La triste realidad en el mundo de las patadas * La razón es simple: Los gobiernos no han sabido incentivar a las futuras promesas de cualquier actividad deportiva y porque no hay un plan gubernamental que aliente, como en las grandes potencias, a los jóvenes con capacidades excepcionales
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
El futbol, además de ser una actividad deportiva, lúdica y espectáculo de entretenimiento, es un negocio trasnacional que deja millones de dólares a los organizadores, no así a los gobiernos ni a los comerciantes locales.
A pesar de ser un país “pambolero”, no destacamos como potencia mundial en el balompié.
Es increíble que en una nación con más de 130 millones de habitantes no haya once pares de piernas que nos hagan competitivos en materia futbolera.
Desde ahí entramos con el pie izquierdo al mundo de las patadas.
Grandes escritores como Gabriel García Márquez o Eduardo Galeano han dado testimonio no sólo de crónicas deportivas, sino de las implicaciones ideológicas, políticas y económicas que tiene el futbol, además de Juan Villoro que combina en sus libros la pasión del aficionado con el análisis sociológico del deporte más popular en el mundo.
Todos coinciden en que el origen paupérrimo de las grandes estrellas los hace destacar en la actividad profesional.
Fueron así figuras brasileñas y argentinas; “cracks” de la Europa del Este también sufrieron penurias que los obligaron a emigrar y destacar en el futbol occidental, recientemente el Medio Oriente y África exportan jugadores a las grandes corporaciones futbolísticas europeas.
México, como en el boxeo, dejó de crear ídolos que por su origen conservaran el hambre de triunfo y la necesidad de resaltar en el deporte.
Nos persigue el síndrome del “Jamaicón” Villegas, las jóvenes promesas no desean figurar allende las fronteras y tampoco tienen ya la necesidad del hambre de triunfo.
Mientras tanto, África exporta “N” cantidad de jugadores que incluso retribuyen a sus paisanos la mayor parte de sus ingresos y crean fideicomisos para la construcción de escuelas y hospitales, sabedores de las carencias ancestrales de sus connacionales.
Es el esfuerzo personal lo que los hace brillar. Allá como aquí no hay una política pública deportiva que forje campeones; los pocos jugadores mexicanos exportados han destacado por los “buscadores” de talento y la ambición económica de los equipos por obtener ganancias.
Pero, en la mayoría de los casos, nuestros internacionales, como el “Jamaicón”, regresan al poco tiempo.
México nunca será campeón mundial porque los gobiernos no han sabido incentivar a las futuras promesas de cualquier actividad deportiva y porque no hay un plan gubernamental que aliente, como en las grandes potencias, a los jóvenes con capacidades excepcionales.
Se acabaron los Hugo Sánchez o los “Chicharito” Hernández.
Difícil creer que en un país “pambolero” no haya una oncena que nos represente con dignidad.
Por eso también llegamos tarde al negocio del deporte de las patadas. En el próximo Mundial, México pondrá las obras y la infraestructura -insuficiente, mal hecha y tardía-, pero no recibirá nada a cambio.
Será la FIFA y las grandes empresas multinacionales las que se lleven todas las ganancias.
El gobierno tuvo ocho años para relanzarnos como país, pero no supo rescatar para sus gobernados un espectáculo que le diera pasajero olvido a sus problemas y penurias, además la esperanza de soñar con un quinto partido.
Extraños en su casa, los mexicanos serán testigos a distancia de la excelsa justa deportiva.
La televisión será su reducto en una Copa que no le dejará ni enseñanza ni beneficios.
Queda como asignatura pendiente el real fomento al deporte, no con efímeros torneos y la adaptación al trancazo de canchas deportivas que luego quedan abandonadas.
Es obligación del gobierno crear nuevos héroes deportivos que por orgullo nacional den identidad a una sociedad ávida de triunfos y entrar como pares al negocio del deporte de las patadas. Al menos en este Mundial, no será así.
APOSTILLA
Por consenso de todas las fuerzas políticas y acorde con la Reforma Política del gobierno federal de reducir gastos en las Cámaras de Diputados locales, el Congreso de Baja California aprobó la reducción de su Presupuesto a 52 millones 648 mil 055.99 pesos, lo que representa un ahorro significativo para el ejercicio 2026.
Este ajuste se implementa de manera anticipada y voluntaria, a pesar de que la resolución exige aplicarla hasta el 2027, donde además se realizarán modificaciones mayores para cumplir con el tope del 0.7% del presupuesto estatal.
La presidenta del Congreso, Michel Sánchez Allende -de Morena-, reconoció que, aunque existan diferencias con otras corrientes, hoy se sumaron al acuerdo como muestra de unidad y responsabilidad compartida en la fiscalización del recurso público.
Como se recordará, la Primera Mandataria Claudia Sheinbaum Pardo declaró que el Congreso de Baja California es el más caro del país.
Todavía se está a tiempo de evitar ese atentado a la democracia * Imposible que la Cuarta Transformación gobierne un milenio. No hay pueblo que lo aguante
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
Difícilmente la autollamada 4T sobrevivirá un milenio, como presumen sus panegiristas en el gobierno o desde la “prensa” aliada.
No hay pueblo que lo aguante, como tampoco lo hizo la sociedad alemana con los nazis.
Sin embargo, no estamos exentos de ver agonizar nuestra imperfecta democracia a manos de un trasnochado proyecto populista setentero y megalómano, cuya obsesión por mantenerse en el poder lo impulsa a establecer un efímero régimen autoritario que puede convertirse en totalitario.
Atribuyen a Plutarco Elías Calles la frase: “En la vida se comete una sola pendejada, las demás son consecuencias”.
Eso sucede en este tramo de la historia nacional. El enfermizo, narcisista y peregrino capricho del tlatoani tabasqueño por apoderarse del país lo llevó a pretender trascender mediante el establecimiento de una tiranía transexenal basada en el control de los pobres, la extinción de la clase media, el sometimiento de obsequiosos empresarios, el ejercicio de una presidencia imperial más allá de su administración, la desaparición de la división de poderes, la opacidad en los actos de gobierno, la destrucción de los contrapesos constitucionales, la creación de un suprapoder sin leyes y la manipulación de abyectos legisladores y jueces.
Si para ello era conveniente la connivencia con el crimen organizado, qué mejor.
Contrario a lo que piensa la gente, ese proyecto no es socialista ni comunista. Lo que menos importa es la reivindicación de los pobres.
Se trata de revivir el viejo sistema priista de la “Docena Trágica”, donde el gobierno de un solo hombre decide los destinos nacionales, apoyado en ineficaz burocracia y el surgimiento de una nueva clase privilegiada autárquica. Lo de menos es resolver los graves problemas nacionales.
Luis Echeverría Álvarez decía que la economía se manejaba desde Los Pinos y José López Portillo nacionalizaba absurdamente la banca, además de provocar una gran devaluación, a pesar de su defensa canina. La estatización y un obeso gobierno solo trajeron desgracias al país.
Stalin es un claro ejemplo del ejercicio abusivo del poder y el sometimiento del pueblo gobernado por una burocracia dorada y sus excesos.
Hoy vivimos las consecuencias. El segundo piso de la autollamada 4T -lo que ello signifique- no es la continuidad de un proyecto de gobierno, sino un capricho personal por conseguir el sueño truncado en los setentas de pertenecer a la élite política que siempre lo despreció. Ahora cobra venganza de esa y nuevas afrentas.
El poder absoluto no se comparte, se delegan funciones y se exigen cuentas. Ese es el papel que juegan hoy los improvisados nuevos servidores públicos.
El proyecto es claro: administrar la pobreza, ejercer el poder omnipresente, omnipotente y omnímodo, premiar la obediencia y castigar a desobedientes y a marginal oposición. Hacerse de recursos implica ceder el control de regiones enteras del territorio nacional a cambio de mucho dinero.
Esta nueva etapa requiere de legitimarse en el poder mediante el control de las elecciones para que triunfen los candidatos oficiales y los impuestos por el crimen organizado. Para ello se recurre al control de los comicios. Vieja práctica priísta, se manipularán las votaciones desde su organización con un árbitro electoral y magistrados “carnales”; adiós ciudadanización electoral. Así pretenden garantizar su permanencia en el poder per secula seculorum.
El nuevo adefesio legislativo es un candado más que garantiza el robo de los resultados y la anulación de las victorias opositoras. ¿Qué puede fallar?
El segundo piso de la 4T no es más que un tramo hacia la consecución de un peregrino capricho y venganza personal de quien quiere regresar a los setentas, donde el presidencialismo encarnaba al sistema mismo, donde no tuvo cabida el tlatoani tabasqueño, pero hoy va por sus fueros. Avanzan de un régimen híbrido -con fachada demócrata- a un gobierno autoritario. Sin embargo, todavía estamos a tiempo de evitar ese atentado a la democracia.
La sociedad civil, a pesar de los embates por reprimir la exigencia de sus derechos y libertades y la intentona de comprar su conciencia mediante el uso electorero de los programas asistencialistas, no está derrotada.
Tampoco la medrosa oposición está vencida. La modernización del sistema pluripartidista puede hacer frente al partido en el gobierno, pero es necesario cobrar conciencia de la urgencia de gobernar en alianza.
Imposible que la 4T gobierne un milenio. No hay pueblo que lo aguante.
Da impunidad con la defensa a ultranza de los corruptos * La falaz narrativa de exigir pruebas sólo pretende dar inexistente probidad a una administración que se ha caracterizado por los señalamientos de deshonestidad de muchos malos servidores públicos que se aprovecharon de los cargos para enriquecerse ilícitamente
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
Le escuché al jurista Andrés Serra Rojas una defensa apasionada del sistema político mexicano cuando intervino en el Salón Juárez de la Secretaría de Gobernación durante una consulta pública de la Reforma Política promovida por el propio régimen: “Mi vino es amargo, pero es mi vino, qué le vamos a hacer…”.
Pero la protección a ultranza que hace el régimen de la autollamada 4T de todos los corruptos de su movimiento, dista mucho de los argumentos empleados por el catedrático universitario respecto del presidencialismo y se asemeja más a la frase atribuida a uno de los integrantes del emporio Gucci en protección de su desmadroso y despilfarrador heredero, falto además de talento y creatividad: “Es un idiota, pero es mi idiota”.
Lo mismo sucede con los portavoces del gobierno que arropan hasta la ignominia a todos los militantes evidenciados en actos ilícitos, atentatorios también de la moral pública.
“Son delincuentes, pero son mis delincuentes”, parece rezar el argumento defensivo para dar impunidad a quienes traicionan a sus gobernados, lo mismo por connivencia con el crimen organizado que por venales actividades públicas, la comisión de latrocinios, el abuso de poder, la omisión o las complicidades.
La falaz narrativa de exigir pruebas sólo pretende dar inexistente probidad a una administración que se ha caracterizado por los señalamientos de deshonestidad de muchos malos servidores públicos que se aprovecharon de los cargos para enriquecerse ilícitamente, defraudar la confianza ciudadana y, en el peor de los casos, entregar la plaza -la gobernabilidad a las mafias-, a cambio de dinero o participación accionaria.
La omisión es otra cara de la corrupción, ya que, para no patear el avispero, se regresa a la vieja política del siglo XVIII: “laissez faire et laissez passer, le monde va de lui meme” -dejar hacer, dejar pasar, el mundo va solo-. Las reglas del mercado definen la paz narca.
Autoridades norteamericanas, organismos internacionales, organizaciones de la sociedad civil, instituciones universitarias, investigaciones periodísticas y pronunciamientos de la oposición han denunciado diversas prácticas corruptas o delincuenciales de personajes de la 4T, cuyos actos deshonestos afectan las finanzas públicas o legitiman los recursos ilícitos de los mañosos.
Sin embargo, ninguna imputación ha prosperado y mucho menos se ha iniciado una investigación ministerial. Para la 4T, todos sus correligionarios son impolutos.
No sólo se niega la pérdida de la gobernabilidad a manos de los criminales, se normaliza la violencia que generan y hasta se aprovechan los recursos de dudosa procedencia para financiar las campañas políticas en todos los niveles, además de imponer candidatos o eliminarlos.
Más aún, se propicia un cinismo falaz e impune. Ante las acusaciones públicas se recurre a “yo solo soy la directora general”, “no soy culpable de lo que ocurrió en la estación migratoria porque yo estaba a más de mil kilómetros”, “pues que no se enfermen”, “él no contagia el virus, su contagio es moral”, “no somos como ellos” “pero robaban más los del PRI”, “pero, cuánto gana Loret de Mola”, “y yo por qué”, “en junio los alumnos ya no aprenden nada, porque ya no se les enseña nada en las escuelas” y un largo etcétera de justificaciones a las corruptelas de la 4T.
Prefieren encubrir a sus criminales y perder credibilidad antes que aceptar la responsabilidad de sus corruptos. Por supuesto que mienten, roban y traicionan al pueblo. Esperemos que la compra de conciencias que hacen de los electores mediante las pensiones y becas de los programas sociales para viejitos y ninis no les alcance para tapar tanta corrupción y que -aunque nos tilden de traidores a la Patria-, los gringos puedan juzgar a tanto malandro de la 4T que ha atentado contra la democracia y la salud pública, no sólo en los Estados Unidos, sino en nuestro territorio.
Les queda corta la frase de Al Pacino en la película Gucci. Son corruptos, no idiotas.
La peregrina sugerencia para acortar el ciclo escolar provocó el descontento de los padres de familia * Decir que en el último mes de clases a los escolapios ya no les enseñan nada, el titular de la SEP exhibe que el modelo educativo de la “nueva escuela mexicana” (sic), donde no se puede reprobar a nadie ni sancionar las inasistencias, sólo pretende formar mano de obra barata para el mercado laboral, sin posibilidades de integrarse al mundo globalizado que demanda gente mejor preparada
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
La narrativa oficial ya no alcanza para encubrir los yerros de las malas políticas públicas del gobierno de la autollamada Cuarta Transformación.
La semana pasada sufrió su peor crisis de credibilidad y pérdida de confianza en lo que va del sexenio.
Sin alguna necesidad, un aparente distractor se convirtió en la Némesis de las autoridades educativas y evidenció las debilidades de un sistema académico ideologizante, amén de incrementar el negativo humor social.
El régimen no supo capitalizar la organización del Mundial de Futbol 2026, el cual pudo aprovechar para promover al país internacionalmente, fortalecer la identidad nacional y mediatizar a la población durante un mes para que se olvidara momentáneamente de sus problemas y carencias.
La inexperiencia de la 4T como administradores públicos hizo que la inversión se convirtiera en gasto y ante la imposibilidad de dotar de infraestructura a las sedes mundialistas, optaron por las obras cosméticas y barrer sólo por donde pasa la suegra.
A algún genio se le ocurrió que, para mejorar la movilidad en la gran capital, debiera esconderse a la población y mandar a los niños a sus casas para disfrutar los partidos con sus padres en la tranquilidad del hogar y permitir a los visitantes transitar las calles sin aglomeraciones.
La peregrina sugerencia para acortar el ciclo escolar provocó el descontento de los padres de familia.
Las justificadoras declaraciones de Mario Delgado, titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) -perdónalo Vasconcelos-, de que en el último mes de clases los escolapios ya no aprenden nada porque ya no les enseñan nada, exhibe que el modelo educativo de la “nueva escuela mexicana” (sic), donde no se puede reprobar a nadie ni sancionar las inasistencias, sólo pretende formar mano de obra barata para el mercado laboral, sin posibilidades de integrarse al mundo globalizado que demanda gente mejor preparada.
La impunidad y protección que caracteriza a este gobierno le asegura la chamba al encargado de la oficina en las calles de República de Argentina, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, mientras lo mandan de gobernador a Colima. Resultó más apaleado que una piñata.
Por cierto, no sólo en la política interior sufre esta administración, también desde el exterior le han demostrado que la pérdida de la gobernabilidad a manos del crimen organizado, la connivencia con el narcotráfico y la filtración de las mafias en las esferas del poder público provocan corrupción, impunidad y protección a narcopolíticos.
A pesar de los llamados patrioteros a la defensa de la soberanía nacional, al reiterado pronunciamiento de que somos independientes y no una colonia, la realidad es que, desde la semana pasada, las autoridades americanas nos han traído peor que Hernán Cortés a los indios. Las piñatas nos quedan cortas.
Sin una estrategia de comunicación política, sin líneas discursivas definidas, el gobierno no ha sabido hacer frente a los señalamientos y amenazas de la Casa Blanca y de las agencias de inteligencia norteamericanas.
Lejos de extraditar a servidores públicos presuntamente involucrados en actividades ilícitas para ser juzgados en Estados Unidos, se les protege hasta la saciedad, aunque ese manto protector provoque el riesgo de una intervención militar quirúrgica para extraerlos; esa intervención la imploran hasta las mujeres guerrerenses desplazadas de sus comunidades.
Pero no sólo es el narcotráfico y el huachicol fiscal lo que nos tiene como piñata en mecate, también es la actividad de la CIA en territorio nacional.
El gobierno de la Cuarta Transformación se envuelve en el Lábaro Patrio para exigir se castigue la traición a la patria del gobierno de Chihuahua, donde fallecieron dos agentes norteamericanos tras la destrucción del mayor laboratorio clandestino de drogas sintéticas en México, pero se enreda para justificar el atentado con bomba contra dos presuntos narcotraficantes a las afueras del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA).
Juzgan con dos raceros y el clásico “hágase la voluntad del Señor en los bueyes de mi compadre” o a mis amigos Ley y Gracia y a mis enemigos sólo la Ley.
En aras de desmentir la intervención de elementos de inteligencia gringa en la eliminación de dos objetivos prioritarios, como hoy les dicen, se presume que fueron fuerzas del orden mexicanas, con información de allá, los que eliminaron a los mañosos.
Pero surgen las siguientes interrogantes: ¿Y el Estado de Derecho, la presunción de inocencia y el debido proceso?
Ahora, como cazarrecompensas del Viejo Oeste o como en Brasil de los ochentas, ¿emplearán el “rifle sanitario” para deshacerse de las lacras? Salió peor el remedio que la enfermedad.
Seguramente por un buen rato seguirá el grito de “dale, dale, dale…”.