¿Fue el egoísmo y codicia de EPN y su círculo más cercano los culpables de la actual situación del país?
JRBT
Hace casi 10 años, en un evento con especialistas del mundo financiero, el expresidente Enrique Peña Nieto lanzó el mantra que quizá lo persiga el resto de su vida: “Un presidente no creo que se levante, ni creo que se haya levantado pensando… cómo joder a México”.
Pocos años después, la sucesión presidencial del 2018 la ganó -sin ningún tipo de contratiempos por parte del gobierno federal- el morenista Andrés Manuel López Obrador.
Peña Nieto, en algún momento habrá estado consciente del futuro de este país en manos del que en su momento fue considerado “un peligro para México”, sus asesores económicos y políticos jamás le habrán informado de lo factible que era que este personaje aplicara cada uno de los puntos del Foro de Sao Paulo… o sus expertos en seguridad y espionaje jamás le habrán advertido de sus presuntos lazos con los cárteles del narcotráfico.
Dudo mucho que no lo hayan hecho y, a pesar de todo ello, fue recibido con las puertas abiertas en Palacio Nacional.
Muy diferente fue la sucesión del expresidente Vicente Fox Quesada.
Aun con el cisma dentro del PAN que significó la candidatura de Felipe Calderón Hinojosa, cerraron filas para evitar por cualquier medio que el candidato del PRD les ganara la elección, alertas ellos sí de la victoria que representaba para el país de este personaje.
VOLUNTAD DEMOCRÁTICA
La respuesta oficial a la victoria del candidato de la coalición de izquierda fue la “voluntad democrática” del gobierno del último presidente priísta.
Fueron los electores y sólo ellos los que decidieron en las urnas el resultado de las elecciones presidenciales del año 2018.
Nada tuvo que ver el gobierno federal en ese resultado y en realidad así lo creemos. No metieron jamás las manos para apoyar al candidato del oficialismo dejando su campaña a la deriva y sin alguna posibilidad de triunfo.
Incluso bloqueando la desesperada posibilidad de una candidatura conjunta con el candidato de Acción Nacional, algo que innegablemente hubiera complicado enormemente la posibilidad del triunfo del candidato de Morena.
Esta inacción programada o “democrática” ha causado fuertes sospechas del presunto contubernio del gobierno saliente con el candidato de la coalición de izquierda.

IMPUNIDAD
Mucho se ha hablado de la sospechosa ausencia de Enrique Peña en los encarnizados y salvajes embates del gobierno de la 4T en contra de cada uno de los expresidentes actuales. De la total ausencia de cualquier investigación en contra de él o alguno de sus más cercanos colaboradores como Luis Videgaray o Miguel Ángel Osorio Chong, quienes formaron en su gobierno lo que fue llamada la “Triada”.
La escandalosa, apacible y amorosa vida social del expresidente contrasta radicalmente con las de sus contrapartes expresidenciales que son mencionados un día sí y otro también cuando el tema de las Mañaneras se queda sin titulares de relevancia.
Y así llegamos a septiembre de 2026 con una inseguridad desbordada, a un paso de perder el grado de inversión, con investigaciones por narcotráfico y corrupción del gobierno de los Estados Unidos a varios miembros prominentes del pasado y actual sexenio, con la deuda más grande de la historia del gobierno mexicano, con un panorama negro en materia económica, terrorismo fiscal y extorsión del SAT y el IMSS a todas las empresas cautivas del país… y con esta Casa Editorial vendiendo el cabezal de IMPACTO (la decana y primera revista política de México) para poder sobrevivir.
Al final de cuentas da la apariencia que por “salvarse” él y su más cercano círculo, el expresidente Enrique Peña Nieto logró lo que tanto -según él- intentó evitar y literalmente JODIÓ a México.