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EN PRIMERA PERSONA

De vuelta (V)

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No hubo plan alguno, pero nada justifica lo realizado… aunque bien sé que continuarán con sus hipótesis y lindos comentarios

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Llegó el Superbowl XLIX. Patriotas enfrentó a los Halcones Marinos de Seatle. Tom Brady se impondría a Russell Wilson. Una intercepción en la penúltima jugada en la zona de anotación de Malcolm Butler acabó con el sueño de los Halcones. Pésima decisión del coach Pete Carroll, pues sólo tenía que mandar a su corredor Marshawn Lynch a avanzar una yarda. Era una jugada de librito, pero quiso humillar a Bill Belichick, pero el humillado fue él.
Bajé de la zona asignada a los reporteros, en el estadio de Arizona, 5 minutos antes del final. Estuve en la cancha durante la entrega del trofeo Vince Lombardi. Acudí al área de prensa para las entrevistas de rigor y, después, estuve en los vestidores de los Patriotas.
¿Por qué este relato? Por la insistencia que han tenido (cada quien en su tiempo) agentes del FBI, la NFL, reporteros de México y aficionados en general. ¿Morbo? Tal vez. En fin, así fueron los hechos que tampoco había revelado antes.

Aquí con el 7 veces ganador del Trofeo Vince Lombardi. Superbowl XXXIX en Jacksonville.

En los vestidores como de costumbre: entrevistas y fotos de todos a todos. Un caos. Me percaté que varios jóvenes al servicio del estadio ayudaban a recoger los cascos, pantalones, zapatos, jerseys y demás indumentaria y los colocaban en un contenedor de ropa sucia o dentro de las maletas de los jugadores.
Uno de esos ayudantes envolvió un jersey y lo colocó sospechosamente no en el mencionado bote, sino a un lado, escondido. Miraba nervioso a todos lados. Siguió recorriendo y levantando la ropa. Ni tardo ni perezoso, dejé que se alejara un poco y de repente moví el jersey y vi que decía ¡BRADY! Ya en mis manos, no lo solté. El muchacho regresó y buscó; removió todo, pero nada encontró.

Kurt Warner firma sus tenis utilizados en el Estadio Azteca. Arizona enfrentó a San Francisco.

Hasta febrero de 2017, el propio Tom Brady se enteró que el jersey que tenía en su casa no era el que había usado en el juego. ¿Qué pasó? Seguramente quienes manejan los uniformes le entregaron el segundo jersey que tenían listo en caso de alguna avería del primero. “Lo lavamos”, supongo que le habrían dicho, sin saber en realidad qué pasó con el bueno.
Como se ve, no fue nada elaborado. No hubo plan alguno. Nada justifica, en cambio, lo realizado. Espero no se tome este relato como un acto de cinismo. Todo lo contrario, ya que estoy dando mi versión de lo sucedido, no quiero obviar nada, ni tampoco que se especule más ni se creen nuevas historias. Aunque bien sé que continuarán con sus hipótesis y lindos comentarios.

Anthony Wright, QB suplente de Gigantes de NY, me entregó sus zapatos utilizados en el SB XLII que ganó con Eli Manning al frente.

Ya en casa tenía muchos artículos valiosos de la NFL. Todo, absolutamente todo, adquirido legalmente durante casi 17 años a través de las casas de subastas especializadas y de la propia NFL. Igual, aunque parezca increíble, algunos jugadores me obsequiaron zapatos y guantes en los vestidores. Kurt Warner, por ejemplo, lo hizo en el Estadio Azteca. Anthony Wright, QB sustituto de los Gigantes de Nueva York, hizo lo mismo en el SB XLII. Claro, había que pedírselos.
Quizá la motivación de “tomar prestado” ese jersey y el del SB LI fue que, sin duda, ni yo ni ningún otro aficionado tendría jamás acceso a esos recuerdos. No se trataba de su precio, pues no había (ni hay) dinero que pudiera comprarlos, ya que Brady nunca los soltaría, a menos que done alguno al Museo del Salón de la Fama.
Con el segundo jersey pasó casi lo mismo. Entré a la cancha antes que el resto de los reporteros y fotógrafos. Tras la premiación, llegué a los vestidores junto con los jugadores por la puerta de acceso que da al campo. Mientras, los medios aguardaban por otra puerta.

Jerry Rice, el mejor receptor de todos los tiempos, me prestó uno de sus anillos de campeón, durante el SB XLIII en Tampa, Florida.

Tom Brady se percató que su jersey no estaba en el locker. Los reporteros aún no habían entrado. No había adentro nadie ajeno a los Patriotas ni a la seguridad del estadio. ¡Ah, pero claro!, quien esto narra era el intruso. Hasta saludé y me tomé fotos con el jugador que ya es cinco veces el MVP del SB. Brady lo sabía, lo recordaba. No había mucho que pensarle. Aún más, cuando le pedí la selfie al mariscal de campo, el fotógrafo oficial de los Pats tuvo el tino de registrar ese momento. La suerte estaba echada.
Sólo era cuestión de tiempo para que Brady me identificara por nombre. Supongo que al paso de los días y las semanas, tanto el jugador como los Patriotas y la propia NFL esperaban que el famoso recuerdo no fuera a tener un final no deseado, cualquiera que este pudiera ser. No fue así, gracias a Dios.
Al regresar a México lo primero que estalló en mi cabeza fue el enterarme que Tom Brady había denunciado en los mismos vestidores que su jersey había sido robado. “Se acabó”, me dije. No lo supe hasta acá, en la ciudad capital. De haberlo sabido antes… Si me hubiera quedado en los vestidores unos minutos más… Algo hubiera hecho, pero el hubiera no existe.

Con el “más grande de todos los tiempos”, Muhammad Ali.

Hubo la versión de que un joven aficionado de Nueva Inglaterra dio la pista de quién lo podría haber sustraído. Ayudó, sí, pero el camino ya estaba trazado. Su testimonio dio fuerza a la línea de investigación. No hay delito perfecto, se dice bien. A ese joven, a quien le compré un jersey usado por Deion Branch (otro MVP de los Patriotas), le compartí tiempo atrás la foto de la playera del SB 49. No dudó en hacerlo saber a las autoridades cuando sucedió lo del SB 51. Hizo bien.
El resto es historia y ya la conté.
Sólo agregaría que jamás pensé en vender o intercambiar los jerseys. Eran valiosos souvenirs para la colección. Siempre supe lo valiosos que eran monetariamente. Cuando estaba seguro de que darían conmigo, los guardé con mucho más cuidado, pues entendía que esa podría ser mi única moneda de cambio, de negociación. Y así fue.

El mismísimo Joe Montana en una de las convenciones de deportistas. Fue un enorme gusto estrechar su mano.

No sólo eso: ya había acordado con mi familia que procedería de manera recta y leal, aceptando la responsabilidad, devolviendo las playeras y pagando las consecuencias. Bíblicamente, caminaría cristianamente; admitiría y confesaría el robo; pediría perdón a Dios y al agraviado; restituiría o pagaría el daño causado; asumiría las consecuencias de mis actos y buscaría, sinceramente, el arrepentimiento. Así ha sido hasta ahora.
No hay casualidades. Estoy leyendo el libro “Tus Cicatrices son Hermosas para Dios”, de Sharon Jaynes. Hay frases y pasajes que los hago míos a propósito del presente relato. La autora comparte que durante meses recibió este mensaje de Arriba: “No te avergüences de tus heridas”. No lo estoy, respondía ella y agregaba: “cuento mis historias con lujo de detalle por donde voy”. Entonces recibió otro mensaje: “Hay más. Ayuda a otros a entender”.

Abordé a Ben Roethlisberger justo al término del SB XLIII. Antes, ya había ganado también el XL con los Acereros de Pittsburgh.

Creo que el testimonio propio es lo más honesto y firme que uno puede hacer. No consejos, tampoco recetas ni estrategias, sino platicar lo que se ha vivido en carne propia. Lo que Cristo ha hecho por y en uno. El autor Rick Warren dice, con razón, que los no creyentes pierden el interés si citas a teólogos, pero se sienten atrapados acerca de experiencias que ellos no han vivido.
Es mi deseo que lo hasta ahora escrito cumpla un propósito periodístico, pero sería mucho mejor si al final mueve a la reflexión y ayuda a que nuestros corazones sean más humanos y menos de piedra.

Tom Brady, justo en el momento en que se dio cuenta que su jersey del SB LI había desaparecido.

EN PRIMERA PERSONA

AMLO: el problema es conmigo; ¡claro que sí!

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En todo su derecho, el Presidente defiende a su hijo; sin embargo, luego llama “hitleriano” a un distinguido mexicano * “Lo perdono. Dios lo bendiga. Pero que primero bendiga a México”, le responde el publicista Carlos Alazraki * En sus pleitos verbales, el Ejecutivo maltrata la investidura presidencial; desviar la atención de lo grave, el objetivo * En su apogeo, el juego de las “corcholatas y el destapador”: Adán Augusto, garantiza protección; Marcelo se sacudiría la paternidad; Claudia, ni fría ni caliente; Ricardo vende caro su amor

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Esta semana se inició con un enfático “…EL PROBLEMA ES CONMIGO, NO CON ÉL”, del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Fue su respuesta al bullying al que fue sometido su hijo Jesús -menor de edad- por tener sobrepeso. Y, por supuesto, razón no le falta. Nos sumamos a ese enojo y reclamo. CON LOS NIÑOS NO. Así tiene que ser.

En todo caso, para el gobierno debe ser muy fácil saber quién filtró la foto del hijo del Primer Mandatario, pues se trataba de un evento muy privado, un juego de beisbol del Presidente al que muy pocos tuvieron acceso. ¿Quién fue?

En su declaración hay, sin embargo, algo implícito. Al aceptar que el problema es con él, admite que su

El acoso al hijo menor de edad del Presidente, por su sobrepeso, provocó el reclamo del Ejecutivo al reprobar el bullying.

relación no está bien con un gran número de mexicanos. Pensemos en alrededor del 50% de la población, si tomamos los recientes números de aceptación que tiene el Mandatario y que están por el 52%. Obvio que López Obrador se refiere más que nada a la clase política, a los partidos opositores, mas no se soslaye que la mayoría de críticas y ataques en las redes sociales es del grueso de la población.

El dicho del Presidente es algo así como “el que se lleva se aguanta; y yo aguanto vara si es conmigo” (interpretación personal de este servidor).  Esto me parece válido, en verdad, para cualquier persona, pero tratándose del Presidente es algo no digno de su investidura. No puede ponerse a la altura de sus detractores, tengan razón o no; pero AMLO incluso va más allá, pues no son pocas las ocasiones en las que él mismo inicia las confrontaciones, descalificaciones e insultos.

O cómo podría entenderse la dura censura que lanzó contra el publicista y articulista Carlos Alazraki, a quien calificó de tener un pensamiento HITLERIANO.

En la Mañanera se exhibió a Carlos Alazraki y se le calificó como “hitleriano” en respuesta a una crítica al gobierno.

¿Dónde quedó la altura de miras para responder a una crítica a su administración? Un distinguido mexicano, como lo es Alazraki (se esté o no de acuerdo con su forma de pensar), no puede ni debe ser juzgado de esa manera tan cruel, siendo que este personaje es de origen judío, pero no por ello menos mexicano. El final de una carta de respuesta de don Carlos es muy duro y elocuente (aunque sin descalificaciones ni ataque racial): “Lo perdono por sus insultos y ofensas. Porque usted no sabe lo que hace. Dios lo bendiga. Pero PRIMERO, que BENDIGA A MÉXICO”.

El publicista dijo que el Presidente lo insultó. Lo perdono, pues no sabe lo que hace, remató.

¿Qué necesidad de exponerse a algo así? Aunque difiero con el publicista en que el Presidente no sabe lo que hace. Claro que lo sabe y una hipótesis tanto de este último tema como el de su hijo es en sentido de desviar, como es su costumbre, la atención de los asuntos verdaderamente importantes para México, como son la inseguridad, la inflación y el cuestionado éxito de las obras emblemáticas de la 4T, léase el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y la refinería de Dos Bocas.

“Con los hijos no”, estamos de acuerdo. “El pleito es conmigo” es una retadora invitación. Así las cosas, cuál sería el posicionamiento oficial en respuesta a los padres de familia que con sobrada razón han gritado una y otra vez ¡CON NUESTROS HIJOS NO!, pues las medicinas contra el cáncer de sus pequeños no llegan o son insuficientes.

¿Y nuestros hijos qué? Padres de niños con cáncer exigen respeto para sus enfermos, es cuestión de vida o muerte.

Al revire de nosotros “tenemos otros datos” del inquilino de Palacio Nacional y de los responsables en materia de salud, hay infantes que han perdido la vida, sí que han muerto por falta de atención y medicamentos. Esos papás, los hermanos y demás familiares de los pequeños tienen mucho qué decir y protestar acerca de esta inhumana irresponsabilidad del gobierno.

¿CON LOS HIJOS NO? ¿Y ENTONCES? O se trata sólo de un excluyente “con mi hijo no”.

 

INFLACION Y LAS CORCHOLATAS

Otro tópico igual de surrealista es el que tiene que ver con la carestía, la inflación y la desaceleración económica. Lo anterior se traduce en lo que la población bien conoce y más padece: POBREZA. Para enfrentar la crisis, la presente administración ideó un plan (muy pedorro, para robarle la expresión a Gerardo Fernández Noroña) anticrisis con las tiendas departamentales que nadie ve por alguna parte ni experimenta en sus bolsillos. Imagine el alcance de esa estrategia cuando en esa canasta de artículos de primera necesidad no están incluidas las tortillas. Es decir, ya las consideran como alimento de lujo, a la par con la carne de res.

Y lo paradójico del asunto es que el Presidente y los integrantes de su gabinete, en lugar de estar concentrados en cómo resolver este grave problema (porque lo es para la mayoría de mexicanos), su atención y esfuerzos están enfocados ya no en el presente, sino en cómo retener el gobierno rumbo a las elecciones del 2024.

¿Será que AMLO ya tiró la toalla y mejor se enfoca en asegurar que su proyecto se extienda otros seis años? Esto le permitiría que sus cambios constitucionales y transformaciones no se vengan abajo (al respecto, un posible candidato opositor a la silla grande ya advirtió que él echaría por tierra el nuevo aeropuerto).

Pero más que nada, al prolongar el gobierno morenista, AMLO tendría garantizado un manto de impunidad por posibles violaciones que pudiera haber cometido durante el sexenio. Así como ahora AMLO protege a Enrique Peña Nieto (no de manera gratuita, sino sólo ellos saben a cambio de qué), del mismo modo Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard o Adán Augusto López Hernández lo harían por su jefe, líder y DESTAPADOR.

¿Es nuestra imaginación? En absoluto. Al revivir López Obrador a uno de sus hombres más cercanos y leales durante toda su carrera, como lo es César Yáñez (a quien castigó por tener una boda “fifí” al inicio de la gestión), revela dónde están sus pensamientos y estrategias. Este movimiento de ajedrez tiene el claro objetivo de fortalecer y dar seriedad, ahora sí, al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en la carrera de Morena por la Presidencia. Por añadidura es tabasqueño. Pero más que eso, es quien con los ojos cerrados obedecería a quien para entonces sería “su exjefe”.

Adán Augusto López, la corcholata que garantiza la continuidad del gobierno actual y un manto de protección.

Porque nadie dude que Marcelo Ebrard se le rebelaría y daría un toque personal a un eventual gobierno, buscando sacudirse la paternidad de AMLO.

Debido a su pasado priísta y cercanía con empresarios, Ebrard sería una pronta separación con su antecesor si llegara a la Presidencia.

Claudia está a la mitad de las anteriores opciones. Ni fría ni caliente. Como que sí, pero quizá no. No da color, aunque es sabida su lealtad a quien la llevó a la gubernatura de la Ciudad de México.

Claudia Sheinbaum nada de a muertito… ni frío ni calor… sin sello propio. Su fuerte es la lealtad.

Ricardo Monreal no tiene alguna posibilidad para “la grande” en Morena. En otro partido, tal vez, aunque con posibilidades ínfimas de ganar. Al final quizá acepte un chapulinazo a la Cámara Baja o intentar contender por la CDMX. Vende caro su amor, como ya lo ha hecho costumbre.

Ricardo Monreal se deja desear, aunque nadie muestra interés por él.

Y mientras esto consume las ideas del Ejecutivo y allegados (para eso no se les paga), esto es lo que padece el grueso de la población: un alza galopante en los precios de los principales alimentos y en las tarifas más importantes. El acumulado anual ya superó el 7.5% y es por ello que el Banco de México subió la tasa de interés a 7.75 en su intento por contener la escalada de precios. Y que conste que ninguno de los estudios existentes sobre la inflación se ajusta a la realidad, esa que padecen los consumidores. Pollo, carne roja, verduras, frutas, huevo y tortillas, entre otros, no paran de subir. ¿Y la gasolina? ¿Y el transporte público en la capital? Porque ese pesito, como lo minimizan, equivale a un aumento del 20%.

Los precios galopan sin freno. La pechuga de pollo, que costaba 95 pesos el kilo a finales de 2021, ya está en 140 pesos.

Así transcurrieron estos días y por cuestiones de tiempo y de la entrega de estas líneas (jueves por la noche), no pudimos incluir lo de la Refinería Olmeca (Dos Bocas). Podemos imaginarlo, pero que sean los hechos los que hablen por sí solos. De entrada, se inaugura una refinería que NO REFINA. Así como lo lee. Igual que el aeropuerto “internacional” de Tecámac que no recibe vuelos ni hay forma de cómo llegar y salir de él.

Sí, que Dios nos bendiga a todos, pero PRIMERO A MÉXICO.

 

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EN PRIMERA PERSONA

México, rehén de los criminales

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No es violencia combatir a la delincuencia con las armas que contempla la ley * ¡Cuántos muertos en México!, la frase del Papa que cimbró al país; ¿y qué del clamor del pueblo? * “Ya llegamos y no nos vamos”, el reto del narco y los grupos armados al gobierno * Abrazos, no balazos, insiste López Obrador y culpa a Felipe Calderón

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

El Artículo 87 de nuestra Carta Magna dice:

“El presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta:

El Papá Francisco encendió el debate al decir “cuántos muertos en México”

‘Protesto guardar (cumplir) y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen… y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande’”.

Nuestras leyes, además, son bastante claras y precisas al señar que una de las principales obligaciones del gobierno es garantizar la seguridad de las personas y de sus bienes. También la Constitución y las leyes que emanan de ella son profusas en cuanto a la obligación que tiene el Estado mexicano de combatir a la delincuencia y a los criminales.

Felipe Calderón ya tiene su lugar en la historia por su fallida (y selectiva, acusan algunos) guerra contra el narcotráfico.

Cambiar una estrategia anticrimen para obtener mejores resultados puede estar bien y sería aceptable a la luz de los beneficios que dé a la sociedad. Pero establecer un plan que vaya en sentido contrario a lo que mandata la ley ¡es inaceptable! Vamos, aunque esa estrategia garantizara la seguridad de los mexicanos sería muy discutible y, como se señala, violatoria de la ley. Cuanto más, entonces, debe ser rechazada una estrategia que ni se apega a la legalidad ni cumple con los objetivos de paz y seguridad. Porque ser pasivo u omiso en el cumplimiento de las obligaciones también es quebrantar la ley.

El plan del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia de (in)seguridad ya fracasó, y no sólo eso, también atenta contra la propia ley al no ceñirse a los que los mexicanos han aprobado legalmente a lo largo de la historia: perseguir y castigar sin contemplaciones a los criminales. Así de sencillo.

Daniel Picazo, joven profesionista, linchado en Huachinango, Puebla, al ser confundido como un robachicos.

“Abrazos, no balazos”, llama AMLO a su fallida estrategia. “La violencia no se combate con más violencia”, es otra de sus sobadas frases. Cierto, pero la violencia sí se debe atacar con las armas físicas (si no, para qué armar a las corporaciones policiacas) y las armas legales que la propia Constitución permite. Nadie le exige al gobierno violencia en su tarea, pues nadie en su sano juicio podría llamar “violencia” al hecho de que la justicia mexicana persiga a los criminales, aun si eso implicara enfrentarlos y aprehenderlos a balazos. Violencia no, pero justicia sí. Así está implícito y explícito en la propia ley.

A la luz de la realidad, tampoco les ha funcionado “atacar el problema desde la raíz”, como se ha presumido. Las becas que se entregan a los “ninis” con el objetivo de que no se sumen a las filas del crimen no han dado los resultados trazados. Y qué decir del combate a la pobreza. Ahora hay más gente en condiciones de precariedad que antes de comenzar este sexenio. La inflación galopa sin control y el crecimiento es nulo. Esos índices registrados en los sexenios anteriores (criticados duramente por la Cuarta Transformación) son ahora añorados por los propios morenistas.

Al grito de “ya llegamos y no nos vamos”, miembros del CJNG irrumpieron en Tizapán del Alto, Jalisco.

¿Quién traiciona más a la patria: el legislador que vota contra una propuesta del gobierno, o quien se pasa por el arco del triunfo la ley en un tema tan trascendental como es el ataque a la inseguridad? Es pregunta.

Ya una vez lo gritó a los cuatro vientos (refiriéndose a asuntos electorales): “no me vengan con que la ley es la ley”. Sí, López Obrador quien juró cumplir y hacer cumplir la ley, se burla de la Carta Magna, pero lo peor es que la hace a un lado, la desdeña. En los hechos, se siente (y se sienta) por encima de la ley. ¡Además lo alardea!

Nuevamente AMLO responsabiliza a Felipe Calderón ahora por la elevada cifra de homicidios.

Enumerar uno tras otro los actos violentos y de barbarie que tienen a México como rehén del hampa resultaría ocioso. Son los mexicanos quienes mejor los conocen. Los ricos y los pobres. Los empresarios y los trabajadores. Los pudientes y los no pudientes. Todos han caído en manos de estafadores, ladrones, secuestradores y demás tipo de criminales. Cobran por derecho de piso y quitan con violencia las pertenencias, todos los días, en el transporte público. Hay decenas de miles de desaparecidos. La gente está guardada en sus casas, pero tiene que salir a buscar el sustento diario, aunque ello implique jugarse la vida.

La respuesta oficial: “abrazos, no balazos”. ¿Terquedad? Mejor ese calificativo antes de aceptar una equivocación. Faltaba más. Esa palabra no existe en su diccionario.

Oídos sordos, la respuesta oficial a los feminicidios a lo largo y ancho del país.

El gobierno de López Obrador no tiene para dónde moverse. Sus propias cifras y resultados anticrimen lo desnudan. Van más de 120 mil homicidios en lo que va de su administración, superando los asesinatos que se cometieron durante los 6 años en la presidencia de Felipe Calderón Hinojosa (el villano favorito del residente de Palacio Nacional). Obligado por las declaraciones del Papa Francisco, y no por el hartazgo y clamor de los mexicanos, López Obrador intentó darle seriedad al tema. Porque eso fue, un vano intento por justificar a su gobierno.

Ante un contundente ¡CUÁNTOS MUERTOS EN MÉXICO! del Papa, el Presidente busca salirse por la tangente. Responsabiliza (así como lo escucha) a Felipe Calderón. ¡Cuánta obsesión! ¿O cuánto cinismo e ineptitud? Nadie en su sano juicio defendería la también fallida y sangrienta guerra del panista contra el narcotráfico. La historia ya alcanzó a Calderón en vida y el juicio lo ha puesto en el lugar que merece. Pero lo que le importa al “pueblo sabio” no es el ayer, sino el presente. ¿No por eso se le dio el voto mayoritario a López Obrador? ¿Dónde está el cambio prometido?

Ya lo buscaban, pero “El Chueco” estaba libre y asesinó a tres más. Ahora sí, lanzaron cacería.

No debe ser la condena del Papa lo que agite las aguas en México, pues estas ya son un torbellino de muerte y sangre. Los feminicidios están a la orden del día. Linchamientos como el del joven profesionista en Puebla ¿cómo se explican? Pueblos y ciudades tomadas por el crimen con un ofensivo y retador: “ya llegamos y no nos vamos”, claro con ametralladoras en mano y ante la mirada desconsolada de los habitantes. ¿Y las policías? ¿Y la Guardia Nacional? Pues como ya lo hemos visto: con la cabeza baja, en el mejor de los casos, o en plena sumisión y complicidad. Eso sí, se movilizan las caravanas de patrullas cuando el mal ya está hecho, cuando el niño se ha ahogado y, entonces sí, prometen ir hasta las últimas consecuencias. Pero ni así, pue ese discurso ya está gastado y nadie se lo traga.

Los sacerdotes Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar, víctimas colaterales de un ajuste de cuentas.

  • “Abrazos, no balazos…”
  • “Los delincuentes también son seres humanos…”
  • “No me vengan con que la ley es la ley…”
  • “La violencia no se combate con más violencia…”.
  • “Evitamos una masacre de gente inocente” (con la liberación del hijo de “El Chapo”).
  • La culpa es de Calderón. “Dicen que ahora hay más asesinatos que en la época de Felipe Calderón. Sí, nada más que nosotros recibimos los homicidios hasta la punta, hasta mero arriba, y Calderón no lo recibió así…”

Esa es la posición oficial ante la debacle.

Gran consternación provocó dentro y fuera de México el crimen contra los curas en un lugar abandonado por las fuerzas del orden.

Los asesinatos de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, y del guía de turistas Pedro Palma en la sierra tarahumara por parte de “El Chueco” (quien gobierna en esa zona con su grupo criminal y quien ya debe varias vidas) es un claro retrato de lo que sucede en este lastimado país.

“Estamos en un estado fallido. Es la ley de la selva”. Esa fue la condena de rectores y directores de universidades jesuitas ante el crimen de los curas en Chihuahua, pero sobre todo ante la ola incontrolable de violencia en todo el país. Ese pesar, desencanto y miedo ya no es exclusivo de nadie, sino un sentir generalizado.

Inseguridad, asignatura pendiente

¿De qué hablarán en las reuniones de seguridad todas las madrugadas en Palacio Nacional? ¿Habrá alguien que levante la mano y cuestione la actual estrategia o proponga algo mejor? La respuesta es obvia. Quizá, para desgracia de los mexicanos, ocupan su tiempo y “talento” en el juego de las corcholatas.

 

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EN PRIMERA PERSONA

La ley permite las corridas de toros

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Inaceptable realizar una consulta que insulta * Asisten 5 millones de mexicanos a festejos taurinos al año * Aunque no hay prohibición, en la práctica la suspensión ordenada por un juez cumple la misma función: no hay corridas en la Plaza México * Buscan matar de hambre al toro bravo como lo hicieron con los animales de los circos

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Aunque los expertos en las leyes han intentado darle una justa dimensión al proceso legal que enfrenta la Plaza México (y en lo cual la razón les asiste), a la actual suspensión de festejos no deben restarle importancia, pues si bien este tema en específico pudiera salvarse con holgura, la verdad es que los antitaurinos nunca habían estado tan cerca de alcanzar su propósito y difícilmente dejarán pasar la ocasión, aunque este veredicto les sea adverso.

No se trata de una prohibición o cancelación de las corridas de toros en la plaza más grande del mundo y tampoco es un veto definitivo para el coso que puede recibir alrededor de 42 mil espectadores.

“Si la tauromaquia está destinada a morir, quisiera verla morir con honor y como se merece, cuando los taurófilos dejemos de ir a las plazas, y no cuando alguien ajeno me lo quiera imponer”: Gabriel García Márquez.

Un juez aceptó un amparo y decidió suspender las corridas en lo que estudia y escucha a las partes involucradas para después decidir el fondo del tema en cuestión. Aunque no es prohibición, en la práctica la suspensión cumple la misma función.

Jonathan Bass Herrera, titular del Juzgado Primero de Distrito en materia administrativa, con sede en la CDMX, otorgó la suspensión definitiva al amparo que interpuso la asociación civil Justicia Justa, por lo que ordenó que no se efectúen eventos taurinos en la Monumental Plaza México.

“Hay que respetar la fiesta del toro como un bien cultural y como parte del derecho a la libertad”: Fernando Savater.

La empresa Tauroplaza, que opera “la México”, se dio por enterada. Ya presentó sus primeros alegatos y diseña su estrategia jurídica, pero mientras tanto tendrá que dar cumplimiento a la suspensión.

 

LA LEY SÍ PERMITE LAS CORRIDAS DE TOROS

Ante el argumento esgrimido por Justicia Justa en el sentido de que se atenta contra un sano medio ambiente, está el cabal cumplimiento que no sólo Tauroplaza, sino infinidad de empresas taurinas en todo el país dan a las leyes vigentes.

“He conocido a dos genios. Uno fue Einstein. El otro, Juan Belmonte (torero)”: Ernest Hemingway.

Para que la Plaza México organice con plena libertad festejos taurinos desde hace más de 75 años es porque ha venido cumpliendo con la Carta Magna, con las leyes de espectáculos de la Ciudad de México y con el propio reglamento taurino. Todo lo anterior, aprobado por legisladores federales y locales.

Así las cosas, ¿cuáles son las posibilidades de que se falle en favor de los demandantes? La verdad, muy pocas. Esto desean los aficionados, pero ya lo prevén los abogados.

“Era tal mi afición que me la pasaba dibujando toros. No era interés en la pintura… sino en los toros”: Fernando Botero.

Sin hacer mucho escándalo, esa asociación logró lo que los “defensores de los animales” no han hecho en décadas, a no ser por sus constantes manifestaciones afuera de las plazas, con sus cuerpos pintados de rojo y exigiendo con groserías piedad para los toros. Es aquí donde radica el riesgo en serio para la fiesta brava. Difícilmente abandonarán el asunto y aprovecharán el ruido que se ha creado en las redes sociales.

 

CONSULTA NO ES SOLUCIÓN

Los argumentos de defensa que han expuesto en un sinfín de ocasiones todas las partes taurinas involucradas, que viven de y para la más bella de todas las fiestas, han sido sólidos y los resultados están a la vista.

“Sólo cuando el hombre haya superado la muerte y lo imprevisible no exista, morirá la fiesta de toros”. Jacques Cousteau.

Sucede que muy a menudo los propios políticos y sus partidos reviven el tema para sacar raja electoral y allegarse más simpatizantes con el gancho de defender los derechos de los animales. No quisiera pensar que también van tras “su comisión” por las ganancias que deja la tauromaquia.

Si la ley no prohíbe las corridas de toros, ¿por qué Claudia Sheinbaum propone una consulta para resolver el conflicto?

“No me hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los ame más que los ganaderos y toreros. Si yo fuera animal, me gustaría ser toro de lidia, pues a ninguno se le respeta más”: Joaquín Sabina.

La jefa de Gobierno de la CDMX le “salió al toro” de fea manera. A ver si no acaba corneada. Porque si se va a llevar a consulta popular todo lo que la ley permite, pero a algunos sectores no les gusta, jamás vamos a terminar.

Aparte, los militantes de Morena (comenzando por ya saben quién) han encontrado en las consultas la manera de lavarse las manos y deslindarse de sus responsabilidades.

Pablo Picasso. Inspirado por la más bella de todas las fiestas, plasmó su tauromaquia en pinturas que aún asombran al mundo.

Ya destapada para el 2024, la principal corcholata de AMLO lanza sus dardos y busca allegarse a quienes andan perdidos y sin rumbo, políticamente hablando.

Basta recordar a los animalistas o antitaurinos el destino que tuvieron los miles de animales después de que se prohibió su exhibición en los circos. ¿Dónde quedaron los recursos para reubicarlos y alimentarlos? Jamás los hubo. Aquellos elefantes, tigres, changos, perritos y caballos (entre otros) fallecieron de hambre en condiciones deplorables.

“El Juli”.

Los circos quebraron y los pocos que quedan ya no dan alegría, sino hacen llorar de pena ajena. Defendieron a los animales ¡para matarlos! Y además sepultaron miles de fuentes de trabajo.

 

¿ANIMALISTAS O ANIMALES?

¿Ese es el mismo destino que desean para los toros de lidia? Porque han de saber que de acabarse las corridas, ese hermoso animal será condenado a desaparecer del campo mexicano ¡para siempre!

Arturo Macías.

¿Y entonces? ¿Animalistas o exterminadores?

Estos son algunos datos duros de la fiesta brava en México que hablan por sí mismos (la economía de la tauromaquia):

José Mauricio.

  • Genera 80 mil empleos directos y 146 mil indirectos.
  • Viven más de 118 mil cabezas de ganado bravo.
  • Deja una derrama económica de más de 6, 900 millones de pesos.
  • Hay 257 ganaderías de reses para lidia.
  • La crianza de los toros bravos ocupa más de 167 mil hectáreas y es el burel el mejor protector de estas tierras al convivir en equilibrio con la flora y fauna.
  • Cristina Sánchez.

  • Asisten más de 5 millones de mexicanos a los festejos cada año.
  • En la Ciudad de México se celebran corridas desde junio de 1526.
  • Entre 80 mil y 100 mil pesos es lo que invierte un ganadero en la crianza de un toro de lidia.

¿Y qué proponen Justicia Justa y los animalistas para que no se pierdan los miles de empleos y la gran derrama económica que también impacta al país con el pago de impuestos? ¿Nada? ¿Cómo? ¿Preferirán, entonces, la construcción de unidades habitacionales en aquellos extensos campos? Y lo que es más importante ¿qué harán ellos para que sobreviva el toro bravo?

Toro de lidia.

Todo esto es lo que tiene que considerar el mencionado juez. La gerencia de la Plaza México, encabezada por el torero Mario Zulaica, los abogados del coso y los millones de aficionados le recordarán al juez estos detalles antes de que emita su fallo (que no es inapelable). También, por supuesto, tendrá que atender los argumentos de los quejosos para poner ambos razonamientos sobre el fiel de la balanza de la justicia.

Ganado bovino de engorda.

Es imposible borrar de la noche a la mañana 500 millones de historia.

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