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LA FERIA

La estrategia del descontón verbal y el ninguneo oficial

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¿Alzamiento, revuelta o golpe de Estado? * No es normal que un Presidente de México esté peleando diario y con tantos. No es conveniente. Fue elegido para ir al timón de la nave, no para verlo repartiendo leña entre el pasaje y los marineros

 

POR ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

A rodilla.

A tía Elena (de las chupacirios del lado materno-toluqueño) la dejó el marido. Poco después -meses- volvió a casarse (escandalazo, fue boda civil nada más y para las pulgas católicas de esa rama familiar, era inaceptable)… también la dejó; regresó la tía al seno de la Santa Madre Iglesia, pero lueguito la atrajo más el regazo de un tercer caballero (bueno, ni la caída del imperio romano de occidente causó más escándalo)… y tercera abandonada.

No le hago el cuento largo, detuvo su carrera matrimonial con obstáculos en el quinto esposo (también la dejó). La abuela Virgen, la de los siete embarazos, un día comentó que “Elenita había tenido muy mala suerte con los hombres” y tía Victoria que de ese tema sabía todo, la atajó: -No hay mujer a la que le salgan malos cinco maridos al hilo… ella anda mal –ya grande este menda supo que tía Victoria tenía razón; no le cuento porque después todo anda diciendo.

 

PRESIDENTE PELEONERO

En el país pasan cosas raras, inusuales y nosotros los gallardos integrantes del peladaje nacional, como si nada. Estamos tan acostumbrados a tanto desfiguro que si mañana anuncian Palacio Nacional como salón de fiestas, lejos de escándalo habría reservaciones.

En particular en este sexenio vemos diariamente a un Presidente rijoso, pendenciero, talante que mal disimula con una sonrisa que ya se le acartona.

No es normal que un Presidente de México esté peleando diario y con tantos. No es normal y no es conveniente. Fue elegido para ir al timón de la nave, no para verlo repartiendo leña entre el pasaje y los marineros.

Si le parece que este su texto servidor exagera, recuerde que está peleado con todos los organismos autónomos, INEGI, Coneval, Comisión Reguladora de Energía, Instituto Nacional de Acceso a la Información, INE.

Tan pronto como el 18 de febrero de 2019, declaró: “(…) hay que seguir adelante quitando todos estos organismos que son onerosos”. Onerosos quién sabe, necesarios, sí. A él le estorban.

Aparte se buscó pleito con España y el Vaticano, por nada, por andar reclamando cosas de hace cinco siglos.

Trae entre ceja y ceja a la prensa nacional (excepto Jornada y Excélsior) y la extranjera (toda); y a muchos periodistas, incluida su ex amiga doña Aristegui, y comentaristas, todos los que no le aplaudan a teclazos; el que lo critique, saca boleto de sonajeada mañanera.

Se peleó con la Organización Mundial de la Salud -que le contestó medio feo viera usted- porque dijo ya debían de haber aprobado las vacunas Sputnik V, CanSino y Sinovac, que en México se están aplicando sin validación de esa instancia.

Le buscó las cosquillas a la UNAM, tiene en jaque al CIDE, se baila el zapateado en las empresas calificadoras internacionales indispensables para que el país tenga acceso al mundo financiero; interpreta el jarabe huasteco en empresarios y laboratorios médicos.

No deja títere con cabeza y gratis, insulta, descalifica y ningunea a toda una clase social, la clase media, de la que no hay noticia le haya hecho algo para merecer el maltrato.

Y no está exento de su flamígera lengua ninguno de los que protestan, marchan, se manifiestan, así sean papás de niños con cáncer o mujeres que, tan delicadas ellas, nomás quieren que no las maten.

Crecen los rumores y se presentan síntomas de que su estilo personal crispa a sus colaboradores. Lleva 35 o 36 renuncias y cambios en su gabinete legal y ampliado. Piense usted si es normal que a un Presidente le renuncie su secretario de Hacienda (Carlos Urzúa) a los siete meses de iniciado el gobierno y se transforme en un firme crítico de su administración, y el segundo de Hacienda (Herrera) también se fue.

Y la lista sigue: También se le fueron la secretaria de Gobernación; su consejero jurídico, Scherer, su ‘hermano’; el director del IMSS; la secretaria de la Función Pública; el director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, denunciando que ahí se roba; el secretario de Comunicaciones, Jiménez Espriú; el director del Banco del Bienestar; el secretario de la Semarnat, quien dijo que la 4T es una ilusión; la secretaria de Economía; el jefe de la Oficina de la Presidencia, don Romo; el secretario de Educación; la tesorera de la Federación… y más, pero no hay espacio.

No. No es normal. Es más fácil decir a quiénes no les busca bronca: a sus solovinos, sus mascotas, como él definió en analogía muy desafortunada a la gente en pobreza. Fuera de ellos y sus huestes a sueldo en Morena, los demás, todos, encontramos acomodo en su amplio catálogo de descalificados. Ni modo. Chin.

Lo preocupante es que no es tonto, por lo que algo quiere, algo busca, algo pretende con esta estrategia del descontón verbal y el ninguneo oficial. Tal vez haya un indicio en lo que declaró el martes pasado, hablando del pérfido INE.

Dijo en su mañanera que toca al INE por mandato constitucional realizar la consulta sobre la revocación de mandato, pero si se negaran a hacer la consulta (no se niegan, ni se han negado, ni se negarán, no tuerza usted las cosas don Presidente), entonces los ciudadanos podrían hacerla:

“Se organiza el pueblo (…) Nosotros ganamos la elección por el pueblo, por la gente; esa es la esencia de la democracia, el ciudadano que quiere ejercer sus derechos, que participa, que busca los cambios”.

Agregó que va esperar a ver qué resuelve el Tribunal Electoral y luego el Poder Judicial: “Yo creo que van a llevar a cabo la consulta; van a aplicar este método democrático de la revocación de mandato (…) son tácticas dilatorias no muy serias”.

¿Se organiza el pueblo?… ¿se organiza el pueblo mandando la Constitución al basurero?… ¿se organiza el pueblo y realiza actos de gobierno por su cuenta?

Si va en serio, que alguien le diga que eso se llama alzamiento, revuelta, golpe de Estado (así sea quedito, golpecito). Y por cierto, ¿quién es el pueblo?, ¿sus clientes de los programas sociales?

Porque empresariado, clase media, intelectualidad, universitarios y científicos, no, esos no, con todos esos está de pleito.

O no sabe lo que dice o sí sabe y esto está de rezar rosarios a rodilla.

 

LA FERIA

De churro el sexenio de película

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Los gobiernos neoliberales han bajado la pobreza… menos la Cuarta Transformación * De risa el mensaje de Año Nuevo del Presidente: Tengamos fe, no perdamos la esperanza; primer deseo, que termine la pandemia; segundo, que continúe la grandeza cultural del país; y tercero, que haya menos pobres… sólo deseos y nada de realidades

 

POR ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Churro.

En la familia materno-toluqueña de este menda, se estaba de acuerdo en que tía Beatriz era santa y tonta, pero más tonta que santa; mire si no: estuvo casada 47 años con tío Ricardo, quien estuvo borracho los mismos 47. Muy viejita y viuda, contó que cuando ya llevaba 40 años de calvario, él le prometió dejar el trago: -Pobre, lo único que me pidió fue paciencia… pero ya ven, se me murió –¡que santa ni que ocho cuartos! (la Real Academia y la Asociación de Academias de la Lengua Española, definen “ni que ocho cuartos” como expresión coloquial que subraya el desacuerdo con algo; y explica que “cuartos” alude a una moneda de cobre en España, cuyo valor era el de cuatro maravedís de vellón… y ahí la dejamos, lo de maravedíes y vellón es más largo).

 

LA FE Y ESPERANZA NO SIGNIFICA REALIDAD

¿Nunca le ha pasado en el cine que se aguanta toda la proyección de una película, esperando que se componga la trama? Y que cuando sale el anuncio de “Fin”, se levanta de la butaca, enojado y murmurando “…inche churro”, como veredicto final que justifica la búsqueda inmediata de una compensación sensible, por ejemplo, la ingesta de media docena de tacos de maciza con cuerito, rumiando cosas feas de la mamá del director de la cinta.

Con motivo del fin de año, nuestro Presidente grabó un video en Palacio Nacional, en el que nos dijo a todos los gallardos tenochcas: “Tengo mucha fe en el porvenir y le deseo a todos los mexicanos que nos vaya bien, que haya mucha alegría, mucha felicidad”…

No sé usted, pero este menda cuando oye a un político hablar de fe se pone en guardia; “fe en el porvenir”, ¿cómo estarán las cosas como para que el Ejecutivo recurra a una virtud teologal?, ¡chispas! (para no poner una grosería).

Luego el mero último día del año, mediante tuitazo presidencial, nos exhortó a que “Mantengamos inquebrantable la fe en el porvenir”. ¡Híjole!

Y en la mañanera del jueves 30 de diciembre, él mismo acomodó su monólogo diciendo que le “(…) preguntaban sobre los deseos para el año próximo, pues un deseo es que se termine la pandemia (…) Mi otro deseo es que continúe la fortaleza de México, que es lo que siempre nos ha salvado de calamidades, la grandeza cultural de México (…) Y lo tercero que deseo es que haya menos pobres”. Y remató: “(…) no hay que perder la esperanza”. ¡Vaya!

Resumen: tengamos fe, no perdamos la esperanza; primer deseo, que termine la pandemia; segundo, que continúe la grandeza cultural del país; y tercero, que “haya menos pobres”.

Imagine nomás que el cirujano sale del quirófano, a media intervención de un hijo de usted y le dice: -No pierda la esperanza, deseo que siga usted siendo muy culto y que se cure su hijo -¿se alarmaría o no?… a menos que padezca usted del síndrome de tía Beatriz, le aseguro que se le paran los pelos de susto y le corre a la dirección del hospital para que alguien vaya a ver qué está pasando con su crío. Se lo aseguro.

La pandemia no va a terminar sino hasta que termine (sabio el del teclado); así son esas cosas, con una diferencia, por poner un ejemplo, la peste negra en la Edad Media empezó cuando empezó, duró más de 50 años y terminó solita, que no había vacunas ni médicos ni nadie sabía qué la causaba; la inmensa diferencia es que hoy la ciencia sabe exactamente qué hay que atacar y en tiempo récord se desarrollaron las vacunas (y hasta medicamentos para curar a los contagiados). Eso sí podría ser un propósito presidencial: redoblar el combate al Covid, comprometerse a que no habrá un mexicano sin vacuna, que se reforzará a los ya vacunados y se hará una campaña para convencer a los que no quieran vacunarse. Algo concretito, no un simple deseo.

De lo de mantener la fortaleza cultural del país, habría que preguntarle al señor Presidente a qué se refiere, ¿a la cultura objetiva o la subjetiva?, la cultura que conforma el hábitat nacional, con su inmensa variedad de matices y contenidos, o a la cultura de los individuos, ese cultivar a las personas. Y luego, ya aclarado el punto, pedir la relación de la cultura con el superar calamidades. Como que no, pero él sabrá.

Lo que sí llama la atención es que en último lugar se haya referido a que desea que haya menos pobres. Se le está yendo el tiempo; disminuir el número de pobres como deseó cuando en la primera mitad de su periodo aumentó el número de pobres hasta llegar a 55.7 millones de personas, parece lo menos, inapropiado y obligaría a revisar sus programas sociales porque se están repartiendo carretadas de dinero y lejos de bajar, sube la miseria; algo no cuadra… ¿la estrategia… regalar dinero no mitiga la pobreza?… parece que no.

 

PROGRAMAS SOCIALES VIENEN DESDE LUIS ECHEVERRÍA

Y tampoco es cosa de creernos que estos programas sociales son la gran novedad. Empezaron desde tiempos de Echeverría, con el Programa de Inversiones Públicas para el Desarrollo Rural (Pider); siguieron con López Portillo como Coplamar, más Pider y el Sistema Alimentario Mexicano (SAM). Luego de De la Madrid, Salinas de Gortari armó Solidaridad al que don Zedillo rebautizó como Progresa (que disminuyó la pobreza el 15.4%, recibió el 69% de la población con la panza pegada al espinazo y la bajó al 53.6%), sí, por mal que caiga el Zedillo es el campeón del asunto.

Don Fox también le cambió de nombre, le puso Oportunidades y también disminuyó sensiblemente la pobreza (entregó el país con el 42.9% en pobreza, 10.7% menos de cómo lo recibió); don Calderón mantuvo el nombre y volvió a bajar la pobreza, aunque se implantaron nuevas mediciones que permiten dudar si así fue; con Peña Nieto sí bajó, poquito, pero bajó. Y en lo que va de este sexenio ha aumentado, por la pandemia y porque el gobierno se negó a apoyar a las micros, pequeñas y medianas empresas, por lo que sea, pero recibió el país con 55.3 millones de pobres y ya andamos en 55.7 millones después de cataratas de dinero en los programas sociales, orgullo presidencial. Algo anda mal.

¡Ay, Presidente!, si según usted ¡primero los pobres!, en sus deseos los puso al último.  No, no nos está gustando como va su sexenio de película… parece churro.

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LA FERIA

El interventor de la elección del 2024

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¿Será declarada inválida para que exista un presidente interino? * Sabiendo que sin duda el Presidente se meterá en la campaña electoral, ya desde ahora está claro que se deben documentar cuidadosamente las intervenciones de él y las de sus huestes. Va a ser un carnaval de marrullerías

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

¡Tanta necedad!

En la familia materno-toluqueña de este menda, cuando algo era la gota que derramaba el vaso, decían: -Brincaría Beatriz… -y lo decían porque esa tía durante 24 años fue la imagen viva de la esposa sufrida todo terreno, que al crápula con que se casó, le toleró hambres, malos modos, borracheras, camisas con bilé, decían que algunas cachetizas y regresar sin calcetines (de otras prendas no se supo).

Todo le aguantó, pero la noche en que fueron a pedir la mano de Beatricita su hija mayor, ya en la sala sus futuros consuegros, su maridito se presentó nada más con el pantalón de la piyama. Hubo boda, sí, pero sin el papá de la novia del que no se supo más. Todo tiene límite.

 

ASÍ SERÁN LOS PRÓXIMOS TRES AÑOS

Hay a quien se le queman las habas por saber cómo serán los tres años que le quedan al gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Eso preguntó este su texto servidor a uno que de esto sabe todo (50 años nadando en la alberca de sabandijas de la política mexicana sin un rasguño, que ha ocupado todos los cargos de elección popular en su estado; varias veces diputado federal; una, senador; y estrecha relación con varios presidentes), quien con tono neutro, respondió: -Revise el 85 constitucional -y no dijo más.

Ese artículo de la Constitución reza: “Si antes de iniciar un periodo constitucional la elección no estuviese hecha o declarada válida, cesará el Presidente cuyo periodo haya concluido y será presidente interino el que haya designado el Congreso (…)”. ¡Áchis!

En principio, el domingo 2 de junio de 2024 serán las siguientes elecciones presidenciales y el 1 de octubre asumirá el cargo quien haya resultado ganador; ¿por qué hay que preocuparse por eso?

Se supone que ya es rutina el cambio de Presidente de México, digo, cuando menos desde 1928. ¿Por qué uno que domina la receta secreta del caldo de alacranes, se anda fijando en esa disposición de nuestra Constitución que prevé un Presidente interino si no hubo elecciones?… no, no es eso, elecciones habrá, es lo otro: que no se haya declarado válida la elección. ¡Bingo! (qué miedo).

Mire usted: está más fácil que regrese don Porfirio en el Ypiranga a que el presidente López Obrador cambie. Pruebas sobradas hay de que dijo la verdad el 18 de febrero de 2018, cuando al rendir protesta como candidato de Morena a la Presidencia de la República se definió a sí mismo, diciendo: “Soy terco, es del dominio público, necio, obcecado (…) actuaré como Presidente de la República, con terquedad, con necedad, con perseverancia, rayando en la locura, de manera obcecada (…)”; al del teclado no le crea nada, véalo mejor en el siguiente video a partir del minuto 7 con 31 segundos.

 

 

Así las cosas, respóndase a usted mismo si el Presidente no va a intervenir en la campaña electoral del 2024. Ya lo hizo este año y él mismo lo aceptó campanudamente en la mañanera del 11 de mayo al responder a un reportero que le dijo: -Se ha dicho que está metiendo la mano en las elecciones –y respondió: -Claro que sí, claro que sí, si aquí lo di a conocer, si es de dominio público, lo estoy diciendo (…) –y agregó que lo hacía para impedir fraudes electorales, está bien, pero por lo que sea, es delito electoral y la cantaleta de los fraudes electorales ya se le ha oído hasta la náusea.

Lo previsible con las fichas acomodadas como hasta ahora, es que el candidato de Morena gane las elecciones presidenciales del 2024.

Es de esperarse su triunfo aunque pongan de candidata a doña Claudita (el “aunque” obedece a que el país sigue siendo machista y para esos efectos, también muchísimas mujeres; por supuesto sería menos difícil con Ebrard y en caballo de hacienda con Monreal… pero, el señor es terco), y es de esperarse esa victoria porque el Presidente usará toda la maquinaria política que representa el gobierno federal, los estados gobernados por morenistas y algunos de otros partidos, más el presupuesto del país, su saco de mañas completo y la multitud de “servidores de la nación”… y casi casi no vale quejarse: los gallardos electores tenochcas hemos permitido todo eso otras veces, muchas veces.

 

PRONOSTICABLE TRIUNFO

Ese pronosticable triunfo lo saben los otros partidos y algunos no pocos gargantones de los sótanos del poder y el dinero grande. Y esos también saben que el poder presidencial se reduce por días una vez celebradas las elecciones, por horas -ya va de salida-, y no vale la pena para nadie quedar bien con él, que cada minuto que pasa, está más cerca de ser un desecho político.

De esta manera y sabiendo que sin duda el Presidente se meterá en la campaña electoral, ya desde ahora está claro que se deben documentar cuidadosamente las intervenciones de él y las de sus huestes. Va a ser un carnaval de marrullerías.

Conseguir que no se declare válida la elección es un sueño, muy difícilmente se lograría semejante cosa. Pero igual y como hipótesis: si se declara nula la elección, el Congreso de la Unión, las dos Cámaras, se instalan en Colegio Electoral y nombran al Presidente interino con dos terceras partes de votos y el Congreso convoca a nuevas elecciones en un máximo de nueve meses. Si se llega la fecha fatal del 1 de octubre sin haberlo nombrado, automáticamente asume el Presidente de la Cámara de Senadores, hasta que los legisladores se pongan de acuerdo.

 

NUEVOS AGRAVIADOS Y OFENDIDOS

¿Va a suceder semejante despelote?, francamente parece imposible, pero el Presidente suma diario nuevos agraviados y ofendidos: la clase política, universitarios, intelectuales, clase media, inversionistas, campesinos abandonados, enfermos sin medicinas. Agregue que el Presidente intervendrá con todo descaro en el proceso electoral, con el agravante inaudito de que la delincuencia se vuelva a “portar bien”.

Con un INE y un tribunal electoral federal que no se han dejado mangonear por el Presidente, ni ahora que está en la plenitud de su poder, la cosa ya no suena tan imposible, al menos para sentarse a conversar todos los partidos para encontrar una salida que no mande al país al desorden social… pero ¡qué necesidad, tanta necedad!

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LA FERIA

Incendiar al país, el peligro del 2024

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Al estilo AMLO, como lo hizo cuando perdió en 2006 *  Conociendo los modos de este Presidente, lo único que no hará será quedarse contemplando las ruinas de su proyecto

POR EL SEÑOR LÓPEZ

Campeón de las derrotas.
Tío Emilio, desde que su única hija, Estela -de las de Autlán-, llegó la “edad de merecer”, le advertía amenazante, sobre a la importancia de que conservara intacta su virginal pureza y le anticipaba las más terribles consecuencias de que no lo hiciera: -Va a correr sangre si manchas el honor de la familia (?) -le decía torvo.
Insistía mucho en el tema y su paranoia era algo justificada, sabedor de los modos de sus sobrinas, sus hermanas y en general del sector femenino de la familia, salvo excepciones sujetas a comprobación forense.
Y de repente sucedió: Estela estaba en estado de buena esperanza conservando intacto sólo su estado civil de soltera. Tío Emilio, ya casi afónico de tanto bramar, le preguntó cómo era posible que se hubiera atrevido y la chamaca cándidamente, contestó: -¡Ay, papá! fue usted -así de antigua es esta anécdota-, usted me metió ideas en la cabeza… ¡tanto habla de eso!

UN PRESIDENTE MUY SINGULAR
Tanta insistencia del Presidente en que ya se acabó la corrupción en las altas esferas de la administración pública, porque como él es honesto, sus directos subordinados no se atreven a incurrir en alguna conducta impropia con el erario; tanto decir “no somos iguales”; tanto machacar en que sus más extrañas decisiones -como fracturar el sistema de abasto y distribución de medicamentos- obedecen a su combate a la corrupción (combate peculiar esa su lucha sin auditorías, sin denuncias, sin imputados, sin juicios ni culpables, sí, muy singular).
Tanto hablar de lo mismo y no cesan de surgir asuntos protagonizados por sus más cercanos, que permiten sospechar que en su gobierno cuando menos algunos están retozando en el charco de lodo del enriquecimiento muy explicable que resulta de ser corruptos.
Peor es que hay no pocas señales de que los escándalos que luego él tiene que enfriar en la mañanera correspondiente, son delaciones (o calumnias, uno qué va a saber) cuyo origen está en los despachos de su gabinete.

Es peor porque ese fuego graneado de escandaletes no sólo habla de individuales pleitos internos que prometen crecer conforme avanza el sexenio, sino de la conformación de grupos enfrentados que trabajan para sus intereses sin abrazar los dogmas de la 4T, a resultas al menos en parte, de la sucesión adelantada que el mismo Presidente desató. Y eso no beneficia en nada al país.

GERTZ MANERO Y FUERZAS ARMADAS, EN EL OJO DEL HURACÁN
Ya es para preocuparse que el fiscal General de la República esté en entredicho, pero es de mayor gravedad, y consecuencias de pronóstico reservado, que las Fuerzas Armadas sean insistentemente señaladas por actos de corrupción en las obras a su cargo, pues a ver quién es el macho que una vez terminado este sexenio, se atreve a auditarlos y encausarlos.

Quien sea que se alce con el triunfo en las elecciones presidenciales de 2024, va a tener que hilar muy fino para acotar la indebida presencia militar en tantas áreas de gobierno correspondientes al ámbito civil. Eso o veremos una creciente influencia de las Fuerzas Armadas en la vida política del país. Eso o el Diluvio. Mala herencia nos dejará este gobierno.
Los especialistas en el análisis de la cosa pública mexicana ven con preocupación otras cosas, hay lo que ya anticipan serios problemas económicos que bien pueden reventar en este mismo sexenio como una crisis de consecuencias casi devastadoras; otros no encuentran cómo será posible restablecer en el corto plazo, ya terminado este gobierno, la confianza de inversionistas nacionales y extranjeros; también hay quienes anuncian las más dañinas secuelas sociales provocadas por la división entre mexicanos, sembrada desde Palacio Nacional; un mínimo de aproximadamente 15 millones de electores son incondicionales del Presidente, no son pocos aunque son minoría, pero son suficientes para retar la gobernabilidad nacional. Pésimo legado.

Todo lo anterior es posiblemente cierto y sólo el tiempo dirá qué sucede y qué deja de pasar, pero lo que no es una especulación es que a este gobierno ya se le acabó el arsenal discursivo; ya todo está dicho, ya todo se ha repetido hasta la náusea; seguir culpando del presente al pasado, en el cuarto año de gobierno mueve a risa; ya convence a cada vez menos la machacona prédica de que se está luchando contra enemigos inexistentes -porfiristas, conservadores, clase media, intelectuales, universitarios y fifis por definir-, cuando en estricto rigor, este gobierno no tiene ni opositores, pues hasta el momento los partidos políticos no alineados con Morena, siguen sin presentar batalla.
Y una advertencia dirigida a los triunfales triunfalistas: no es este Presidente un caso especial de popularidad y aprobación masiva, hay otros presidentes que así han discurrido por buena parte de sus periodos. Y en este caso en particular, menos debe llamar la atención si tomamos en cuenta el tiempo y recursos que él dedica al cuidado de su imagen pública, en eso sí es especial, único: ningún otro Presidente de México ha dedicado cada día de su periodo al autoelogio, a ensalzarse a sí mismo.

‘MORENA SE DESGAJARÁ EN LOS PRÓXIMOS DOS AÑOS’
Así, comentar los episodios nacionales de actualidad acaba siendo la aburrida repetición de variaciones sobre un mismo tema. No hay actor ni cómico que sea capaz de mantener la atención y el entusiasmo del respetable, repitiendo el mismo monólogo, el mismo chiste, en una función continua de seis años de duración. Por eso la advertencia de Porfirio Muñoz Ledo ni gracia tiene, claro que acierta al advertir: “Este régimen tenderá a desgajarse en los próximos dos años”.

El problema es que conociendo los modos de este Presidente, lo único que no hará será quedarse contemplando las ruinas de su proyecto.
Si Morena no gana la Presidencia de la República en 2024 es muy capaz de intentar incendiar el país (nada más recuerde lo que fue capaz de hacer en 2006, cuando tomó Paseo de la Reforma durante meses, imagine eso, pero en todas las capitales de los estados), por eso tal vez convenga que Morena sí gane porque igual, quien quede en La Silla, se sacudirá la incómoda presencia del campeón de las derrotas.

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