ya lo sabe el mundo y se apresta a actuar. Lo demás, de nosotros depende, en las urnas, y que estos dos presidentes cuatroteros, queden en nuestra historia como lo que son, un mal rato, un bache.
La Primera Presidenta gobierna sola contra el mundo * Tiene que lidiar con enemigos, además de políticos leales a AMLO… y para acabarla de amolar está sin partido * Ojalá lo hiciera bien doña Claudia Sheinbaum, es el país el que paga los platos rotos
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Platos rotos.
Seguro usted ha visto alguna vez en algún circo o en la tele, eso de los ‘platos chinos’, cuando un malabarista mantiene vibrando una docena de varas fijas al suelo, con un plato que gira en la punta de cada una.
La idea, claro, es que no caiga ninguno y se rompa. Bueno, este menda ve así a la Presidenta. Y la cosa no promete, hábil no es.
A CUIDAR LOS VARIOS FRENTES
Primero que nada, recibió del Pejestorio un desastre de gobierno, una madeja de problemas mal atendidos o sin resolver, en una salsa de corrupción antes no vista en el país.
Además, el Pejeremías le incrustó en su gobierno y en el Poder Legislativo a sus enemigos políticos, los que compitieron contra ella por la candidatura, y en el partido y secretarías de la mayor relevancia a leales a él.
No olvidar que sustituyó a la pejista Luisa María Alcalde de la presidencia de Morena por Ariadna Montiel, ciento por ciento del Pejestorio y con el enorme poder que le da guardar el secreto de los programas sociales.
Así, la señora tiene que gobernar con enemigos, sin partido y con leales al otro no a ella, y no se atreve a lo único que debe hacer, una purga política y plantarle cara al de la hamaca en Palenque, el de Macuspana.
Luego están los varios frentes que debe cuidar al mismo tiempo la doñita de Palacio.
Por un lado, la relación con los EUA que está como agua para chocolate con su gobierno y que ella, amateur que es, creyó que podía capotear cediendo en todo (en todo), menos en perseguir y enchiquerar a los narco-políticos, que ella, usted, nosotros, vosotros, ellos, sabemos que están dentro de la estructura de su gobierno y en la de no tan pocos estados.
Y la feliz poseedora del bastón de burla, que le cedió el Pejehová, parece muy convencida de que así se puede llevar el resto de su sexenio, capoteando ese toro yanqui tan toreado, con un pañuelito desechable (el de la sacra soberanía y el no injerencismo). La va a cornear (nótese el cuidado en el lenguaje).
Por otro lado, está el muégano de grupos que conforman ese mazacote de intereses que es Morena, rodeando a doña Sheinbaum, grupos no coincidentes en nada distinto a conseguir poder y medrar con él.
En primer lugar los más peligrosos, los “puros”, unos marxistas a rabiar, otros socialistas radicales, que desafían y enfrentan a la Presidenta, como Héctor Díaz Polanco, los Batres, Jesús Ramírez Cuevas, Paco Taibo, la Brugada, Godoy, la tribu de Pablo Gómez y varios más.
Por ideología, doña Sheinbaum comulga con estos, pero se lo guarda, no está el horno para bollos con el Tío Sam.
Estos “puros” son de armas tomar: hicieron su propio acordeón, distinto al de Palacio para la elección de ministros de la Suprema Corte y acomodaron a cuatro de los nueve (Hugo Aguilar, Lenia -de Lenin- Batres, Loretta Ortiz y María Estela Ríos).
Obviamente los “puros” en el discurso, todos son leales a muerte a doña Claudia, pero ‘quasi in occulto’, a la chita callando, operan para cerrar el paso a los de ella y a ella misma.
Ya olieron el dulce aroma del poder presidencial, lo sienten casi en sus manos, es cosa de seguir envenenando al que vive en Palenque, sembrándole dudas sobre la fidelidad de doña Sheinbaum para colocar cuantos candidatos afines puedan en la próxima elección de 17 gobernadores y 500 diputados federales, en 2027, para ser definitorios de “la grande”, la candidatura presidencial en 2030. Nada fácil la tiene la doñita de Palacio.
En segundo lugar está el grupo de conversos, los personajes que pepenó el Pejeremías de otros partidos, muchos expriístas, que no son de Morena aunque ahí militen, ni de doña Sheinbaum, aunque le declaren su amor rendido: el clan de los Monreal, los Murat, los Yunes, sin olvidar a Alejandro Armenta Mier, gobernador en Puebla, priísta 32 años, desde 1985, morenista desde 2017. Hay más, lo que no hay es espacio.
En tercer lugar, los morenistas sinceros, convencidos, de buena fe, todos adoradores de ese motor intelectual, adalid de la decencia, el santo, santo, santo Peje. Esos no pintan ni nadie los toma en cuenta. Ni modo, son broza. Ahí para la otra.
En cuarto lugar, los gobernadores de Morena, en 24 de los 32 estados, todos orgánicamente leales al que le deben todo, el Pejestorio, no por buenecitos, que no son, sino por convenencieros: “usted es la Presidenta y usted manda, pero si se pone trompuda, no se le olvide, tenemos padrino” (‘Godfather’, don Vito Obrador, se entiende).
Doña Sheinbaum haría bien en dedicarle algo de su tiempo a grupos de mucho poder que parece que están adormecidos, pero esos, le saben muy bien a esto y no mueven un dedo a lo tarugo, como el Grupo Atlacomulco, el Grupo Texcoco, el Grupo del PAN en la CDMX y los del Grupo Tabasco, que prueban su fuerza sólo por no dispersarse, a pesar de escándalos inmensos como el de La Barredora.
Y que se ande con cuidado con los de ultraderecha (que sí hay y andan muy atareados sumando apoyos, como el Yunque, créalo, todavía existe).
También es de suponer que la doñita sabe que tiene que andarse con mucho tiento con personajes que forman el grupo problema: a la cabeza, con foquitos alrededor de su nombre como anuncio de cine: Rubén Rocha Moya, del que no hay necesidad de decir nada. Luego, Adán Augusto López (fundador de Morena, antes del PRD y del PRI, “hermano de López Obrador), que está que bufa contra la doñita de Palacio (y es mal enemigo).
Los gobernadores, Alfonso Durazo de Sonora, Marina del Pilar Ávila de Baja California, Américo Villareal de Tamaulipas, que andan en la cuerda floja porque los EUA los tiene en la mira, aparte de la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno, que no ocupa titulares de prensa, pero anda con muchos problemas raros.
No, no la tiene fácil doña Sheinbaum Pardo y encima su falta de oficio político que tanto se le nota con el añadido de que sus decisiones políticas quedarán bajo el escrutinio del Tío Sam; allá en los EUA se definirá el futuro político de muchos y de Morena, y eso sí va a ser diarrea explosiva.
Ojalá lo hiciera bien doña Claudia Sheinbaum, es el país el que paga los platos rotos.