Medición de fuerzas políticas * Un documento del IETD coloca sobre la mesa una pregunta que partidos y ciudadanos no podrán esquivar: ¿Qué democracia llegará a las urnas el próximo año? * “Soy una convencida de que la gran mayoría de la gente que es pobre, no lo hace por maldad”: Susanita, en MAFALDA
HÉCTOR GONZÁLEZ ESCOBAR
Con las elecciones intermedias de 2027 ya en el panorama político, el pasado 10 de septiembre inició formalmente el año electoral, considerado uno de los procesos más grandes de la historia democrática de México.
Y tanto partidos como instituciones gubernamentales y organizaciones sociales especializadas y reconocidas ponen en marcha sus estrategias de lucha y opinión, cada una en el ámbito de su competencia.
El 2027 no será únicamente una elección de diputados, gobiernos estatales o posiciones locales. Será una medición de fuerzas sobre el rumbo político del país.
El próximo 6 de junio estarán en juego las 500 diputaciones federales y 17 gubernaturas, además de miles de cargos locales; alrededor de 102 millones de mexicanos estarán en posibilidad de votar el año próximo, pero probablemente entre 50 y 60 millones decidirán efectivamente la elección.
Pero detrás de esa enorme maquinaria electoral hay algo mucho más importante que una simple suma de cargos: Está en juego el equilibrio del poder.

Por eso vale la pena echar una mirada al documento “Agenda mínima e inmediata para la reconstrucción democrática de México”, presentado en agosto por el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD).
Porque hay documentos que nacen para ser leídos por especialistas y otros que, aunque escritos con lenguaje académico, terminan retratando una batalla política. Este es uno de ellos. Y quizá lo más importante no está solamente en lo que dice, sino en cuándo lo dice.
El IETD no plantea su agenda en abstracto. La coloca expresamente frente a las elecciones de 2027 y parte de una premisa contundente: México vive, a su juicio, una erosión de su vida democrática y es necesario actuar antes de que las urnas vuelvan a convertirse en el gran campo de disputa por el poder.
El documento está firmado por un amplio grupo de académicos, intelectuales, periodistas, especialistas y actores vinculados a la transición democrática mexicana. Entre ellos aparecen José Woldenberg, Lorenzo Córdova, Ciro Murayama, Mauricio Merino, José Carreño Carlón, Jacqueline Peschard, Raúl Trejo Delarbre, Sergio López Ayllón y Javier Martín Reyes, entre muchos otros. No es, por tanto, un manifiesto partidista en sentido estricto.
Pero tampoco es políticamente inocente.
Porque sus planteamientos inciden directamente en uno de los debates que acompañarán -y probablemente contaminarán- todo el proceso electoral: Las reglas del juego y las condiciones de competencia entre el oficialismo y sus adversarios.
DEMOCRACIA EN DISPUTA
El IETD coloca sobre la mesa una preocupación que ya dejó de ser exclusiva de los académicos: la posibilidad de que México esté entrando en una etapa de concentración de poder en la que los contrapesos institucionales tengan cada vez menos capacidad para contener a la mayoría gobernante.

El documento plantea, entre otros asuntos, la defensa de la representación proporcional, la actuación firme de las autoridades electorales, la vigilancia ciudadana de las casillas y de los votos, y la necesidad de que las campañas sean verdaderos espacios de discusión de los problemas nacionales. Pero aquí aparece la primera paradoja.
El diagnóstico democrático puede ser correcto y, sin embargo, insuficiente para ganar una elección.
Porque una democracia no se defiende únicamente denunciando sus riesgos. También se defiende -sobre todo- convenciendo a los ciudadanos de que existe una alternativa mejor. Y esa es precisamente la asignatura pendiente de la oposición.
MORENA: ¿EL FAVORITO?
Morena llega al banderazo de salida con una ventaja en el papel. Las encuestas más recientes muestran al partido gobernante claramente por encima de sus adversarios nacionales.
Una medición de Enkoll colocó a Morena en 41% de intención de voto, frente a 12% del PAN, 8% del PRI y 12% de Movimiento Ciudadano.
Más allá de que una encuesta es una fotografía y no una sentencia, el dato revela algo políticamente mucho más profundo: La oposición todavía no consigue convertir el desgaste del gobierno en una alternativa electoral competitiva.
Morena, mientras tanto, y en medio de reclamos por actos anticipados de campaña, ya trabaja en la selección de sus candidatos para las 17 gubernaturas y demás puestos de elección popular.
Pero su problema no es tanto cómo llegar a 2027. Es cómo evitar que sus propias disputas internas le hagan perder lo que hoy parece tener ganado.
El partido enfrenta procesos de selección en los que las encuestas internas se mantienen “bajo reserva” y en los que la dirigencia intenta conciliar popularidad, reputación, paridad de género y unidad política.
Porque el verdadero adversario de Morena podría no estar enfrente. Podría estar adentro.

LA OPOSICIÓN: ¿ALIANZA O SUPERVIVENCIA?
Y aquí comienza el segundo capítulo.
El PAN y PRI enfrentan una disyuntiva que parece sencilla, pero que puede definir su futuro: ¿Competir separados o volver a intentar una alianza?

El problema es que la alianza PAN-PRI no necesariamente suma automáticamente sus votos. También puede sumar sus negativos.
El PRI carga con décadas de desgaste y una crisis de identidad que no termina de resolver. El PAN enfrenta el desafío de recuperar una identidad propia y ampliar su base social. Y ambos tienen frente a sí a un Movimiento Ciudadano, MC, que apuesta por competir separado y que ha logrado posicionarse como una alternativa distinta al viejo bloque opositor.
MC puede convertirse así en el partido bisagra de 2027, aunque no necesariamente porque vaya a ganar más gubernaturas que Morena; sino porque puede quitarle votos suficientes a la oposición tradicional, para modificar el resultado en distritos y entidades competidas. Y eso cambia completamente el tablero.
EL TERCER JUGADOR
Pero 2027 tendrá otra particularidad. A las fuerzas políticas tradicionales se incorporarán nuevos jugadores. Entre ellos, Somos México, surgido del movimiento de la llamada “marea rosa”, y PAZ, una fuerza reciclada de orientación evangélica, que ha mostrado simpatía permanente con Morena, y para ser correctos, entre AMLO y el pastor de PAZ, antes PES. Cambian el nombre, pero no la afinidad.

En una elección tan fragmentada, unos cuantos puntos porcentuales pueden significar la diferencia entre ganar y perder una gubernatura, un distrito o una mayoría legislativa. Por eso los nuevos partidos no necesariamente necesitan conquistar millones de votos para modificar el resultado.
Les basta con quitarle votos al adversario correcto en el lugar correcto. Y ahí estará una de las claves de 2027.
EL ÁRBITRO
Pero existe un tercer protagonista. El árbitro, es decir, el INE. Y aquí el documento del IETD adquiere especial relevancia. Porque si algo puede contaminar una elección antes de que llegue a las urnas es la percepción de que el árbitro no es imparcial.
El proceso electoral comenzó precisamente bajo un clima de desconfianza hacia el Instituto Nacional Electoral. PAN, PRI, MC y otras fuerzas opositoras han cuestionado su actuación y han reclamado mayores garantías de imparcialidad.
Basta con revisar diversas notas informativas que dan cuenta de la presencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, justo el 10 de septiembre, a la ceremonia de inicio del Proceso Electoral Federal, lo que generó un debate político por ser una “presencia inédita de la política interior”, algo que no pasaba desde que en 1996 se plasmó en la Constitución Política la autonomía del árbitro electoral, del gobierno y los partidos.
El oficialismo, por su parte, rechazó esas acusaciones. El problema es que una elección democrática no solamente necesita ser limpia. Necesita parecer limpia. Porque si uno de los contendientes llega a la jornada electoral convencido de que el árbitro está parcializado, y el otro llega convencido de que el resultado ya está prácticamente decidido, la legitimidad comienza a erosionarse antes de abrirse la primera casilla. Y ese sería un pésimo escenario para nuestro país.
ELECCIÓN DEL MIEDO
Hay, además, un asunto que podría convertirse en el gran elefante dentro de la habitación: la seguridad. Claudia Sheinbaum ya anunció una estrategia para prevenir la violencia política y la infiltración del crimen organizado en las candidaturas. No es un asunto menor.
En 2024 fueron asesinados 40 candidatos, de acuerdo con los datos publicados en diversos medios en aquella fecha, y las autoridades reconocen el riesgo de que grupos criminales intenten influir en las elecciones. Esto significa que 2027 no solamente será una batalla por votos. Puede ser también una batalla por impedir que el dinero, la intimidación o la violencia sustituyan la voluntad ciudadana.

Y aquí la democracia se juega literalmente en tierra. En los municipios, las comunidades, las casillas y en las candidaturas.
¿Y LA OPOSICIÓN?
Aquí regreso al documento del IETD. Su mayor aportación quizá no esté en señalar los peligros institucionales. Está en recordar que la defensa de la democracia necesita ciudadanos organizados, y también partidos capaces de representar algo más que su propia supervivencia. La oposición tendrá que responder preguntas incómodas: ¿Qué propone para mejorar la seguridad? ¿Cómo generará empleos? ¿Cómo pretende recuperar el crecimiento económico? ¿Qué hará frente a la pobreza? ¿Cómo resolverá el deterioro de los servicios públicos? ¿Qué modelo de salud propone?
¿Cómo enfrentará la corrupción? ¿Cómo reconstruirá la confianza en las instituciones? Y, sobre todo: ¿Por qué debería un ciudadano votar por ella?
Porque repetir que Morena es autoritario no basta. Decir que México está en peligro tampoco. Denunciar todos los días al gobierno no construye automáticamente una alternativa. La ciudadanía puede estar inconforme y, al mismo tiempo, no encontrar quién represente esa inconformidad. Ese es el verdadero problema opositor.
MORENA, A EXAMEN
Pero sería un error suponer que Morena tiene la elección ganada. Una cosa es encabezar las encuestas. Otra muy distinta gobernar bien. El 2027 será también un referéndum político sobre el desempeño de los gobiernos emanados de la llamada Cuarta Transformación.
Y sobre todo la percepción ciudadana sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum. Los programas sociales pueden producir lealtades, pero no sustituyen eternamente los resultados. Y las elecciones locales tendrán una particularidad: Muchos ciudadanos no votarán pensando exclusivamente en Palacio Nacional. Votarán pensando en su municipio. En la inseguridad de su colonia. En el estado de las calles. En el transporte. En el agua. En el empleo. En la posibilidad de vivir mejor.
Ahí es donde el poder territorial puede comenzar a separarse del poder presidencial.
EL VERDADERO RETO
Por eso 2027 puede convertirse en una paradoja. Morena puede ganar muchas posiciones y, sin embargo, enfrentar una elección más complicada de lo que hoy sugieren las encuestas. La oposición puede perder muchas posiciones y, al mismo tiempo, comenzar a reconstruirse. Todo puede ocurrir simultáneamente.
Por eso sería un error reducir 2027 a una pregunta elemental: ¿Quién ganará? La pregunta importante es otra:
¿Qué equilibrio de poder surgirá de las urnas? Y todavía hay otra, más profunda: ¿Qué democracia tendremos después del 6 de junio de 2027?
Porque ese es el verdadero campo de batalla que anticipa la agenda del IETD. No se trata solamente de defender una institución. Ni de salvar a un partido. Ni de impedir que otro gane. Se trata de determinar si México será capaz de conservar una democracia con competencia efectiva, contrapesos, árbitros creíbles, pluralidad política y ciudadanos capaces de decidir libremente.
En otras palabras: 2027 no será solamente una elección sobre quién gobierna. Será una elección sobre cómo se gobierna. Y quizá, sobre algo todavía más importante: sobre quién tendrá el poder para decidir cómo se gobernará México durante los próximos años.
La batalla apenas comienza. Y esta vez, a diferencia de otras elecciones intermedias, no solamente estarán en juego los votos. Estarán en juego las reglas del juego.