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POR LA ESPIRAL

Reputación de China, en entredicho

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Dos organismos internacionales favorecen al gigante asiático * La OMS, que encabeza Tedros Adhanom, en más de una ocasión favoreció a China con el misterio del origen de la pandemia propiamente del virus del SARS-CoV-2

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

No es la primera vez que el nombre de China figura en entredicho en materia de trato de favor y tampoco creo que sean simples coincidencias que en dos distintos organismos internacionales surjan sospechas de que, desde la cúpula, se ha maniobrado para favorecer -de una u otra forma- al gigante asiático.

Recientemente ha pasado con dos distintos organismos internacionales: con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial metido en la diana con una investigación a la actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

 

Y luego que no digan que la credibilidad de los organismos mundiales está por los suelos, en los últimos años no han dado ni una desde las acusaciones de abusos sexuales perpetrados por cascos azules de la ONU en distintas partes de África así como de funcionarios en misión de paz que terminan envueltos en escándalos sexuales.

Tampoco le han salido bien las tornas al FMI tras el bochornoso asunto de Dominique Strauss-Kahn con una camarera en un hotel en Nueva York acusado de violación.

A la OMS, que encabeza Tedros Adhanom, se le ha señalado en más de una ocasión de trato de favor a China con el misterio del origen de la pandemia propiamente del virus del SARS-CoV-2.

Hay documentos emitidos por la propia OMS -en enero de 2020- señalando que el nuevo virus detectado en Wuhan está controlado y es un asunto focalizado ante lo que no recomienda que se deje de viajar a China.

Esa recomendación, día tras día, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se la echó en cara a Adhanom, a quien en más de una ocasión y públicamente acusó de estar coludido con China, de ser el culpable de la propagación del virus por recomendar que se siguiera viajando porque simplemente no pasaba nada.

Trump terminaría cortándole los fondos a la OMS y en un despropósito final sacando a la Unión Americana del organismo multilateral de la salud; el resultado fue que China aportó más dinero al organismo y Adhanom se escoró más hacia Beijing.

Sólo la llegada de Joe Biden a la Presidencia y el reintegro de Estados Unidos a la OMS con todo y sus aportaciones por 893 millones de dólares desembolsados para el bienio 2018 a 2019, reinstalaron cierta presión en la OMS para realizar una indagación, en Wuhan, considerada la zona cero del coronavirus.

La investigación que contó con la presencia de distintos científicos de diversas partes del mundo ha dejado mucho que desear, partiendo del hecho de la timidez de la OMS ante el presidente chino Xi Jinping para aceptar sin reparo alguno todos los informes acerca del virus y sin mediar un cuestionamiento sólido.

Ha caído tan mal esta posición que el propio Biden ordenó a la CIA un informe concluyente al respecto del Covid-19; en agosto pasado se entregó un documento a la Casa Blanca sin lograr clarificar el origen del patógeno.

 

A COLACIÓN

Ahora es Karolina Georgieva la que ha estado en un foco de investigación por su papel como directiva del Banco Mundial dado que se presume influyó de manera positiva, en el informe Doing Business 2018, a favor de mejorar la posición de China en aras de destacar su robustez y buenos pronósticos.

Trátese de un informe bastante leído por grandes inversores, líderes mundiales, ministros y asesores, así como especialistas que hacen recomendaciones en favor de uno u otro país dependiendo de la situación de sus variables económicas, políticas, civiles así como del contexto fiscal y regulatorio entre otras cuestiones.

Georgieva, que se ha defendido a capa y espada negando la especie, parece que ha salvado el pellejo no sin poner en riesgo al propio organismo internacional. Ella llevaba largos días prendida de un alfiler, parece que al final seguirá al frente… según afirma son acusaciones infundadas.

Lo cierto es que China está granjeándose una reputación dudosa y arrastrando con ella a varios organismos espejo del multilateralismo.

 

POR LA ESPIRAL

Con la pandemia, políticos juegan a ser dioses con el alfabeto griego

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Guerra contra el coronavirus terminará entre 3 y 5 años * El siglo XXI será muy complicado y complejo para la supervivencia humana, pero allí están la ciencia y la tecnología como escudos protectores, como balsas en medio del naufragio

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Hay fatiga de pandemia. Vamos a entrar en el último mes del año si bien ha logrado fluir un poco más, porque 2020 lo sentimos casi como una losa en un cementerio que a todos nos estrelló contra una realidad aplastante: la muerte nos tocará a todos por igual.

No sólo ha sido por la aparición del virus del SARS-CoV-2 rodeado además de un misterio en torno a su surgimiento, si es natural como los otros seis coronavirus hasta ahora descubiertos y clasificados (precisamente el Covid-19 es el séptimo) o bien es resultado de una manipulación en un laboratorio y escapó de manera accidental o intencionada.

Y además ha pasado en un momento tenso y muy agrio entre las relaciones de las dos potencias hegemónicas  como son Estados Unidos y China confrontadas en prácticamente todos los renglones fundamentalmente en el ideológico: la Unión Americana defiende la bandera del capitalismo, la libertad y la democracia, y China ondea la economía de mercado cocida al estilo del comunismo-marxismo y a la centralización plutopartidista en el poder.

No son pocos los conspiranoicos que dan pábulo a que el virus fue cocinado en Wuhan a propósito, para hundir a la economía norteamericana y con ella al resto del mundo.

Y que para esconder al autor del crimen, China ha decidido cercenarse medio brazo delante del mundo para limpiar toda sospecha. Como diría, Agatha Christie, ¿quién es el principal beneficiario del crimen? En los argumentos de sus novelas, lo es precisamente alguien de bajo perfil.

Nadie duda que estamos en una guerra biológica, lo dijo el mismo presidente de Francia, Emmanuel Macron, sin tapujo alguno ante los medios de comunicación. Una guerra que ya cumplirá el 11 de marzo próximo su segundo aniversario y que como yo preveo, tras conocer la opinión de  muchos expertos que he entrevistado de diversos países, a lo largo de estos meses… esta guerra nos llevará a un frente de mediano plazo -entre tres a cinco años- para derrotar al virus definitivamente.

El siglo XXI será muy complicado y complejo para la supervivencia humana, pero allí están la ciencia y la tecnología como escudos protectores, como balsas en medio del naufragio.

 

A COLACIÓN

Lo malo es que también están los políticos ineptos para tomar decisiones por nosotros y muchas veces, como se ha demostrado a lo largo de esta pandemia, son erróneas y responden más a intereses políticos que a razonamientos científicos y médicos.

El mayor error de esta pandemia ha sido su politización. En la mayoría de los países dejarla en manos de imberbes que han escuchado más a quienes hacen las encuestas, buscando afianzarse políticamente, que a los investigadores y científicos que conocen la potencialidad de los virus.

El coronavirus es una potente arma de control social, el mejor elemento para meter el miedo en el cuerpo para obligarnos a acatar que te vayas a tu casa confinado o que no abras tu negocio por uno o varios días. El mejor pretexto para que no entren migrantes o extranjeros y para prohibir los vuelos de determinado país o países; en suma, para controlar, controlar y controlar.

Quizá la nueva mutación del virus del SARS-CoV-2, conocida como omicron detectada en Sudáfrica y Botswana, sea uno de los ejemplos más plausibles del manoseo alrededor de este patógeno.

El propio panel de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reunido el viernes pasado ha dicho que necesitará entre dos a tres semanas para tener una conclusión certera de si esta nueva variante es más contagiosa, pero sobre todo más letal y qué tanto evade el escudo protector de las vacunas antiCovid.

Pero los políticos no han querido esperar a pesar de que los epidemiólogos sudafricanos señalan que la información recabada indica que esta nueva variante se propaga más, pero no es más letal, ni sus efectos cambian.

Los laboratorios Pfizer-BioNtech han querido calmar el pánico desatado (que llevó a la caída de las bolsas en todo el mundo el viernes pasado) aseverando que pueden producir una vacuna mejorada antiCovid en tres meses.

La alarma ha sido tan acuciosa, claro porque es África, que el pretexto está ahora servido para aislar más a un continente al que las vacunas le llegan de cuentagotas; un pretexto perfecto para obligar a los no vacunados en Europa a que acudan presurosos a hacerlo de por sí acorralados ya por una serie de medidas para que se inoculen con Pfizer o con Moderna. Menudo negocio.

Un pretexto además que nos obligará a tomar una tercera dosis de la vacuna, sin saber qué efectos nos provocará inmunizarnos ya no sólo con una, sino con dos y hasta tres dosis de vacunas que a lo sumo cumplirán un año de haber sido puestas. No hay un historial de referencia.

¿Quién decide que se debe poner una tercera dosis? Es una decisión política más que científica; así como cerrar las fronteras, es una decisión más política que científica. Hay un virus sí, los propios virólogos expertos lo analizan y lo saben; hay gente que ha muerto de coronavirus lamentablemente la hay y la habrá. Pero lo que me parece intolerable y preocupante es que los políticos -dependiendo de sus siglas partidistas- digan qué es lo mejor o no para nosotros. Creo que están jugando a ser dioses con las letras del alfabeto griego en sus manos.

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POR LA ESPIRAL

OPEP fastidia la recuperación económica mundial

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Su juego perverso debe acabar algún día porque ahora no se le ve fin * Las consecuencias de la política alcista de precios que acordaron los miembros de este cártel como respuesta incendiaria ante el conflicto árabe-israelí terminó metiendo a las economías industrializadas y emergentes en una elipsis de estanflación e hiperinflación

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Desde que tengo uso de razón, la OPEP lleva fastidiándole la vida al mundo, a tal grado que países como Estados Unidos han debido invertir hasta el ingenio para convertirse de importadores netos de petróleo en productores y hasta en exportadores, como ha acontecido en el intervalo de los últimos cincuenta años.

Muy importante fue el parteaguas del boicot implementado por los países miembros de la OPEP -en la década de los 70- que puso los precios de los hidrocarburos por las nubes para fastidio de muchos países industrializados pero dependientes de las importaciones de este insumo fósil.

El petróleo varias veces ha sido utilizado, en distintos lapsos de la historia reciente, como una especie de arma de guerra, sobre todo para infringir una presión inusitada en las economías que no tienen de otra más que adquirir cada vez más y más caro el barril de crudo con el consecuente golpe en el aparato productivo, en el crecimiento y primordialmente en el bolsillo del consumidor… en suma, en la inflación.

Las consecuencias de la política alcista de precios que acordaron los miembros de este cártel como respuesta incendiaria ante el conflicto árabe-israelí terminó metiendo a las economías industrializadas y emergentes en una elipsis de estanflación e hiperinflación.

Buena parte del pandemónium vivido en la década de los 80s y 90s tiene su origen en las maniobras malditas de la OPEP.

Este juego perverso debe acabar algún día porque ahora no se le ve fin. No mientras los productores y principales exportadores vean en su potestad una potencial y permanente arma de chantaje, de manipulación y castigo ante una geopolítica candente que órbita alrededor del poder.

Al final hay algo de político en el fondo. Siempre creí que la lucha por el petróleo desataría otra gran guerra mundial, he visto caer a Saddam Hussein y no sucedió nada; he visto caer a Muamar el Gadafi y tampoco pasó nada y lo mismo en el caso de Hosni Mubarak… tres países fundamentales  en el renglón petrolero como son Irak, Libia y Egipto.

El petróleo es la tentación, como si fuese la manzana de Adán y Eva. Estados Unidos, así como China, saben al igual que India y Japón lo importante que es para sostener la expansión de su aparato productivo y hacerlo además a base de oro negro barato.

Yo creía que el desajuste entre oferta y demanda de petróleo estaba primordialmente afectado por los efectos perniciosos provocados por la pandemia que ha obligado a cierres perimetrales, controles aduaneros, confinamientos severos e intermitentes, en suma provocando un caos en la producción y en su distribución.

Yo pensaba, como otros analistas lo han sostenido, que sería cuestión de meses para que volviese a recalibrar la oferta y la demanda en la medida que los canales de distribución recuperasen su normalidad, pero la decisión del presidente de Estados Unidos de recurrir a las propias reservas acumuladas me demostró que, en el quid del desbarajuste, nuevamente está la mano política de la OPEP -junto con Rusia- para  dificultar el camino de la recuperación a los viejos conocidos de siempre.

 

A COLACIÓN

Sólo hay que leer las señales: el presidente Joe Biden ordena liberar 50 millones de barriles acumulados en la llamada Reserva Estratégica de Petróleo (SPR) y otros países como India, Corea, Reino Unido, Corea del Sur y China también lo secundan.

Todos quieren reducir la tensión interna que experimentan los energéticos que suben y suben en detrimento del consumo, del consumidor, de la inflación y de la recuperación  del PIB.

La reacción del mercado petrolero, ante el anuncio de Biden, ha sido irracional y los petroprecios, en lugar de ir para abajo, han vuelto a incrementar: “El Brent superó  los 82 dólares el barril con un alza del 3.18% mientras que el West Texas aumentó un 2.57% para venderse en 78.7 dólares”.

En esta ilógica subyacen nuevamente intereses políticos y sobre todo geopolíticos, la OPEP junto con Rusia, quieren fastidiar la recuperación… hacérsela complicada a todos.

Y cuando digo a todos, no debemos obviar que este mundo actual está más interrelacionado económica, comercial y tecnológicamente que nunca antes.

Nuestra referencia de la década de los 70s y las maniobras de la OPEP suceden ahora en un contexto diametralmente distinto.

Hoy la OPEP puede fastidiarnos la recuperación si no cede a ampliar la oferta de petróleo en los próximos meses; de hecho, tendrán una reunión junto con Rusia el próximo 2 de diciembre. Pero también se pegarán ellos mismos un tiro en el pie y terminarán comprando inflación vía el comercio internacional.

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POR LA ESPIRAL

¿Sucederá un gran apagón en Europa?

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Austria mete el miedo en el cuerpo * Karl Nehammer, ministro del Interior austriaco, también confirma que habrá constantes protocolos de actuación en el Ejército para capacitar a sus soldados de qué hacer ante una situación en que deban apoyar a la población ante la falta constante del suministro eléctrico

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

¿Cuándo puede suceder un gran apagón en Europa? En Austria no lo saben, pero por lo pronto ya implementaron una campaña titulada: “Qué hacer cuando todo se para” con la finalidad de que su población esté preparada en sus casas para afrontar -lo mejor posible- una situación de emergencia derivada de la falta de suministro eléctrico ante lo que, aconseja, almacenar botellas con agua, radio con pilas, velas, comida enlatada y alguna batería portátil.

Karl Nehammer, ministro del Interior austriaco, también confirma que habrá constantes protocolos de actuación en el Ejército para capacitar a sus soldados de qué hacer ante una situación en que deban apoyar a la población ante la falta constante del suministro eléctrico.

Pero ¿qué tan real puede ser un apagón generalizado en Europa? Al respecto hablé con el español Rafael Alcalá, socio director de Trebol Energía en el país ibérico, y en su opinión “son alarmas” con un riesgo mínimo.

“Evidentemente hay una ruptura en las cadenas de suministro, pero la alerta de Austria quizá sea entendible porque ellos están en una situación bastante delicada porque la única forma que tienen de tener gas es por tubo y viene de Rusia. En cambio, en España, el riesgo es mínimo. Lo  hemos contrastado con muchos de los profesionales del sector”, me dijo el experto de una de las consultoras energéticas más prestigiosas del país ibérico.

Respecto de la situación particular de la economía española, Alcalá señaló que el 60% del suministro actual en 2020, entró por barco y el restante lo hizo por tubería; ante lo que, remarcó, una falta de suministro eléctrico sería poco probable porque el gas sigue llegando y además se tienen reservas para 40 días sin recibir suministro de gas.

“Hay  la capacidad de regasificar y entendemos que el riesgo es mínimo, si bien pueden pasar muchas cosas en la cadena de suministro entendemos que no es una posibilidad real. Además, España recibe por puerto esos barcos para suministrar el gas a otros países europeos”, puntualizó.

 

A su juicio esto hace que la posición española sea más fuerte en comparación con otros países como la propia Austria o inclusive con más ventajas que Alemania.

En este final de 2021, ¿qué ha fallado verdaderamente  para que estemos ante nuevos nubarrones, es todo culpa del desequilibrio entre la oferta y la demanda provocado por la incapacidad de respuesta de la distribución?

Según Alcalá hay un mix: “Tenemos una alta demanda energética en la parte asiática en China y en Japón que ha incrementado mucho la demanda de gas notablemente y se está viendo que enfrentan problemas para obtenerlo porque están teniendo apagones; por otro lado, sucedió una ruptura de la producción de gas porque se ha reducido, tenemos a Rusia que ha reducido su capacidad de enviar gas y ha hecho que suba el precio; y también el transporte se ha encarecido, los barcos disponibles han incrementado su costo… así es que el precio del gas ha subido en origen y ha subido para transportarlo… digamos que es la tormenta perfecta.

 

A COLACIÓN

Le pregunté si estamos ante un riesgo de abastecimiento, a lo que el experto me respondió que “no, de ninguna forma”. En su postura, tenemos un incremento en los precios por un desajuste entre oferta y demanda en la distribución del gas principalmente.

“Y digamos, que ante la menor oferta de gas, lo que sucede es que aumentan los precios porque los buques disponibles salen subastados más caros. El precio de la extracción de gas no ha aumentado, pero sí la logística y cuando China y Japón están dispuestos a pagar ese gas más caro, los productores de Nigeria, Estados Unidos o Argelia mandan sus barcos”, añadió Alcalá.

De la temporalidad de este desajuste que podría terminar provocando un shock en el mercado energético si se extiende en el tiempo, Alcalá refirió que las previsiones que ellos tienen y lo que aventuran los futuros energéticos señalan que a mediados del año que viene empezará a revertir esta situación.

“A partir del segundo trimestre se irá revirtiendo y empezará a normalizarse a los datos anteriores… esas son las previsiones; bien sabemos que una decisión geopolítica sobre del gas puede hacer variar todo y está a la orden del día. El gas no es una variable clara, es una multivariable que responde a varios factores”.

Entonces, ¿el mayor problema está en el gas? Alcalá me señaló que así es: “Porque la producción de la energía en Europa, el que marca el precio es el gas. El fuel o el Brent no influyen tanto en el precio de la energía eléctrica porque es muy poco con el que se produce… el caso del gas es distinto. En España, hay más transporte público que funciona con gas natural que con Brent”.

 

Twitter: @claudialunapale

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