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EN PRIMERA PERSONA

De vuelta (II)

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El aprendizaje de una lección divina * Quiero señalar el lamentable comportamiento que tenemos algunos reporteros y periodistas (me incluyo yo) que con absoluta prepotencia nos creemos jueces supremos desde las páginas o espacios electrónicos donde laboramos

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

El mes de marzo de 2017 fue una muy amarga experiencia para mí y para mi familia. Obvio, yo pagaría por mis errores, pero a mis seres queridos los arrastré injustamente. Duele mucho cuando dañas a quien más amas.

Fue una triple pesadilla: las investigaciones de la todavía PGR y después la cacería de los reporteros y el despiadado ataque en las redes sociales.

Aprendí mucho de todo ello, pero sobre todo recordé cuando irresponsablemente actué de la misma manera con tal de ganar lectores sin importar que detrás de cada juicio o crítica había una persona, un ser humano.

Algunos dirán que fue el karma; yo estoy convencido que se trató de una lección divina.

Veamos lo que respecta a los medios de comunicación. Claro que era una nota que había que explotar y sacarle jugo al máximo. Yo lo hubiera hecho igual. Lo que la hacía apetecible era precisamente que se trataba del director de un periódico atrapado en un hurto. Y qué robo: en pleno Superbowl y al mejor jugador de todos los tiempos.

Estaban quienes tenían que seguir la noticia de manera leal y profesional para sus lectores, oyentes y televidentes, pero también quienes vieron una oportunidad de ataque, como los medios que nos hacían competencia, y no pocos reporteros y fotógrafos que, como consecuencia de los avances tecnológicos y la crisis de los diarios impresos, se tuvieron que dar de baja.

Sabía que esto iba a pasar. No había de otra. Pero la situación se tornó peor por el hecho de que jamás hice alguna declaración al respecto; no comparecí ante los medios que acamparon prácticamente tres semanas afuera de la casa; no concedí entrevistas ni emití comunicado alguno. Nada de nada.

Primer acercamiento a Tom Brady, en Atlantic City, en 2001.

¿Por qué?, se preguntará Usted.

Fueron básicamente dos razones.

Una, la humana: el problema, el gran problema, me aplastó. Me devastó. En ese entonces la pena pudo más que mi débil andar en Cristo. Era sólo un oidor y no un hacedor de la Palabra. En suma, el miedo y la depresión me vencieron.

Pero el segundo punto de aquel silencio era más poderoso y de alguna manera influyó en el primero. Lo explico. El jugador Tom Brady había dicho a las autoridades de Estados Unidos (y estas a las mexicanas una vez que supieron donde se encontraba la prenda) que su única pretensión era recuperar el jersey del Superbowl LI; que no buscaba acciones legales contra el infractor si lo regresaba. La NFL estuvo de acuerdo. También la justicia de allá (FBI).

Cuando entregué los jerseys hubo una negociación con las autoridades de USA y de México. Tomando en consideración la postura de Tom Brady y una recién aprobada reforma al sistema judicial mexicano, que permite a la víctima otorgar el perdón al acusado si le restituye el daño, fue entonces que se firmó un acuerdo reparatorio.

Fueron diversos los puntos que incluyó el documento, pero los más importantes para mí fueron (1) el perdón, y (2) la cláusula que tajantemente advertía que si yo revelaba el contenido del acuerdo o algo de lo sucedido, el convenio se declaraba totalmente nulo y la parte acusadora estaba en su derecho de proceder judicialmente.

Creo, y espero que así se entienda, que había razón de peso para mantener la boca cerrada, bien cerrada. Así lo hice y hubo que pagar las consecuencias.

Es válido preguntarse por qué entonces hablo ahora de algunos de esos detalles. Eso mismo me pregunté a mí mismo y así se lo hice saber a la NFL cuando tiempo después la propia liga me solicitó una entrevista a propósito del programa que realizaban acerca del partido más emocionante de una final del futbol americano, el Superbowl LI, y que incluiría la famosa historia del jersey.

Carta invitación de la NFL para la entrevista.

Me daban la oportunidad de contar mi versión. Mencioné lo del acuerdo reparatorio y me aseguraron que eso ya había quedado atrás.

Platicado el tema en casa, llegamos a la conclusión de que era una magnífica oportunidad para por fin hablar del asunto, lo que en verdad habíamos deseado.

Sabíamos que era revivir el tema, pero eran más las ventajas. Sería una entrevista profesional, sin morbo y a través de un medio más que respetado y respetable, la propia NFL. (Sobre lo que pasó con el jersey y la interacción con Tom Brady, espero escribir en el próximo artículo para así dar por concluido el tema, si a mi editor le parece bien).

Una vez que salió al aire la entrevista, no fueron pocos los periodistas de acá que volvieron a arremeter contra un servidor. ¿Qué cuánto me habían pagado? ¿Por qué di la entrevista a la NFL y no a ellos? ¿Por qué me hacían pasar ahora por víctima? Se burlaban del hecho de haber invitado a Tom Brady a la casa, etcétera, etcétera.

Aclaro que no recibí ni un peso por la entrevista. Aproveché, eso sí, la oportunidad para exponer mi sentir y ofrecer disculpas a los agraviados. No me hubiera alcanzado el dinero si yo hubiera tenido que pagar por el espacio que me dedicaron a mí y a mi familia.

No me gustaría cerrar esta parte sin dejar de señalar el lamentable comportamiento que tenemos algunos reporteros y periodistas (me incluyo yo) que con absoluta prepotencia nos creemos jueces supremos desde las páginas o espacios electrónicos donde laboramos. Hay un refrán conocido: “entre los bomberos no se pisan las mangueras”. Esto no aplica en el periodismo, según he comprobado, o al menos en mi caso.

Al negarme a dar entrevistas, recibí mensajes de parte de varios titulares de los principales noticieros de la televisión y la radio, así como de periódicos, en el sentido de que si no les otorgaba “la exclusiva” no soltarían el tema y me pondrían en mayor evidencia.

Y, en efecto, así lo hicieron. No les importó inventar historias como que estaba prófugo (jamás fui requerido); que ya me había divorciado (mi querida esposa ha sido la más incondicional de las personas y mi gran sostén, después de Dios); que estaba escondido en mi casa de Puebla (no tengo casa allá y nunca salí de mi domicilio); además de atacar a mis hijos e inventarles historias.

Reflexión: ¿Cuántas veces hice lo mismo?

 

PUNTO Y APARTE. Agradezco todos sus comentarios. En especial a Antonio Moreno Flores, a Elena Cárdenas y a José Gregorio Daniel.

Con Emmitt Smith en el Estadio Azteca. El primer autógrafo.

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EN PRIMERA PERSONA

El golpe militar a la Constitución

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En su momento, López Obrador rechazó la idea de tener un gobierno militar para resolver la inseguridad y violencia • Puerta al fascismo, militarización del país, defendió la 4T • Qué necedad meter al Ejército en donde no debe estar; pone en riesgo al país, sentenció Manuel Bartlett • Instituciones de seguridad pública deben ser de carácter civil, dijo Morena y rechazaba dar más poder a las Fuerzas Armadas

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Más allá del asunto político y legal que conlleva la pretensión del Presidente Andrés Manuel López Obrador de que la Guardia Nacional deje de pertenecer a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y pase a formar parte de la Secretaría de la Defensa Nacional (por medio de un decreto o acuerdo), el tema intrínseco es que se admite desde el propio gobierno que la estrategia contra la violencia y el crimen ha fracasado.

Guanajuato, Jalisco y Chihuahua, víctimas de actos terroristas por la cacería de miembros del Cártel de Jalisco Nueva Generación. ¿Coincidencia?

Se trata, metafóricamente, de intentar cambiar un neumático cuando el automóvil se encuentra en marcha y en la recta final de su recorrido (falta poco más de dos años), pero también cuando los carros contra los que se compite (que son los de la delincuencia) llevan ventaja de sobra, tienen llantas nuevas y han impuesto sus condiciones a punta de balazos, que no de abrazos. Allí está lo sucedido en Guanajuato, Jalisco y Chihuahua. Noches de terror (de terrorismo, es la palabra correcta) en otro fallido operativo, ahora contra el “Doble R” del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

Resultó fallido el operativo para capturar a Ricardo Ruiz Velasco, alias “El Doble R” en Ixtlahuacán, Jalisco. Habría escapado debido a los narcobloqueos.

No queremos siquiera imaginar que se trató de algo premeditado para, ante esa ola de violencia extrema, justificar la presencia de los soldados en la calle. Preferimos pensar que sólo fue una coincidencia.

 

EL ARTÍCULO 21

Dejemos que sea la propia Carta Magna la que nos dé luces al respecto. En uno de los párrafos del Artículo 21 dice: “Las instituciones de seguridad pública, incluyendo a la Guardia Nacional, serán de CARÁCTER CIVIL, disciplinado y profesional”. El 26 de marzo de 2019 fue el propio López Obrador quien, en su calidad de Presidente de la República, hizo saber a los mexicanos, a través del Diario Oficial de la Federación, la reforma que se aprobó en el Congreso de la Unión a dicho apartado.

Ahora bien, en un país como el nuestro en donde la ley dice una cosa, pero en los hechos se hace otra, ya nos resulta normal que sean las Fuerzas Armadas las que realicen las funciones que corresponden a las policías federal y locales. Los grandes operativos y capturas los han hecho la Marina y el Ejército. No en este sexenio, sino desde el siglo pasado. ¿Y la Ley? Pues se la han pasado por el arco del triunfo.

Por cuestiones políticas, las Fuerzas Armadas han sido puestas nuevamente en el ojo del huracán. Una exposición mediática innecesaria.

Como los partidos de la oposición ya adelantaron que no aprobarán alguna reforma constitucional más respecto a la Guardia Nacional, el Ejecutivo federal intenta dar un manotazo en el escritorio para hacer a un lado la propia Constitución que juró respetar y hacer respetar; brincar y burlarse del Poder Legislativo, y poner contra las cuerdas al Poder Judicial. Pretende una carambola de tres bandas que atenta contra la legalidad, la sana convivencia de los tres Poderes de la Unión y que pone a las Fuerzas Armadas en tierras movedizas al realizar tareas que no están sustentadas en la ley.

Preocupa de sobremanera la endeble explicación que da AMLO. Su deseo es que todo lo que él ha hecho y hará quede en la Carta Magna o, al menos, en leyes secundarias. El objetivo es que cualquier gobierno que llegue después del suyo no pueda echar para atrás su legado o que le cueste trabajo al tener que modificar la ley. En otras palabras, quiere perpetuarse en el poder, aunque esté ausente físicamente. ¡Cuánto disparate y orgullo! Por esto es que han calificado su propósito como un “golpe militar a la Constitución”, y razón no les hace falta.

Objetivo: dar más poder a las Fuerzas Armadas para que otros gobiernos no puedan fácilmente revertir sus decisiones.

Los mexicanos y quienes estos decidan quiénes los habrán de gobernar, tienen todo el derecho y la responsabilidad de transformar al país y cambiar las leyes cuando así convenga a la Nación. ¡Faltaba más!

 

CAMBIO DE DISCURSO

Llama poderosamente la atención que a lo que se oponían tajantemente el Presidente, sus subalternos y simpatizantes en los regímenes de Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón Hinojosa, ahora sean esas mismas ideas las que defienden a capa y espada. ¿Dónde quedan, pues, los principios, las ideas y los ideales?

Deben al pueblo, principalmente López Obrador, una explicación del por qué ese cambio tan drástico, pero no desde la Mañanera, sino en un acto formal y oficial, sin paleros y con toda la seriedad y responsabilidad que el tema amerita. ¿Por qué se prometió regresar a las Fuerzas Armadas a los cuarteles y ahora se les saca a la calle para ser el principal brazo armado contra la delincuencia?

Postura oficial del hoy gobierno en diciembre de 2017.

Más aún, de nada servirán esos cientos de miles de elementos castrenses por toda la República si la estrategia seguirá siendo la misma: “Abrazos y no balazos”. En verdad será penoso e indignante ver a soldados y marinos huir de los ataques de los violentos, como ya lo hemos visto recientemente pues tienen la orden de evitar la confrontación. Claro, sí los delincuentes también son seres humanos.

Gracias a las benditas redes sociales, ahora se pueden rescatar fácilmente discursos de antaño. Palabras más, palabras menos, esto es lo que afirmaba López Obrador: “… no es con el Ejército como se pueden resolver los problemas de inseguridad y violencia en el país, además de que no se debe utilizar para suplir las incapacidades de los gobiernos civiles”. ¡Sopas!

Eso lo expresaba en los días de Felipe Calderón Hinojosa. Reprochaba una iniciativa de ley que pretendía darle más facultades al Ejército y abundaba: “no podemos aceptar un gobierno militarista”. ¡Tómala!

Pretender la incursión de las Fuerzas Armadas en las labores de vigilancia y seguridad en el presente gobierno es, con los argumentos esgrimidos por AMLO, intentar suplir la incapacidad de su administración en la lucha contra la inseguridad. Por si no fuera suficiente lo anterior, debe reconocerse que ha sido en este gobierno de la 4T cuando más participación se le ha otorgado al Ejército en actividades prioritarias. Allí están, por ejemplo, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la refinería (?) Dos Bocas, el Tren Maya, y ahora nada más ni nada menos que las pretendidas tareas de seguridad. ¿Quién en un futuro inmediato se atreverá a quitarle a las Fuerzas Armadas el poder que ahora se le está otorgando?

Quedó clara la postura de Gerardo Fernández Noroña. ¿La ratificará?

No se trata, como se quiere hacer pasar, que la Guardia Nacional sea una rama del Ejército ¡no! Al tiempo, y quizá no mucho, los miembros de la GN serían absorbidos por las Fuerzas Armadas y, al mismo tiempo, los integrantes del Ejército se integrarían a la GN. En los hechos, las labores de seguridad ya no serían de carácter civil, sino MILITAR. Sí, así es ahora en los hechos, pero que eso quede en la Constitución es ya diferente y va contra corriente a lo que dictan las auténticas democracias del mundo.

 

MÁS INCONGRUENCIAS

Quien hoy es secretaria general del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), Citlalli Hernández -quien parece ser de mayor confianza para López Obrador que el propio Mario Delgado- sostenía muy ufana: “Con mucha responsabilidad digo que si se intenta darle más poder a las Fuerzas Armadas sería la puerta para instaurar el fascismo en nuestro país”. Denunciaba también la violación de los derechos humanos en México y advertía que esto se legalizaría con la propuesta de ley que daría más atribuciones a los militares.

Mario Delgado. Sin palabras.

¿Podría Citlalli Hernández ratificar sus palabras? Sí, si lo que pretende es que la pongan de patitas en la calle. En cambio, tendría que bajar la cabeza, comerse sus palabras y pedir disculpas por tanta incongruencia. Pero no lo hará. Hay mucha soberbia y marrullerías de sobra para (intentar) capotear este trago amargo.

Citlalli Hernández, secretaria general de Morena, rechazó la militarización, pues “sería la puerta para instaurar el fascismo al país”.

Manuel Bartlett (pilar del priísmo tan censurado por su jefe y autor de la caída del sistema electoral en los comicios de 1988) también está en jaque, pero eso no lo inquieta. (Pocos saben lo que tiene en sus archivos respecto al Presidente y por eso es intocable). Como senador de Morena, espetó desde la tribuna: “… esa necedad de meter al Ejército a donde no debe estar y poner en riesgo al país… seriamente analicen, porque sí se va a militarizar al país”. ¡Sopas! Eso dijo al oponerse a la Ley de Seguridad Interior que se discutía en ese entonces.

Manuel Bartlett calla ahora. ¿Así de fácil?

Otro que da pena ajena es Mario Delgado. Mire si no. En ese 2017 se opuso a la Ley de Seguridad Interior al citar como argumento, precisamente, el Artículo 21 de la Constitución: “Las instituciones de seguridad pública serán de carácter civil”. ¡Tómala! Claro que Delgado tenía y tiene razón, pues la ley es clara y precisa. Ese mismo argumento tendría que presentárselo a López Obrador. Estaremos pendientes…

 

TENGO LA RAZÓN: AMLO; ¿Y TAMBIEN A LA SCJN?

Para taparle el ojo al macho (qué necesidad), el Ejecutivo federal tiene ya la propuesta para reformar la Constitución. Sabe muy bien, pues no ha podido doblegar a los opositores por medio de chantajes y amenazas (léase investigación a Peña Nieto, entre otros), que la iniciativa será bateada. Ya se lo advirtieron los diputados y senadores a quienes califica de “vende patrias y traidores a la patria”. Sucederá lo mismo que con la reforma energética, pues al no contar con la mayoría calificada, es de esperarse otra debacle y humillación a Morena y su líder máximo en el Congreso.

López Obrador ya adelantó que no desfallecerá en el intento, pues le asiste la razón. Así las cosas, se ve obligado a buscar todos los caminos viables para cristalizar su sueño. ¿Qué le queda? Gobernar a punta de decretazos y acuerdos, o al menos intentarlo. Eso pretende con la modificación de leyes secundarias en donde sí cuenta con los sufragios necesarios. En un solo amague, pintaría cuernos a los legisladores de la oposición y pasaría por encima de la Carta Magna. (Por favor, no me vengan con el cuento de que la ley es la ley).

Su jugada maestra está en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La oposición impugnaría, por supuesto, el cambio pretendido a la ley secundaria y solicitaría a la SCJN lo declare inconstitucional. Esto le queda muy claro al Presidente de México. Incluso ya lo pronosticó. ¿Y entonces? ¿Ya cuenta con el respaldo de la Corte? ¿Tiene en la bolsa los votos de al menos 4 ministros? ¿Arturo Zaldívar, ministro presidente, formará parte del plan?

Todo quedará en manos del Poder judicial. Su obligación, respetar la Carta Magna y lograr el equilibrio entre los Poderes de la Unión. Arturo Zaldívar y demás ministros estarán bajo el escrutinio nacional.

¿La Corte ya fue sometida? Ojalá no. Pero este escenario muestra, una vez más, que a falta de una genuina política y una negociación civilizada con quienes piensan diferente, se prefiere poner al país en un estado de tensión, confrontación y encono. No importan los razonamientos ni argumentos. Aquí fallan todos los actores responsables: gobierno y opositores, pero es el Presidente quien debería extender la mano e iniciar un diálogo sincero. Hablaría bien de él y sus intenciones.

 

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EN PRIMERA PERSONA

INE, el gran ganador en la elección interna de Morena

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Ya se vio que Morena no sabe organizar elecciones y mucho menos dar transparencia en sus consultas * Urge cuidar y blindar al INE y al TEPJF ante una democracia “morena y rancia” • Todo el catálogo de marrullerías e ilícitos en las urnas fue utilizado en la selección de sus consejeros • Delfina Gómez, beneficiaria del dedazo presidencial; lo mismo se cocina para la zacatecana Rocío Nahle en ¡Veracruz! • Confirma la actitud soberbia y grosera de Adán Augusto López que la ungida será Claudia Sheinbaum

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Cierto, movilizar a alrededor de 2.5 millones de personas en una jornada interna para elegir a sus nuevos consejeros y de paso afiliar a su partido a todos los que sufragaron, es un hecho más que rescatable. El acierto, debe admitirse, no es de Morena ni mucho menos de Mario Delgado, sino de Andrés Manuel López Obrador en su calidad de líder de ese movimiento, y no de Presidente de México.

Lo que se vivió el domingo 31 de julio no fue nada que los mexicanos no hayan atestiguado ya. Lo que llama la atención, en todo caso, es que la Cuarta Transformación (4T) había prometido desde hace tiempo hacer las cosas diferentes, es decir, en este caso organizar elecciones y consultas ejemplares. Lo que se vio a lo largo y ancho de la República fue justo lo que hacían en sus mejores tiempos los priístas y perredistas: violencia entre militantes, acarreo, compra de votos, batazos y golpes, destrucción de casillas, urnas embarazadas; quejas antes, durante y después de las votaciones, denuncias e inconformidades. Absolutamente todo el catálogo de delitos y anomalías que, cuando eran opositores, censuraban un día sí y el otro también.

Morenistas recurrieron a las prácticas de antaño de priÍstas y perredistas que tanto criticaron. Mal comenzó su proceso para elegir candidato para el 2024. No estuvo tan mal, respondieron.

El Ejecutivo federal tuvo que reconocer que hubo anomalías en la selección de los consejeros nacionales que, en su momento, habrán de tener en sus manos el manejo de la elección del candidato de Morena a la Presidencia de la República. Así las cosas, no es cosa menor lo sucedido, pues de origen el proceso de sucesión comienza mal entre los morenistas. Lo que no han admitido ni admitirán es que, además, los dados ya estaban cargados en favor de los incondicionales al inquilino de Palacio Nacional.

Uno de los ganadores de esa jornada electoral es el Instituto Nacional Electoral. Sí, sin necesidad de participar, opinar y mucho menos organizar esa pachanga. A los mexicanos les debe quedar bien claro que esa no es la democracia que se exige y a la que se aspira en estos tiempos. Es de risa loca querer ser ejemplo internacional con lo sucedido en esa jornada. Los propios miembros de Morena y su líder nato deben preguntarse si ese es el México que anhelan para los próximos años. Algunos, obvio, afirmarán que las cosas no salieron tan mal, que antes eran peores. Eso es no tener vergüenza y sí un desmedido apetito por el poder.

El INE salió fortalecido y cualquier reforma electoral debe ser para blindarlo, no para desaparecerlo.

¿Por qué ganó el INE? Simple, porque los mexicanos se han dado cuenta que unas elecciones tan importantes como serán las del 2024 no pueden quedar en manos del actual gobierno ni de su partido. Una experiencia así sería desastrosa, de alcances inimaginables entre el pueblo. No es exageración. Ejemplos de un país dividido, colapsado e incendiado por trampas y hurtos electorales sobran en nuestra historia. ¿La conocerán? Quizá sí, pero eso no les importa.

Ahora más que nunca, es obligación de todos los mexicanos de buena fe hacer todo lo posible para cuidar y fortalecer la independencia y autonomía del INE ¡contra viento y marea! Es más, también tendría que ser responsabilidad de los simpatizantes de Morena. Hoy, como lo ha hecho en el pasado, es la única institución que puede garantizar una organización justa y legal de las elecciones, le pese a quien le pese. En el mismo tenor está el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Debilitar o desaparecer al INE y al TEPJF, como pretende López Obrador, sería un atentado de consecuencias irreversibles que muchos no queremos ni siquiera imaginar. Está bien si el objetivo es ahorrarse miles de millones de pesos, pues ahí está lo que se destina a los partidos, pero de ahí a desmantelar a esas instituciones hay un abismo de diferencia.

La pretendida reforma electoral que ya fue enviada al Congreso por el Ejecutivo y que ahora se discute en otra pachanga organizada por sus defensores, busca precisamente eso: desaparecer al actual INE y Tribunal para dar paso a unas instituciones a modo y multifuncionales para, entre otras cosas, organizar las famosas consultas que tienen cautivado a López Obrador. Y cómo no ha de ser así, ya que se trataría de institucionalizar el mentado dedazo que tanto daño hizo a México en los tiempos priístas.

Y no es ociosa la siguiente pregunta: ¿qué pretende con ello el vecino de Palacio Nacional, que si la situación política no cambia drásticamente, el ganador de las elecciones presidenciales sería el abanderado de Morena? Un INE y TEPJF fortalecidos, como se encuentran hoy, darían legitimidad al proceso. Esto es lo que buscaría cualquier funcionario sensato ¿cierto?

Parece que no es el caso de López Obrador. No está dispuesto a arriesgar absolutamente nada con tal de garantizar la continuidad de su proyecto de nación. No quiere sólo ganar, sino avasallar y destruir a los adversarios políticos. Todo indica que la reforma electoral no pasará entre los legisladores, por más que apriete y amenace el gobierno con jugadas como la investigación al exmandatario Enrique Peña Nieto. ¿O sí? “Lo mío no es la venganza”, repite hasta el cansancio AMLO en el tema del mexiquense, pero por más que insista todo apunta a que la jugada salió y es manejada desde sus oficinas.

Nada hay qué presumir al exterior de la democracia y política de la Cuarta Transformación.

Igual está a la vista de todos que la elección de los consejeros, el proceso interno de Morena y la tan cuestionada encuesta están en manos de López Obrador para cristalizar su plan de ungir a Claudia Sheinbaum Pardo como su sucesora. Y en caso de un resultado adverso (siempre existe la posibilidad por mínima que sea), está la opción de arrebatar. Al tiempo señores.

Claudia votó y se enfila a la meta.

 

DELFINA GÓMEZ Y ROCÍO NAHLE, MÁS DEDAZOS

Y si alguna duda queda de cómo se maneja la política y democracia en la 4T, ahí están los casos de Delfina Gómez Álvarez y Rocío Nahle García. En suma, el Presidente López Obrador quiere (y en ello centra su tarea) que las secretarias de Educación Pública y la de Economía sean las próximas gobernadoras del Estado de México y Veracruz, respectivamente.

Lo de doña Delfina se sabe desde hace años y todo lo que se ha hecho en los últimos meses sólo ha sido para darle formalidad al proceso y llenar los requisitos que la autoridad electoral demanda.

Delfina Gómez va otra vez por la gubernatura mexiquense. El proceso interno fue una puesta en escena.

Exactamente lo mismo sucederá con Claudia Sheinbaum. ¿Para qué tanto teatro y circo? En el Estado de México, el senador Higinio Martínez y el ex diputado Horacio Duarte sabían perfectamente que no eran los queridos y por lo tanto que nadaban contra corriente. No hubo ni milagro ni razón que hiciera cambiar de opinión a su jefe. Algún premio de consolación les tocará si inclinan la cabeza a manera de aceptación.

Esa, pues, es la democracia que impera en Morena. ¿En qué se diferencia de las de sus rivales? Exacto, en nada. Pero lo que se trama en Veracruz es ya escandaloso, arbitrario e inaceptable. Rocío Nahle, nacida en Zacatecas, es la señalada para gobernar Veracruz. ¿Cómo? Se preguntará Usted. Fácil: cambiando la ley de esa entidad con la complicidad de algunos partidos opositores (?).

Rocío Nahle se perfila para Veracruz a pesar de haber nacido en Zacatecas. Tiene la bendición de AMLO y hasta una reforma a la ley fue hecha a su medida.

El Congreso local tuvo el desacierto de sacar adelante la “Ley Nahle”. Evidentemente la estrategia no surgió allá, entre los veracruzanos, sino acá en el centro. Una modificación a la ley con dedicatoria para la secretaria de Energía, quien a pesar de no haber nacido en Veracruz ni vivir ahí, por el simple hecho de que sus hijos son oriundos de aquellos lares ahora estaría en posibilidades de pelear por la gubernatura.

Después de ese albazo, ¿habrá alguien que dude que Nahle es la ungida por el mesías? Así teje el tabasqueño su historia. Algo similar intentó con el ex gobernador de Baja California Jaime Bonilla al ordenar que se modificara la ley local para prolongar su mandato por más tiempo para el que había sido electo. No tuvo éxito, como tampoco lo tuvo con el ministro presidente de la SCJN, Arturo Zaldívar, quien se dejó encantar un rato ante la posibilidad diseñada desde el Ejecutivo. Los morenistas han superado a sus maestros priístas, y López Obrador le dice a sus antecesores “quítate que a’i te voy”.

Por cierto, una cosa es que el Presidente defienda a capa y espada sus proyectos y políticas desde la tribuna de la Mañanera, pero muy diferente es que desde ese mismo escenario opine y mande líneas respecto a las corcholatas, las elecciones de consejeros de Morena, la consulta misma de revocación de mandato, etcétera. ¿Estará violando la ley electoral? Algo hay de eso. ¿Y la autoridad callará por temor a recibir más ataques?

 

ADÁN AUGUSTO SE DESMARCA SOLITO

El secretario de Gobernación camina en la dirección que muchos advierten: ser sólo comparsa en el proceso interno de Morena para empoderar a Claudia Sheinbaum. No existe otra explicación para entender los dos desatinos que ha tenido Adán Augusto López en un par de semanas. Primero, al declarar que no le importaba si el INE lo corría (?) por actos anticipados de campaña, pues al fin y al cabo a ese instituto lo van a desaparecer los diputados. Confiando, claro, que sí aprobarán la reforma electoral.

Pero lo que raya en la grosería y falta de oficio político es lo que protagonizó a mediados de semana afuera de las oficinas de Bucareli. No tuvo la gentileza ni la decencia de recibir dentro de la secretaria a un grupo de mamás que lleva varios días en plantón por la falta de información sobre sus hijos desaparecidos. Ante la tragedia que viven esas familias, consideró que era suficiente con atenderlas en la banqueta. No todo quedó ahí. Vino lo peor al recetarle a una mujer “pues yo tampoco confío en usted”. Esa fue la respuesta del encargado de llevar la política interna del país a una desesperada madre que, previamente, había dicho que no confiaba en las autoridades en lo relativo a la búsqueda de los desaparecidos.

Otro tropiezo de Adán Augusto López evidencia que él no es el bueno.

Cuánta soberbia y prepotencia. Quiso luego, inútilmente, componer la escena. El mal estaba hecho, “pues de la abundancia del corazón, habla la boca”. Insisto, ese no es el comportamiento de alguien que busca ser presidente del país. Su desmarque nos quedó claro y está bien, pues él conoce sus capacidades y limitaciones. Preguntamos: ¿es ese el secretario de Gobernación que necesita México?

Marcelo participó en la jornada y oficialmente ya es de Morena. ¿Por cuánto tiempo?

 

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EN PRIMERA PERSONA

Encuesta de Morena, remedo del ‘dedazo’ priísta

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Ebrard y Monreal, contra las cuerdas; Claudia y Adán Augusto, favoritos de AMLO * Es la aportación de la 4T al mundo; más confiable que las elecciones democráticas en las urnas, aseguran * Los dados ya están cargados, ¿por qué no consulta a mano alzada en el Zócalo?

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

El canciller Marcelo Ebrard Casaubón y el senador Ricardo Monreal Ávila saben que van contra corriente en la carrera por la candidatura de Morena por la Presidencia de la República para el 2024. ¿Por qué? Pues simple y sencillamente porque son los que están más lejos de corazón del Mandatario Andrés Manuel López Obrador.
Y esto no es gratuito si se toma en cuenta que el Presidente prefiere a alguien que pueda controlar o influir, en el peor de los casos, si es que el ungido llegara a sustituirlo al frente del Ejecutivo Federal. Antes, obvio, habría que ir a la contienda contra la oposición, pero hoy en día todo indica que podría ser otro morenista el que tome la estafeta si el escenario no cambia drásticamente.
Quienes llenan el requisito anteriormente mencionado son la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, en ese orden (de acuerdo con nuestro particular punto de vista), aunque para otros es al revés. Lo cierto es que mucho depende de lo que ambos aspirantes hagan en los meses venideros.
Y en ese mismo tenor (el de la rendición de cuentas al mandamás), todo indica que Marcelo Ebrard falló en su estrategia diplomática durante la reunión que sostuvo López Obrador con su homólogo norteamericano Joe Biden.

El mensaje a Marcelo Ebrard fue claro: acepta las condiciones de la elección en Morena mediante la encuesta o decide su futuro en otro lado. Al buen entendedor, pocas palabras…

La versión oficial aquí fue que el encuentro resultó un éxito. ¿Será? Todo indica lo contrario y había razón de sobra para que así sucediera. No fácilmente olvidarían el desaire que hizo AMLO al no asistir a la novena Cumbre de las Américas celebrada en Los Ángeles, California, preparada meticulosamente por Biden.
Y para más datos que abonan lo dicho, está la inmediata controversia que interpusieron EU y Canadá contra México, en el seno del T-MEC, por la política energética de nuestro país. Sin embargo, hay algo más poderoso para que Ebrard no sea el consentido del inquilino de Palacio Nacional. A saber, el ex jefe de Gobierno de la capital del país es quien más alejado está de la ideología e ideales de la 4T. La trayectoria política de don Marcelo lo coloca más bien en el centro, en lugar de la izquierda. Cierto, ahora trabaja en el equipo morenista, pero que no se olvide que fue precisamente López Obrador quien lo rescató de su autoexilio en Francia tras la persecución del gobierno de Enrique Peña Nieto. Gratitud sí hay, pero eso no es suficiente.
Podemos imaginar a Marcelo Ebrard sentado en la silla presidencial respetando a su antecesor e, incluso, reconociéndole su labor en la transformación (?) de México. Cero investigaciones por malos manejos. No obstante, tomaría las riendas del país con firmeza de acuerdo con sus ideales; le daría un sello personal a su administración; no dudaría en cambiar lo que considere que se hizo mal y tomaría el camino que mejor le pareciera sin importar si éste fuese distinto al trazado por la 4T. Eso lo coloca en la congeladora y su figura sólo sirve para dar legitimidad al proceso de selección.

MONREAL VA SOLO
Nadie entiende hasta ahora cuál es la jugada de Ricardo Monreal. En este espacio hemos dicho que sólo busca vender caro su amor, como ya lo ha hecho en el pasado.

¿Por qué habría de ser diferente ahora? Para ser honestos, al zacatecano le falta no mucho, sino muchísimo, para poder ser presidente de México. Eso lo sabe López Obrador y para nada arriesgará la continuidad de su proyecto. Monreal es quien tiene menos posibilidades de las cuatro corcholatas. Eso todos lo saben.
Al verse desdeñado por el Presidente y su propio partido (que es lo mismo, pues Mario Delgado es un cero a la izquierda), no tuvo otra opción que alejarse él mismo del gobierno y hacerse la víctima de la película. Y ahí lleva ya un buen tiempo. ¿Cuál será su siguiente movimiento? Sólo él lo sabe, pero mientras sigue dando patadas de ahogado.

Sin abandonar su discurso de hace muchos meses, ha declarado que no se puede afirmar que hay piso parejo cuando hay exclusiones. Esto en respuesta al que decidirá quién es el “bueno”. En efecto, todo el tiempo ha sido excluido y él es quien insiste en incluirse a la fuerza. El zacatecano insiste: “No voy a declinar ni a negociar; no busco puestos de consolación o acomodo personal”. ¿Declinar a qué y negociar qué? ¿Cuál es su capital político para poner sobre la mesa? ¿Se tratará únicamente de chantaje? ¿En verdad piensa que podría encabezar a los partidos opositores? Son preguntas cuyas respuestas él ya las sabe y casi todos las adivinan.

Excluido y arrinconado, Ricardo Monreal no está en el corazón del Presidente. Luego entonces, tampoco en el ánimo de Morena

LOS DADOS YA ESTÁN CARGADOS
Al poner obstáculos a Ebrard y Monreal, quien mueve la cuna ya comenzó a dar línea a sus partidarios. Esa ha sido su estrategia y le ha dado resultados. ¿Por qué habría de cambiar? Quizá una de las grandes aportaciones de la 4T a las democracias del mundo sean sus famosas encuestas. ¿Para qué elecciones en las urnas que son tan caras e imprecisas? Siempre será mejor, según el criterio de Morena y su jefe, una pequeña encuesta a menos de 10 mil simpatizantes que el sufragio efectivo de millones de personas. ¿En serio? Para ellos sí. En todo caso, mejor sería una encuesta a mano alzada en el Zócalo para ahorrar tiempo y dinero.

¿Qué tal consulta a mano alzada en el Zócalo? Sería más sencillo y barato con resultados al instante.

No sólo los aspirantes de Morena, sino decenas de miles de seguidores, demandan una elección limpia, transparente y democrática de su candidato presidencial. ¿Es eso un crimen? ¿Acaso también los llamarán traidores a la patria? No lo dude. La encuesta será el mecanismo que usará López Obrador para decidir quién será el abanderado, pues no puede arriesgar nada y que el proceso se salga de su control.

Con un sinfín de problemas por resolver en el país, López Obrador prefiere asumir lo que más le gusta: estar en campaña permanente, pues es más fácil prometer que gobernar.

Para que no hubiera duda a quién iba dirigido el mensaje, el Ejecutivo federal recetó delante de Marcelo Ebrard que ¡la encuesta va! y que acusar que no hay piso parejo es menospreciar a la gente, pues ésta ya no se deja manipular. Quien ha prometido al pueblo no mentir, aseguró que las estrategias del pasado no van a funcionar en esta elección. Sus acciones y dichos apuntan, ciertamente, en dirección contraria.

El pasado que tanto criticó lo ha alcanzado. Se sujeta a esas prácticas que si no son iguales, sí son parecidas y en el fondo son un remedo del “dedazo” priísta.
Apoyaré a quien gane la encuesta, promete López Obrador. Cómo no va a ser así si de antemano ha cargado los dados y, en su momento, dará línea a sus simpatizantes por quién votar. Al tiempo.

Para muchos esta es la imagen que se impondrá antes y después de la famosa encuesta. Por ahora, todo apunta a Sheinbaum, quien ya comienza a actuar como la ungida. ¡Cuidado! Del plato a la boca, se cae la sopa.

Los agraciados, por su parte, a veces guardan silencio y nadan de a muertito; en otras ocasiones repiten el discurso del gran elector, pero ni por equivocación dan color, no vaya a ser que hagan enojar a quien los mueve como piezas de ajedrez. Claudia Sheinbaum y Adán Augusto López apoyan la cuestionada encuesta. Veremos si así continúan hasta el final, cuando se sepa para dónde se inclinó la balanza.

Callado y discreto hasta hace unos meses, Adán Augusto contempla cómo se le abren puertas en el horizonte. ¿Estará consciente de que juega de comparsa? Seguro que sí, a cambio de ser la segunda opción si se le hace bolas el barniz al Presidente.

Quizá entonces, si la suerte no le favorece, la jefa de Gobierno demande ahora sí elección y no encuesta. López Hernández no tiene nada que perder y sí todo que ganar. Hagan sus apuestas.

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