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LA FERIA

Las acciones legales, pero inmorales de la 4T

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No es único el caso del desayuno de Lozoya en restaurante de Palmas * Al asumir Andrés Manuel López Obrador el cargo jura solemnemente cumplir y hacer cumplir las leyes, no las costumbres, no la moral. En fin, para el caso que le hacen a uno

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Mala memoria.
Tía Victoria, como bien sabe usted a estas alturas, acumuló en su vida más colchones que la cadena Sheraton y encima, sabía las “historias” de todo el Toluca de la primera mitad del siglo pasado.
En general era discreta, pero cuando de defender a las mujeres de la familia se trataba, en especial a sus sobrinas, no se tentaba el corazón, como la vez que tía Beatriz dijo de la prima Olga, que era una chamaca de vida inmoral y tía Victoria la atajó: -Si tanto te gusta hablar de moral, platícanos por qué tu primer hijo nació sietemesino de cinco kilos y ni se parece a tu marido –soponcio de tía Beatriz, risitas contenidas de los presentes.

 

ESCANDALETE RIDÍCULO DE LOZOYA
Emilio Lozoya, director de Pemex de diciembre de 2012 a febrero de 2016, acusado de corrupción, lavado de dinero, tráfico de influencias y crimen organizado, fue capturado en España y extraditado en México.
Al llegar a esta tierra de hombres cabales, pasó a ser ‘testigo colaborador’ conforme a lo dispuesto en la Ley Federal para la Protección a Personas que Intervienen en el Procedimiento Penal (no ‘testigo protegido’, que eso no existe en la ley, ni ‘persona protegida’ que sí existe pero es otra cosa según las fracciones IX y X del artículo segundo de esa ley).
Quedó sujeto a proceso por los probables delitos de cohecho, asociación delictuosa y uso de recursos de procedencia ilícita.
Ha confesado que recibió un soborno de 10 millones de dólares de la empresa Odebrecht. No pisó la cárcel, pues se supone que va a ‘colaborar’ (a echar de cabeza a otros). Bueno, cada quien se defiende como puede y más si la Fiscalía se va encima de la mamá, hermana y esposa. Cualquiera no afloja.
El caso es que fue sorprendido el pasado sábado 9 de octubre, cenando plácidamente en un restaurante caro de la CDMX. Se armó un escandalete ridículo: el señor puede andar por donde le pegue la gana dentro de la capital del país, portando un brazalete electrónico de localización (se supone que lo usa, pero vaya usted a saber).
Al día siguiente el Presidente de la República declaró que eso “es legal, pero es inmoral”. ¡Áchis!
Es delicado que el Presidente hable de moral, pues la moral la impone la sociedad; la moral son las costumbres, los valores culturalmente establecidos y aceptados por la generalidad; nos gusten o no; sean correctos o no, respecto del Derecho y los derechos.
Interesante sería que nuestro Jefe de Estado y de Gobierno se enterara que la costumbre (la moral) está inserta en las leyes promulgadas que norman el comportamiento de los individuos que pertenecen a determinada colectividad, pues se legisla tomando en cuenta entre otras cosas, las costumbres de la sociedad.
Por eso, y para no arriesgarse a que el titular del Poder Ejecutivo salga con vaciladas de moral, moralina o moralejas, al asumir el cargo jura solemnemente cumplir y hacer cumplir las leyes, no las costumbres, no la moral. En fin, para el caso que le hacen a uno.

 

DELICADO QUE AMLO HABLE DE MORAL


Decíamos que es delicado que nuestro Presidente hable de moral (y lo hace insistentemente), porque en el uso cotidiano que los del peladaje hacemos de ese término, no son pocas las acciones de su gobierno que por legales que sean, son inmorales.
Es legal (ya es legal) la arbitraria suspensión de la construcción del aeropuerto de Texcoco, pero fue una inmoralidad que nos costó carretadas de dinero, que lastimó el prestigio del país como lugar para invertir, con consecuencias que no por silenciosas son menos estruendosas respecto del futuro económico de la nación.
Es legal (a empujones) la construcción de la refinería de Dos Bocas, pero es una inmoralidad haberla decidido por capricho y a contrapelo de las opiniones de los expertos, entre ellos los del Instituto Mexicano del Petróleo (de Pemex), que desde 2008 declararon inviable su construcción por buenas y no pocas razones.


Es legal (porque terminaron por aceptar los propietarios), pero fue inmoral la clausura de la construcción de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, a resultas de una consulta popular 100% inventada (bueno, no, 95% inventada), mandando al basurero una inversión de 2 mil millones de dólares, 4 mil empleos indirectos y mil directos,


Es legal (porque la autorizó el Congreso) la contrarreforma educativa, aunque es inmoral haber devuelto a la deplorable CNTE el control de la educación en los estados en que campea.
Es legal y muy inmoral gastar dinero del erario, o sea de todos los que pagan impuestos, en personas que deben llenar dos requisitos: no trabajar y no estudiar, los afamados ‘ninis’, en vez de crear una bolsa nacional de trabajo y centros de capacitación para el trabajo o lo que sea, excepto regalarles dinero.
Podríamos mencionar otras acciones del gobierno federal de turno, legales, pero francamente inmorales y hasta otras pertenecientes al hilarante tratado de la Historia de la Estulticia, como solicitar que España pida perdón a México por hechos sucedidos cuando España no existía (ni México), pero nada de eso atenta contra las obligaciones presidenciales, el cretinismo no está tipificado ni es punible, la ingenuidad o la terquedad, tampoco.

 

ROMANCE GOBIERNO-DELINCUENTES
Más de pensarse son las acciones ilegales e inmorales de este gobierno: decretar la política de “abrazos, no balazos” para la delincuencia organizada y no detener a capos del narcotráfico; su propuesta de “amnistía anticipada” en favor de quienes hayan cometido delitos de corrupción; también es ilegal e inmoral que el 80% de los contratos federales se otorgue por adjudicación directa; igual que el desbasto general de medicamentos que en el caso de los niños con cáncer es una afrenta; también es ilegal la manifiesta omisión para desocupar las vías férreas de Michoacán, clausurar los comedores comunitarios, cerrar las estancias infantiles, las casas refugio para mujeres víctimas de la violencia… ya sin mencionar el abandono del sector campesino y de toda la sociedad ante los embates de la pandemia.


Este esperpéntico panorama prueba que los políticos que tienen la conciencia tranquila tienen mala memoria.

LA FERIA

Las que madrugan son las fieras

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Según escrito de Jorge Ibargüengoitia, los males de la patria se deben a la absurda costumbre de levantarse temprano * Las bodas no son a las siete de la mañana, la misa del obispo es a las doce, los toros a las cinco, la ópera al anochecer y el buen futbol de noche… y es que no por mucho madrugar amanece más temprano

EL SEÑOR LÓPEZ

Fieras.
Resulta intrigante lo infructuoso de los esfuerzos para corregir el derrotero nacional, de políticos de todos colores y ubicación topográfica (izquierda, derecha, centro, centro izquierda y lateral derecho); de ministros de diversos cultos y algunos ejemplares del tenochca ilustrado, los llamados intelectuales.
Como no todos pueden ser imbéciles o enemigos de la patria, este menda intentó observar los hechos cotidianos, buscando conclusiones que nos permitieran enderezar el rumbo y enfrentar mejor cada día, en su calidad de arribo a plazos del futuro.
Vano afán, dicha observación reporta acidez estomacal y conjuntivitis. Poco es lo que parece y nada es simple ni indiscutible en nuestra vida mexicana.

REALIDAD COMPLEJA
Antes teníamos cosas indudables; la fe en la Guadalupana por ejemplo, era la sagrada quintaesencia de la mexicanidad y no se cuestionaba, pero en estos tiempos post Schulenburg, ya se manosea hasta en YouTube sin consecuencias estilo islamita parisino enchilado.
El mariachi era nuestra máxima prueba de hermandad y el ‘Son de la Negra’ escuchado fuera del país, hacía llorar al macho más bragado que ahora se pone histérico en un concierto de Alejandrito Fernández. También teníamos claro que el futbol era el deporte nacional y que el Enmascarado de Plata, El Santo, era el campeón universal de la lucha libre; pero ahora el fut americano le compite al soccer y de las luchas qué decir: la televisión transmite las de los EUA con atléticos gladiadores de 2.10 de estatura y da una pena horrible recordar a nuestro panzoncito Santo, correteando a la estupenda mujer vampiro, Lorena Velázquez, de la que no había varón nacional en pleno uso de sus facultades hormonales, que no se hubiera dejado morder por ella, pasara lo que pasara, y ahora… ¡Alejandrito!


Nuestra realidad es tan compleja que ahora que somos un país democrático, lejos de disfrutar del Edén de la igualdad, la legalidad y la fraternidad, sufrimos una desigualdad que escandaliza a Haití (con respeto), la autoridad sin rubor se refiere a la ley como “un cuento”, chapoteamos en sangre y no pocos extrañan con rara nostalgia al priísmo cavernario que no conocieron y también hay quienes añoran la “pax porfiriana” que tampoco conocieron, y sostienen que sólo don Porfirio y Santa Anna han sabido gobernarnos… y pensándolo bien.


Lo cierto es que no había protestas masivas cuando las elecciones eran un teatro masivo que no alteraba el resultado de todos conocido de antemano (y no solo en los tiempos del partidazo sino también en los decenios de la dictadura de Díaz, más los 17 años de Juárez y los constantes retornos de Santa Anna al poder).
En cambio ahora, con elecciones más vigiladas que las bóvedas del Banco de México, con credencial de elector a la que nada más le falta una muestra de tejido del votante para que se verifique su ADN en la casilla, el inconforme es el propio gobierno que clama por la desaparición del INE que validó y valida sus triunfos electorales.


Pareciera que todo complicamos por el gusto de sorprender al planeta; tenemos tratados de comercio con medio mundo que de poco servirían sin inversión extranjera, y nuestro gobierno libra gallardo combate defendiendo a Venezuela, Nicaragua y Cuba, cosa que seguramente pone locos de contento a los fondos de inversión que nos urge vengan a la seguridad de nuestro Estado de Derecho y perpetua coherencia oficial… de veras, los que han venido son valientes.
Abandonado el esfuerzo de tratar de encontrar explicación a tanto tropiezo, por casualidad topó este menda con un escrito del inolvidable olvidado Jorge Ibargüengoitia, quien en sus ‘Instrucciones para vivir en México’ del 18 de junio de 1972 (Excélsior), da en el clavo: los males de la patria se deben a la absurda, insana e irracional costumbre de levantarse temprano. ¡Albricias!
De la mano de don Jorge, epifanía de la lógica, se entiende esta simple y gran verdad que deberían considerar nuestras autoridades pues no se puede ocultar que los males nacionales se están agravando y que la única diferencia con los gobiernos anteriores, es la afición a madrugar que estos tienen.


En lo que hay una reacción oficial, por lo pronto, que escuelas y fábricas empiecen su jornada a las once de la mañana y veremos maestros y patrones, silbando sin prisas rumbo a sus labores; obreros productivos y alumnos aprovechados, que ya nadie pensará más en huelgas, paros o marchas, producto del malhumor acumulado a fuerza de desmañanadas. ¡Ah! y que los legisladores lleguen al Congreso a partir de las tres de la tarde, con la cruda bien curada, sin intenciones asesinas ni oponiéndose a todo.
Recapacite, nada grato se hace de madrugada. Los fusilamientos, las misas de beatas chismosas y las autopsias se hacen bajo el duro cierzo del amanecer; las bodas no son a las siete de la mañana (no se consumarían nunca, con los novios rendidos de sueño); la misa del obispo es a las doce y la ópera al anochecer; los toros a las cinco y el buen futbol de noche; nadie celebra su cumpleaños con un desayuno y los bautizos son temprano porque el bebé igual va dormido.
Temprano se empiezan batallas y se bombardean ciudades; temprano se giran órdenes de aprehensión y se pide el divorcio. Famosos por tempraneros fueron Stalin, Franco, Iván el Terrible y Huerta. A los monjes los canonizan por la hombrada de levantarse al amanecer a cantar maitines y el monumento a la Madre es por tanto madrugón para arreglar niños para la escuela.
Esa reforma sí importa, que la Constitución prohíba trabajar, estudiar y hacer ejercicio antes de las once, las diez como concesión mayor, y si no funciona como todo lo que se ha intentado estos dos siglos, bueno, cuando menos fracasaremos en un horario más cómodo.
No se resista si usted es víctima de la mala costumbre de madrugar; piénselo: los racionales inventamos la luz eléctrica para poder desvelarnos y las abluciones matutinas deben hacerse cuando el Sol ya ha calentado la atmósfera; en cambio, las que madrugan son las fieras.

 

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LA FERIA

Ineficacia y verborrea, el sello de AMLO

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Sus 3 grandes obstáculos: la Ley, el Congreso y la Suprema Corte * Otra vez estamos ante un sexenio perdido, el peor de toda la historia, y la revocación de mandato, un plan con maña, una exigencia de su ego

 

EL SEÑOR LÓPEZ

 

Ineficacia y verborrea.

Allá por 1950, un tal Hemigdio oriundo de la capital del país, conoció por casualidad a tía Obdulia -de las de Autlán- y pasó a ser tío Hemi. Aparte de adinerado por herencia, era un brillante abogado de la Libre de Derecho y también, distinguido egresado de la Facultad de Filosofía y Letras.

Hablaba cinco idiomas y eran fama su cultura y su elocuencia. La tía sólo era muy guapa y su fama era otra, pero nada más en Autlán, así que en la Ciudad de México la cosa pasó inadvertida. Tuvieron cinco hijas, todas como su mamá, de guapas y de modos.

Ya grandecitas las niñas, una fue sorprendida en plena ejecución de un acto lúdico de gimnasia rítmica en pareja; el tío profirió varios insultos que ratificaron su riqueza retórica, pero no pasó de ahí: se le iba la fuerza por la boca. Después a otra de las “niñas” la tuvieron que sacar de la preparatoria, por practicar el teorema de Pitágoras con el profesor de álgebra, siendo la hipotenusa cierta parte del caballero y los catetos las piernas de la prima; esa vez aprendieron nuevas palabras en su casa:  baldón, vilipendio y mácula… y tampoco pasó a mayores, aunque hubo órdenes tonantes, medidas de apremio y vigilancia, amenazas y muchas esdrújulas, que no impidieron el ejercicio de las actividades hidráulico-recreativas a las que se fueron incorporando las otras tres.

Con motivo de los disgustos que regularmente le procuraban sus hijas, las llamó busconas, pupilas, cortesanas, turras, pelanduscas, casquivanas, cocotas, barraganas, pindongas, fulanas, canaanitas, daifas, targelias, lagartas, entretenidas, cabuqueras, guarripandas, suripantas, trotonas, candongas, zurriagas, mesalinas, trolas, disolutas, trilladas, cantoneras, zurriagas, guarras, golfas, ninfas, rofas, servilias, espintrias, agripinas, amancebadas… al tío se le iba agotando el léxico y aquello no paraba.

No habían entonces ni ahora, academias militarizadas para mujeres y no se supo si se le ocurrió a él o se lo aconsejó alguien, pero un invierno mandó a las cinco a un internado de monjitas en Irlanda. Santo remedio, a los dos años regresaron pasmadas de frío, igual de güilas, eso sí, pero más discretas que un Notario (o iban de regreso a Irlanda). Luego se le fueron casando y el problema ya no fue de él.

 

LA GRAN HABILIDAD PARA INSULTAR

Sabida es la enorme habilidad presidencial para insultar, descalificar, ningunear y despreciar a cualquiera que no le brinde apoyo incondicional o disienta de él en cualquier cosa. Absoluta e incondicionalmente con él o contra él, sin medias tintas.

Al asumir el cargo habló bien y dijo que sería Presidente de todos (no es cita, lo dijo a su manera). Gustó. Pronto sus hechos y más que nada sus dichos, dejaron muy claro que la conjunción ‘y’ no está en su léxico, para él, gobernar no es él ‘y’ los demás, sino él ‘o’ los demás, los otros, que por no coincidir en sus propuestas o proyectos, pasan a enemigos, a traidores a la patria. No cede jamás en nada y la verdad es lo que él diga, no lo que la realidad manifieste, por eso sus ‘otros datos’ (que jamás aporta), por eso sus iniciativas que no pueden ser cambiadas ni en un punto ni una coma, todo o nada, con él o contra él.

En sus primeros tres años y cuatro meses de gobierno, ha topado con tres obstáculos que lo irritan mucho: la ley, el Congreso y la Suprema Corte.

La ley, ya sea la Constitución o cualquier otra, si significa variar alguna de sus disposiciones, si impide que se ejecute alguna de sus órdenes, es injusta y no le interesa, lo ha dicho, sobre la ley la justicia (no es cita tampoco), y la justicia es lo que él diga, faltaba más… y no ha podido hacer charamuscas con la ley por lo que la viola, sin rubores, como ahora con lo de no hacer propaganda de la consulta de revocación.

El Congreso, porque nunca tuvo los dos tercios de curules necesarias para reformar la Constitución a su gusto y sabe que su reforma a la industria eléctrica, como él la quiere, tiene tantas posibilidades de ser aprobada como Alfredo Adame de ser Premio Nobel de la Paz o ‘El Noroñas” de casarse con Isabel II (que está viudita).

La Suprema Corte porque ha emitido varias sentencias contrarias a sus intereses, como el rechazo a ampliar dos años el periodo del magistrado presidente; limitar el monto de los salarios de todos los funcionarios, por encima de sus derechos adquiridos; impedir diez años que un funcionario se contrate con empresas privadas del ramo de su labor pública, por sobre el plazo de tres años que dispone la Constitución, fallo que ayer calificó como “aberración”… y tal vez sí sea, pero eso dice la Constitución, esa que juró cumplir y hacer cumplir.

Es de ayer otra de la Suprema Corte de Justicia: le invalidaron la facultad otorgada por el Presidente para él mismo, de disponer discrecionalmente, a su gusto, por decreto, de los recursos “ahorrados” por sus medidas de austeridad, lo que en los hechos significaba hacer reasignaciones presupuestales limpiándose el extremo inferior de su sistema digestivo con la Cámara de Diputados, única instancia facultada para autorizar el Presupuesto de Egresos.

También el muy ninguneado Tribunal Electoral Federal le dio un gran disgusto cuando destituyó a su magistrado presidente, el tal Vargas, exhibido como probabilísimo corrupto e indudable fidelísimo servidor del Presidente de la República.

Así, en medio de este vendaval de fiascos y adjetivos, ya casi llegamos a la fecha de realización de la consulta de revocación del mandato y es tan grande el interés del Presidente en que salga a votar mucha gente, que a algunos no pocos alarma y piensan que es plan con maña cuando es solamente una exigencia de su ego, un desesperado intento de confirmarse a sí mismo y ratificar que el “pueblo bueno” no se da cuenta de nada, particularmente de las montañas de cadáveres, la quiebra de las finanzas públicas y la desconfianza del mundo sobre si en México prevalece el Estado de Derecho.

Otra vez estamos en un sexenio perdido con un gobierno que se describe en dos palabras: ineficacia y verborrea.

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LA FERIA

Reforma de AMLO busca deformar al INE

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A través de su iniciativa electoral-política * Los consejeros federales, en las urnas, legalito, así como fue su consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco. Lástima que no lo va a lograr: no tiene los votos en el Congreso

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

Un pito.
Conforme a la prédica actual, el error de don Miguel Hidalgo, lo que explica por qué le salió mal su asunto, es que no hizo una consulta popular antes de precipitarse a dar el Grito de Independencia en Dolores, Hidalgo (por eso ha de ser que le cortaron la cabeza un año después, para colgarla como adorno de “halloween” colonial, en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas).
Otro que no sometió sus decisiones al resultado de las urnas fue Simón Bolívar, que por andar independizando países por sus puras pistolas (Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia, poquita cosa) lo acabaron echando y murió huyendo, enfermito y pobretón.


En esa lógica, no se entiende que los franceses se hayan atrevido a tomar La Bastilla, sin hacer antes un plebiscito; que Lenin le quitara a Nicolás la chamba de Zar, sin tomarse la molestia de hacer siquiera una votación a mano alzada (cien de sus rojos hubieran cubierto el requisito)… ni que Iturbide y sus amiguitos hayan decidido independizarnos de España, en sabrosa plática en el templo de la Profesa, sin siquiera pedir parecer al pueblo que iban a ‘liberar’.

EL PODER VIENE DEL PUEBLO
Otros sí sabían que el poder viene del pueblo y no movieron un dedo sin escuchar su voz, expresada en plebiscito o proceso electoral, garantía infalible de respeto a la ética y bienestar general.
Uno, Adolfo Hitler, quien fue canciller de Alemania por las urnas, sí señor; o Mussolini, que fue “Duce”, no voto por voto, ni casilla por casilla, pero con el apoyo exultante del pueblo (y por la estupidez del rey Víctor, que le abrió la puerta). Para que no anden con dudas de que “vox populi vox Dei”.
Por si le parece que esos ejemplos de demócratas pasteurizados como Hitler son ya viejos, se le recuerda de otras alimañas que también se hicieron con el poder, sometiéndose primero a la voluntad del pueblo en procesos electorales, como Bordaberry en Uruguay; Bánzer en Bolivia; Perón en Argentina; Fujimori en Perú; Chávez y Maduro en Venezuela; y el fétido Ortega en Nicaragua.
Y para que vea que no es ojeriza con América Latina, ahí está en Europa un perpetuo triunfador electoral: Vladimir Putin, tan simpático él, que no suelta el poder hace 23 años.

En Asia, Xi Jingping, hace 10 años elegido por sus 1,400 millones de habitantes representados muy legítimamente en su Asamblea Popular Nacional compuesta por 2,980 integrantes elegidos por el pueblo (¡pero-por-supuesto!), en la que don Xi tiene a 2096 en la buchaca. Aunque debe advertirse que es muy malo para la salud oponerse a estos dos jefes de Estado elegidos en riguroso apego a sus leyes y la voluntad popular, claro.
Aparte están Marruecos, Corea del Norte, Cuba y Vietnam del Norte, oficialmente gobernados por los que el pueblo decide (y hay otros, pero falta espacio).
Si ya empieza a pensar que en nuestra querida patria esas cosas no pasan, bueno, antes de que se le suba a la cabeza, recuerde que en el siglo XIX tres señores nos gobernaron 78 años: Santa Anna de 1833 a 1855 (y los representantes del pueblo le iban a rogar que regresara cuando abandonaba el poder); Benito Juárez, de 1857 a 1872 (que por su manía de reelegirse provocó la división de los liberales y que lo abandonaran los de a de veras como Jesús González Ortega, y que su juarista amor desmedido por el poder causó guerras y no pocas matazones, cosa de la que parece no se ha enterado nuestro actual Presidente: Juárez no soltaba La Silla… o a lo mejor sí lo sabe y eso es lo que… no, no, ni pensarlo).

Y Porfirio Díaz, que de 1876 a 1911 se hartó de coleccionar triunfos en las urnas… y no olvide, por favor, que don Porfirio no se trepó ni una sola vez por sus calzones, él sabía cómo funciona la democracia contante y sonante.
Luego en nuestro siglo XX, unos se treparon a balazos, pero de 1924 a 1994, 70 años, todos, todos fueron elegidos por el muy buen pueblo, en comicios tan bien hechos que, por ejemplo, Lázaro Cárdenas (otro santón de nuestro actual Presidente) ganó la Presidencia de la República con el nada sospechoso 98.20% de los votos y todas las curules de diputados (entonces 173) y todas las de senadores (58) para heredarle al país el PRI como lo conocimos, imperial, absoluto, invencible, aunque tuvo el buen tino de sacar al ejército del partido (algo les sabía, era general).
Y no se trata de que se ponga usted dramático, que el “fraude patriótico” justificaba las travesuras electorales como cuando Manuel Bartlett jugó brisca con las actas de casilla y las boletas electorales para que asumiera la presidencia Salinas de Gortari, porque sin el voto, aunque sea de mentiritas, no se vale… y ahora resulta que el Bartlett es muy amiguito de López Obrador y el innombrable, tan campante, mirando a su gran cómplice al servicio de la Cuarta Transformación. ¡Cosas de la voluntad popular!


Todo esto a cuento de la cantaleta presidencial de que lo que decida el pueblo en elecciones es infalible. Por supuesto, también por su manifiesta intención de birlarnos al Instituto Nacional Electoral (INE), quitando de golpe a todos los consejeros y magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), eliminando todos los órganos electorales estatales, para que el pueblo elija otros consejeros federales, en las urnas, legalito, como fue su consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco. Lástima que no lo va a lograr, no tiene los votos en el Congreso.
Igual, a la vista, está su intención de hacer un órgano electoral a su gusto y tal vez seguir las huellas de Plutarco Elías Calles que entregó el poder sin entregarlo, mangoneando a los siguientes tres presidentes (Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez), aparte de arreglar el triunfo de Cárdenas. Pero no se le va a conceder, para empezar porque en 2024 tendrá 70 añitos y para seguirle, porque no es matón.
Pero él confía en el arrastre de su palabra… por eso su desesperación de que vaya una inmensa mayoría a las urnas a eso de la consulta de revocación, porque si no, quedará a la vista que ya solo se oye él y al pueblo… al pueblo le importa un pito.

 

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