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LA FERIA

Los países no son viables sin gobernabilidad

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México se nos está yendo de las manos * La Primera Presidenta recibió un país sumido en una abrumadora ruina de la seguridad pública, con bandas del crimen organizado que retan al Estado y no ceden el control en las amplias regiones en que son quienes gobiernan

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Hilos y babas.

Tía Maruca era de las de Autlán y era vivísima; su marido, tío Juancho, era un señor de rancho, de esos tiempos venturosamente ya lejanos, en los que la palabra del macho era primera y última… y tío Juancho era muy macho.

Tuvieron catorce hijos (tiempos ya lejanos), educados a decir siempre “sí papá”, pero la que mandaba era su mamá.

Cómo hacía la tía no lo contaba, pero tío Juancho ni chistaba al oírlos decir “sí papá” y verlos hacer lo que ella dijera. No es tan raro.

 

EL PAÍS SE VA DE LAS MANOS

Sin andar con exigencias, el tenochca simplex puede preguntarse a qué horas se van a ver resultados -buenos-, del gobierno de doña Sheinbaum, que tiene el poder desde hace un año, un mes y más de una semana, sin contar el sexenio de su antecesor del que se supone es su continuidad, su “segundo piso” (¡ay!, cuánto ingenio).

Lo oficial es que su gobierno es un desfile de éxitos y aciertos (“vamos bien y vamos a ir mejor”), pero la evidencia de pifias, metidas de pata, declaraciones trompicadas, yerros, junto con malos indicadores en todos los rubros y sectores, hace pensar que, una de dos, o mienten sin recato o no mienten sino que no se dan cuenta de la realidad. Y la realidad es que el país se les está yendo de las manos.

Gobernar es palabra que viene de la marinería, gobernar es conducir -pilotar- un barco; en política se usa para señalar que se rige, se conduce una comunidad o país.

Un gobernante deja de serlo si no garantiza la gobernabilidad, entendida como la capacidad de ejercer legítimamente el poder de manera eficaz.

Cuando se dice que a un gobernante se le va el país de las manos es que no da garantía de gobernabilidad. Suena fuerte, pero no son posibles los países, no son viables, sin gobernabilidad.

Para no manipular, veamos resumidamente que dicen sobre esto instituciones que no son enemigas de la cuatroté, del Pejehová ni su sucesora, como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Brookings Institution, fundada hace 109 años:

Hay gobernabilidad cuando hay Estado de Derecho, cumplimiento de la ley por parte de la autoridad que la respeta y la hace respetar; cuando el poder público no se ejerce en beneficio de funcionarios ni particulares; cuando el gobierno rinde cuentas (‘accountability’); cuando hay ausencia de violencia política y social; y cuando los servicios públicos son de calidad.

Por el otro lado, no hay gobernabilidad cuando el gobierno no asegura la aplicación de la ley; cuando no impide la corrupción de funcionarios y estructuras del gobierno; cuando no mantiene el monopolio de la violencia legítima y no garantiza la seguridad pública; cuando prolifera el crimen organizado; cuando el sistema judicial es ineficaz.

Dicen más, pero falta espacio y ya con esto cualquiera no va a buscar su rosario: en todo andamos mal.

Con brevedad y contundencia, Ricardo Cisneros Hernández (no anda uno pirateando ideas) dice que la gobernabilidad es el conjunto de elementos legales y materiales que hacen funcionar un país en beneficio general: La falta de gobernabilidad propicia el desorden de sectores sociales y regiones, que caen en la ingobernabilidad, propiciando incivilidad y barbarie (no es cita, pero lo dice).

Ahora usted contéstese si el anterior arrimado en Palacio, el Pejecutivo, tuvo gobernabilidad. Loco se quiso volver al llegar a donde ya no tenía esperanza de llegar.

Se montó en su macho para imponer decisiones arbitrarias trampeando la ley; se acomodó con los grandes capitales nacionales para dejarlos ganar más dinero que nunca en sus vidas, a cambio de que no le menearan las aguas financiando opositores o medios de comunicación (Salinas Pliego se le salió del huacal porque no le cumplió sus acuerdos, por cierto, inconfesados); por miedo a las Fuerzas Armadas, las bañó en dinero y les otorgó facultades del orden civil del todo contrarias a lo que la Constitución manda; impidió que su movimiento, Morena, se hiciera partido político real, por su desconfianza enfermiza, tan propia de tramposos; toleró la más increíble corrupción en su gobierno; y asumió una actitud permisiva ante el crimen organizado, cediendo el control de regiones completas del país.

El gobierno del Señor de Badiraguato no fue gobierno, fue una apariencia de gobierno, un ejercicio engañoso del servicio público, que a fuerza de un discurso muy ensayado a lo largo de muchos años de oposicionismo, supo aparentar valores democráticos, dañando la justicia y el Estado de Derecho por la dicha inicua de imponer su voluntad en todo y a todos.

No hay otro que haya hecho tanto mal al país y mire que hemos tenido algunos de pena ajena, pero como éste, ninguno (Huerta no cuenta, fue ilegítimo e ilegal, no es lo mismo).

Ahora está en Palacio doña Sheinbaum. Por el bien del país (y de ella), ojalá asuma la realidad, su realidad: Recibió un país polarizado en el que los acuerdos políticos son casi imposibles; recibió un gobierno carcomido por una corrupción estructural nunca antes vista; recibió una alta burocracia ineficaz que socava la legitimidad de su gobierno y la confianza de la ciudadanía en las instituciones; recibió un país cundido de protestas y confrontación social; recibió la economía al borde de una crisis que no se ha conjurado ni mucho menos; no recibió el control político del Congreso, de su partido ni su gabinete.

Sobre todo, su amado antecesor le entregó un país sumido en una abrumadora ruina de la seguridad pública, con bandas del crimen organizado que retan al Estado, y no ceden el control en las amplias regiones en que son quienes gobiernan.

Presidenta: En más de un año no logra imponer la paz en la ciudad de Sinaloa, porque sus subordinados aparentan cumplir sus órdenes, los que mandan son otros.

La apuesta de la señora de Palacio, la única apuesta, es conservar el poder, ganar las elecciones intermedias y las del 2030; dispone de cantidades inimaginables de dinero para eso, a menos, claro, que se imponga la realidad y termine en un derrumbe general que no es imposible, con todo sostenido con hilos y babas.

 

LA FERIA

¿Por qué limitar la libertad del uso del dinero en efectivo?

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El pueblo manda… ¿acaso le preguntaron si está de acuerdo en pagar sólo por tarjeta la gasolina y caseta de peaje? * La medida busca privar la legítima privacidad, del anonimato que da el dinero. La excusa es combatir al crimen organizado… sí Chucha, los narcos se carcajean de estas babosadas

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Por nuestro bien.

Filósofos, juristas, pensadores, políticos, jefes de Estado y tía Cata, allá en Autlán, han reflexionado sobre la libertad. No entremos en disquisiciones y enredos, todos entendemos qué es la libertad (para tía Cata la libertad era el dinero, su dinero, por eso tío Carlos tenía prohibido poner un pie en su enorme abarrote, ‘su’ de ella).

 

DOS MANERAS PARA DEFENDER LA LIBERTAD PERSONAL

Todos somos libres y entendemos -excepto los que padecen averías de sesera- que la libertad no es total, que nadie es libre de robar, de matar o de circular en su coche en sentido contrario en una autopista. Sí, hay límites válidos a la libertad.

Hay dos maneras de defender la libertad personal: a balazos o en tribunales que la hagan valer.

Los balazos son de probada eficacia, pero también sirven para violar la libertad de otro.

Por eso la gente civilizada prefiere los tribunales. Y ahí tuerce la puerca el rabo: los tribunales (el Poder Judicial) son parte del Estado y aplican las leyes que hace otra parte del mismo Estado (Poder Legislativo), leyes que con frecuencia propone-impone la parte más poderosa del Estado (el Poder Ejecutivo).

Pero, ¿existe el Estado?… No, no existe el Estado, no tiene existencia real, independiente de que uno lo conozca o no (este juntapalabras no conoce a ni un chino de China y no por eso no existen, sí existen, tienen existencia ontológica, real).

No existe el Estado, no hay un señor grandote y fortachón que sea el Estado; lo que existe es el grupo de personas que gobiernan un país, a eso llamamos Estado.

Ese es el intríngulis: esos que tienen el poder y son el Estado, pueden ser santos o demonios; medio honestos o medio bandidos; pero todos, eso sí, todos los que tienen el poder, todos los que se hicieron con el gobierno de un país, quieren conservar poder y gobierno… y no es muy raro que para conseguir eso, hagan barbaridades.

No se trata de abstracciones. A lo largo de la historia del mundo, gobernantes y gobernados han entrado en conflicto, habitualmente por abusos de los gobernantes que incomodan a los gobernados.

No se tiene noticia de alguna revolución ni alzamiento popular contra un buen gobernante y los ha habido, muy queridos por la gente: Federico II en Prusia, ‘El grande’, ‘El primer servidor del Estado’; o Alfonso XII de España (doce, no confundir con el trece que metía la pata como respiraba); y hay otros, como el gigante Mustafa Kemal Atatürk de Turquía; el justamente venerado Franklin D. Roosevelt; o Ángela Merkel que gobernó Alemania 16 años y la gente, allá, se refería a ella como ‘mutti Merkel’… mamá Merkel, más bien dicho, mami Merkel (y no se imagine que doña Ángela era un flan, para nada, gobernó con mano firme).

Regresemos a lo que suele suceder: el Estado, el gobierno, casi siempre pretende controlar a la población y eso se hace a palos o a la chita callando.

El Estado necesita quitarle dinero a la gente, cobrar impuestos y eso se consigue a la fuerza (intente razonar con el SAT). También limita derechos; en el caso de nuestra idílica patria, usted no es realmente propietario de su terreno, porque según el Artículo 27 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la propietaria es “la Nación”, que tiene “el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada”.

Entendamos: “la Nación” le transmite a usted el dominio del terreno que compró, pero quién es “la Nación”… es el gobierno, los que se hicieron con el poder y gobiernan (¿o en el Registro Público lo atiende la Nación?, no, burócratas a las órdenes de los gobernantes).

Por eso el tercer párrafo de ese artículo empieza diciendo: “La nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público (…)”; en todo tiempo… imponer… modalidades.

Y eso de “transmitir el dominio” se aclara al leer el artículo 348 del Código Civil: “La propiedad es el derecho de gozar y disponer de una cosa, sin más limitaciones que las establecidas en las leyes”. Gozar y disponer con limitaciones. Caray.

Acuérdese al pagar el impuesto predial: le está pagando renta por su terreno (y su casa) al gobierno, a los señores gobernantes.

Nota de mala fe: también le paga renta por su coche, que eso es la “tenencia”… y es su coche.

Igual nos van quitando libertades, derechos. Con qué autoridad los gobernantes mandan que nos escondan el salero en los restaurantes. Piénsele.

Pero hay algo mucho más serio, en el mundo y en México. A poca gente le quita el sueño y está directamente relacionado con la libertad individual: el uso del dinero en efectivo.

En el sexenio pasado, el Pejecutivo nos limitó cuánto dinero en efectivo es legal, por ejemplo, para pagar una propiedad, un coche, una joya. Y desde ese límite sólo puede pagar mediante transferencia, cheque o algún otro instrumento bancario.

¿Para qué?, para controlar a la gente privándola de su legítima privacidad, del anonimato que da el dinero. La excusa es combatir al crimen organizado… sí Chucha, los narcos se carcajean de estas babosadas.

Y también puso límite a cuánto dinero puede usted depositar en el banco (después de 15 mil pesotes, le avisan al SAT), por eso el “carrusel” de depósitos chiquitos en efectivo a sus cuatroteras cuentas, nunca se le olvide.

El jueves pasado, la Primera Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en la Convención Bancaria, anunció muy oronda que la gasolina y las casetas de peaje, este mismo año, ya no se podrán pagar en efectivo. Lindo. Siguen acogotándonos. Y tan frescos.

Para entender cosas que tienen enredo, viene bien llevarlas al absurdo.

Mire, pregúntese qué pasa si todo se puede pagar en efectivo: nada.

Ahora pregúntese qué pasa si nada se pudiera pagar en efectivo, si siempre tuviera que usar tarjeta o el iris del ojo, que para allá van… estaría usted en manos del gobierno que si le pega la gana le impide pagar nada, le bloquea al instante todo su dinero, el de su empresa, el de su familia.

Eso se llama Estado autoritario y así, de a poquitos, para allá vamos, en nombre de que nos están cuidando, que es por nuestro bien.

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LA FERIA

Trump, delincuente convicto

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El 30 de mayo de 2024, encontrado culpable de 34 cargos de falsificación * Primera Presidenta Claudia Sheinbaum, todo mundo sabe lo que quieren los Estados Unidos, le guste o no. Es hora de cumplirle a México

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Cumplirle a México.

Tía Chelo (Consuelo), de las de Autlán, aparte de guapa de descarrilar un tren, era de natural sosiego, nunca hacía escenas y años y años, le aguantó muchas a tío Gaspar. Lo más que hacía era decirle sin alzar la voz, “te vas a arrepentir, Gaspar”.

Y le cumplió: una vez que regresó sin calcetines de otra de sus parrandas, incendió la casa. No quedó nada… de la casa ni del matrimonio, claro.

 

LA PRUEBA VIVIENTE DE QUE NO ES GRAN IDEA ELEGIR POR VOTO POPULAR A UN JEFE DE ESTADO

Primero, pongámonos de acuerdo en que el tal Trump es un delincuente. No sufre este menda un ataque de patriotismo modelo “el acero aprestad y el bridón”, no, es un hecho, el tipo es un delincuente convicto, varias veces.

La más reciente, el 30 de mayo de 2024, cuando fue encontrado culpable de 34 cargos de falsificación.

El juez del caso, Juan M. Merchan, de la Corte Suprema de Manhattan, suspendió la sentencia que le tocaba de hasta cuatro años de cárcel (hay que entender: iba a verse fatal que el presidente de los EU, despachara tras las rejas).

También en diciembre de 2022, su empresa Organización Trump, fue declarada culpable de 17 cargos penales.

Luego, en enero de 2023, lo multaron con cerca de un millón de dólares, porque “recurre repetidamente a los tribunales para vengarse de sus adversarios políticos”.

Luego fue condenado a pagar 5 millones de dólares de multa en mayo de 2023, por abuso sexual contra la señora E. Jean Carroll, y otro jurado federal lo encontró culpable en enero de 2024, de difamación contra la misma señora y lo condenó a pagar 83.3 millones de dólares por daños (imagine usted cuánto daño habrá hecho el Trump para que lo multaran con esa barbaridad de dinero).

Y no se nos olvide que, a lo largo de décadas, ha sido acusado por 25 mujeres de acoso y abuso sexual. Se puede dudar de una denuncia, digamos, dos… bueno, tres… pero ¿de 25?

Ese es Trump. Eso es Trump. Es la prueba viviente de que no es la gran idea elegir por voto popular al jefe de Estado; que no es así en varios países muy seriecitos, como Reino Unido, Alemania, Israel, Italia, Grecia, Irlanda, Hungría, Singapur, República Checa, India, ni en otros, pero falta espacio y además es otro asunto (y si es usted católico, tenga muy presente que es la hora que no se eligen por voto popular obispos, cardenales ni Papas y algo han de saber, son 2 mil años de experiencia).

El punto es que por lo que sea y como sea, esa sabandija del Trump es el presidente del país más poderoso del mundo; y con él tiene que lidiar la Primera Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien ojalá tenga muy presente que, con esa calaña del hospedado en la Casa Blanca, hay que andar con cuidado, mucho cuidado, como aconsejaba José José.

No basta torearlo, señito. No alcanza con ceder en casi todo (como hace, no nos hagamos). No es suficiente con desdeñar las habladas de ese delincuente diciendo que “ya sabemos cómo habla”. Y su tan ingeniosa frase de la “cabeza fría”, da frío… usted con cabeza fría y la situación en llamas.

Señito, el Trump es un delincuente, es peligroso y sus patrióticas proclamas de usted, defendiendo la soberanía nacional, a él le dan risa.

Para mayor información, dirigirse a Venezuela, Irán, Cuba, sin olvidar que nada más en este su segundo mandato, el Trump también ha bombardeado Yemen, Siria, Irak, Somalia, Níger y Nigeria, y en su primer mandato (2017-2021) lanzó bombardeos y ordenó operaciones de fuerzas especiales en Somalia, Siria, Yemen, Irak, Irán (sí, señor), Libia y Afganistán (les echó la bomba convencional más potente que existe, la MOAB, ‘Madre de todas las bombas’). Y quería el Nobel de la Paz.

Hay un agravante: Mucho se equivoca quien piense que el problema es el Trump, un viejo niño rico berrinchudo que en lugar de soltar una maldición cuando se pone de malas al recordar las deficiencias de presión hidráulica propias de su provecta edad (el 14 de junio cumple 80… contra los 55 de Melania, digo) avienta bombas a otros países… no, los EU no funcionan así. No es Trump el que por sus chones decide semejantes cosas, aunque por supuesto él las agrava porque carece de convicciones éticas, morales y políticas.

No es que el Trump sea como es, un barbaján. El muy educadito y caballeroso Joe Biden, tan correcto él, ordenó bombardeos y acciones militares contra Siria e Irak (febrero y junio de 2021; marzo de 2023 y febrero de 2024); Yemen; Afganistán (antes de sacar de esa guerra a su país, en 2021, se dio el gusto de machacar su capital, Kabul, ciudad con 3,500 años de antigüedad y casi cinco millones de habitantes).

Agregue a lo anterior sus envíos de tropas y armas a Polonia, Rumania (por si Putin se ponía en mal plan).

Nada de eso en ese país sucede por decisión unipersonal de su Presidente, no es como acá. Allá sí hay gobierno con poderosas instancias internas que no se dejan mangonear, no es como acá. Allá sí hay proyecto nacional, que no, que no es como acá, con nuestra caricatura de plan de desarrollo sexenal: allá es por siglo, en serio y lo cumplen en serio, para bien o para mal del vecindario y del mundo. No de balde -ni por buenecitos- hicieron de su país la principal potencia mundial.

Y ahora resulta que la Presidenta cree que puede darle por su lado al Trump y con eso mantener a raya a los EU… ¡dioses!, un puñado de funcionarios corruptos cómplices de delincuentes de monte, no asustan al tío Sam, de botana se los come.

Son ya muchas advertencias de Trump y del mundo: el crimen organizado está incrustado en el gobierno nacional, como nunca antes.

Apenas el 10 de marzo de este año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), de la Organización de Estados Americanos (OEA), declaró que “el crimen organizado en México es una crisis estructural”; ¿necesita traducción, señora Sheinbaum?, la estructura del país es el gobierno.

El viernes pasado Trump dijo: “Me ofrecí a deshacerme de los cárteles en México y por alguna razón ella (usted, doñita), no quiere hacer eso (…), los cárteles, nos guste o no, están manejando México”.

Doña Sheinbaum, todos sabemos qué quieren los EU, le guste o no. Es hora de cumplirle a México.

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LA FERIA

Trump está tendiendo la cama

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Migración ilegal y el crimen organizado, la excusa perfecta para hacer lo que le venga en gana en nuestro continente y en México * Las amenazas del Tío Sam no son puntadas ni se desinflan con galanas declaraciones de la Presidenta desde su casa

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Tendiendo la cama.

Un joven generalote de la Revolución, analfabeto, de huarache, muy valiente y mejor jinete, fue a decirle al papá de tía Elisa, que se llevaba a “la niña”, a la buena o huérfana.

Tía Elisa tenía 16 de edad -contado por ella-, lo vio, garrudo, hecho a marro, macizo… y le gustó.

Dijo ella que nadie se iba a morir, que mandara por el cura y era suya. Y como su papá le dijo que no se sacrificara por él, le contestó: -Papá, con usted vivo o muerto, conmigo va a pasar lo mismo, mejor a la buena –y fueron muy felices. El generalote acabó siendo refinado y culto, se llamaba Joaquín.

 

‘ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL’

El tenochca simplex puede hacer chistes sobre el Manos Chicas Trump; pensar que nunca se va a atrever a lanzar misiles contra los narcos mexicanos; que es puro pico. Bueno, ojalá.

Está bien para plática de cafetería, pero más nos vale que la señora del bastón de juguete esté bien asesorada (no se ría, no sea así).

Las amenazas de Trump no son puntadas ni se desinflan con galanas declaraciones de la Presidenta desde su casa (hoy Palacio Nacional).

Las declaraciones del Copetón embozan otra cosa, de mayor envergadura. Lo de la migración ilegal y las bandas del crimen organizado ya definidas como organizaciones terroristas, son una especie de ‘casus belli’, excusa para con legitimidad en el papel, hacer lo que le venga en gana en nuestro continente y en México.

Y no, no se preocupe ni se entusiasme (hay de todo), no van a invadir el país ni van a fumigar a México de cuatroteros y similares.

Es obsesión de siempre de los EU, su preeminencia en el vecindario, en toda América. Esa es la Doctrina Monroe de 1823, ninguna intervención de nadie en América Latina y el Caribe, excepto la de ellos, claro.

De esa doctrina siguió el llamado ‘Corolario Roosevelt’, del patán de Teodoro Roosevelt que, ante su Congreso, en diciembre de 1904, dijo:

“Una mala conducta crónica, o una impotencia que resulte en un debilitamiento general de los lazos de la sociedad civilizada, puede requerir en América, como en otro lugar, la intervención en última instancia de alguna nación civilizada, y en el hemisferio occidental la adhesión de Estados Unidos a la Doctrina Monroe puede obligarnos, aunque sea de mala gana (él dijo: ‘however reluctantly’), en casos flagrantes de tal mala conducta o impotencia, a ejercer un poder policial internacional”.

Si quiere vuélvalo a leer: “(…) la Doctrina Monroe puede obligarnos, aunque sea de mala gana, en casos flagrantes de tal mala conducta o impotencia, a ejercer un poder policial internacional”.

En concreto: Ellos califican la conducta, claro, y no intervienen a regañadientes: les encanta.

Con el corolario Roosevelt, en el siglo XX, en América Latina y el Caribe, hicieron y deshicieron, asesinaron presidentes, tiraron gobiernos, impusieron dictadores, no dejaron títere con cabeza; con México después de quedarse con más de la mitad de nuestro territorio, no se metieron más, no hacía falta y los gobiernos del PRI imperial oficialmente trompudos con el tío Sam, se arreglaban en lo oscurito (repase la Guerra Fría y lo verá).

Ya sin la amenaza de la URSS ni de Rusia -que anda haciendo el ridículo en Ucrania-, ahora estamos en el “Corolario Trump”.

Y el Tío Sam lo ha puesto por escrito y publicado el 4 de diciembre de 2025, como ‘Estrategia de Seguridad Nacional’, que tiene por premisa que “la fuerza es el mejor factor disuasorio”, y como es cínico explica en su página 5:

“(…) queremos un Hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra narcoterroristas, cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un Hemisferio libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave, y que apoye cadenas de suministro cruciales; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, afirmaremos y haremos cumplir un ‘Corolario Trump’ de la Doctrina Monroe”. Tan tan. Sin trapitos calientes.

Y en su página 15, agrega: “(…) Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense (dominio militar, dice en la Estrategia de Defensa Nacional), en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio (…)”.

Lo de Venezuela no fue para quitarles un dictador infame a los pobrecitos venezolanos, de ninguna manera, al Tío Sam esas cosas le dan flojera. Fue para bloquear el petróleo de Venezuela a China y Rusia. Ni que fuera tan difícil de entender.

No es una puntada de un colérico y neurótico Donald Trump, su proclamación el domingo pasado, de su iniciativa ‘Escudo de las Américas’, que establece la ‘Coalición Anti-cártel de las Américas’, es parte de la ‘Estrategia de Seguridad Nacional’, que tampoco es una puntada sino que se emite conforme manda la Ley Goldwater-Nichols de 1986. No por babosos, los EU son el imperio que son.

Dijo Trump que al ‘Escudo de las Américas’, ya se adhirieron 17 países de América Latina y el Caribe.

El domingo estuvieron doce con él en Florida, firmaron y se palmotearon los lomos.

México no fue invitado; el Departamento de Estado de EU aclaró antes: “Estados Unidos recibirá a nuestros aliados más fuertes y afines del hemisferio para promover la libertad, la seguridad y la prosperidad en nuestra región”. ¡Áchis!

Luego de la firma de eso, Trump declaró ‘urbi et orbi’: “El epicentro de la violencia de los cárteles es México (…), tenemos que erradicarlos, los tenemos que golpear como el infierno (…), están tomando a ese país. Los cárteles controlan México”.

Si los EU nos hacen una travesura sumando un soldadito de cada uno de esos doce países, dirá que fue una fuerza multinacional.

Ándese con cuidado señora Sheinbaum, el tipo es de cuidado y con saliva no lo para. Usted sabe qué quiere, a sus compañeritos… y le está tendiendo la cama.

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