Unos describen el Edén, otros el infierno de Dante * En los dos últimos años se han ido del país cuando menos 12,348 millones de dólares * Los inversionistas, en cuanto perciben tantito riesgo, mueven su dinero. Piense si hay un loco que tenga invertido su dinero en Cuba, Corea del Norte o Venezuela
ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN
Rotura.
A tío Fernando todos le sacaban la vuelta y no era bien visto por vividor y sablista, gorrón profesional.
Una vez, en una comida de domingo, de repente soltó que estaba muy enfermo (no se le notaba), pero que no tenía los cien pesos (entonces no era poco), para “las medicinas” y delante de todos, atoró a tío Manolo, pidiéndole que se los prestara.
Tío Manolo dijo que sí, echó mano a la cartera, sacó el billete y le preguntó cuándo se los pagaba y tío Fernando respondió ofendido: -¡Ah, con condiciones, no!, así déjalo -hubo risitas; el billete regresó a la cartera.
EL PODER DEL DINERO
Como de costumbre, después del informe de gobierno del año, empiezan los dimes y diretes, los del gobierno a sostener su versión y los opositores, comentaristas y uno que otro metiche (¡presente!), a desmentirlos. Unos describen el Edén, otros el infierno de Dante.
Fuera bueno saber si hay algo que indique a las claras, sin discusión, cómo vamos como país, si rumbo al precipicio o a tocar los dinteles de la Gloria. Hay ese algo: el dinero.
Si el dinero fuera persona, sería la mejor informada y la más cobarde del mundo.

Los que manejan dinero en serio, en miles de millones de dólares, otean permanentemente el horizonte y ante la menor señal de tormenta, mueven su dinero o el que administran, a lugares seguros, aunque ganen menos intereses, la cosa es no perder.
Pero el dinero se invierte de varias maneras, en nuevas empresas, en la Bolsa, en fondos mutuos (inversiones colectivas en mercados internacionales), etc., de entre todas, la que mejor avisa sobre la real situación general de un país es la inversión en papel emitido por el propio gobierno, sus bonos, títulos de renta fija que usa el país para captar dinero (pagando intereses, claro).
En México ese papel del gobierno son los afamados Cetes (Certificados de la Tesorería de la Federación), los Udibonos, los Bondes y los Bonos M, todos son “instrumentos de deuda”.

Y aunque usted no lo crea, nuestro gobierno ha sido un ganancioso captador de dinero colocando ese papel, por dos razones: por cumplidores y porque paga altos intereses.
Para que se haga una idea: México actualmente tiene una tasa de referencia (los intereses que paga), de por ahí del 6.5% anual y los EUA, paga en promedio, el 3.625% (Treasury Notes y Treasury Bills, da lo mismo).
El diferencial es enorme (2.875% promedio), a la hora de hacer cuentas de miles de millones de dólares.
Así las cosas, en instrumentos de deuda de nuestro gobierno, en manos de extranjeros, hay por ahí de cien mil millones de dólares, lo que es un montón.
Sí, pero los EUA que paga muchos menos intereses que nosotros, a abril 22 de este año, tienen 3 billones 900 mil millones de dólares invertidos en su papel (el 3900% más que México).
Chéquelo en https://www.congress.gov/crs_external_products/RS/HTML/RS22331.html (tercer párrafo).
Bueno, pero tampoco es moco de pavo tener esa montaña de dólares invertidos en deuda que emite nuestro gobierno. Sí, pero falta lo mero bueno: la fuga de capitales.
Los inversionistas, en cuanto perciben tantito riesgo, mueven su dinero, lo sacan, se lo llevan.
Piense si hay un loco que tenga invertido su dinero en Cuba, Corea del Norte o Venezuela. De ninguna manera. El dinero es muy cobarde… o precavido si le parece mejor.
Póngase listo, la fuga de capitales es el dinero que estaba invertido en papel de deuda del gobierno y lo sacaron del país los inversionistas, otra cosa es el dinero, ahorros, ganancias, lo que sea, que se llevan fuera los mexicanos o extranjeros.
Aquí estamos queriendo evaluar la confianza en nuestro gobierno, de la gente del dinero duro.
El campeonísimo en fuga de capitales hasta el año 2024 es el Pejestorio.

Durante su gobierno (es un decir), salieron del país 349 mil 858 millones de pesos (20,580 millones de dólares de a 17 pesos por dólar); es la mayor fuga de capitales que ha sufrido México.
Cuando lo del “efecto tequila” en 1995, salieron del país 68,970 millones de pesos de ese año (unos 13 mil millones de dólares de entonces).
Y todos los demás presidentes después de Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto atrajeron inversionistas en papel del gobierno.
Con el que más dinero se captó fue con Calderón: 1 billón 343,250 millones de pesos.

Los especialistas y los que dicen que saben, atribuyen esa fuga de capitales a la desconfianza que causó el Pejehová por su logorrea izquierdista, su declarar que la ley no era la ley, la cancelación del aeropuerto de Texcoco y luego ya en gran escala después de que en mayo de 2023 le robó a Grupo México, con la Marina Armada, las vías de ferrocarril de Ferrosur, para hacer su trenecito (inútil), en el Istmo de Tehuantepec.
Sin averiguatas ideológicas, sin análisis izquierda-derecha, sin lo de Segalmex o el huachicol fiscal, la sola fuga de capitales deja muy claro que ese tipo de los abrazos no balazos, generó desconfianza y espantó al dinero.
Ahora bien: ya estamos en la construcción del segundo piso de la transformación nacional.
La Presidenta predica que su movimiento está unido y que va derecho y no se quita.
Está bien: en el primer año de gobierno de doña Sheinbaum, se fueron del país, dice el Banco de México, 92 mil millones de pesos, equivalentes a unos 5 mil 230 millones de dólares y a marzo de este año, salieron (“se desinvirtieron”, dijeron para marearnos), otros 7,118 millones de dólares, informaron la Secretaría de Economía y el Banco de México.
Así las cosas, a la triunfante fidelísima cuatrotera, en dos años se le han ido del país cuando menos 12,348 millones de dólares, el 60% de lo que se fugó en todo el sexenio de su mero padre. El dinero duro, los grandes capitales, confían menos en ella que en el Pejestorio. Así estamos.
Si la dama de Palacio tiene la ilusión de corregir el rumbo sin tirar el lastre que le dejó el visitante frecuente a Badiraguato, se le recuerda que, en política, lo nuevo no se hace con lo pasado.
Ojalá alguien le cuente que no se pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo, porque se hace peor la rotura.