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MANO NEGRA

El dinosaurio cambió de piel

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Designa Morena -mediante encuestas- a 10 de sus precandidatos a las gubernaturas * Inconformidades, reclamos de fallas en el procedimiento y amenazas de abandonar a Morena, el común denominador * Todos exigen que las encuestas se hagan públicas y se transparente el proceso * “Las dos fallas que coexisten en nuestro mundo: el exceso de miseria y las miserias del exceso”: Irene Vallejo

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Ya parece un lugar común utilizar el microrrelato de Augusto Monterroso -“y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”- para describir aquellas realidades políticas que, pese a los discursos de transformación, se resisten a desaparecer.

Viene a cuento por las declaraciones de Citlalli Hernández, quien, a edredón y espada, defiende que el proceso de encuestas utilizado por Morena para seleccionar a quienes encabezarán sus proyectos rumbo a las 17 gubernaturas de 2027 fue democrático.

Más aún: la presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena se dio el lujo de calificarlo como el proceso “más transparente” realizado por su movimiento. El problema es que cuando se proclama la transparencia, pero las herramientas que supuestamente sustentan la decisión permanecen bajo reserva, la palabra comienza a perder contenido.

Y ahí está el dinosaurio.

El de Monterroso funciona como metáfora de un problema grave, de un trauma, de un régimen político obsoleto o de una realidad pesada de la que uno quisiera librarse, pero que sigue ahí cuando abre los ojos.

En México, el dinosaurio también puede representar a ese personaje indiferente y calculador que todos conocemos: el que sobrevive a los cambios de partido, de gobierno y de discurso; el que se mueve entre el tráfico de influencias, los acuerdos de cúpula y las complicidades; el que forma parte de esa cultura política antigua y primitiva de la que creíamos habernos librado. Pero no. Sigue allí. Sólo cambió de piel. Veamos.

A ocho años de la aparición de la era López Obrador -Carreño, dixit- abundan los inventarios catastróficos discutidos en los espacios subsistentes de libertad. Y pululan las hojas de balance susurradas entre grupos de interés privados, con ganancias multiplicadas en la coyuntura, a cambio de silentes complicidades en la destrucción o debilitamiento de instituciones y contrapesos.

La promesa fue transformar el régimen. La pregunta es si lo que terminó transformándose, fue solamente la manera de ejercerlo con sus desastrosas consecuencias.

 

DEL DEDAZO A LA ENCUESTA

Durante décadas -y el escribidor de estas líneas lo vivió en carne propia en su experiencia profesional y política- el viejo sistema político mexicano tuvo una palabra para definir quién sería el candidato: dedazo.

No hacía falta demasiada explicación. El poder decidía y después aparecía el procedimiento para revestir de legitimidad la decisión. Durante décadas la narrativa fue la misma: “los sectores y las organizaciones que conforman el partido han decidido postular a fulanito de tal para que se convierta en el abanderado priísta a la primera magistratura del país”.

Hoy las palabras son diferentes. Ya no se habla de designación. Se habla de encuesta. Ya no hay candidatos. Hay el eufemismo llamado “coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. Ya no hay, al menos formalmente, precampañas. Hoy se disfrazan de recorridos, reuniones, posicionamientos y organización territorial. La nomenclatura cambió. La pregunta es si cambió también la lógica.

Morena ha definido ya 10 de las 17 coordinaciones que encabezan su proceso rumbo a las gubernaturas de 2027. En los hechos, esos nombramientos constituyen la antesala de las candidaturas, aunque jurídicamente todavía no tengan ese carácter y sean cuestionados por partidos políticos y la opinión pública, por tratarse de actos anticipados de campaña.

Aguascalientes, Nora Ruvalcaba Gámez; Baja California, Julieta Ramírez Padilla; Campeche, Pablo Gutiérrez; Colima, Rosi Bayardo; Guerrero, Beatriz Mojica; Michoacán, Carlos Torres Piña; Querétaro, Santiago Nieto; Quintana Roo, Eugenio Segura Vázquez; Sinaloa, Himelda Castro; y Zacatecas, Verónica Díaz Robles.

Y aquí aparece el punto neurálgico: ¿Quién ganó las encuestas? No quién fue anunciado, ni quién recibió el aplauso, o quién apareció en la fotografía. Porque una encuesta democrática necesita algo más que una palabra. Necesita metodología, muestra, cuestionario, procedimiento y resultados.

Pero, sobre todo, condiciones para que los participantes puedan conocer y eventualmente controvertir el resultado. Sin esos elementos, el ciudadano sólo recibe la conclusión. Y la conclusión, por sí misma, no demuestra el procedimiento. Y en algunos casos de los 10 ya seleccionados, saltan a la vista algunos ejemplos de inconformidades y división dentro de Morena.

 

ZACATECAS: LA PREGUNTA INCÓMODA

Zacatecas convirtió esa discusión en una crisis política interna. La designación de Verónica Díaz como coordinadora generó reclamos de dirigentes y aspirantes de Morena, así como una ruptura visible con el PT. Una de las principales críticas fue precisamente la falta de información pública sobre los resultados de las encuestas que supuestamente sustentaron la decisión.

La dirigencia morenista sostiene que las decisiones se tomaron mediante encuestas, pero los resultados de esas mediciones no han sido transparentados públicamente.

Y eso abrió una grieta difícil de cerrar. Porque cuando los números no se ven, aparecen las interpretaciones. Cuando la metodología no se conoce, aparecen las sospechas. Y cuando el resultado contradice otras mediciones públicas, aparece inevitablemente la pregunta: ¿qué encuesta estamos discutiendo?

Una cosa es decir que las mediciones externas no determinan una candidatura. Eso puede ser cierto. Otra muy distinta es pretender que la sociedad acepte un resultado interno que no puede conocer ni revisar. En Zacatecas, además, las diferencias no quedaron circunscritas a Morena. El PT manifestó su desacuerdo y se apartó del acto de presentación de la coordinadora, convirtiendo una decisión interna en un problema para la coalición que pretende competir en 2027. Morena ya duerme con el enemigo.

 

MICHOACÁN: EL OTRO ROSTRO DE LA DISPUTA

Michoacán ofrece otra lectura. Carlos Torres Piña fue designado coordinador y quedó colocado como principal perfil de Morena para 2027, mientras Raúl Morón quedó fuera de la contienda interna.

El episodio también exhibió la disputa entre grupos internos y la posición del PT, que había respaldado a Morón. Aquí la encuesta apareció como mecanismo formal, automático, en tanto el propio Morón ya amenazó con acudir a las instancias legales a denunciar las irregularidades. Pero alrededor de ella gravitan las alianzas, los grupos, los gobernadores, los partidos aliados y las estructuras territoriales.

El analista Héctor Aguilar Camín sostiene que la selección de candidatos de Morena para 2027 exhibe una estructura interna cada vez más centralizada, cerrada y dependiente de acuerdos de las élites, en contraste con la imagen de participación ciudadana que anteriormente pretendía proyectar mediante las encuestas. Y entonces la pregunta deja de ser exclusivamente estadística. Se vuelve política. Porque las encuestas pueden medir preferencias, pero no explican por sí solas las negociaciones políticas que ocurren alrededor de ellas.

 

EL DILEMA DE MORENA

Morena enfrenta ahora un dilema peculiar, por decir lo menos. Si publica las encuestas, tendrá que explicar sus resultados. Si no las publica, tendrá que explicar por qué un procedimiento presentado como democrático no puede ser conocido en sus aspectos esenciales. La propia Citlalli Hernández ha dejado abierta incluso la posibilidad de repetir o rehacer alguna encuesta si fuera necesario, para dar certeza a los aspirantes inconformes.

Eso, paradójicamente, abre otra pregunta: Si el procedimiento fue tan transparente, ¿por qué sería necesario repetirlo? No se trata de afirmar que una encuesta sea fraudulenta porque no nos guste el resultado. Tampoco de afirmar que una persona ganó porque aparezca arriba en otra medición.

Se trata de algo mucho más sencillo: la democracia no sólo necesita resultados; necesita procedimientos verificables. Y esa diferencia importa. Porque si todo queda reducido a “la encuesta dijo”, el ciudadano vuelve a quedar fuera del proceso.

 

DINOSAURIO

Tal vez ése sea el verdadero problema. Que después de tantos años de hablar de transformación política, el viejo dinosaurio no desapareció. Aprendió nuevas palabras. Antes se llamaba dedazo. Ahora puede llamarse encuesta. Ahora puede anunciarse desde una conferencia partidista. Antes se hablaba de disciplina revolucionaria. Ahora se habla de unidad y cierre de filas.

Antes el candidato era “el bueno”. Ahora es “el coordinador”.

Cambió el vocabulario; el escenario; el partido en el poder. Pero la vieja tentación de concentrar la decisión política sigue siendo la misma. Y quizá ésa sea la verdadera enseñanza del cuento de Monterroso. Que el dinosaurio no necesita conservar el mismo rostro para seguir siendo el mismo dinosaurio. Puede cambiar de nombre, de color, el discurso. O puede incluso proclamarse transformador.

Pero cuando despertamos y encontramos que la decisión ya estaba tomada y sólo faltaba conocer el procedimiento que supuestamente la produjo… el dinosaurio todavía está allí.

Y ahora, además, presume que ganó una encuesta.

 

ALACENA…

Una buena. Sueños periodísticos. El periodista y escritor José Luis Martínez S, director del suplemento Cultural Laberinto de Milenio, recibirá el Homenaje Nacional de Periodismo Fernando Benítez por sus casi 50 años de creatividad en el periodismo cultural, en el marco del 40 aniversario de la Feria Internacional del libro de Guadalajara a celebrarse el próximo mes de diciembre.

Felicitaciones querido amigo y maestro José Luis Martínez S.

Otra buena. La UNAM de manteles muuuuyyy largos. Hay instituciones que sobreviven a los gobiernos. Hay otras que sobreviven a las épocas. Y existen unas cuantas que, además, terminan convirtiéndose en parte de la conciencia de una nación. La Universidad Nacional Autónoma de México pertenece a esa última categoría.

Este 21 de septiembre se cumplieron 475 años del origen de la Universidad de México, antecedente histórico de la UNAM. Casi cinco siglos de una institución que ha atravesado virreinatos, guerras, imperios, repúblicas, revoluciones y gobiernos de todos los signos. Luego de 475 años, el mayor homenaje que puede hacerse a la Universidad no es simplemente recordar su pasado. Es defender su derecho a pensar el futuro.

REFERENCIAS.- El Dinosaurio, Wikipedia; milenio.com, elfinanciero.com; laaurorademexico.com; revistaeldiluvio.com; elpais.com; infobae.com; gaceta.unam.mx; Chat GPT; reforma.com

FOTOGRAFÍAS.- Ilustración Chat GPT; eluniversal.com; Instagram; cepropie.gob.mx.

MANO NEGRA

El 2027: La batalla por la democracia

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Medición de fuerzas políticas * Un documento del IETD coloca sobre la mesa una pregunta que partidos y ciudadanos no podrán esquivar: ¿Qué democracia llegará a las urnas el próximo año? * “Soy una convencida de que la gran mayoría de la gente que es pobre, no lo hace por maldad”: Susanita, en MAFALDA

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

Con las elecciones intermedias de 2027 ya en el panorama político, el pasado 10 de septiembre inició formalmente el año electoral, considerado uno de los procesos más grandes de la historia democrática de México.

Y tanto partidos como instituciones gubernamentales y organizaciones sociales especializadas y reconocidas ponen en marcha sus estrategias de lucha y opinión, cada una en el ámbito de su competencia.

El 2027 no será únicamente una elección de diputados, gobiernos estatales o posiciones locales. Será una medición de fuerzas sobre el rumbo político del país.

El próximo 6 de junio estarán en juego las 500 diputaciones federales y 17 gubernaturas, además de miles de cargos locales; alrededor de 102 millones de mexicanos estarán en posibilidad de votar el año próximo, pero probablemente entre 50 y 60 millones decidirán efectivamente la elección.

Pero detrás de esa enorme maquinaria electoral hay algo mucho más importante que una simple suma de cargos: Está en juego el equilibrio del poder.

Por eso vale la pena echar una mirada al documento “Agenda mínima e inmediata para la reconstrucción democrática de México”, presentado en agosto por el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD).

Porque hay documentos que nacen para ser leídos por especialistas y otros que, aunque escritos con lenguaje académico, terminan retratando una batalla política. Este es uno de ellos. Y quizá lo más importante no está solamente en lo que dice, sino en cuándo lo dice.

El IETD no plantea su agenda en abstracto. La coloca expresamente frente a las elecciones de 2027 y parte de una premisa contundente: México vive, a su juicio, una erosión de su vida democrática y es necesario actuar antes de que las urnas vuelvan a convertirse en el gran campo de disputa por el poder.

El documento está firmado por un amplio grupo de académicos, intelectuales, periodistas, especialistas y actores vinculados a la transición democrática mexicana. Entre ellos aparecen José Woldenberg, Lorenzo Córdova, Ciro Murayama, Mauricio Merino, José Carreño Carlón, Jacqueline Peschard, Raúl Trejo Delarbre, Sergio López Ayllón y Javier Martín Reyes, entre muchos otros. No es, por tanto, un manifiesto partidista en sentido estricto.

Pero tampoco es políticamente inocente.

Porque sus planteamientos inciden directamente en uno de los debates que acompañarán -y probablemente contaminarán- todo el proceso electoral: Las reglas del juego y las condiciones de competencia entre el oficialismo y sus adversarios.

 

DEMOCRACIA EN DISPUTA

El IETD coloca sobre la mesa una preocupación que ya dejó de ser exclusiva de los académicos: la posibilidad de que México esté entrando en una etapa de concentración de poder en la que los contrapesos institucionales tengan cada vez menos capacidad para contener a la mayoría gobernante.

El documento plantea, entre otros asuntos, la defensa de la representación proporcional, la actuación firme de las autoridades electorales, la vigilancia ciudadana de las casillas y de los votos, y la necesidad de que las campañas sean verdaderos espacios de discusión de los problemas nacionales. Pero aquí aparece la primera paradoja.

El diagnóstico democrático puede ser correcto y, sin embargo, insuficiente para ganar una elección.

Porque una democracia no se defiende únicamente denunciando sus riesgos. También se defiende -sobre todo- convenciendo a los ciudadanos de que existe una alternativa mejor. Y esa es precisamente la asignatura pendiente de la oposición.

 

MORENA: ¿EL FAVORITO?

Morena llega al banderazo de salida con una ventaja en el papel. Las encuestas más recientes muestran al partido gobernante claramente por encima de sus adversarios nacionales.

Una medición de Enkoll colocó a Morena en 41% de intención de voto, frente a 12% del PAN, 8% del PRI y 12% de Movimiento Ciudadano.

Más allá de que una encuesta es una fotografía y no una sentencia, el dato revela algo políticamente mucho más profundo: La oposición todavía no consigue convertir el desgaste del gobierno en una alternativa electoral competitiva.

Morena, mientras tanto, y en medio de reclamos por actos anticipados de campaña, ya trabaja en la selección de sus candidatos para las 17 gubernaturas y demás puestos de elección popular.

Pero su problema no es tanto cómo llegar a 2027. Es cómo evitar que sus propias disputas internas le hagan perder lo que hoy parece tener ganado.

El partido enfrenta procesos de selección en los que las encuestas internas se mantienen “bajo reserva” y en los que la dirigencia intenta conciliar popularidad, reputación, paridad de género y unidad política.

Porque el verdadero adversario de Morena podría no estar enfrente. Podría estar adentro.

 

LA OPOSICIÓN: ¿ALIANZA O SUPERVIVENCIA?

Y aquí comienza el segundo capítulo.

El PAN y PRI enfrentan una disyuntiva que parece sencilla, pero que puede definir su futuro: ¿Competir separados o volver a intentar una alianza?

El problema es que la alianza PAN-PRI no necesariamente suma automáticamente sus votos. También puede sumar sus negativos.

El PRI carga con décadas de desgaste y una crisis de identidad que no termina de resolver. El PAN enfrenta el desafío de recuperar una identidad propia y ampliar su base social. Y ambos tienen frente a sí a un Movimiento Ciudadano, MC, que apuesta por competir separado y que ha logrado posicionarse como una alternativa distinta al viejo bloque opositor.

MC puede convertirse así en el partido bisagra de 2027, aunque no necesariamente porque vaya a ganar más gubernaturas que Morena; sino porque puede quitarle votos suficientes a la oposición tradicional, para modificar el resultado en distritos y entidades competidas. Y eso cambia completamente el tablero.

 

EL TERCER JUGADOR

Pero 2027 tendrá otra particularidad. A las fuerzas políticas tradicionales se incorporarán nuevos jugadores. Entre ellos, Somos México, surgido del movimiento de la llamada “marea rosa”, y PAZ, una fuerza reciclada de orientación evangélica, que ha mostrado simpatía permanente con Morena, y para ser correctos, entre AMLO y el pastor de PAZ, antes PES. Cambian el nombre, pero no la afinidad.

En una elección tan fragmentada, unos cuantos puntos porcentuales pueden significar la diferencia entre ganar y perder una gubernatura, un distrito o una mayoría legislativa. Por eso los nuevos partidos no necesariamente necesitan conquistar millones de votos para modificar el resultado.

Les basta con quitarle votos al adversario correcto en el lugar correcto. Y ahí estará una de las claves de 2027.

 

EL ÁRBITRO

Pero existe un tercer protagonista. El árbitro, es decir, el INE. Y aquí el documento del IETD adquiere especial relevancia. Porque si algo puede contaminar una elección antes de que llegue a las urnas es la percepción de que el árbitro no es imparcial.

El proceso electoral comenzó precisamente bajo un clima de desconfianza hacia el Instituto Nacional Electoral. PAN, PRI, MC y otras fuerzas opositoras han cuestionado su actuación y han reclamado mayores garantías de imparcialidad.

Basta con revisar diversas notas informativas que dan cuenta de la presencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, justo el 10 de septiembre, a la ceremonia de inicio del Proceso Electoral Federal, lo que generó un debate político por ser una “presencia inédita de la política interior”, algo que no pasaba desde que en 1996 se plasmó en la Constitución Política la autonomía del árbitro electoral, del gobierno y los partidos.

El oficialismo, por su parte, rechazó esas acusaciones. El problema es que una elección democrática no solamente necesita ser limpia. Necesita parecer limpia. Porque si uno de los contendientes llega a la jornada electoral convencido de que el árbitro está parcializado, y el otro llega convencido de que el resultado ya está prácticamente decidido, la legitimidad comienza a erosionarse antes de abrirse la primera casilla. Y ese sería un pésimo escenario para nuestro país.

 

ELECCIÓN DEL MIEDO

Hay, además, un asunto que podría convertirse en el gran elefante dentro de la habitación: la seguridad. Claudia Sheinbaum ya anunció una estrategia para prevenir la violencia política y la infiltración del crimen organizado en las candidaturas. No es un asunto menor.

En 2024 fueron asesinados 40 candidatos, de acuerdo con los datos publicados en diversos medios en aquella fecha, y las autoridades reconocen el riesgo de que grupos criminales intenten influir en las elecciones. Esto significa que 2027 no solamente será una batalla por votos. Puede ser también una batalla por impedir que el dinero, la intimidación o la violencia sustituyan la voluntad ciudadana.

Y aquí la democracia se juega literalmente en tierra. En los municipios, las comunidades, las casillas y en las candidaturas.

 

¿Y LA OPOSICIÓN?

Aquí regreso al documento del IETD. Su mayor aportación quizá no esté en señalar los peligros institucionales. Está en recordar que la defensa de la democracia necesita ciudadanos organizados, y también partidos capaces de representar algo más que su propia supervivencia. La oposición tendrá que responder preguntas incómodas: ¿Qué propone para mejorar la seguridad? ¿Cómo generará empleos? ¿Cómo pretende recuperar el crecimiento económico? ¿Qué hará frente a la pobreza? ¿Cómo resolverá el deterioro de los servicios públicos? ¿Qué modelo de salud propone?

¿Cómo enfrentará la corrupción? ¿Cómo reconstruirá la confianza en las instituciones? Y, sobre todo: ¿Por qué debería un ciudadano votar por ella?

Porque repetir que Morena es autoritario no basta. Decir que México está en peligro tampoco. Denunciar todos los días al gobierno no construye automáticamente una alternativa. La ciudadanía puede estar inconforme y, al mismo tiempo, no encontrar quién represente esa inconformidad. Ese es el verdadero problema opositor.

 

MORENA, A EXAMEN

Pero sería un error suponer que Morena tiene la elección ganada. Una cosa es encabezar las encuestas. Otra muy distinta gobernar bien. El 2027 será también un referéndum político sobre el desempeño de los gobiernos emanados de la llamada Cuarta Transformación.

Y sobre todo la percepción ciudadana sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum. Los programas sociales pueden producir lealtades, pero no sustituyen eternamente los resultados. Y las elecciones locales tendrán una particularidad: Muchos ciudadanos no votarán pensando exclusivamente en Palacio Nacional. Votarán pensando en su municipio. En la inseguridad de su colonia. En el estado de las calles. En el transporte. En el agua. En el empleo. En la posibilidad de vivir mejor.

Ahí es donde el poder territorial puede comenzar a separarse del poder presidencial.

 

EL VERDADERO RETO

Por eso 2027 puede convertirse en una paradoja. Morena puede ganar muchas posiciones y, sin embargo, enfrentar una elección más complicada de lo que hoy sugieren las encuestas. La oposición puede perder muchas posiciones y, al mismo tiempo, comenzar a reconstruirse. Todo puede ocurrir simultáneamente.

Por eso sería un error reducir 2027 a una pregunta elemental: ¿Quién ganará? La pregunta importante es otra:

¿Qué equilibrio de poder surgirá de las urnas? Y todavía hay otra, más profunda: ¿Qué democracia tendremos después del 6 de junio de 2027?

Porque ese es el verdadero campo de batalla que anticipa la agenda del IETD. No se trata solamente de defender una institución. Ni de salvar a un partido. Ni de impedir que otro gane. Se trata de determinar si México será capaz de conservar una democracia con competencia efectiva, contrapesos, árbitros creíbles, pluralidad política y ciudadanos capaces de decidir libremente.

En otras palabras: 2027 no será solamente una elección sobre quién gobierna. Será una elección sobre cómo se gobierna. Y quizá, sobre algo todavía más importante: sobre quién tendrá el poder para decidir cómo se gobernará México durante los próximos años.

La batalla apenas comienza. Y esta vez, a diferencia de otras elecciones intermedias, no solamente estarán en juego los votos. Estarán en juego las reglas del juego.

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MANO NEGRA

El II Informe de Sheinbaum Pardo: Entre la realidad y el espejo

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Más allá de las cifras, debe leerse como el primer gran discurso electoral al inicio de la segunda mitad del sexenio * La Primera Presidenta no solamente tenía que decir qué hizo su gobierno, tenía que decir qué país pretende construir * Entre el México que se presume desde el espejo de Palacio Nacional, y el México que se vive en la calle hay un enorme precipicio

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”: Groucho Marx.

 

Es pregunta: ¿Rindió Claudia Sheinbaum Pardo solamente su Segundo Informe de Gobierno? Y la respuesta es no. Rindió, también, un informe de continuidad política.

Y no es un asunto menor. Veamos. Un estudio de verificación independiente (verificado.com.mx) asegura que de 21 afirmaciones centrales del discurso de la Primera Mandataria, encontró 9 verdaderas, 6 falsas, 3 imprecisas, 2 engañosas y una inverificable.

El problema del Informe no es que todas sus cifras sean falsas. El problema es que las cifras verdaderas fueron utilizadas para construir una fotografía incompleta de México.

Porque a dos años de haber llegado a Palacio Nacional, la Primera Presidenta no solamente tenía que decir qué hizo su gobierno, tenía que decir qué país pretende construir.

Y según ella, y sus datos, ofreció los más destacados rubros de su administración: Prosperidad compartida; austeridad republicana; programas sociales; salario mínimo; rectoría del Estado; soberanía; continuidad de la Cuarta Transformación.

Y enmarcó en una frase política el resumen de su proyecto: “Esto no se acaba; esto tiene que continuar”.

Hasta ahí el mensaje, fue lo que ella preveía.

El problema comienza cuando uno deja de escuchar el discurso y empieza a mirar por la ventana. Porque México tiene dos fotografías; una es la que presentó Palacio Nacional, y la otra es la que vive el ciudadano. Y entre ambas hay una distancia que puede ser políticamente peligrosa.

Sheinbaum puede presumir, en sus estadísticas, que los homicidios bajaron, pero mientras eso ocurre, la extorsión alcanzó su nivel más alto para un primer semestre en 11 años.

Entonces la pregunta no es solamente cuántos mexicanos dejaron de ser asesinados. La pregunta es: ¿cuántos mexicanos dejaron de vivir con miedo?

Porque un comerciante al que le cobran derecho de piso, un transportista amenazado, un productor al que le controlan el precio, una familia que no puede transitar libremente por su comunidad, también son víctimas de la inseguridad.

Y eso no cabe en una gráfica de homicidios. Tampoco basta presumir una tasa de desempleo de 2.7 por ciento cuando alrededor de 55 por ciento de los trabajadores mexicanos permanece en la informalidad.

Porque existe una dicotomía: Trabajar no siempre significa tener empleo, y tener empleo no siempre significa tener seguridad social.

Y la experiencia entre los mexicanos nos muestra que tener seguridad social no necesariamente significa vivir bien.

Los números pueden decir una cosa; y la calle puede decir otra.

Lo mismo sucede con la economía.

Sí: México captó una cifra récord de inversión extranjera; el peso se mantiene fuerte; y el PIB volvió a crecer.

Pero una parte fundamental de esa inversión, y aquí nos deberían decir la verdad, corresponde a empresas que ya estaban aquí y reinvirtieron sus utilidades.

Entonces la pregunta incómoda es: ¿dónde están las nuevas inversiones?; ¿las nuevas fábricas?, ¿dónde están los nuevos empleos de alta productividad?; ¿dónde está el salto económico que permita que México deje de crecer al ritmo mediocre que ha caracterizado buena parte de estos años?

En salud ocurre algo parecido. El gobierno asegura que el abasto de medicamentos supera 97 por ciento, pero hay mexicanos que siguen peregrinando de farmacia en farmacia, de hospital en hospital, buscando una medicina.

La diferencia está entre la estadística y el paciente; entre el indicador nacional y la receta que no se surtió; entre el promedio y el enfermo.

Y hay algo más. El Informe habló mucho de honestidad. Pero no habló de los escándalos que han golpeado al movimiento cuatroteísta.

Habló de Pemex, de producción, de refinación y de reducción de deuda. Pero el país sigue esperando respuestas contundentes sobre las redes de corrupción vinculadas al huachicol fiscal, en el que están vinculados prominentes personajes del mismo gobierno.

La prensa independiente ofrece día tras día pruebas que vinculan a personajes como Adán Augusto López y Andy López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador, entre una lista de peces gordos.

Y luego está la política. Ahí el informe de la inquilina de Palacio Nacional fue directo.

Sheinbaum no vino a anunciar una ruptura con López Obrador. Anunció exactamente lo contrario. La Cuarta Transformación continúa.

Y quizá ese sea el verdadero objetivo político del mensaje. Llegar a 2027 no defendiendo solamente una administración, sino defendiendo una obra política fracasada desde el 2018 cuando las huestes de López Obrador llegaron al poder.

Por eso en su mensaje político, Sheinbaum arenga a Morena para que voten por la continuidad del proyecto. Por eso el Segundo Informe no debe leerse únicamente como un balance administrativo. Debe leerse como el primer gran discurso electoral de la segunda mitad del sexenio.

 

¿Y LA OPOSICIÓN?

Y mientras la oposición fijaba sus puntos de vista acerca del Informe en el Congreso, Sheinbaum Pardo conserva una aprobación cercana al 69 por ciento.

Ahí está el dato que debería preocupar más a sus adversarios. Porque pueden tener razón en muchas de sus críticas. Pero todavía no tienen una respuesta convincente para la pregunta fundamental:

¿Qué harían ellos diferente? Hay un gran vacío de la oposición. No hay acuerdos para generar un frente común partidista.

La reaparición pública y política de Vicente Fox, que a sus 84 años intenta reunir a los dirigentes de PAN, PRI y Somos México en un movimiento llamado “Alma de México” y competir en las elecciones del 2027 para “frenar el modelo político actual centralista y autoritario”, pinta como un listado de buenas intenciones -como lo fue su gobierno-, pero deben saber que electoralmente existe una diferencia gigantesca entre presentar un expediente contra los que mal gobiernan, y ofrecerle al ciudadano una razón para votar por ellos.

 

GOBERNAR NO CONSISTE SOLAMENTE EN PRESENTAR BUENAS CIFRAS

Y seguramente Claudia Sheinbaum se cuelga la medallita de mantener a raya a la oposición, y lo viva como un gran triunfo político.

Pero, entonces, aquí saltan las verdaderas preguntas para Sheinbaum: ¿Podrá convertir la reducción de homicidios en seguridad real? ¿La inversión extranjera en nuevas inversiones? ¿El empleo en empleos formales y mejor pagados? ¿Los programas sociales en movilidad social? ¿La estabilidad macroeconómica en crecimiento? ¿El discurso de honestidad en resultados contra la corrupción?

¿El abasto nacional de medicamentos en medicinas para cada paciente? ¿La soberanía en una relación inteligente y productiva con Estados Unidos? ¿Y los buenos números en una mejor calidad de vida?

Porque gobernar no consiste solamente en presentar buenas cifras.

Gobernar consiste en conseguir que esas cifras se conviertan en una realidad que el ciudadano pueda tocar.

Y ahí, todavía, hay mucho por hacer.

¿Informe aprobado? Para Morena, sin duda.

¿Gobierno resuelto? Ni de lejos para los mexicanos de a pie.

Porque entre el México que se presume desde el espejo de Palacio Nacional; y el México que se vive en la calle hay un enorme precipicio.

 

REFERENCIAS: verificado.com.mx; elpais.com; grupoanimal.mx; www.gob.mx; inegi.org.mx; mexicocomovamos.mx; unotv.mx, lasillarota.com, eleconomista.com; elfinanciero.com; ChatGPT; Wikipedia; www.reuters.com; leeaqui.com

FOTOGRAFÍAS: Presidencia de la República; El Heraldo de México; debate.com.mx, Wikipedia; facebook; milenio.com.

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MANO NEGRA

¡Triunfa la libertad de expresión!

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La democracia no se mide por la libertad que tiene la prensa para criticar al gobierno sin permiso * El resultado anunciado por parte de la presidenta del organismo, Norma Solano Rodríguez, es considerablemente superior, toda vez que acota las sanciones a incumplimientos, protege a las audiencias, conserva códigos de ética y defensorías, y de manera notable, impide convertir al Estado en árbitro de la verdad periodística

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

“Donde no hay libertad de prensa, el gobierno es un monólogo y la sociedad queda condenada al silencio o a la adulación”: Octavio Paz

 

En el debate y en los hechos, respecto a la discusión de los Derechos de las Audiencias, salió ilesa la libertad más importante de la democracia: la libertad de expresión.

Después de semanas de polémica, críticas y advertencias de organizaciones, medios de comunicación y periodistas, el Pleno de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) aprueba finalmente los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias.

Y, para decirlo sin rodeos: sí hubo reversa; el texto aprobado y publicado este 28 de agosto en el Diario Oficial de la Federación, y que entrará en vigor 30 días naturales después de su publicación, ya no es el mismo que provocó la alarma. Algo tuvieron que escuchar allá en Palacio Nacional.

El resultado que se dio a conocer el pasado 26 de agosto

por parte de la presidenta del organismo, Norma Solano Rodríguez, es considerablemente superior, toda vez que acota las sanciones a incumplimientos, protege a las audiencias, conserva códigos de ética y defensorías, y de manera notable, impide convertir al Estado en árbitro de la verdad periodística.

En la consulta realizada del 27 de julio al 21 de agosto, en la que participaron 8 mil personas y se emitieron 8 mil 889 comentarios, el 82 por ciento de estos últimos rechazaron el proyecto original, mientras que el 9.7 por ciento se manifestó en favor.

La CRT destacó además que “el mensaje de miles de personas ha sido claro: quieren medios de comunicación independientes de cualquier revisión oficial”.

La amenaza más delicada del proyecto original estaba en esas palabras aparentemente inocuas que podían convertirse en una peligrosa herramienta de poder: “información falsa” y “descontextualizada”.

Porque entonces surgía la pregunta elemental: ¿Quién decide qué es falso? ¿El periodista? ¿El director del medio? ¿La Defensoría de las Audiencias? ¿La CRT? ¿Un burócrata con facultades regulatorias? ¿O, de plano, una autoridad administrativa convertida en árbitro de la verdad? Ese era el problema. Y ese problema, al menos en buena medida, fue retirado del texto gubernamental.

La versión aprobada elimina aquellas referencias que podían abrir la puerta a que la autoridad terminara calificando contenidos periodísticos. La propia CRT sostuvo también que no revisará contenidos ni decisiones editoriales.

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Bien. Porque el Estado puede reglamentar frecuencias, concesiones, procedimientos y obligaciones regulatorias.

Lo que no puede hacer -sin entrar en una zona constitucionalmente riesgosa- es convertirse en editor de los medios de comunicación.

 

¿Y SI NO?

Si los Lineamientos se aplican exactamente como fueron presentados el fin de semana pasado, la historia podría terminar siendo menos dramática de lo que algunos anticipábamos.

Las audiencias tendrán mecanismos para reclamar.

Los medios deberán contar con Defensoría de Audiencias.

Tendrán que disponer de códigos de ética.

Deberán distinguir información de opinión y publicidad de contenido.

Y tendrán procedimientos para atender inconformidades.

Nada de eso debería espantar a nadie. Al contrario. Una audiencia informada también necesita mecanismos para reclamar cuando un medio viola sus propias reglas.

El problema nunca fueron los derechos de las audiencias. El problema era quién tendría la última palabra sobre lo que los mexicanos podían considerar verdadero, falso, contextualizado o conveniente. Y ahí la diferencia es enorme.

 

¿Y SI SÍ?

Ahí está el pequeño detalle. Porque una cosa es lo que dice el reglamento y otra, bastante distinta, cómo se aplicará.

Hoy la CRT asegura que no revisará contenidos ni decisiones editoriales. De acuerdo.

Ahora habrá que verlo cuando llegue la primera queja políticamente incómoda. Porque será muy sencillo respetar la libertad editorial cuando alguien reclame por un horario, una identificación publicitaria o una deficiencia administrativa.

La verdadera prueba llegará cuando la queja sea por una investigación periodística. Por una entrevista incómoda. Por una crítica al gobierno. Por una acusación contra un funcionario. Por una información que el poder considere “inexacta”. O por una opinión que alguien pretenda disfrazar de noticia. Y ahí veremos de qué están hechos los Lineamientos.

Porque la censura moderna no necesariamente llega con tijeras. Ya lo he expresado aquí mismo con anterioridad. A veces llega con un oficio. Con una recomendación. Con una interpretación administrativa. Con un procedimiento. Con una multa. O simplemente con la amenaza de que pueda llegar.

Por eso no basta con celebrar que desaparecieron del texto las palabras más peligrosas. Ahora habrá que vigilar las facultades que permanecieron.

 

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA MARCA EL LÍMITE

Los artículos 6o. y 7o. constitucionales no fueron plasmados para proteger únicamente las opiniones agradables.

Protegen, precisamente, las incómodas. Las críticas. Las que molestan. Las que cuestionan al poder. Las que hacen que algún funcionario levante el teléfono y pregunte: “¿Y eso quién lo dijo?”, o como lo ha expresado la propia Claudia Sheinbaum, “tomen nota…”

Porque una democracia no se mide por la libertad que tiene la prensa para elogiar al gobierno. Se mide por la libertad que conserva para criticarlo sin pedir permiso.

Y aquí está el punto que no debemos perder de vista: El derecho de las audiencias a recibir información no puede convertirse en el derecho del Estado a decidir qué información debe recibir la audiencia.

Las audiencias tienen el derecho a recibir información veraz, plural, y oportuna, especialmente en programación noticiosa. Y a que la publicidad o propaganda no sea presentada como información periodística. Son cosas radicalmente distintas.

 

LA CONSULTA SIRVIÓ

Hay otro dato que tampoco debe pasar inadvertido. La consulta pública produjo miles de observaciones y una fuerte reacción de los medios y de organizaciones vinculadas con la libertad de expresión, y como advertimos líneas arriba, con un alto porcentaje de rechazo. Y el proyecto cambió.

Eso demuestra que la participación pública todavía puede modificar una decisión regulatoria antes de que se convierta en norma.

También demuestra algo más: Cuando periodistas, medios, organizaciones y ciudadanos dejan de discutir por separado y ponen el foco en la libertad de expresión, el poder tiene que escuchar. Aunque sea un poco. Aunque sea tarde. Aunque sea a regañadientes.

 

NO ECHAR LAS CAMPANAS AL VUELO

Tampoco se trata de declarar una victoria definitiva con la publicación de las nuevas normas.

La libertad de expresión no queda protegida porque un funcionario diga que será respetada. Queda protegida cuando la autoridad carece de instrumentos para limitarla arbitrariamente y cuando, si intenta hacerlo, existen jueces, instituciones y ciudadanos capaces de frenarla.

Por eso habrá que leer con lupa el texto definitivo. Y habrá que observar la primera aplicación. Y la segunda. Y la tercera.

Porque los reglamentos se conocen verdaderamente cuando dejan de estar escritos y comienzan a utilizarse.

 

¿Y SI NO? ¿Y SI SÍ?

¿Y si no hay censura? Qué bueno.

Que los derechos de las audiencias funcionen. Que los medios rindan cuentas. Que haya pluralidad. Que exista derecho de réplica. Que los códigos de ética sirvan.

Que la audiencia tenga mecanismos eficaces para reclamar. Nadie debería oponerse a eso.

¿Y si sí? ¿Y si mañana alguien pretende utilizar los Lineamientos para presionar a un medio?

¿Y si una queja se convierte en pretexto para revisar una investigación? ¿Y si una recomendación termina convirtiéndose en presión?

¿Y si una autoridad comienza a interpretar qué es “veraz”, qué es “plural” y qué es editorialmente aceptable?

Entonces habrá que recordar algo elemental: La libertad de prensa no pertenece al gobierno, ni a los medios, ni a los periodistas: Pertenece a la sociedad.

Porque cuando el poder controla la información, la primera víctima no es el periodista. Es el ciudadano que deja de saber dónde termina la información y dónde comienza la versión oficial.

Por eso, sí: bienvenida la protección de las audiencias.

Pero con una condición irrenunciable:

QUE QUIEN PROTEJA A LA AUDIENCIA, NO TERMINE PROTEGIÉNDOLA DE LA VERDAD QUE AL PODER LE INCOMODA.

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