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MANO NEGRA

AMLO y Córdoba, los dos revulsivos

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  • Aparecen en escena: A través de una carta y por medio de un artículo periodístico.
  • “Propaganda norteamericana contra Sheinbaum al estilo Hitler”: Andrés Manuel López Obrador.
  • Fractura expuesta es el caso Rocha Moya, asegura el exjefe de la oficina de la Presidencia en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

 

ESTÉFANO ESCOBAR

 

“He llegado a la conclusión de que la política es demasiado seria para dejarla en manos de los políticos”:

Charles de Gaulle

 

A la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no la calienta ni el sol, quizá porque son días nublados por la temporada de lluvias y huracanes.

Y es que a casi dos años de iniciado su mandato, los problemas nacionales e internacionales se acumulan sobre su escritorio y dañan cotidianamente al país.

Y, si no, basta observar lo que ocurre día tras día. Sus conferencias matutinas se han convertido en un espacio donde las explicaciones oficiales chocan cada vez más con una realidad política compleja y desafiante.

Son asuntos que difícilmente pueden resolverse desde la tribuna mediática y que exigen resultados tangibles más que mensajes políticos. La solución para superar los problemas del país que la Mandataria se acaba de inventar, achacándolos a la ultraderecha, no es suficiente.

Uno de los casos más delicados es el de Rubén Rocha Moya, gobermador de Sinaloa con licencia.

Las autoridades estadounidenses han formulado acusaciones en su contra y varios exfuncionarios y colaboradores de su administración por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. Entre los señalados aparecen exresponsables de seguridad, procuración de justicia y otros altos cargos. Estados Unidos incluso ha solicitado acciones judiciales y de extradición contra algunos de ellos.

De acuerdo con la acusación presentada en una Corte federal de Nueva York, los presuntos implicados habrían brindado protección institucional a cambio de sobornos y apoyo político. Los acusados han rechazado las imputaciones y el gobierno de Sheinbaum Pardo ha cuestionado que las autoridades estadounidenses hayan hecho públicos los señalamientos sin presentar previamente las pruebas ante las instancias mexicanas correspondientes.

Más allá de cuál sea el desenlace judicial, el costo político ya está presente. El caso ha colocado al gobierno federal en una posición incómoda frente a su principal socio comercial y ha abierto un nuevo frente de presión para la administración de Claudia Sheinbaum, que se ve obligada a defender a figuras de su movimiento mientras exige evidencias a Washington.

A ello se suman las revelaciones publicadas por el diario Los Angeles Times, según las cuales los gobernadores de Sonora, Alfonso Durazo, y de Tamaulipas, Américo Villarreal, habrían visto revocadas sus visas estadounidenses en el marco de investigaciones relacionadas con presuntos vínculos con el crimen organizado. Los mandatarios estatales han negado categóricamente tales señalamientos, pero la sola difusión de estas versiones ha generado una nueva tormenta política para el gobierno federal.

Las versiones periodísticas adquieren mayor relevancia porque surgen poco después de las acusaciones formuladas en Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa. Visto en conjunto, el panorama proyecta una imagen incómoda para Morena y coloca a la Presidenta Claudia Sheinbaum ante uno de los desafíos políticos y diplomáticos más complejos de su administración.

Final del formulario

En Palacio Nacional el balón que se juega está en la cancha de Morena: Marcado por acusaciones de narcopolítica, fuertes tensiones diplomáticas con Washington y crecientes cuestionamientos sobre la capacidad del Estado para contener la influencia del crimen organizado. Todo en claro fuera de lugar.

Y como la narrativa del efecto puede causar daño al país y al gobierno de la titular del Poder Ejecutivo, dos personajes calentaron en calidad de revulsivos: Andrés Manuel López Obrador -mediante una carta pública- y el doctor José Córdoba Montoya -en un artículo periodístico-, el otorora poderoso jefe de la oficina de la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari.

 

ACUSA AMLO A TRUMP

En su misiva, AMLO sostiene que sectores del gobierno norteamericano estarían utilizando el combate al narcotráfico como pretexto para intervenir en la política mexicana y debilitar a Morena en los futuros procesos electorales, además de apoyar a la Presidenta Sheinbaum y a los gobernadores señalados, al tiempo de rechazar las acusaciones de colusión entre el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo y el crimen organizado.

Ya tendrá esta MANO NEGRA de alto IMPACTO el tiempo para abordar, en un analisis más detallado, el largo contenido de la carta del expresidente y sus posibles repercusiones en el ánimo de Donald Trump, pues a decir de lo publicado por Los Angeles Times: “el expresidente Andrés Manuel López Obrador emitió una declaración contundente acusando a la administración Trump de usar un pretexto de narcoterrorismo para debilitar a la izquierda de México y respalda a Sheinbaum Pardo al comparar las tácticas estadounidenses con la propaganda al estilo de Hitler”. https://www.latimes.com/

 

CASO ROCHA MOYA, UNA FRACTURA EXPUESTA: CÓRDOBA

Joseph Marie Córdoba Montoya envía un mensaje suavecito para Claudia Sheinbaum -quien vive momentos de tensión- y le ofrece una estrategia para salir del atolladero: “Presidenta, con la franqueza que permite quien ya no está en la arena, pero entiende sus reglas: está usted ante un dilema que definirá la percepción de autoridad de todo su sexenio. No es menor”.

Y ya encarrerado aconseja de manera firme: “El caso de este gobernador con licencia, acusado en Nueva York de servir a la facción de Los Chapitos, no es un simple escándalo. Es una fractura expuesta. La estabilidad de un estado entero, Sinaloa, está comprometida, y con ella la arquitectura de gobernabilidad que el partido ha construido. Pero toda crisis, bien gestionada, es una oportunidad para redefinir el tablero.

“Usted viene de un mandato de continuidad, pero este hecho le exige un acto de ruptura simbólica con los vicios del pasado.

“Mi consejo, pensando en la estabilidad del sistema, es actuar en cuatro frentes, con la cabeza fría:

“Primero: La variable externa. Desactivar la presión americana.

La acusación en Nueva York no es un gesto de justicia universal; es un mensaje de poder. Están poniendo a prueba su voluntad real de cooperar. Si usted se tarda, si hay excusas, las agencias americanas filtrarán más expedientes, más fotografías, más información. La van a arrinconar. No les dé ese gusto. Entregue la pieza con una eficacia impecable. Que la detención y el proceso de extradición sean un relojito suizo. Así, convierte una humillación potencial en una demostración de que usted controla sus instituciones de seguridad, a diferencia de sus predecesores. Mátele la narrativa al intervencionismo.

“Segundo: La variable interna. Neutralizar el enemigo político.

El poder en Sinaloa no se acaba con un hombre. Hay una estructura. No subestime a quien se queda. Mueva sus fichas en Gobernación para asegurarse de que quien asuma de gobernador sustituto no sea un heredero del mismo grupo de interés, un ‘tapado’ con las mismas lealtades subterráneas. Necesita un administrador leal al proyecto de nación, no a la facción local. Si es posible, alguien con perfil técnico y sin ambiciones electorales futuras, que sirva de tapón y permita una transición controlada. Aproveche la licencia para limpiar la casa.

“Tercero: La variable de la base política. No permita que el caso se vuelva bandera.

Lo peor que puede pasar es que la oposición, o peor aún, una corriente interna del movimiento, convierta a este personaje en un mártir, en una víctima del ‘imperio’. Eso es dinamita pura. Usted debe controlar el relato. No caiga en la trampa nacionalista de defenderlo; al contrario, la bandera debe ser la defensa de la soberanía mediante la ley.

‘En México no protegemos delincuentes, los sometemos a la justicia, venga la acusación de donde venga’. Así, le quita el oxígeno retórico a cualquier facción dentro de Morena que quiera usar esto para desgastarla por la espalda.

“Cuarto: La variable presidencial. Concentración de poder y autoridad moral.

Este caso, Presidenta, es la excusa perfecta para hacer lo que todo mandatario necesita en un momento de crisis: centralizar el mando. Anuncie una supervisión directa desde Palacio Nacional de la estrategia de seguridad en Sinaloa. Demuestre que no le tiembla la mano para cortar cabezas políticas, pero ofrezca un plan de pacificación que proteja a la población civil. La gente en Sinaloa está harta del miedo. Hable con ellos, no con los capos. Construya una legitimidad popular que haga innecesarias las lealtades al viejo sistema”.

Y finalmente Córdoba remata: “Presidenta, use esto para demostrar que su gobierno no será rehén de ningún actor fáctico, ni los de Washington ni los de Sinaloa. La lealtad a un proyecto de largo plazo a veces exige cirugía mayor sin anestesia. ¿Duele? Claro. Pero la alternativa es una gangrena que le pudre el sexenio en dos años. Usted decide si quiere ser una administradora de la crisis o la Presidenta que finalmente cortó el nudo gordiano. Estoy a sus órdenes.”

https://www.laruedadelpodermx.com/post/jos%C3%A9-c%C3%B3rdoba-montoya-hace-seria-recomendaci%C3%B3n-a-sheinbaum-pardo

MANO NEGRA

El II Informe de Sheinbaum Pardo: Entre la realidad y el espejo

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Más allá de las cifras, debe leerse como el primer gran discurso electoral al inicio de la segunda mitad del sexenio * La Primera Presidenta no solamente tenía que decir qué hizo su gobierno, tenía que decir qué país pretende construir * Entre el México que se presume desde el espejo de Palacio Nacional, y el México que se vive en la calle hay un enorme precipicio

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”: Groucho Marx.

 

Es pregunta: ¿Rindió Claudia Sheinbaum Pardo solamente su Segundo Informe de Gobierno? Y la respuesta es no. Rindió, también, un informe de continuidad política.

Y no es un asunto menor. Veamos. Un estudio de verificación independiente (verificado.com.mx) asegura que de 21 afirmaciones centrales del discurso de la Primera Mandataria, encontró 9 verdaderas, 6 falsas, 3 imprecisas, 2 engañosas y una inverificable.

El problema del Informe no es que todas sus cifras sean falsas. El problema es que las cifras verdaderas fueron utilizadas para construir una fotografía incompleta de México.

Porque a dos años de haber llegado a Palacio Nacional, la Primera Presidenta no solamente tenía que decir qué hizo su gobierno, tenía que decir qué país pretende construir.

Y según ella, y sus datos, ofreció los más destacados rubros de su administración: Prosperidad compartida; austeridad republicana; programas sociales; salario mínimo; rectoría del Estado; soberanía; continuidad de la Cuarta Transformación.

Y enmarcó en una frase política el resumen de su proyecto: “Esto no se acaba; esto tiene que continuar”.

Hasta ahí el mensaje, fue lo que ella preveía.

El problema comienza cuando uno deja de escuchar el discurso y empieza a mirar por la ventana. Porque México tiene dos fotografías; una es la que presentó Palacio Nacional, y la otra es la que vive el ciudadano. Y entre ambas hay una distancia que puede ser políticamente peligrosa.

Sheinbaum puede presumir, en sus estadísticas, que los homicidios bajaron, pero mientras eso ocurre, la extorsión alcanzó su nivel más alto para un primer semestre en 11 años.

Entonces la pregunta no es solamente cuántos mexicanos dejaron de ser asesinados. La pregunta es: ¿cuántos mexicanos dejaron de vivir con miedo?

Porque un comerciante al que le cobran derecho de piso, un transportista amenazado, un productor al que le controlan el precio, una familia que no puede transitar libremente por su comunidad, también son víctimas de la inseguridad.

Y eso no cabe en una gráfica de homicidios. Tampoco basta presumir una tasa de desempleo de 2.7 por ciento cuando alrededor de 55 por ciento de los trabajadores mexicanos permanece en la informalidad.

Porque existe una dicotomía: Trabajar no siempre significa tener empleo, y tener empleo no siempre significa tener seguridad social.

Y la experiencia entre los mexicanos nos muestra que tener seguridad social no necesariamente significa vivir bien.

Los números pueden decir una cosa; y la calle puede decir otra.

Lo mismo sucede con la economía.

Sí: México captó una cifra récord de inversión extranjera; el peso se mantiene fuerte; y el PIB volvió a crecer.

Pero una parte fundamental de esa inversión, y aquí nos deberían decir la verdad, corresponde a empresas que ya estaban aquí y reinvirtieron sus utilidades.

Entonces la pregunta incómoda es: ¿dónde están las nuevas inversiones?; ¿las nuevas fábricas?, ¿dónde están los nuevos empleos de alta productividad?; ¿dónde está el salto económico que permita que México deje de crecer al ritmo mediocre que ha caracterizado buena parte de estos años?

En salud ocurre algo parecido. El gobierno asegura que el abasto de medicamentos supera 97 por ciento, pero hay mexicanos que siguen peregrinando de farmacia en farmacia, de hospital en hospital, buscando una medicina.

La diferencia está entre la estadística y el paciente; entre el indicador nacional y la receta que no se surtió; entre el promedio y el enfermo.

Y hay algo más. El Informe habló mucho de honestidad. Pero no habló de los escándalos que han golpeado al movimiento cuatroteísta.

Habló de Pemex, de producción, de refinación y de reducción de deuda. Pero el país sigue esperando respuestas contundentes sobre las redes de corrupción vinculadas al huachicol fiscal, en el que están vinculados prominentes personajes del mismo gobierno.

La prensa independiente ofrece día tras día pruebas que vinculan a personajes como Adán Augusto López y Andy López Beltrán, hijo de Andrés Manuel López Obrador, entre una lista de peces gordos.

Y luego está la política. Ahí el informe de la inquilina de Palacio Nacional fue directo.

Sheinbaum no vino a anunciar una ruptura con López Obrador. Anunció exactamente lo contrario. La Cuarta Transformación continúa.

Y quizá ese sea el verdadero objetivo político del mensaje. Llegar a 2027 no defendiendo solamente una administración, sino defendiendo una obra política fracasada desde el 2018 cuando las huestes de López Obrador llegaron al poder.

Por eso en su mensaje político, Sheinbaum arenga a Morena para que voten por la continuidad del proyecto. Por eso el Segundo Informe no debe leerse únicamente como un balance administrativo. Debe leerse como el primer gran discurso electoral de la segunda mitad del sexenio.

 

¿Y LA OPOSICIÓN?

Y mientras la oposición fijaba sus puntos de vista acerca del Informe en el Congreso, Sheinbaum Pardo conserva una aprobación cercana al 69 por ciento.

Ahí está el dato que debería preocupar más a sus adversarios. Porque pueden tener razón en muchas de sus críticas. Pero todavía no tienen una respuesta convincente para la pregunta fundamental:

¿Qué harían ellos diferente? Hay un gran vacío de la oposición. No hay acuerdos para generar un frente común partidista.

La reaparición pública y política de Vicente Fox, que a sus 84 años intenta reunir a los dirigentes de PAN, PRI y Somos México en un movimiento llamado “Alma de México” y competir en las elecciones del 2027 para “frenar el modelo político actual centralista y autoritario”, pinta como un listado de buenas intenciones -como lo fue su gobierno-, pero deben saber que electoralmente existe una diferencia gigantesca entre presentar un expediente contra los que mal gobiernan, y ofrecerle al ciudadano una razón para votar por ellos.

 

GOBERNAR NO CONSISTE SOLAMENTE EN PRESENTAR BUENAS CIFRAS

Y seguramente Claudia Sheinbaum se cuelga la medallita de mantener a raya a la oposición, y lo viva como un gran triunfo político.

Pero, entonces, aquí saltan las verdaderas preguntas para Sheinbaum: ¿Podrá convertir la reducción de homicidios en seguridad real? ¿La inversión extranjera en nuevas inversiones? ¿El empleo en empleos formales y mejor pagados? ¿Los programas sociales en movilidad social? ¿La estabilidad macroeconómica en crecimiento? ¿El discurso de honestidad en resultados contra la corrupción?

¿El abasto nacional de medicamentos en medicinas para cada paciente? ¿La soberanía en una relación inteligente y productiva con Estados Unidos? ¿Y los buenos números en una mejor calidad de vida?

Porque gobernar no consiste solamente en presentar buenas cifras.

Gobernar consiste en conseguir que esas cifras se conviertan en una realidad que el ciudadano pueda tocar.

Y ahí, todavía, hay mucho por hacer.

¿Informe aprobado? Para Morena, sin duda.

¿Gobierno resuelto? Ni de lejos para los mexicanos de a pie.

Porque entre el México que se presume desde el espejo de Palacio Nacional; y el México que se vive en la calle hay un enorme precipicio.

 

REFERENCIAS: verificado.com.mx; elpais.com; grupoanimal.mx; www.gob.mx; inegi.org.mx; mexicocomovamos.mx; unotv.mx, lasillarota.com, eleconomista.com; elfinanciero.com; ChatGPT; Wikipedia; www.reuters.com; leeaqui.com

FOTOGRAFÍAS: Presidencia de la República; El Heraldo de México; debate.com.mx, Wikipedia; facebook; milenio.com.

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MANO NEGRA

¡Triunfa la libertad de expresión!

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La democracia no se mide por la libertad que tiene la prensa para criticar al gobierno sin permiso * El resultado anunciado por parte de la presidenta del organismo, Norma Solano Rodríguez, es considerablemente superior, toda vez que acota las sanciones a incumplimientos, protege a las audiencias, conserva códigos de ética y defensorías, y de manera notable, impide convertir al Estado en árbitro de la verdad periodística

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

“Donde no hay libertad de prensa, el gobierno es un monólogo y la sociedad queda condenada al silencio o a la adulación”: Octavio Paz

 

En el debate y en los hechos, respecto a la discusión de los Derechos de las Audiencias, salió ilesa la libertad más importante de la democracia: la libertad de expresión.

Después de semanas de polémica, críticas y advertencias de organizaciones, medios de comunicación y periodistas, el Pleno de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) aprueba finalmente los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias.

Y, para decirlo sin rodeos: sí hubo reversa; el texto aprobado y publicado este 28 de agosto en el Diario Oficial de la Federación, y que entrará en vigor 30 días naturales después de su publicación, ya no es el mismo que provocó la alarma. Algo tuvieron que escuchar allá en Palacio Nacional.

El resultado que se dio a conocer el pasado 26 de agosto

por parte de la presidenta del organismo, Norma Solano Rodríguez, es considerablemente superior, toda vez que acota las sanciones a incumplimientos, protege a las audiencias, conserva códigos de ética y defensorías, y de manera notable, impide convertir al Estado en árbitro de la verdad periodística.

En la consulta realizada del 27 de julio al 21 de agosto, en la que participaron 8 mil personas y se emitieron 8 mil 889 comentarios, el 82 por ciento de estos últimos rechazaron el proyecto original, mientras que el 9.7 por ciento se manifestó en favor.

La CRT destacó además que “el mensaje de miles de personas ha sido claro: quieren medios de comunicación independientes de cualquier revisión oficial”.

La amenaza más delicada del proyecto original estaba en esas palabras aparentemente inocuas que podían convertirse en una peligrosa herramienta de poder: “información falsa” y “descontextualizada”.

Porque entonces surgía la pregunta elemental: ¿Quién decide qué es falso? ¿El periodista? ¿El director del medio? ¿La Defensoría de las Audiencias? ¿La CRT? ¿Un burócrata con facultades regulatorias? ¿O, de plano, una autoridad administrativa convertida en árbitro de la verdad? Ese era el problema. Y ese problema, al menos en buena medida, fue retirado del texto gubernamental.

La versión aprobada elimina aquellas referencias que podían abrir la puerta a que la autoridad terminara calificando contenidos periodísticos. La propia CRT sostuvo también que no revisará contenidos ni decisiones editoriales.

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Bien. Porque el Estado puede reglamentar frecuencias, concesiones, procedimientos y obligaciones regulatorias.

Lo que no puede hacer -sin entrar en una zona constitucionalmente riesgosa- es convertirse en editor de los medios de comunicación.

 

¿Y SI NO?

Si los Lineamientos se aplican exactamente como fueron presentados el fin de semana pasado, la historia podría terminar siendo menos dramática de lo que algunos anticipábamos.

Las audiencias tendrán mecanismos para reclamar.

Los medios deberán contar con Defensoría de Audiencias.

Tendrán que disponer de códigos de ética.

Deberán distinguir información de opinión y publicidad de contenido.

Y tendrán procedimientos para atender inconformidades.

Nada de eso debería espantar a nadie. Al contrario. Una audiencia informada también necesita mecanismos para reclamar cuando un medio viola sus propias reglas.

El problema nunca fueron los derechos de las audiencias. El problema era quién tendría la última palabra sobre lo que los mexicanos podían considerar verdadero, falso, contextualizado o conveniente. Y ahí la diferencia es enorme.

 

¿Y SI SÍ?

Ahí está el pequeño detalle. Porque una cosa es lo que dice el reglamento y otra, bastante distinta, cómo se aplicará.

Hoy la CRT asegura que no revisará contenidos ni decisiones editoriales. De acuerdo.

Ahora habrá que verlo cuando llegue la primera queja políticamente incómoda. Porque será muy sencillo respetar la libertad editorial cuando alguien reclame por un horario, una identificación publicitaria o una deficiencia administrativa.

La verdadera prueba llegará cuando la queja sea por una investigación periodística. Por una entrevista incómoda. Por una crítica al gobierno. Por una acusación contra un funcionario. Por una información que el poder considere “inexacta”. O por una opinión que alguien pretenda disfrazar de noticia. Y ahí veremos de qué están hechos los Lineamientos.

Porque la censura moderna no necesariamente llega con tijeras. Ya lo he expresado aquí mismo con anterioridad. A veces llega con un oficio. Con una recomendación. Con una interpretación administrativa. Con un procedimiento. Con una multa. O simplemente con la amenaza de que pueda llegar.

Por eso no basta con celebrar que desaparecieron del texto las palabras más peligrosas. Ahora habrá que vigilar las facultades que permanecieron.

 

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA MARCA EL LÍMITE

Los artículos 6o. y 7o. constitucionales no fueron plasmados para proteger únicamente las opiniones agradables.

Protegen, precisamente, las incómodas. Las críticas. Las que molestan. Las que cuestionan al poder. Las que hacen que algún funcionario levante el teléfono y pregunte: “¿Y eso quién lo dijo?”, o como lo ha expresado la propia Claudia Sheinbaum, “tomen nota…”

Porque una democracia no se mide por la libertad que tiene la prensa para elogiar al gobierno. Se mide por la libertad que conserva para criticarlo sin pedir permiso.

Y aquí está el punto que no debemos perder de vista: El derecho de las audiencias a recibir información no puede convertirse en el derecho del Estado a decidir qué información debe recibir la audiencia.

Las audiencias tienen el derecho a recibir información veraz, plural, y oportuna, especialmente en programación noticiosa. Y a que la publicidad o propaganda no sea presentada como información periodística. Son cosas radicalmente distintas.

 

LA CONSULTA SIRVIÓ

Hay otro dato que tampoco debe pasar inadvertido. La consulta pública produjo miles de observaciones y una fuerte reacción de los medios y de organizaciones vinculadas con la libertad de expresión, y como advertimos líneas arriba, con un alto porcentaje de rechazo. Y el proyecto cambió.

Eso demuestra que la participación pública todavía puede modificar una decisión regulatoria antes de que se convierta en norma.

También demuestra algo más: Cuando periodistas, medios, organizaciones y ciudadanos dejan de discutir por separado y ponen el foco en la libertad de expresión, el poder tiene que escuchar. Aunque sea un poco. Aunque sea tarde. Aunque sea a regañadientes.

 

NO ECHAR LAS CAMPANAS AL VUELO

Tampoco se trata de declarar una victoria definitiva con la publicación de las nuevas normas.

La libertad de expresión no queda protegida porque un funcionario diga que será respetada. Queda protegida cuando la autoridad carece de instrumentos para limitarla arbitrariamente y cuando, si intenta hacerlo, existen jueces, instituciones y ciudadanos capaces de frenarla.

Por eso habrá que leer con lupa el texto definitivo. Y habrá que observar la primera aplicación. Y la segunda. Y la tercera.

Porque los reglamentos se conocen verdaderamente cuando dejan de estar escritos y comienzan a utilizarse.

 

¿Y SI NO? ¿Y SI SÍ?

¿Y si no hay censura? Qué bueno.

Que los derechos de las audiencias funcionen. Que los medios rindan cuentas. Que haya pluralidad. Que exista derecho de réplica. Que los códigos de ética sirvan.

Que la audiencia tenga mecanismos eficaces para reclamar. Nadie debería oponerse a eso.

¿Y si sí? ¿Y si mañana alguien pretende utilizar los Lineamientos para presionar a un medio?

¿Y si una queja se convierte en pretexto para revisar una investigación? ¿Y si una recomendación termina convirtiéndose en presión?

¿Y si una autoridad comienza a interpretar qué es “veraz”, qué es “plural” y qué es editorialmente aceptable?

Entonces habrá que recordar algo elemental: La libertad de prensa no pertenece al gobierno, ni a los medios, ni a los periodistas: Pertenece a la sociedad.

Porque cuando el poder controla la información, la primera víctima no es el periodista. Es el ciudadano que deja de saber dónde termina la información y dónde comienza la versión oficial.

Por eso, sí: bienvenida la protección de las audiencias.

Pero con una condición irrenunciable:

QUE QUIEN PROTEJA A LA AUDIENCIA, NO TERMINE PROTEGIÉNDOLA DE LA VERDAD QUE AL PODER LE INCOMODA.

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MANO NEGRA

El Estado no puede ser jugador, árbitro y tribunal de los contenidos periodísticos

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¿Vigilarán también a las Mañaneras del Pueblo? * ¿Y si, bajo el pretexto de proteger a las audiencias, terminamos necesitando proteger a la sociedad del poder que pretende protegerlas? * “La libertad de prensa es la piedra angular de todas las libertades”: James Madison

 

HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR

 

¿Y si no? ¿Y si finalmente no se aprueban los Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias que impulsa el gobierno de Claudia Sheinbaum?

Y la pregunta obligada es la otra: ¿Y si sí?

Porque, en política, tan importante como saber qué puede ocurrir, es preguntarse qué consecuencias tendrá cada escenario.

Veamos.

La consulta pública abierta para recibir opiniones sobre el proyecto concluyó el próximo 21 de agosto. Y, a estas alturas, una parte importante del debate ya no está solamente en el contenido de los lineamientos, sino en la desconfianza que ha generado el procedimiento y, sobre todo, en el temor de que bajo la bandera de la protección de las audiencias termine abriéndose una puerta para una mayor intervención del poder público sobre los contenidos de los medios.

En el medio periodístico, académico y político se han multiplicado las voces críticas.

Y no es un asunto menor.

Porque cuando el Estado comienza a establecer reglas sobre la manera en que deben presentarse las noticias, las opiniones, los contenidos y las posibles rectificaciones, la discusión deja de ser exclusivamente administrativa.

Se convierte en una discusión constitucional.

La libertad de expresión, el derecho a la información y la libertad de prensa no son concesiones del gobierno en turno. Son derechos protegidos por la Constitución y por los tratados internacionales que México comparte.

Por eso la pregunta de fondo no debería ser únicamente qué derechos tienen las audiencias.

También habría que preguntar: ¿Quién vigilará a quienes pretendan vigilar a los medios?

 

CONSULTA Y DESCONFIANZA

De acuerdo con las cifras publicadas por la autoridad reguladora en la plataforma habilitada para la consulta, diversos ciudadanos, organizaciones y concesionarios han presentado opiniones y observaciones al proyecto.

En un corte al 17 de agosto, la página señala que se han expresado 5,898 “comentarios de la ciudadanía”, y 5,652 “participantes únicos”

Y buena parte de las posiciones conocidas hasta ahora han expresado preocupación por los alcances de la propuesta.

El gobierno, por supuesto, sostiene una posición distinta.

Claudia Sheinbaum ha rechazado que los lineamientos tengan como propósito restringir la libertad de expresión o controlar los contenidos de los medios de comunicación. Ha defendido la protección de los derechos de las audiencias y la autorregulación como mecanismos preferentes.

Y la consejera Jurídica del Poder Ejecutivo, Luisa María Alcalde, ha señalado que las disposiciones relativas a sanciones y multas todavía forman parte del proceso de consulta y podrían modificarse a partir de las observaciones recibidas.

Para ellas todo parece estar muy bien. Pero queda una pregunta elemental: ¿Usted les cree?

Porque la credibilidad de una política pública no se construye únicamente con lo que dice el gobierno que pretende hacer, sino con las garantías institucionales que existan para impedir que esa política pueda utilizarse para hacer algo distinto.

Y ahí está precisamente el problema.

 

EL FANTASMA DE LA CENSURA

Nadie debería oponerse a que las audiencias tengan derechos.

El problema comienza cuando el Estado se coloca como árbitro de los contenidos periodísticos.

Porque una cosa es garantizar derechos y otra muy distinta es determinar desde el poder qué debe entenderse por “información adecuada, equilibrada, veraz o suficientemente contextualizada”, como rezan los principios de la propuesta presidencial.

En el periodismo, además, existe un principio elemental: la mejor protección en favor del periodismo es más libertad de prensa, más pluralidad y más competencia; no menos libertad.

Y hay otro asunto que debe revisarse a fondo: Las Mañaneras del Pueblo.

Si los lineamientos pretenden establecer reglas generales para proteger los derechos de las audiencias, la discusión tendría que alcanzar también a los medios públicos. Y ahí aparece una paradoja monumental.

Las conferencias matutinas presidenciales se transmiten diariamente a través de plataformas y medios públicos, y tienen una enorme capacidad de difusión.

Entonces, si una audiencia considera que durante una transmisión se vulneraron sus derechos, ¿podría presentar una queja?

Y si la respuesta es sí, ¿quién resolvería? ¿La misma autoridad? ¿Con qué criterios? ¿Bajo qué procedimiento?

¿Y con qué garantías de independencia?

Porque sería verdaderamente peculiar que el gobierno diseñara reglas para vigilar a los medios privados, mientras sus propios mecanismos de comunicación quedaran fuera del escrutinio que pretende imponer a los demás.

Justo como ocurre ahora con la plataforma “Infodemia Mx” que dirige Genaro Villamil, al igual que la sección “Quién es quién en las mentiras”, de Elizabeth García Vilchis, además del segmento “Derecho de  Réplica” que conduce Luisa María Alcalde, consejera Jurídica de la Presidencia de la República, quienes un día sí, otro también, se lanzan a denostar a los medios que no les son afines.

Si los derechos de las audiencias son universales, deben serlo para todos: Privados y públicos; oficialistas y críticos; Gobierno y oposición.

Ese debería ser el principio rector. Y aquí aparece otro elemento que ha alimentado la suspicacia.

 

LOS ABOGADOS DEL EJECUTIVO ESTÁN PARA CUSTODIAR LA LEGALIDAD, NO PARA ADMINISTRAR SEÑALAMIENTOS: ERNESTO VILLANUEVA

El pasado 12 de agosto, Luisa María Alcalde difundió desde su espacio “Derecho de Réplica” señalamientos relacionados con periodistas, comunicadores y medios de comunicación a los que vinculó con lo que denominó un “ecosistema digital” y una “red de amplificación” crítica del gobierno.

El hecho generó cuestionamientos desde distintos sectores. Y conviene hacer una precisión: una cosa es que un funcionario responda públicamente a una crítica y otra que desde una posición de poder se identifique o exhiba a periodistas y medios como integrantes de una supuesta red adversaria.

La diferencia no es menor. En una democracia, el gobierno tiene derecho a responder a sus críticos.

Pero los periodistas también tienen derecho a criticar al gobierno sin convertirse por ello en adversarios del Estado.

Porque cuando el poder comienza a etiquetar públicamente a quienes lo cuestionan, el problema deja de ser solamente político.

Puede convertirse en un asunto de libertad de expresión, seguridad y garantías para ejercer el periodismo.

El especialista en temas de Derecho a la Información, doctor Ernesto Villanueva, advierte que “si fue una lista o no, es semántica. La discusión jurídica no depende de cómo se llame. Hay un problema de competencia; hay un tratamiento de datos sensibles cuya base, finalidad y necesidad deben justificarse; y hay un posible efecto inhibitorio que debe examinarse a la luz de la Convención Americana.

“La aclaración -enfatizó- fue que no era una lista. La que jurídicamente importaba era otra: con qué facultad se hizo. Esa no llegó. Y la única disponible, el apoyo jurídico al Presidente, prueba lo contrario: los abogados del Ejecutivo están para custodiar la legalidad, no para administrar señalamientos; no cuentan con facultades legales parta exhibir a medios, periodistas y políticos”.

 

EL DOCTOR FRANKENSTEIN CONSTRUYÓ LA ‘CRIATURA’ DE LAS MAÑANERAS: JOSÉ CARREÑO

El periodista y académico José Carreño Carlón ha colocado una pieza clave en este rompecabezas.

En una reciente columna publicada en La Aurora de México, plantea, en esencia, una paradoja: la llamada “Mañanera” concentra simultáneamente funciones de comunicación gubernamental, enorme capacidad de difusión y una plataforma desde la cual el poder responde y confronta a sus críticos.

Carreño Carlón advierte que, bajo esa lógica, los nuevos lineamientos podrían terminar cerrando un círculo en el que el poder público no solamente comunica, sino que también pretende convertirse en referente para determinar cómo deben comportarse los demás emisores.

Y aquí aparece su provocadora imagen: el mismo “doctor Frankenstein” habría construido tanto la criatura de las Mañaneras como los lineamientos destinados a ordenar el ecosistema mediático.

Más allá de la contundencia de la alegoría, la pregunta que plantea es muy seria. Porque el Estado no puede ser simultáneamente jugador, árbitro y tribunal. No cuando está en juego la libertad de expresión.

 

¿Y SI NO?

Regresemos entonces al principio. ¿Y si no se aprueban los lineamientos?

El gobierno tendrá que explicar qué hará con el proyecto, qué modificaciones incorporará y, sobre todo, si las miles de observaciones recibidas fueron realmente tomadas en cuenta.

Porque una consulta pública que solamente sirve para legitimar una decisión previamente tomada, dejaría de ser un ejercicio democrático y se convertiría en una formalidad, exactamente como las consultas que en el sexenio anterior puso en marcha el señor de Macuspana y que dieron al traste con los avances que el país venía mostrando en buena parte de su desarrollo.

¿Y si sí? Pero vayamos al otro escenario. ¿Y si sí se aprueban? Entonces comenzará la verdadera discusión.

Habrá que revisar cada artículo; cada facultad; cada procedimiento; cada definición; cada posibilidad de sanción y cada mecanismo de supervisión.

Y, sobre todo, habrá que determinar si las nuevas reglas son compatibles con la Constitución Política, con la libertad de expresión y con el derecho de las audiencias a recibir información plural.

Porque el Estado tiene la obligación de proteger a las audiencias. Pero también tiene la obligación -mucho más delicada- de no convertirse en el protector que termina controlando aquello que dice proteger. Ese es el verdadero dilema.

No se trata de defender a los medios por ser medios. Se trata de defender un principio mucho más grande: que ningún gobierno tenga el poder de decidir qué puede decirse, cómo debe decirse y quién puede decirlo.

Porque hoy puede tratarse de un medio incómodo para el gobierno. Mañana puede ser otro.

Hoy puede ser un periodista crítico. Mañana puede ser cualquiera que decida ejercer su derecho a disentir.

Y por eso esta Mano Memoriosa vuelve al principio:

¿Y si no? Habrá que exigir que la consulta haya sido algo más que una escenografía.

¿Y si sí? Habrá que vigilar, artículo por artículo, que la protección de las audiencias no termine convirtiéndose en protección del poder frente a sus críticos.

Porque en una democracia las audiencias tienen derechos. Los medios tienen obligaciones. Los periodistas tienen responsabilidades. Pero el gobierno también tiene límites.

Y esos límites no los establece una conferencia mañanera, una consulta pública ni un funcionario. Los establece la Constitución.

Así que, al final, la pregunta no es solamente: ¿Y si no? Ni tampoco: ¿Y si sí?

La pregunta verdaderamente importante es otra: ¿Y si, bajo el pretexto de proteger a las audiencias, terminamos necesitando proteger a la sociedad del poder que pretende protegerlas? Ahí está el verdadero debate.

 

REFERENCIAS

laaurorademexico.com; oem.com.mx; reforma.com.mx; Portal Comisión Reguladora de Telecomunicaciones.Gob.Mx; RR.SS.

Fotografías: Portales de Internet; IA; Wikipedia.

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