La creciente ola delictiva a nivel nacional la genera el crimen organizado * Si el gobierno de la 4T quiere imponer su proyecto político y mantenerse en el poder, debe recuperar el ejercicio de la gobernabilidad, demostrar que se vive en un pleno Estado de Derecho y que las políticas públicas no pretenden crear una presidencia imperial
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
La pérdida de buena parte de la gobernabilidad se debe a la creciente violencia política que generan el crimen organizado y algunas reyertas entre grupos de poder no muy bien esclarecidas por la propia autoridad.
En todos los casos se trata de agresiones para amenazar, intimidar, frenar carreras políticas, incidir en procesos electorales, cobrar venganza por no aceptar pactos ilícitos o incumplirlos, imponer candidatos o suplantar a legales autoridades para ejercer el poder público e incluso crear tributaciones paralelas, como el cobro de derecho de piso u otorgar permisos para abrir negocios.
También realizan labor social, auxilian a damnificados después de desastres naturales, dan regalos en el Día de las Madres, el Día del Niño o en Reyes, además de distribuir despensas u organizar eventos musicales.
El Estado constitucional ha claudicado en su función primigenia de dar seguridad a los gobernados y garantizar el respeto a la vida y al patrimonio de los ciudadanos.
La pérdida de la gobernabilidad empoderó a los grupos criminales y permitió el deterioro del Estado de Derecho, por lo que dejó la gobernanza en grupos de poder fáctico que hacen las funciones de la autoridad como otorgar seguridad a comunidades enteras.
El crimen organizado no sólo se circunscribe al narcotráfico, se extiende a la trata de personas -por explotación sexual, laboral o migrante-, el tráfico de armas y el lavado de dinero.
En Chiapas y Oaxaca se da la violencia política mediante el desplazamiento forzado de comunidades enteras por disputas de tenencia de la tierra, razones étnicas o religiosas, así como la mafia de los polleros que comercian con migrantes. También se da el asesinato o desaparición de líderes sociales.
Ante los desplazamientos o masacres, prevalece la impunidad y la inacción de autoridades.
La violencia política ha acompañado el desarrollo histórico del país: Golpes de Estado y asonadas militares en el siglo XIX, la Revolución Mexicana y su millón de muertos, los sucesivos magnicidios posrrevolucionarios, los homicidios políticos como los del general Serrano, el general Saturnino Cedillo o los muertos del henriquismo.
También ejerció violencia política el propio gobierno al reprimir, en aras de mantener la estabilidad social, los movimientos magisteriales, médico, ferrocarrilero, electricista y los de estudiantes de 1968 y 1971.
Ahora son la delincuencia organizada y las facciones políticas en busca del poder los que ejercen el otrora monopolio estatal del uso de la fuerza.
Asimismo, mediante esa violencia, los criminales se han apoderado de los procesos electorales y ellos deciden quién debe gobernar.
Lo mismo financian campañas políticas en todos los niveles que imponen candidatos, eliminan contrincantes, secuestran aspirantes, amenazan a funcionarios electorales, inhiben el voto, alientan el abstencionismo y destruyen casillas.
La pérdida de la gobernanza provoca un sentimiento de abatimiento ciudadano, se asume que la violencia se impone al pacto social y que el Estado ya no es garante del respeto a la vida y a la propiedad.
Se normaliza la connivencia de las autoridades con la delincuencia organizada, se reconoce socialmente la corrupción y que es inherente a los servidores públicos.
Si el gobierno de la 4T quiere imponer su proyecto político y mantenerse en el poder, debe recuperar el ejercicio de la gobernabilidad, demostrar que se vive en un pleno Estado de Derecho y que las políticas públicas no pretenden crear una presidencia imperial, que no los mueve la figura omnímoda, omnipotente y omnipresente de un jefe de Estado autárquico.
Ello requiere de abandonar la narrativa basada en las falacias que apelan al principio de autoridad, desechar el discurso de odio y buscar la unidad nacional, no la polarización ni el divisionismo social.
Hoy el gobierno enfrenta no sólo el reto de rivalizar o asociarse con el crimen organizado en todas sus acepciones, sino el reclamo de la Generación Z que, si bien sólo se visibilizó con una marcha, la satisfacción de sus demandas de empleo, educación, justicia, seguridad, combate a la corrupción y mayor participación política se logrará desde sus propias formas de expresión, como las redes sociales.
No buscarán protagonizar una primavera árabe ni los fallidos movimientos estudiantes del otoño de 1968 o el verano de 1971, pero si las autoridades desoyen el llamado al cambio de los jóvenes, Nepal o Marruecos estará a la vuelta de la esquina.
Por supervivencia, el Estado debe recuperar la gobernabilidad.
El episodio Venezuela va más allá de una invasión * El nuevo intervencionismo y la política interior * Desoyeron los llamados del lobo republicano
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
El cierre de 2025 no pronosticaba un mejor Año Nuevo. A los malos números de la economía mexicana se sumaba el amago de la política intervencionista del populista derechista Donald Trump, quien insiste en combatir personalmente al crimen organizado en la región, hacer efectivo Make Great Again América e imponer el principio yanqui de América para los americanos, entendido como el predominio de los estadounidenses sobre toda región.
Dicen que el que avisa no traiciona y fueron innumerables las advertencias del republicano de que fortalecería su seguridad nacional y mejoraría la salud pública de su gobernados mediante el combate a los narcoterroristas más allá de sus fronteras.
Como en la fábula del lobo, los gobiernos latinoamericanos -incluido México- desoyeron los llamados a acabar con la connivencia oficial con los barones de la droga, realmente combatirlos y frenar la migración ilegal, ya que la Casa Blanca considera que muchos de los indocumentados son criminales.
Los gobernantes pensaron que las bravuconadas del populista de derecha eran llamaradas de petate, pero nunca pensaron que, así como el proyecto populista izquierdista buscaba avanzar en la región para acabar con el neoliberalismo, Trump tenía una obsesión más grande: Regresar a la hegemonía imperialista del Tío Sam.
Resurge una geopolítica muy parecida a la Guerra Fría, después de la Segunda Guerra Mundial, pero con actores más allá del bloque de capitalistas y comunistas.
Hoy los participantes son: La Unión Europea, también amenazada por los sueños extensionistas del invasor americano; Rusia y su ambición expansionista y usurpadora de recursos; China, el gigante asiático; Japón y las Coreas; la expansión árabe y el Medio Oriente.
Es de resaltar que África y Latinoamérica tienen dictaduras y falsos mesías de cualquier ideología.
De regreso a México, la 4T iniciaba una segunda administración muy accidentada.
La presión del tlatoani hizo pensar en un nuevo maximato y, aunque muy popular, la inquilina de Palacio Nacional no cuenta con el carisma de su antecesor ni sus dotes de político, por lo que enfrenta pugnas partidistas internas, crisis económica y social, además de una evidente pérdida de la gobernabilidad en varias zonas del país.
Al arribo del neoyorquino al despacho oval, la Primera Mandataria dejó de marcar agenda y sus estrategias políticas fueron reactivas.
Sin visión prospectiva, la administración de la Cuarta Transformación se dedicó a apagar incendios, justificarse ante el predominio del crimen organizado y tuvo que aceptar las indicaciones de los norteamericanos sobre el manejo del control del narcotráfico, las capturas, los decomisos y las extradiciones, así como mantener selladas las fronteras para evitar el cruce de ilegales.
La tensión está latente porque los aranceles, el T-MEC, el ingreso de nuevas inversiones gringas condicionadas pende como espada de Damocles sobre el gobierno mexicano.
El episodio Venezuela va más allá de una invasión, la violación a una soberanía, la aprehensión de un dictador populista y fanfarrón, el apoderamiento del petróleo y el diferimiento a mediano plazo de la democracia es un mensaje a México, Cuba y otras naciones latinoamericanas.
Ya no serán los subsidiados golpes militares como en Chile y Argentina, serán operaciones de precisión para derrocar gobiernos sin el desgaste de una prolongada guerra armada. Tal vez no vengan por políticos de la 4T, pero sí sobre capos que no pudieron ubicar los cuerpos de seguridad locales y desmantelarán las estructuras de corrupción oficial.
Desoídos los llamados del multimillonario, preocupados por atender sus reclamos, el gobierno ha descuidado la política interior.
La consultoría Integralia marca riesgos importantes que deben evitarse para sobrevivir, más allá de los mandatos del Tío Sam: Será nocivo la concentración de poder por la reforma electoral, peligra la renegociación del T-MEC por la incertidumbre jurídica, es mala señal la retracción de la inversión extranjera en energía, telecomunicaciones e infraestructura.
Otro riesgo que quita el sueño al gobierno mexicano es que está latente la intervención norteamericana; que se incrementan las protestas sociales -Generación Z-; no debe continuar la mala relación gobierno-empresarios.
Hay otros puntos cruciales: Traerá un enorme desgaste la politización del Poder Judicial y la amenaza de sentencias cercanas al pueblo que afectan a empresas.
Otros tópicos importantes es frenar la pérdida de la gobernabilidad; acabar con la incertidumbre empresarial por las reformas que vienen, además de que Petróleos Mexicanos (Pemex) continúa como un lastre riesgoso para el país.
Así como desoyeron los llamados del lobo republicano, esperemos que no cierren los ojos a lo que sucede en el Estado islámico de Irán, donde a pesar de un gobierno totalitario y represor, la sociedad está dispuesta a desafiar la imagen de su líder teocrático.
México vive una profunda crisis estructural que puede provocar un estallido social no previsto por el gobierno * El problema no es ya de humor social, sino de hartazgo ciudadano * La irrupción de la Generación Z es un primer llamado a evitar la autocracia del poder
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
Más allá del distópico filme “Cuando el destino nos alcance”, donde la oligarquía en un régimen totalitario fabrica galletas a base de cuerpos humanos para alimentar a la población, México vive una profunda crisis estructural que puede provocar un estallido social no previsto por el gobierno. Desoyó el despertar de la Generación Z y sus inconformidades, así como el descontento de la población por la violencia y corrupción que generan el crimen organizado y el latrocinio de los políticos de la 4T.
Cebados en las supuestas bondades del proyecto político del obradorato, en el método mesiánico para administrar la pobreza y el deseo de perpetuarse en el poder mediante el clientelismo electoral de los programas asistencialistas, las autoridades han descuidado la implementación de verdaderas políticas públicas que generen crecimiento, desarrollo y bienestar.
El no tan lejano destino apocalíptico lo niegan en este sexenio, pero con más de un año en el timón de la nación, México sufre el estancamiento de la economía y las expectativas de recuperación son escasas.
Y es que no se vislumbra el control de la inflación, hay poca inversión por falta de certeza jurídica y mayores costos para las empresas.
Pemex tiene una deuda de cien mil millones de pesos -convertida en deuda pública-, y adeudos a proveedores por 500 mil millones de pesos; la CFE mantiene incertidumbre en las reglas de inversión, hay freno a la participación privada y no cuenta con proyectos para ampliar la infraestructura. La deuda pública se incrementó en 53.6 por ciento del PIB.
Con cifras engañosas, venden la idea de que somos el segundo país con menos desempleo, cuando la realidad es que esa numeralia incluye el desempleo informal -que soporta el sesenta por ciento de la economía nacional, sin pagar impuestos y sin salarios justos ni prestaciones-, por el contrario, se incrementó el desempleo y el año pasado se registró la mayor pérdida de fuentes de trabajo en la historia, luego del cierre de 24 mil 367 negocios formales.
El empresario farmacéutico Xavier González Zirión hizo un descarnado, pero realista pronóstico para este año: Vaticinó un crecimiento de entre 0.5 y 1 por ciento, una inflación del 4.2 por ciento, mayor recaudación, pero que no alcanza para cubrir el déficit púbico, salario mínimo que acaba con la competitividad empresarial y estarán en riesgo 500 mil empleos. El endeudamiento interno será de 1.8 billones de pesos.
A pesar de ello, tuvo confianza en que, con la confluencia de esfuerzos de todos los sectores sociales, se logre el cambio, porque no hay sociedad que aguante tanto.
El problema no es ya de humor social, sino de hartazgo ciudadano. La irrupción de la Generación Z es un primer llamado a evitar la autocracia del poder, que recuerden las recientes manifestaciones en Irán, la mayor expresión de descontento desde las revueltas de 2022; son protestas por crisis económica y rechazo político al Estado islámico, la proclama fue “muerte al dictador”.
El tigre anda suelto, ¿el destino nos alcanzará?
APOSTILLA
El gobierno de la ciudad estableció una nueva política de recolección de basura con la finalidad de ordenar los desechos, frenar el efecto invernadero y contribuir a disminuir el calentamiento global.
Sin embargo, esta estrategia puede fracasar si no se cuenta con un programa integral que propicie una cultura ciudadana de limpieza urbana.
La recolección debe ser consecuencia de la toma de conciencia de no ensuciar nuestro espacio vital.
Alguien dijo, la ciudad más limpia no es la que tiene más camiones recolectores ni más barrenderos, sino la que tira menos basura. Ese es el quid del asunto.
Mientras el gobierno no aliente la cultura ciudadana de no ensuciar calles, banquetas, parques y espacios públicos, de nada servirá ordenar la recolección.
Por otra parte, ¿se cuenta con la infraestructura para esa recolección, se tienen los camiones con los contenedores para cada tipo de desperdicio, se ha capacitado a los trabajadores de limpia para que ya no avienten indistintamente al mismo depósito la basura, ya metieron en cintura al líder de los barrenderos para que cumpla con sus obligaciones y no grille para ser líder de los burócratas?
De no cumplir con esas premisas, veremos la negativa de llevarse la basura, pero cada vez habrá más tiraderos en calles y lotes baldíos.
Necesitamos un gobierno comprometido que vea más allá de su permanencia en el poder * Por el bien de todos, urge una verdadera gobernanza, seguridad nacional, un sistema de salud de calidad y una educación de primera
OCTAVIO CAMPOS ORTIZ
Nadie desea que le vaya mal al gobierno; si funcionan la gobernabilidad y las políticas públicas, nos irá bien a los mexicanos sin distingo de clases, credos o ideologías. Estamos asidos a la esperanza de tener un país próspero, con oportunidades, crecimiento, armonía, tranquilidad y paz social.
Para lograr eso, se requiere de la unidad nacional, de abandonar el discurso de odio, la polarización y el maniqueísmo para interpretar la historia.
En el supuesto de que el proyecto político de la 4T coincida con los verdaderos intereses nacionales y que la administración pública busque el bienestar social y el desarrollo material e intelectual de los gobernados, el reto para el año entrante es enorme.
Las autoridades deberán reorientar las acciones de gobierno para que, con base en un efectivo plan sexenal, se redefina el papel del Estado y refundar el pacto social a fin de cumplir con la función primigenia de preservar la vida y el patrimonio de los mexicanos.
Lo anterior conlleva una visión de estadista que permita, con renovados valores sociales y morales, lograr la unidad nacional para contar con un gobierno fuerte que conduzca los destinos de la República y estructure acciones que definan la política de seguridad nacional y la defensa de la soberanía. Hay que recuperar la cohesión de la política interior y retomar el liderazgo de la política exterior. Esos objetivos permitirán la verdadera gobernanza.
CRECIMIENTO ECONÓMICO CON DESARROLLO
Otro desafío para quienes ejercen el poder político es conseguir crecimiento económico con desarrollo.
Las erróneas decisiones en materia de comercio internacional, la inexperiencia en la administración pública, la obsesión por desterrar todo lo hecho en el pasado, la satanización de los emprendedores nacionales y extranjeros, la necedad de regresar al estatismo populista de los setentas y la ausencia de un proyecto económico viable provocan el estancamiento, cuando no el decrecimiento, una inflación poco controlada, la ausencia de inversiones, desempleo, incertidumbre jurídica y desconfianza empresarial.
Tras siete años de crecimiento cero, lo importante es que los administradores de la 4T tengan una estrategia que revierta el hecho de que más del 60 por ciento de la economía nacional dependa del comercio informal y de las remesas, las cuales son una vergüenza para cualquier gobierno, ya que no son ingresos a las arcas fiscales y sólo atienden parte del consumo interno.
Hay que alentar el empleo formal y bien remunerado -el salario no debe incrementarse por decreto-, para ello es prioritario atraer la inversión nacional y extranjera, lo que requiere de certeza jurídica.
Fue un error desaprovechar el nearshoring. No se requiere de incondicionales empresarios que defienden intereses personales, sino emprendedores que arriesguen capitales y tengan visión a futuro.
Hoy más que nunca dependemos del T-MEC y de otros acuerdos comerciales. Olvidemos el espejismo de las remesas, ya que no generan riqueza, sino apoyo a las familias de migrantes.
Se debe combatir la pobreza, pero no con las dádivas de los programas asistencialistas, sino con empleo formal y regresar al espíritu aspiracional que fortalezca a la clase media.
ACABADO EL SISTEMA DE SALUD
Otro gran reto es sanear el colapsado sistema de salud, para lo cual se requiere del apoyo de la industria farmacéutica nacional, cumplir con los adeudos y dejar de estigmatizarla para garantizar el abasto de medicamentos.
Debe acabar la corrupción en el sector y alentar la construcción, mantenimiento y funcionalidad de clínicas, laboratorios y hospitales.
Hay que contratar personal para satisfacer la demanda de derechohabientes y crear un nuevo organismo de salubridad que atiende óptimamente a los 35 millones de mexicanos que se quedaron sin servicios de salud por la torpe decisión de desaparecer el Seguro Popular.
Nunca tendremos un sistema como el de Dinamarca, pero los mexicanos merecen un servicio digno y eficiente de salud.
URGE EDUCACIÓN DE CALIDAD
La educación es otra asignatura pendiente. Los niños y jóvenes tienen derecho a la educación de calidad.
Hay que erradicar el modelo educativo ideologizante que impuso la 4T, garantizar el ingreso de los alumnos a todos los niveles educativos, no sólo en las escuelas públicas, sino también en planteles privados.
Hay que privilegiar la inteligencia y la competitividad de los estudiantes. La excelencia académica sólo se logra con conocimientos científicos para preparar profesionistas competitivos en un mundo globalizado.
Regalar calificaciones y fomentar la mediocridad con becas sin exigir resultados es condenar a la juventud a ser mano de obra barata.
Esos son algunos retos que esperan al México de mañana. Necesitamos un gobierno comprometido que vea más allá de su permanencia en el poder.
APOSTILLA
La renuncia de Juan Carlos Hank Krauss al PVEM en Baja California generó gran especulación y muchos lo ven como un posible candidato de Movimiento Ciudadano (MC) para la gubernatura del estado en 2027.
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