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POR LA ESPIRAL

Alemania, también bajo el signo de la austeridad

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No han sido 16 años nada fáciles para la economía germana

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

No han sido 16 años nada fáciles para la economía germana considerada la cuarta economía más relevante del mundo y la primera de la Unión Europea (UE).

El desempeño errático ha estado marcado por los shocks externos: primero los efectos colaterales derivados de la crisis subprime desatada en Estados Unidos desde 2008 que sumieron a los países más desarrollados en una larga crisis de más de una década marcada sobre todo por crecimientos marginales.

Después está el golpe en seco de la pandemia del SARS-CoV-2 cuya emergencia sanitaria ha dejado consecuencias en casi todos los sectores productivos provocando, en 2020, una debacle económica mundial sin parangón.

La era Merkel no ha logrado escapar a ninguna de las dos crisis y los efectos han sido inmediatos en el PIB germano: en 2009, la economía cayó 5.4% y en 2020, se hundió un 5 por ciento.

De acuerdo con datos estadísticos proporcionados por el Banco Mundial, sólo los dos primeros años de su gobierno, el PIB favoreció el contexto con un crecimiento del 3.9% en 2006 y del 3.1% en 2007; lo mismo aconteció en 2010, con un PIB del 4.3% y en 2011 del 5.8 por ciento.

El resto de los años, la canciller ha debido gobernar bajo el signo de la austeridad y la prudencia, elaborar planes para reducir la deuda, buscar el equilibrio entre el presupuesto y los programas sociales. Aunque las críticas contra su política económica siguen enfocadas hacia una brecha salarial y de oportunidades dispar.

Tras la unificación alemana, en la actualidad persisten desigualdades regionales sociales y salariales; los sueldos y los salarios son un 14% más bajo en la parte antigua de la Alemania comunista.

Además, la oposición señala a Merkel y a su moderación, de construir un programa de empleo juvenil basado en los minijobs por 450 euros, que sostienen en la precariedad al ala más joven y que no ha logrado acceder a una universidad.

 

A COLACIÓN

En 2008 y 2009, la canciller presentó un programa amplio de estímulos y de estabilización basado en reducción de impuestos, pero hubo consecuencias en el déficit público, incluyendo el federal, el estatal y el municipal que aumentó, en su conjunto, hasta el 4.1% en 2010.

Al año siguiente, el gobierno gastó menos y se elevaron algunos impuestos para reducir el déficit y llevarlo hasta el 0.8% en 2011 y en 2017, Alemania logró un superávit fiscal del 0.7 por ciento.

En 2009, una enmienda constitucional puso límites a los déficits estructurales del gobierno federal que, en ningún caso, pueden superar el 0.35% del PIB por año.

En los últimos tiempos, Alemania viene padeciendo bajos niveles de inversión, en el presupuesto de 2016 a 2018 se aprobó invertir 15 billones de euros para la creación de infraestructura.

Luego están los daños por la pandemia. De acuerdo con un reporte elaborado por Santander Trade Market, el sector manufacturero resintió una reducción de su actividad “debido a una demanda limitada” tanto de los mercados internos como externos.

El panorama sigue sin estabilizarse totalmente: la relación de la deuda con el PIB de Alemania aumentó en 2020 hasta el 73.3%, en buena medida por las medidas urgentes para contrarrestar y paliar los primeros efectos de la pandemia en los sectores productivos y sociales.

El año pasado, el país germano se resistió a cerrar la economía para tratar de contener la expansión del coronavirus hasta que, la explosión de casos, motivaron que Merkel junto con los representantes de los lands tomasen medidas para enviar a los trabajadores a sus casas.

Si bien el PIB per cápita es de 56 mil 052 dólares, el Banco Mundial y la ONU, en 2019 señalaban que el 17.4% de su población estaba en riesgo de pobreza o de exclusión; una estimación en aumento con la pandemia.

POR LA ESPIRAL

Rusia y China, las principales amenazas de la OTAN

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Turquía retira su veto a Suecia y a Finlandia * El miedo de los europeos a otra gran guerra mundial ha obligado a que la organización Trasatlántica muestre músculo, unidad, arrojo y respaldo a Ucrania, un país invado atrozmente, violentado en su soberanía

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

La Cumbre de la OTAN será histórica por varias razones: la primera, porque el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha decidido levantar el veto para el ingreso de Suecia y Finlandia en la Alianza Trasatlántica; la segunda, porque los 30 países miembros están mostrando una unidad decisiva y sorprendente; y la tercera, porque abre una nueva era militar en el mundo, un nuevo rearme con más gasto militar para comprar mejor armamento y equipo dotado con las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial; y la cuarta, porque si en la Cumbre de Lisboa en 2010, la OTAN aseguró que Rusia era su principal amenaza, en la de Madrid, con su Concepto Estratégico, se incorpora China a su lista de desafíos sensibles y se refrenda el papel de Rusia como  enemigo.

Los miembros de la Alianza, encabezados por el noruego Jens Stoltenberg, coincidirán en la necesidad de reforzar el flanco oriental de la OTAN en Europa ampliando la presencia de tropas y de equipo militar; y ubicarán esas mismas necesidades en el sur, para beneplácito de España, que experimenta un amago creciente no sólo en la migración utilizada por las mafias desde África sino también en la expansión del yihadismo en la región.

La hoja de ruta traza un camino de más gasto militar (el 2% del PIB) cristalizando así lo signado en la Cumbre de Gales desde 2014, pero que, por una u otra razón, sobre todo porque Europa no salía del todo de la larga crisis económica, no habían podido cumplir la mayoría de los países miembros.

El Concepto Estratégico de Madrid reforzará todas las vulnerabilidades de la OTAN. La invasión rusa a Ucrania ha marcado una Alianza exante y expost.

El miedo de los europeos a otra gran guerra mundial ha obligado a que la organización Trasatlántica muestre músculo, unidad, arrojo y respaldo a Ucrania, un país invado atrozmente, violentado en su soberanía.

Porque detrás de esta invasión lo que hay es una guerra de valores, de concepciones del pasado frente al futuro; de dos modelos de sociedad: una que defiende a la democracia y otra, a la tiranía.

Estados Unidos retorna a su papel supremacista en un mundo que dejó de ser unipolar desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, con un país como China que, justo tres meses después, de los eventos terroristas en la Unión Americana ingresó en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y no ha dejado de expandirse de forma considerable a nivel global en los ámbitos comerciales, financieros, de inversiones y con su Nueva Ruta de la Seda.

Este cónclave histórico de la Alianza en Madrid proporciona a Estados Unidos alas para recuperar el terreno perdido ante China, en el renglón de la influencia estratégica: en África, en Asia y en América Latina.

Porque el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha vuelto a Europa convertido en su Comandante en Jefe, para exigir mayor presencia militar norteamericana; y para hablar de cooperación conjunta para recuperar esas áreas de influencia perdidas tras años en los que sólo se ha ocupado de la expansión y los desafíos geopolíticos y geoeconómicos con China.

En esta Cumbre, Estados Unidos está de vuelta en Europa como zona de influencia.

Con España, con el presidente Pedro Sánchez, en esa reunión sostenida en la Moncloa, el inquilino de la Casa Blanca ha sido muy claro en sentar las bases de una cooperación a cambio de tener más buques militares para fortalecer su escudo antimisiles en su base militar en Rota, al sur de España. Si actualmente hay cuatro buques, quiere dos más.

Como muy probablemente anunciará que habrá una mayor presencia de soldados estadounidenses, no sólo en el flanco sur, también para proveer de mayor seguridad a Polonia, Rumanía, Bulgaria, Letonia, Estonia y Lituania.

 

A COLACIÓN

Para Ucrania habrá más apoyo económico y más armamento.

Hace unos días levantó mucho revuelo la idea de que el mandatario ucraniano, Volodímir Zelenski, viniese a Madrid para participar en persona en la reunión de la OTAN.

Al final, lo hará por streaming… salvo que ocurra una sorpresa como la anunciada días antes: Erdogan deja de bloquear el ingreso de Suecia y de Finlandia a la Alianza, tras acusar a ambos países de dar cobijo a terroristas kurdos.

Lo que parecía demoraría meses en lograr dirimirse entre Suecia, Finlandia y Turquía, ha tomado varias sesiones de diplomacia en la que ha participado Stoltenberg.

El memorándum signado entre el líder turco, Magdalena Andersson, primera ministra de Suecia, y Sauli Niinisto, presidente de Finlandia, permite que dichos países obtengan el estatus de “invitados a ingresar en la OTAN”.

El presidente turco ha pedido a Suecia y a Finlandia más mano dura con las organizaciones terroristas, una petición a la que estarían de acuerdo en ceder a través de cambios legislativos. Pero Erdogan también tiene en mente presionar para que Estados Unidos levante el castigo a los aviones turcos F-16 -que no pueden ser vendidos- como represalia porque Ankara compró a Rusia el sistema de defensa aéreo S-400.

Al final todo es cuestión de llegarle al precio. Ahora bien, el proceso de adhesión de Suecia y Finlandia tendrá un recorrido que, por muy corto que sea, podría llevarse al menos hasta final de año.

La OTAN está jubilosa, el aire de concordia entre sus líderes lo ha provocado la invasión de Putin. Nadie habla de paz, todos hablan de más armas, en una aldea global llena de tensiones, con roces por aquí y por allá.

Esperemos que los aliados tengan la razón, el tiempo nos dará las respuestas…

 

@claudialunapale

 

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POR LA ESPIRAL

¿Negociada la paz?

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Se reúnen tres líderes europeos con Zelenki en Ucrania * Ningún otro país bajo dichas circunstancias ha sido aceptado miembro de la UE. ¿Por qué Ucrania, que lleva largos años solicitándolo, tendría ahora el privilegio de ingresar cuando sigue devastado e invadido? 

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Han ido hasta Kiev, tras diez horas en tren, peligrosísimas para ver al mandatario ucraniano. Hasta allá se han desplazado tres líderes de los países fundadores del embrión de la Unión Europea: Francia, Alemania e Italia.

La visita del mandatario francés, Emmanuel Macron, del canciller germano, Olaf Scholz, y del primer ministro italiano, Mario Draghi, a la capital de Ucrania y a Irpin marca un hito histórico por ser la primera vez en la historia que tres líderes visitan in situ a un país que está siendo bombardeado por una potencia nuclear.

Pero también es una osadía temeraria. Por menos se ha iniciado una guerra mundial: recordemos el asesinato, el 28 de junio de 1914, del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono austrohúngaro. Ese hecho desencadenó la Primera Guerra Mundial.

No quiero imaginar siquiera un misil en el tren que transporta a los tres líderes europeos. Me parece una acción de una enorme irresponsabilidad y temeridad. Pero ya está hecha.

Porque hay que demostrarle hombría a Putin. Porque hay que demostrarle arrojo y valentía al sátrapa del Kremlin empeñado en su pensamiento y concepción de la Historia a favor de devolverle la grandeza histórica a Rusia desde la visión misma del retorno de la Unión Soviética pretendiendo así borrar y negar los cambios sufridos desde la década de 1990.

Hay un peligroso revisionismo y negacionismo histórico que pretende desconocer e ignorar las potestades territoriales y subsumir al mundo en un pasado rancio. Hacerlo implica no sólo atentar contra la democracia sino llevar al mundo a una involución histórica.

La visita a Kiev y la reunión con el mandatario Volodímir Zelenski lleva todo un mensaje cargado de intenciones, el primero que es absolutamente racional: ¿Cómo puede aceptarse a un país en guerra, invadido, como miembro de la Unión Europea (UE) si se ignora el derrotero inmediato que sufrirá?

Imagínese que el club europeo aceptase de facto, in extremis, a Ucrania como miembro 28 cuando está siendo ocupado, invadido militarmente, bombardeado y destruido. Resulta kafkiano hacerlo.

Ningún otro país bajo dichas circunstancias ha sido aceptado miembro de la UE. ¿Por qué Ucrania, que lleva largos años solicitándolo, tendría ahora el privilegio de ingresar cuando sigue devastado e invadido?

Hacerlo para la UE resultaría un proceso meramente irracional. No lo hizo en el pasado porque aducía problemas de corrupción y de democracia, que por cierto no han sido corregidos en medio de la destrucción provocada por Rusia.

La UE iniciará un proceso de candidatura formal de Ucrania y probablemente de Moldavia, en el peor momento para el primero y lo hará nada más por orgullo y por miedo a Putin.

Porque cuando el matón de turno te amenaza lo que hay que hacer es sacar arrojo, valentía y unidad.

Eso lo ha hecho la UE. El dilema es cómo resolverá lo de Ucrania y para ello baraja varias opciones: aceptar la solicitud de adhesión formal a cambio de que Zelenski tenga un acuerdo negociado de paz con el dictador ruso, Vladimir Putin, en el que quizá se logre un estatus de autonomía especial para los territorios invadidos por las tropas rusas. Léase la región del Donbás y los territorios que conectan con Crimea.

 

A COLACIÓN

Hace días atrás al gobierno de Kiev no le cayó bien que Macron hablase de darle una salida “la menos humillante” para Putin en la guerra dejando entrever que es necesario dejar una ventana -por muy pequeña que sea- para la negociación entre Kiev y el Kremlin.

Macron ha vuelto a insistir en su visita a Zelenski en la necesidad de buscar una vía negociada, una salida para una paz en una mesa, con la UE presente como actor garante.

Los próximos días serán cruciales para saber si esta visita tripartita, con abrazos y gestos múltiples, terminarán sentando a Zelenski en una mesa con Putin aceptando un estatus especial para el 20% del territorio ucraniano a cambio de comenzar el proceso de adhesión a la UE y fondos de reconstrucción.

Aunque, claro, lleva trampa: para que Ucrania realmente llegue a ser el miembro 28 podría demorar años… y ya no estarán Zelenski, ni Macron, ni Scholz, ni Draghi. Quizá tampoco exista la UE si finalmente los grupos radicales fagocitan Europa.

 

@claudialunapale

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POR LA ESPIRAL

Las bombas están cayendo en nuestros bolsillos

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Hay preocupación mundial * Han pasado más de cien días desde la invasión de las tropas rusas a Ucrania y las exportaciones de los países involucrados en el conflicto bélico brillan por su ausencia

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

No sale el trigo, ni el ruso, ni el ucraniano. El primero, afectado por las sanciones de Occidente contra Rusia y el segundo, porque los barcos ucranianos están varados en los puertos bajo control de las tropas rusas en el Mar de Azov y el Mar Negro.

Sin trigo no hay pan y sin éste, África se ve abocada a una inminente hambruna, según declaraciones de Macky Sall, líder de la Unión Africana y presidente de Senegal.

Además, preocupado porque ha pasado un trimestre sin que muchos países africanos reciban los cupos de cereales acostumbrados, Sall viajó al puerto de Sochi, en Rusia, para un encuentro personal con el dictador ruso. Ambos hablaron de que ni el trigo, ni ningún otro cereal, debe ser utilizado como un arma de guerra.

Para Putin, las sanciones de Occidente son las culpables de tal desbarajuste y para Ucrania, lo es Rusia que está boicoteando el tránsito de los granos.

Las dos economías venden la mayor cantidad de cereales en el mundo y no lo están haciendo: la ONU indica que, entre 2018 y 2020, nada más Rusia y Ucrania proveyeron el 44% del trigo consumido por África.

Han pasado cien días desde la invasión de las tropas rusas a Ucrania y las exportaciones de los países involucrados en el conflicto bélico brillan por su ausencia.

No sólo África está inquieta por la inusitada situación, también Europa, América y Asia. El Banco Mundial calcula que todo dependerá de la duración de la guerra en Ucrania y de cómo afectará las cadenas de suministros.

El organismo internacional indica que los efectos de la guerra en los mercados energéticos están nublando las perspectivas de crecimiento global.

La guerra en Ucrania ha provocado un aumento en los precios de una amplia gama de productos básicos relacionados con la energía.

António Guterres, titular de la ONU, habla de una crisis tridimensional: alimentaria, energética y financiera que terminará arrasando a los países más pobres, a las economías más pobres y a los pobres en todos los países del orbe.

La ONU ha vuelto a poner sobre la mesa la urgente y perentoria necesidad de llegar a un acuerdo de diálogo y paz entre Ucrania y Rusia; mientras, Jens Stoltenberg, cabeza de la OTAN, reitera incisivamente que “será una guerra larga”.

¿Qué bolsillo podrá aguantar los estragos de una guerra larga con sanciones tan férreas en el tiempo no sólo con efectos contra Rusia, sino contra prácticamente toda la aldea global?

En tres meses de invasión, la inflación a nivel mundial ha subido.

El campo ucraniano ha sufrido los estragos de la guerra, una parte sin agricultores porque están peleando en el frente repeliendo a las tropas rusas en la región del Donbás; otra, con los silos destruidos por los bombardeos rusos; y una más, con los barcos cargados con los granos pudriéndose en los contenedores porque no pueden salir a navegar. Un auténtico desastre.

 

 

A COLACIÓN

Es urgente que dejen salir los granos, asevera Amin Awad, coordinador de Crisis de Naciones Unidas para Ucrania, quien detalló además que no hay fertilizantes rusos, ni ucranianos, ni tampoco pienso y está generándose una profunda inquietud en muchos países cuyos ganaderos y agricultores se verán imposibilitados de seguir con su labor si continúa esta situación por más tiempo.

Awad explica la dimensión del problema: “Alrededor de 1 mil 500 millones de personas están necesitadas de esos alimentos y de fertilizantes en todo el mundo”.

Los primeros cien días de la invasión se cumplen en primavera. La ONU considera que la prolongación del conflicto y de todos los desequilibrios provocados en las materias primas sólo agudizarán un otoño e invierno que serán insoportables para millones de personas abocadas a la miseria, sin alimentos y sin energéticos para calentarse.

En esto momentos, la intención es que salga todo el grano de Ucrania por mar y para ello es necesario coordinar -en tiempos de guerra- que esta operación pueda darse sin que caigan bombas en los cargueros.

Hay un deterioro en el panorama económico mundial. El propio Guterres subraya que una guerra implica pasar hambre y que antes de la invasión a Ucrania, ya había un 60% de las personas desnutridas en el mundo localizadas en territorios de conflicto.

Sin el grano, hay 44 ​​millones de personas en 38 países en niveles de emergencia de hambre y con incrementos en los precios de hasta el 30% para los alimentos básicos en África y Oriente Medio.

Las bombas nos están cayendo en nuestros bolsillos… hay preocupación.

 

@claudialunapale

 

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