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POR LA ESPIRAL

En riesgo la viabilidad financiera de EU

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El frágil techo de cristal * Un ‘default’ a estas alturas de la pandemia sería algo indeseable para la economía norteamericana, para sus principales socios comerciales y para la economía mundial

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

El destino inmediato de los estadounidenses descansa en manos de los republicanos, tienen la llave y lo saben. Todo está en vilo si no se logra un pacto entre ambos partidos junto con las intenciones de Biden de incrementar los beneficios médicos en la sanidad incluyendo los servicios dentales, oftalmológicos y auditivos; la construcción de nuevos ‘Kindergarten’ comunitarios y la concesión de la ciudadanía a millones de inmigrantes sin papeles o bien la inclusión de cientos de miles de afganos evacuados desde Afganistán hace unas semanas y que en suelo norteamericano tramitan peticiones de asilo.
La táctica de los republicanos pasa por provocar la desesperación de los demócratas y que vean cada vez más cerca el cierre del gobierno federal por falta de recursos, lo que implicaría que los empleados públicos no percibirán sueldo.
¿Por qué se produce un ‘shutdown’? Es una práctica a la que se llega en Estados Unidos por la forma en cómo está conformada la separación de los Poderes y sucede fundamentalmente si el Presidente o bien alguna de las dos Cámaras del Congreso (puede darse el caso de que ambas al mismo tiempo) no logran puntos de entendimiento en la asignación del presupuesto por cada una de las partidas que lo conforman y se alargue tanto la disputa que termine finalizando el Presupuesto vigente (1 de octubre) y no esté votado y aprobado el nuevo, para el ciclo fiscal correspondiente.
Dichas desavenencias han paralizado hasta en 19 ocasiones la Administración Federal, desde el año de 1976 a la más reciente e histórica que se vivió con el presidente Donald Trump (del 22 de diciembre de 2018 al 25 de enero de 2019) que mantuvo 35 días al gobierno trabajando con mínimos y a 800 mil empleados federales sin cobrar.
Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca, aseveró ante los medios de comunicación que el presidente Biden está trabajando a contrarreloj para evitar el cierre de la Administración Federal, y si se produce “mitigar en todo lo posible” los efectos sociales y económicos en los trabajadores que quedarán sin cobrar su sueldo en tanto dure la excepción.

A COLACIÓN
Hay que buscarle la cuadratura al círculo: la Unión Americana gasta más de lo que ingresa y vive endeudada. En los cuatro años de gobierno trumpista, la deuda nacional subió un 36% a un rango de 28.5 billones de dólares.
La Oficina de Administración y Presupuesto (OMB, por sus siglas en inglés) reconoce que en 2020 el déficit creció hasta los 3.3 billones de dólares. Para 2023, esta oficina estima que la deuda pública equivaldrá a casi el tamaño de la economía norteamericana.
En la opinión de Schumer, líder de la mayoría en el Senado, Trump acumuló cerca de 8 billones de dólares en deuda, él en su momento sobrepasó el techo de cristal.
¿Qué es el techo de la deuda? Es un límite de deuda fijado desde 1917 para el Tesoro de Estados Unidos a fin de que pueda hacer frente a sus obligaciones y cada vez que es necesario ampliarlo (porque hay más compromisos financieros) debe recurrirse a la aprobación del Congreso. Desde que existe se ha elevado en 98 ocasiones no siempre de forma fácil porque está contaminado por el ambiente político del momento.
Con Trump, el techo de deuda se suspendió en 2019 hasta julio de dicho año, el límite entonces estaba fijado en 22 billones de dólares, se ha dejado en 28.5 billones de dólares. La actual administración Biden requiere otra nueva autorización para sobrepasar este límite.


Janet Yellen, secretaria del Tesoro, urge a sus contrapartes a aprobar la extensión del endeudamiento, de hecho, advierte que cualquier retraso pondrá en duda la capacidad del Gobierno Federal para afrontar sus obligaciones, lo que provocaría “un daño irreparable” a la economía estadounidense y a los mercados financieros globales.
Un ‘default’ a estas alturas de la pandemia sería algo indeseable para la economía norteamericana, para sus principales socios comerciales y para la economía mundial.
Yellen, preocupada, pide consonancia y entendimiento: “Es probable que el Tesoro agote sus medidas extraordinarias si el Congreso no actúa para aumentar o suspender el límite de deuda antes del 18 de octubre”.
A la fecha, el Tesoro cuenta con 300 mil millones de dólares depositados en la FED, no es una cantidad suficiente para afrontar todos los pagos, la propia Yellen indica que Estados Unidos se quedaría rápidamente sin dinero y habría que dejar de pagar hasta las jubilaciones.
Pero no es sólo la viabilidad financiera lo que está en juego, sino el mensaje de incertidumbre enviado a los agentes económicos que interpretan una falta de seriedad en la agenda nacional.

 

POR LA ESPIRAL

Dos Nobel inesperados

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El galardón de la Paz abraza a la libertad de expresión * El Comité Noruego distingue a dos periodistas: la filipina Maria Ressa y el ruso Dmitry Muratov, en un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa “se enfrentan cada vez más” a condiciones adversas

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Considerado el Olimpo de los Nobel, el de la Paz, este año abraza a la libertad de expresión tras distinguir a dos periodistas: la filipina Maria Ressa y el ruso Dmitry Muratov.

El Comité Noruego los ha destacado por “su defensa valiente de la libertad de expresión” y por hacer del periodismo de investigación un lugar común para denunciar los abusos.

Berit Reiss-Andersen, presidenta del Comité, destacó que ambos son representantes de todos los periodistas que defienden este ideal en un mundo en el que la democracia y la libertad de prensa “se enfrentan cada vez más” a condiciones adversas.

La última vez que se dio el Nobel de la Paz a un periodista fue en 1935, al alemán Carl von Ossietzky, miembro de una sociedad pacifista y escritor de varios periódicos orientados a condenar la guerra.

Nadie se lo esperaba: el Nobel más reciente ha sido extensamente celebrado por federaciones y asociaciones de periodistas a nivel internacional en momentos en los que se advierte un retroceso en la libertad de prensa.

Ressa dirige Rapple, una empresa de medios digitales, desde la que denuncia diversos casos de corrupción, narcotráfico, abusos, persecución contra reporteros, violencia y asesinatos que rodean al régimen del presidente filipino, Rodrigo Duterte, fundamentalmente por la campaña antidroga.

En más de una ocasión, Ressa ha sido hostigada para que cierre su portal y ha recibido diversas amenazas; incluso investigada por presunto desvío fiscal y el año pasado fue declarada culpable por ciberdifamación según la Ley contra la Ciberdelincuencia en Filipinas y podría enfrentarse a más de 60 años de prisión.

Para el ruso Dmitry Muratov, de 59 años de edad, el Nobel de la Paz es un reconocimiento entregado por la labor desarrollada en el periódico Novaya Gazeta por seis periodistas que han sido asesinados en distintos años por llevar a cabo su oficio.

El  caso más conocido es el de Anna Politkovskaya, abatida a tiros hace 15 años en Moscú, muy cerca de su casa.

El diario Novaya Gazeta fue fundado en 1993 y Muratov es uno de los mentores, la línea es de periodismo de investigación con una dura crítica contra el régimen del actual presidente Vladimir Putin, no sólo en relación a la libertad de expresión, los derechos humanos sino también hacia los intereses del Kremlin en Ucrania, Crimea, así como las redadas contra el colectivo LGTBI, por ejemplo en Chechenia.

 

A COLACIÓN

Casi nunca los Nobel están exentos de polémica porque cada sector académico y científico defiende lo suyo como ‘non plus ultra’. El de Literatura tampoco escapa de las controversias y el de 2021 ha venido marcado por una serie de críticas en los selectos clubes de las grandes editoriales.

El escritor tanzano Abdulrazak Gurnah, de 72 años de edad, ha sido privilegiado con el Nobel de Literatura 2021. De acuerdo con la Academia Sueca, el galardón le ha sido concedido debido a “su conmovedora descripción de los efectos del colonialismo en África” y por la penetración “intransigente y compasiva en los efectos del colonialismo” y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes.

El mismo Gurnah tiene una historia de huida de Zanzíbar (actualmente es Tanzania), perseguido junto con su familia por pertenecer a una minoría musulmana; desde 1960 llegó refugiado a Reino Unido y en la Universidad de Kent estudió lengua inglesa obteniendo el doctorado y está al frente del Área de Lengua Inglesa de dicha institución.

Como escritor, figuran diez libros, todos publicados en inglés y sólo tres títulos traducidos al español: Paraíso (Paradise 1994); Precario Silencio (1988) y En la Orilla (2003).

El conjunto de su obra incluye: Memory of Departure (1987)  la historia de un joven enviado a Kenia;  Pilgrim´s Way (1988) aborda el drama de un inmigrante en Inglaterra; le sigue Dottie (1990), narra los abusos padecidos por los ancestros de una joven; la más conocida que es Paradise (1994) tiene a un niño, Yusuf, que es vendido por sus padres como eje de la historia; Admiring Silence (1996), acerca del drama de la inmigración forzada vista a través  de una historia de amor; otra más es By the Sea (2001), el reencuentro de dos amigos en Reino Unido con vidas paralelas.

Las más recientes son Desertion (2005), entreteje una complicada historia de amor entre un inglés y una joven africana; también importante, The Last Gift (2011), nuevamente aborda una serie de secretos acerca del origen del personaje principal; en Gravel Heart (2017) el escenario es Zanzíbar de 1970; y la última escrita es Afterlives (2020), que nuevamente toca el tema del colonialismo en África.

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POR LA ESPIRAL

Reputación de China, en entredicho

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Dos organismos internacionales favorecen al gigante asiático * La OMS, que encabeza Tedros Adhanom, en más de una ocasión favoreció a China con el misterio del origen de la pandemia propiamente del virus del SARS-CoV-2

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

No es la primera vez que el nombre de China figura en entredicho en materia de trato de favor y tampoco creo que sean simples coincidencias que en dos distintos organismos internacionales surjan sospechas de que, desde la cúpula, se ha maniobrado para favorecer -de una u otra forma- al gigante asiático.

Recientemente ha pasado con dos distintos organismos internacionales: con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial metido en la diana con una investigación a la actual directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva.

 

Y luego que no digan que la credibilidad de los organismos mundiales está por los suelos, en los últimos años no han dado ni una desde las acusaciones de abusos sexuales perpetrados por cascos azules de la ONU en distintas partes de África así como de funcionarios en misión de paz que terminan envueltos en escándalos sexuales.

Tampoco le han salido bien las tornas al FMI tras el bochornoso asunto de Dominique Strauss-Kahn con una camarera en un hotel en Nueva York acusado de violación.

A la OMS, que encabeza Tedros Adhanom, se le ha señalado en más de una ocasión de trato de favor a China con el misterio del origen de la pandemia propiamente del virus del SARS-CoV-2.

Hay documentos emitidos por la propia OMS -en enero de 2020- señalando que el nuevo virus detectado en Wuhan está controlado y es un asunto focalizado ante lo que no recomienda que se deje de viajar a China.

Esa recomendación, día tras día, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se la echó en cara a Adhanom, a quien en más de una ocasión y públicamente acusó de estar coludido con China, de ser el culpable de la propagación del virus por recomendar que se siguiera viajando porque simplemente no pasaba nada.

Trump terminaría cortándole los fondos a la OMS y en un despropósito final sacando a la Unión Americana del organismo multilateral de la salud; el resultado fue que China aportó más dinero al organismo y Adhanom se escoró más hacia Beijing.

Sólo la llegada de Joe Biden a la Presidencia y el reintegro de Estados Unidos a la OMS con todo y sus aportaciones por 893 millones de dólares desembolsados para el bienio 2018 a 2019, reinstalaron cierta presión en la OMS para realizar una indagación, en Wuhan, considerada la zona cero del coronavirus.

La investigación que contó con la presencia de distintos científicos de diversas partes del mundo ha dejado mucho que desear, partiendo del hecho de la timidez de la OMS ante el presidente chino Xi Jinping para aceptar sin reparo alguno todos los informes acerca del virus y sin mediar un cuestionamiento sólido.

Ha caído tan mal esta posición que el propio Biden ordenó a la CIA un informe concluyente al respecto del Covid-19; en agosto pasado se entregó un documento a la Casa Blanca sin lograr clarificar el origen del patógeno.

 

A COLACIÓN

Ahora es Karolina Georgieva la que ha estado en un foco de investigación por su papel como directiva del Banco Mundial dado que se presume influyó de manera positiva, en el informe Doing Business 2018, a favor de mejorar la posición de China en aras de destacar su robustez y buenos pronósticos.

Trátese de un informe bastante leído por grandes inversores, líderes mundiales, ministros y asesores, así como especialistas que hacen recomendaciones en favor de uno u otro país dependiendo de la situación de sus variables económicas, políticas, civiles así como del contexto fiscal y regulatorio entre otras cuestiones.

Georgieva, que se ha defendido a capa y espada negando la especie, parece que ha salvado el pellejo no sin poner en riesgo al propio organismo internacional. Ella llevaba largos días prendida de un alfiler, parece que al final seguirá al frente… según afirma son acusaciones infundadas.

Lo cierto es que China está granjeándose una reputación dudosa y arrastrando con ella a varios organismos espejo del multilateralismo.

 

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LA REVISTA

A Macron no le sientan los ‘baños de pueblo’

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Popularidad en picada de mandatarios de Europa, excepto Angela Merkel, un ejemplo de coherencia en su vida pública y en su vida privada: ningún familiar estuvo en su gabinete

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Hace unos días atrás al presidente francés, Emmanuel Macron, durante una visita a una exposición gastronómica en Lyon, le aventaron un huevo por la espalda al grito de “¡viva la revolución!”. Al galo, los baños de pueblo le sientan fatal, ya es la segunda vez que le increpan violentamente en público: en junio pasado, un hombre le salió al paso mientras saludaba a la gente y le propinó una fuerte bofetada.

Macron no las tiene todas consigo, ha llevado un ejercicio de mandato bastante complicado salpicado por crisis internas y por su incapacidad para reflotar la relación de Francia con Estados Unidos.

El tema migratorio, el incremento de la inseguridad, el riesgo de terrorismo yihadista aunado al golpe de la pandemia en el terreno de lo económico y lo social han puesto la guindilla a una población ya anteriormente castigada.

Antes de la pandemia, las protestas de cada fin de semana marcaban una constante, un pulso en las calles versus las políticas de ajustes de precios (como los combustibles) con los chalecos amarillos liderando el clamor contra el Elíseo.

Ahora, en medio de la pandemia, las protestas tampoco cejan y esta vez se mezclan todo tipo de personas para condenar la obligatoriedad de las vacunas en ciertos sectores productivos o bien para realizar determinadas actividades en Francia; las sanciones -por no hacerlo- van desde la suspensión temporal del trabajo hasta la suspensión de sueldo.

A las elecciones en abril próximo, Macron llegará desinflado, su actual índice de popularidad orbita en torno al 39%, es más en junio pasado se dejó 3 puntos; ha pasado de ser la sorpresa política para convertirse en un persona predecible.

En lo internacional, su mala relación con el anterior presidente estadounidense, Donald Trump, no logró mejorar, a pesar de que el mandatario galo se afanó en convencer al pelirrubio de las bondades del Acuerdo de París en favor del clima o de la importancia de llevarse bien con los socios trasatlánticos.

Lo cierto es que no pudo con Trump y su obcecación. Y con el presidente Joe Biden, Francia acaba de recibir su primer desprecio tras la alianza de defensa en el Indo-Pacífico que la Casa Blanca recién auspició con Australia, Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS) y que se llevó por delante el acuerdo entre Australia y Francia para suministrarle 12 submarinos por un valor de 56 mil millones de dólares.

El desaguisado ha costado una crisis diplomática entre Francia, Australia y Estados Unidos que deja muy mal parado a Macron porque sigue dando la imagen de ser constantemente ninguneado desde Washington; ya lo hizo varias veces Trump y sorprendentemente, Biden tampoco  lo toma en cuenta.

 

A COLACIÓN

Otro que va quemando su popularidad, como si fuese humo de cigarrillo, es precisamente Biden, quien entró a la Casa Blanca en enero de este año con una aprobación del 60% y tras varios traspiés (y no precisamente en la escalerilla del Air Force One) ha visto caer de forma rápida y estrepitosa su nivel de aprobación.

Es más, si hoy hubiese elecciones en Estados Unidos, Trump sería el ganador. Tras la penosa salida de las tropas norteamericanas de Afganistán y el desastre propiciado días antes con la población afgana y las tropas aliadas, a Biden la aceptación se le ha desplomado al 47.8 por ciento.

Y repito, y cayendo… porque ahora con la incapacidad para negociar el presupuesto de 2022, la ampliación del techo del gasto y la aprobación del billonario plan de estímulos, si se cumple la parálisis del gobierno federal, el presidente podría terminar recogiendo su popularidad del suelo.

A los demócratas no le están saliendo bien las cosas ya hay voces que inclusive empiezan a preguntar, ¿dónde está la vicepresidenta, Kamala Harris, en las horas difíciles para apuntalar al presidente?

La que se va con la popularidad intacta es doña Angela Merkel, la canciller de Alemania que, tras 16 años en el poder, ha conservado su nivel de aprobación en el 66%, todo un logro… ella incluso está mejor valorada que todos los candidatos que se presentaron en las pasadas elecciones generales.

La mejor cualidad de Merkel es que ha tratado de ser siempre coherente en la vida pública y en la vida privada y la gente lo ha percibido de esta manera.

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