Las dádivas gubernamentales -en que se convirtieron los programas asistencialistas- de Echeverría Álvarez y López Portillo contuvieron el descontento popular * El gobierno evade su responsabilidad y minimiza los eventos de sangre o la irritación social * Las autoridades mantienen el control de los ninis, los viejitos y no pocos clasemedieros como padrón electoral * Saben que para el 2027, el hartazgo ciudadano que hoy se vive -por la violencia política y las fallidas políticas públicas- estará en el olvido en dos años
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
Los mexicanos protagonizaron la primera revolución social del siglo XX con un saldo de un millón de muertos.
Los caudillos utilizaron el hartazgo del campesinado y de regiones fabriles para derrocar al gobierno. Sin embargo, los jefes políticos encarnizaron sucesivas asonadas para hacerse del poder y olvidaron las causas populares.
Sólo la institucionalización del país permitió reconocer la aportación de los sectores productivos al desarrollo nacional. Así surgió el ejido y una Ley Federal del Trabajo que palió las condiciones de los obreros. En la centuria pasada se crearon organismos públicos que fortalecieron las prerrogativas agrarias y laborales.
Sin embargo, la corrupción de sucesivos gobiernos del partido de Estado por casi ocho décadas provocó un resentimiento social que estalló con las movilizaciones como la ferrocarrilera, de electricistas, la magisterial, de médicos y finalmente la estudiantil en el otoño de 1968.
Todos fueron reprimidos, sin embargo, tal vez sólo este último pudo provocar un cambio y obligar al gobierno a estructurar una apertura democrática que sirvió de válvula de escape al hartazgo social.
El descontento ciudadano ejerció presión hasta que se logró la alternancia en la Presidencia. La derecha tampoco fue la solución y el voto de castigo le dio la oportunidad al PRI de regresar a Los Pinos.
La corrupción gubernamental enojó a la gente y creyeron en una propuesta mesiánica que ofrecía la reivindicación de los pobres y la erradicación de los deshonestos.
Pero los latrocinios se incrementaron y regresó el demagogo populismo setentero de Echeverría Álvarez y López Portillo, lo que no resolvió los grandes problemas nacionales y sí propició el florecimiento del crimen organizado en connivencia con las autoridades de todos los niveles.
Las dádivas gubernamentales en que se convirtieron los programas asistencialistas contuvieron el descontento social, aunque no la irritación popular por la estrategia para extinguir a la clase media, hoy cooptada en buena parte por esas “ayudas” que compran conciencias y anulan el espíritu aspiracional.
La manifestación del hartazgo social no lo ha podido capitalizar la oposición y su intento por resurgir con la “Xochitlmanía” sólo quedó en efímero fenómeno mediático que no conectó con el elector.
Con la pérdida de la gobernanza a manos de la delincuencia organizada, el incremento generalizado de la violencia, los indicios de que vivimos en un Estado casi fallido o en el mejor de los casos en un régimen autoritario, ¿cómo se manifiesta el hartazgo social?
Ante la ausencia de un gobierno que dé seguridad y paz a la población, ciertos sectores se han inclinado por la justicia de propia mano, y ello se ve con los cientos de linchamientos de delincuentes en diversas localidades del país o en colonia urbanas.
Ante eventos que dañan a las comunidades se pronuncian por la toma e incendio de los edificios públicos como palacios municipales o de gobierno, el cierre de calles hasta obtener la solución a un pliego petitorio, la toma de casetas y autopistas, la retención de autoridades, las marchas y bloqueos de avenidas, el secuestro de instalaciones e inclusive las protestas violentas de los ultras, que son quinta columnas para desacreditar las movilizaciones sociales.
La violencia política, signo distintivo de estos tiempos, ha socavado no sólo la gobernabilidad, sino la paz. Pero la indignación popular ¿sugiere un posible estallido social para reivindicar el retorno a la tranquilidad y al Estado de Derecho? No.
El gobierno evade su responsabilidad y minimiza los eventos de sangre o la irritación social. Mientras tanto el mexicano de la calle, empresarios y denostada clase media se abstiene de protestar.
Si bien es cierto que, como decía Salvador Allende, la revolución la hacen los obreros y los campesinos, la verdad es que somos un pueblo de agachones que es indiferente ante el desmoronamiento del país.
Las autoridades prefieren correr el riesgo de perder legitimidad por ineficaz que ejercer el poder.
Mantienen el control de los ninis, los viejitos y no pocos clasemedieros como padrón electoral. Saben que para el 2027, la indignación e irritación social que hoy se vive en el país por la violencia política y las fallidas políticas públicas se olvidará en dos años.
Habrá nuevas tragedias y más distractores que encubran las primeras. La indiferencia social es más fuerte que el hartazgo.
Luis Antonio Vidal recuerda que en 1999 Elie Wiesel, sobreviviente de los campos de concentración nazis, pronunció un discurso en la Casa Blanca sobre los peligros de la indiferencia, la cual puede ser muy tentadora, ya que resulta más fácil apartar la mirada de las víctimas.
La indiferencia es amiga del enemigo, beneficia al agresor; no responder al dolor ni aliviar la soledad de las víctimas y no ofrecerles una chispa de esperanza es exiliarlos de la memoria humana. La indiferencia no sólo es pecado, es también castigo.
Las marchas de cientos de miles de ciudadanos en las calles del país y la exigencia de revocación de mandato de gobernantes no preocupan a la 4T. La indiferencia en México es más grande que el hartazgo social.
Pluripartidismo a prueba con el Plan B o Z * Aunque el cáncer cervicouterino es una enfermedad prevenible, cobra miles de vidas cada año
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
Más allá de los planes de la A a la Z en materia electoral, de la intentona gubernamental por garantizar per secula seculorum un Congreso a modo -como las abyectas Cámaras de hoy- y de pretender el control de los comicios desde el Ejecutivo -así se hacía en Gobernación-, el sistema pluripartidista mexicano enfrenta un reto que puede definir el futuro de nuestra imperfecta democracia.
Sabido es que todos los institutos políticos han menoscabado la confianza ciudadana, que el electorado ya no cree en las incumplidas promesas de campaña y a pesar de todo asiste a la cita en las urnas, aunque cada vez en menor número.
El abstencionismo es el verdadero triunfador de los comicios, lo que favorece las apetencias del gobierno en turno para legitimar fraudes electorales.
La apatía social tiene su justificación. Los partidos políticos perdieron su esencia y función política. Abandonaron sus plataformas ideológicas y declaración de principios y aunque es acción básica de esas organizaciones buscar el poder, el verdadero partido lo hace para presentar un plan de gobierno que, como decía el alcalde madrileño Tierno Galván, resuelva los problemas ciudadanos. Pero ahora acceden al poder por el poder mismo.
Institutos políticos sin posiciones ideológicas se han convertido en agencias mercenarias, membresía de corruptos, mercachifles de la política, militancias sin escrúpulos y coaliciones convenencieras que (Groucho Marx dixit) tienen unos principios, pero si no gustan, tienen otros. Mientras tanto, el elector es rehén de esos remedos de representantes populares que, además de engañarlos con falsa promesas, los han convertido, mediante el clientelismo electoral, en una masa amorfa acostumbrada a las dádivas presupuestales, disfrazadas de programas sociales, y ahora sólo extienden la mano para recibir dinero y normalizar la pobreza como destino manifiesto.
A pesar de todo, el electorado les da una nueva oportunidad, no a través de reformas que sólo buscan concentrar el poder en torno de una presidencia omnipotente y sepultar la división de Poderes.
El problema no es el número de legisladores ni de pesos y centavos -la democracia no debe ser un sistema de vida barato-, sino rescatar la esencia de los partidos políticos. Nuestro sistema pluripartidista debe recobrar la geografía ideológica, abrirse a todas las voces y escuchar las demandas populares para resolver los grandes problemas nacionales.
Los partidos tienen que abandonar las prácticas chantajistas, acabar con las rémoras, el chapulineo militante, la abdicación de la verdadera representación popular.
El pluripartidismo demanda el fortalecimiento de las estructuras políticas para convertirse en gestores de la sociedad y actores del bien común.
Algo que daña al país y a la democracia es la pulverización opositora. Los nuevos partidos, algunos creados por el propio sistema, no favorecen a los ciudadanos y sólo propician el empoderamiento del partido hegemónico, antítesis de la democracia.
No pueden ser obtusos los institutos políticos; deben sacrificar sus intereses personales o de camarilla y pensar en ser verdaderos representantes populares, no siervos del poder ni ambiciosos del beneficio propio. No defrauden, nuevamente, al electorado.
TAMIZAJE Y PREVENCIÓN, EL DÚO PERFECTO CONTRA EL CÁNCER CERVICOUTERINO
Aunque el cáncer cervicouterino es una enfermedad prevenible, cobra miles de vidas cada año. En México se estiman más de 10,300 nuevos casos anuales y cerca del 95% está relacionado con infecciones persistentes por genotipos de alto riesgo de Virus del Papiloma Humano (VPH) en el cuello del útero, una infección muy común que puede permanecer durante años en el organismo sin provocar síntomas visibles.
Por su naturaleza silenciosa, el diagnóstico oportuno resulta fundamental. En sus primeras etapas la infección suele pasar inadvertida y sólo puede detectarse mediante pruebas de tamizaje, lo que vuelve clave fortalecer las estrategias de detección temprana.
Ante este panorama, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó en 2020 la Estrategia Global para la Eliminación del Cáncer Cervicouterino, basada en tres pilares: vacunación contra el VPH, detección mediante pruebas de alta precisión y tratamiento oportuno de lesiones precancerosas.
La iniciativa busca que al menos 70% de las mujeres entre 35 y 45 años acceda a pruebas de detección, con el fin de identificar infecciones por genotipos de alto riesgo de Virus del Papiloma Humano (VPH) y cambios celulares tempranos que puedan evolucionar hacia cáncer cervical.
“Por ese comportamiento silencioso, el tamizaje periódico es fundamental. Detectar infecciones por VPH de alto riesgo o lesiones precursoras permite intervenir antes de que la enfermedad avance”, explica la Dra. Ana Karen Soto Sañudo, oncopatóloga y coordinadora del Departamento de Patología del Hospital Regional del ISSSTE Manuel Cárdenas de la Vega, durante su intervención en la conferencia de prensa “Prevención y tamizaje: dueto perfecto contra el cáncer cervicouterino”, realizada en el marco del Día Mundial de la Prevención del Cáncer Cervicouterino que se conmemora el próximo 26 de marzo.
En este contexto, existen herramientas diagnósticas que fortalecen la capacidad de los sistemas de salud para detectar la enfermedad en etapas tempranas.
Una de ellas es la citología de base líquida, un método que preserva las células cervicales en un medio líquido antes de su análisis.
A diferencia del papanicolaou convencional, este enfoque mejora la calidad de la muestra y facilita la identificación de alteraciones celulares tempranas. Plataformas basadas en este principio, adicionan enriquecimiento celular, método que ha mostrado incrementar hasta en 64.4% la detección de lesiones precursoras de alto grado frente al papanicolaou convencional.
Además, la muestra preservada permite realizar pruebas moleculares para detectar el VPH. Ejemplo de ello son las pruebas moleculares para VPH de alto riesgo, que identifica el ADN viral y detecta 14 genotipos asociados con mayor riesgo oncogénico de manera individual, incluidos los genotipos 16 y 18, relacionados con aproximadamente el 70% de los casos de cáncer cervical en el mundo.
“Las herramientas diagnósticas actuales permiten identificar, no sólo la presencia del virus, sino también los genotipos asociados con mayor riesgo. Esto impulsa el mundo de la salud, al tiempo que ayuda a orientar mejor el seguimiento clínico y fortalecer los programas de detección oportuna”, señala el maestro en Bioética José Antonio Duarte, gerente de Asuntos Médicos de BD.
Los especialistas coinciden en que la combinación entre vacunación contra el VPH; programas de tamizaje sostenidos y tecnologías diagnósticas más precisas representan hoy una de las estrategias más efectivas para reducir la incidencia y mortalidad por cáncer cervicouterino.
Pese a todos los ataques y afrentas, el movimiento transformador se quedará con las ganas de acabarla * En la 4T, la presidencia imperial fija la narrativa de la función informativa como estrategia propagandística que justifica o encubre al mal gobierno y hace de la posverdad una política pública
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
En 1966, don José Pagés Llergo dijo una frase lapidaria y premonitoria a egresados de la carrera de periodismo de la Universidad Veracruzana: “Ha progresado tanto la ciencia que el vino ya no se hace con uvas, ni el chocolate con cacao ni los periódicos con periodistas”.
Aunque el periodismo se resiste a morir a manos de las redes sociales, cada día esta disciplina es amenazada por el abandono de la función informativa de los medios de comunicación, saturados ahora por la infodemia y la posverdad.
A pesar de ello, como sentenció Umberto Eco, “esto no matará a aquello”, analogía de la novela “Nuestra Señora de París”, de Víctor Hugo, que suponía que la imprenta sustituiría a la arquitectura medieval como forma de comunicación.
El semiólogo italiano enfatizó que el Internet no matará al libro, a la palabra escrita. Por eso el periodismo no desaparecerá, no sólo por su función social, sino porque forma opinión, lo que da sentido a la convivencia en sociedad y vigencia al pacto social.
Sin embargo, esa crisis se extiende a otras áreas como la comunicación social. Instrumento del ejercicio de gobierno que permite informar a la población del quehacer público y establece un puente de comunicación con los gobernados para conocer sus necesidades y difundir las políticas públicas que satisfacen esas peticiones.
La comunicación social es más que la creación de una positiva imagen institucional, es más que estrategias propagandísticas o publicitarias.
La verdadera comunicación social es una herramienta de buen gobierno que debiera posibilitar la cohesión del Estado mexicano. Todos los gobiernos posrevolucionarios entendieron la función social de la información.
Plutarco Elías Calles creó el Departamento de Boletines.
Lázaro Cárdenas elevó a rango de ministerio el Departamento Autónomo de Prensa y Propaganda, convertido después en Oficinas de Prensa, las cuales pasaron a Direcciones Generales de Información para transformarse en Direcciones Generales de Comunicación Social.
Reconoció la administración pública la importancia de los medios de comunicación como enlace de la autoridad con sus ciudadanos, círculo comunicativo que permitía conocer las peticiones del pueblo para traducirlas en políticas públicas expresadas en un plan de gobierno.
La comunicación social era un termómetro para medir el humor social y prevenir conflictos o crisis políticas. La retroalimentación de la comunicación era un catalizador del descontento social. Cumplía una función preventiva.
Pero, en los últimos sexenios, el modelo de gobierno unipersonal y vertical de la administración hace peligrar a la comunicación social.
En gobiernos autoritarios, donde un líder mesiánico, casi teocrático, asume todas las funciones -incluida la de informar a los gobernados-, peligra la comunicación social. Desaparece la figura del comunicador y el proceso de la comunicación, es decir, deja de existir la retroalimentación y sólo se informa lo que desde la cúspide quieran sepa la población. La falacia se convierte en regla y la posverdad en religión.
Si hoy la función informativa se hace sin periodistas, la comunicación social se realiza sin comunicadores.
Ese esquema funciona mientras la maquinaria propagandística mantenga obnubilada a la sociedad, pero eso no dura todo el tiempo. El letargo social no aguantará, como lo deseaban los nazis, un milenio. La comunicación de un solo hombre tiene otro efecto negativo: no prepara una clase política. Prefiera abyectos subalternos que acepten salarios magros. Eso conlleva otro riesgo: gente ignorante en la función pública y estructuras gubernamentales formadas por junta de notables o caterva de corruptos que solo piensan en su futuro.
La comunicación social no es ajena a esa improvisación. En la 4T, la presidencia imperial fija la narrativa de la función informativa como estrategia propagandística que justifica o encubre al mal gobierno y hace de la posverdad política pública.
Una encuesta a 160 periodistas sobre la preparación de las figuras públicas cuando se enfrentan con los medios reveló que el 60 por ciento considera que los voceros carecen de herramientas mínimas en las entrevistas con periodistas.
La “Primera Encuesta Nacional Diagnóstico de Voceros en México”, de Media Training Lab, indica que el 44 por ciento de los diaristas coincide en que los voceros llegan con un nivel de preparación “regular” y el 15 por ciento considera que enfrentan a los medios “mal”.
El estudio evidencia “una crisis a la hora de exponer los mensajes por parte de los líderes de opinión, lo que compromete su influencia, tanto a nivel individual como en el desempeño de sus organizaciones, ya sean públicas o privadas”.
Sobre la habilidad más débil de los voceros, un 62 por ciento señaló su incapacidad para explicar con claridad los mensajes clave, el 37 por ciento identificó falta de elementos para enfrentar una situación de crisis, el 12 por ciento apuntó un lenguaje corporal deficiente y un 7 por ciento atribuyó las fallas a no saber controlar sus nervios.
A pesar de todo, la 4T no matará a la comunicación social.
¿Riesgo o distractor? * ¿Qué tanto puede controlar el gobierno al crimen organizado a tres meses del mayor espectáculo deportivo creado por Jules Rimet? Por el bien del país, más vale que así lo tengan contemplado
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
En tres meses, México vivirá una borrachera futbolera por más de 30 días y podrá ver 104 partidos desde la comodidad del hogar, la oficina o la cantina, pero nadie puede vaticinar qué cruda nos espera.
Al gobierno le urge que transcurran rápidamente estos noventa días para que la opinión pública entre en modo futbol y se olvide de los grandes problemas nacionales.
Nadie cuestionará los yerros de la administración pública, no se reparará en la cotidiana corrupción oficial, los malos servicios públicos, los despidos, el cierre de empresas; supondrán que habrá seguridad y medicinas en los hospitales.
A quién le importará la inflación o la falta de dinero para comprar la canasta básica; se olvidarán del narcotráfico y no sabrán quiénes son los nuevos capos del crimen organizado.
Pero este tipo de eventos deportivos no está exento de producir fenómenos sociales que afectan a posteriori la historia de cualquier país. Por ello, hoy la autoridad debiera tener una estrategia operativa que no sólo garantice la seguridad pública y que los encuentros se desarrollen con tranquilidad, contar con servicios de inteligencia que le permitan prevenir cualquier contingencia que altere la paz o la seguridad nacional, además de velar por la inmunidad de jugadores, directivos, público, turistas y prestadores de servicios. En México no es nuevo el riesgo de ver amenazadas las justas deportivas.
En 1968, la primavera parisina afectó al mundo y a nuestro país. El movimiento estudiantil, que empezó con un pleito callejero entre bachilleres, pudo provocar un golpe de Estado y la cancelación de los Juegos Olímpicos a diez días de encenderse el pebetero en el estadio de Ciudad Universitaria.
Con la represión gubernamental, la nación se convulsionó, pero el Estado escuchó a los jóvenes para encausar el descontento social. En ese momento, la autoridad, apanicada por el comunismo, lo que menos deseaba era una rebelión socialista que derrocara al gobierno.
La historia demostró que no había tal insurrección marxista, pero las protestas estudiantiles lideraron las tensiones sociales.
Toda proporción guardada, la administración de la 4T enfrenta hoy una situación similar y no porque en el mundo despierte la Generación Z y abdiquen gobiernos o que el Internet haya visibilizado a los jóvenes en la primavera árabe. No, los adolescentes mexicanos lograrán el cambio, no en las calles, sino con novedosas formas de manifestarse. El riesgo de la inestabilidad que haga peligrar la Copa del Mundo es la violencia e ingobernabilidad que provocan los barones de la droga.
COPA DEL MUNDO REQUIERE CERTEZA JURÍDICA Y SEGURIDAD PARA LOS SOCIOS
El Mundial no sólo es deporte, es también una maquinaria de hacer negocios que requiere de certeza jurídica y seguridad para los socios, más que a los jugadores.
El presidente Gustavo Díaz Ordaz sopesó la posibilidad de cancelar la Olimpiada, pero optó por la represión, lo que dio estabilidad al país para la supervivencia del sistema político. ¿Qué tanto puede controlar el gobierno al crimen organizado a tres meses del mayor espectáculo deportivo creado por Jules Rimet? Por el bien del país, más vale que así lo tengan contemplado.
Hay preocupación por el clima de violencia que se vive. Las cancelaciones hoteleras -el eufemismo oficial dice que son liberaciones- deben llamar a la preocupación.
Por otra parte, el futbol da tranquilidad a los gobiernos y hasta lo usan políticamente. La guerra del futbol entre Honduras y El Salvador fue un gran pretexto para ocultar problemas agrarios y migratorios; las dictaduras militares sudamericanas no sólo usaron los estadios para detenciones masivas o masacre de ciudadanos, también utilizaron el deporte de las patadas para promoverse como hinchas y legitimarse.
Las mafias son capaces de cometer atrocidades en aras de la pasión y los dólares, como el asesinato del seleccionado Andrés Escobar -anotador de fatídico autogol-, a manos de un “aficionado”, ordenado por el Cártel de Medellín, luego de las pérdidas millonarias por la eliminación de Colombia en el Mundial de 1994.
Esperemos que el gobierno pueda contener la violencia que provoca el crimen organizado y que el Mundial sea ese distractor que contenga el humor social, sobre todo porque el mexicano está ávido de momentos alegres, aunque no pasemos al quinto juego.
APOSTILLA
Organizaciones de migrantes mexicanos en Estados Unidos advirtieron que la iniciativa de reforma electoral presentada ante el Congreso de la Unión no establece mecanismos claros que garanticen la representación política de los paisanos residentes en el exterior, pese a que públicamente se habló de la posibilidad de asignar hasta ocho curules para la diáspora, pero ahora eso ya está en duda; hay incertidumbre.
La Comisión de Asuntos Políticos del Consejo Binacional de Fuerza Migrante señala que el documento presentado a los legisladores no contempla una circunscripción migrante ni fija un número determinado de escaños para representantes de la comunidad mexicana en el extranjero. Veremos qué pasa. Por lo pronto fijaron postura: la figura de diputados migrantes es resultado de muchos años de lucha, no una concesión.