LA FERIA
Aires de triunfalismo nunca es aconsejable
Publicado
Hace 1 añoen
Por
Redacción
Los jefes de Estado deben conducirse con realismo y ética * El triunfalismo en política es como el alcohol y las drogas, que embriagan y hacen alucinar a sus consumidores y por eso aumenta las probabilidades de errores y resultados negativos, expresa en su artículo Nurys Paulino
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
El basurero de la historia.
La prima Guille (Guillermina) era simpática y bailaba como Ginger Rogers, pero era feíta (muy fea).
Tío Emilio, su papá la adoraba y en el primero de Prepa, compró todos los boletos para hacerla elegir reina del colegio y así fue.
Con vestido de gran cola, capa, cetro y corona de diamantina, presidió el desfile ante el enmudecido público.
Al terminar tiró capa, corona y cetro, y se fue gritándole a su papá: -¡No me vuelvas a hacer esto! -tenía razón.
GRAN EMBROLLO POR EL FENTANILO
La muy buena noticia del jueves 31 de julio fue que se prorrogó 90 días la pena de muerte a la economía nacional que se ejecutaría el día 1 de agosto (30% de arancel de castigo de Donald Trump a las exportaciones de México a Estados Unidos).

El patán de la Casa Blanca lo informó en redes sociales y dejó muy claro que “México seguirá pagando el arancel del fentanilo del 25%, un arancel del 25% a los automóviles y un arancel del 50% al acero, el aluminio y el cobre”… y no quita el dedo del renglón: Todo este embrollo es por el fentanilo.

La Presidenta Sheinbaum lo celebró: “El acuerdo alcanzado con Trump salva el T-MEC. Tenemos el mejor acuerdo posible (…)”. Y hay que reconocer que sí le salió bien la cosa. No hay que ser cicateros. Aunque eso del “mejor acuerdo posible”… mmm… otra vez al triunfalismo.
El triunfalismo ese optimismo exagerado, ese aire de superioridad, esa manifestación pomposa de éxito, nunca es aconsejable, menos en cosas de gobierno, ni cuando se trata de un real triunfo, de la feliz terminación de algún asunto, menos cuando es mentira lo pregonado. Aparte, es de mal gusto.
Triunfalismo es cuando la dama del bastón de palo nos dice “es claro y notorio que México avanza en el camino de la prosperidad compartida”; “la economía de México está fuerte, sólida”; “hay más bienestar”; “récord en inversión extranjera”; “el nivel más bajo de desempleo” o cuando al referirse a su propio partido, dijo: “(…) somos el movimiento social y político más fuerte de todo el mundo, de todo el planeta (…)”.

Sí, sí lo dijo, de Morena, el 22 de septiembre de 2024, en su Congreso en la Ciudad de México. Morena aspira a afiliar 10 millones de tenochcas simplex, muy bien, el Partido Bharatiya Janata de la India tenía el año pasado 202 millones de miembros declarados y el Partido Comunista Chino tiene más de 100 millones; y si le parece disparejo comparar con partidos de países tan inmensos, entonces, que se entere la dama del bastón de juguete que el Partido Demócrata de EU tiene más de 45 millones de afiliados registrados uno por uno y el Republicano de allá mismo, más de 36 millones.

El triunfalismo no raramente lleva a caer en el ridículo y a decir frases propias de los cómicos de la lengua.
En estos tiempos de ‘apoteosis de la propaganda’ (frase del gran Amando de Miguel), no pocos políticos y algunos jefes de Estado caen en la tentación boba de ser populares (y algunos gastan carretadas de dinero en encuestas de resultados peculiares, sí, lamenta este menda abollarle el candor, pasa). Nada más que eso lleva directo al triunfalismo que todo lo tapa.
Busque por su cuenta, de Nurys Paulino, su artículo ‘Maldición del triunfalismo político’, en el que dice unas cuantas verdades como puños: “(…) si bien es comprensible que los líderes políticos busquen resaltar sus logros y ganar apoyo popular, el ego exagerado puede tener consecuencias negativas para la sociedad (…), puede distorsionar la realidad y crea un relato sesgado (…), provoca que los líderes se enfoquen únicamente en los aspectos positivos de su gestión, dejando de lado o minimizando los problemas y desafíos que afronta la sociedad”.
Luego comenta que el triunfalismo en política es como el alcohol y las drogas, que embriagan y hacen alucinar a sus consumidores y por eso aumenta las probabilidades de errores y resultados negativos.
El triunfalismo fue típico de los totalitarismos del siglo pasado; curiosamente, las dictaduras no suelen ser triunfalistas. El triunfalismo es parte de la propaganda que presenta a los líderes como todopoderosos y a sus gobiernos como infalibles; por eso tienen a la mano una batería de culpables designados para achacarles lo que les sale mal y de plano no se puede ocultar.
El triunfalismo no tolera crítica ni acepta errores. Para el triunfalista la verdad es debilidad. No se trata de que los jefes de Estado propaguen el derrotismo entre su gente, no, ni que sean pesimistas, tampoco, mucho menos fatalistas. Nada de eso, pero sí que se conduzcan con realismo y ética.
En las sociedades bien articuladas, en las que el respeto a la ley es lo normal (hay de esas, créalo), con ciudadanía real, el político, el jefe de Estado puede y debe reconocer errores, sabedor de que la honestidad es la mejor receta ante el fallo y cuando hace falta, sin aspavientos, renuncia al cargo.
El triunfalista no acepta el error, lo niega, aunque sea evidente y cuando la cosa apremia, señala a alguno de sus culpables favoritos, todos del pasado.
Recuerde, Presidenta: los británicos, después de poco más de tres años de hilvanar derrotas ante el Ejército de Hitler, lograron un primer gran triunfo, Churchill lo informó al parlamento: “Tenemos una nueva experiencia. Tenemos una victoria, una victoria notable y definitiva”. Y el 10 de noviembre de 1942 soltó en un discurso protocolario:
“(…) El Ejército de Rommel ha sido derrotado. Ha sido aplastado. Ha sido prácticamente destruido como fuerza de combate (…) Ahora bien, este no es el final. Ni siquiera es el principio del final. Pero es, quizá, el final del principio”. Sin triunfalismo.
O sea que sin triunfalismo ni autoengaño: la prórroga de Trump, señora Sheinbaum, si usted se decide a actuar contra los cómplices del crimen organizado enquistados en su gobierno y partido, no sería ni el final del principio.

Recibió un país en ruinas, bañado en sangre, con territorio dominado por la delincuencia, instituciones exánimes y democracia bajo constante ataque de usted y los suyos. Nadie se lo va a decir, señora, esto va a acabar en el basurero de la historia.
Repito, sobre la prórroga Sheinbaum tiene aires triunfalistas. “México ganó”, dijo en su Mañanera del Pueblo del viernes 1 de agosto pasado.
“Por supuesto internacionalmente estamos viviendo una situación compleja porque el presidente de los Estados Unidos, electo por su pueblo, ha tomado la decisión de cambiar el esquema que habíamos vivido hasta el 20 de enero de 2025 en el mundo entero del comercio internacional”, dijo en su conferencia matutina al reconocer que es una situación delicada mantener la relación cordial y en buenos términos con el inquilino de la Casa Blanca.
LA FERIA
La raza sabe que el gobierno engaña… ¡sin derecho de audiencias!
Publicado
Hace 4 díasen
agosto 10, 2026Por
Redacción
Lo que dicen en la Mañanera del Pueblo es: ¿Información, opinión o desinformación? * Negando la realidad, nada se arregla: La Primera Presidenta rechaza que hayan encontrado refinerías clandestinas, según ella son “centros de procesamiento ilegal de combustible”… igual el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue eso, nada más se salió de la vías sin volcarse
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
¡Perfecto!
Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, le decía a tío Toño, el “TNT”, por Tonto, Necio y Terco.
Tan al pelo le quedó que, a sus espaldas, todos le decíamos así.
Le amputaron una pierna y decía que fue por una uña enterrada, cosa cierta, pero porque tenía diabetes y se le pudrió.
Siempre negó tener más azúcar en la sangre que un frasco de cajeta y no dejó el trago ni los postres porque -según él- estaba “sanísimo”. Murió así, sanísimo.
OCULTAR INFORMACIÓN
La semana pasada, el secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, nos hizo saber a los del peladaje, que (léase con la voz Manuel Bernal, el Declamador de América) “México ha retomado la senda del crecimiento”.
Lo dijo porque en el segundo trimestre de este año, el PIB creció el 1.5 por ciento.
Los especialistas se muestran escépticos, afirman que no es sostenible. Allá ellos, ojalá se equivoquen (pero no se equivocan).
Se entiende que los gobernantes procuren no salir a dar información, bañados en llanto, rosario en mano, pero tampoco se trata de que salgan a tomarnos el pelo.
Y mentir es maña destacada de estos cuatroteros redentores de la patria y la raza lo sabe, misteriosamente, sin datos macroeconómicos ni acceso a la información, sabe que el gobierno engaña.
El propósito único de doña Claudia Sheinbaum Pardo es mantener el circo andando o más bien, que no se le caiga a ella; lástima que recibió la casa en llamas… y lo niega.
“Vamos bien y vamos a ir mejor” -1 de septiembre del año pasado- y el 6 de julio de este año dijo: “Estamos muy optimistas de México, en todos sentidos” (así habla, no se aceptan reclamaciones… a ver quién es el macho que la corrige; debió decir “optimista por México”, pues la preposición ‘por’, indica motivo, la ñora tiene esperanza por el futuro, por el bienestar de la nación, mientras que la preposición ‘de’, indica posesión… ni al caso, disculpe usted).

El optimismo a veces es un desatino. Winston Churchill, al asumir el cargo de Primer Ministro del Reino Unido, en mayo de 1940, sabiendo que no estaban preparados ni de lejos para la guerra con la Alemania nazi, dijo ante el Parlamento:
“No tengo nada que ofrecer, salvo sangre, trabajo duro, lágrimas y sudor”.

(Disculpe otra digresión: no dijo “esfuerzo”, dijo: “I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat”; ‘toil’ es trabajo duro, extenuante, pero también significa batalla. Don Winston hablaba bien su idioma… no como otros, ¡qué envidia!).
Churchill no se unió al optimismo bobo de su predecesor, Neville Chamberlain, que le aseguró al Reino Unido que habría “paz para nuestro tiempo”, que no habría guerra por el acuerdo que firmó con Hitler en Múnich. Tonto.
Viene al pelo agregar que don Winston en el inicio de ese histórico discurso, lo primero que dijo fue que su gobierno, se concebía “sobre la base más amplia posible que incluya a todos los partidos, tanto a los que apoyaron al anterior gobierno como a los de la oposición”. Leyeran algo en Palacio.
No es posible resolver los grandes y muy graves asuntos nacionales, sembrando división, segregando a la oposición, acosando a todos los que no piensen como ellos, acotando a la prensa, ocultando información, negando la realidad.
Tampoco es posible fincar la solución de nada, celebrando con un optimismo voluntarioso algo tan feble, insignificante, como un raquítico crecimiento de la economía en un trimestre.
Otra vez este juntapalabras se acuerda de Churchill: después de años de coleccionar derrotas ante el ejército nazi, por fin, en noviembre de 1942, el ejército británico logró derrotar al gran general Rommel en el Alamein, obligando a las fuerzas alemanas a su definitiva retirada de África.
Y don Winston habló: “(se) ha obtenido una gloriosa y decisiva victoria en lo que yo considero que debería llamarse la Batalla de Egipto (…) Ahora bien, este no es el final. Ni siquiera es el principio del fin. Pero quizá sea el fin del principio”. (Cuánta razón tenía, faltaban tres años para la victoria, tres años de terribles batallas y mucho sufrimiento).
Sí, sin caer en el corrosivo optimismo que adormece la decisión de mantener el esfuerzo, menos cuando no hay lugar para el optimismo, optimismo que aún justificado no deja de ser la ilusoria inclinación a ver las cosas de la mejor manera. Y México hoy no se puede ver así, está peor que nunca en tiempos de paz.
No son ganas de amargarle el día a nadie. Es la verdad. El Banco Mundial informa que México registra su peor desempeño del siglo en los Indicadores Mundiales de Gobernanza (donde la mejor calificación es 100%): control de la corrupción (28.8% una drástica caída desde el 46.8% del registro histórico de México); Estado de derecho (37.1%); y retrocesos generalizados en la efectividad y estabilidad institucional del país.

Créalo: el Banco Mundial no trae entre ojos sólo a los cuatroteros, al contrario, evalúa a todo el mundo, en frío.
LA COSA ESTÁ QUE ARDE
No lo dude, la cosa está que arde. Comparemos cifras del sexenio de Peña Nieto y del Pejecutivo:
crecimiento promedio anual del PIB, con EPN: 2.4%; con AMLO, la tercera parte, el 0.81%.
PIB per cápita: EPN, +1.3%; con AMLO, -0.31% (primero los pobres, sí Chucha).
Inflación acumulada en el sexenio; EPN, 27.87%; con AMLO, 32.14% (4.27% más que con Peña).
Deuda pública: EPN, 10.8 billones de pesos; con AMLO creció el 61%, ahora debemos 17.4 billones de pesos (el que prometió muchas veces no endeudar al país, el que aseguraba que no hacían falta créditos, que con los 500 mil millones que se iba a ahorrar en corrupción, alcanzaba para todo, el que no contrató créditos para atender la pandemia, a la hora de las elecciones no se hartó de conseguir prestado).

Negando la realidad, nada se arregla. El viernes 31 de julio, doña Sheinbaum negó que hayan encontrado refinerías clandestinas, que según ella son “centros de procesamiento ilegal de combustible”… igual el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue eso, nada más se salió de la vías sin volcarse.
Si el Tío Sam se lleva a la mala a varios cuatroteros empezando por Rocha Moya, no serán secuestros sino… viajes imprevistos. ¡Perfecto!

Eso lo deciden los grupos de poder * La mafia del poder no siempre propone a los mejores, los más preparados y decentes, sino que se van con quienes les aseguren sus intereses y tengan posibilidades de atraer votos * El ciudadano normal, común y corriente está ávido de un gobierno que respete la ley y dé resultados
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Bache.
Nada más, téngame paciencia, no deje de leer ni se meta con la mami de este menda. Gracias.
Es un engaño la democracia, no existe ni puede existir.
EL CUENTO DEMOCRÁTICO VENDE BIEN
La democracia suele ser coartada de gobiernos esperpénticos como la “democracia popular” marxista-leninista de la desaparecida URSS; el “Estado democrático popular” de Stalin, o la República Popular Democrática de Corea, la del norte, la del gordinflón Kim Jong-un.
La democracia entendida como el ‘gobierno del pueblo’ es una tontada: el pueblo no puede ni debe gobernar, faltaba más, sólo recuerde las celebraciones del pueblo, ahora, en lo del evento futbolero, hasta muertos hubo.
Y por cierto: jamás dijo semejante barbaridad Abraham Lincoln, léase el discurso de Gettysburg -tres párrafos, 277 palabras- que pronunció el 19 de noviembre de 1863, ni una sola vez dice la palabra democracia y lo “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, lo dice del gobierno de su país, “bajo la protección de Dios”. Eso sí.
La democracia como un sistema electoral en el que la mayoría del pueblo decide quién ha de gobernar, también es una falacia porque aun si los comicios son limpios, igual la gente elige del menú que otros confeccionan, el pueblo no pone candidatos, los ponen los grupos de poder que no siempre proponen a los mejores, los más preparados y decentes, sino a quienes les aseguren sus intereses y tengan posibilidades de atraer votos (incluida Suiza, no se crea ese cuentazo de su “democracia directa”, allá también los partidos parten el queso… suizo, claro).
El cuento de la democracia vende bien porque suena bien que la mayoría decida, pero no es raro que la minoría se imponga y tuerce la decisión mayoritaria, piense en que la coalición de dos partiditos como el Verde y el del Trabajo (el chiste se cuenta solo) dan a Morena la mayoría legislativa con que mangonea el país a su antojo.
Hay otra manera tramposa de defender eso de la democracia, diciendo que la democracia es lo único que asegura a todos la igualdad de derechos y ante la ley. Mentira.
Eso depende de la calidad de quien tenga el mando, por eso ha habido buenos y hasta estupendos gobernantes que no fueron demócratas, sino monarcas, dictadores y autócratas que la historia y sus pueblos veneran.
EJEMPLOS DE MONARCAS, DICTADORES Y AUTÓCRATAS
Sin mencionar al tirano de Atenas Pisístrato -siglo VI a.C.-; ni a Cincinato, dictador de Roma -siglo V a.C.-, por el que se llama así Cincinnati en los EUA; hablaremos de esos lejanos tiempos a Marco Aurelio -siglo II d.C.-, emperador romano que gobernó 19 años, hasta su muerte, con poder absoluto, indiscutido, sin votaciones populares ni Parlamento (que no existía), pero sí con el Senado sujeto a su voluntad por el acatamiento que imponían su respeto a la costumbre, a la ley y su conducta personal, impecable.

Escribió su diario ‘Meditaciones’, considerado referencia suprema del gobierno perfecto (así). Sus ‘Meditaciones’ han sido leídas y estudiadas por no pocos jefes de Estado como el primer ministro de China -de 2003 a 2013-, Wen Jiabao, quien afirma (vive) haberlas leído más de cien veces. ‘Meditaciones’ es el clásico más editado. Y de democracia, ni una pizca, le daba risa.
Otro es Federico II el Grande, rey de Prusia 46 años, de 1740 a 1786, monarca absoluto, déspota ilustrado cuya voz era la única, que modernizó al gobierno y reformó las leyes y prohibió la tortura judicial; permitió la libertad de prensa muy en serio; implantó la enseñanza primaria obligatoria de ocho años, para niños y niñas; garantizó la tolerancia religiosa. Fomentó el comercio y la industria, impulsó la agricultura y evitó las hambrunas. Protegió las artes, reformó la Academia de Ciencias de Berlín. No de balde se le dice ‘el Grande’. Y democracia… ni en sopa de letras.

Puede usted pensar que son casos de otros tiempos, bueno, del siglo XX, también tenemos al inmenso, asombro del mundo, Mustafa Kemal Ataturk, fundador de Turquía, sin comicios su presidente-autócrata de 1923 hasta su muerte en 1938. Hizo completo al Estado turco moderno, el actual: abolió el sultanato y el califato (se dice fácil), otorgó derechos e igualdad jurídica a las mujeres; creó el sistema escolar laico, gratuito y unificado para alfabetizar al pueblo y fomentar la lectura.

A la fecha, 88 años después, es venerado en su país. No hay espacio para ni resumir la grandeza de su gobierno… nada democrático.
Si sigue usted pensando que son ejemplos aislados de otros tiempos, otras tierras y otros pueblos, se le recuerda que con CERO democracia México, el siglo pasado, tuvo unos 60 años de gobiernos que dieron resultados impensables en su momento, sí, ese priísmo imperial tan denostado, hizo que el mundo hablara del “milagro mexicano”; régimen que heredó al México actual el tratado de comercio que sostiene la economía del país. Sin democracia.

LOS CUATROTEROS NO DAN UNA
Por supuesto, este juntapalabras no propone que dejemos de usar la palabrita (democracia), ni que se implante en México una monarquía ni dictadura, cuantimenos la caricatura de autocracia en la que ya estamos.
Hay que apretar a estos gobernantes de chisguete que tanto yerran y tanto mal hacen, exigiéndoles democracia, porque eso, sea o no falacia, lo entiende el tenochca simplex promedio, como un gobierno que respeta la ley y da resultados.
Y ese es el asunto, estos cuatroteros no dan una no porque no sean democráticos sino porque hacen charamuscas con la ley para acomodarla a sus intereses. Y ante su realidad de pifias y chascos, corrupción e ineficacia, mienten, mienten, mienten en todo.
El gobierno moreno nació torcido, el Pejestorio tenía un solo objetivo: conservar el poder para que sus paniaguados lo suban a los altares como prócer de la patria, sin reparar en nada, incluido tolerar primero y pactar después, con la delincuencia organizada.

Del mal nunca se obtiene el bien y han hecho tanto mal que ya lo sabe el mundo y se apresta a actuar. Lo demás, de nosotros depende, en las urnas, y que estos dos presidentes cuatroteros, queden en nuestra historia como lo que son, un mal rato, un bache.
LA FERIA
¡Una diarrea explosiva! En EUA se definirá el futuro político de grandes personajes
Publicado
Hace 3 semanasen
julio 26, 2026Por
Redacción
La Primera Presidenta gobierna sola contra el mundo * Tiene que lidiar con enemigos, además de políticos leales a AMLO… y para acabarla de amolar está sin partido * Ojalá lo hiciera bien doña Claudia Sheinbaum, es el país el que paga los platos rotos
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Platos rotos.
Seguro usted ha visto alguna vez en algún circo o en la tele, eso de los ‘platos chinos’, cuando un malabarista mantiene vibrando una docena de varas fijas al suelo, con un plato que gira en la punta de cada una.
La idea, claro, es que no caiga ninguno y se rompa. Bueno, este menda ve así a la Presidenta. Y la cosa no promete, hábil no es.
A CUIDAR LOS VARIOS FRENTES
Primero que nada, recibió del Pejestorio un desastre de gobierno, una madeja de problemas mal atendidos o sin resolver, en una salsa de corrupción antes no vista en el país.
Además, el Pejeremías le incrustó en su gobierno y en el Poder Legislativo a sus enemigos políticos, los que compitieron contra ella por la candidatura, y en el partido y secretarías de la mayor relevancia a leales a él.
No olvidar que sustituyó a la pejista Luisa María Alcalde de la presidencia de Morena por Ariadna Montiel, ciento por ciento del Pejestorio y con el enorme poder que le da guardar el secreto de los programas sociales.
Así, la señora tiene que gobernar con enemigos, sin partido y con leales al otro no a ella, y no se atreve a lo único que debe hacer, una purga política y plantarle cara al de la hamaca en Palenque, el de Macuspana.
Luego están los varios frentes que debe cuidar al mismo tiempo la doñita de Palacio.
Por un lado, la relación con los EUA que está como agua para chocolate con su gobierno y que ella, amateur que es, creyó que podía capotear cediendo en todo (en todo), menos en perseguir y enchiquerar a los narco-políticos, que ella, usted, nosotros, vosotros, ellos, sabemos que están dentro de la estructura de su gobierno y en la de no tan pocos estados.
Y la feliz poseedora del bastón de burla, que le cedió el Pejehová, parece muy convencida de que así se puede llevar el resto de su sexenio, capoteando ese toro yanqui tan toreado, con un pañuelito desechable (el de la sacra soberanía y el no injerencismo). La va a cornear (nótese el cuidado en el lenguaje).
Por otro lado, está el muégano de grupos que conforman ese mazacote de intereses que es Morena, rodeando a doña Sheinbaum, grupos no coincidentes en nada distinto a conseguir poder y medrar con él.
En primer lugar los más peligrosos, los “puros”, unos marxistas a rabiar, otros socialistas radicales, que desafían y enfrentan a la Presidenta, como Héctor Díaz Polanco, los Batres, Jesús Ramírez Cuevas, Paco Taibo, la Brugada, Godoy, la tribu de Pablo Gómez y varios más.

Por ideología, doña Sheinbaum comulga con estos, pero se lo guarda, no está el horno para bollos con el Tío Sam.
Estos “puros” son de armas tomar: hicieron su propio acordeón, distinto al de Palacio para la elección de ministros de la Suprema Corte y acomodaron a cuatro de los nueve (Hugo Aguilar, Lenia -de Lenin- Batres, Loretta Ortiz y María Estela Ríos).
Obviamente los “puros” en el discurso, todos son leales a muerte a doña Claudia, pero ‘quasi in occulto’, a la chita callando, operan para cerrar el paso a los de ella y a ella misma.
Ya olieron el dulce aroma del poder presidencial, lo sienten casi en sus manos, es cosa de seguir envenenando al que vive en Palenque, sembrándole dudas sobre la fidelidad de doña Sheinbaum para colocar cuantos candidatos afines puedan en la próxima elección de 17 gobernadores y 500 diputados federales, en 2027, para ser definitorios de “la grande”, la candidatura presidencial en 2030. Nada fácil la tiene la doñita de Palacio.

En segundo lugar está el grupo de conversos, los personajes que pepenó el Pejeremías de otros partidos, muchos expriístas, que no son de Morena aunque ahí militen, ni de doña Sheinbaum, aunque le declaren su amor rendido: el clan de los Monreal, los Murat, los Yunes, sin olvidar a Alejandro Armenta Mier, gobernador en Puebla, priísta 32 años, desde 1985, morenista desde 2017. Hay más, lo que no hay es espacio.

En tercer lugar, los morenistas sinceros, convencidos, de buena fe, todos adoradores de ese motor intelectual, adalid de la decencia, el santo, santo, santo Peje. Esos no pintan ni nadie los toma en cuenta. Ni modo, son broza. Ahí para la otra.
En cuarto lugar, los gobernadores de Morena, en 24 de los 32 estados, todos orgánicamente leales al que le deben todo, el Pejestorio, no por buenecitos, que no son, sino por convenencieros: “usted es la Presidenta y usted manda, pero si se pone trompuda, no se le olvide, tenemos padrino” (‘Godfather’, don Vito Obrador, se entiende).

Doña Sheinbaum haría bien en dedicarle algo de su tiempo a grupos de mucho poder que parece que están adormecidos, pero esos, le saben muy bien a esto y no mueven un dedo a lo tarugo, como el Grupo Atlacomulco, el Grupo Texcoco, el Grupo del PAN en la CDMX y los del Grupo Tabasco, que prueban su fuerza sólo por no dispersarse, a pesar de escándalos inmensos como el de La Barredora.
Y que se ande con cuidado con los de ultraderecha (que sí hay y andan muy atareados sumando apoyos, como el Yunque, créalo, todavía existe).
También es de suponer que la doñita sabe que tiene que andarse con mucho tiento con personajes que forman el grupo problema: a la cabeza, con foquitos alrededor de su nombre como anuncio de cine: Rubén Rocha Moya, del que no hay necesidad de decir nada. Luego, Adán Augusto López (fundador de Morena, antes del PRD y del PRI, “hermano de López Obrador), que está que bufa contra la doñita de Palacio (y es mal enemigo).

Los gobernadores, Alfonso Durazo de Sonora, Marina del Pilar Ávila de Baja California, Américo Villareal de Tamaulipas, que andan en la cuerda floja porque los EUA los tiene en la mira, aparte de la gobernadora de Colima, Indira Vizcaíno, que no ocupa titulares de prensa, pero anda con muchos problemas raros.
No, no la tiene fácil doña Sheinbaum Pardo y encima su falta de oficio político que tanto se le nota con el añadido de que sus decisiones políticas quedarán bajo el escrutinio del Tío Sam; allá en los EUA se definirá el futuro político de muchos y de Morena, y eso sí va a ser diarrea explosiva.
Ojalá lo hiciera bien doña Claudia Sheinbaum, es el país el que paga los platos rotos.
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