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LA FERIA

De churro el sexenio de película

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Los gobiernos neoliberales han bajado la pobreza… menos la Cuarta Transformación * De risa el mensaje de Año Nuevo del Presidente: Tengamos fe, no perdamos la esperanza; primer deseo, que termine la pandemia; segundo, que continúe la grandeza cultural del país; y tercero, que haya menos pobres… sólo deseos y nada de realidades

 

POR ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Churro.

En la familia materno-toluqueña de este menda, se estaba de acuerdo en que tía Beatriz era santa y tonta, pero más tonta que santa; mire si no: estuvo casada 47 años con tío Ricardo, quien estuvo borracho los mismos 47. Muy viejita y viuda, contó que cuando ya llevaba 40 años de calvario, él le prometió dejar el trago: -Pobre, lo único que me pidió fue paciencia… pero ya ven, se me murió –¡que santa ni que ocho cuartos! (la Real Academia y la Asociación de Academias de la Lengua Española, definen “ni que ocho cuartos” como expresión coloquial que subraya el desacuerdo con algo; y explica que “cuartos” alude a una moneda de cobre en España, cuyo valor era el de cuatro maravedís de vellón… y ahí la dejamos, lo de maravedíes y vellón es más largo).

 

LA FE Y ESPERANZA NO SIGNIFICA REALIDAD

¿Nunca le ha pasado en el cine que se aguanta toda la proyección de una película, esperando que se componga la trama? Y que cuando sale el anuncio de “Fin”, se levanta de la butaca, enojado y murmurando “…inche churro”, como veredicto final que justifica la búsqueda inmediata de una compensación sensible, por ejemplo, la ingesta de media docena de tacos de maciza con cuerito, rumiando cosas feas de la mamá del director de la cinta.

Con motivo del fin de año, nuestro Presidente grabó un video en Palacio Nacional, en el que nos dijo a todos los gallardos tenochcas: “Tengo mucha fe en el porvenir y le deseo a todos los mexicanos que nos vaya bien, que haya mucha alegría, mucha felicidad”…

No sé usted, pero este menda cuando oye a un político hablar de fe se pone en guardia; “fe en el porvenir”, ¿cómo estarán las cosas como para que el Ejecutivo recurra a una virtud teologal?, ¡chispas! (para no poner una grosería).

Luego el mero último día del año, mediante tuitazo presidencial, nos exhortó a que “Mantengamos inquebrantable la fe en el porvenir”. ¡Híjole!

Y en la mañanera del jueves 30 de diciembre, él mismo acomodó su monólogo diciendo que le “(…) preguntaban sobre los deseos para el año próximo, pues un deseo es que se termine la pandemia (…) Mi otro deseo es que continúe la fortaleza de México, que es lo que siempre nos ha salvado de calamidades, la grandeza cultural de México (…) Y lo tercero que deseo es que haya menos pobres”. Y remató: “(…) no hay que perder la esperanza”. ¡Vaya!

Resumen: tengamos fe, no perdamos la esperanza; primer deseo, que termine la pandemia; segundo, que continúe la grandeza cultural del país; y tercero, que “haya menos pobres”.

Imagine nomás que el cirujano sale del quirófano, a media intervención de un hijo de usted y le dice: -No pierda la esperanza, deseo que siga usted siendo muy culto y que se cure su hijo -¿se alarmaría o no?… a menos que padezca usted del síndrome de tía Beatriz, le aseguro que se le paran los pelos de susto y le corre a la dirección del hospital para que alguien vaya a ver qué está pasando con su crío. Se lo aseguro.

La pandemia no va a terminar sino hasta que termine (sabio el del teclado); así son esas cosas, con una diferencia, por poner un ejemplo, la peste negra en la Edad Media empezó cuando empezó, duró más de 50 años y terminó solita, que no había vacunas ni médicos ni nadie sabía qué la causaba; la inmensa diferencia es que hoy la ciencia sabe exactamente qué hay que atacar y en tiempo récord se desarrollaron las vacunas (y hasta medicamentos para curar a los contagiados). Eso sí podría ser un propósito presidencial: redoblar el combate al Covid, comprometerse a que no habrá un mexicano sin vacuna, que se reforzará a los ya vacunados y se hará una campaña para convencer a los que no quieran vacunarse. Algo concretito, no un simple deseo.

De lo de mantener la fortaleza cultural del país, habría que preguntarle al señor Presidente a qué se refiere, ¿a la cultura objetiva o la subjetiva?, la cultura que conforma el hábitat nacional, con su inmensa variedad de matices y contenidos, o a la cultura de los individuos, ese cultivar a las personas. Y luego, ya aclarado el punto, pedir la relación de la cultura con el superar calamidades. Como que no, pero él sabrá.

Lo que sí llama la atención es que en último lugar se haya referido a que desea que haya menos pobres. Se le está yendo el tiempo; disminuir el número de pobres como deseó cuando en la primera mitad de su periodo aumentó el número de pobres hasta llegar a 55.7 millones de personas, parece lo menos, inapropiado y obligaría a revisar sus programas sociales porque se están repartiendo carretadas de dinero y lejos de bajar, sube la miseria; algo no cuadra… ¿la estrategia… regalar dinero no mitiga la pobreza?… parece que no.

 

PROGRAMAS SOCIALES VIENEN DESDE LUIS ECHEVERRÍA

Y tampoco es cosa de creernos que estos programas sociales son la gran novedad. Empezaron desde tiempos de Echeverría, con el Programa de Inversiones Públicas para el Desarrollo Rural (Pider); siguieron con López Portillo como Coplamar, más Pider y el Sistema Alimentario Mexicano (SAM). Luego de De la Madrid, Salinas de Gortari armó Solidaridad al que don Zedillo rebautizó como Progresa (que disminuyó la pobreza el 15.4%, recibió el 69% de la población con la panza pegada al espinazo y la bajó al 53.6%), sí, por mal que caiga el Zedillo es el campeón del asunto.

Don Fox también le cambió de nombre, le puso Oportunidades y también disminuyó sensiblemente la pobreza (entregó el país con el 42.9% en pobreza, 10.7% menos de cómo lo recibió); don Calderón mantuvo el nombre y volvió a bajar la pobreza, aunque se implantaron nuevas mediciones que permiten dudar si así fue; con Peña Nieto sí bajó, poquito, pero bajó. Y en lo que va de este sexenio ha aumentado, por la pandemia y porque el gobierno se negó a apoyar a las micros, pequeñas y medianas empresas, por lo que sea, pero recibió el país con 55.3 millones de pobres y ya andamos en 55.7 millones después de cataratas de dinero en los programas sociales, orgullo presidencial. Algo anda mal.

¡Ay, Presidente!, si según usted ¡primero los pobres!, en sus deseos los puso al último.  No, no nos está gustando como va su sexenio de película… parece churro.

LA FERIA

AMLO prepara ajuste de cuentas para el 1 de septiembre de 2024

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Votar todos por Morena en julio del año próximo es la aceptación implícita de que no logró -con su “revolución pacífica”- la transformación nacional * Quiere hacer realidad su proyecto político para México, en el último mes de su gobierno, conseguir en 30 días lo que no logró en todo su periodo: Concentrar en el Ejecutivo el control total del Legislativo, la sumisión del Judicial y anular por siempre los órganos autónomos como el INE

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Recoger varas.

Tío Fernando era terco y muy enamoradizo. Divorciado dos veces, viudo una y setentón, empezó a cortejar a una vecina joven y cimbreante belleza que no le hacía ningún caso.

Para sorpresa del barrio, llegó a cuarentona sin casarse, pero el tío la seguía asediando, aunque ya tenía casi noventa de edad. La cosa paró cuando la no tan joven, un día le dijo: -Don Fernandito… es por su bien… yo lo mato en la primera noche –se ofendió. Era cierto.

 

SISTEMA ELECTORAL ES MIXTO

En México, muchos creen que el Presidente de la República, los 500 diputados y los 128 senadores, son elegidos directamente mediante el voto popular. No es cierto.

El Presidente, sí, claro, y queda el que consigue más votos y punto. Pero para diputados y senadores el sistema electoral es mixto.

De los 500 diputados, 300 son electos directamente, son los de mayoría relativa. Los otros 200 son de representación proporcional (los plurinominales, inventados en Alemania por ahí de 1949) que originalmente eran para dar representación a las minorías.

En México a grandes rasgos, salen de las cinco listas cerradas y bloqueadas en las que cada partido pone a los 40 que les pega la gana (cinco listas, una por cada una de las circunscripciones en que dividieron nuestros gobernantes al país, haciendo lotes de estados).

Cuando usted vota lo hace por un diputado y aparte por una lista de pluris en la que, no  olvide, usted no puede ni opinar y el diputado pluri no lo representa a usted ni a ningún estado en particular. Chulada. Hay condiciones como que ningún partido pueda tener más de 8% de sobrerrepresentación ni más 300 diputados (excepto si los gana con su votación directa). Si le interesa el detalle léase el Artículo 54 de la Constitución Política.

Más divertido es con los senadores. Son 128, cuatro por cada estado (incluida la capital del país). Los partidos ponen dos candidatos para cada estado (lo llaman “fórmula”, uno la encabeza). Los primeros 64 son los que ganaron la votación en cada estado, directo, sin problema. Los siguientes 32 son los que perdieron y quedaron en segundo lugar, pero ponen al que encabeza la fórmula derrotada (“primera minoría”, le llaman); perder y entrar, bonita cosa.

Los últimos 32 son plurinominales, salen de una sola lista nacional presentada por cada partido, cerrada y bloqueada.

Nada más para que tenga una idea del enredo que es nombrar a los senadores pluris, para su elección aplican el “método de cocientes” (para que se oiga bonito), que consiste en tomar toda la votación nacional (para senadores, claro), y dividirla entre 32 (el número de estados), y lo que salga se usa para dividir -entre eso- los votos de cada partido y (¿dónde quedó la bolita?) ese el número de senadores pluris que les tocan.

Tan fácil que es asignarlos directamente conforme al porcentaje de votos obtenidos y ya, pero no, la cosa es científica. Ni la burla.

Así que tómeselo con calma cuando le digan que el pueblo soberano elige a sus representantes. Sí, pero no tanto, ni a todos. Pa’l caso.

Viene esto a cuento de la proclama presidencial pidiendo que el 2 de junio de 2024 todos salgan a votar “en línea”, queriendo decir que la gente vote parejo por Morena en todas las candidaturas y listas, para continuar con la transformación nacional (¡qué miedo!).

El Presidente espera que nosotros, todos los del peladaje nacional, a su corcholata (preseleccionada, precocinada, un minuto en la urna y ¡lista para servir!) le otorguemos la Presidencia de la República y a su partido (con sabroso aderezo de rémoras incluidas), dos terceras partes cuando menos, de los votos para legisladores, de manera que él pueda enviar el primer día de la siguiente Legislatura, el mero 1 de septiembre de 2024, iniciativas de reformas a la Constitución para ajustar cuentas al INE, la Suprema Corte y seguro también a los órganos autónomos.

O sea: es la confesión involuntaria del Presidente de su fracaso, la aceptación implícita de que no logró con su “revolución pacífica” la transformación nacional (la cuarta, no se le olvide), que él solito declaró desahuciada cuando afirmó que sin recuperar la seguridad pública no habría 4T. Bueno, pues no hubo.

Y francamente da casi ternura este su postrer intento, porque él termina su periodo a las doce de la noche del lunes 30 de septiembre de 2024, y quiere hacer realidad su proyecto político para México, en el último mes de su gobierno, conseguir en 30 días lo que no logró en todo su periodo: concentrar en el Ejecutivo el control total del Legislativo, la sumisión del Judicial y anular por siempre los órganos autónomos como el INE.

No pudo porque para rehacer la Constitución a su gusto, nunca tuvo las dos terceras partes, más un voto, en el Congreso.

En 2018, cuando él arrasó en las urnas, Morena & Asociados, en el Senado se quedó por el resto del sexenio sin mayoría calificada, esos malditos dos tercios más uno de votos, que son requisito indispensable para reformar la Constitución (controla 76 senadores, le faltaron desde el primer día 10 votos).

Ya sin el Senado lo de la Cámara de Diputados era lo de menos, pero tampoco consiguió mayoría calificada (consiguió 324, también 10 menos).

“Maldita la hora, pero en las elecciones de 2021 lo arreglamos”, debe haber pensado, olvidando que el Senado dura todo su sexenio. Y en 2021, en la Cámara de Diputados ganó 42 curules menos; mal resultado inesperado porque estaba en la plenitud de su poder el Transformador Patrio.

No consiguió lo que quería ni cuando arrasó en las urnas y con su impulso consiguió muchos votos para su partido y el PT, el Verde y el PES. Tampoco lo logró estando en la cúspide de su poder. Es un misterio que piense que lo va a lograr cuando le quede un mes en La Silla.

Quede quien quede en la Presidencia, va a seguir haciendo coros al son que diga el Presidente López Obrador, cuatro meses no es tanto. Y en el Congreso, piense con quién van a querer quedar bien, con el que ya está empacando o con quien va a mandar seis años. Política es tiempo, dice él, y su tiempo es el de recoger varas.

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LA FERIA

Al Presidente se le está yendo el poder entre las manos

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La decisión más importante de su sexenio, su sucesión, se le va a complicar * El pleito en Morena será a navaja

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

A navaja.

Tía Marilú cometió la imprudencia de contraer nupcias con tío Neto (Ernesto, claro), quien no era mala persona, lo que es más, era un buen tipo, pero tenía un defecto que hacía la vida muy incómoda: cambiaba de opinión todo el tiempo.

Salían de su casa al teatro y la llevaba al cine; iban de vacaciones a Veracruz y acababan en Querétaro; una vez iban a Europa y ya en el aeropuerto, en la sala de abordar, el tío dijo que iba al baño y nunca regresó (ella sí se fue). Así, el día que su hijo mayor, Neto Chico, le dijo a su mamá que fueran a pedir la mano de su novia, ella le ordenó: -Ni se te ocurra decir nada, preparen todo, me dices la fecha y en qué iglesia… a tu padre, ni media palabra -ella acompañó a su hijo al pie del altar y tío Neto llegó al banquete, un ratito.

 

LA NECEDAD DEL PRESIDENTE

Tal vez ha jugado alguna vez a decir una palabra, una sola, para describir un personaje de la historia: Colón, América; Cuauhtémoc, pies; Hidalgo, independencia; Madero, asesinato; Porfirio Díaz, bigotón; Hitler, guerra; Clinton, Lewinsky. ¿Sí, verdad?.., bueno, qué palabra se le ocurre para nuestro Presidente: terco (o necio, que no es lo mismo).

Sí, extrañamente entre buena parte de nosotros los gallardos integrantes del peladaje nacional, el Presidente tiene fama de ser aferrado a sus ideas (obcecado, testarudo, inflexible), o entre los que son sus admiradores: coherente, firme, decidido, fiel o lo que se le parezca.

Pero el Presidente no siempre respalda con sus hechos sus dichos y a veces dice y se contradice, sin que eso cambie la impresión de la generalidad de los tenochcas simplex, de que es más fácil que el Papa salga en el Playboy a que el Presidente cambie alguna de sus ideas. Van dos ejemplos, para que vea que no es mala fe:

Primero, lo de enjuiciar expresidentes de la República. Durante su campaña habló de que los llevaría a juicio y hasta llegó a decir que los encarcelaría. Ya como Presidente electo, en entrevista con Carmen Aristegui, el 21 de noviembre de 2018, a punto de tomar el poder, declaró: “No sería conveniente, porque significaría conspirar contra la estabilidad política del país… tendríamos que enjuiciar a Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, y habría demasiado escándalo (…)”.

Luego en su madrugadora del 15 de enero de 2019, dijo: “(…) la crisis en México tiene que ver con la política llamada neoliberal, una política de pillaje que se aplicó” y que por esa razón, se le iba a “preguntar” a la gente.

En junio de 2019, dijo que la consulta popular para enjuiciar a los expresidentes se realizaría solo “si es indispensable, si es mucha la exigencia de la gente”, e insistió en no estar “anclados en el pasado”.

En septiembre de 2019, dijo que su gobierno no era partidario de iniciar denuncias contra administraciones pasadas: “Lo pasado, pasado”, remató.

Bueno, se hizo la consulta el 1 de agosto de 2021, casi tres años después de que lo propuso, pero advirtió que él votaría que no, que no se les enjuiciara. Con tales incentivos, acudió a la consulta poco más del 7% del padrón electoral.

En resumen: de enjuiciarlos y encarcelarlos a fíjense que siempre no. ¡Vaya!

El segundo ejemplo es lo de su relación con el Trump. En 2017, criticó la “actitud sumisa” de Peña Nieto y advirtió que interpondría una denuncia ante la ONU por violación a los derechos humanos y discriminación racial, si Quique Copete no lo hacía. No lo hizo. Él tampoco. Ya cuando era candidato, sacó el libro ‘Oye Trump’, en el que le dijo canalla al Trump, lo comparó con Hitler, propuso la defensa de los migrantes (sí, de los migrantes), y se bailó un zapateado en Peña Nieto por sumiso y sacón.

Luego criticó la idea del Trump de construir un muro en la frontera y rechazó las amenazas que dirigía hacia México: “(…) vamos sin baladronadas, sin amenazas, de manera responsable, a defender la soberanía de México”.

Asumió la Presidencia y a los siete meses, en junio de 2019, puso el muro militar para detener a los migrantes, después de que Trump amenazó con aranceles a México y en julio de 2020 visitó al Trump en su casa (la Casa Blanca), le agradeció lo respetuoso que era con México… y declaró muy orondo: “El presidente de Estados Unidos y yo somos amigos”.

De las bravatas al trato de cuatachos. ¡Vaya!

Y esos son dos ejemplos nada más, que de regresar las tropas a los cuarteles a militarizar toda la seguridad nacional y parte de la administración civil del país, hay un océano de diferencia que él explicó ampliamente diciendo “cambié de opinión”. Que de “primero los pobres” a cancelar programas de probada eficacia en el combate a la pobreza como entre otros, el de Apoyo a la Vivienda; Atención a Jornaleros Agrícolas; Empleo Temporal; Comedores Comunitarios; Apoyos para la Protección de las Personas en Estado de Necesidad; y eliminar las estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras; sí, hay mucho trecho.

Por eso no debe sorprenderse nadie de que a veces el Presidente deje colgados de la brocha a los suyos, como el martes que anunció tan fresco que siempre no va lo del cabotaje que tenía con los pelos parados al sector aeronáutico. O que la iniciativa suya de él de limitar las facultades del Tribunal Electoral (TEPJF), que empujaban sus legisladores contra viento y marea, de repente la haya descalificado.

Dirá usted que es de sabios cambiar de opinión y sí, es de sabios, pero en esto de la alta grilla no es muy recomendable que se le pierda la confianza al líder y menos cuando se aproxima ya a toda velocidad el destape de la corcholata que él y solo él va a lanzar como candidata a la Presidencia de la República, pues doña Claudita ya ve en el lomo de un venado su elección y los otros dos corcholateados, andan mirando para atrás como con desconfianza y ninguno de ellos, ni el secretario de Gobernación ni el canciller, son primerizos ni dejados.

Al Presidente se le está yendo el poder entre las manos y la decisión más importante de su sexenio, su sucesión, se le va a complicar, mucho y en su partido el pleito va a ser a navaja.

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LA FERIA

¿Qué prefiere: una democracia cara o una dictadura barata?

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Lo verdaderamente caro es el dinero que se evapora por ineficacia gubernamental *El presupuesto del Instituto Nacional Electoral, 14 mil millones de pesos, no es nada comparado con lo del Tren Maya, 400 mil millones de pesos, que no irá a ninguna parte

 

SEÑOR LÓPEZ

 

Tentativa.

La prima Alicia se casó como se debe: muy enamorada y para sorpresa de toda la familia, poco después de dar la feliz noticia de que estaba en estado de buena esperanza, dejó al marido y para siempre, porque -contaba ella- era duro para gastar y cuando le dijo que estaba embarazada, el tipo se alarmó y comentó que iba a buscar “un buen presupuesto” porque si no, el kilo de hijo les iba a salir “más caro que de caviar”.

¡A volar! Ella sola se encargó de su hijo y se le tituló de ingeniero civil.

 

PLAN FRUSTRADO

Vamos a hablar en serio: el gobierno federal, no… más bien, algunos del gobierno federal… no, tampoco… algunos del grupo duro de la 4T (¡eso!), algunos de los dogmáticos de la 4T, saben que difícilmente se van a salir con la suya en eso del Plan B para debilitar al INE hasta la inanición.

Ante la derrota en el Congreso para en los hechos, desaparecer al Instituto Nacional Electoral (INE), mediante una reforma a la Constitución, de inmediato el Presidente de la República ejerció su derecho al pataleo, como hizo con las reformas a las leyes del sector eléctrico, con la diferencia de que en el caso del INE los afectados directos no son un grupo de empresas sino todo el país con lo que significa de resonancia y alarma social.

También se dan cuenta esos del grupo de los más fieles al proyecto presidencial, de que la sola iniciativa de reformas legales (el Plan B, que propone modificaciones que violan la Constitución) es -en sí misma- una derrota política de consecuencias ineludibles porque es muy difícil defender reformas legales que desarman el entramado institucional que nos garantiza elecciones libres y confiables que permiten la pacífica trasmisión y transición del poder: del año 2000 a la fecha, el Poder Ejecutivo ha estado en manos el PAN, del PRI y de Morena, sin achuchones; y en los estados de la República juegan brisca y hay cambios y recambios en el poder sin sobresaltos ni asonadas.

El argumento mendaz de que las reformas a las leyes del INE son para ahorrar dinero, se desmorona ante la evidencia de las carretadas de dinero que el país puede destinar y destina a otros programas de importancia sectorial (si es que la tienen) y más cuando reflexiona uno que el INE nos cuesta este año 2023, a cada uno de los tenochcas con credencial de elector, 145.68 pesos por cabeza, en todo el año, 40 centavos diarios (presupuesto aprobado del INE este año: 13 mil 987 millones 856 mil 773 pesos; con un padrón electoral de 96 millones 19 mil 567 electores).

Habrá quien diga que este año se gasta menos porque no hay elecciones en todo el país. Cierto. En el 2021 cuando tuvimos elecciones federales, el INE ejerció un presupuesto total de 19 mil 593 millones 797 mil 958 pesos, con un padrón de electores de 93 millones 984 mil 196 alegres tenochcas. O sea, 208.47 pesos por piocha… no es tanto, son 57 centavos diarios. No sé usted, pero este menda está dispuesto a pagar un pesote diario con tal de conservar un sistema de probada eficacia para dirimir sin balazos quién nos gobierna y para poder dar y quitar el poder, tachando en una boleta.

El Presidente dice (y repite) que el INE, nuestro INE, es el sistema electoral más caro del mundo y sorprende que en no pocos artículos de prensa se sostenga semejante cosa, comparando peras con manzanas y dejando de lado que en nuestro país el órgano electoral destina por ahí del 35% de su presupuesto en financiar a los partidos políticos, gasto que no hacen los gobiernos de muchos otros países porque no son como nosotros de desconfiados; aparte el INE paga la actualización del padrón electoral y la expedición de la credencial para votar que es en la realidad el único documento nacional de identidad en México (en esto, más o menos se va un 21%); además paga directamente los tiempos de radio y televisión para el propio INE y todos los partidos, fiscaliza su gasto y corre con el costo completo de la organización de los procesos electorales, entre muchas otras cosas de alcance federal y estatal.

Considere usted nada más que para realizar el proceso electoral federal del 2021, el INE movilizó a 14 millones de ciudadanas y ciudadanos elegidos por sorteo, mismos 14 millones que son visitados y capacitados para elegir entre ellos a un millón 400 mil que participan en los comicios: montan todas las casillas electorales; verifican la identidad de cada elector y registran su participación; reciben y cuentan los votos; elaboran las actas de casilla por cada puesto a elegir; y custodian y entregan los paquetes de boletas electorales. Se dice fácil y es difícil. No es exagerado decir que es lo único que en México nos sale bien… no, no bien: muy bien.

Cada vez que usted ha ido a emitir su voto debería tener presente que todos los que están en la casilla y cuidan de su voto, son ciudadanos comunes y corrientes, sus vecinos, y que a todos los capacitó el INE.

Pero vamos a no necear, aceptemos (sin conceder porque no es cierto) que nuestras elecciones son las más caras del mundo. Lo valen.

Lo verdaderamente caro es el dinero que se evapora por ineficacia gubernamental, con obras inmensas de presupuesto por averiguar: en agosto del año pasado el Presidente aceptó que la refinería de Dos Bocas ha más que duplicado su costo y ya va en 360 mil millones y que el Tren Maya terminará costando 70% más de lo planeado, 400 mil millones de pesos y eso sí es caro, 400 mil millones por un tren que no va a ninguna parte (y su costo equivale a más de 20 años de INE). Y peor es la corrupción, eso sí que es muy caro, como el desfalco de 9 mil millones en Segalmex.

Si de ahorrar en elecciones se trata, lo que no falla es la dictadura, eso sí es barato, lástima que sea imposible en México que no es Venezuela, Nicaragua ni Cuba, por cierto.

No es de esperar que los magistrados de la Suprema Corte estén dispuestos a pasar a la historia como los asesinos de nuestra democracia, nomás por no darle un disgusto al huésped de Palacio, quien le guste o no, se dé cuenta o no, ya lo es en grado de tentativa.

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