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MANO NEGRA

El Estado no puede ser jugador, árbitro y tribunal de los contenidos periodísticos

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¿Vigilarán también a las Mañaneras del Pueblo? * ¿Y si, bajo el pretexto de proteger a las audiencias, terminamos necesitando proteger a la sociedad del poder que pretende protegerlas? * “La libertad de prensa es la piedra angular de todas las libertades”: James Madison

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

¿Y si no? ¿Y si finalmente no se aprueban los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias que impulsa el gobierno de Claudia Sheinbaum?

Y la pregunta obligada es la otra: ¿Y si sí?

Porque, en política, tan importante como saber qué puede ocurrir, es preguntarse qué consecuencias tendrá cada escenario.

Veamos.

La consulta pública abierta para recibir opiniones sobre el proyecto concluyó el próximo 21 de agosto. Y, a estas alturas, una parte importante del debate ya no está solamente en el contenido de los lineamientos, sino en la desconfianza que ha generado el procedimiento y, sobre todo, en el temor de que bajo la bandera de la protección de las audiencias termine abriéndose una puerta para una mayor intervención del poder público sobre los contenidos de los medios.

En el medio periodístico, académico y político se han multiplicado las voces críticas.

Y no es un asunto menor.

Porque cuando el Estado comienza a establecer reglas sobre la manera en que deben presentarse las noticias, las opiniones, los contenidos y las posibles rectificaciones, la discusión deja de ser exclusivamente administrativa.

Se convierte en una discusión constitucional.

La libertad de expresión, el derecho a la información y la libertad de prensa no son concesiones del gobierno en turno. Son derechos protegidos por la Constitución y por los tratados internacionales que México comparte.

Por eso la pregunta de fondo no debería ser únicamente qué derechos tienen las audiencias.

También habría que preguntar: ¿Quién vigilará a quienes pretendan vigilar a los medios?

 

CONSULTA Y DESCONFIANZA

De acuerdo con las cifras publicadas por la autoridad reguladora en la plataforma habilitada para la consulta, diversos ciudadanos, organizaciones y concesionarios han presentado opiniones y observaciones al proyecto.

En un corte al 17 de agosto, la página señala que se han expresado 5,898 “comentarios de la ciudadanía”, y 5,652 “participantes únicos”

Y buena parte de las posiciones conocidas hasta ahora han expresado preocupación por los alcances de la propuesta.

El gobierno, por supuesto, sostiene una posición distinta.

Claudia Sheinbaum ha rechazado que los lineamientos tengan como propósito restringir la libertad de expresión o controlar los contenidos de los medios de comunicación. Ha defendido la protección de los derechos de las audiencias y la autorregulación como mecanismos preferentes.

Y la consejera Jurídica del Poder Ejecutivo, Luisa María Alcalde, ha señalado que las disposiciones relativas a sanciones y multas todavía forman parte del proceso de consulta y podrían modificarse a partir de las observaciones recibidas.

Para ellas todo parece estar muy bien. Pero queda una pregunta elemental: ¿Usted les cree?

Porque la credibilidad de una política pública no se construye únicamente con lo que dice el gobierno que pretende hacer, sino con las garantías institucionales que existan para impedir que esa política pueda utilizarse para hacer algo distinto.

Y ahí está precisamente el problema.

 

EL FANTASMA DE LA CENSURA

Nadie debería oponerse a que las audiencias tengan derechos.

El problema comienza cuando el Estado se coloca como árbitro de los contenidos periodísticos.

Porque una cosa es garantizar derechos y otra muy distinta es determinar desde el poder qué debe entenderse por “información adecuada, equilibrada, veraz o suficientemente contextualizada”, como rezan los principios de la propuesta presidencial.

En el periodismo, además, existe un principio elemental: la mejor protección en favor del periodismo es más libertad de prensa, más pluralidad y más competencia; no menos libertad.

Y hay otro asunto que debe revisarse a fondo: Las Mañaneras del Pueblo.

Si los lineamientos pretenden establecer reglas generales para proteger los derechos de las audiencias, la discusión tendría que alcanzar también a los medios públicos. Y ahí aparece una paradoja monumental.

Las conferencias matutinas presidenciales se transmiten diariamente a través de plataformas y medios públicos, y tienen una enorme capacidad de difusión.

Entonces, si una audiencia considera que durante una transmisión se vulneraron sus derechos, ¿podría presentar una queja?

Y si la respuesta es sí, ¿quién resolvería? ¿La misma autoridad? ¿Con qué criterios? ¿Bajo qué procedimiento?

¿Y con qué garantías de independencia?

Porque sería verdaderamente peculiar que el gobierno diseñara reglas para vigilar a los medios privados, mientras sus propios mecanismos de comunicación quedaran fuera del escrutinio que pretende imponer a los demás.

Justo como ocurre ahora con la plataforma “Infodemia Mx” que dirige Genaro Villamil, al igual que la sección “Quién es quién en las mentiras”, de Elizabeth García Vilchis, además del segmento “Derecho de  Réplica” que conduce Luisa María Alcalde, consejera Jurídica de la Presidencia de la República, quienes un día sí, otro también, se lanzan a denostar a los medios que no les son afines.

Si los derechos de las audiencias son universales, deben serlo para todos: Privados y públicos; oficialistas y críticos; Gobierno y oposición.

Ese debería ser el principio rector. Y aquí aparece otro elemento que ha alimentado la suspicacia.

 

LOS ABOGADOS DEL EJECUTIVO ESTÁN PARA CUSTODIAR LA LEGALIDAD, NO PARA ADMINISTRAR SEÑALAMIENTOS: ERNESTO VILLANUEVA

El pasado 12 de agosto, Luisa María Alcalde difundió desde su espacio “Derecho de Réplica” señalamientos relacionados con periodistas, comunicadores y medios de comunicación a los que vinculó con lo que denominó un “ecosistema digital” y una “red de amplificación” crítica del gobierno.

El hecho generó cuestionamientos desde distintos sectores. Y conviene hacer una precisión: una cosa es que un funcionario responda públicamente a una crítica y otra que desde una posición de poder se identifique o exhiba a periodistas y medios como integrantes de una supuesta red adversaria.

La diferencia no es menor. En una democracia, el gobierno tiene derecho a responder a sus críticos.

Pero los periodistas también tienen derecho a criticar al gobierno sin convertirse por ello en adversarios del Estado.

Porque cuando el poder comienza a etiquetar públicamente a quienes lo cuestionan, el problema deja de ser solamente político.

Puede convertirse en un asunto de libertad de expresión, seguridad y garantías para ejercer el periodismo.

El especialista en temas de Derecho a la Información, doctor Ernesto Villanueva, advierte que “si fue una lista o no, es semántica. La discusión jurídica no depende de cómo se llame. Hay un problema de competencia; hay un tratamiento de datos sensibles cuya base, finalidad y necesidad deben justificarse; y hay un posible efecto inhibitorio que debe examinarse a la luz de la Convención Americana.

“La aclaración -enfatizó- fue que no era una lista. La que jurídicamente importaba era otra: con qué facultad se hizo. Esa no llegó. Y la única disponible, el apoyo jurídico al Presidente, prueba lo contrario: los abogados del Ejecutivo están para custodiar la legalidad, no para administrar señalamientos; no cuentan con facultades legales parta exhibir a medios, periodistas y políticos”.

 

EL DOCTOR FRANKENSTEIN CONSTRUYÓ LA ‘CRIATURA’ DE LAS MAÑANERAS: JOSÉ CARREÑO

El periodista y académico José Carreño Carlón ha colocado una pieza clave en este rompecabezas.

En una reciente columna publicada en La Aurora de México, plantea, en esencia, una paradoja: la llamada “Mañanera” concentra simultáneamente funciones de comunicación gubernamental, enorme capacidad de difusión y una plataforma desde la cual el poder responde y confronta a sus críticos.

Carreño Carlón advierte que, bajo esa lógica, los nuevos lineamientos podrían terminar cerrando un círculo en el que el poder público no solamente comunica, sino que también pretende convertirse en referente para determinar cómo deben comportarse los demás emisores.

Y aquí aparece su provocadora imagen: el mismo “doctor Frankenstein” habría construido tanto la criatura de las Mañaneras como los lineamientos destinados a ordenar el ecosistema mediático.

Más allá de la contundencia de la alegoría, la pregunta que plantea es muy seria. Porque el Estado no puede ser simultáneamente jugador, árbitro y tribunal. No cuando está en juego la libertad de expresión.

 

¿Y SI NO?

Regresemos entonces al principio. ¿Y si no se aprueban los lineamientos?

El gobierno tendrá que explicar qué hará con el proyecto, qué modificaciones incorporará y, sobre todo, si las miles de observaciones recibidas fueron realmente tomadas en cuenta.

Porque una consulta pública que solamente sirve para legitimar una decisión previamente tomada, dejaría de ser un ejercicio democrático y se convertiría en una formalidad, exactamente como las consultas que en el sexenio anterior puso en marcha el señor de Macuspana y que dieron al traste con los avances que el país venía mostrando en buena parte de su desarrollo.

¿Y si sí? Pero vayamos al otro escenario. ¿Y si sí se aprueban? Entonces comenzará la verdadera discusión.

Habrá que revisar cada artículo; cada facultad; cada procedimiento; cada definición; cada posibilidad de sanción y cada mecanismo de supervisión.

Y, sobre todo, habrá que determinar si las nuevas reglas son compatibles con la Constitución Política, con la libertad de expresión y con el derecho de las audiencias a recibir información plural.

Porque el Estado tiene la obligación de proteger a las audiencias. Pero también tiene la obligación -mucho más delicada- de no convertirse en el protector que termina controlando aquello que dice proteger. Ese es el verdadero dilema.

No se trata de defender a los medios por ser medios. Se trata de defender un principio mucho más grande: que ningún gobierno tenga el poder de decidir qué puede decirse, cómo debe decirse y quién puede decirlo.

Porque hoy puede tratarse de un medio incómodo para el gobierno. Mañana puede ser otro.

Hoy puede ser un periodista crítico. Mañana puede ser cualquiera que decida ejercer su derecho a disentir.

Y por eso esta Mano Memoriosa vuelve al principio:

¿Y si no? Habrá que exigir que la consulta haya sido algo más que una escenografía.

¿Y si sí? Habrá que vigilar, artículo por artículo, que la protección de las audiencias no termine convirtiéndose en protección del poder frente a sus críticos.

Porque en una democracia las audiencias tienen derechos. Los medios tienen obligaciones. Los periodistas tienen responsabilidades. Pero el gobierno también tiene límites.

Y esos límites no los establece una conferencia mañanera, una consulta pública ni un funcionario. Los establece la Constitución.

Así que, al final, la pregunta no es solamente: ¿Y si no? Ni tampoco: ¿Y si sí?

La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Y si, bajo el pretexto de proteger a las audiencias, terminamos necesitando proteger a la sociedad del poder que pretende protegerlas? Ahí está el verdadero debate.

 

REFERENCIAS

laaurorademexico.com; oem.com.mx; reforma.com.mx; Portal Comisión Reguladora de Telecomunicaciones.Gob.Mx; RR.SS.

Fotografías: Portales de Internet; IA; Wikipedia.

MANO NEGRA

No es lo mismo hacer públicos los resultados y hacer pública la encuesta

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Cuando el ganador ya está anunciado, conocer los números sirve solamente para explicar la decisión. Cuando los números se conocen antes, sirven para comprobarla * Alito toca la puerta del PAN; y la pregunta obligada es: ¿alianza o salvavidas? * “Si uno no lee a Julio Verne, no viaja al centro de la Tierra”: Eduardo Madina

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Las encuestas, que primero no eran públicas, por fin aparecieron. Y me refiero a que el pasado 29 de septiembre, finalmente después de semanas de reclamos, inconformidades y preguntas incómodas, Morena decidió hacer públicas las encuestas con las que definió a sus 17 coordinadores estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Y aunque conservó restricciones sobre el acceso a los documentos completos, después de todo se dieron a conocer los números. El detalle tiene su historia.

El 22 de septiembre, Ariadna Montiel había anunciado que las encuestas serían dadas a conocer “detalladamente, una por una”, pero solamente después de que Morena concluyera la designación de sus 17 coordinadores. La declaración llegó después de que la propia Claudia Sheinbaum Pardo se pronunciara en favor de transparentar los resultados. Y así ocurrió.

Terminadas las designaciones, Morena salió el pasado martes 29 a explicar las cifras, la metodología y la participación de siete empresas encuestadoras. Fueron 16 procesos medidos mediante encuestas; San Luis Potosí tuvo una definición por consenso.

Las casas encuestadoras fueron: Buendía & Márquez; Covarrubias y Asociados; Defoe; De las Heras Demotecnia; Enkoll (Enkoll Inteligencia de Mercados); Mendoza Blanco & Asociados, S. C., y Votia.

La dirigencia defendió el procedimiento como transparente y explicó que las llamadas encuestas “espejo” coincidieron con los resultados de Morena.

Pero hay una pequeña gran diferencia en la narrativa del partido guinda, entre hacer públicos los resultados y hacer pública la encuesta.

Porque, de acuerdo con la información difundida en diversos medios de comunicación, los aspirantes pudieron conocer los resultados y solicitar explicaciones, pero Morena mantuvo la decisión de no entregar copias físicas o electrónicas de los documentos.

Me explico: los aspirantes pueden mirar el legajo, pero no necesariamente llevárselo a casa. Y ahí está el detalle.

A lo largo de varias semanas se pidió confianza. Ahora se ofrecieron solamente números.

Durante semanas Morena se dio a la tarea de declarar una y otra vez que “el pueblo” había decidido, que había “absoluta transparencia y democracia en su proceso”, pero ahora sabemos, al fin, cómo se repartieron los diez puntos de la metodología: OPINIÓN POSITIVA, HONESTIDAD, DISPOSICIÓN A VOTAR, PREFERENCIA Y OTRAS ATRIBUCIONES.

No se trata de afirmar que las encuestas hayan sido manipuladas. El prestigio de las encuestadoras contratadas, para tal fin, no está a discusión.

Se trata de una pregunta más elemental: ¿por qué aquello que finalmente podía hacerse público tuvo que esperar a que terminaran las designaciones?

Cuando el ganador ya está anunciado, conocer los números sirve solamente para explicar la decisión. Cuando los números se conocen antes, sirven para comprobarla.

Morena ha dado un paso hacia la publicidad de sus encuestas. El siguiente, si quiere cerrar definitivamente la discusión, sería permitir que esos resultados puedan ser revisados y contrastados de manera independiente.

Para el experto Roy Campos, uno de los analistas más respetados, refiere que “Morena organiza un gran show para seleccionar candidatos de manera que se mantiene una atención desmedida en su proceso, al final, parece que seleccionó no candidatos sino ganadores, los hace crecer y tomar ventaja, ¿Y los otros partidos? muy probablemente estén cocinando algo, pero por lo pronto no se ven”.

Así que hacia adelante Morena tiene tamaña tarea para lograr credibilidad, toda vez que ya se encuentran inmersos en el proceso de designar a sus 300 coordinadores distritales federales; el registro de acuerdo a su convocatoria, se realizó –sólo en línea- del 1 al 4 de octubre, y quedarán legalmente atados a respetar el veredicto de las encuestas y “no podrán impugnar ni inconformarse con las decisiones finales del partido”.

Así que la pregunta sigue aplicando para Morena; si las encuestas son la prueba de que “el pueblo decidió”, ¿por qué no dejar que todos puedan revisar la prueba?

Porque una encuesta que decide una candidatura, no debería descansar solamente en un acto de fe.

 

ALACENA

Un galimatías. Alito toca la puerta del PAN y la pregunta obligada es: ¿alianza o salvavidas? Y es que la política, como la aritmética, también tiene sus reglas, y eso lo sabe el dirigente tricolor. Veamos.

Alejandro Moreno volvió a poner sobre la mesa lo que hasta hace algunos meses parecía políticamente improbable: que PRI y PAN vuelvan a caminar juntos, ahora, rumbo a las elecciones de 2027.

Esta vez el mensaje que lanzó en varios cartones con datos y cifras, como en debate televisivo muy socorrido en campañas electorales, fue más concreto. En entrevista con Ciro Gómez Leyva, realizada el lunes 5 de octubre, el dirigente priísta habló de construir un “gran frente amplio ciudadano” y de impulsar candidaturas comunes entre ambos partidos, bajo una premisa que pretende ser estrictamente electoral: sumar votos, esfuerzos y candidatos competitivos para enfrentar a Morena.

La pregunta no es tan sencilla; no es solamente si PRI y PAN pueden ponerse de acuerdo. La pregunta de fondo es qué tendría que ceder cada uno para hacerlo posible, situación por la que ya han atravesado a lo largo de los años, y que el resultado ha sido, por decir lo menos, incierto.

El PAN llega a la discusión defendiendo la recuperación de su propia identidad. Su dirigencia ha insistido en que no existe todavía una alianza construida y que cualquier decisión deberá considerar las condiciones particulares de cada entidad.

El PRI, en cambio, ha mantenido abierta desde hace meses la puerta a un frente opositor. Recordarán que hace algunos días Alejandro Moreno no tuvo empacho alguno en recibir en las instalaciones del tricolor a Vicente Fox Quesada para iniciar conversaciones y posibles acuerdos.

Alito ha insistido en que una oposición dividida puede fragmentar el voto y que el objetivo fundamental debería ser competir por la Cámara de Diputados y por las gubernaturas que estarán en juego. Ahí está el dilema.

Para el PRI, la alianza significa sumar la fuerza electoral del PAN. Para el PAN, la alianza significa decidir cuánto está dispuesto a compartir con un partido que hoy tiene una presencia electoral nacional menor.

Las cifras ayudan a entender el tamaño del problema. Una encuesta de Enkoll difundida en septiembre colocó a Morena con 41% de preferencia nacional, al PAN con 12% y al PRI con 8%. Como usted lo sabe bien, estimado lector, son mediciones de intención de voto, no resultados electorales anticipados, pero muestran la dimensión de la brecha que enfrenta la oposición.

Por eso la discusión sobre una alianza no puede reducirse a sumar mecánicamente los porcentajes de dos partidos. Dos marcas electorales no necesariamente producen automáticamente una suma aritmética de votos.

Hay territorios donde el PRI conserva estructura, cuadros y presencia municipal; hay otros donde el PAN tiene mayor implantación. Y existen entidades en las que las propias estructuras panistas han presionado para explorar acuerdos con el priísmo.

El caso de Nuevo León resulta esclarecedor. El acercamiento entre Alito y Jorge Romero, el dirigente de Acción Nacional, cobró nueva fuerza después de que ambos aparecieron juntos en Monterrey durante el informe del alcalde priísta Adrián de la Garza. La posibilidad de una alianza PRI-PAN volvió pues al centro de la conversación en la ruta del 2027. Pero hay un segundo problema: las candidaturas.

¿Quién encabeza? ¿El candidato debe ser panista donde el PAN tenga mayor presencia? ¿Priísta donde el PRI conserve estructura? ¿O un ciudadano externo a ambos partidos?

La respuesta a esas preguntas será probablemente más complicada que la fotografía de dos dirigentes sonriendo juntos, estrechándose las manos y compartiendo un abrazo fingido.

Y en esa ecuación, no podía faltar un tercero en discordia. Movimiento Ciudadano ya ha rechazado incorporarse a una alianza con el PRI, por lo que la construcción de un frente opositor amplio enfrenta desde ya límites políticos.

En consecuencia, la propuesta de Alito coloca al PAN frente a una disyuntiva estratégica: competir con identidad propia o explorar candidaturas comunes allí donde la suma de estructuras pueda resultar políticamente conveniente.

No es todavía una alianza, pero tampoco es ya solamente una de las muchas ocurrencias de Alito. La conversación existe, los acercamientos están a la orden del día, y algunas estructuras estatales la están empujando.

Lo que falta es lo más difícil: los acuerdos concretos, las candidaturas y, sobre todo, la confianza entre dos partidos que durante años fueron acérrimos adversarios.

La política, como la aritmética, también tiene sus reglas. La sabiduría colectiva lo define así; en política, uno más uno no siempre es dos. ¿Se destrabará el galimatías?

Esa será, precisamente, la prueba de fuego para PRI y PAN rumbo a 2027.

 

REFERENCIAS: infoabe.com.mx, eleconomista.com; elpais.com; elfinanciero.com; sdpnoticias.com; mitofsky.mx; enkoll.com; pan.org.mx; pri.org.mx; morena.org; Chat GPT; wikipedia.org

FOTOGRAFÍAS: elpais.com; facebook; instagram; Chat GPT.

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MANO NEGRA

El poder y el péndulo

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Circula ya “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024” * ¿Cómo cambió la democracia a través del análisis de 485 millones de votos y 12 elecciones federales?: Luis Carlos Ugalde, coordinador editorial de la obra * En 2018, Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político * “La diplomacia es el arte de enviar a la gente al infierno, de tal manera que ellos soliciten direcciones”: Winston Churchill

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Hay fotografías que cuentan la historia reciente de México, mejor que cualquier discurso. Una de ellas está en el nuevo libro de Integralia y la Universidad de la Libertad: “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

Es Luis Carlos Ugalde, director general de Integralia Consultores y coordinador editorial de la obra, quien señala que este estudio muestra cómo ha cambiado el poder político en México a través del análisis de cerca de 485 millones de votos en 12 elecciones federales.

¿Cómo cambió la democracia mexicana entre 1991 y 2024?, se pregunta el académico, y señala los puntos clave de la obra:

Evolución electoral: El análisis recorre más de tres décadas de vida democrática usando datos duros, mapas y gráficas interactivas.

De la hegemonía a la competencia: Explica la transición desde el dominio histórico del PRI hacia una etapa de competencia entre varios partidos y alternancias en el poder.

Nueva concentración: Identifica que en la etapa más reciente se observa el ascenso de Morena y un proceso de nueva concentración política en el país.

Enfoque basado en urnas: La propuesta central es contar la historia reciente de México de forma visual y objetiva, partiendo estrictamente de los resultados en las urnas y el comportamiento del voto.

Durante más de tres décadas, el mapa electoral de México se transformó profundamente: del predominio del PRI, a una etapa de competencia multipartidista y alternancias, hasta el ascenso de Morena y una nueva concentración política.

En el nuevo estudio de @Integralia_Mx y @ULibertadMX, precisa Ugalde, contamos ese proceso a través de mapas, gráficas y datos electorales.

El estudio es completamente digital y su navegación es interactiva: desde tu teléfono o computadora pueden recorrer los datos, explorar las gráficas y consultar los mapas que muestran cómo fue cambiando el voto en México a lo largo del tiempo.

El objetivo es observar la transformación en perspectiva: cómo se redistribuyeron los votos, qué tan competidas fueron las elecciones, cómo cambió el peso de los partidos y qué ocurrió con la representación política.

Más de tres décadas de elecciones permiten contar una parte importante de la historia reciente de México desde un lugar muy concreto: las urnas.

Son mapas electorales. Pero, en realidad, son radiografías del poder.

 

EL DINOSAURIO SEGUÍA EN PIE

En 1991, el PRI parecía invencible. Obtuvo 58.5 por ciento de los votos para diputados federales y ganó 254 de los 300 distritos de mayoría. El dinosaurio seguía en pie, pero el mapa comenzó a cambiar.

La competencia electoral, las reformas políticas y el crecimiento de la oposición fueron modificando, elección tras elección, el reparto del poder.

En 1997, y aquí de nueva cuenta me refiero en primera persona al tema, llegó el gran aviso: el PRI perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. México descubrió entonces que gobernar también podía significar negociar.

Durante más de dos décadas ningún partido consiguió controlar por sí solo la Cámara Baja. Hubo gobiernos divididos, alianzas, acuerdos, desencuentros y, desde luego, muchas negociaciones bajo la mesa y sobre ella.

 

EL PÉNDULO CAMBIÓ DE LADO

Hasta que llegó 2018. Morena irrumpió con una fuerza que modificó nuevamente el mapa político. Y en 2024 alcanzó 40.8 por ciento de los votos de mayoría relativa para diputados federales, el porcentaje más alto obtenido por un partido desde 1994. El péndulo había vuelto a cambiar de lado.

Pero aquí aparece la pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando una fuerza política que llegó al poder cuestionando la concentración del poder termina disponiendo de una capacidad legislativa extraordinaria?

El PRI conoció durante décadas lo que significa tener una enorme concentración de poder. Ahora Morena enfrenta una circunstancia diferente: tiene la oportunidad de demostrar qué hace una mayoría cuando no necesita de la oposición para sacar adelante buena parte de su agenda. Y ahí está el verdadero desafío.

Porque los contrapesos eran fáciles de defender cuando se estaba en minoría. La prueba llega cuando se tiene la mayoría. La historia electoral mexicana demuestra que ninguna hegemonía es eterna. El mapa de 1991 no es el de 1997; el de 2000 no es el de 2012; y el de 2018 no es el de 2024.

Los electores cambian. Los partidos cambian. Las mayorías cambian. Lo que no debería cambiar son las reglas que permiten que ese relevo ocurra. Por eso, más allá de Morena, del PRI, del PAN o de cualquier otro partido, la pregunta de fondo es institucional: ¿Los contrapesos que México construyó durante tres décadas serán suficientemente sólidos para resistir cuando el péndulo vuelva a moverse?

Contrapesos que Morena se ha encargado de desactivar en virtud de sus mayorías en 2018 y 2024, encaminadas más a una predictadura.

 

NINGUNA MAYORÍA ES PARA SIEMPRE

Porque tarde o temprano el péndulo se moverá. Y cuando lo haga, quizá quienes hoy tienen la mayoría necesiten las mismas reglas que ayer pedían quienes estaban en la oposición. Esa es la ironía de la política.

Los mapas electorales no solamente muestran quién ganó. También muestran que ninguna mayoría es para siempre. Hoy el poder puede sentirse dueño del mapa. Mañana quizá tenga que aprender nuevamente a leerlo desde la oposición. Y ahí podemos encontrar la verdadera narrativa, de la fotografía que muestra el libro “Historia Visual de la Transición Mexicana a la Democracia, 1991-2024”.

 

ALACENA

Los mexicanos satisfechos. Dada su trascendencia, la publicación de la “Historia visual de la transición mexicana a la democracia, 1991-2024” fue observada por diversos analistas desde diferentes ángulos.

Ciro Gómez Leyva califica como espectacular el trabajo que acaban de difundir Integralia Consultores y la Universidad de la Libertad: Un despliegue de mapas y estadísticas que termina convirtiéndose en una de las crónicas más potentes sobre los últimos 30 años electorales, políticos, sociales y anímicos del país.

Nos recuerda de golpe, por ejemplo, que en ese lapso han competido 26 partidos, 19 de los cuales ya no existen. Afirma que en 1991 podían votar 37 millones y hoy pueden hacerlo 100 millones. De los muchos cuadros y datos, me quedo, dice, con uno que, con base en el Latinobarómetro pregunta a los mexicanos qué tan satisfechos están con sus vidas:  En 2008, la respuesta positiva era de 67%, pero, al triunfar López Obrador, la cifra subió a 84%. El último dato disponible la situaba en un notable 82% en 2024.

Le pregunté a Luis Carlos Ugalde, destaca Ciro, a qué creía que se debía ese dato y su análisis fue sencillo y claro: el arribo de López Obrador generó un gran entusiasmo, y la inclusión del concepto “pueblo” fue muy bien recibida por mucha gente que, además de sentirse incorporada, comenzó a recibir los beneficios de los programas sociales. “Lograron recuperar así el optimismo”, precisa Ugalde.

Y responde la última pregunta: ¿Se ha perdido ese impulso en los tiempos de Claudia Sheinbaum? En ocho meses lo vamos a medir con votos, finaliza el ex presidente del IFE y Coordinador Editorial de la obra.

 

DEFINIDOS LOS CANDIDATOS GUINDAS

Más de lo mismo. Si las encuestas fueron el instrumento para decidir, ¿por qué no ponerlas sobre la mesa? Y es que el 28 de septiembre pasado Morena cerró la definición de sus 17 coordinaciones estatales rumbo a las elecciones de 2027.

Los ganadores de las “encuestas internas” son los siguientes: Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Baja California Sur, Manuel Cota Cárdenas; Campeche, Pablo Gutiérrez Lazarus; Chihuahua, Cruz Pérez Cuéllar; Colima, Rosa María “Rosi” Bayardo Cabrera; Guerrero, Beatriz Mojica Morga; Michoacán, Carlos Torres Piña; Nayarit, Jasmine Bugarín Rodríguez (PVEM); Nuevo León, Clara Luz Flores Carrales; Querétaro, Santiago Nieto Castillo; Quintana Roo, Eugenio “Gino” Segura Vázquez; San Luis Potosí, Elí César Cervantes Rojas; Sinaloa, Imelda Castro Castro; Sonora, Lorenia Valles Sampedro; Tlaxcala, Ana Lilia Rivera Rivera; Zacatecas, Verónica Díaz Robles.

La información publicada sobre el proceso señala que en algunos estados la encuesta no terminó por determinar directamente al perfil anunciado, por ejemplo, Héctor Santana habría quedado primero en Nayarit, pero se aplicó un ajuste de género que llevó a Jasmine Bugarín; en otros casos también hubo reclamos de participantes.

Ya terminó el desfile de nombres, pero no la discusión sobre la transparencia del método. El diario El País reportó que Alfonso Sánchez García, en Tlaxcala, y Milena Quiroga, en Baja California Sur, expresaron inconformidad; Quiroga incluso solicitó una revisión técnica de las encuestas.

También se registraron resistencias de otros aspirantes, entre ellos Tatiana Clouthier en Nuevo León. Pero más allá de los nombres, el episodio dejó una sensación ya conocida por los mexicanos: más de lo mismo.

Otra vez aparecieron las encuestas como argumento central para justificar las decisiones. Otra vez quedaron inconformes los que perdieron. Otra vez hubo reclamos, ausencias, resistencias y llamados posteriores a la unidad. Y, sobre todo, otra vez quedó pendiente la pregunta que se ha convertido en el talón de Aquiles de estos procesos: ¿dónde están las encuestas?

Porque decir quién ganó no es lo mismo que mostrar cómo ganó. Mientras los nombres ya están sobre la mesa, los números siguen sin aparecer. Y cuando los números no aparecen, los reclamos ocupan su lugar. No entienden que no entienden.

 

REFERENCIAS: integralia.com.mx; ulibertad.edu.mx; http://linkedin.com; www.detona.com; latinobarometro.com; lapoliticaonline.com; laaurorademexico.com; elpais.com; ChatGPT; wikipedia.com; instagram.

FOTOGRAFÍAS: Portada del libro Historia visual de la transición mexicana a la democracia: 1991,2024; Ilustración Chat GPT; elpais.com.

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MANO NEGRA

El dinosaurio cambió de piel

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Designa Morena -mediante encuestas- a 10 de sus precandidatos a las gubernaturas * Inconformidades, reclamos de fallas en el procedimiento y amenazas de abandonar a Morena, el común denominador * Todos exigen que las encuestas se hagan públicas y se transparente el proceso * “Las dos fallas que coexisten en nuestro mundo: el exceso de miseria y las miserias del exceso”: Irene Vallejo

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Ya parece un lugar común utilizar el microrrelato de Augusto Monterroso -“y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”- para describir aquellas realidades políticas que, pese a los discursos de transformación, se resisten a desaparecer.

Viene a cuento por las declaraciones de Citlalli Hernández, quien, a edredón y espada, defiende que el proceso de encuestas utilizado por Morena para seleccionar a quienes encabezarán sus proyectos rumbo a las 17 gubernaturas de 2027 fue democrático.

Más aún: la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena se dio el lujo de calificarlo como el proceso “más transparente” realizado por su movimiento. El problema es que cuando se proclama la transparencia, pero las herramientas que supuestamente sustentan la decisión permanecen bajo reserva, la palabra comienza a perder contenido.

Y ahí está el dinosaurio.

El de Monterroso funciona como metáfora de un problema grave, de un trauma, de un régimen político obsoleto o de una realidad pesada de la que uno quisiera librarse, pero que sigue ahí cuando abre los ojos.

En México, el dinosaurio también puede representar a ese personaje indiferente y calculador que todos conocemos: el que sobrevive a los cambios de partido, de gobierno y de discurso; el que se mueve entre el tráfico de influencias, los acuerdos de cúpula y las complicidades; el que forma parte de esa cultura política antigua y primitiva de la que creíamos habernos librado. Pero no. Sigue allí. Sólo cambió de piel. Veamos.

A ocho años de la aparición de la era López Obrador -Carreño, dixit- abundan los inventarios catastróficos discutidos en los espacios subsistentes de libertad. Y pululan las hojas de balance susurradas entre grupos de interés privados, con ganancias multiplicadas en la coyuntura, a cambio de silentes complicidades en la destrucción o debilitamiento de instituciones y contrapesos.

La promesa fue transformar el régimen. La pregunta es si lo que terminó transformándose, fue solamente la manera de ejercerlo con sus desastrosas consecuencias.

 

DEL DEDAZO A LA ENCUESTA

Durante décadas -y el escribidor de estas líneas lo vivió en carne propia en su experiencia profesional y política- el viejo sistema político mexicano tuvo una palabra para definir quién sería el candidato: dedazo.

No hacía falta demasiada explicación. El poder decidía y después aparecía el procedimiento para revestir de legitimidad la decisión. Durante décadas la narrativa fue la misma: “los sectores y las organizaciones que conforman el partido han decidido postular a fulanito de tal para que se convierta en el abanderado priísta a la primera magistratura del país”.

Hoy las palabras son diferentes. Ya no se habla de designación. Se habla de encuesta. Ya no hay candidatos. Hay el eufemismo llamado “coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. Ya no hay, al menos formalmente, precampañas. Hoy se disfrazan de recorridos, reuniones, posicionamientos y organización territorial. La nomenclatura cambió. La pregunta es si cambió también la lógica.

Morena ha definido ya 10 de las 17 coordinaciones que encabezan su proceso rumbo a las gubernaturas de 2027. En los hechos, esos nombramientos constituyen la antesala de las candidaturas, aunque jurídicamente todavía no tengan ese carácter y sean cuestionados por partidos políticos y la opinión pública, por tratarse de actos anticipados de campaña.

Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Campeche, Pablo Gutiérrez; Colima, Rosi Bayardo; Guerrero, Beatriz Mojica; Michoacán, Carlos Torres Piña; Querétaro, Santiago Nieto; Quintana Roo, Eugenio Segura Vázquez; Sinaloa, Himelda Castro; y Zacatecas, Verónica Díaz Robles.

Y aquí aparece el punto neurálgico: ¿Quién ganó las encuestas? No quién fue anunciado, ni quién recibió el aplauso, o quién apareció en la fotografía. Porque una encuesta democrática necesita algo más que una palabra. Necesita metodología, muestra, cuestionario, procedimiento y resultados.

Pero, sobre todo, condiciones para que los participantes puedan conocer y eventualmente controvertir el resultado. Sin esos elementos, el ciudadano sólo recibe la conclusión. Y la conclusión, por sí misma, no demuestra el procedimiento. Y en algunos casos de los 10 ya seleccionados, saltan a la vista algunos ejemplos de inconformidades y división dentro de Morena.

 

ZACATECAS: LA PREGUNTA INCÓMODA

Zacatecas convirtió esa discusión en una crisis política interna. La designación de Verónica Díaz como coordinadora generó reclamos de dirigentes y aspirantes de Morena, así como una ruptura visible con el PT. Una de las principales críticas fue precisamente la falta de información pública sobre los resultados de las encuestas que supuestamente sustentaron la decisión.

La dirigencia morenista sostiene que las decisiones se tomaron mediante encuestas, pero los resultados de esas mediciones no han sido transparentados públicamente.

Y eso abrió una grieta difícil de cerrar. Porque cuando los números no se ven, aparecen las interpretaciones. Cuando la metodología no se conoce, aparecen las sospechas. Y cuando el resultado contradice otras mediciones públicas, aparece inevitablemente la pregunta: ¿qué encuesta estamos discutiendo?

Una cosa es decir que las mediciones externas no determinan una candidatura. Eso puede ser cierto. Otra muy distinta es pretender que la sociedad acepte un resultado interno que no puede conocer ni revisar. En Zacatecas, además, las diferencias no quedaron circunscritas a Morena. El PT manifestó su desacuerdo y se apartó del acto de presentación de la coordinadora, convirtiendo una decisión interna en un problema para la coalición que pretende competir en 2027. Morena ya duerme con el enemigo.

 

MICHOACÁN: EL OTRO ROSTRO DE LA DISPUTA

Michoacán ofrece otra lectura. Carlos Torres Piña fue designado coordinador y quedó colocado como principal perfil de Morena para 2027, mientras Raúl Morón quedó fuera de la contienda interna.

El episodio también exhibió la disputa entre grupos internos y la posición del PT, que había respaldado a Morón. Aquí la encuesta apareció como mecanismo formal, automático, en tanto el propio Morón ya amenazó con acudir a las instancias legales a denunciar las irregularidades. Pero alrededor de ella gravitan las alianzas, los grupos, los gobernadores, los partidos aliados y las estructuras territoriales.

El analista Héctor Aguilar Camín sostiene que la selección de candidatos de Morena para 2027 exhibe una estructura interna cada vez más centralizada, cerrada y dependiente de acuerdos de las élites, en contraste con la imagen de participación ciudadana que anteriormente pretendía proyectar mediante las encuestas. Y entonces la pregunta deja de ser exclusivamente estadística. Se vuelve política. Porque las encuestas pueden medir preferencias, pero no explican por sí solas las negociaciones políticas que ocurren alrededor de ellas.

 

EL DILEMA DE MORENA

Morena enfrenta ahora un dilema peculiar, por decir lo menos. Si publica las encuestas, tendrá que explicar sus resultados. Si no las publica, tendrá que explicar por qué un procedimiento presentado como democrático no puede ser conocido en sus aspectos esenciales. La propia Citlalli Hernández ha dejado abierta incluso la posibilidad de repetir o rehacer alguna encuesta si fuera necesario, para dar certeza a los aspirantes inconformes.

Eso, paradójicamente, abre otra pregunta: Si el procedimiento fue tan transparente, ¿por qué sería necesario repetirlo? No se trata de afirmar que una encuesta sea fraudulenta porque no nos guste el resultado. Tampoco de afirmar que una persona ganó porque aparezca arriba en otra medición.

Se trata de algo mucho más sencillo: la democracia no sólo necesita resultados; necesita procedimientos verificables. Y esa diferencia importa. Porque si todo queda reducido a “la encuesta dijo”, el ciudadano vuelve a quedar fuera del proceso.

 

DINOSAURIO

Tal vez ése sea el verdadero problema. Que después de tantos años de hablar de transformación política, el viejo dinosaurio no desapareció. Aprendió nuevas palabras. Antes se llamaba dedazo. Ahora puede llamarse encuesta. Ahora puede anunciarse desde una conferencia partidista. Antes se hablaba de disciplina revolucionaria. Ahora se habla de unidad y cierre de filas.

Antes el candidato era “el bueno”. Ahora es “el coordinador”.

Cambió el vocabulario; el escenario; el partido en el poder. Pero la vieja tentación de concentrar la decisión política sigue siendo la misma. Y quizá ésa sea la verdadera enseñanza del cuento de Monterroso. Que el dinosaurio no necesita conservar el mismo rostro para seguir siendo el mismo dinosaurio. Puede cambiar de nombre, de color, el discurso. O puede incluso proclamarse transformador.

Pero cuando despertamos y encontramos que la decisión ya estaba tomada y sólo faltaba conocer el procedimiento que supuestamente la produjo… el dinosaurio todavía está allí.

Y ahora, además, presume que ganó una encuesta.

 

ALACENA…

Una buena. Sueños periodísticos. El periodista y escritor José Luis Martínez S, director del suplemento Cultural Laberinto de Milenio, recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Fernando Benítez por sus casi 50 años de creatividad en el periodismo cultural, en el marco del 40 aniversario de la Feria Internacional del libro de Guadalajara a celebrarse el próximo mes de diciembre.

Felicitaciones querido amigo y maestro José Luis Martínez S.

Otra buena. La UNAM de manteles muuuuyyy largos. Hay instituciones que sobreviven a los gobiernos. Hay otras que sobreviven a las épocas. Y existen unas cuantas que, además, terminan convirtiéndose en parte de la conciencia de una nación. La Universidad Nacional Autónoma de México pertenece a esa última categoría.

Este 21 de septiembre se cumplieron 475 años del origen de la Universidad de México, antecedente histórico de la UNAM. Casi cinco siglos de una institución que ha atravesado virreinatos, guerras, imperios, repúblicas, revoluciones y gobiernos de todos los signos. Luego de 475 años, el mayor homenaje que puede hacerse a la Universidad no es simplemente recordar su pasado. Es defender su derecho a pensar el futuro.

REFERENCIAS.- El Dinosaurio, Wikipedia; milenio.com, elfinanciero.com; laaurorademexico.com; revistaeldiluvio.com; elpais.com; infobae.com; gaceta.unam.mx; Chat GPT; reforma.com

FOTOGRAFÍAS.- Ilustración Chat GPT; eluniversal.com; Instagram; cepropie.gob.mx.

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