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POR LA ESPIRAL

¿Sucederá un gran apagón en Europa?

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Austria mete el miedo en el cuerpo * Karl Nehammer, ministro del Interior austriaco, también confirma que habrá constantes protocolos de actuación en el Ejército para capacitar a sus soldados de qué hacer ante una situación en que deban apoyar a la población ante la falta constante del suministro eléctrico

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

¿Cuándo puede suceder un gran apagón en Europa? En Austria no lo saben, pero por lo pronto ya implementaron una campaña titulada: “Qué hacer cuando todo se para” con la finalidad de que su población esté preparada en sus casas para afrontar -lo mejor posible- una situación de emergencia derivada de la falta de suministro eléctrico ante lo que, aconseja, almacenar botellas con agua, radio con pilas, velas, comida enlatada y alguna batería portátil.

Karl Nehammer, ministro del Interior austriaco, también confirma que habrá constantes protocolos de actuación en el Ejército para capacitar a sus soldados de qué hacer ante una situación en que deban apoyar a la población ante la falta constante del suministro eléctrico.

Pero ¿qué tan real puede ser un apagón generalizado en Europa? Al respecto hablé con el español Rafael Alcalá, socio director de Trebol Energía en el país ibérico, y en su opinión “son alarmas” con un riesgo mínimo.

“Evidentemente hay una ruptura en las cadenas de suministro, pero la alerta de Austria quizá sea entendible porque ellos están en una situación bastante delicada porque la única forma que tienen de tener gas es por tubo y viene de Rusia. En cambio, en España, el riesgo es mínimo. Lo  hemos contrastado con muchos de los profesionales del sector”, me dijo el experto de una de las consultoras energéticas más prestigiosas del país ibérico.

Respecto de la situación particular de la economía española, Alcalá señaló que el 60% del suministro actual en 2020, entró por barco y el restante lo hizo por tubería; ante lo que, remarcó, una falta de suministro eléctrico sería poco probable porque el gas sigue llegando y además se tienen reservas para 40 días sin recibir suministro de gas.

“Hay  la capacidad de regasificar y entendemos que el riesgo es mínimo, si bien pueden pasar muchas cosas en la cadena de suministro entendemos que no es una posibilidad real. Además, España recibe por puerto esos barcos para suministrar el gas a otros países europeos”, puntualizó.

 

A su juicio esto hace que la posición española sea más fuerte en comparación con otros países como la propia Austria o inclusive con más ventajas que Alemania.

En este final de 2021, ¿qué ha fallado verdaderamente  para que estemos ante nuevos nubarrones, es todo culpa del desequilibrio entre la oferta y la demanda provocado por la incapacidad de respuesta de la distribución?

Según Alcalá hay un mix: “Tenemos una alta demanda energética en la parte asiática en China y en Japón que ha incrementado mucho la demanda de gas notablemente y se está viendo que enfrentan problemas para obtenerlo porque están teniendo apagones; por otro lado, sucedió una ruptura de la producción de gas porque se ha reducido, tenemos a Rusia que ha reducido su capacidad de enviar gas y ha hecho que suba el precio; y también el transporte se ha encarecido, los barcos disponibles han incrementado su costo… así es que el precio del gas ha subido en origen y ha subido para transportarlo… digamos que es la tormenta perfecta.

 

A COLACIÓN

Le pregunté si estamos ante un riesgo de abastecimiento, a lo que el experto me respondió que “no, de ninguna forma”. En su postura, tenemos un incremento en los precios por un desajuste entre oferta y demanda en la distribución del gas principalmente.

“Y digamos, que ante la menor oferta de gas, lo que sucede es que aumentan los precios porque los buques disponibles salen subastados más caros. El precio de la extracción de gas no ha aumentado, pero sí la logística y cuando China y Japón están dispuestos a pagar ese gas más caro, los productores de Nigeria, Estados Unidos o Argelia mandan sus barcos”, añadió Alcalá.

De la temporalidad de este desajuste que podría terminar provocando un shock en el mercado energético si se extiende en el tiempo, Alcalá refirió que las previsiones que ellos tienen y lo que aventuran los futuros energéticos señalan que a mediados del año que viene empezará a revertir esta situación.

“A partir del segundo trimestre se irá revirtiendo y empezará a normalizarse a los datos anteriores… esas son las previsiones; bien sabemos que una decisión geopolítica sobre del gas puede hacer variar todo y está a la orden del día. El gas no es una variable clara, es una multivariable que responde a varios factores”.

Entonces, ¿el mayor problema está en el gas? Alcalá me señaló que así es: “Porque la producción de la energía en Europa, el que marca el precio es el gas. El fuel o el Brent no influyen tanto en el precio de la energía eléctrica porque es muy poco con el que se produce… el caso del gas es distinto. En España, hay más transporte público que funciona con gas natural que con Brent”.

 

Twitter: @claudialunapale

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El ‘Corazón valiente’ de Zelenski

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El gran ganador de la guerra Rusia-Ucrania * Volodímir es alabado por su posición rocosa, temeraria, liderazgo y echada para adelante, siendo, como si fuera pandemia, un foco de contagio de valentía para la OTAN y la UE

CLAUDIA LUNA PALENCIA

Las guerras del siglo XXI ya no serán lo que eran antes. La tecnología cualificada sumada al desarrollo digital está haciendo que la invasión de Rusia a Ucrania sea una lucha de estrategias cada vez más minuciosa y especializada.
En la actualidad, un dron fabricado en Turquía como el Bayraktar, tiene un costo promedio entre 1 a 2 millones de dólares, dependiendo del modelo elegido puede colapsar una larga columna de tanques rusos destruyendo de forma silenciosa a varios vehículos y dejando caer cargas explosivas en vagones de tren con suministros para los enemigos.
Me atrevo a decir que todos los órganos de defensa a nivel mundial están tomando nota de esta guerra que prácticamente estamos viviendo en directo y analizan los fallos de la ofensiva rusa y los aciertos de la defensiva ucraniana.
Esta es la lucha titánica entre un país con armas nucleares que presume de potencia militar, contra otro que carece de éstas y con un menor arsenal militar, pero que no se ha amedrentado en ningún momento.


La guerra de Putin sigue sumando días y con su paso un desgaste anímico y psicológico que empieza a hacer mella, sobre todo en el invasor urgido por volver a su casa, abrazar a su familia y seguir con su vida. No se descarta la imposición de la Ley Marcial en Rusia.
La victoria del dictador ruso no es posible -hasta el momento- porque todos sus cálculos, los de sus futuribles, han quedado en añicos gracias a que el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, no salió corriendo en el momento de la invasión. Eso ha roto todos los esquemas.


Zelenski es un gobernante con sus propios pecados, eso no lo podemos negar, de hecho su nombre figuró en la lista de los Panamá Papers y Ucrania permanecía (y permanece) señalada por sus elevados niveles de corrupción y por la desigual falta de oportunidades entre su población, pero no se le puede reprochar a este empresario de la comunicación y actor la posición asumida por él ante la asonada bélica.
Si Zelenski hubiese huido quizá en estos momentos no atravesaríamos el día 77 de la ocupación que sigue sumando destrucción de edificios, de ciudades, asesinatos de miles de civiles y que deja numerosas bajas tanto en el ejército ucraniano como en el ruso.
Al cómico, al que tanto se le denostó por carecer de una larga experiencia política, ahora es alabado por su posición rocosa, envalentonada, temeraria y echada para adelante; demostrando además una gran capacidad de liderazgo, de mantener la calma, a pesar de saberse él y su familia objetivos del Kremlin.
Eso ha cambiado el juego. Se ha quedado para defender a su país, a pesar del riesgo de morir él y los suyos. Esa postura ha insuflado de una moral elevadísima a los ucranianos que tienen un objetivo claro: repeler a los rusos, ganarles, matarlos y recuperar su territorio.
Esa moral alta contrasta con la desmoralización de las tropas rusas que no saben por qué razón han dejado su vida, del día tras día, para ir a morir a un país extranjero que no les ha atacado y al que ellos están invadiendo porque al dictador del Kremlin le encaja en sus planes supremacistas.

A COLACIÓN
Y Zelenski le ha dado un propósito a la OTAN al no huir. Le ha abierto la puerta a la enorme oportunidad de mostrar cierta cohesión entre sus países miembros; sobre todo ha sacado a la Alianza del coma y también ha inyectado vitaminas y vida a la Unión Europea (UE).


A su vez, Estados Unidos tiene la coyuntura de borrar la calamitosa salida de Afganistán, fueron días de una pésima imagen de debilidad y además estuvo enfrentado con otros aliados que sacaron sus tropas de forma bochornosa porque Washington no los tomó en cuenta para llevar a cabo una estrategia digna de retirada conjunta de Afganistán.
Putin creyó que esa ventana de debilidad también le brindaba a él una oportunidad para invadir Ucrania y que no pasaría nada más allá de las sanciones porque Zelenski huiría y entonces Kiev caería en menos de dos días y el Kremlin reinstalaría a Víktor Yanukóvich en el poder.


Nada de esto ha sucedido, porque la valentía del líder ucraniano ha dado también valentía a la OTAN y a la UE, como si fuese un efecto de contagio. Zelenski resiste y Occidente le da armas y arropa a Ucrania con dinero, con sanciones históricas contra Rusia, recibiendo a los refugiados y aceptando in extremis la adhesión del país a las filas del club europeo.
De consumarse, la UE tendría en parte que pagar la reconstrucción ucraniana, costearla con el dinero de sus contribuyentes. ¿Puede Ucrania ganar la guerra? Si Putin no aprieta el botón nuclear… puede ganarla. Si el Grupo Wagner no mata a Zelenski… puede ganarla.

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Criptomonedas, ¿la asesina de billetes y monedas?

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El dinero de la mafia va al universo del dinero digital * Hay una telaraña de intereses entretejida alrededor de una red criminal que usa las criptomonedas para robar a las personas

CLAUDIA LUNA PALENCIA

Alrededor de las criptomonedas hay toda una literatura cada vez más extendida: una en favor de su utilidad y como rostro de un futuro que parece inevitable, sin dinero físico de por medio, la sepultura de todas las monedas y los billetes contantes y sonantes.
Otra es negra: habla de fraudes, lavado de dinero, de servir al crimen para evadir a los bancos y a los sistemas financieros proporcionándoles desde Internet un mundo financiero paralelo grisáceo y opaco. El dinero de la mafia va al universo del dinero digital, al menos, eso dicen las malas lenguas.
Algunas webs como bitcoin.org ofrecen el anonimato en las transacciones y pagos rápidos internacionales: “Los bitcoins pueden ser transferidos desde África a Canadá en 10 minutos. No existe un banco que retrase el proceso, honorarios escandalosos o congelar la transferencia”.
Sin una regulación internacional, ni una supervisión prudencial por parte de algún banco central, las criptomonedas siguen estando fuera de la arquitectura financiera actual… al menos hasta el momento.
Al misterio de su creación, en 2009 por alguien que se hace llamar Satoshi Nakamoto, que no ha dado la cara y que se especula podría ser un grupo de personas bajo ese seudónimo, con el paso de los años los bitcoins han ido atrapando primordialmente a la Generación Z y a la Millennial y también a ciertos inversores proclives al riesgo.


Cada vez más gente ha probado inversiones en criptoactivos y no siempre han salido bien, las historias de fraudes reales en un país y en otro, finalmente han llamado la atención de las autoridades supervisoras, cuya postura se había limitado únicamente a advertir que una inversión en bitcoins o similares está fuera del alcance legal del sistema financiero y que un fraude es potencialmente probable.
El gancho utilizado es el de la clásica pirámide: la gente primero cambia poquito dinero a criptomonedas, para ver cómo funciona y qué tal va; los primeros tres a seis meses observa cómo ese poquito dinero cumple con sus expectativas de súbita revalorización… y así se anima a cambiar más.


Desde Internet, las páginas webs dedicadas a captar potenciales inversores anuncian subidas espectaculares: “Si en enero de 2010 hubieses comprado 100 euros de bitcoins y vendido en noviembre de 2013, el valor hubiera sido de 120 millones de euros. No está nada mal ¿verdad? Pasar de 100 euros a 120 millones de euros en tan sólo 3 años. Y todo ello con una inversión de risa, parece un sueño”.

A COLACIÓN
Hace unos meses en España, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) pidió al Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid que bloqueara un monedero digital gestionado precisamente por Coinbase con sede en Londres, Reino Unido.
Se trata de una estafa con criptomonedas con múltiples afectados no sólo de España, sino de varios países, gente que durante la pandemia -desde sus casas- pensó que “protegía” su dinero de las consecuencias económicas derivadas de la urgencia sanitaria cambiándolo a inversiones en moneda virtual.
Los defraudados son principalmente estudiantes y gente trabajadora y varios pensionistas que invirtieron una parte o todos los ahorros de su vida.
El dinero invertido por las personas defraudadas, a partir de registros de la UDEF, superaría en conjunto los 20 millones de euros cambiados a un monedero de la entidad Konto.Fx.
Hay una telaraña de intereses entretejida alrededor de una red criminal que usa las criptomonedas para robar a las personas.


El Juzgado 31 investiga a unas 120 personas mientras que la policía científica y cibernética revisa 78 dominios de Internet; es tan extensa la red que abarca 30 países y tiene más de 235 cuentas bancarias y casi mil distintos números de teléfono para llamar a los incautos.
Sin embargo, a pesar de todo el misterio en torno al mundo de las criptomonedas y los criptoactivos, siguen captando más adeptos, gente que libremente cree en este modelo.
La semana pasada, el Banco de España alertó acerca del crecimiento “exponencial” en la negociación de cripotactivos advirtiendo que no tienen soporte de activos financieros tradicionales, ni están regulados, ni amparados por ningún banco central.


La realidad es que tarde o temprano tendrá que tomarse una medida al respecto.

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Gobierno débil, el riesgo de Macron

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En Francia gana la abstención * El país galo de la libertad, la igualdad y la fraternidad es un termómetro social y político de lo que pasa en el espectro europeo

CLAUDIA LUNA PALENCIA

Han sido unas elecciones presidenciales en las que el miedo a la ultraderecha ha ido perdiéndose en la medida que la situación socioeconómica empeora y se culpa de ello a la globalización, a la inmigración y a la Unión Europea (UE).
En Francia, ha ganado la abstención ubicada en el 28.2%, la mayor de los últimos cincuenta años.
Emmanuel Macron, obstinado por seguir mostrándose como una opción centrista renovada, seguirá gobernando otros cinco años, pero lo hará teniendo a su costado el acecho de los nacionalistas (con su visión más rancia y rupturista) y sus pretensiones de derribar las columnas de la mundialización para volver al proteccionismo.
Los primeros datos de esta gesta electoral, de segunda vuelta, son elocuentes y reveladores del estado de ánimo de la población que no se siente representada por Macron, ni por su contrincante en las urnas, la ultraconservadora Marine Le Pen.


Hay una indiferencia preocupante entre el electorado. Casi un 30% del mismo decidió -peligrosamente- quedarse en casa, no ejercer su derecho máximo de elección democrática porque simplemente ha pasado de Macron y de Le Pen.
A ese grupo que se abstuvo, le daba exactamente lo mismo que los próximos cinco años lo gobernase un europeísta que una euroescéptica; le daba lo mismo que lo gobernase una persona en favor de la globalización, que una conservadora y localista. Que alguien, inclusive, pudiese seguir en determinado momento el mismo camino que Reino Unido con su Brexit.
El silencio de esa masa es doloroso y Macron, que ha ganado con el 58.8% de los votos, lo entiende. Así lo ha manifestado en su discurso tras verse ganador; él ha prometido que esta reelección, para otro quinquenio, no será igual a su anterior gobierno.
Ha reiterado que está consciente de la cólera, la rabia y la ira de esas personas que no lo votaron y entre estos muchos jóvenes.


Hay una indiferencia inquietante porque cada vez más personas no se sienten representadas en los partidos tradicionales ni en las nuevas fuerzas políticas.
A Macron le ha votado un elector que todavía le teme a Le Pen, que ve en su discurso la apología del odio contra el diferente.
La candidata, por Agrupación Nacional, sabe que a pesar de haber obtenido el 41.2% de los votos y quedarse a una distancia de 17.6 puntos de Macron, ha mejorado sus resultados en comparación con la segunda vuelta de 2017, también contra Macron y en la que quedó a una distancia de 30 puntos.
Sabe que su discurso ha calado en más gente y que se ha visto beneficiada por la indiferencia de tan alto abstencionismo porque entre un gobierno blanco o un gobierno negro, se optó por quedarse en casa.
Una victoria de Le Pen es lo peor que le hubiese podido suceder a Francia y a la UE en pleno momento de cohesión del bloque ante la invasión rusa de Ucrania en la que se discuten e imponen sanciones y se condena la ocupación bélica.


El triunfo de Macron, su reelección, proporciona un respiro a la UE que volverá a dormir tranquila tras conocerse los resultados, aunque ninguna democracia puede quedarse cruzada de brazos ante el acecho de la ultraderecha.
En los mecanismos de representación actual hay fallos. Macron es un candidato joven, de 44 años de edad, su visión, por ende, debería estar más cercana a la generación de los millennial que sigue sintiéndose damnificada por la crisis de 2008; por la crisis desatada a raíz de la pandemia y ahora por el cisma en los mercados de las materias primas provocado por la invasión rusa a Ucrania.
La Francia de la libertad, la igualdad y la fraternidad es un termómetro social y político de lo que pasa en el espectro europeo, con una nación multicultural, en la que han llegado a estar en juego aspectos como vestir con la hiyab que Macron defiende como parte de la libertad de su nación amparada por la Constitución laica y republicana, pero que Le Pen trae en la mira con un referendo para prohibirlo.

A COLACIÓN
Le Pen, de 53 años, también es joven y aspira tan ambiciosa como es a aglutinar a todos los colores de la derecha y seguirá trabajando con ahínco por conquistar a la Francia olvidada de las actuales políticas públicas que orbita en las campiñas y en los suburbios marginales.
En su discurso, tras reconocer la victoria de Macron, dijo que el tiempo de los partidos tradicionales ha terminado.
Ella ha encontrado -y cada vez más- mayor eco en los territorios franceses de ultramar que se sienten muy lejos de las políticas del Elíseo, con una irritación que ha dado votos importantes en Guadalupe (Le Pen 69.6% y Macron 30.4%); Martinica y Guyana Francesa (ganó con el 61%); en San Bartolomé y San Martín (55.52%); en San Pedro y Miquelón (50.69%) y sólo en la Polinesia francesa Macron salió vencedor (51.81%).
Hacía mucho que no se tenía un resultado tan malo en unas elecciones francesas, la democracia está sufriendo convulsiones no sólo en Francia sino en muchos otros países y atravesamos tiempos volátiles, confusos y enrarecidos por la guerra, por la pandemia y por la destrucción de muchos valores que suman y unifican.
Macron se reelige, pero corre el riesgo de tener un gobierno débil: la fecha clave para saber el rumbo de la gobernabilidad de los próximos años serán las elecciones legislativas del próximo 12 de junio de 2022 y el panorama puede ser sumamente complicado si la République en Marche! no saca a la gente de sus casas.
Macron ha ganado porque la indiferencia decidió quedarse dormida este domingo y porque de la izquierda, más o menos moderada, del partido Francia Insumisa que lidera Jean-Luc Mélenchon le votaron un 42% de sus correligionarios.

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