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LA FERIA

Los países no son viables sin gobernabilidad

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México se nos está yendo de las manos * La Primera Presidenta recibió un país sumido en una abrumadora ruina de la seguridad pública, con bandas del crimen organizado que retan al Estado y no ceden el control en las amplias regiones en que son quienes gobiernan

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Hilos y babas.

Tía Maruca era de las de Autlán y era vivísima; su marido, tío Juancho, era un señor de rancho, de esos tiempos venturosamente ya lejanos, en los que la palabra del macho era primera y última… y tío Juancho era muy macho.

Tuvieron catorce hijos (tiempos ya lejanos), educados a decir siempre “sí papá”, pero la que mandaba era su mamá.

Cómo hacía la tía no lo contaba, pero tío Juancho ni chistaba al oírlos decir “sí papá” y verlos hacer lo que ella dijera. No es tan raro.

 

EL PAÍS SE VA DE LAS MANOS

Sin andar con exigencias, el tenochca simplex puede preguntarse a qué horas se van a ver resultados -buenos-, del gobierno de doña Sheinbaum, que tiene el poder desde hace un año, un mes y más de una semana, sin contar el sexenio de su antecesor del que se supone es su continuidad, su “segundo piso” (¡ay!, cuánto ingenio).

Lo oficial es que su gobierno es un desfile de éxitos y aciertos (“vamos bien y vamos a ir mejor”), pero la evidencia de pifias, metidas de pata, declaraciones trompicadas, yerros, junto con malos indicadores en todos los rubros y sectores, hace pensar que, una de dos, o mienten sin recato o no mienten sino que no se dan cuenta de la realidad. Y la realidad es que el país se les está yendo de las manos.

Gobernar es palabra que viene de la marinería, gobernar es conducir -pilotar- un barco; en política se usa para señalar que se rige, se conduce una comunidad o país.

Un gobernante deja de serlo si no garantiza la gobernabilidad, entendida como la capacidad de ejercer legítimamente el poder de manera eficaz.

Cuando se dice que a un gobernante se le va el país de las manos es que no da garantía de gobernabilidad. Suena fuerte, pero no son posibles los países, no son viables, sin gobernabilidad.

Para no manipular, veamos resumidamente que dicen sobre esto instituciones que no son enemigas de la cuatroté, del Pejehová ni su sucesora, como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Brookings Institution, fundada hace 109 años:

Hay gobernabilidad cuando hay Estado de Derecho, cumplimiento de la ley por parte de la autoridad que la respeta y la hace respetar; cuando el poder público no se ejerce en beneficio de funcionarios ni particulares; cuando el gobierno rinde cuentas (‘accountability’); cuando hay ausencia de violencia política y social; y cuando los servicios públicos son de calidad.

Por el otro lado, no hay gobernabilidad cuando el gobierno no asegura la aplicación de la ley; cuando no impide la corrupción de funcionarios y estructuras del gobierno; cuando no mantiene el monopolio de la violencia legítima y no garantiza la seguridad pública; cuando prolifera el crimen organizado; cuando el sistema judicial es ineficaz.

Dicen más, pero falta espacio y ya con esto cualquiera no va a buscar su rosario: en todo andamos mal.

Con brevedad y contundencia, Ricardo Cisneros Hernández (no anda uno pirateando ideas) dice que la gobernabilidad es el conjunto de elementos legales y materiales que hacen funcionar un país en beneficio general: La falta de gobernabilidad propicia el desorden de sectores sociales y regiones, que caen en la ingobernabilidad, propiciando incivilidad y barbarie (no es cita, pero lo dice).

Ahora usted contéstese si el anterior arrimado en Palacio, el Pejecutivo, tuvo gobernabilidad. Loco se quiso volver al llegar a donde ya no tenía esperanza de llegar.

Se montó en su macho para imponer decisiones arbitrarias trampeando la ley; se acomodó con los grandes capitales nacionales para dejarlos ganar más dinero que nunca en sus vidas, a cambio de que no le menearan las aguas financiando opositores o medios de comunicación (Salinas Pliego se le salió del huacal porque no le cumplió sus acuerdos, por cierto, inconfesados); por miedo a las Fuerzas Armadas, las bañó en dinero y les otorgó facultades del orden civil del todo contrarias a lo que la Constitución manda; impidió que su movimiento, Morena, se hiciera partido político real, por su desconfianza enfermiza, tan propia de tramposos; toleró la más increíble corrupción en su gobierno; y asumió una actitud permisiva ante el crimen organizado, cediendo el control de regiones completas del país.

El gobierno del Señor de Badiraguato no fue gobierno, fue una apariencia de gobierno, un ejercicio engañoso del servicio público, que a fuerza de un discurso muy ensayado a lo largo de muchos años de oposicionismo, supo aparentar valores democráticos, dañando la justicia y el Estado de Derecho por la dicha inicua de imponer su voluntad en todo y a todos.

No hay otro que haya hecho tanto mal al país y mire que hemos tenido algunos de pena ajena, pero como éste, ninguno (Huerta no cuenta, fue ilegítimo e ilegal, no es lo mismo).

Ahora está en Palacio doña Sheinbaum. Por el bien del país (y de ella), ojalá asuma la realidad, su realidad: Recibió un país polarizado en el que los acuerdos políticos son casi imposibles; recibió un gobierno carcomido por una corrupción estructural nunca antes vista; recibió una alta burocracia ineficaz que socava la legitimidad de su gobierno y la confianza de la ciudadanía en las instituciones; recibió un país cundido de protestas y confrontación social; recibió la economía al borde de una crisis que no se ha conjurado ni mucho menos; no recibió el control político del Congreso, de su partido ni su gabinete.

Sobre todo, su amado antecesor le entregó un país sumido en una abrumadora ruina de la seguridad pública, con bandas del crimen organizado que retan al Estado, y no ceden el control en las amplias regiones en que son quienes gobiernan.

Presidenta: En más de un año no logra imponer la paz en la ciudad de Sinaloa, porque sus subordinados aparentan cumplir sus órdenes, los que mandan son otros.

La apuesta de la señora de Palacio, la única apuesta, es conservar el poder, ganar las elecciones intermedias y las del 2030; dispone de cantidades inimaginables de dinero para eso, a menos, claro, que se imponga la realidad y termine en un derrumbe general que no es imposible, con todo sostenido con hilos y babas.

 

LA FERIA

Mentir por sistema

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Del ejercicio de la política dependen países; su destino, el bien común… o la tragedia, cuando se ejerce mal el oficio * Ningún Presidente mexicano ha insultado a los EU y mire que razones hubo en la historia, pero el Tío Sam no deja cuentas por cobrar

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

En su ley.

Tía Pita era de las de Toluca, buena persona, pero campeona mundial en terquedad. No cedía nunca en nada.

También tenía aversión a los médicos; ella, tizanas, fomentos, chiquiadores y todo remedio casero, nunca doctor.

Así las cosas, se puso muy mala y tío Agustín y sus hijos le rogaban que se dejara ver por el médico… y no.

Ya para morir con las tripas podridas, hizo jurar al tío Agustín que el acta de defunción diría “muerte natural”. En su ley.

 

JUSTIFICACIÓN DE LO INMORAL

Hay cosas importantes que no se enseñan en ninguna universidad. Para tener hijos no se requiere de cédula profesional y ¡vaya que ser mamá o papá es importante! Igual, nadie se recibe de político, ni se requiere de título registrado en profesiones, para ejercer la política, siendo el oficio más trascendental, más que la medicina, el derecho o cualquier ingeniería, pues del ejercicio de la política, dependen comunidades y países enteros, su destino, el bien común… o la tragedia, cuando se ejerce mal el oficio.

El político nace y a lo largo de los años en que participa en la estructura partidista y burocrática, aprende a lidiar con los intríngulis de la administración pública y desarrolla habilidades para gestionar los asuntos públicos, la solución de conflictos y muchas cosas más.

Eso el político. Otra cosa es el hombre de Estado, el estadista que nació político, claro, y por mérito propio, escala, asciende hasta asumir (no siempre, no se crea) el liderazgo nacional, ejerciendo entre otras cualidades, la visión de largo plazo, nunca actuar en beneficio personal o de su grupo, y saber cuándo hacer de lado sus propias convicciones ideológica y su interés de partido, por el bien de la sociedad. No son muchos.

Antes, cuando para ser Jefe de Estado bastaba con nacer de la mamá correcta y ser príncipe heredero, se procuraba educar para el ejercicio del poder al que sería Rey.

Por poner un ejemplo: Filipo II de Macedonia, papi de Alejandro Magno, le puso de preceptor a Aristóteles, para que cuando llegara a Rey supiera ejercer el oficio.

En la Edad Media, se puso de moda escribir libros y tratados para educar a los nobles, en particular a los que reinarían, se llamaban Espejos de Príncipes.

No hay espacio para repasar las enseñanzas sobre el arte del buen gobierno de Platón o Tácito, demos un salto hasta el siglo XVI, cuando Maquiavelo escribió ‘El Principe’, obra dedicada a Lorenzo de Médici, el Magnífico, en la que plantea sin usar las palabras ‘razón de Estado’, que el objetivo supremo del gobernante es mantener el poder, sin limitaciones morales ni éticas, por lo que el gobernante puede mentir, engañar, usar la fuerza y cualquier medio ilícito, inmoral o cruel, sin límites.

Y ‘El Principe’ de Maquiavelo parece ser libro de cabecera de más de los que uno imagina.

Contra ese maquiavelismo pragmático y amoral, se escribieron refutaciones desde sus tiempos, pero tal vez la más acertada (opinión a debatir) sea la de un jesuita que ogaño nadie recuerda y fue un grande, Pedro de Ribadeneira (1527-1611), que escribió mucho y bueno, y su ‘Tratado de la religión y virtudes que debe tener el príncipe cristiano para gobernar y conservar sus Estados.

Contra lo que Nicolás Machiavelo y los políticos de este tiempo enseñan’ (título largo como se acostumbraba).

Ribadeneira no plantea un ejercicio angelical de la política y sin despreciar sus objetivos reales, sí invalida la “razón de Estado” como justificación de lo inmoral, lo no ético, pues según él, la verdadera “razón de Estado” no puede estar reñida con los valores y por lo mismo sostiene que el gobernante no puede mentir, si acaso guardar silencio, disimular, y eso, si y solo si, es por el bien del Estado, no del gobernante, no de su grupo.

Si le parece mucho rigor, digamos que los gobernantes pueden mentir, pero sólo si de verdad está en juego el Estado, la población, no sus intereses personales y partidistas.

En cambio, la Presidenta Sheinbaum Pardo miente por sistema, miente mucho, como su mentor, el Pejestorio, ese mentiroso contumaz.

Ahora con el escándalo de los de su partido que los EU le pidieron detuviera con fines de extradición, doña Claudia Sheinbaum miente con descaro y al desgaire, segura de que el peladaje le va a creer porque no sabe nada sobre procesos de extradición.

Y sí, pero que engañe a tenochcas simplex es lo único que no importa en este asunto: no engaña a los fiscales de los EU y es con ellos el pleito, ni siquiera con Donald Trump.

Pero subió más la vara. Mandó que todos los legisladores de Morena, del Verde y del PT fueran a Palacio y les dijo muy fresca y triunfal que “las recientes solicitudes de arresto preventivo con fines de extradición en contra del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, y otros funcionarios de la entidad, así como la cancelación de visas a gobernadores y funcionarios, tiene fines electorales y políticos y no de persecución de delitos” (nota del Excélsior).

Pero dijo más: “(…) las acciones contra Rocha y los demás funcionarios sinaloenses conforman un ataque a la soberanía de México”.

Y los instruyó: “Hay que explicarle a la población qué es lo que estamos defendiendo frente al poder conservador, frente al conservadurismo y a la amenaza constante de injerencia e intervencionismo, y de actitudes hostiles contra México”.

Todo mentira. Se pasó de la raya, señito.

Si la solicitud de detención con fines de extradición fuera contra el gobernador de Coahuila (PRI), o la de Chihuahua (PAN), este menda apuesta los dos ojos a que ya estarían extraditados y la Presidenta discurseando sobre la corrupción del PRIAN. No nos hagamos.

La hospedada en Palacio ya no está en una encrucijada, ya decidió defender a los suyos, garantizándoles la impunidad que los aglutina, única razón de su cohesión de banda, de gavilla, no de partido.

Ningún Presidente mexicano ha insultado a los EU y mire que razones hubo en la historia. Bueno, ella sí. Falta ver si le alcanza para pagar la factura porque el Tío Sam no deja cuentas por cobrar. Pero a ella, no le importa, ella, en su ley.

 

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LA FERIA

Solicitar la detención provisional con fines de extradición no viola la soberanía

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EU respeta el tratado que tiene firmado con México * El Tío Sam trae entre ojos a un florilegio de morenistas de andanzas, legisladores, funcionarios y gobernadores, todos con expedientes en Estados Unidos por sus vínculos con el crimen organizado

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Todo se derrumbó.

Era chamaquita la abuela Elena la vez que llegó a galope tendido uno de sus tíos y rayando el caballo, desmontó para entrar corriendo a la casa y preguntar al papá de ella qué problema tenía Martín, otro de sus tíos, y contaba que su papá respondió: -Ya ninguno, está muerto -bueno, visto así, ya no tenía ningún problema (se había robado una chamaca, otro día le cuento).

 

DESESPERACIÓN

Algo anda mal. La Presidenta no es tonta y no siéndolo no se entienden algunas cosas que dice, a menos que las diga segura de que nosotros, los gallardos integrantes del peladaje nacional, somos tontos. Entonces, sí checa, pero anda mal.

La Mandataria declaró: “Estuve viendo algunas publicaciones, ‘están poniendo a la Presidenta entre la espada y la pared’, falso, en México decidimos los mexicanos, para empezar, las y los mexicanos”. ¡Ay, doñita!

Primero: sí está entre la espada yanqui y la pared macuspano-cuatrotera. Punto. Eso lo entiende cualquier tenochca debidamente destetado.

Segundo: ¿qué tiene que ver el problemón que es la solicitud de aprehensión y extradición del gobernador de Sinaloa, el tal Rocha Moya, más un ¡senador! (y un puñado de colaboradores-cómplices), con que en México decidimos los mexicanos? Nada.

Y tercero: eso de que en México decidimos las y los mexicanos, es frase de chamaca en asamblea estudiantil… ¡ah!, con razón. En México, el gobierno decide y hace lo que le da la gana y “los mexicanos y las mexicanas” no somos ni lo último en que piensa. Le importamos un pito.

Como a doña Sheinbaum ya le gusta oírse (desabrido placer solitario), refiriéndose a lo de la CIA en Chihuahua y los indiciados de Sinaloa, dijo: “(…) estoy tranquila, sin ningún problema, por una cosa, es tiempo de la defensa de los principios y hay un principio que se llama soberanía y esa no se negocia”.

¡Dioses!, ¿de veras está tranquila?… que le tomen el pulso, que desayune antes de su Mañanera… que alguien haga algo. Imagínese al capitán del Titanic con el barco haciendo agua, decir “estoy tranquilo, sin ningún problema”. ¡Sálvese quien pueda!

Su explicación del por qué está así, sosiega y serena, es que se apresta a defender la soberanía. Como para jalarse los pelos.

Señito, si un país solicita la aprehensión con fines de extradición de mexicanos, acusados de narcos, está respetando la soberanía y el tratado que tienen firmado con nuestro país. Interpretarlo al revés es poner los bueyes tras de la carreta. Si esa fuera la lógica de la dama del bastón de juguete, en serio, algo andaría muy mal.

Pero no, no es así, ha quedado dicho, no es tonta, claro que entiende. Pero es muy mala mentirosa y en eso se nota mucho su carencia absoluta de oficio político.

Por nuestro lado, no nos hagamos tontos, todos sabemos que la señora sabe de las andanzas del Rocha Moya & Cía.; lo sabe por formar parte del cuatroteísmo y ahora, por tener acceso a la información de los servicios de inteligencia (espionaje), del gobierno. El problema es que también lo sabe el mundo.

 

PORFIRIO MUÑOZ LEDO LO SABÍA

En junio de 2022, ante la Comisión Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe, compuesta por 72 partidos políticos de 30 países, Porfirio Muñoz Ledo dijo:

“Debe entender Andrés Manuel López Obrador que su contubernio o alianza con el narco no es heredable (…), pretende heredar al sucesor un paquete de poder que combinaba la autoridad institucional, los recursos federales y el apoyo del crimen organizado (…). A México le ha explotado una bomba en el jardín, desde 2019 o 2020, México dejó la transición democrática y está iniciando una reversión autoritaria con un nuevo rey de la selva: el crimen organizado (…). Yo le llamo narco-Estado, yo le llamo narco-gobierno”.

No lo dijo un fifí conservador de derechas, amigo del neoliberalismo, no, lo dijo Muñoz Ledo, un señor que formó parte del gobierno en seis sexenios; tres veces diputado federal; una vez senador y otra, diputado del Congreso Constituyente de la CDMX.

Porfirio fue un fundador en 1986 de la Corriente Democrática del PRI, con Cuauhtémoc Cárdenas e Ifigenia Martínez, y junto con ellos y Heberto Castillo, fundador del PRD y su presidente de 1993 a 1996. Protagonista en la creación del IFE, hoy INE.

También presidente en 2006 del Consejo Consultivo del entonces candidato presidencial del PRD, el hoy Pejestorio. Cofundador de Morena y uno de los personajes centrales de la política mexicana por más de 70 años que el 1 de septiembre de 2018 puso la banda presidencial al ya Pejecutivo… y este señor siempre ingenioso, aparte de inteligentísimo, para referirse al gobierno cuatrotero, acuñó dos términos: narco-Estado, narco-gobierno. Y ya se les quedó.

Si doña Sheinbaum piensa que somos sus tarugos, está bien, sí somos, pero los representantes de 72 partidos políticos de 30 países no son sus mensos.

Y lo que dijo Muñoz Ledo en esa enorme reunión (y repitió en largas entrevistas), y publicó la prensa del mundo, lo sabe el Tío Sam. Y tampoco es su baboso.

La descarada defensa de doña Sheinbaum del Rocha Moya & Cía., con la coartada de que así defiende la soberanía nacional, es desesperación.

Sabe la señora del segundo piso, que los EU traen entre ojos a un florilegio de compañeros suyos de andanzas, legisladores, funcionarios y gobernadores, todos con expedientes en los EU por sus vínculos con el crimen organizado.

Y que si Rocha Moya, de 76 años de edad, acaba en manos de autoridades yanquis, va a soltar la sopa, toda la sopa, cualquier condena en su caso es cadena perpetua, y se le va como hilo de media su partido y claro, su gobierno. Lo sabe con precisión, no nos hagamos, señito.

El viernes 1 de mayo pasado hizo oficial la FGR que Rocha Moya está más limpio que un pañalito del Niño Jesús. Falta que la Casa Blanca se trague el cuento.

La Presidenta defiende lo indefendible y arriesga al país. Los yanquis no son dejados, pueden estallarnos el T-MEC al no ser socios de fiar, y meternos en un viacrucis de aranceles.

Mientras Sheinbaum defiende a su facción, ya cada vez más gente tararea aquella de Emmanuel: “Todo se derrumbó”.

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LA FERIA

Morena lo tiene todo y… ¡puede perder!

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La 4T debe tomar en cuenta lo que pasó en las elecciones de Hungría * Las elecciones se pueden perder desde el momento en que se seleccionan los candidatos, sin hacer política

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Primera perdedora.

Tío Martín tenía un abarrote que era una mina de oro. Ya viejo, tía Lupita, su esposa, de las de Toluca, molió de un hilo para que se retirara y dejara al frente a su hijo, Martincito (cuarentón). Acabó cediendo.

Se fueron a pasar un año a Oviedo (él decía ‘Uviéu’), en Asturias, su tierra. En pocos meses, regresaron.

El contador de toda la vida del tío le escribió que el negocio estaba endeudado, la clientela escaseaba, los empleados hacían lo que querían y robaban.

Cortó por lo sano el tío, pagó deudas, cerró el negocio y ahora sí, para no volver, a Asturias… sin tía Lupita. Ni modo.

 

LO IMPOSIBLE PASA EN LA POLÍTICA

Cualquier equipo de futbol, pierde un partido. Puede ser de los mejores del mundo y ante otro medianito, perder (Mundial de Rusia en 2018: México 1-0 Alemania, para entendernos).

Lo que no puede suceder es que un equipo pierda si sus propietarios son dueños del estadio, los árbitros, los abanderados y que su equipo no tenga portería y la del equipo contrario sea del ancho de la cancha.

Perder así es imposible. Y pasa, en la política.

Comentamos hace poco la derrota inesperada, que se antojaba imposible, del autócrata húngaro Viktor Orbán, el pasado 12 de abril.

Ese tipo a lo largo de 16 años hizo todo para conservar el poder. Tenía todo: al instituto que organiza las elecciones, al tribunal que las califica; eliminó a los órganos autónomos que supervisaban y controlaban al gobierno; dominaba al Poder Judicial y con su supermayoría, al Parlamento que acomodó Constitución y leyes a su antojo, de él; y pero-por-supuesto, implantó programas sociales que le aseguraban clientela electoral y un enorme partido político -Fidesz- nutrido con recursos del erario.

El Orbán no dejó un cabo suelto: creó una nueva clase empresarial cómplice y compró la mayoría de los medios de comunicación (comprados, literalmente, y los que no, fueron sobornados o amenazados). Era invencible… y lo vencieron.

Lo vencieron por tres razones. Primera: el candidato ganador, Péter Magyar, salió del partido de Orbán, conocía por dentro al gobierno, en el que fue ministro, sabía sus secretos y los papaloteó.

Segunda: los partidos opositores se dejaron de cuentos y lo apoyaron todos, menos uno, de un tal László Toroczkai -a ver, pronúncielo-, que también jugó y consiguió un chisguete de votos, pero igual, Magyar ganó con 15% de ventaja sobre el Orbán.

La tercera razón es muy interesante: según los analistas de política europea (uno qué va a saber), hubo gente que votó por Magyar, claro, pero fue más la gente que votó contra Orbán; estaban hartos y salieron a votar: el 79% del padrón fue a las urnas. Así, sí.

Se lo comenté hace poco, Morena, los cuatroteros, han conseguido en menos de ocho años lo que Orbán logró en 16.

El martes pasado culminaron su control del INE (que sí se tocó, viera usted) y tienen ocho consejeros de los once del Consejo General; lo demás, ya lo tenían, Tribunal Electoral, Congreso, Poder Judicial y lo demás, no repitamos.

El paquete es para doña Sheinbaum. No puede perder, no debe perder, tiene todo… y puede perder.

La doñita sabe de política lo que este juntapalabras de física cuántica (exactamente nada). Ella ha sido empleada, parece que buena empleada. Ella ha sido dócil (por convicción). Y cuando ha hecho falta, ha sido cínica. Pero nada de eso asegura una correcta operación política.

La señora del bastón de juguete parece confundir la operación electoral con la política. Y es muy distinto.

Las elecciones se pueden perder desde el momento en que se seleccionan los candidatos, sin hacer política, rompiendo pactos, alianzas y también complicidades.

En el partido del Pejestorio (que no de ella) se hacen ajustes, se remueven mandos, empezando por la ab-so-lu-ta-men-te inútil Luisa María Alcalde, quien fue sustituida por Ariadna Montiel y dejó la Secretaría del Bienestar; otra morenista que tenía posibilidades era Citlalli Hernández, exsecretaria de las Mujeres, ambas, medianías si no es que nulidades políticas, sin tocar hasta nuevo aviso, del segundo puesto en importancia política de Morena, al otro ab-so-lu-ta-men-te inútil Andy, el junior del Pejeremías (por lo de las lamentaciones).

Que se ande con cuidado doña Sheinbaum en las elecciones intermedias, los 24 gobernadores de su partido (incluida la jefa de Gobierno de la CDMX) no se van a dejar mangonear tan fácil, no tanto por la soberbia propia de quien tiene mando, sino porque ellos, cada uno, tienen el pulso de la situación en sus entidades.

No será la primera vez que los gobernadores induzcan la derrota de su partido y de sus candidatos. Caso de estudio: la dolorosa derrota de Madrazo, cortesía de los gobernadores priístas.

Y para el 2030, que se cuide la ‘ñora del segundo piso, de entre sus filas va a salir uno que le quiere sacar canas verdes, por sus iniciales (seamos discretos), Marcelo Ebrard.

El otro frente que tiene abierto la dama de Palacio es con los EU, que en lo del crimen organizado no se conforman con delincuentes de monte, quieren cabezas (¡éntrele doñita!) y por la corrupción actual, estructural, del gobierno, de este gobierno.

El embajador en México de los EU, Ronald Johnson, en un evento en Sinaloa, afirmó que para que haya inversión, “el sector privado necesita certeza (jueces que no sean del Bienestar), seguridad y un entorno libre de corrupción”.

Y para no dejar a nadie con la duda, remató: “Sin estas condiciones las inversiones no avanzan”.

No es imposible que la poderosa maquinaria de mangoneo electoral que han armado los cuatroteros les alcance para ganar o perder poco en las elecciones intermedias de 2027, pero sin inversiones extranjeras reales, sin dinero fresco, la economía va a seguir declinando y para las elecciones del 2030, los actuales fanáticos de la 4T pueden dar el cambiazo, lo dieron en el 2000 y sacaron al PRI; lo dieron en el 2012 y sacaron al PAN; volvieron a darlo en el 2018 y sacaron al PRI.

¡Ay!, doña Sheinbaum, no sabe cómo duele un lanzamiento y peor, por ser la primera mujer Presidenta y la primera perdedora.

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