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EN PRIMERA PERSONA

Atrapado AMLO por el ‘crimen de Estado’

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Por filtraciones periodísticas, se le enreda a la 4T el informe de Encinas sobre lo ocurrido en 2014 * ¿Será Ayotzinapa también la debacle del gobierno de López Obrador? • Peña Nieto nunca imaginó cómo lo dañaría el crimen de los estudiantes de Iguala; ¿y López Obrador? • Las Fuerzas Armadas, manzana de la discordia; privilegios al general detenido es un toque de alerta • El Ejército surgió para combatir a conservadores y fifís, recuerda AMLO; a como dé lugar, lo quiere en las calles

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

El expresidente Enrique Peña Nieto jamás pensó que la desaparición de los 43 jóvenes normalistas y la ejecución de otras personas en esos mismos hechos de Iguala y otros municipios de Guerrero durante el 2014, sería un asunto que marcaría para siempre su gobierno y que lo perseguiría incluso judicialmente si así lo quiere su hoy sucesor. Ayotzinapa fue el inicio de la debacle de la administración peñista. Y sí, nunca lo imaginó.

Enrique Peña Nieto fue juzgado de manera inmediata por la opinión pública. Ahora aguarda en España por si le fincan cargos y responsabilidades judiciales.

Quien ahora quedó atrapado en este mismo “crimen de Estado” es quien prometió a los papás de aquellos estudiantes y a México entero que esclarecería totalmente esa afrenta. No sólo fue una promesa en su campaña electoral, sino que a lo largo de su gobierno se ha comprometido a entregar, ahora sí, la verdad de lo sucedido.

No muy contentos han quedado los papás de los 43 estudiantes de Ayotzinapa por la información que se les ocultó sobre sus hijos y por las diferencias que se han dado entre los distintos actores de la Cuarta Transformación sobre el último informe del caso.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador tampoco pensó que el caso Ayotzinapa se le enredaría tanto en las manos.

No son pocas las preguntas que flotan en el ambiente, todas ellas válidas, pues a estas alturas ya nadie, como usted o como yo, sabe exactamente lo ocurrido. Las investigaciones han sido manoseadas por cada autoridad en turno de acuerdo con su conveniencia e intereses, unos para ocultar la verdad y otros para cobrar facturas, aunque sostengan que lo suyo no es la venganza.

Desde los tiempos de campaña, López Obrador prometió verdad y justicia sobre lo acontecido la noche y madrugada del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

 

FUERZAS ARMADAS, EN EL OJO DEL HURACÁN

Casi todos, incluyendo al que esto escribe, han sostenido alguna vez que las Fuerzas Armadas son instituciones que gozan de la aceptación de gran parte de los mexicanos. Sí, pero habrá que matizarlo un poco. Se les reconoce y agradece su participación, casi siempre heroica, en los desastres naturales, como terremotos y huracanes, para ayudar a los connacionales en desgracia.

En las últimas décadas su lealtad institucional a su Comandante Supremo, que es el Presidente de México en turno, ha superado toda prueba. Se han abstenido, incluso, de participar en política, como lo mandatan sus estatutos.

Sin embargo, no siempre ha sido así. Hablamos del México moderno, sí, pero ahí está nuestra historia no tan lejana de finales del siglo XIX y principios del XX, tiempos en que el Ejército y sus integrantes eran actores políticos en la vida nacional. Bueno, la lista de presidentes emanados del Ejército no es corta, como tampoco es menor la lista de sus traiciones que dañaron al país y su democracia.

¿Cumplirá la palabra empeñada o deslindará y protegerá a los militares involucrados en la masacre?

Ahora bien, se sostiene que los soldados y marinos son “pueblo con uniforme”. De acuerdo. entonces pregunto: ¿los policías estatales y municipales no son “pueblo con uniforme”? ¿Quiénes han integrado a las policías federales o nacionales o a la misma Guardia Nacional no son también “pueblo con uniforme”? Claro que sí. Y otra cosa común de ellos es que muchos han traicionado a México. No sólo no han combatido al crimen, sino que se han vuelto cómplices de los hampones y capos.

Y, perdón, pero ni siquiera algunos miembros de las Fuerzas Armadas quedan exentos de esta deslealtad. De qué otra forma se puede explicar la bonanza de los cárteles de las drogas si no es con la complacencia de los militares. Recordemos que en las administraciones pasadas los gobiernos prefirieron utilizar a miembros de la Marina para los grandes operativos porque había plena y justificada desconfianza en los miembros del Ejército. Aún más, era exigencia de Estados Unidos no confiar esas tareas a los soldados y ni siquiera compartirles la información. Así fue como se logró abatir a Arturo Beltrán Leyva, “El Jefe de Jefes”, en Cuernavaca durante el 2009.

Y no olvidemos que igual está la historia de Jesús Gutiérrez Rebollo, general de división, quien encabezó el Instituto Nacional para el Combate a las Drogas hasta 1997, pues fue aprehendido por proteger y ser socio nada más ni nada menos que de Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. Estas, las historias que se conocen, ¿y las que desconocemos?

El general Jesús Gutiérrez Rebollo, zar antidrogas en el sexenio de Ernesto Zedillo, fue aprehendido por su complicidad con “El Señor de los Cielos”.

¿Y la matanza de estudiantes por parte del Ejército durante el movimiento estudiantil de 1968? Muchos esgrimirán: sólo recibieron y cumplieron órdenes de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez. En efecto, así fue. Entonces ¿tenemos un Ejército que no razona? Esa es precisamente la preocupación del día de hoy: la de un país militarizado en materia de seguridad en donde, sus efectivos, cumplirían al pie de la letra las órdenes de su jefe. ¿Y si se equivoca el Ejecutivo? ¿Y si cambia de opinión en las convicciones que hoy pregona? ¡Ahí está el peligro!

Adán Augusto López Hernández, secretario de Gobernación, defendió al Ejército. Dijo que sólo 4 militares están involucrados en los hechos de Ayotzinapa. “Una golondrina no hace verano”, sentenció. De acuerdo, pero entonces por qué el gobierno de la 4T desprestigia a toda una institución policiaca cuando se encuentran a algunos elementos corruptos y desleales si “una golondrina no hace verano”. ¿Un doble rasero? Parece que sí.

Imposible olvidar 1968. El Ejército obedeció órdenes. Precisamente esa es la preocupación de hoy.

 

FILTRARON EL INFORME COMPLETO DE ENCINAS

Lo cierto es que la administración de López Obrador quedó en un callejón sin salida con el involucramiento del Ejército en el caso Ayotzinapa después de que se filtrara sin tachaduras (datos reservados y confidenciales) el informe completo de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, que presentó el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas.

Alejandro Encinas, al presentar su informe con datos y nombres borrados. Filtraciones a la prensa complicaron las conclusiones preliminares al revelar lo que estaba tachado.

Lo revelado no es cosa menor.

  1. A los jóvenes los desollaron, descuartizaron y disolvieron en ácido. ¿Por qué haber ocultado esta realidad por muy dolorosa que sea? AMLO prometió la verdad a las familias.
  2. Los principales asesinos fueron los miembros de Guerreros Unidos al confundir a los estudiantes con rivales de Los Rojos. Los querían quemar, pero como eran muchos, se dividieron a los normalistas en grupos para cada quien se deshiciera de ellos como pudieran.
  3. Al día siguiente, quedaban con vida seis estudiantes. Fueron ejecutados días después por órdenes del entonces coronel del Ejército, José Rodríguez Pérez.
  4. El entonces alcalde José Luis Abarca ordenó que los jóvenes fueran asesinados esa misma noche. Una hija de Abarca lo relató a una amiga suya por mensajes de celular.
  5. Abarca pidió ayuda al Ejército. Le sugirieron de parte de Peña Nieto que asumiera la culpa y huyera del país. Que lo iban a ayudar.
  6. El día siguiente a la noche trágica, militares desenterraron varios cuerpos para llevarlos al 27 Batallón de Infantería, ya que ahí no entraría nadie. A mediados de noviembre, aún exhumaban cuerpos. ¿Peña lo sabía?

A lo anterior hay que sumar que la Fiscalía General de la República canceló más de una veintena de órdenes de aprehensión, principalmente contra militares, que la Comisión para la Verdad había solicitado y justificado. ¿Por qué? Porque el Ejército comenzó a patalear, presionar y a defenderse. Tal es la discrepancia y diferencias al interior del gobierno de la 4T que los golpes por debajo de la mesa no cesan. La inconformidad topó con la renuncia del fiscal del caso Ayotzinapa, Omar Gómez Trejo, por la intromisión de Alejandro Gertz Manero.

 

EL EJÉRCITO, PARA COMBATIR A CONSERVADORES Y FIFÍS: AMLO

El Presidente López Obrador ha apostado todo por las Fuerzas Armadas. Controlan aduanas y puertos. Construyen las obras faraónicas de este sexenio. Los presume una y otra vez. Sobre ellas finca y consolida su gobierno. Las quiere en las calles más tiempo del que ahora permite la Carta Magna. En soldados y militares finca su lucha contra los criminales, aunque se contradiga con la estrategia de “abrazos, no balazos”. Así las cosas, es obvio que salga en su defensa. Pero ¿acaso no leyó o no le informaron lo que contenía el informe de Encinas? Parece que no. ¡Increíble!

No obstante, el Presidente se enreda en sus propias palabras y discursos. O quizá no y todo está perfectamente calculado. Total, después dirá que lo malinterpretaron sus acérrimos enemigos. En la defensa a las Fuerzas Armadas, López Obrador soltó: “Tenemos que defender a nuestras instituciones y este Ejército, lo he dicho en otras ocasiones, surgió para combatir un golpe de Estado, para combatir a conservadores, a fifís que se atrevieron a asesinar al presidente Madero…”

Incondicional es el apoyo presidencial al general Cresencio Sandoval y las Fuerzas Armadas. López Obrador las quiere en las calles para combatir la inseguridad.

Mire que tal declaración trae doble filo. A sus adversarios políticos, López Obrador los ha calificado de traidores a la patria y estos son, precisamente, los conservadores y los fifís. ¿Coincidencia? En absoluto. El mensaje es claro y no hay intento por ocultar el amago o la franca amenaza. En verdad ¿en esas estamos? ¡Qué miedo!

Con consulta o sin ella, el Presidente quiere imponer su ley. No importa que confronte y divida a los otros Poderes de la Unión. Si así es, mucho mejor. Legisladores y ministros son objetivos de sus dardos venenosos. Soslaya y pisotea al INE. Prefiere una consulta a modo organizada por su incondicional Adán Augusto López en Gobernación, una similar con la que llevará a su corcholata preferida Claudia Sheinbaum a la candidatura de Morena. El resultado es predecible: el pueblo quiere al Ejército en las calles. ¿Por qué? Porque AMLO ya dio esa orden a sus huestes, no de manera directa, pero sí como acostumbra, tirando la piedra (en esta ocasión el mensaje y la orden) y escondiendo la mano.

 

¿QUIÉN VENCERÁ Y QUIÉN SE DOBLARÁ?

Hay cuatro actores y un juez:

1) La Comisión para la Verdad encabezada por Encinas; 2) la Fiscalía General de la República de Alejandro Gertz; 3) las Fuerzas Armadas, y 4) los familiares de los 43 jóvenes de Ayotzinapa. López Obrador no podrá dar gusto a todos. Tendrá que inclinar la balanza por alguno de ellos sin importar que con ello desatienda su compromiso con la verdad y justicia. ¿Quién se impondrá? No es difícil adivinarlo: las Fuerzas Armadas son su bastión y no las dejará naufragar, pues él se hundiría también.

Alejandro Encinas está en una posición extremadamente peligrosa. Enrique Peña Nieto no dudó en sacrificar a Jesús Murillo Karam con su “verdad histórica” y hoy ya está tras las rejas por no empinar a su entonces jefe. Sin duda, López Obrador no dudará, si es necesario, sacrificar Encinas con su Comisión para la Verdad. Eso lo sabe don Alejandro. ¿Guardaría silencio como Murillo?

Enrique Peña Nieto mandó al matadero a su entonces procurador Jesús Murillo Karam. ¿AMLO hará lo mismo con Alejandro Encinas?

Alejandro Gertz ya aguantó varios temporales y podría sobrevivir a uno más, pero no debería confiarse demasiado, pues primero está la imagen presidencial y después la de las Fuerzas Armadas. ¿Y las familias de los 43 ejecutados? ¿Y la verdad y justicia? ¿Habrá más promesas que acciones? ¿Más atole con el dedo? Si ya aguantaron ocho años, que más da a que sea otra administración la que esclarezca lo ocurrido, podrían pensar en Palacio Nacional.

Pero cuidado, no es tan sencillo. La credibilidad de AMLO está en entredicho. Peña Nieto sucumbió con Ayotzinapa. ¿Y López Obrador? Su propia historia la está escribiendo hoy en día y él mismo la definirá en las próximas semanas y meses.

Ayotzinapa y la participación del Ejército, así como la historia misma de las Fuerzas Armadas (que aquí hemos tocado a vuelo de pájaro) están emparejadas con la militarización de México con motivo de la seguridad pública. No es cosa menor. Si a soldados y marinos que violen la ley se les dará el trato de privilegio como al ahora general José Rodríguez Pérez (aprehendido por supuestamente haber participado en la desaparición de los estudiantes), eso no sería justo ni legal. ¿Por qué no está ante un Ministerio Público dependiente de la FGR? En cambio, desde el Campo Militar número uno y portando aún el uniforme castrense, se le permite dar una entrevista periodística. ¿Qué otro presunto delincuente goza de eso? Nadie.

El periodista Jorge Fernández Meléndez, durante la entrevista al militar acusado José Rodríguez Pérez, en el Campo Militar número 1.

Por eso no es gratuita ni un mero capricho el rechazo a que la Guardia Nacional pase al control de la Secretaría de la Defensa ni a prolongar la estancia de las Fuerzas Armadas en las calles. La paz y la democracia están en riesgo. Sería más sencillo y benéfico para México admitir que la estrategia contra la inseguridad ha fracasado e implementar otra. ¿Habrá humildad?

 

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EN PRIMERA PERSONA

Las marchas, su ‘modus operandi’; pero gobernar NO es lo suyo

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El ardido AMLO jugó con fuego; ¿acaso buscó ser mártir? * El Presidente y simpatizantes corrieron riesgos en una marcha desbordada; la vigilancia “disfrazada” quedó muy superada • Si nadie del gabinete previó un escenario así, cuánta ineptitud • Siempre recurre a las movilizaciones ante las derrotas electorales y las que considera afrentas de los ciudadanos • Sólo unas horas le duró el encanto, pues oposición bateó la reforma; quédense con su INE, respondió el Ejecutivo federal • Rechazó la reelección; aunque quisiera, la ley se lo prohíbe

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Como pez en el agua, el Presidente Andrés Manuel López Obrador vivió la marcha y el carnaval que él mismo se organizó el pasado domingo 27 de noviembre, después de que su ego y vanidad fueron heridos por la manifestación de ciudadanos, dos semanas antes, al rechazar su propuesta de reforma electoral con la que pretendía o pretende todavía dinamitar al INE y al TEPJF.

Lo sabe él y lo saben todos los mexicanos: lo suyo, lo verdaderamente suyo es la movilización de masas. Entre bromas, AMLO aceptó ser “el rey de las marchas”, aunque obvio no ha dejado claro lo de “El Señor del Cash”. Y como no ha de ser así, pues desde siempre el tabasqueño ha hecho de las manifestaciones populares su ‘modus operandi’ para mantenerse vigente políticamente, a pesar de los numerosos reveses electorales que ha tenido a lo largo de su carrera. Como priísta, perredista y morenista, ha conocido cómo se tejen y organizan las expresiones de inconformidad, eso sin importar que le asista o no la razón.

No todo fue fiesta, pues por momentos el propio Presidente López Obrador y Adán Augusto López no pudieron ocultar su preocupación, ya que la movilización se salía de control ante el acecho de miles de personas al Ejecutivo federal.

¿Y de gobernar? A lo largo de más de 4 años de llevar las riendas del país también ha quedado de manifiesto que eso NO es lo suyo. Más que resultados positivos y promesas cumplidas, López Obrador ha dividido aún más a los mexicanos. La sociedad está peleada y en polos opuestos. Están, por un lado, los que todo le aplauden y celebran, incluso los desatinos y errores; y por el otro, los que todo le rechazan y critican, incluso en lo que tiene razón. Es el todo o nada. Esto alentado desde Palacio Nacional.

No le importó al Presidente poner en riesgo su integridad física con tal de que la gente lo rodeara, se le acercara, lo abrazara, besara, le estrechara la mano y le entregara todo tipo de peticiones, felicitaciones y regalos. Se sintió, en serio, como “el mesías”. El riesgo fue mayúsculo, pero no sólo del ciudadano Andrés Manuel, sino del mismo Presidente de la República. Qué decir del riesgo que corrieron sus simpatizantes: una desbandada, un callejón sin salida o la caída de alguien hubiera precipitado alguna tragedia. Claro, no sucedió, pero qué necesidad había en ello.

Claudia Sheinbaum (abajo a la izquierda) intenta inútilmente de llamar a la calma. Al primer círculo de seguridad, compuesto por mujeres, lo seguía el de militares “disfrazados” de ciudadanos simpatizantes de AMLO.

Todo se justificó con tal de que México y el mundo fueran testigo de cómo “el pueblo bueno” quiere a López Obrador. Amor con amor se paga, se ufana siempre. Pero qué tal que el Mandatario hubiera sufrido algún accidente o percance involuntario. Por ejemplo, un apachurrón más fuerte de los que sufrió, un golpe por descuido, o un tropezón y luego ser pisoteado, por ejemplo. AMLO ya no es un joven y su salud hubiera estado comprometida.

Es obvio que el Presidente no iba solo. “El pueblo me cuida”, ha sostenido siempre y tiene algo de razón. Pero fue obvio que elementos de las Fuerzas Armadas, de la Guardia Nacional y la policía capitalina iban “disfrazados” de civiles para implementar varios cinturones de seguridad. Aún así, fueron superados y las imágenes y videos dan testimonio de esto.

Apenas comenzaba la marcha (con Andy, uno de los hijos del Presidente al frente) y la cara de los elementos de seguridad ya era de desesperación ante el tumulto que tenía rodeado al Ejecutivo federal.

Y hay, además, otro elemento. ¿Qué tal si un desquiciado (como Mario Aburto Martínez) hubiera intentado atacar al Presidente de México? Es posible que lo hubiera logrado. ¿Y entonces qué? Eso tuvo que discutirse días antes de la marcha en la reunión del gabinete de seguridad y en el propio despacho presidencial. Si no fue así, cuanta irresponsabilidad. ¿En manos de quiénes estamos?

Andrés Manuel López Obrador jugó con fuego. Expuso su integridad física y la investidura que él representa. Hoy, gracias a Dios, no estamos hablando de un magnicidio o de un Presidente herido. ¿En verdad valió la pena correr ese riesgo? Todo indica que sí. ¿Por qué? Como lo de gobernar y dar resultados NO es lo suyo ¿será qué a AMLO le gustaría pasar a la historia de la nación como mártir, así como lo fueron Miguel Hidalgo, José María Morelos y Pavón, y Francisco I. Madero?

 

SUEÑOS DE GRANDEZA

Lo anterior no es descabellado ni alejado de la realidad. En más de una ocasión, López Obrador ha presumido que algunas de sus características personales se asemejan a las de ¡Cristo Jesús! Cuánta vanidad y soberbia. Es obvio que los hombres (gobernantes o no) van escribiendo su pasar por esta vida y en este mundo con su diario caminar, con sus acciones. Son otros, los que al paso del tiempo se encargan de resumir su vida y hasta de calificarla. Pasar a la historia como el Presidente de un país es un hecho ya asegurado. El asunto es cómo lo registrará la historia: bien, mal o regular; corrupto, inepto, tonto o gris; o capaz, patriota, íntegro y respetable.

Esto, sea como sea, no le corresponde al aludido. En otras palabras, López Obrador no puede decidir ni dar órdenes de cómo debe pasar a la historia, de cómo lo deben recordar los mexicanos. Pero el inquilino de Palacio Nacional se empeña en lo contrario. Imagínelo pensando en cómo tienen que describirlo los libros de texto y la historia misma. Orgullo y sólo orgullo.

No son inventos de quien esto escribe. De entrada, al momento de sentarse en la silla presidencial denominó a su movimiento como la “Cuarta Transformación”. ¿Cuáles son las otras tres transformaciones? La primera, el movimiento de Independencia encabezado por el cura de Dolores. La segunda, el movimiento de Reforma liderado por Benito Juárez García. Y el tercero, la Revolución Mexicana donde la figura de Francisco I. Madero fue esencial. AMLO compara su llegada al poder con aquellos hechos (esos sí) históricos. Porque él arribó al poder a través de sufragios en una democracia ya consolidada. En todo caso, habría que esperar cuál sería el sello de su administración y los logros alcanzados. Esto, por supuesto, al final de la gestión, no antes. Y por lo que se ha visto, nada hay de similitud en su “Cuarta Transformación” con aquello que anhela ser comparado.

Tras casi 6 horas de espera, algunos abandonaron el Zócalo, donde López Obrador pronunció un discurso de casi dos horas. Al inicio, dijo enfático a sus seguidores ¡no! que espontáneamente (?) gritaban “reelección, reelección”.

¿Hay más? Claro, por qué no. Ante sus incondicionales, el día de la “marcha en defensa de su ego lastimado”, definió sus acciones como “humanismo mexicano”. ¿Eso qué significa? Eso lo sabe él y su conciencia. Nadie más, pero así quiere que se le recuerde y lo consigne la historia. Son delirios de grandeza.

En ningún lado podrá llamarse humanista a un gobierno que se desentiende de los niños y adultos con cáncer al no haber medicamentos ni químicos para las quimioterapias. Tampoco puede calificarse de cercano a la gente a quien deja fuera de los servicios de salud a más de 15 millones de mexicanos (de los más pobres) al desaparecer el Seguro Popular. ¿Humanista es aquel que desaparece las estancias infantiles y los comedores escolares? ¿Y la cercanía con los grupos feministas y de género? Y la perla de la corona: haber dejado que murieran cerca de 750 mil mexicanos por la pandemia de Covid por falta de medicinas y una política sanitaria desacertada. (Por cierto, el Presidente prometió que en diciembre de 2020 estaría lista la vacuna mexicana “Patriota”. Ya pasaron dos años más y nada. Que conste para el registro).

¿Humanismo? Vacilada, pues. Quizá tendría algo de razón si ya se hubiera hecho efectiva su política de “primero los pobres”. Resulta que al día de hoy existen alrededor de 5 millones más de mexicanos en pobreza. Gente de clase media engrosó las filas de pobres; y millones más de la clase acomodada han pasado a ser clase medieros.

“Quédense con su INE” fue la conclusión de López Obrador después la contramarcha y una semana de dimes y diretes en la que quedó bastante claro que la Cámara de Diputados no aprobaría la reforma electoral del Presidente.

Al retroceso y políticas fallidas anotadas arriba hay que describir otra más no menos importante. Tal vez por eso el Zócalo ya no estaba lleno cuando comenzó a hablar López Obrador. Más de lo mismo. Cifras que únicamente tiene él y no hay manera de comprobarlas. El combate a la inseguridad y criminalidad ha dejado ya casi 140 mil muertes violentas, muchas más de las registradas en el sexenio pasado y cuando restan todavía dos años. Ni con las Fuerzas Armadas en las calles se ha podido entregar buenas cuentas a México. No será de otra manera mientras siga la terquedad de “abrazos, no balazos” y de culpar de todos los problemas a las administraciones pasadas.

 

MUCHA MARCHA; PELEA PERDIDA

No fueron suficientes cerca de seis horas de caminata de López Obrador para recorrer 4.5 kilómetros; tampoco bastaron una hora con 45 minutos de un discurso ya repetido; ni siquiera la participación de un millón 200 mil personas (según la versión oficial) sirvieron para alcanzar el objetivo: que el Congreso de la Unión se sensibilizara y aprobara, sin cambio alguno, la iniciativa de reforma electoral de Palacio Nacional. Una marcha que jamás fue para celebrar cuatro años del gobierno de la 4T. Tremenda movilización y carnaval que no logró el propósito de destruir a los órganos electorales. En cambio, sí una marcha que ayudó unas horas para sanar el golpeado ego de AMLO.

Y decimos unas horas de gloria, porque al día siguiente quedó más que claro que ni PRI, PAN ni PRD darían su brazo a torcer para humillarse ante el Ejecutivo y respaldar su documento. Su propuesta está cancelada. Incluso, diputados y líderes del PT y PVEM (incondicionales hasta ahora del gobierno en turno) mostraron su inconformidad con partes de la reforma. Esto obligó a Morena en la Cámara Baja a posponer la votación en el pleno del pasado martes para la semana que hoy inicia. Ya nada más falta que públicamente, principalmente el PVEM, muestre sus diferencias y quite su apoyo a AMLO. No es para menos, ya que la iniciativa podría desaparecerlos del mapa político y, con ello, su financiamiento.

Así las cosas, la iniciativa electoral de López Obrador agoniza. La prórroga sirvió también para no borrar de un plumazo el éxito de la marcha. Algunos politólogos han advertido (y no les falta razón) que estos días y horas han de servir para que el gobierno instrumente un plan de intimidación, extorsión y compra de los opositores.

Ante la negativa del PRI, encabezado por Alejandro Moreno, para apoyar la reforma electoral del Presidente, en la Cámara Baja reactivaron el proceso de desafuero contra el priísta, en un claro intento de chantaje o de venganza política de la 4T.

Ya lo hizo una vez con Alejandro Moreno y otros priístas con cola demasiado larga en el asunto de la Guardia Nacional. Si Adán Augusto López Hernández está muy calladito es por algo. Tras bambalinas y debajo de la mesa intenta hacer un milagro que se ve imposible, a menos que ahora sí los opositores quieran sentenciar su muerte.

La derrota es tan clara, que López Obrador espetó a la oposición: se pueden quedar con el INE y tratar de dominar desde ahí; y sentenció: “nada más les falta algo, les falta el pueblo”. Al tabasqueño le gustan los calificativos y etiquetar a la gente. Diremos, entonces, el Presidente está muy ardido y no lo puede disimular. Quede bastante claro que el INE no es de ninguna manera de la oposición ni de ningún otro partido, como lo pretendía Morena; el Instituto Nacional Electoral es de todos los mexicanos y es resultado de años de lucha y, sí, de mucha sangre y dinero. Los mexicanos (entre ellos los opositores) defendieron al INE y claro que se quedan con él. Faltaba más.

Es malo para AMLO que el INE lo supere y tenga mayor aprobación ciudadana.

POR SUPUESTO QUE NO A LA REELECCIÓN

Al grito espontáneo (¡ajá!) de los que ocuparon tres tercios de la plancha del Zócalo y que clamaban “reelección, reelección, reelección”, Andrés Manuel López Obrador lanzó un contundente ¡NO!

“Nosotros somos maderistas (otra vez la comparación); sufragio efectivo, no reelección”, respondió enfático el Ejecutivo a las masas. ¿En realidad no quiere? Siempre lo negará, mientras la Carta Magna siga como hasta ahora y se lo impida a él y a cualquiera que lo pretenda.

Imagine Usted, amable lector, (aunque sean sólo mi editor, quien corrige el texto y mi esposa) que en la propuesta de reforma se hubiera incluido la reelección presidencial. ¡Ufff! El país se incendia. Aunque excluiría para el 2024 al propio López Obrador porque ninguna ley puede ser retroactiva. Eso sí, se le habilitaría para el 2030, como también a Enrique Peña, Vicente Fox, Felipe Calderón, Ernesto Zedillo y al mismísimo Carlos Salinas de Gortari. Pero dejemos de pensar en esas pesadillas.

Quienes estuvieron en primera fila, como se había anunciado, fueron Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López. Entre más juntito al Presidente, mucho mejor. Una imagen habla más que mil palabras. Al principio le entraron a los codazos, qué caray. Al final, Claudia aguantó vara y se mantuvo firme. No importa que los opositores la calificaran de lambiscona. Marcelo Ebrard llevaba desventaja ante los simpatizantes de doña Claudia. Además, el canciller no es nada carismático. Decidió abandonar el contingente cuanto enfrentó a seguidores de la jefa de Gobierno. Dicen que lo escupieron. Y Adán Augusto, con sus años encima, pasó a la retaguardia. Siempre detrás de su paisano, cuidándole las espaldas, como lo hace desde Bucareli. Nadie le dio importancia a su presencia. Saben que es figura decorativa. Claudia ya es la ungida, a menos que algo grave pase. El único que disimula que no lo sabe es el carnal Marcelo.

Las corcholatas lopezobradoristas posaron para la foto antes del inicio de la marcha. Claudia nunca se despegó del Presidente. Adán Augusto le cuidó la espalda, como siempre. Marcelo tuvo que separarse y caminar aparte para evitar insultos de supuestos seguidores de la jefa de Gobierno.

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EN PRIMERA PERSONA

Gana AMLO en su contramarcha, pero pierde en su reforma electoral

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Cura su ego herido: Una marcha promovida por López Obrador, para marchar al lado de López Obrador, para expresar respaldo a López Obrador y para llegar justo enfrente de la casa de López Obrador: Palacio Nacional • ‘Patadas de ahogado’ ante la muerte de la reforma electoral • La movilización de apoyo al Presidente la pagamos todos con nuestros impuestos, a menos que hayan lavado dinero • Hace tiempo llamó cariñosamente “solovinos” (perros) a quienes se manifestaron con él, y no fueron acarreados • Paseo de la Reforma se transformó en Paseo del Emperador • No desaparecerá INE ni el TEPJF como quiere AMLO • Popularidad del Primer Mandatario no se heredará a ninguna corcholata

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Dedicado desde su juventud a la movilización social y la organización de manifestaciones, plantones y bloqueos, sin duda el Presidente Andrés Manuel López Obrador es un experto en cuestiones de marchas. Es algo que se la da de manera natural. No sobra mencionar, además, que hoy en día el Mandatario cuenta con la simpatía de entre el 60% y 70% de la población. Y qué mejor todavía cuando tiene todo el aparato del gobierno federal, y su partido Morena, el control político y de las arcas en más de 20 entidades de la República, para poner en operación la estrategia para sanar su ego herido y limpiar su imagen opacada por la marcha ciudadana del pasado domingo 13.

Al “rey de las marchas” le caló hondo que cientos de miles de mexicanos (y no 12 mil como afirmó Martí Batres) hayan tomado las calles para expresar su apoyo al Instituto Nacional Electoral (que no a Lorenzo Córdova y demás consejeros), y al mismo tiempo externar su rechazo a su ventajosa iniciativa de reforma electoral. La revancha no se hizo esperar y hoy López Obrador salió a las calles del centro del país a encabezar la contramarcha que, por cierto, él mismo organizó. La asistencia, sí, de llamar la atención. Todos, incluso los opositores y quienes no piensan igual a él, previeron un éxito de la movilización.

Lo suyo, lo suyo es la movilización de las masas como ya lo ha demostrado en diversas ocasiones, como se ve en esta gráfica durante la primera derrota de AMLO por la silla presidencial.

Y así fue. No podía ser diferente a lo deseado y planeado. Por décadas, el tabasqueño ha criticado las costumbres y políticas de los gobiernos anteriores, principalmente del PRI (partido al que perteneció), pero sin olvidar a las administraciones panistas encabezadas por Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón Hinojosa. Prometió y se sigue comprometiendo a no repetir esas prácticas “autoritarias y antidemocráticas”. En los hechos no ha sido así y la marcha del ego evidenció esas añejas prácticas. Todos los recursos humanos y económicos al servicio de la movilización. Pero no cualquier dinero, sino del que proviene de los impuestos que pagamos casi todos los mexicanos. Nadie, estamos ciertos, puso de su bolsillo para pagar autobuses, comida, agua, playeras y gorras, entre otras necesidades de los espontáneos participantes. Sabrán justificar los gastos, pues tontos no son y evitarán dejar huella. La movilización la patrocinamos todos, a no ser que hayan recurrido al lavado de dinero. Ya lo sabremos.

 

La iniciativa de reforma electoral que discutirán los diputados desde este lunes es casi exactamente la misma presentada por el Presidente López Obrador, ignorando las otras decenas de propuestas que iban a ser incluidas.

No sería honesto no reconocer que muchos manifestantes salieron por voluntad propia, movidos por su simpatía y respaldo al Presidente López Obrador. Esos incondicionales que están en las buenas y en las malas, aunque para ellos todo ha sido perfecto. Incluso, hace algunos ayeres el propio inquilino de Palacio Nacional calificó como “solovinos” (perros) a quienes acudieron a una gigantesca marcha. Les dio las gracias por haber asistido, no como acarreados, sino por su propia voluntad. ¡Vaya gratitud! Llamar cariñosamente “solovinos” o perros a sus seguidores.

 

¿Y EL RESULTADO FINAL?

Lo que parece no tener explicación es el objetivo principal de esa marcha. Mostrar músculo político es secundario. Eso es más que sabido, por lo que no había necesidad. Insistimos, fue para curar su orgullo lastimado, porque en el fondo, diga lo que diga, la movilización no fue para celebrar cuatro años de éxitos del gobierno de la 4T, sino como una respuesta a la defensa del INE y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Lo suyo, lo suyo es la movilización de las masas como ya lo ha demostrado en diversas ocasiones, como se ve en esta gráfica durante la primera derrota de AMLO por la silla presidencial.

La marcha podría calificarse de exitosa solamente si hubiera conseguido revertir aquello que ya se le escapó de las manos: su iniciativa de reforma electoral, misma que se convirtió en cadáver ese mismo día 13 y más aún cuando el PRI, en voz de su líder Alejandro Moreno, confirmó que por ningún motivo apoyarían la iniciativa enviada por el Ejecutivo federal. Dolió, pues el Presidente apostó a que volvería a doblegar a “Alito” y a otros legisladores priístas con cola bastante larga.

La bancada del PRI, encabezada por Alejandro Moreno, así como los otros partidos opositores adelantaron que la reforma que pretende acabar con el INE y el TEPJF no pasará, lo que obligará al gobierno de AMLO a presentar su plan B.

Hablarán de millones de personas que acudieron al Zócalo de la Ciudad de México y en otras entidades del país, pero el resultado es el mismo: ¡no a la reforma electoral de López Obrador! Una marcha promovida por López Obrador, para marchar al lado de López Obrador, para expresar respaldo a López Obrador y para llegar justo enfrente de la casa de López Obrador: Palacio Nacional. Bien podría Claudia Sheinbaum presentar una iniciativa para cambiar el nombre de Paseo de la Reforma por el que tuvo en un principio: Paseo del Emperador. Total, AMLO se asemeja más a personajes como Maximiliano que a Francisco I. Madero.

Vale recordar que otras multitudinarias marchas organizadas desde el gobierno fueron, por ejemplo, la de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez para intentar lavarse la cara por la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968; o la de José López Portillo, en 1972, cuando nacionalizó la banca privada. En esa tesitura se maneja López Obrador, muy alejado de quienes pretende emular, como a Miguel Hidalgo y Lázaro Cárdenas.

 

¿TERQUEDAD O ESTRATEGIA?

El pasado miércoles, las comisiones de Reforma Político-Electoral; de Puntos Constitucionales, y de Gobernación y Población de la Cámara de Diputados presentaron por fin el dictamen de cerca de mil páginas que contiene la iniciativa que será discutida este lunes y que seguramente será aprobada en Comisiones, pero rechazada por los legisladores de la oposición en el Pleno al no alcanzar las dos terceras partes de los sufragios.

Parte del engaño de los morenistas, siguiendo las instrucciones de Palacio Nacional, fue que elaborarían un documento que habría de aglutinar todas las propuestas que había en más de 60 iniciativas de ese carácter que estaban en la congeladora. No fue así. La iniciativa a debatir es exactamente la misma que se diseñó en el despacho de AMLO. No hay ninguna aportación de otro partido o asociación. Ni hablar de una segunda vuelta en las elecciones por la Presidencia de la República.

La reforma busca, como se ya se ha dicho, desaparecer al INE y crear al Instituto Nacional Electoral y de Consultas (INEC), con nuevos consejeros y nuevas tareas. Lo mismo se pretende hacer con el TEPJF y con los órganos electorales estatales. Quitar los diputados y senadores plurinominales para, así las cosas, terminar con la representación de los partidos chicos o minoritarios. Una reforma, pues, que pretende favorecer al partido en el poder, en este caso Morena. De lo que se trata, paradójicamente, es de destruir todo el sistema político-electoral de hoy en día y que responde a la larga lucha de esos partidos pequeños, principalmente a los de la izquierda mexicana. De locos, ¿verdad?

El propósito visible de gobierno morenista es no claudicar en sus sueños, aunque estos vayan contra su razón de ser. Apuestan, quizá, a convencer por las buenas o por las malas a un grupo de legisladores opositores. Siempre está la opción de comprar voluntades o chantajear al enemigo. Pero el objetivo encubierto podría ser el de sentar ya desde ahora las bases para cuestionar y descalificar las elecciones presidenciales del 2024 en caso de que la victoria fuera de la oposición.

A la fecha, las encuestas muestran que Morena debería repetir en Palacio Nacional, no tanto por los logros, sino porque no hay unidad en la oposición ni mucho menos una figura relevante en sus filas. Si acaso, ha tomado relieve y protagonismo el priísta Enrique de la Madrid. Por ahí se podría colar un Lorenzo Córdova si se decide ya y deja de cometer errores. Con todo respeto, Beatriz Paredes y Claudia Ruiz Massieu están muy lejos, por más que quieran. De parte del PAN, nadie por ahora.

Sin embargo, López Obrador sabe que muchas cosas pueden pasar en los próximos meses. Bueno, hasta rechazó que esta fuera su última marcha, “pues uno no sabe lo que depara el destino”. ¿Miedo o precaución? Las dos. El Presidente sabe perfectamente que la popularidad no se puede heredar a nadie. Claudia Sheinbaum no es Andrés Manuel., Tampoco lo es Marcelo Ebrard. La aceptación de más del 60% entre la población que tiene AMLO no es transferible a ninguna de sus corcholatas. Ser discípulos obedientes del tabasqueño no les garantiza ser queridos y aceptados por ese 60%. Eso lo saben en Morena y por eso hay que ir armando la estrategia para alegar fraude si es que llegaran a perder.

En 2006, Andrés Manuel López Obrador se autoproclamó “presidente legítimo” ante un atiborrado Zócalo y calles aledañas. Este domingo mostró, como si estuviera en campaña, que aún tiene poder de convocatoria.

El discurso será, entonces, que los partidos y legisladores opositores tramaron ese plan al rechazar la reforma electoral propuesta por López Obrador. Tendrán -prevén ellos- argumentos para atacar al INE y TEPJF, y calificarlos de corruptos, antidemocráticos y conservadores. Y de ahí para adelante: marchas, plantones, bloqueos y la exigencia de contar nuevamente voto por voto, casilla por casilla. Perder jamás. Nunca aceptar la derrota, como no la ha aceptado a lo largo de su carrera política.

 

UNA REFORMITA, LA OPCIÓN

Tal pareciera que la intención del Presidente no es la de mejorar el sistema electoral, sino de una abierta venganza contra el actual INE y en especial contra los consejeros Lorenzo Córdova y Ciro Murayama. Esa es la lectura que se da a la nueva propuesta que hará AMLO para cambiar ya no la Constitución, sino las leyes secundarias donde sí cuenta con los suficientes votos para realizarla. Es lo que se llama como “patadas de ahogado”. Si no gano, por lo menos empato, pensará el Ejecutivo federal.

Quiere el Presidente que los consejeros del INE, una vez que concluyan su encargo, no puedan ejercer cargos públicos o de elección popular por diez años. Claro que llevaba dedicatoria ese punto: Lorenzo Córdova. Pero resulta que de ser aprobada así, ninguna ley es retroactiva y no aplicaría a los actuales consejeros, sino a los próximos. También van por cortarle el presupuesto al INE de manera tajante. Nadie niega que la democracia en México es muy cara, pero reducir al mínimo el presupuesto puede resultar contraproducente. Justo por la “pobreza franciscana” ha habido serios problemas. Ahí está el hackeo a la Sedena y la falta de medicamentos.

Prepara además el Ejecutivo una estrategia para que tres de los cuatro consejeros del INE que tendrán que ser sustituidos el próximo año sean incondicionales a él, como lo es Rosario Piedra al frente de la CNDH. El documento que se cocina es, por tanto, igual de arbitrario y ventajoso. Tal vez avance en el Congreso de la Unión, pero donde topará con pared será en la Suprema Corte de Justicia de la Nación una vez que se presenten amparos por considerarlo contrario a la Carta Magna.

 

CLAUDIA SE NOS CASA

“Sí quiero ser presidenta de México y pronto me voy a casar”, así podría resumirse lo más importante dicho por Claudia Sheinbaum en estos últimos días. Nadie se habrá sorprendido por la primera afirmación, pues está apuntalada ahí por su propio jefe y maestro, el Presidente López Obrador. La segunda noticia sí llama la atención, pero más que nada por seguir los pasos y el ritual realizado no hace mucho tiempo por Enrique Peña Nieto, quien cuando se sabía ya candidato del tricolor (aún era gobernador mexiquense) contrajo nupcias con la actriz Angélica Rivera. Boda de telenovela y por conveniencia. Una vez terminado su objetivo, al dejar Los Pinos, el divorcio llegó y las diferencias profundas afloraron.

Claudia Sheinbaum anunció por primera ocasión, y de manera abierta, que sí quiere ser presidenta de México. Ese mismo día informó que pronto se volverá a casar, ahora con Jesús María Tarriba Unger, compañero de la UNAM.

Vicente Fox Quesada ya como presidente de México se casó con Marta Sahagún. Formalizó su relación con su colaboradora, novia y asesora. A diferencia de la unión de Peña-Rivera, la de Fox-Sahagún ha perdurado. Y es en ese contexto que quien ahora se encamina a pelear por la silla presidencial, toma el mismo camino del priísta y panista mencionados, pues no desea verse sólo como divorciada de Carlos Imaz (el de los sobres y ligas), sino como esposa de su novio Jesús María Tarriba Unger, a quien conoció en su época de estudiante en la UNAM. Más vale no decir “de esa agua no he de beber”, ¿verdad?

Todos se preguntan qué hará Ricardo Monreal respecto a su futuro político. La verdad es que fuera de Morena y del aprecio de AMLO está desde hace tiempo. La pregunta relevante es ¿qué hará Marcelo Ebrard, pues Sheinbaum ya se le despegó varias vueltas? A él, se le ve feliz en Qatar o donde lo manden, como a los funerales de la reina Isabel II. ¿Feliz en verdad? Lo dudamos. Nos resistimos a creer que se haya prestado a la farsa de ser precandidato como Adán Augusto López. ¿Hará algo don Marcelo o volverá a bajar la cabeza ante López Obrador?

Marcelo Ebrard acudió a Qatar al Mundial de la FIFA. Antes estuvo en el sepelio de la reina de Gran Bretaña. Por voluntad propia u obligado, se aleja de los reflectores políticos y parece ceder el paso a la jefa de Gobierno de la CDMX en la carrera presidencial. ¿Será así? ¿Se someterá otra vez a la voluntad de López Obrador?

 

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EN PRIMERA PERSONA

Enojado, acorralado y ‘patadas de ahogado’

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AMLO, vengativo, vanidoso y egoísta tras la exitosa marcha para defender al INE * Perdió el Presidente la oportunidad de acabar con un México dividido y mostrarse como estadista; prefirió injuria y ataque • Enfurecido y lesionado en su orgullo, López Obrador convoca a la contramarcha para demostrar quién tiene más “músculo” • Usó Claudia Sheinbaum cámaras y personal de la Secretaría de Seguridad para grabar y exhibir después a los opositores • Si el PRI no recula, ya pueden enterrar la reforma electoral; sólo serían cambios a leyes secundarias para decir que ganaron

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Antes de dormir el pasado domingo 13 de noviembre, por un momento pensé que el Presidente Andrés Manuel López Obrador podría hacer la jugada maestra de toda su administración para, por fin, escuchar las voces disidentes y acabar de una buena vez con un México dividido y encolerizado. En verdad, quise que lo hiciera. En favor del país; en favor de él mismo.

El paso era relativamente sencillo, pero requería de humildad. Salir el lunes siguiente en la Mañanera para hacer un análisis sensato y justo de las marchas que se dieron en más de 20 ciudades de México y que congregaron a decenas o cientos de miles de mexicanos para clamar “el Instituto Nacional Electoral no se toca”. Se trataba de dar un paso al lado, no hacia atrás, para reconocer el sentir de miles de sus gobernados. Pudo López Obrador admitir que en un tema tan polémico y delicado, como es el de la reforma electoral, retiraba su iniciativa de reforma constitucional o, al menos, que sacaba del documento todo lo relacionado al INE y al TEPJF.

Entre burlas y descalificaciones, López Obrador exhibió videos y fotos de polémicos políticos que participaron en la marcha. Su objetivo fue minimizar el movimiento en defensa del INE.

¿Habrá pasado esa idea por su cabeza? ¿Algunos de sus consejeros, ministros, amigos o familiares le habrían pronunciado esa posibilidad? Jamás lo sabremos. Lo que sí es un hecho es que quien habita en Palacio Nacional dejó ir la oportunidad de su sexenio y dar cachetada con guante blanco a sus detractores y a todos los que pensamos diferente.

A la luz de los hechos y dichos de López Obrador luego de la marcha, estamos ciertos que esa movilización, minimizada por Martí Batres, secretario de Gobierno de la CDMX; por la propia Claudia Sheinbaum y por todo militante o simpatizante de la 4T (Cuarta Transformación o Transformación de cuarta), dejó demasiado molesto y herido en su orgullo a quien se ostenta como “el rey de las marchas”. Y sin duda lo es. Como también es “El Rey del Cash”.

Martí Batres, secretario de Gobierno de la CDMX, tuvo el descaro de mentir públicamente al estimar que marcharon entre 10 y 12 mil personas.

 

MAYOR ENCONO Y DESCALIFICACIONES

Si la semana anterior a la movilización cívica y social, el tabasqueño ya había lanzado todo tipo de descalificativos a los convocantes y participantes, luego de ella los ataques no han cesado. Esto indica, por un lado, que las marchas lograron el objetivo de llamar la atención no sólo en México, sino también en el exterior; y por el otro, que el ego presidencial fue lastimado.

Decenas de miles de mexicanos tomaron Paseo de la Reforma y calles aledañas para defender al INE y al TEPJF del intento gubernamental por transformarlos a su gusto y con ello acabar con su independencia.

Pero hay algo más, como se anotaba la otra ocasión: el Ejecutivo federal se vuelve muy peligroso al salir de sus cabales y cerrar ojos y oídos a la razón. ¿El riesgo? Pasar de la agresión verbal presidencial a la agresión física de sus simpatizantes.

El diputado Porfirio Muñoz Ledo y Jesús Zambrano, presidente del PRD, fueron figuras claves en el crecimiento político de Andrés Manuel López Obrador. Ahora ambos personajes han declarado, sin pelos en la lengua, que AMLO ha enloquecido y que ahora tiene sueños de dictador. Las afrentas entre estos actores debieron ser severas. Pero el pensamiento de que el Presidente “está de atar” ya es más persistente.

La verdad es que López Obrador sí está enfermo, al menos de poder. Así ha sido toda su vida pública. Desafortunadamente para él, ya llegó a la cima y no hay nada más para su carrera. El asunto es que se resiste a entender su realidad. La única manera de revertir lo inevitable es la reelección que, por supuesto, está descartada por la Carta Magna. ¿Y entonces? Busca a toda costa prolongar su mandato a través de quienes cree le son incondicionales y que ganarán la silla presidencial. ¿Estarán de acuerdo Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard? Lo dudo mucho. Ahora le dirán que sí, pero después intentarán sacudírselo.

 

SE PARECE MAS A PORFIRIO QUE A FRANCISCO I. MADERO

Al convocar a la contramarcha, el Presidente muestra sed de venganza, pues su vanidad y ego han sido lastimados. Quiere demostrar músculo político y claro que lo logrará. ¿Para qué? Sí, sólo para gritar a los cuatro vientos que el pueblo está con él y de acuerdo con su gobierno. Quiere restregar en la cara de los opositores y en los millones de mexicanos que no le creen ni confían en su administración que tiene más capacidad de movilización y, con eso, quitar toda legitimidad a la pasada movilización ciudadana.

Lo único cierto es que la reforma propuesta por AMLO está casi muerta después de la marcha y más si los legisladores priístas no se echan para atrás. Eso lo sabe la 4T, y la iniciativa para cambiar leyes secundarias son sólo patadas de ahogado, pues les será imposible tocar al INE y al TEPJF.

Alejandro Moreno y demás diputados priístas advirtieron que la reforma no pasará. Si no reculan, la iniciativa ya es cadáver.

Nada, absolutamente nada, ganará AMLO con esa estrategia, sino dividir más al ya polarizado país. ¿Un Presidente encabezando una marcha? Sólo en México se podía dar y únicamente es posible con el señor Andrés Manuel. Primero yo, después yo y al último yo.

“Lo mío no es la venganza”, ha repetido en incontables ocasiones, pero los hechos demuestran lo contrario. También ha dicho que lo suyo no es “mentir, robar ni traicionar”. También ha fallado. ¿Robar? Ahí están sus hermanos recibiendo sobres con dinero mal habido; funcionarios de su administración en operación carrusel para depositar efectivo en cuentas bancarias; René Bejarano y Carlos Imaz; Delfina no se queda atrás. Presenten pruebas, retará. ¿Más? Ya llegará algún partido opositor al poder para revelar esas tropelías y la “honestidad valiente”. ¿No traicionar? Él le llama cambio de opinión y así militarizó al país en materia de combate a la inseguridad. ¿Mentir? Bueno, eso ya suena a descaro.

López Obrador aspira a ser comparado, ya lo dijimos, con Miguel Hidalgo, José María Morelos y Francisco I. Madero, héroes mexicanos que sí movilizaron masas, casi al país entero, pero en otras circunstancias. Sus marcos de referencia fueron los movimientos de Independencia y de la Revolución. ¿Y ahora? México es más democrático y no existe ningún problema social. Eso no parece importar. Si no hay problema, pues lo creamos y, después, lo solucionamos.

El actual mandatario se enfila a ser comparado no con quienes él quiere, sino con Porfirio Díaz, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, por mencionar a sus homólogos más cercanos que gobernaron en esa tesitura.

Mire usted, si no es así. Sin tapujo alguno y desde Palacio Nacional, López Obrador evidenció a los políticos y actores sociales que acudieron a la marcha. Usó las cámaras de la Secretaría de Seguridad para perseguirlos en su caminar por Paseo de la Reforma. ¿Y la seguridad? Bien, gracias. Los instrumentos del Estado mexicano al servicio del espionaje y la politiquería ruin. Después, proyectó las imágenes y dio a conocer sus nombres al tiempo que los descalificaba y agredía sin pudor. ¿El objetivo? Desacreditar toda la movilización. Pero no lo logró, sólo se exhibió como Claudia Sheinbaum, quien hizo exactamente lo mismo.

Las elecciones intermedias del 2021 mostraron la desaprobación de Claudia Sheinbaum de parte de los ciudadanos. Con la marcha, quedó de manifiesto que ya perdió el control político de la capital del país.

Habría que recordarles que aparte de Vicente Fox, Margarita Zavala, Santiago Creel, Claudio X. González, Elba Esther Gordillo, Alejandro Moreno, Donaldo Colosio Riojas, Roberto Madrazo, Laura Zapata, Sergio Mayer y José Narro Robles, entre otras figuras públicas que tienen el derecho de expresar su voz e inconformidad, marcharon cientos de miles más. ¿Nos ventanearán a todos?

Políticos de todos los colores marcharon para exigir #El INE NO SE TOCA.

¿Más autoritarismo y mentiras? Claro. Cómo es posible que el GDF, a cargo de Claudia Sheinbaum, haya calculado una asistencia a la marcha de entre 10 mil y 12 mil personas. Vaya descaro. El mismo Presidente desmintió esa cifra y, según sus cálculos, fueron cerca de 60 mil mexicanos. ¿Y los 10 mil? No había manera de sostenerlo cuando incluso del exterior se habló de más de 200 mil participantes. ¿Por qué faltar a la verdad? ¿Se les olvida que tienen responsabilidades y que darán cuenta de sus actos?

Sin acarreados, miles exigieron no a los cambios electorales que signifiquen retroceso democrático.

Uno de los memes de la semana y del sexenio es aquel que enfatiza que si la 4T no es capaz de contar cuántas personas marcharon el 13 de noviembre; si han mentido en el número de los fallecidos por el Covid, y también desaciertan en la cantidad de personas desaparecidas en los últimos cuatro años, cómo habrá de confiárseles el conteo de los votos que pretenden al controlar al INE.

 

¿STRIPTEASE DE QUIÉN?

“Fue muy importante, fue una especie de striptease político del conservadurismo en México”. Esas fueron las palabras de AMLO para resumir la marcha. ¿Qué quiso decir?

La respuesta a la movilización fue numerosa y exitosa.

Si antes había retado que se quitaran ya las máscaras, suponemos que dio a entender que los conservadores salieron a encuerarse. Esa es la altura política que mostró el inquilino de Palacio Nacional. Si expresar malestar e inconformidad por la intención de dinamitar al INE es encuerarse, pues sí ¡nos encueramos cientos de miles y lo volveríamos a hacer!

Pero en realidad quien ha quedado al desnudo en las últimas semanas y meses es el propio López Obrador. Igual hay que decir que Lorenzo Córdova, presidente del INE, se ha mostrado desnudo con sus desaciertos y protagonismo.

La furia y el enojo presidencial no cesan, sino van en aumento. De las descalificaciones como: rateros, hipócritas, achichincles, despistados, racistas, aspiracionistas, fifis, cretinos, corruptazos vulgares, ambiciosos, sinvergüenzas, corruptos, inmorales, alcahuetes y saqueadores, pasó a desacreditar la marcha, pero más allá de eso, ha convocado a sus incondicionales a demostrar “quién es más chingón”. Ese es el nivel al que ha rebajado el gobierno actual al diálogo y la política. No es que los anteriores lo hayan hecho mejor, en absoluto, pero el presente prometió no volverlo a hacer.

La voz de muchos mexicanos resonó no únicamente en la CDMX, sino en todo el país.

Ya encarrerado, AMLO llama a votar con los ojos cerrados a todos los mexicanos. Sí, a que en las próximas elecciones presidenciales todos emitan los sufragios en favor de Morena. No sólo los que servirán para elegir al próximo presidente o presidenta, sino para que esa oleada de votos lleve a las curules del Congreso de la Unión a legisladores morenistas que no tendrán ningún empacho en aprobar toda iniciativa que mande, obvio, López Obrador, a través de su títere en turno en Palacio Nacional. AMLO convoca a borrar en las urnas a la oposición. Un Presidente ya sin control, en plena campaña cuando aún le quedan casi dos años de mandato. Ese es el Mandatario que ha quedado desnudo ante los ojos de los mexicanos y los ojos del mundo. Ese es el demócrata que niega que busque destruir al INE y al TEPJF.

Que le quede muy claro también a Lorenzo Córdova que de ninguna manera la marcha fue para respaldarlo a él ni alguno de los consejeros. Ninguna consigna hubo en su favor, en cambio sí para el INE. Calladito se ve más bonito, pero eso no es lo suyo. Es político y deja entrever sus ambiciones de crecimiento y proyección política. ¿Tiene derecho? Sí, por supuesto. Sin embargo, todavía le restan algunos meses al frente del Instituto y mientras tanto bien la valdría honrar su encargo y no montarse en el INE ni en la marcha. Ya tendrá tiempo de sobra, una vez que deje su puesto, para sumarse a algún partido o lanzarse como independiente en la búsqueda de alguna candidatura, aunque en realidad la que anhela es la presidencial. ¡Fuera máscaras, presidente consejero! No más simulaciones que sólo dañan su investidura y al propio INE.

El protagonismo de Lorenzo Córdova, presidente del INE, ha dejado mucho que desear. Tal pareciera que desea participar en la carrera por algún cargo de elección popular.

 

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