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LA FERIA

Los países no son viables sin gobernabilidad

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México se nos está yendo de las manos * La Primera Presidenta recibió un país sumido en una abrumadora ruina de la seguridad pública, con bandas del crimen organizado que retan al Estado y no ceden el control en las amplias regiones en que son quienes gobiernan

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Hilos y babas.

Tía Maruca era de las de Autlán y era vivísima; su marido, tío Juancho, era un señor de rancho, de esos tiempos venturosamente ya lejanos, en los que la palabra del macho era primera y última… y tío Juancho era muy macho.

Tuvieron catorce hijos (tiempos ya lejanos), educados a decir siempre “sí papá”, pero la que mandaba era su mamá.

Cómo hacía la tía no lo contaba, pero tío Juancho ni chistaba al oírlos decir “sí papá” y verlos hacer lo que ella dijera. No es tan raro.

 

EL PAÍS SE VA DE LAS MANOS

Sin andar con exigencias, el tenochca simplex puede preguntarse a qué horas se van a ver resultados -buenos-, del gobierno de doña Sheinbaum, que tiene el poder desde hace un año, un mes y más de una semana, sin contar el sexenio de su antecesor del que se supone es su continuidad, su “segundo piso” (¡ay!, cuánto ingenio).

Lo oficial es que su gobierno es un desfile de éxitos y aciertos (“vamos bien y vamos a ir mejor”), pero la evidencia de pifias, metidas de pata, declaraciones trompicadas, yerros, junto con malos indicadores en todos los rubros y sectores, hace pensar que, una de dos, o mienten sin recato o no mienten sino que no se dan cuenta de la realidad. Y la realidad es que el país se les está yendo de las manos.

Gobernar es palabra que viene de la marinería, gobernar es conducir -pilotar- un barco; en política se usa para señalar que se rige, se conduce una comunidad o país.

Un gobernante deja de serlo si no garantiza la gobernabilidad, entendida como la capacidad de ejercer legítimamente el poder de manera eficaz.

Cuando se dice que a un gobernante se le va el país de las manos es que no da garantía de gobernabilidad. Suena fuerte, pero no son posibles los países, no son viables, sin gobernabilidad.

Para no manipular, veamos resumidamente que dicen sobre esto instituciones que no son enemigas de la cuatroté, del Pejehová ni su sucesora, como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Brookings Institution, fundada hace 109 años:

Hay gobernabilidad cuando hay Estado de Derecho, cumplimiento de la ley por parte de la autoridad que la respeta y la hace respetar; cuando el poder público no se ejerce en beneficio de funcionarios ni particulares; cuando el gobierno rinde cuentas (‘accountability’); cuando hay ausencia de violencia política y social; y cuando los servicios públicos son de calidad.

Por el otro lado, no hay gobernabilidad cuando el gobierno no asegura la aplicación de la ley; cuando no impide la corrupción de funcionarios y estructuras del gobierno; cuando no mantiene el monopolio de la violencia legítima y no garantiza la seguridad pública; cuando prolifera el crimen organizado; cuando el sistema judicial es ineficaz.

Dicen más, pero falta espacio y ya con esto cualquiera no va a buscar su rosario: en todo andamos mal.

Con brevedad y contundencia, Ricardo Cisneros Hernández (no anda uno pirateando ideas) dice que la gobernabilidad es el conjunto de elementos legales y materiales que hacen funcionar un país en beneficio general: La falta de gobernabilidad propicia el desorden de sectores sociales y regiones, que caen en la ingobernabilidad, propiciando incivilidad y barbarie (no es cita, pero lo dice).

Ahora usted contéstese si el anterior arrimado en Palacio, el Pejecutivo, tuvo gobernabilidad. Loco se quiso volver al llegar a donde ya no tenía esperanza de llegar.

Se montó en su macho para imponer decisiones arbitrarias trampeando la ley; se acomodó con los grandes capitales nacionales para dejarlos ganar más dinero que nunca en sus vidas, a cambio de que no le menearan las aguas financiando opositores o medios de comunicación (Salinas Pliego se le salió del huacal porque no le cumplió sus acuerdos, por cierto, inconfesados); por miedo a las Fuerzas Armadas, las bañó en dinero y les otorgó facultades del orden civil del todo contrarias a lo que la Constitución manda; impidió que su movimiento, Morena, se hiciera partido político real, por su desconfianza enfermiza, tan propia de tramposos; toleró la más increíble corrupción en su gobierno; y asumió una actitud permisiva ante el crimen organizado, cediendo el control de regiones completas del país.

El gobierno del Señor de Badiraguato no fue gobierno, fue una apariencia de gobierno, un ejercicio engañoso del servicio público, que a fuerza de un discurso muy ensayado a lo largo de muchos años de oposicionismo, supo aparentar valores democráticos, dañando la justicia y el Estado de Derecho por la dicha inicua de imponer su voluntad en todo y a todos.

No hay otro que haya hecho tanto mal al país y mire que hemos tenido algunos de pena ajena, pero como éste, ninguno (Huerta no cuenta, fue ilegítimo e ilegal, no es lo mismo).

Ahora está en Palacio doña Sheinbaum. Por el bien del país (y de ella), ojalá asuma la realidad, su realidad: Recibió un país polarizado en el que los acuerdos políticos son casi imposibles; recibió un gobierno carcomido por una corrupción estructural nunca antes vista; recibió una alta burocracia ineficaz que socava la legitimidad de su gobierno y la confianza de la ciudadanía en las instituciones; recibió un país cundido de protestas y confrontación social; recibió la economía al borde de una crisis que no se ha conjurado ni mucho menos; no recibió el control político del Congreso, de su partido ni su gabinete.

Sobre todo, su amado antecesor le entregó un país sumido en una abrumadora ruina de la seguridad pública, con bandas del crimen organizado que retan al Estado, y no ceden el control en las amplias regiones en que son quienes gobiernan.

Presidenta: En más de un año no logra imponer la paz en la ciudad de Sinaloa, porque sus subordinados aparentan cumplir sus órdenes, los que mandan son otros.

La apuesta de la señora de Palacio, la única apuesta, es conservar el poder, ganar las elecciones intermedias y las del 2030; dispone de cantidades inimaginables de dinero para eso, a menos, claro, que se imponga la realidad y termine en un derrumbe general que no es imposible, con todo sostenido con hilos y babas.

 

LA FERIA

La iniciativa que viene: Imponer la eutanasia en todo el país

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La “Ley Trasciende” ya está en el Senado de la República * Ahora el gobierno pondrá límite al fin de la vida. Y empezará a haber “muertes dignas”, mediante cohecho a médicos no tan dignos, o viejitas con alzhéimer que no se van a enterar que urgía cobrar la herencia

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Vamos bien.

Hay frases que suenan bien y son disparates, como ‘todo tiene límites’ (o sea, esa afirmación tiene límites); ‘todo exceso es malo’… ¿de veras?… ¿el exceso de salud, también?; y la que sorprendentemente no está de moda y debiera estarlo: ‘muerte digna’.

Para empezar, decir ‘muerte digna’ es no saber usar nuestro bello idioma. No hay digestión digna, defecación digna ni presión arterial digna; es del todo incorrecto atribuir a cosas de la biología (como la muerte), la adjetivación del sustantivo ‘dignidad’. La dignidad es de la persona, eso sí. Y, por cierto, tampoco hay ‘derecho’ a la vida ni ‘derecho’ a la muerte, ambas cosas son hechos biológicos. Punto. Ya va siendo hora de dejar de inventar derechos.

 

EUTANASIA SUENA FEO Y SUICIDIO PEOR

De regreso a la ‘muerte digna’: se está promoviendo muy en serio, imponer la eutanasia en todo el país.

La iniciativa ya está en la Cámara de Senadores, la llaman “Ley Trasciende”, porque eutanasia suena feo y suicidio peor.

El proyecto de ley para legalizar matar -con el consentimiento pleno e informado del que morirá- habla de la ordalía de los casos ciertos y terribles de enfermedades sin cura que llevan a la muerte segura con sufrimientos indecibles, el ‘homicidio por piedad’ (aún ilegal).

Pero también propone la eutanasia en casos de enfermedades mentales crónico degenerativas, como la demencia o el alzhéimer (¿y el consentimiento pleno?), y también legaliza matar en casos de “declive avanzado e irreversible” (¡áchis!, después de los 65, ¡a hacer gimnasia y a jugar ajedrez!, no vaya a ser).

Y todo dejando de lado dos cosas de la mayor importancia: NO hay obligación legal (ni moral) de prolongar la agonía, de mantener vivo y sufriendo al enfermo que puede renunciar al tratamiento que -lejos de curarlo- lo mantiene en su viacrucis, “que la naturaleza siga su curso”, decían las abuelas y los curas, que algo sabían.

La segunda: en México la Ley General de Salud dispone que los enfermos terminales reciban atención paliativa integral, con opioides para mitigar el sufrimiento, y con previo consentimiento del enfermo si eso le acortara la vida. Es ley vigente.

Un legislador de Morena, cuyo nombre no manchará el teclado de este López, ha dicho que están ante la oportunidad histórica de garantizar el cumplimiento de todos los derechos humanos. Hay quien piensa con lo que se usa para sentarse.

Este menda no acudirá a la religión para oponerse a semejante ley; eso es asunto de cada quien y sus personalísimas convicciones. Tampoco incurrirá en decir que “la vida es sagrada”, porque hay vidas que no lo son (habría película y tal vez monumento, del que hubiera asesinado a Hitler… vida sagrada).

Mucho menos se permitirá el desatino de expresar la más mínima opinión sobre los que estando en sus cabales, plenamente conscientes de sus actos, se suicidan… drama terrible que lo menos que merece es la cortesía del silencio (y una oración si se es creyente).

 

EL GOBIERNO NO DEBE INTERVENIR EN LA VIDA HUMANA

Este su textoservidor va por otro lado: hay cosas en las que el Estado (entendido como gobierno) no debe intervenir y no tiene derecho a hacerlo. La vida humana especialmente.

Sin darse cuenta, la gente acepta sin chistar que el gobierno le ponga límite a la vida humana en su inicio, y cree que sólo es legal abortar a las doce semanas. No es cierto. El aborto por violación es legal en cualquier momento del embarazo, sin importar los meses de gestación, y no hace falta denuncia de la violación, basta la palabra de la señora. Es resolución de la Suprema Corte.

Ahora con la ley de “muerte digna”, el gobierno pondrá límite al fin de la vida. Y empezará a haber “muertes dignas”, mediante cohecho a médicos no tan dignos, o viejitas con alzhéimer que no se van a enterar que urgía cobrar la herencia.

Pensará usted que se pasa de mal pensado el tecladista. Fíjese que no. En los Países Bajos (Holanda, pues), en 1990, la autoridad decidió averiguar qué pasaba con las eutanasias; en 1991 se presentó el Informe Remmelink: encontraron un promedio anual de mil “eutanasias involuntarias” y el 31% de los médicos intensivistas aceptó haber “acelerado” el fallecimiento sin solicitud del paciente.

Los promotores mexicanos de la “muerte digna” ignoran que están muy cerca del concepto alemán de fines el siglo XIX, de la “vida que merece vivirse” (‘Lebensurwertes Leben’), impulsado por gente que creía en el derecho a aniquilar la vida (indigna de ser vivida). Y de ahí quedaron a un paso de la eugenesia, la higiene racial.

Luego la Alemania nazi aprobó en 1935 la ‘Ley para la prevención de la descendencia genéticamente enferma’, que legalizó el aborto, la esterilización forzosa de los que padecían enfermedades hereditarias y la eutanasia, claro.

Al fin de la Segunda Guerra Mundial, en los juicios de Nuremberg, juzgaron y condenaron a muerte a algunos médicos alemanes por haber hecho semejantes barbaridades. Su defensa alegó un hecho indiscutible: exactamente lo mismo se hacía en los Estados Unidos de América y desde mucho antes. Cierto.

En los EUA desde 1907, primero en Indiana, luego en otros 30 estados, se legalizó la esterilización forzada de discapacitados intelectuales, enfermos mentales y criminales. Castraron a unas 60 mil o 70 mil personas. El asunto llegó a su Suprema Corte en 1927: lo declaró legal; nunca se ha revocado formalmente esta resolución (aunque está muy mal visto… pero es legal). Y la eutanasia es ilegal en 50 estados de ese país, pero en doce es legal el “suicidio asistido”.

 

QUE SIGA LA MATA DANDO

Los cuatroteros harán lo que les venga en gana, tienen sobrada mayoría. Pondrán cota a la vida humana en su final, ya lo hicieron en su principio. Que siga la mata dando en este país en el que el 94% de los homicidios quedan impunes. Qué tanto es tantito, qué importa un viejo más o menos, total, también se matan bebés de hasta nueve meses de embarazo porque la señora dijo que fue violada, sin testigos ni trámites que la revictimizaran. Vamos bien.

En esta demencia legislativa, política y social, ya hay penas de hasta 12 años de cárcel por matar… a un perrito. ¿Ve?, vamos bien.

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LA FERIA

La raza sabe que el gobierno engaña… ¡sin derecho de audiencias!

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Lo que dicen en la Mañanera del Pueblo es: ¿Información, opinión o desinformación? * Negando la realidad, nada se arregla: La Primera Presidenta rechaza que hayan encontrado refinerías clandestinas, según ella son “centros de procesamiento ilegal de combustible”… igual el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue eso, nada más se salió de la vías sin volcarse

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

¡Perfecto!

Pepe, el más impresentable primo que tenerse pueda, le decía a tío Toño, el “TNT”, por Tonto, Necio y Terco.

Tan al pelo le quedó que, a sus espaldas, todos le decíamos así.

Le amputaron una pierna y decía que fue por una uña enterrada, cosa cierta, pero porque tenía diabetes y se le pudrió.

Siempre negó tener más azúcar en la sangre que un frasco de cajeta y no dejó el trago ni los postres porque -según él- estaba “sanísimo”. Murió así, sanísimo.

 

OCULTAR INFORMACIÓN

La semana pasada, el secretario de Hacienda, Edgar Amador Zamora, nos hizo saber a los del peladaje, que (léase con la voz Manuel Bernal, el Declamador de América) “México ha retomado la senda del crecimiento”.

Lo dijo porque en el segundo trimestre de este año, el PIB creció el 1.5 por ciento.

Los especialistas se muestran escépticos, afirman que no es sostenible. Allá ellos, ojalá se equivoquen (pero no se equivocan).

Se entiende que los gobernantes procuren no salir a dar información, bañados en llanto, rosario en mano, pero tampoco se trata de que salgan a tomarnos el pelo.

Y mentir es maña destacada de estos cuatroteros redentores de la patria y la raza lo sabe, misteriosamente, sin datos macroeconómicos ni acceso a la información, sabe que el gobierno engaña.

El propósito único de doña Claudia Sheinbaum Pardo es mantener el circo andando o más bien, que no se le caiga a ella; lástima que recibió la casa en llamas… y lo niega.

“Vamos bien y vamos a ir mejor” -1 de septiembre del año pasado- y el 6 de julio de este año dijo: “Estamos muy optimistas de México, en todos sentidos” (así habla, no se aceptan reclamaciones…  a ver quién es el macho que la corrige; debió decir “optimista por México”, pues la preposición ‘por’, indica motivo, la ñora tiene esperanza por el futuro, por el bienestar de la nación, mientras que la preposición ‘de’, indica posesión… ni al caso, disculpe usted).

El optimismo a veces es un desatino. Winston Churchill, al asumir el cargo de Primer Ministro del Reino Unido, en mayo de 1940, sabiendo que no estaban preparados ni de lejos para la guerra con la Alemania nazi, dijo ante el Parlamento:

“No tengo nada que ofrecer, salvo sangre, trabajo duro, lágrimas y sudor”.

(Disculpe otra digresión: no dijo “esfuerzo”, dijo: “I have nothing to offer but blood, toil, tears and sweat”; ‘toil’ es trabajo duro, extenuante, pero también significa batalla. Don Winston hablaba bien su idioma… no como otros, ¡qué envidia!).

Churchill no se unió al optimismo bobo de su predecesor, Neville Chamberlain, que le aseguró al Reino Unido que habría “paz para nuestro tiempo”, que no habría guerra por el acuerdo que firmó con Hitler en Múnich. Tonto.

Viene al pelo agregar que don Winston en el inicio de ese histórico discurso, lo primero que dijo fue que su gobierno, se concebía “sobre la base más amplia posible que incluya a todos los partidos, tanto a los que apoyaron al anterior gobierno como a los de la oposición”. Leyeran algo en Palacio.

No es posible resolver los grandes y muy graves asuntos nacionales, sembrando división, segregando a la oposición, acosando a todos los que no piensen como ellos, acotando a la prensa, ocultando información, negando la realidad.

Tampoco es posible fincar la solución de nada, celebrando con un optimismo voluntarioso algo tan feble, insignificante, como un raquítico crecimiento de la economía en un trimestre.

Otra vez este juntapalabras se acuerda de Churchill: después de años de coleccionar derrotas ante el ejército nazi, por fin, en noviembre de 1942, el ejército británico logró derrotar al gran general Rommel en el Alamein, obligando a las fuerzas alemanas a su definitiva retirada de África.

Y don Winston habló: “(se) ha obtenido una gloriosa y decisiva victoria en lo que yo considero que debería llamarse la Batalla de Egipto (…) Ahora bien, este no es el final. Ni siquiera es el principio del fin. Pero quizá sea el fin del principio”. (Cuánta razón tenía, faltaban tres años para la victoria, tres años de terribles batallas y mucho sufrimiento).

Sí, sin caer en el corrosivo optimismo que adormece la decisión de mantener el esfuerzo, menos cuando no hay lugar para el optimismo, optimismo que aún justificado no deja de ser la ilusoria inclinación a ver las cosas de la mejor manera. Y México hoy no se puede ver así, está peor que nunca en tiempos de paz.

No son ganas de amargarle el día a nadie. Es la verdad. El Banco Mundial informa que México registra su peor desempeño del siglo en los Indicadores Mundiales de Gobernanza (donde la mejor calificación es 100%): control de la corrupción (28.8% una drástica caída desde el 46.8% del registro histórico de México); Estado de derecho (37.1%); y retrocesos generalizados en la efectividad y estabilidad institucional del país.

Créalo: el Banco Mundial no trae entre ojos sólo a los cuatroteros, al contrario, evalúa a todo el mundo, en frío.

 

LA COSA ESTÁ QUE ARDE

No lo dude, la cosa está que arde. Comparemos cifras del sexenio de Peña Nieto y del Pejecutivo:

crecimiento promedio anual del PIB, con EPN: 2.4%; con AMLO, la tercera parte, el 0.81%.

PIB per cápita: EPN, +1.3%; con AMLO, -0.31% (primero los pobres, sí Chucha).

Inflación acumulada en el sexenio; EPN, 27.87%; con AMLO, 32.14% (4.27% más que con Peña).

Deuda pública: EPN, 10.8 billones de pesos; con AMLO creció el 61%, ahora debemos 17.4 billones de pesos (el que prometió muchas veces no endeudar al país, el que aseguraba que no hacían falta créditos, que con los 500 mil millones que se iba a ahorrar en corrupción, alcanzaba para todo, el que no contrató créditos para atender la pandemia, a la hora de las elecciones no se hartó de conseguir prestado).

Negando la realidad, nada se arregla. El viernes 31 de julio, doña Sheinbaum negó que hayan encontrado refinerías clandestinas, que según ella son “centros de procesamiento ilegal de combustible”… igual el descarrilamiento del Tren Interoceánico no fue eso, nada más se salió de la vías sin volcarse.

Si el Tío Sam se lleva a la mala a varios cuatroteros empezando por Rocha Moya, no serán secuestros sino… viajes imprevistos. ¡Perfecto!

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LA FERIA

El pueblo no pone candidatos

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Eso lo deciden los grupos de poder * La mafia del poder no siempre propone a los mejores, los más preparados y decentes, sino que se van con quienes les aseguren sus intereses y tengan posibilidades de atraer votos * El ciudadano normal, común y corriente está ávido de un gobierno que respete la ley y dé resultados

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Bache.

Nada más, téngame paciencia, no deje de leer ni se meta con la mami de este menda. Gracias.

Es un engaño la democracia, no existe ni puede existir.

 

EL CUENTO DEMOCRÁTICO VENDE BIEN

La democracia suele ser coartada de gobiernos esperpénticos como la “democracia popular” marxista-leninista de la desaparecida URSS; el “Estado democrático popular” de Stalin, o la República Popular Democrática de Corea, la del norte, la del gordinflón Kim Jong-un.

La democracia entendida como el ‘gobierno del pueblo’ es una tontada: el pueblo no puede ni debe gobernar, faltaba más, sólo recuerde las celebraciones del pueblo, ahora, en lo del evento futbolero, hasta muertos hubo.

Y por cierto: jamás dijo semejante barbaridad Abraham Lincoln, léase el discurso de Gettysburg -tres párrafos, 277 palabras- que pronunció el 19 de noviembre de 1863, ni una sola vez dice la palabra democracia y lo “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, lo dice del gobierno de su país, “bajo la protección de Dios”. Eso sí.

La democracia como un sistema electoral en el que la mayoría del pueblo decide quién ha de gobernar, también es una falacia porque aun si los comicios son limpios, igual la gente elige del menú que otros confeccionan, el pueblo no pone candidatos, los ponen los grupos de poder que no siempre proponen a los mejores, los más preparados y decentes, sino a quienes les aseguren sus intereses y tengan posibilidades de atraer votos (incluida Suiza, no se crea ese cuentazo de su “democracia directa”, allá también los partidos parten el queso… suizo, claro).

El cuento de la democracia vende bien porque suena bien que la mayoría decida, pero no es raro que la minoría se imponga y tuerce la decisión mayoritaria, piense en que la coalición de dos partiditos como el Verde y el del Trabajo (el chiste se cuenta solo) dan a Morena la mayoría legislativa con que mangonea el país a su antojo.

Hay otra manera tramposa de defender eso de la democracia, diciendo que la democracia es lo único que asegura a todos la igualdad de derechos y ante la ley. Mentira.

Eso depende de la calidad de quien tenga el mando, por eso ha habido buenos y hasta estupendos gobernantes que no fueron demócratas, sino monarcas, dictadores y autócratas que la historia y sus pueblos veneran.

 

EJEMPLOS DE MONARCAS, DICTADORES Y AUTÓCRATAS

Sin mencionar al tirano de Atenas Pisístrato -siglo VI a.C.-; ni a Cincinato, dictador de Roma -siglo V a.C.-, por el que se llama así Cincinnati en los EUA; hablaremos de esos lejanos tiempos a Marco Aurelio -siglo II d.C.-, emperador romano que gobernó 19 años, hasta su muerte, con poder absoluto, indiscutido, sin votaciones populares ni Parlamento (que no existía), pero sí con el Senado sujeto a su voluntad por el acatamiento que imponían su respeto a la costumbre, a la ley y su conducta personal, impecable.

Escribió su diario ‘Meditaciones’, considerado referencia suprema del gobierno perfecto (así). Sus ‘Meditaciones’ han sido leídas y estudiadas por no pocos jefes de Estado como el primer ministro de China -de 2003 a 2013-, Wen Jiabao, quien afirma (vive) haberlas leído más de cien veces. ‘Meditaciones’ es el clásico más editado. Y de democracia, ni una pizca, le daba risa.

Otro es Federico II el Grande, rey de Prusia 46 años, de 1740 a 1786, monarca absoluto, déspota ilustrado cuya voz era la única, que modernizó al gobierno y reformó las leyes y prohibió la tortura judicial; permitió la libertad de prensa muy en serio; implantó la enseñanza primaria obligatoria de ocho años, para niños y niñas; garantizó la tolerancia religiosa. Fomentó el comercio y la industria, impulsó la agricultura y evitó las hambrunas. Protegió las artes, reformó la Academia de Ciencias de Berlín. No de balde se le dice ‘el Grande’. Y democracia… ni en sopa de letras.

Puede usted pensar que son casos de otros tiempos, bueno, del siglo XX, también tenemos al inmenso, asombro del mundo, Mustafa Kemal Ataturk, fundador de Turquía, sin comicios su presidente-autócrata de 1923 hasta su muerte en 1938. Hizo completo al Estado turco moderno, el actual: abolió el sultanato y el califato (se dice fácil), otorgó derechos e igualdad jurídica a las mujeres; creó el sistema escolar laico, gratuito y unificado para alfabetizar al pueblo y fomentar la lectura.

A la fecha, 88 años después, es venerado en su país. No hay espacio para ni resumir la grandeza de su gobierno… nada democrático.

Si sigue usted pensando que son ejemplos aislados de otros tiempos, otras tierras y otros pueblos, se le recuerda que con CERO democracia México, el siglo pasado, tuvo unos 60 años de gobiernos que dieron resultados impensables en su momento, sí, ese priísmo imperial tan denostado, hizo que el mundo hablara del “milagro mexicano”; régimen que heredó al México actual el tratado de comercio que sostiene la economía del país. Sin democracia.

 

LOS CUATROTEROS NO DAN UNA

Por supuesto, este juntapalabras no propone que dejemos de usar la palabrita (democracia), ni que se implante en México una monarquía ni dictadura, cuantimenos la caricatura de autocracia en la que ya estamos.

Hay que apretar a estos gobernantes de chisguete que tanto yerran y tanto mal hacen, exigiéndoles democracia, porque eso, sea o no falacia, lo entiende el tenochca simplex promedio, como un gobierno que respeta la ley y da resultados.

Y ese es el asunto, estos cuatroteros no dan una no porque no sean democráticos sino porque hacen charamuscas con la ley para acomodarla a sus intereses. Y ante su realidad de pifias y chascos, corrupción e ineficacia, mienten, mienten, mienten en todo.

El gobierno moreno nació torcido, el Pejestorio tenía un solo objetivo: conservar el poder para que sus paniaguados lo suban a los altares como prócer de la patria, sin reparar en nada, incluido tolerar primero y pactar después, con la delincuencia organizada.

Del mal nunca se obtiene el bien y han hecho tanto mal que ya lo sabe el mundo y se apresta a actuar. Lo demás, de nosotros depende, en las urnas, y que estos dos presidentes cuatroteros, queden en nuestra historia como lo que son, un mal rato, un bache.

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