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LA FERIA

Se le viene un tsunami a AMLO

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El sistema ya no funciona en un país tan distinto * Con nuestro marco constitucional, los presidentes enfrentan un entramado legal laberíntico y no pocas veces contradictorio. Aparte, si respetan al Congreso tienen que resignarse a ser su mayordomo, un obediente Poder Ejecutivo acotado por todos lados

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

Tsunami.
Con el barco dando el flanco a una ola monstruosa, no se puede pedir cita al capitán y esperar a ser recibido para decirle que “se le sugiere atentamente, tenga a bien girar sus apreciables instrucciones a fin de que el timonel se sirva poner proa a la montaña de agua, a efecto de evitar que el barco se hunda, para disminuir, en la medida de lo posible y si para ello no tiene inconveniente, la posibilidad de que nos ahoguemos todos”. ¡No! En esas, se dice directo al timonel, a grito pelado: -¡No sea bruto, dé un golpe de timón! -y que Dios los coja confesados… es un decir.

DE LA IGLESIA AL RÉGIMEN
El modelo está agotado… ¡híjole!, suena remal, es frase hecha… a ver: nuestro sistema político ya no sirve. Está mejor.
Se refiere el del teclado al sistema con que se organizó el gobierno de la nación: un Poder Ejecutivo federal absoluto, con sus réplicas a escala en los estados de la República.


En su origen, en ese régimen no había reales partidos políticos, ni organizaciones ciudadanas, ni prensa libre; el único poder real distinto al oficial era la Iglesia Católica que anuló su influencia en la vida pública y se dedicó sólo al ámbito espiritual, después de una primera guerra religiosa en el siglo XIX, mal peleada y peor resuelta; y una segunda, la de los cristeros en el XX, feroz, sanguinaria, zanjada con acuerdos de beneficio mutuo, gobierno-iglesia, conseguidos a urgencias de Estados Unidos. Y quedamos con un régimen en el que nada acotaba al poder presidencial.
Funcionó esa hiperpresidencia durante unas pocas décadas del siglo pasado (tres y piquito), para la circunstancia concreta de un país que se bañó en sangre del siglo XIX hasta los años 30 del XX. Éramos, a los inicios del presidencialismo mexicano, un país destrozado y con una abrumadora mayoría de ciudadanos analfabetos, absolutamente carentes de información y en la miseria.
Ese exacerbado poder presidencial permitió, a costa de derechos y legitimidad democrática, poner a la nación en una senda que sin erradicar la miseria la disminuyó enormidades y dio beneficios indiscutibles en todos los órdenes: seguridad pública, educación, servicios médicos, infraestructura, aparte de mejorar la dieta de la masa y promover la vivienda de interés social; junto con eso, fomentó la creación de un remedo de sector industrial que mal que bien, nos suministraba de todo (no de excelente calidad, pero suficiente, ahí íbamos). Como síntesis de todo eso, el promedio de edad pasó de 35 años, más o menos, a casi 80. Nada mal.
Pero los que instalaron ese método de gobierno (Plutarco Elías Calles, su creador, y Lázaro Cárdenas del Río, que lo reformó y mejoró) nunca dijeron que fuera para siempre, eso no, no eran tontos.


Los tontos fueron los que se montaron en ese ferrocarril sin locomotora y confundieron inercia con avance.
El ‘sistema’, como lo llamábamos en el siglo pasado, se fue deteriorando, tuvo un estrepitoso final con el asesinato de Colosio, a quien sustituyó Zedillo, un no-priísta confesó que entregó el poder no al PAN sino a un Fox, un no-político inconfesable. No fue transición democrática, fue una apariencia de transición y un intento fallido de renovación política nacional.
Para ratificar el remedo de cambio de régimen, en doce años la gente regresó el poder al PRI y se llevó el chasco de que Peña Nieto era un priísta de salón, frívolo y ligero, que a todos decepcionó y hartó, razón por la que el electorado en 2018 eligió a quien les pareció un verdadero priísta peso-pesado, que con otra marca, uniforme y color, predicaba lo que los de antes, esos que hacían milagros desde La Silla… pero eso ya no funciona en un país tan distinto, como estamos todos comprobando (aunque haya no pocos de entre los que lo eligieron que no dan el brazo a torcer para no tener que aceptar que torcieron al país).
Y sostiene López (¡qué ganas de apellidarse Pereira!) que si el próximo Presidente fuera un estadista de tomo y lomo, más respetuoso de la ley que el Papa de los Mandamientos, culto, honesto, sensible, empático, trabajador, serio, responsable, sensato, eficaz, prudente, justo, templado, fuerte, audaz y valiente (como Pancho Pantera a quien nadie recuerda), si fuera tal prodigio, igual vería que transcurrido su sexenio, serían exiguos los frutos de su gobierno.
Con nuestro marco constitucional, los presidentes enfrentan un entramado legal laberíntico y no pocas veces contradictorio. Aparte, si respetan al Congreso tienen que resignarse a ser su mayordomo, un obediente Poder Ejecutivo acotado por todos lados, empezando por los presupuestos nacionales, resignado a contemplar sumisos cómo los partidos chiquitos hacen la diferencia a la hora de votar iniciativas, siendo el fiel de la balanza los que a menos gente representan. Eso o juegan el juego que todos conocemos: el embute, el maniobreo político, la ilegalidad disimulada y el desperdicio de su periodo.
Porfirio Muñoz Ledo lo ha dicho hasta la afonía: hay que hacer una nueva Constitución.


Es casi un sueño, pero es indispensable con dos advertencias: 1. Si se va a hacer trampeando y cuidando intereses de grupo, mejor nos quedamos como estamos, a la espera del momento y las personas adecuadas; y 2. Si van a copiar a lo puro menso algún régimen de otro país, mejor olviden la idea, ya copiamos más de un siglo el sistema de EU y no nos funciona porque funcionamos diferente. Pero no se puede negar que el sistema que tenemos ya no sirve ni facilita que el gobierno sirva.
El actual esperpéntico clima político fomentado desde el gobierno federal, hace imposible lo anterior, por lo que hoy cargan al país dos innegables actores de nuestra vida pública: los órganos autónomos (empezando por el INE), y las organizaciones de la sociedad civil; unos acotando los abusos del poder, los otros estructurando a la dispersa ciudadanía; ambos, presentando un robusto frente de batalla política y legal, activo, eficiente y enérgico. Por eso el interés de ya sabe quién, en debilitarlos, sin ver que se le viene encima un tsunami.

 

LA FERIA

Pensiones mágicas: Se esfuman 3 mil millones de pesos

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En la nómina del Bienestar ‘cobran’ un millón de adultos mayores inexistentes * La cifra millonaria se esfuma en pagos directos imposibles de auditar persona por persona, pero este gobierno tiene el vicio de presumir y dieron los datos que se pueden revisar con el censo de población

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Volver a confiar.

Allá a principios del siglo pasado, en Autlán, Lilia (una prima de la abuela Elena) se casó con un viudo que le llevaba 40 años, ella tenía 16 y era hermosa, pero él, aparte de bien plantado, grandote y fuerte como mulo, hablando vencía virtudes.

Los papás de Lilia entendieron y se celebró el matrimonio, pero añadía la abuela que a las pocas semanas su prima se regresó a su casa como había salido: -El hombrón aquél no podía hacer labor de varón -dijo la abuela-, y nadie entendimos su insistencia en casarse sabiendo que era inútil “pa’ lo mero principal” –dijo la abuela. Cosas de pueblo.

 

LO MEJOR ES SEGUIR CON LO MISMO

Platicando en días pasados con un buen amigo, salió el tema de las próximas elecciones del 2 de junio.

Estábamos solos. Con tono de confidencia, confesó que va a votar por doña Sheinbaum: -… es un nuevo gobierno… necesita tiempo para consolidarse… han ayudado a mucha gente… fallaron en algunas cosas, pero, estaba todo tan mal… si la escogió el Presidente (a su candidata, se entiende) ha de ser la mejor… hay que confiar -mi amigo es un señor con estudios, buena persona, decente… y piensa que lo mejor es seguir con lo mismo-.

Este su texto servidor no se dedica al proselitismo político, pero tampoco es neutro, lo neutro hiede. Sin siquiera insinuarle que cambiara el sentido de su voto, le hizo un repaso de algunas de las iniciativas de reformas a la Constitución Política que ya presentó el Presidente, para modificar cosas como el INE (desapareciéndolo en los hechos) y el Poder Judicial (para que los jueces sean elegidos mediante voto popular).

No le gustó lo que oyó y aceptó que no tenía idea de esas cosas; se preocupó.

Luego, y sin pretender la apología del PRI, del PAN ni del PRD, comparé el régimen actual con el antiguo priísmo, el de los tiempos de Echeverría… se parecen tanto que parecen lo mismo.

Su argumento de que este es un nuevo gobierno no se sostiene. No estamos en los albores de un nuevo día para la nación, sino de la restauración de aquél decadente priísmo imperial que fue la degradación de un exitoso sistema político no democrático que en su momento fue necesario para construir de casi cero al país después de una infame guerra civil (revolución la llaman los entusiastas), y cuyo creador, Plutarco Elías Calles, nunca dijo que era para siempre. Tampoco le gustó a mi amigo y repitió que no tenía idea de esas cosas; se preocupó otro poquito.

De su propuesta de dar tiempo a esto para que se consolide, le recordé que este gobierno tuvo y tiene toda la autoridad y se han sometido a ella tanto las estructuras de la administración pública (incluidas las Fuerzas Armadas), como particulares y empresas.

Con esa autoridad canceló una obra privada como la cervecera Constellation Brands en Mexicali, contra derecho. Y con la misma autoridad, otorgó y otorga el 80% de los contratos a dedo y emprendió fracasadas acciones en seguridad (con su récord de 180 mil homicidios y el 30% del territorio controlado por el crimen, si no es que más); en salud (con la cancelación del Seguro Popular y los 50 millones que dejó sin servicio; junto con el inexplicable fracaso en la compra de medicamentos y la muerte de niños con cáncer); en educación (fortaleciendo al fétido SNTE, cambiando los libros de texto por libros de adoctrinamiento); y nomás por no dejar, le recordé las obras emblemáticas del sexenio: el fallido aeropuerto AIFA; la refinería Dos Bocas y el tren Maya, sin terminar estas dos y todas con sobrecostos siderales, imposibles de justificar. De eso sí sabía mi amigo.

Este gobierno tuvo toda la autoridad, tomó decisiones y fracasó en sus empeños, dejando al paso, un rastro indeleble de corrupción, como nunca antes se había visto en México. Lo aceptó. Es una evidente realidad innegable.

Sobre su argumento de que han ayudado a mucha gente, le hice reflexionar en los extraños errores en que ha incurrido con sus programas sociales, en especial la pensión para adultos mayores, que se otorga igual a viejos pobres que a viejos ricos (viejo no es mala palabra), junto con la insólita discrepancia entre el número que según el gobierno la recibe y el censo de viejos.

En la nómina del Bienestar hay un millón de viejos inexistentes cobrando y no lo pueden negar: el 12 de diciembre pasado, la secretaria del Bienestar, Ariadna Montiel Reyes, repitió, porque lo ha dicho más de una vez, que “11 millones 841 mil 561 personas adultas mayores reciben su pensión”, y que ese año eso sumó 339 mil 341 millones de pesos (para este 2024, el monto es de 465 mil 48 millones de pesos).

Pero la dependencia del gobierno responsable de determinar la población mexicana año tras año, el Conapo (Consejo Nacional de Población) informó que a mediados del año 2023, el número de adultos mayores de 65 años de edad o más, son del orden de 10.8 millones (si duda que son solo 10.8, puede revisar el dato por su cuenta en https://economia.uaemex.mx/Publicaciones/e1604/9.Panorama-de-la-pension-para-el-bienestar-de-las-personas-adultas-mayores-en-Mexico-2020-2023.pdf; en la página 47; no anda uno inventando cifras).

Digamos que son 11.8 los que están en la nómina de Bienestar y que los del censo son 10.8; la diferencia es de un millón viejos; de a tres mil pesos mensuales cada uno (se pagan seis mil por bimestre) arroja una diferencia de 3 mil millones de pesos que cada mes, según la Secretaría del Bienestar, cobran viejos que no existen.

Se lo repito en números para que le duela: $3,000’000,000.00 se esfuman en pagos directos imposibles de auditar persona por persona, pero este gobierno tiene el vicio de presumir y dieron los datos que se pueden revisar con el censo de población.

Y aceptando sin conceder, que antes todo estaba fatal, no se entiende que un señor que buscó llegar a la Presidencia desde el 2006, repitiendo hasta el hartazgo que tenía la solución para todo lo que estaba mal, a la hora que llegó al poder resultó impotente ‘pa’ lo mero principal’, que fue cuando mi amigo murmuró: -Está difícil volver a confiar.

 

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LA FERIA

Todos se van

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En la historia ningún Presidente ha conseguido que el sucesor sea su leal servidor. * Ninguna sociedad tiene por tradición el suicidio colectivo. El 2 de junio tenemos que votar sabiendo que, después de la pasión, hay resurrección

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Resurrección.

Conforme al cálculo de fechas definido hace 1,699 años (Concilio de Nicea), en México y el mundo -cuando menos en lo que llamamos Occidente-, con el Domingo de Pascua -de Resurrección- termina la Semana Santa.

Para gusto de unos y disgusto de otros, la también llamada Semana Mayor, poquito a poco, perdió su original sentido religioso para ser lo que hoy es: semana de vacaciones, de fiesta (y hasta de cosas no muy santas también, no se escandalice).

Este menda no pretende insinuar que sea piadoso ni fiel practicante de la religión, cuantimenos ejemplo de nada, pero no niega que cuando llegan las fechas de las grandes conmemoraciones religiosas, se avivan recuerdos de su infancia y primera juventud, inconfesablemente lejanas, en particular de las costumbres que aprendió de la familia materno-toluqueña que respetaba con rigor los tiempos litúrgicos, y de buenos curas que hasta sin hablar enseñaban cosas buenas, que fueron los que en suerte conoció.

También viene a la memoria de este junta-palabras, a retazos, la belleza de las ceremonias y rituales que celebraban aquellos sacerdotes.

¿Habrá todavía quién recuerde la bendición del Fuego Nuevo en la madrugada del Domingo de Pascua? En absoluta oscuridad fuera del templo el señor cura lo bendecía y luego, encendiendo el Cirio Pascual, murmuraba: ‘Lumen Christi gloriose resurgentis dissipet tenebras cordis et mentis’… disipar las tinieblas del corazón y la mente… bonito.

 

LOS TIEMPOS CAMBIAN

Habrá quien piense con razón, que los tiempos cambian. Sí cambian. Y suelen hacerlo para mejor, porque nadie en sus cabales puede sostener que eran mejores tiempos aquellos en que había siervos y señores, cuando la gente moría a puños de cualquier cosa y sacar una muela era jugarse la vida. Pero aceptado eso, también vale reflexionar en si no valdría la pena conservar las tradiciones, algunas tradiciones, al menos hasta encontrar con qué sustituirlas.

Se explica su texto servidor. Hemos expulsado a Dios de la vida pública (y privada), y no faltarán quienes lo consideren un avance, sin recapacitar en que ese vacío no lo hemos llenado con nada; puede cualquiera no creer en Dios, está muy en su derecho, pero como sociedad atea, nos quedamos sin medio ninguno que norme la conducta individual y colectiva.

 

PAGAMOS EL PRECIO

También la familia se ha mermado como estructura íntima y colectiva, origen del orden social, que no sustituye una policía de la moral o la de propagación de la virtud, como existe en algunos países islamitas, que es expresión fanática de regímenes dictatoriales radicales.

Sin Dios ni enseñanza religiosa, con familias invertebradas, sin tradiciones, nos quedamos sin la formación por defectuosa que fuera, de cada uno en cada comunidad en cada país. Y estamos pagando el precio.

No pretende este su texto servidor escribir un pío sermón. No. Uno menos que nadie para meterse en esas danzas. Pero tampoco podemos tapar el sol con un dedo. Algo anda mal. Muy mal. La creciente inseguridad pública lo prueba.

 

DE LA SOCIEDAD SURGE EL GOBIERNO

Sí toca a las autoridades, al gobierno, imponer el respeto a la ley, preservar la seguridad pública e impartir justicia. Pero, seamos serios: no hay manera de poner un policía a cuidar de la conducta de cada uno de los cerca de 100 millones de adultos que somos en el país (descontando a casi 30 millones de menores de edad entre los que hay malandrines también).

Aunque suene disparatado, la sociedad, toda sociedad, se manda, se maneja, se gobierna a sí misma; se organiza, establece sus pautas de convivencia, sus usos, costumbres y normas aceptables de conducta individual y colectiva.

Y todo se decanta en tradiciones que se transmiten de generación en generación constituyendo los fundamentos socioculturales que derivan en la idiosincrasia que define el carácter y distintivos propios de cada colectividad, de cada sociedad, adecuándose lentamente de modo casi inadvertido, a las nuevas circunstancias y tiempos, porque de no hacerlo, pierden su valor y el respeto general.

No es el gobierno el que forma a la sociedad; es al revés: de la sociedad surge el gobierno, entendiendo por gobierno el grupo de personas que gobiernan.

Por eso, aunque resulte desagradable, hemos de aceptar que el gobierno no es sino el espejo de lo que una sociedad es. Quienes nos gobiernan no vienen de un país enemigo, ni de otro planeta: salen de la familia, de cada familia.

Así las cosas, la sociedad mexicana del siglo pasado, con el recuerdo fresco de lo que significaban el bandolerismo y las dictaduras del siglo XIX, junto con las bárbaras consecuencias de esa guerra civil que llamamos revolución mexicana, aceptó el régimen de un solo partido que a cambio de aparentar democracia, impuso la paz en todo el país y creó condiciones de vida mejores.

Y en el extranjero se habló del “milagro mexicano”. Asumió la sociedad mexicana como costumbre y tradición, el gobierno de un solo partido y de un solo hombre… sexenalmente.

 

RÉGIMEN DEMOCRÁTICO

En las goteras del siglo XXI, la natural evolución de la sociedad hizo posible y hasta inaplazable, un verdadero régimen democrático con elecciones libres y respetadas, y la modificación de fondo de nuestra Constitución, incorporando los derechos humanos y la fuerza de ley de los tratados internacionales.

Y empezó nuestra borrachera de democracia no muy bien entendida. Entregamos el poder al PAN, doce años; regresamos al PRI, seis más y en 2018, no se eligió a Morena sino a un personaje de nuestra picaresca política; salió vana la nuez; probó de disparate en disparate y de capricho en capricho, que no sabía, que no podía gobernar.

Sin embargo, y gracias a casi un siglo de gobiernos que sólo duran seis años, el mexicano sabe que no vale la pena ponerse trágicos: todos se van, queriendo quedarse o ya con urgencia de largarse, todos se van. Y no ha habido un solo caso en el que un Presidente consiga que su sucesor sea su leal servidor.

Ninguna sociedad tiene por tradición el suicidio colectivo. El 2 de junio tenemos que votar sabiendo que, después de la pasión, hay resurrección.

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LA FERIA

AMLO ya supone que en su finca a base de telefonazos dará órdenes

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Confía en que sus iniciativas sean aprobadas en el siguiente Congreso * Una vez que se tercie la banda en el pecho, aunque sea despacito, empezará a gobernar ella, ni lo dude… para coraje del actual Presidente

 

ADOLFO LÓPEZ MAÑON

 

Sorpresa.

Tía Otilia, de las de Toluca, era una ama de casa impecable y buena madre, con una manía: cocinaba una vez al mes y lo malo era que hacía la misma comida para los siguientes treinta días. Hasta que, sin previo aviso, tío Carlos se esfumó. Parece una tontería… bueno, pruebe.

 

SHEINBAUM NO TIENE UN PELO DE TONTA

En Valladolid, Yucatán, la candidata presidencial del Presidente, suya de él, respondió a los reporteros que le preguntaron sobre la violencia en el actual proceso electoral y sobre la inseguridad:

“Lo que yo he dicho es que son (sic) en ciertas zonas del país. Hay algunas zonas en Michoacán, ni siquiera son los estados completos; algunas zonas en Guerrero, Guanajuato, algunas zonas en Jalisco en donde hay esta situación. No es una situación generalizada en todo el país (…)”.

¡Alabado sea el Señor!… ciertas zonas… ni siquiera estados completos… hágase de cuenta que alguien dijera que la Revolución mexicana fue solo en algunos lugares, lo que es cierto porque no hubo combates en cada metro cuadrado del territorio, pero eso no significa que esa guerra civil no haya cambiado al país entero.

Doña Sheinbaum de tonta no tiene un pelo y dice lo que dice porque no tiene más remedio que proclamar su fidelidad todo terreno al Presidente López Obrador y seguir repitiendo hasta la náusea que va a gobernar como a él le pegue la gana, para continuar con la transformación que consiste en tener el control absoluto del Poder Legislativo y desaparecer al INE, al Poder Judicial y los órganos autónomos, como los conocemos, para que sean como los quiere el señor de Palacio: apéndices de sus sagradas gónadas, las de él, quien ya acaricia la grata idea de gobernar al país plácidamente tendido en una hamaca en su finca, que para eso ha colocado en candidaturas estratégicas a sus leales, suponiendo que a telefonazos les va a dar órdenes, que apechugará la Presidenta que él designó.

La idea que se ha hecho el Presidente de seguir gobernando al país desde su finca, no es suposición, es un hecho claro a la vista de sus recientes 18 propuestas de iniciativas de reformas constitucionales impuestas a última hora, para ser aprobadas en el siguiente Congreso que él supone será dominado por su movimiento, suyo de él, Morena & Asociados.

Así que doña Sheinbaum, le guste o no (parece que le gusta, al menos por el momento, mire nada más hasta dónde ha llegado), tiene que asegurarse que el Presidente esté cierto de su fidelidad, lealtad y sumisión.

Sabe que es muy desconfiado y muy capaz de bajarla de la candidatura a la menor sospecha de que piensa por su cuenta, que tiene ideas propias y que tal vez dejaría de obedecerlo cuando esté en La Silla, que es la apuesta de él, mantener su autoridad moral, esa que está por encima de la ley y con más razón por encima de su sucesora que deberá seguir obedeciendo sus sabios consejos (y si usted cree que el Presidente dice en serio que se retira y no vuelve a opinar de política ni en su casa, se le sugiere suspender la lectura y ver caricaturas en la tele, no se preocupe).

Pero ya quedamos en que la señora no es tonta y sabe que el Tlatoani en funciones no podrá quitarla de candidata a la Presidencia, cuando falte un mes para los comicios.

Lo dice la ‘Ley general de instituciones y procedimientos electorales’, en su artículo 241, inciso b: una vez terminado el plazo de registro de candidatos, los partidos políticos y coaliciones “no podrán sustituirlos cuando la renuncia se presente dentro de los treinta días anteriores al de la elección”.

Así que primero, llegar al 3 de mayo para que ya no haya poder humano que le quite la candidatura. Y luego, llegar al 2 de junio y ser Presidenta electa, si de veras gana la elección, cosa que no se ve tan clara porque teniendo todo el aparato y el dinero para ganar, junto con la indispensable falta de escrúpulos para poner en práctica las estrategias del ‘Manual del Buen Mapache Priista’, están haciendo todo para perder, para empezar, provocando la implosión de Morena & Asociados, por el reparto arbitrario de candidaturas, causando ruidosas protestas y una silenciosa resistencia interior que el mero día de los comicios se traduce en inacción y pérdida de votos.

Pero igual, si ganara doña Sheinbaum, luego tendría que plegarse a que el actual huésped de Palacio le colocara a algunos de los suyos en el gabinete, eso, delo por descontado. Pero una vez que se tercie la banda en el pecho, aunque sea despacito, empezará a gobernar ella, ni lo dude.

Y eso de que el actual Presidente podría moverle el país para revocarle el mandato, es de política ficción; sea quien sea la señora que ocupe el Ejecutivo, tendrá a su disposición todo el herramental del poder para que esa consulta revocatoria sea otra vez, una pérdida de tiempo… es tan fácil, nada más piense que solo la pueden solicitar los ciudadanos, en número equivalente al 3% de la lista nominal de electores (artículo 35, fracción IX, inciso 1º de la Constitución), y eso son unos tres millones de tenochcas y para que valga -inciso 4º-, deben votar al menos el 40%… sí, a ver cuándo.

Sea quien sea la próxima Presidenta de México, antes que andar perdiendo tiempo y desperdiciando capital político en cuidarle los fondillos a los que se fueron y les dejaron el tiradero, se verá obligada a mandar a hacer un estudio jurídico bien hecho, de la Ley de Prevención de Extorsión Extranjera, que sirve para corretear a funcionarios o a cualquier persona que solicite o acepte sobornos de empresas o individuos estadounidenses, porque se me pasaba decirle que es una ley de EU (la Foreign Extortion Prevention Act), aprobada por su Congreso el 14 de diciembre de 2023 y ya promulgada, para combatir la corrupción.

El Tío Sam sin esa ley ya perseguía y encarcelaba extranjeros enredados en actos de corrupción si tenía que ver un ciudadano de EU o se había usado en cualquier momento su sistema bancario. Bueno, ahora, más fácil con esta ley hecha a la medida. En el actual gobierno federal no se han enterado, bueno será sorpresa.

 

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