Ariadna Montiel, firme en frenar el ingreso de personajes con turbios antecedentes * Víctor Hugo Lobo Román no es bien visto en el morenismo * Las definiciones están en puerta y pronto se sabrá en que acabará este entramado jurídico político
JORGE BUENDÍA GARCÍA
Dentro del partido en el poder hay una interminable lista de indeseables, lo que les cerraría la puerta para acceder a un cargo de elección para el siguiente proceso electoral.
Ello de acuerdo con los lineamientos hechos públicos por la actual dirigente nacional de Morena, Ariadna Montiel, de quien -dicen- tiende a recurrir a la mano dura.

Pero hay un caso especial que merece ser analizado y exhibir todo lo que no debe ser un político, sobre todo ahora que buscan frenar el ingreso de personajes con turbios antecedentes.
La intención es impedir que se incrusten de nuevo en las filas de la 4T a todos aquellos que coleccionen carpetas de investigación.
En este espacio nos hemos referido una y otra vez a un político que ha sido exhibido en cuanto al rosario de tropelías cometidas a lo largo de su carrera política.
Se trata de Víctor Hugo Lobo Román, incrustado en Morena, como estrategia para evitar que avanzaran las investigaciones en su contra por su presunto enriquecimiento inexplicable.
En la Fiscalía General de Justicia de la CDMX existe un expediente (CI-FSP/B/UI-1C/1724/04-2019), al que se le atribuye la presunta malversación de fondos públicos de programas sociales durante sus dos administraciones en Gustavo A. Madero.
De hecho, lo que se comentaba en los pasillos del Palacio Legislativo de Donceles y Allende, es de una carpeta abierta en su contra, motivo por el cual se vio obligado a renunciar al PRD de la Ciudad de México.
Lo anterior con el único propósito de votar en favor de la ratificación de Ernestina Godoy Ramos para un segundo mandato al frente a la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. Y ello llevaría implícito congelar la investigación en su contra.

De hecho, así sucedió. A la fecha, no hay ningún citatorio en su contra. Pero eso no significa que sus fechorías hayan sido olvidadas o borradas para siempre.
Por ejemplo, el 16 de abril de 2015, el periodista Ricardo Raphael publicó una columna en el diario El Universal, titulada “¿Votaría usted por un depredador?”. Ahí llamó a Lobo Román “un político de rapiña”.

Por esas fechas, su vocero Rubén Chavaría -un periodista retirado que ahora vive de los jugosos negocios que hizo al amparo del propio Lobo- pretendió desmentir al columnista que arremetió contra su jefe, entonces candidato a un segundo mandato por Gustavo A. Madero.
Sin embargo, Ricardo Raphael se mantuvo en lo dicho y le respondió con una colección de averiguaciones previas: FSP/B/T17/1432/14-05 ACUM. – FGAM/GAM-7/T3/648/14-05 – FGAM/GAM-4/T3/1118/14-05.
De hecho, por esas fechas empresarios hoteleros y restauranteros lo acusaron de extorsión, motivo por el cual se vieron obligados a cerrar sus establecimientos y migrar de la demarcación.
Durante la campaña de 2015, cuando Lobo Román fue candidato para su segunda administración, salieron a relucir hechos que lo ubicaron como un exconvicto, acusado de fraude en las constructoras de su padre, además de atribuirle una cuantiosa fortuna y presuntamente propietario de “constructoras, hoteles, gasolineras, casas de cita y hasta bares”, según denunció la organización “Ciudadanos en Red”.
De hecho, al interior del PRD, Lobo nunca fue bien visto por una importante parte de los dirigentes que después también se pasaron a Morena, pero desde su constitución como partido político fundado por Andrés Manuel López Obrador.
En Gustavo A. Madero son conocidas sus diferencias con el entonces delegado y después secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega, así como con el histórico dirigente René Bejarano Martínez, con quien nunca hubo afinidad. Dicha confrontación llegó a la entonces Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), cuando Lobo fungió como diputado de 2012 a 2015.

En esa legislatura de la ALDF, Lobo Román conoció y trató a la entonces secretaria de la Comisión de Gobierno, Ariadna Montiel, quien lo conoce al revés y al derecho, y sabe de sobra de qué pie cojea Lobo.
Previo a la elección de 2024, el exdelegado en GAM detentó el control de las finanzas del PRD capitalino, dinero que usó para proyectarse como supuesto aspirante a la jefatura de gobierno, con Jesús Zambrano como presidente nacional perredista.
Y cuando Lobo renunció al PRD, llevándose supuestamente 65 mil militantes, Zambrano entró en cólera y anunció que sería expulsado, lo que se concretó con el paso de los días. Casualmente, al inicio del proceso electoral de ese año, fue apuntado como candidato plurinominal a diputado federal por el Estado de México.
Muy caro le salió a Morena haber pactado con un personaje con los citados antecedentes, porque las cosas no pararon ahí. Se hizo público el orgullo de su nepotismo, pues incluyó a su chofer Gerardo González García en la lista de candidatos a diputados plurinominales para la III Legislatura del Congreso de la Ciudad, pero llevando como suplente a su hijo mayor Víctor Hugo Lobo Rodríguez, quien de inmediato asumió el cargo, una vez que el propietario solicitó licencia.
La ambición de Lobo Román nunca ha tenido límites, sobre todo cuando supo que el PRD Ciudad de México conservó el registro gracias al trabajo y esfuerzo de su exesposa Nora Arias Contreras, presidenta del partido amarillo desde el 2020.
Lo que hizo de inmediato fue armar un equipo espurio entre quienes se fueron con él a Morena e hicieron campaña con chalecos guinda, para pretender adueñarse del PRD. Impugnaron los procedimientos realizados, apoyados por Lobo y las influencias que buscó. En broma comentan que hasta le vendió el alma al diablo.
El equipo-lobo invadió varios inmuebles del PRD, motivo por el que fueron denunciados ante la Fiscalía General de Justicia, a cargo de Bertha Alcalde Luján, pero nada se hecho en contra de Lobo.
Su impunidad ha sido solapada, como lo es el delito de feminicidio cometido en el Comité de Cuajimalpa, donde sus allegadas Polimnia Romana y Carla Celis metieron a un grupo de choque violando chapas y cerraduras.
Más aún, el “político de rapiña”, como lo llamó el columnista Ricardo Raphael, enderezó sus baterías en contra del secretario de Gobierno de la Ciudad, César Cravioto, golpeándolo a través de un columnista de temas de ciudad. Todo porque no le han cumplido su capricho de ayudarle a quedarse con el PRD Ciudad de México.
Pero el colmo de los excesos, nada bien visto entre el morenismo, es que en ese arranque de “rapiña”, en los procedimientos espurios tuvo el atrevimiento de nombrar en lo oscurito Aldo Lobo Román, su hijo menor, como presidente del partido amarillo, sin experiencia política y mucho menos afiliado al perredismo.
En ese trayecto, mediante artilugios, logró que su asesor en la Cámara de Diputados, Mario Tripp Reyna, fuese admitido por los consejeros electorales como representante del PRD ante el IECM. Pronto le ordenó solicitar las prerrogativas del partido, correspondientes a los ejercicios 2025 y 2026.
Y toda vez que no ha concluido la cadena impugnativa, las consejeras electorales Patricia Avendaño, Erika Estrada Ruiz y Sonia Pérez Pérez rechazaron de inmediato la petición de Tripp Reyna-Lobo Román.
Lo dicho, una acción de “rapiña”, sólo por la ambición del dinero público que suma alrededor de 80 millones de pesos.
¿Todo eso lo sabe la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel? ¿Que uno de los suyos anda haciendo tropelías a sus espaldas? ¿Avalará la honestidad valiente de Lobo?

Eso y más es lo que se sabe por los rumbos de Gustavo A. Madero. Las definiciones están en puerta y pronto se sabrá en que acabará este entramado jurídico político.