El nuevo Pontífice presenta su visión del papado y deja claro que continuará con las reformas de Francisco, enfocándose en hacer que la Iglesia sea más inclusiva y solidaria con los más necesitados * Con una visión global y voluntad de diálogo, León XIV asume el liderazgo de una Iglesia que busca reconstruirse sin romper con su esencia
MARCO ANTONIO FLORES***
Ante los detractores de la Iglesia Católica, creyentes y no creyentes, que afirman que va en declive, surge un nuevo Papa con un afán renovador.
León XIV hace una analogía entre la revolución industrial de principios del siglo XX y la revolución tecnológica y avances de la Inteligencia Artificial en auge y plantea defender la dignidad humana, la justicia y el trabajo.
La elección de León XIV resulta cuasi perfecta, en tiempos de ausencia de auténticos líderes mundiales de la talla de Juan Pablo II, Wiston Churchil, Martín Luther King o Mao Tse-Tung. La figura de Robert Prevost irrumpe en el mundo como una esperanza de diálogo, conciliación y paz, con una visión completa de América y del mundo del norte y del sur.
Es de resaltar que ya hay en el mundo un norteamericano más influyente y con mayor autoridad moral que el presidente Donald Trump.
Cuando Trump estaba pensando que el mundo giraba alrededor suyo y su afán protagonista lo hace tomar decisiones inéditas y escandalosas, poniendo aranceles y condiciones económicas a todos los países del orbe, proponiendo la paz en Ucrania y Gaza, y asumiendo el rol del nuevo “líder mundial”, llega al escenario mundial un religioso estadounidense llamado Robert que le arrebata la bandera de el “pacificador del mundo”.

En su primera homilía celebrada el pasado domingo 11 de mayo de 2025 en el Vaticano, pide de manera tajante a las potencias mundiales “Nunca más guerra” y una “paz duradera” en la guerra de Ucrania, un alto al fuego en Gaza y celebró el acuerdo alcanzado el sábado para poner fin a las hostilidades recientes entre India y Pakistán.
Con esta homilía el recién elegido nuevo Papa de la Iglesia Católica que aglutina a mil 400 millones de católicos en todo el mundo, irrumpe como un líder no sólo religioso sino social, moral y político.
Robert Prevost, de 69 años de edad, es el ocupante 267 del Trono de San Pedro y será conocido como León XIV.
Es el primer estadounidense en ocupar el cargo de Papa y se le considera también un cardenal latinoamericano debido a los muchos años que pasó como misionero en Perú, antes de convertirse en arzobispo.
Nacido en Chicago el 14 de septiembre de 1955, Prevost sirvió como monaguillo y fue ordenado sacerdote en 1982. Aunque se mudó a Perú tres años después, regresó regularmente a Estados Unidos para servir como párroco y prior en su ciudad natal.
Es sabido que la Iglesia Católica ejerce gran poder e influencia política en el mundo.

Al Papa Juan Pablo II se le reconoce haber influido e intervenido en la Guerra Fría que culminó con la caída del Muro de Berlín en 1989.
Aunque algunos críticos de la Iglesia Católica afirman que está anquilosada y pierde fuerza e influencia, parece que con la elección de los tres últimos Papas partiera de la consigna “renovarse o morir”.
Algunas posiciones de León XIV respecto a temas polémicos como la migración, apoyo a los pobres y los más vulnerables, por un planeta limpio, por la defensa de los trabajadores y por el uso equilibrado y justo de las nuevas tecnologías, lo proyectan como un auténtico líder mundial de las mejores causas de las mayorías.
El nuevo Pontífice presentó su visión del papado, identificando la Inteligencia Artificial como uno de los mayores desafíos para la humanidad, en su primera audiencia formal del sábado pasado.
Dejó claro que continuará con las reformas del Papa Francisco, enfocándose en hacer que la Iglesia sea más inclusiva y solidaria con los más necesitados.

“Elegí el nombre de León XIV. Hay diferentes razones, pero principalmente porque el Papa León XIII, en su histórica Encíclica Rerum Novarum, abordó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial.
“En nuestros días, la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances en el campo de la Inteligencia Artificial, que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo”, dijo el Sumo Pontífice.
También subrayó su compromiso con las reformas del Concilio Vaticano II y subrayó que la IA plantea retos significativos.
En su discurso citó la encíclica “Rerum Novarum” de León XIII, que abordó los derechos de los trabajadores durante la era de la revolución industrial, señalando que ahora la Iglesia debe responder a una nueva revolución impulsada por la Inteligencia Artificial.
El licenciado en matemáticas y doctor en derecho canónico, en una de sus recientes entrevistas, señaló: “Nací en Estados Unidos, pero mis abuelos eran todos inmigrantes, franceses, españoles”.
El reverendo Mark Francis, amigo de Prevost desde la década de los 70, declaró a Reuters que el cardenal tiene un especial compromiso con la justicia social.
Tenía 33 años cuando se mudó a Perú, años después se nacionalizó y ahora es recordado como una figura que trabajó con comunidades marginadas y que ayudó a tender puentes en la Iglesia local.
En 2014 fue nombrado obispo de Chiclayo, cargo en el que permaneció hasta su traslado al Vaticano en 2023, cuando el Papa Francisco lo llamó a Roma para asumir como prefecto del Dicasterio para los Obispos y presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, por lo que es muy conocido entre los cardenales de Latinoamérica.
Dado que el 80 por ciento de los cardenales que participó en el Cónclave fue nombrado por Francisco, no sorprende que alguien como Prevost fuera elegido Papa.
El portavoz del Vaticano, Matteo Bruni, afirmó que durante las reuniones del Colegio Cardenalicio en los días previos al Cónclave, se enfatizó la necesidad de un Papa con “un espíritu profético, capaz de liderar una Iglesia que no se encierre en sí misma, sino que sepa salir y llevar luz a un mundo marcado por la desesperación”.
La Iglesia tiene un nuevo Papa y el mundo un nuevo líder, “un personaje que ni mandado a hacer”. Una simbiosis entre un norteamericano sencillo con latinoamericano humilde, que apoya a los más necesitados.

El Obispo de Roma, León XIV, tiene una estrecha relación con Perú, país en el que ha pasado gran parte de su vida y del que es ciudadano desde 2015.
En 2014, después de muchos años yendo y viniendo entre su Chicago natal y tierras peruanas, el Papa Francisco lo nombró obispo de la Diócesis de Chiclayo, en el departamento septentrional de Lambayeque.
En su primer mensaje como Sumo Pontífice, el jueves pasado puso de manifiesto la importancia que le concede a su experiencia peruana.
“Un saludo a todos aquellos, en modo particular a mi querida Diócesis de Chiclayo, en Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo”, dijo en español, dirigiéndose a la multitud reunida en la Plaza de San Pedro del Vaticano.
La presidenta de Perú, Dina Boluarte, dijo: “Su elección llena de orgullo y esperanza a nuestra nación, que fue su casa, su misión y su fe”.
Los populistas podrían cuestionar la elección del Papa porque no lo eligió el pueblo (católico), conformado por mil 400 millones de personas; tan solo en México deberían de haber votado 80 millones de mexicanos.
Hay quienes aseguran que el sucesor del Papa Francisco fue un “dedazo” y que todo estaba planeado. También los populistas “demócratas” señalan que se trató de una elección elitista, haciendo una analogía a las elecciones del Supremo Poder Conservador del México del siglo XIX.
RETOS PARA UNA NUEVA ERA
La llegada de León XIV se produce en un momento crítico para la Iglesia. A los escándalos por abuso clerical y la disminución de vocaciones, se suman desafíos globales como los conflictos armados, el avance del populismo y la emergencia climática.
Analistas coinciden en que su elección representa una apuesta por la continuidad, pero con mayor estructura interna. Se espera que el nuevo Papa adopte un estilo más formal que el de su antecesor, sin perder la sensibilidad pastoral que lo caracteriza.
“Estamos en buenas manos”, opinó desde Filipinas el sacerdote Michael Angelo Dacalos, quien celebró la elección del nombre papal, evocando a León XIII, conocido por su compromiso con la justicia social.
Con una visión global y voluntad de diálogo, León XIV asume el liderazgo de una Iglesia que busca renovarse sin romper con su esencia.

Pero mientras son peras o manzanas, lo cierto es que quizá por un mecanismo divino, en el que según el Colegio Cardenalicio del Vaticano interviene el Espíritu Santo, esta vez la elección es muy oportuna y acertada.
“¡Habemos Papam!” y hay también una esperanza renovada de un mundo mejor. Que así sea.

***Académico y consultor.