Conecta con nosotros





LA FERIA

Los escándalos del momento, la oportunidad de oro para tomar las riendas

Publicado

en

A deshacerse de tanto lastre y de los traidores * Si no lo hace la Primera Presidenta, pone en riesgo su gobierno… y al país también, pues el Tío Sam no es de fiar

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Mucho miedo.

En aquél Autlán de principios del siglo pasado, contaba la abuela Elena, que un tío suyo dijo a su hijo mayor que se entregara o él lo entregaba, por una fea fechoría que había cometido y andaba averiguando el Tomasón, alcalde de huarache que a tiros impartía justicia pronta y expedita.

Y el hijo le contestó que no sabía que su padre era traidor, pero él lo atajó: -El traidor eres tú, lo que hiciste traicionó a toda la familia -huyó.

El Tomasón regresó con el cadáver atravesado en una cabalgadura. El tío lo enterró en el monte, sin decir dónde. No se volvió a hablar de él. Historias de rancho.

 

LEALTAD MÁXIMA

Hay cosas que todos sabemos qué son, aunque no nos hayamos detenido a reflexionar en ellas. Un caso es la lealtad. Todos entendemos qué es y todos rechazamos su contrario, la deslealtad.

Los pensadores de la antigüedad nada dijeron de la lealtad, tal vez porque de tan obvia, les pareció innecesario su estudio y enseñanza; y sí, es muy evidente: sin lealtad no hay matrimonio, no hay filiación, no hay sociedad, no hay nada, ni ejércitos ni empresas, nada… ni futbol.

Ahora hay por ahí unos que no parecen pensar mucho o que piensan torcido, que se atreven a decir que la lealtad no es una virtud ni un valor sino un patrón de conducta… bueno, que aprovechen.

Es de no creerse a qué extremos se llega intentando erradicar la religión en general y el cristianismo en particular, porque al menos en Occidente, se profese o no alguna fe, todo está empapado en cultura cristiana, herencia indeleble de Roma al mundo… en fin, cada quien.

La cabeza más clara de nuestra especie, opina este menda, el inmenso Tomás de Aquino, no trata explícitamente sobre la lealtad, pero sí sobre la fidelidad, su hermana gemela, y dice (a brocha gorda) que es honrar la palabra dada y los compromisos honestos contraídos, contribuyendo a la convivencia y al bien común, al ser firme cumplimiento de lo justo. Y le cerró la puerta a los que, siendo cómplices, se creen leales. ¡Listo!

Sí, la lealtad no es esa ‘omertà’ de delincuentes de la mafia en todas sus presentaciones -Cosa Nostra, ‘Ndrangheta, Camorra, Sacra Corona Unita, Società Foggiana, la más brutal-, sino la original ‘omertá’ de los sicilianos del siglo XVI, ese no cooperar, colaborar ni informar nada nunca a la autoridad, resistiendo al gobierno español invasor.

Y por cierto, para su acervo del saber inútil, parece que ‘omertà’ es palabra derivada del siciliano ‘omu’ -hombre-, derivada por imitación de la ya en desuso palabra española “hombredad”, hombría…  feministas, absténganse.

En todo, pero muy destacadamente en la cosa pública, en política, la lealtad es un valor básico, no esencial porque no hace la lealtad lo que es la política, pero sí fundamental. Si la traición es siempre despreciable, en política es infame.

Pero hay que andarse con cuidado, porque hay casos en que se da una legítima lealtad a corrientes de pensamiento político que por más equivocadas, inicuas o malvadas que nos puedan parecer, suscitan la fidelidad de algunos y a veces de muchos, que las abrazan creyéndolas correctas.

Un ejemplo para ahorrar explicaderas: el nazismo, ideología fascista enemiga frontal del marxismo, del comunismo (no son lo mismo), de la democracia, antijudía (no diga antisemita, por favor, los árabes también son semitas), partidaria del racismo y la eugenesia, fue en su momento un credo aceptado por no pocos países y pueblos enteros (aunque ahora lo nieguen).

Bueno, pues leales y fieles nazis, se opusieron al atropello a los judíos, al exterminio, al holocausto, eran nazis, no criminales y por eso es que tuvieron que construir cámaras de gas: los soldados se rehusaban a hacer de matarifes. Lealtad a la causa equivocada, a la luz de lo que ahora ya sabemos, no en su momento. Y lo mismo con el estalinismo, ese comunismo asesino y vil que contaba con la veneración de millones, hasta que se supo la verdad, pero mientras, fueron leales, válidamente leales.

Todo esto a cuento de la lealtad todo terreno de la Presidenta Sheinbaum a su antecesor, a la parentela del tipo, sus cercanos operadores políticos o ni eso, sino simples bandidos que estuvieron (y están), al servicio del cuatrotero mayor.

Es muy respetable la manera de pensar de la señora, el izquierdismo lo trae en su ADN, y también se debe aceptar sin malas caras su lealtad a Morena.

Pensemos como pensemos los que no pensamos como ella piensa. Es legítima su lealtad a sus ideas y al partido al que pertenece.

Pero, a ver, si la dama de Palacio, se entera que aparte de como todos entendemos la lealtad, es palabra originada por ahí del siglo XVI, derivada del latín ‘lex’, ley, sí, la lealtad en nuestro idioma, antes significaba apego a la ley.

La lealtad termina donde empieza lo ilegal, lo ilegítimo, lo indebido. Por eso el solemnísimo juramento ante el Congreso y la nación, al asumir la presidencia de este país, es cumplir y hacer cumplir la ley, esto es: la lealtad máxima.

Por la manera en que parece que la señora Sheinbaum entiende la lealtad, es que asume indebidamente el papel de defensora oficiosa de su mentor y del tropel de corruptos, deshonestos, dislocados y torcidos del entorno más cercano, personal y político, de quien ella admira tanto. O teme.

Los escándalos del momento son la oportunidad, tal vez irrepetible, para que doña Sheinbaum tome las riendas y se deshaga de lastre y traidores: quitar del liderazgo en el Senado a Adán Augusto López; echar de Gobernación a Rosa Icela Rodríguez.

También quitar a Mario Delgado de Educación Pública; a Raquel Buenrostro de la Función Pública; a Ariadna Montiel de la Secretaría del Bienestar; al indefendible Octavio Romero Oropeza, hoy en el Infonavit después de desvalijar Pemex.

También quitar a algunos gobernadores, por lo menos a Rubén Rocha de Sinaloa… y por supuesto sacar a Andy de Morena. Sin raspar al de Macuspana.

Si no lo hace pone en riesgo su gobierno… y al país también. El tío Sam no es de fiar.

La Presidenta puede, es cosa que quiera, a menos que tenga razón el fétido Trump y tenga miedo, mucho miedo.

 

LA FERIA

¿Por qué limitar la libertad del uso del dinero en efectivo?

Publicado

en

El pueblo manda… ¿acaso le preguntaron si está de acuerdo en pagar sólo por tarjeta la gasolina y caseta de peaje? * La medida busca privar la legítima privacidad, del anonimato que da el dinero. La excusa es combatir al crimen organizado… sí Chucha, los narcos se carcajean de estas babosadas

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Por nuestro bien.

Filósofos, juristas, pensadores, políticos, jefes de Estado y tía Cata, allá en Autlán, han reflexionado sobre la libertad. No entremos en disquisiciones y enredos, todos entendemos qué es la libertad (para tía Cata la libertad era el dinero, su dinero, por eso tío Carlos tenía prohibido poner un pie en su enorme abarrote, ‘su’ de ella).

 

DOS MANERAS PARA DEFENDER LA LIBERTAD PERSONAL

Todos somos libres y entendemos -excepto los que padecen averías de sesera- que la libertad no es total, que nadie es libre de robar, de matar o de circular en su coche en sentido contrario en una autopista. Sí, hay límites válidos a la libertad.

Hay dos maneras de defender la libertad personal: a balazos o en tribunales que la hagan valer.

Los balazos son de probada eficacia, pero también sirven para violar la libertad de otro.

Por eso la gente civilizada prefiere los tribunales. Y ahí tuerce la puerca el rabo: los tribunales (el Poder Judicial) son parte del Estado y aplican las leyes que hace otra parte del mismo Estado (Poder Legislativo), leyes que con frecuencia propone-impone la parte más poderosa del Estado (el Poder Ejecutivo).

Pero, ¿existe el Estado?… No, no existe el Estado, no tiene existencia real, independiente de que uno lo conozca o no (este juntapalabras no conoce a ni un chino de China y no por eso no existen, sí existen, tienen existencia ontológica, real).

No existe el Estado, no hay un señor grandote y fortachón que sea el Estado; lo que existe es el grupo de personas que gobiernan un país, a eso llamamos Estado.

Ese es el intríngulis: esos que tienen el poder y son el Estado, pueden ser santos o demonios; medio honestos o medio bandidos; pero todos, eso sí, todos los que tienen el poder, todos los que se hicieron con el gobierno de un país, quieren conservar poder y gobierno… y no es muy raro que para conseguir eso, hagan barbaridades.

No se trata de abstracciones. A lo largo de la historia del mundo, gobernantes y gobernados han entrado en conflicto, habitualmente por abusos de los gobernantes que incomodan a los gobernados.

No se tiene noticia de alguna revolución ni alzamiento popular contra un buen gobernante y los ha habido, muy queridos por la gente: Federico II en Prusia, ‘El grande’, ‘El primer servidor del Estado’; o Alfonso XII de España (doce, no confundir con el trece que metía la pata como respiraba); y hay otros, como el gigante Mustafa Kemal Atatürk de Turquía; el justamente venerado Franklin D. Roosevelt; o Ángela Merkel que gobernó Alemania 16 años y la gente, allá, se refería a ella como ‘mutti Merkel’… mamá Merkel, más bien dicho, mami Merkel (y no se imagine que doña Ángela era un flan, para nada, gobernó con mano firme).

Regresemos a lo que suele suceder: el Estado, el gobierno, casi siempre pretende controlar a la población y eso se hace a palos o a la chita callando.

El Estado necesita quitarle dinero a la gente, cobrar impuestos y eso se consigue a la fuerza (intente razonar con el SAT). También limita derechos; en el caso de nuestra idílica patria, usted no es realmente propietario de su terreno, porque según el Artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la propietaria es “la Nación”, que tiene “el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”.

Entendamos: “la Nación” le transmite a usted el dominio del terreno que compró, pero quién es “la Nación”… es el gobierno, los que se hicieron con el poder y gobiernan (¿o en el Registro Público lo atiende la Nación?, no, burócratas a las órdenes de los gobernantes).

Por eso el tercer párrafo de ese artículo empieza diciendo: “La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público (…)”; en todo tiempo… imponer… modalidades.

Y eso de “transmitir el dominio” se aclara al leer el artículo 348 del Código Civil: “La propiedad es el derecho de gozar y disponer de una cosa, sin más limitaciones que las establecidas en las leyes”. Gozar y disponer con limitaciones. Caray.

Acuérdese al pagar el impuesto predial: le está pagando renta por su terreno (y su casa) al gobierno, a los señores gobernantes.

Nota de mala fe: también le paga renta por su coche, que eso es la “tenencia”… y es su coche.

Igual nos van quitando libertades, derechos. Con qué autoridad los gobernantes mandan que nos escondan el salero en los restaurantes. Piénsele.

Pero hay algo mucho más serio, en el mundo y en México. A poca gente le quita el sueño y está directamente relacionado con la libertad individual: el uso del dinero en efectivo.

En el sexenio pasado, el Pejecutivo nos limitó cuánto dinero en efectivo es legal, por ejemplo, para pagar una propiedad, un coche, una joya. Y desde ese límite sólo puede pagar mediante transferencia, cheque o algún otro instrumento bancario.

¿Para qué?, para controlar a la gente privándola de su legítima privacidad, del anonimato que da el dinero. La excusa es combatir al crimen organizado… sí Chucha, los narcos se carcajean de estas babosadas.

Y también puso límite a cuánto dinero puede usted depositar en el banco (después de 15 mil pesotes, le avisan al SAT), por eso el “carrusel” de depósitos chiquitos en efectivo a sus cuatroteras cuentas, nunca se le olvide.

El jueves pasado, la Primera Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en la Convención Bancaria, anunció muy oronda que la gasolina y las casetas de peaje, este mismo año, ya no se podrán pagar en efectivo. Lindo. Siguen acogotándonos. Y tan frescos.

Para entender cosas que tienen enredo, viene bien llevarlas al absurdo.

Mire, pregúntese qué pasa si todo se puede pagar en efectivo: nada.

Ahora pregúntese qué pasa si nada se pudiera pagar en efectivo, si siempre tuviera que usar tarjeta o el iris del ojo, que para allá van… estaría usted en manos del gobierno que si le pega la gana le impide pagar nada, le bloquea al instante todo su dinero, el de su empresa, el de su familia.

Eso se llama Estado autoritario y así, de a poquitos, para allá vamos, en nombre de que nos están cuidando, que es por nuestro bien.

Continuar leyendo

LA FERIA

Trump, delincuente convicto

Publicado

en

El 30 de mayo de 2024, encontrado culpable de 34 cargos de falsificación * Primera Presidenta Claudia Sheinbaum, todo mundo sabe lo que quieren los Estados Unidos, le guste o no. Es hora de cumplirle a México

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Cumplirle a México.

Tía Chelo (Consuelo), de las de Autlán, aparte de guapa de descarrilar un tren, era de natural sosiego, nunca hacía escenas y años y años, le aguantó muchas a tío Gaspar. Lo más que hacía era decirle sin alzar la voz, “te vas a arrepentir, Gaspar”.

Y le cumplió: una vez que regresó sin calcetines de otra de sus parrandas, incendió la casa. No quedó nada… de la casa ni del matrimonio, claro.

 

LA PRUEBA VIVIENTE DE QUE NO ES GRAN IDEA ELEGIR POR VOTO POPULAR A UN JEFE DE ESTADO

Primero, pongámonos de acuerdo en que el tal Trump es un delincuente. No sufre este menda un ataque de patriotismo modelo “el acero aprestad y el bridón”, no, es un hecho, el tipo es un delincuente convicto, varias veces.

La más reciente, el 30 de mayo de 2024, cuando fue encontrado culpable de 34 cargos de falsificación.

El juez del caso, Juan M. Merchan, de la Corte Suprema de Manhattan, suspendió la sentencia que le tocaba de hasta cuatro años de cárcel (hay que entender: iba a verse fatal que el presidente de los EU, despachara tras las rejas).

También en diciembre de 2022, su empresa Organización Trump, fue declarada culpable de 17 cargos penales.

Luego, en enero de 2023, lo multaron con cerca de un millón de dólares, porque “recurre repetidamente a los tribunales para vengarse de sus adversarios políticos”.

Luego fue condenado a pagar 5 millones de dólares de multa en mayo de 2023, por abuso sexual contra la señora E. Jean Carroll, y otro jurado federal lo encontró culpable en enero de 2024, de difamación contra la misma señora y lo condenó a pagar 83.3 millones de dólares por daños (imagine usted cuánto daño habrá hecho el Trump para que lo multaran con esa barbaridad de dinero).

Y no se nos olvide que, a lo largo de décadas, ha sido acusado por 25 mujeres de acoso y abuso sexual. Se puede dudar de una denuncia, digamos, dos… bueno, tres… pero ¿de 25?

Ese es Trump. Eso es Trump. Es la prueba viviente de que no es la gran idea elegir por voto popular al jefe de Estado; que no es así en varios países muy seriecitos, como Reino Unido, Alemania, Israel, Italia, Grecia, Irlanda, Hungría, Singapur, República Checa, India, ni en otros, pero falta espacio y además es otro asunto (y si es usted católico, tenga muy presente que es la hora que no se eligen por voto popular obispos, cardenales ni Papas y algo han de saber, son 2 mil años de experiencia).

El punto es que por lo que sea y como sea, esa sabandija del Trump es el presidente del país más poderoso del mundo; y con él tiene que lidiar la Primera Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ojalá tenga muy presente que, con esa calaña del hospedado en la Casa Blanca, hay que andar con cuidado, mucho cuidado, como aconsejaba José José.

No basta torearlo, señito. No alcanza con ceder en casi todo (como hace, no nos hagamos). No es suficiente con desdeñar las habladas de ese delincuente diciendo que “ya sabemos cómo habla”. Y su tan ingeniosa frase de la “cabeza fría”, da frío… usted con cabeza fría y la situación en llamas.

Señito, el Trump es un delincuente, es peligroso y sus patrióticas proclamas de usted, defendiendo la soberanía nacional, a él le dan risa.

Para mayor información, dirigirse a Venezuela, Irán, Cuba, sin olvidar que nada más en este su segundo mandato, el Trump también ha bombardeado Yemen, Siria, Irak, Somalia, Níger y Nigeria, y en su primer mandato (2017-2021) lanzó bombardeos y ordenó operaciones de fuerzas especiales en Somalia, Siria, Yemen, Irak, Irán (sí, señor), Libia y Afganistán (les echó la bomba convencional más potente que existe, la MOAB, ‘Madre de todas las bombas’). Y quería el Nobel de la Paz.

Hay un agravante: Mucho se equivoca quien piense que el problema es el Trump, un viejo niño rico berrinchudo que en lugar de soltar una maldición cuando se pone de malas al recordar las deficiencias de presión hidráulica propias de su provecta edad (el 14 de junio cumple 80… contra los 55 de Melania, digo) avienta bombas a otros países… no, los EU no funcionan así. No es Trump el que por sus chones decide semejantes cosas, aunque por supuesto él las agrava porque carece de convicciones éticas, morales y políticas.

No es que el Trump sea como es, un barbaján. El muy educadito y caballeroso Joe Biden, tan correcto él, ordenó bombardeos y acciones militares contra Siria e Irak (febrero y junio de 2021; marzo de 2023 y febrero de 2024); Yemen; Afganistán (antes de sacar de esa guerra a su país, en 2021, se dio el gusto de machacar su capital, Kabul, ciudad con 3,500 años de antigüedad y casi cinco millones de habitantes).

Agregue a lo anterior sus envíos de tropas y armas a Polonia, Rumania (por si Putin se ponía en mal plan).

Nada de eso en ese país sucede por decisión unipersonal de su Presidente, no es como acá. Allá sí hay gobierno con poderosas instancias internas que no se dejan mangonear, no es como acá. Allá sí hay proyecto nacional, que no, que no es como acá, con nuestra caricatura de plan de desarrollo sexenal: allá es por siglo, en serio y lo cumplen en serio, para bien o para mal del vecindario y del mundo. No de balde -ni por buenecitos- hicieron de su país la principal potencia mundial.

Y ahora resulta que la Presidenta cree que puede darle por su lado al Trump y con eso mantener a raya a los EU… ¡dioses!, un puñado de funcionarios corruptos cómplices de delincuentes de monte, no asustan al tío Sam, de botana se los come.

Son ya muchas advertencias de Trump y del mundo: el crimen organizado está incrustado en el gobierno nacional, como nunca antes.

Apenas el 10 de marzo de este año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA), declaró que “el crimen organizado en México es una crisis estructural”; ¿necesita traducción, señora Sheinbaum?, la estructura del país es el gobierno.

El viernes pasado Trump dijo: “Me ofrecí a deshacerme de los cárteles en México y por alguna razón ella (usted, doñita), no quiere hacer eso (…), los cárteles, nos guste o no, están manejando México”.

Doña Sheinbaum, todos sabemos qué quieren los EU, le guste o no. Es hora de cumplirle a México.

Continuar leyendo

LA FERIA

Trump está tendiendo la cama

Publicado

en

Migración ilegal y el crimen organizado, la excusa perfecta para hacer lo que le venga en gana en nuestro continente y en México * Las amenazas del Tío Sam no son puntadas ni se desinflan con galanas declaraciones de la Presidenta desde su casa

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Tendiendo la cama.

Un joven generalote de la Revolución, analfabeto, de huarache, muy valiente y mejor jinete, fue a decirle al papá de tía Elisa, que se llevaba a “la niña”, a la buena o huérfana.

Tía Elisa tenía 16 de edad -contado por ella-, lo vio, garrudo, hecho a marro, macizo… y le gustó.

Dijo ella que nadie se iba a morir, que mandara por el cura y era suya. Y como su papá le dijo que no se sacrificara por él, le contestó: -Papá, con usted vivo o muerto, conmigo va a pasar lo mismo, mejor a la buena –y fueron muy felices. El generalote acabó siendo refinado y culto, se llamaba Joaquín.

 

‘ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL’

El tenochca simplex puede hacer chistes sobre el Manos Chicas Trump; pensar que nunca se va a atrever a lanzar misiles contra los narcos mexicanos; que es puro pico. Bueno, ojalá.

Está bien para plática de cafetería, pero más nos vale que la señora del bastón de juguete esté bien asesorada (no se ría, no sea así).

Las amenazas de Trump no son puntadas ni se desinflan con galanas declaraciones de la Presidenta desde su casa (hoy Palacio Nacional).

Las declaraciones del Copetón embozan otra cosa, de mayor envergadura. Lo de la migración ilegal y las bandas del crimen organizado ya definidas como organizaciones terroristas, son una especie de ‘casus belli’, excusa para con legitimidad en el papel, hacer lo que le venga en gana en nuestro continente y en México.

Y no, no se preocupe ni se entusiasme (hay de todo), no van a invadir el país ni van a fumigar a México de cuatroteros y similares.

Es obsesión de siempre de los EU, su preeminencia en el vecindario, en toda América. Esa es la Doctrina Monroe de 1823, ninguna intervención de nadie en América Latina y el Caribe, excepto la de ellos, claro.

De esa doctrina siguió el llamado ‘Corolario Roosevelt’, del patán de Teodoro Roosevelt que, ante su Congreso, en diciembre de 1904, dijo:

“Una mala conducta crónica, o una impotencia que resulte en un debilitamiento general de los lazos de la sociedad civilizada, puede requerir en América, como en otro lugar, la intervención en última instancia de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la adhesión de Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligarnos, aunque sea de mala gana (él dijo: ‘however reluctantly’), en casos flagrantes de tal mala conducta o impotencia, a ejercer un poder policial internacional”.

Si quiere vuélvalo a leer: “(…) la Doctrina Monroe puede obligarnos, aunque sea de mala gana, en casos flagrantes de tal mala conducta o impotencia, a ejercer un poder policial internacional”.

En concreto: Ellos califican la conducta, claro, y no intervienen a regañadientes: les encanta.

Con el corolario Roosevelt, en el siglo XX, en América Latina y el Caribe, hicieron y deshicieron, asesinaron presidentes, tiraron gobiernos, impusieron dictadores, no dejaron títere con cabeza; con México después de quedarse con más de la mitad de nuestro territorio, no se metieron más, no hacía falta y los gobiernos del PRI imperial oficialmente trompudos con el tío Sam, se arreglaban en lo oscurito (repase la Guerra Fría y lo verá).

Ya sin la amenaza de la URSS ni de Rusia -que anda haciendo el ridículo en Ucrania-, ahora estamos en el “Corolario Trump”.

Y el Tío Sam lo ha puesto por escrito y publicado el 4 de diciembre de 2025, como ‘Estrategia de Seguridad Nacional’, que tiene por premisa que “la fuerza es el mejor factor disuasorio”, y como es cínico explica en su página 5:

“(…) queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un Hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro cruciales; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y haremos cumplir un ‘Corolario Trump’ de la Doctrina Monroe”. Tan tan. Sin trapitos calientes.

Y en su página 15, agrega: “(…) Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense (dominio militar, dice en la Estrategia de Defensa Nacional), en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio (…)”.

Lo de Venezuela no fue para quitarles un dictador infame a los pobrecitos venezolanos, de ninguna manera, al Tío Sam esas cosas le dan flojera. Fue para bloquear el petróleo de Venezuela a China y Rusia. Ni que fuera tan difícil de entender.

No es una puntada de un colérico y neurótico Donald Trump, su proclamación el domingo pasado, de su iniciativa ‘Escudo de las Américas’, que establece la ‘Coalición Anti-cártel de las Américas’, es parte de la ‘Estrategia de Seguridad Nacional’, que tampoco es una puntada sino que se emite conforme manda la Ley Goldwater-Nichols de 1986. No por babosos, los EU son el imperio que son.

Dijo Trump que al ‘Escudo de las Américas’, ya se adhirieron 17 países de América Latina y el Caribe.

El domingo estuvieron doce con él en Florida, firmaron y se palmotearon los lomos.

México no fue invitado; el Departamento de Estado de EU aclaró antes: “Estados Unidos recibirá a nuestros aliados más fuertes y afines del hemisferio para promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región”. ¡Áchis!

Luego de la firma de eso, Trump declaró ‘urbi et orbi’: “El epicentro de la violencia de los cárteles es México (…), tenemos que erradicarlos, los tenemos que golpear como el infierno (…), están tomando a ese país. Los cárteles controlan México”.

Si los EU nos hacen una travesura sumando un soldadito de cada uno de esos doce países, dirá que fue una fuerza multinacional.

Ándese con cuidado señora Sheinbaum, el tipo es de cuidado y con saliva no lo para. Usted sabe qué quiere, a sus compañeritos… y le está tendiendo la cama.

Continuar leyendo

DESTACADO

©2025 IMPACTO El Diario. Todos los Derechos Reservados.