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POR LA ESPIRAL

Crisis en el Partido Popular

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El escándalo ha dejado un mal sabor de boca entre sus votantes * La meta de todos está puesta en 2024: el socialista Sánchez quiere quedarse otros cuatro años más en el poder, sin embargo, para conseguir la reelección de no tener la mayoría tendría que volver a buscar un pacto de gobierno * ¡Otra vez Galicia!

CLAUDIA LUNA PALENCIA

El cónclave en Sevilla del Partido Popular (PP) despidió a Pablo Casado, el líder defenestrado por sí mismo, por su propia vanidad y soberbia, que no supo calibrar bien el poder natural de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, que, durante la gestión de la pandemia, ha encontrado en esta misma su mayor baza para hacer que la capital de España vaya casi a contracorriente de las decisiones tomadas desde la Moncloa en los aspectos más esenciales alrededor de la urgencia sanitaria provocada por el SARS-CoV-2 y la implementación de dolorosos cierres y cuarentenas que han provocado muchos quebrantos económicos.
Casado que ya llevaba varios traspiés, dando bandazos respecto de su posición y oposición ante el gobierno del socialista Pedro Sánchez, nunca terminó de convencer del todo al núcleo duro de su propio partido y también, hay que decirlo, a muchos votantes que desencantados se han escorado hacia VOX.


Empezaba a desinflarse y no consiguió aglutinar todos los apoyos adentro de su propio partido, se vio opacado por Díaz Ayuso, aunque ella insistentemente señalaba que no tenía intención de dirigir al PP ni de aspirar a más.
Sea verdad o sea mentira, en un acto de envidia pura y dura, al parecer el propio Casado habría ordenado investigar el entorno de la lideresa madrileña buscando asuntos turbios que pudieran desgastarla ante la opinión pública y, por ende, caer de la gracia del PP.
El ‘ayusogate’ ha terminado con la carrera política del propio Casado, tras los rifirrafes que a nivel nacional protagonizó con Díaz Ayuso, ante las denuncias de que la presidenta de la Comunidad de Madrid o alguien de su entorno (por órdenes de ella) habrían beneficiado a su hermano Tomás, en pleno auge de la pandemia y cuando escaseaban las mascarillas, para supuestamente favorecerlo con sendos contratos para suministrarlas. Él es empresario.


La revelación de estos contratos, según Díaz Ayuso, ventilados desde el entorno de Casado con la finalidad de desgastarla políticamente ha terminado con él fuera del partido y la esfera política. Y con la madrileña bajo la lupa porque los grupos de la oposición están interesados en los contratos para el suministro de mascarillas concedidos en 2020 y 2021; y también Anticorrupción está llevando a cabo diligencias para investigar al respecto bajo el supuesto del tráfico de influencias y más recientemente, la propia Fiscalía Europea se ha interesado por el caso porque, al parecer, las mascarillas adquiridas por la Comunidad de Madrid fueron pagadas con recursos del Fondo Europeo de Desarrollo.

A COLACIÓN
Todo este escándalo ha provocado un cisma interno en el Partido Popular y ha dejado un mal sabor entre sus votantes que ahora intentan recuperar la fe con el nuevo líder de los blanquiazules, de la mano del gallego Alberto Núñez Feijóo.
Nacido en Orense, se trata de un político consolidado, sólido y muy previsible. Lidera la Junta de Galicia desde 2009 y no en pocas ocasiones ha sonado para presidir el partido y como posible candidato a la Presidencia de España. Feijóo tiene la virtud de saber estar, pero sin querer todo el protagonismo a costa de lo que sea.
En Galicia se le quiere. Su llegada a liderar el PP se interpreta como una forma de reequilibrar al partido de las rebatingas internas y reconducirlo hacia los valores de marca que tradicionalmente le caracterizan.


En la etapa de Casado, la ultraderecha de VOX se ha frotado las manos beneficiándose de los traspiés de los populares y de sus pugnas internas. Cada que baja el PP, sube VOX.
Esa fuga de votantes es una prioridad para Feijóo que, inteligentemente, ha posicionado dos polos para fortalecer al partido de cara a unas elecciones generales que serán celebradas en 2024: su propio feudo en Galicia y Andalucía, el bastión perdido por el PSOE tras fungir por cuatro décadas de polo de poder estratégico y en el que ahora gobierna el Partido Popular con una alianza de Ciudadanos y VOX.
Es curioso, pero los dos partidos políticos otrora columnas del bipartidismo español desde la democracia, PP y PSOE, intentan cada uno por su cuenta sacudirse las alianzas a las que se han visto forzados con partidos minoritarios, pero que se acercan dentro del espectro ideológico como sucede con VOX en el caso del PP y en el del PSOE con Unidas Podemos.
El nuevo PP de Feijóo sabe que, de ganar las elecciones generales en 2024, y de no contar con la mayoría necesaria para gobernar, se verá abocado a formar una alianza de gobierno con VOX si las perspectivas del partido de ultraderecha crecen en las ambiciones deseadas en el número de escaños.
VOX puede convertirse en la sombra del PP en varios gobiernos autonómicos y desde luego en las generales. Ya en Castilla y León será investido Alfonso Fernández Mañueco, del PP, tras pactar con VOX y no poder formar gobierno con otro partido (lleva tres meses con un gobierno en funciones).
La meta de todos está puesta en 2024: el socialista Sánchez quiere quedarse otros cuatro años más en el poder, sin embargo, para conseguir la reelección de no tener la mayoría tendría que volver a buscar un pacto de gobierno. No le ha sido fácil gobernar con Unidas Podemos y si no gana cómodamente se verá abocado -otra vez- a un pacto con la formación morada.


Un punto interesante: dentro del caleidoscopio político se anuncia un nuevo partido que se llama Futuro, su mentor es Javier Benavente Barrón, quien además nos ha invitado a su acto para dar a conocer esta nueva formación política que, hasta el momento, es un enigma.

POR LA ESPIRAL

¿Negociada la paz?

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Se reúnen tres líderes europeos con Zelenki en Ucrania * Ningún otro país bajo dichas circunstancias ha sido aceptado miembro de la UE. ¿Por qué Ucrania, que lleva largos años solicitándolo, tendría ahora el privilegio de ingresar cuando sigue devastado e invadido? 

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Han ido hasta Kiev, tras diez horas en tren, peligrosísimas para ver al mandatario ucraniano. Hasta allá se han desplazado tres líderes de los países fundadores del embrión de la Unión Europea: Francia, Alemania e Italia.

La visita del mandatario francés, Emmanuel Macron, del canciller germano, Olaf Scholz, y del primer ministro italiano, Mario Draghi, a la capital de Ucrania y a Irpin marca un hito histórico por ser la primera vez en la historia que tres líderes visitan in situ a un país que está siendo bombardeado por una potencia nuclear.

Pero también es una osadía temeraria. Por menos se ha iniciado una guerra mundial: recordemos el asesinato, el 28 de junio de 1914, del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. Ese hecho desencadenó la Primera Guerra Mundial.

No quiero imaginar siquiera un misil en el tren que transporta a los tres líderes europeos. Me parece una acción de una enorme irresponsabilidad y temeridad. Pero ya está hecha.

Porque hay que demostrarle hombría a Putin. Porque hay que demostrarle arrojo y valentía al sátrapa del Kremlin empeñado en su pensamiento y concepción de la Historia a favor de devolverle la grandeza histórica a Rusia desde la visión misma del retorno de la Unión Soviética pretendiendo así borrar y negar los cambios sufridos desde la década de 1990.

Hay un peligroso revisionismo y negacionismo histórico que pretende desconocer e ignorar las potestades territoriales y subsumir al mundo en un pasado rancio. Hacerlo implica no sólo atentar contra la democracia sino llevar al mundo a una involución histórica.

La visita a Kiev y la reunión con el mandatario Volodímir Zelenski lleva todo un mensaje cargado de intenciones, el primero que es absolutamente racional: ¿Cómo puede aceptarse a un país en guerra, invadido, como miembro de la Unión Europea (UE) si se ignora el derrotero inmediato que sufrirá?

Imagínese que el club europeo aceptase de facto, in extremis, a Ucrania como miembro 28 cuando está siendo ocupado, invadido militarmente, bombardeado y destruido. Resulta kafkiano hacerlo.

Ningún otro país bajo dichas circunstancias ha sido aceptado miembro de la UE. ¿Por qué Ucrania, que lleva largos años solicitándolo, tendría ahora el privilegio de ingresar cuando sigue devastado e invadido?

Hacerlo para la UE resultaría un proceso meramente irracional. No lo hizo en el pasado porque aducía problemas de corrupción y de democracia, que por cierto no han sido corregidos en medio de la destrucción provocada por Rusia.

La UE iniciará un proceso de candidatura formal de Ucrania y probablemente de Moldavia, en el peor momento para el primero y lo hará nada más por orgullo y por miedo a Putin.

Porque cuando el matón de turno te amenaza lo que hay que hacer es sacar arrojo, valentía y unidad.

Eso lo ha hecho la UE. El dilema es cómo resolverá lo de Ucrania y para ello baraja varias opciones: aceptar la solicitud de adhesión formal a cambio de que Zelenski tenga un acuerdo negociado de paz con el dictador ruso, Vladimir Putin, en el que quizá se logre un estatus de autonomía especial para los territorios invadidos por las tropas rusas. Léase la región del Donbás y los territorios que conectan con Crimea.

 

A COLACIÓN

Hace días atrás al gobierno de Kiev no le cayó bien que Macron hablase de darle una salida “la menos humillante” para Putin en la guerra dejando entrever que es necesario dejar una ventana -por muy pequeña que sea- para la negociación entre Kiev y el Kremlin.

Macron ha vuelto a insistir en su visita a Zelenski en la necesidad de buscar una vía negociada, una salida para una paz en una mesa, con la UE presente como actor garante.

Los próximos días serán cruciales para saber si esta visita tripartita, con abrazos y gestos múltiples, terminarán sentando a Zelenski en una mesa con Putin aceptando un estatus especial para el 20% del territorio ucraniano a cambio de comenzar el proceso de adhesión a la UE y fondos de reconstrucción.

Aunque, claro, lleva trampa: para que Ucrania realmente llegue a ser el miembro 28 podría demorar años… y ya no estarán Zelenski, ni Macron, ni Scholz, ni Draghi. Quizá tampoco exista la UE si finalmente los grupos radicales fagocitan Europa.

 

@claudialunapale

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POR LA ESPIRAL

Las bombas están cayendo en nuestros bolsillos

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Hay preocupación mundial * Han pasado más de cien días desde la invasión de las tropas rusas a Ucrania y las exportaciones de los países involucrados en el conflicto bélico brillan por su ausencia

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

No sale el trigo, ni el ruso, ni el ucraniano. El primero, afectado por las sanciones de Occidente contra Rusia y el segundo, porque los barcos ucranianos están varados en los puertos bajo control de las tropas rusas en el Mar de Azov y el Mar Negro.

Sin trigo no hay pan y sin éste, África se ve abocada a una inminente hambruna, según declaraciones de Macky Sall, líder de la Unión Africana y presidente de Senegal.

Además, preocupado porque ha pasado un trimestre sin que muchos países africanos reciban los cupos de cereales acostumbrados, Sall viajó al puerto de Sochi, en Rusia, para un encuentro personal con el dictador ruso. Ambos hablaron de que ni el trigo, ni ningún otro cereal, debe ser utilizado como un arma de guerra.

Para Putin, las sanciones de Occidente son las culpables de tal desbarajuste y para Ucrania, lo es Rusia que está boicoteando el tránsito de los granos.

Las dos economías venden la mayor cantidad de cereales en el mundo y no lo están haciendo: la ONU indica que, entre 2018 y 2020, nada más Rusia y Ucrania proveyeron el 44% del trigo consumido por África.

Han pasado cien días desde la invasión de las tropas rusas a Ucrania y las exportaciones de los países involucrados en el conflicto bélico brillan por su ausencia.

No sólo África está inquieta por la inusitada situación, también Europa, América y Asia. El Banco Mundial calcula que todo dependerá de la duración de la guerra en Ucrania y de cómo afectará las cadenas de suministros.

El organismo internacional indica que los efectos de la guerra en los mercados energéticos están nublando las perspectivas de crecimiento global.

La guerra en Ucrania ha provocado un aumento en los precios de una amplia gama de productos básicos relacionados con la energía.

António Guterres, titular de la ONU, habla de una crisis tridimensional: alimentaria, energética y financiera que terminará arrasando a los países más pobres, a las economías más pobres y a los pobres en todos los países del orbe.

La ONU ha vuelto a poner sobre la mesa la urgente y perentoria necesidad de llegar a un acuerdo de diálogo y paz entre Ucrania y Rusia; mientras, Jens Stoltenberg, cabeza de la OTAN, reitera incisivamente que “será una guerra larga”.

¿Qué bolsillo podrá aguantar los estragos de una guerra larga con sanciones tan férreas en el tiempo no sólo con efectos contra Rusia, sino contra prácticamente toda la aldea global?

En tres meses de invasión, la inflación a nivel mundial ha subido.

El campo ucraniano ha sufrido los estragos de la guerra, una parte sin agricultores porque están peleando en el frente repeliendo a las tropas rusas en la región del Donbás; otra, con los silos destruidos por los bombardeos rusos; y una más, con los barcos cargados con los granos pudriéndose en los contenedores porque no pueden salir a navegar. Un auténtico desastre.

 

 

A COLACIÓN

Es urgente que dejen salir los granos, asevera Amin Awad, coordinador de Crisis de Naciones Unidas para Ucrania, quien detalló además que no hay fertilizantes rusos, ni ucranianos, ni tampoco pienso y está generándose una profunda inquietud en muchos países cuyos ganaderos y agricultores se verán imposibilitados de seguir con su labor si continúa esta situación por más tiempo.

Awad explica la dimensión del problema: “Alrededor de 1 mil 500 millones de personas están necesitadas de esos alimentos y de fertilizantes en todo el mundo”.

Los primeros cien días de la invasión se cumplen en primavera. La ONU considera que la prolongación del conflicto y de todos los desequilibrios provocados en las materias primas sólo agudizarán un otoño e invierno que serán insoportables para millones de personas abocadas a la miseria, sin alimentos y sin energéticos para calentarse.

En esto momentos, la intención es que salga todo el grano de Ucrania por mar y para ello es necesario coordinar -en tiempos de guerra- que esta operación pueda darse sin que caigan bombas en los cargueros.

Hay un deterioro en el panorama económico mundial. El propio Guterres subraya que una guerra implica pasar hambre y que antes de la invasión a Ucrania, ya había un 60% de las personas desnutridas en el mundo localizadas en territorios de conflicto.

Sin el grano, hay 44 ​​millones de personas en 38 países en niveles de emergencia de hambre y con incrementos en los precios de hasta el 30% para los alimentos básicos en África y Oriente Medio.

Las bombas nos están cayendo en nuestros bolsillos… hay preocupación.

 

@claudialunapale

 

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POR LA ESPIRAL

En un conflicto bélico, la opinión pública manda

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Para muestra un botón: el fracaso de EU en Vietnam * Se busca hacerle entender a Putin que debe regresar a una mesa de diálogo y de negociación para retirar a sus tropas

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

El fracaso de Estados Unidos en Vietnam obedeció en parte a la enorme presión de la opinión pública norteamericana que pasó de un primer apoyo inicial a la intervención en el conflicto a condenarla y exigir la retirada de las tropas del país asiático.

Una guerra es siempre un termómetro bastante voluble para medir el soporte que la gente otorga a un presidente que decide las razones por las que su país entra en un conflicto bélico.

Los primeros momentos reflejan en las encuestas ese respaldo ciudadano en la medida que sube el índice de popularidad del mandatario de turno y no son pocas las posturas patrióticas que aprovechan cualquier filón bélico para ensalzar a las tropas.

En Estados Unidos hay cierto gen patriótico que sube como levadura ante la presencia de un conflicto bélico, el norteamericano promedio se siente identificado con esa postura supremacista del ejército invencible y liberador.

No en vano hay una buena cantidad de filmes en los que siempre se lucha y se vence no sólo contra monos gigantes, también contra alienígenas y por supuesto contra rusos y norcoreanos.

La opinión pública tiene un poder que ejerce de dos formas: en las urnas y en las calles con protestas masivas y si es necesario con boicots. Cuando no está de acuerdo con algo puede ser implacable.

Con la invasión de Afganistán de finales de 2001, como consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de dicho año, para cazar en territorio afgano a Osama bin Laden, cerebro de la masacre, se contó durante años con el respaldo popular; es más, George W. Bush se granjeó la reelección gracias a su operación contra el terror.

Con el paso de los años y los constantes atentados contra tropas norteamericanas y las dificultades orográficas para llevar a cabo las misiones desplegadas y sobre todo, tras confirmar el entonces presidente Barack Obama el asesinato de Bin Laden, fue entonces cuando tras hacer números, se habló con toda seriedad de retirar a las tropas norteamericanas.

De hecho, formó parte de la agenda de campaña de Obama, que recogía una de las demandas ciudadanas: traer las tropas de vuelta a casa y cerrar ese gasto militar.

Con Trump no se ejecutó, aunque también la presión ciudadana llevó a que lo incluyese dentro de un programa especial advirtiendo que, el Ejército norteamericano, debería estar retirado de Afganistán antes del verano de 2021.

Le tocó al demócrata Joe Biden cumplir con dicho plazo y ya vimos todos el desastre de la salida de las tropas norteamericanas y de los aliados, un momento que marcó una etapa de enorme tensión porque la Casa Blanca simplemente decidió marcharse de forma unilateral.

 

A COLACIÓN

La actual invasión rusa a Ucrania ha metido de tal forma el miedo en el cuerpo no sólo en Estados Unidos, sino en sus aliados de la OTAN, que por vez primera en décadas de operación de la Alianza se respira una unidad y una cohesión que para el dictador Putin es un claro mensaje, por si entre sus planes está recuperar igualmente algún territorio exsoviético.

Los primeros días de la invasión, la gente en la calle, ha reconocido el valor de esa unidad, de protegerse los unos a los otros, y la impronta de las sanciones contra Rusia cuya finalidad es hacerle entender a Putin que debe regresar a una mesa de diálogo y de negociación y retirar a sus tropas.

Han pasado ya tres meses. Recién se cumplieron cien días de la invasión, con una sexta ronda de sanciones, pero Putin sigue sin dar su brazo a torcer y el meollo es que las consecuencias de las sanciones y de la invasión (no están saliendo las exportaciones debidas desde Ucrania) amenazan con desacelerar la economía mundial si esta situación se prolonga y pasa del corto plazo al mediano y peor todavía: al largo plazo, en caso de enquistarse el conflicto.

A cien días, la opinión pública europea empieza a flaquear porque su bolsillo está afectadísimo. Ha pasado de ver la guerra cerca a de verla en el traspatio europeo, en un país que no es el suyo y al que ya se le está ayudando con todo lo posible: armas, dinero, sanciones y recibimiento de refugiados.

El europeo promedio que lleva ya crisis, tras crisis castigado, no puede seguir pagando el costo de esta guerra más allá del mediano plazo. No hay opinión pública en Europa que soporte y avale más las sanciones con una guerra larga.

Las autoridades de la UE deben tomarlo muy en cuenta antes de que las plazas estallen con protestas. Ningún bolsillo puede soportar los estragos de una guerra larga…

 

@claudialunapale

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