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LA FERIA

La misión imposible de AMLO

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POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Misión imposible.

Tía Lucero tuvo siete maridos legales y varios indocumentados. Sus divorcios fueron según ella, porque el primero le “puso los cuernos”; el segundo era un mantenido; el tercero maltrataba a sus dos hijos (del primer matrimonio, no tuvo más); el cuarto no le “puso los cuernos”, era muy trabajador y trataba bien a sus hijos, pero le pegaba; el quinto, le “puso los cuernos”, era mantenido, maltrataba a sus hijos y también le pegó; el sexto era un Otelo de celoso; el séptimo nomás le cayó gordo. De los de temporal, no hablaba.

Una vez la abuela Virgen (la de los siete embarazos), dijo: Lucerito tuvo mala suerte con los hombres -y brincó tío Armando, su hijo mayor: -No existe tanta mala suerte, mamá, y si a suerte vamos, mala suerte la de ellos-, enmudeció el palenque.

 

¿MALA SUERTE DE LOS MEXICANOS?

Un ingenuo leyendo nuestra historia dentro de algunos siglos, podría pensar “qué mala suerte la de los mexicanos de los siglos XIX, XX y principios del XXI”, pero otro no-bobo, pensará “¿qué hacían los mexicanos de los siglos XIX, XX y principios del XXI, que todo les salía mal?”.

Nuestros episodios nacionales parecen una sucesión de infortunios y tanto mal fario no existe:

Tardó más de 10 años en conseguirse la independencia porque Hidalgo llegó a Ocoyoacac, a las afueras de la capital del país, triunfante y con nutridas fuerzas muy aguerridas… y le mandó a preguntar al virrey Venegas si le daba chance de entrar a la ciudad para independizar la Nueva España, el Virrey le mandó decir que no, que mejor otro día y don Miguelito ordenó a sus bravos: -“Señores, va pa’tras” -sí, eso ordenó, pero nadie le brincó: -¡Óigame, no, va pa’lante! -y no lo tiraron a loco para irse a consumar la independencia el 2 noviembre de 1810 (sin tener que esperar hasta el 27 de septiembre de 1821, con más de 200 mil fiambres adicionales). No fue mala suerte, se dejaron.

Ya independizados, la raza contempló cómo se peleaban liberales, conservadores, republicanos, centralistas, monárquicos y federalistas, y a todos echaba confeti conforme llegaban al poder unos y otros, y cuando en 1848 tres gatos (José Bernardo Couto Pérez, Miguel de Atristáin y el tal Luis Gonzaga Cuevas), firmaron el “tratado” de Guadalupe Hidalgo cediendo a EU más de la mitad del territorio, la masa no fue a despellejarlos vivos, no, nada pasó, el Congreso ratificó el “tratado” y aquí se rompió una taza y cada quien para su casa… como si nada.

Donde se armó la bronca fue en el Congreso del tío Sam, porque allá muchos consideraron que el tratado era ilegal y abusivo… pero, acá, acá, serenos. No fue mala suerte, se dejaron.

Se pudieron implantar las leyes de reforma contra las creencias de la totalidad de la población, porque nadie dijo nada, si acaso hubo algunas pintas callejeras cuando vaciaron de monjas los conventos. Nada de mala suerte, se dejaron.

Acabó la guerra de los cristeros cuando los yanquis mandaron recado de que ya estaba bueno de matazones, que son muy malas para los negocios… y la masa católica mexicana, tan campante, se regresó a su casa; total, 300 mil muertos más, 300 mil muertos menos, ni que fuera para tanto.

Y quedó rota la relación con la iglesia hasta Salinas de Gortari. Muy guadalupanos, sí, pero se dejaron.

 

EL REPUDIO POPULAR       

Con esa nuestra serenidad tenochca de monjes contemplativos, Juárez se pudo quedar en el poder 14 años y medio, de diciembre de 1857 al día de su muerte, el 18 de julio de 1872; y luego Porfirio Díaz 37 años mangoneó el país, de 1876 a 1911, para irse a trepar al vapor Ypiranga entre pañuelos blancos, con música de banda y flores, a esperar la más serena muerte en su camita en París.

La llamada revolución mexicana después del asesinato del presidente Madero, no fue eso sino un pleito por el poder de caciques y militarotes, que se justificó ante la gente entre otras cosas, con lo del “sufragio efectivo; no reelección”, sí, pero luego nos quedamos muy sosiegos con un régimen de un solo partido 71 años (de 1929 al 2000), décadas en las que el “sufragio efectivo” era lo que saliera de los calzones de nunca supimos quién.

El reguero de cadáveres de la “revolución” no alteró el pulso del tenochca impasible, el PNR-PRM-PRI, gobernó sin sobresaltos, faltaba más.

Luego, colmo de la mala suerte, se descubrió que nadábamos en petróleo. ¡Piedad! Ahora pesa sobre el país como una losa, la casi impagable y creciente deuda de Pemex.

Después fue nuestra “transición a la democracia” del 2000. El PAN de a poquitos salió de su crisálida de partido de oposición casi testimonial, hasta llegar al poder que en doce años perdió porque la gallarda ciudadanía no se acomodó a eso de tener gobierno en vez de papá mandón y regresó al PRI que sabía gobernar como nos gusta, sin hacer nada nosotros, a las chuecas o las derechas. Imposible vuelta al pasado.

Así, el mismo electorado que trepó a Fox y a Peña Nieto, eligió a López Obrador. No hay una reserva secreta de votantes, somos los mismos y sin convicciones, no se enoje.

 

LOS CHAIROS CAMBIARÁN DE IDEA

Ya verá usted que los hoy chairos luego disfrutarán la dicha inicua de abjurar de quien hoy veneran, como veneraron a los anteriores, que las encuestas de popularidad de al menos estos tres caballeros son similares para el mismo lapso de gobierno.

El actual Presidente insiste en sostener el discurso perpetuo que usa para evadir enfrentarse a la vulgar realidad de los hechos reales. Hemos tenido otros así. No pasa nada. Llegan al final de su periodo, se van y hacen oídos sordos al repudio popular hasta que un día, empiezan los terribles efectos de la cruda inmisericorde que sigue a la borrachera del poder. Siempre.

También hemos tenido otros que quisieron prevalecer políticamente. Vano afán. El sucesor de cualquier Presidente, en cuanto termina de posar su sacro trasero en La Silla, se sabe liberado de toda atadura con su antecesor.

Lo que resulta irónico es que este Presidente impulsa, sin darse cuenta, la convicción de que importa participar en política visto que hacer el país que queremos sin ciudadanía responsable y actuante, es misión imposible.

LA FERIA

Las que madrugan son las fieras

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Según escrito de Jorge Ibargüengoitia, los males de la patria se deben a la absurda costumbre de levantarse temprano * Las bodas no son a las siete de la mañana, la misa del obispo es a las doce, los toros a las cinco, la ópera al anochecer y el buen futbol de noche… y es que no por mucho madrugar amanece más temprano

EL SEÑOR LÓPEZ

Fieras.
Resulta intrigante lo infructuoso de los esfuerzos para corregir el derrotero nacional, de políticos de todos colores y ubicación topográfica (izquierda, derecha, centro, centro izquierda y lateral derecho); de ministros de diversos cultos y algunos ejemplares del tenochca ilustrado, los llamados intelectuales.
Como no todos pueden ser imbéciles o enemigos de la patria, este menda intentó observar los hechos cotidianos, buscando conclusiones que nos permitieran enderezar el rumbo y enfrentar mejor cada día, en su calidad de arribo a plazos del futuro.
Vano afán, dicha observación reporta acidez estomacal y conjuntivitis. Poco es lo que parece y nada es simple ni indiscutible en nuestra vida mexicana.

REALIDAD COMPLEJA
Antes teníamos cosas indudables; la fe en la Guadalupana por ejemplo, era la sagrada quintaesencia de la mexicanidad y no se cuestionaba, pero en estos tiempos post Schulenburg, ya se manosea hasta en YouTube sin consecuencias estilo islamita parisino enchilado.
El mariachi era nuestra máxima prueba de hermandad y el ‘Son de la Negra’ escuchado fuera del país, hacía llorar al macho más bragado que ahora se pone histérico en un concierto de Alejandrito Fernández. También teníamos claro que el futbol era el deporte nacional y que el Enmascarado de Plata, El Santo, era el campeón universal de la lucha libre; pero ahora el fut americano le compite al soccer y de las luchas qué decir: la televisión transmite las de los EUA con atléticos gladiadores de 2.10 de estatura y da una pena horrible recordar a nuestro panzoncito Santo, correteando a la estupenda mujer vampiro, Lorena Velázquez, de la que no había varón nacional en pleno uso de sus facultades hormonales, que no se hubiera dejado morder por ella, pasara lo que pasara, y ahora… ¡Alejandrito!


Nuestra realidad es tan compleja que ahora que somos un país democrático, lejos de disfrutar del Edén de la igualdad, la legalidad y la fraternidad, sufrimos una desigualdad que escandaliza a Haití (con respeto), la autoridad sin rubor se refiere a la ley como “un cuento”, chapoteamos en sangre y no pocos extrañan con rara nostalgia al priísmo cavernario que no conocieron y también hay quienes añoran la “pax porfiriana” que tampoco conocieron, y sostienen que sólo don Porfirio y Santa Anna han sabido gobernarnos… y pensándolo bien.


Lo cierto es que no había protestas masivas cuando las elecciones eran un teatro masivo que no alteraba el resultado de todos conocido de antemano (y no solo en los tiempos del partidazo sino también en los decenios de la dictadura de Díaz, más los 17 años de Juárez y los constantes retornos de Santa Anna al poder).
En cambio ahora, con elecciones más vigiladas que las bóvedas del Banco de México, con credencial de elector a la que nada más le falta una muestra de tejido del votante para que se verifique su ADN en la casilla, el inconforme es el propio gobierno que clama por la desaparición del INE que validó y valida sus triunfos electorales.


Pareciera que todo complicamos por el gusto de sorprender al planeta; tenemos tratados de comercio con medio mundo que de poco servirían sin inversión extranjera, y nuestro gobierno libra gallardo combate defendiendo a Venezuela, Nicaragua y Cuba, cosa que seguramente pone locos de contento a los fondos de inversión que nos urge vengan a la seguridad de nuestro Estado de Derecho y perpetua coherencia oficial… de veras, los que han venido son valientes.
Abandonado el esfuerzo de tratar de encontrar explicación a tanto tropiezo, por casualidad topó este menda con un escrito del inolvidable olvidado Jorge Ibargüengoitia, quien en sus ‘Instrucciones para vivir en México’ del 18 de junio de 1972 (Excélsior), da en el clavo: los males de la patria se deben a la absurda, insana e irracional costumbre de levantarse temprano. ¡Albricias!
De la mano de don Jorge, epifanía de la lógica, se entiende esta simple y gran verdad que deberían considerar nuestras autoridades pues no se puede ocultar que los males nacionales se están agravando y que la única diferencia con los gobiernos anteriores, es la afición a madrugar que estos tienen.


En lo que hay una reacción oficial, por lo pronto, que escuelas y fábricas empiecen su jornada a las once de la mañana y veremos maestros y patrones, silbando sin prisas rumbo a sus labores; obreros productivos y alumnos aprovechados, que ya nadie pensará más en huelgas, paros o marchas, producto del malhumor acumulado a fuerza de desmañanadas. ¡Ah! y que los legisladores lleguen al Congreso a partir de las tres de la tarde, con la cruda bien curada, sin intenciones asesinas ni oponiéndose a todo.
Recapacite, nada grato se hace de madrugada. Los fusilamientos, las misas de beatas chismosas y las autopsias se hacen bajo el duro cierzo del amanecer; las bodas no son a las siete de la mañana (no se consumarían nunca, con los novios rendidos de sueño); la misa del obispo es a las doce y la ópera al anochecer; los toros a las cinco y el buen futbol de noche; nadie celebra su cumpleaños con un desayuno y los bautizos son temprano porque el bebé igual va dormido.
Temprano se empiezan batallas y se bombardean ciudades; temprano se giran órdenes de aprehensión y se pide el divorcio. Famosos por tempraneros fueron Stalin, Franco, Iván el Terrible y Huerta. A los monjes los canonizan por la hombrada de levantarse al amanecer a cantar maitines y el monumento a la Madre es por tanto madrugón para arreglar niños para la escuela.
Esa reforma sí importa, que la Constitución prohíba trabajar, estudiar y hacer ejercicio antes de las once, las diez como concesión mayor, y si no funciona como todo lo que se ha intentado estos dos siglos, bueno, cuando menos fracasaremos en un horario más cómodo.
No se resista si usted es víctima de la mala costumbre de madrugar; piénselo: los racionales inventamos la luz eléctrica para poder desvelarnos y las abluciones matutinas deben hacerse cuando el Sol ya ha calentado la atmósfera; en cambio, las que madrugan son las fieras.

 

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LA FERIA

Ineficacia y verborrea, el sello de AMLO

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Sus 3 grandes obstáculos: la Ley, el Congreso y la Suprema Corte * Otra vez estamos ante un sexenio perdido, el peor de toda la historia, y la revocación de mandato, un plan con maña, una exigencia de su ego

 

EL SEÑOR LÓPEZ

 

Ineficacia y verborrea.

Allá por 1950, un tal Hemigdio oriundo de la capital del país, conoció por casualidad a tía Obdulia -de las de Autlán- y pasó a ser tío Hemi. Aparte de adinerado por herencia, era un brillante abogado de la Libre de Derecho y también, distinguido egresado de la Facultad de Filosofía y Letras.

Hablaba cinco idiomas y eran fama su cultura y su elocuencia. La tía sólo era muy guapa y su fama era otra, pero nada más en Autlán, así que en la Ciudad de México la cosa pasó inadvertida. Tuvieron cinco hijas, todas como su mamá, de guapas y de modos.

Ya grandecitas las niñas, una fue sorprendida en plena ejecución de un acto lúdico de gimnasia rítmica en pareja; el tío profirió varios insultos que ratificaron su riqueza retórica, pero no pasó de ahí: se le iba la fuerza por la boca. Después a otra de las “niñas” la tuvieron que sacar de la preparatoria, por practicar el teorema de Pitágoras con el profesor de álgebra, siendo la hipotenusa cierta parte del caballero y los catetos las piernas de la prima; esa vez aprendieron nuevas palabras en su casa:  baldón, vilipendio y mácula… y tampoco pasó a mayores, aunque hubo órdenes tonantes, medidas de apremio y vigilancia, amenazas y muchas esdrújulas, que no impidieron el ejercicio de las actividades hidráulico-recreativas a las que se fueron incorporando las otras tres.

Con motivo de los disgustos que regularmente le procuraban sus hijas, las llamó busconas, pupilas, cortesanas, turras, pelanduscas, casquivanas, cocotas, barraganas, pindongas, fulanas, canaanitas, daifas, targelias, lagartas, entretenidas, cabuqueras, guarripandas, suripantas, trotonas, candongas, zurriagas, mesalinas, trolas, disolutas, trilladas, cantoneras, zurriagas, guarras, golfas, ninfas, rofas, servilias, espintrias, agripinas, amancebadas… al tío se le iba agotando el léxico y aquello no paraba.

No habían entonces ni ahora, academias militarizadas para mujeres y no se supo si se le ocurrió a él o se lo aconsejó alguien, pero un invierno mandó a las cinco a un internado de monjitas en Irlanda. Santo remedio, a los dos años regresaron pasmadas de frío, igual de güilas, eso sí, pero más discretas que un Notario (o iban de regreso a Irlanda). Luego se le fueron casando y el problema ya no fue de él.

 

LA GRAN HABILIDAD PARA INSULTAR

Sabida es la enorme habilidad presidencial para insultar, descalificar, ningunear y despreciar a cualquiera que no le brinde apoyo incondicional o disienta de él en cualquier cosa. Absoluta e incondicionalmente con él o contra él, sin medias tintas.

Al asumir el cargo habló bien y dijo que sería Presidente de todos (no es cita, lo dijo a su manera). Gustó. Pronto sus hechos y más que nada sus dichos, dejaron muy claro que la conjunción ‘y’ no está en su léxico, para él, gobernar no es él ‘y’ los demás, sino él ‘o’ los demás, los otros, que por no coincidir en sus propuestas o proyectos, pasan a enemigos, a traidores a la patria. No cede jamás en nada y la verdad es lo que él diga, no lo que la realidad manifieste, por eso sus ‘otros datos’ (que jamás aporta), por eso sus iniciativas que no pueden ser cambiadas ni en un punto ni una coma, todo o nada, con él o contra él.

En sus primeros tres años y cuatro meses de gobierno, ha topado con tres obstáculos que lo irritan mucho: la ley, el Congreso y la Suprema Corte.

La ley, ya sea la Constitución o cualquier otra, si significa variar alguna de sus disposiciones, si impide que se ejecute alguna de sus órdenes, es injusta y no le interesa, lo ha dicho, sobre la ley la justicia (no es cita tampoco), y la justicia es lo que él diga, faltaba más… y no ha podido hacer charamuscas con la ley por lo que la viola, sin rubores, como ahora con lo de no hacer propaganda de la consulta de revocación.

El Congreso, porque nunca tuvo los dos tercios de curules necesarias para reformar la Constitución a su gusto y sabe que su reforma a la industria eléctrica, como él la quiere, tiene tantas posibilidades de ser aprobada como Alfredo Adame de ser Premio Nobel de la Paz o ‘El Noroñas” de casarse con Isabel II (que está viudita).

La Suprema Corte porque ha emitido varias sentencias contrarias a sus intereses, como el rechazo a ampliar dos años el periodo del magistrado presidente; limitar el monto de los salarios de todos los funcionarios, por encima de sus derechos adquiridos; impedir diez años que un funcionario se contrate con empresas privadas del ramo de su labor pública, por sobre el plazo de tres años que dispone la Constitución, fallo que ayer calificó como “aberración”… y tal vez sí sea, pero eso dice la Constitución, esa que juró cumplir y hacer cumplir.

Es de ayer otra de la Suprema Corte de Justicia: le invalidaron la facultad otorgada por el Presidente para él mismo, de disponer discrecionalmente, a su gusto, por decreto, de los recursos “ahorrados” por sus medidas de austeridad, lo que en los hechos significaba hacer reasignaciones presupuestales limpiándose el extremo inferior de su sistema digestivo con la Cámara de Diputados, única instancia facultada para autorizar el Presupuesto de Egresos.

También el muy ninguneado Tribunal Electoral Federal le dio un gran disgusto cuando destituyó a su magistrado presidente, el tal Vargas, exhibido como probabilísimo corrupto e indudable fidelísimo servidor del Presidente de la República.

Así, en medio de este vendaval de fiascos y adjetivos, ya casi llegamos a la fecha de realización de la consulta de revocación del mandato y es tan grande el interés del Presidente en que salga a votar mucha gente, que a algunos no pocos alarma y piensan que es plan con maña cuando es solamente una exigencia de su ego, un desesperado intento de confirmarse a sí mismo y ratificar que el “pueblo bueno” no se da cuenta de nada, particularmente de las montañas de cadáveres, la quiebra de las finanzas públicas y la desconfianza del mundo sobre si en México prevalece el Estado de Derecho.

Otra vez estamos en un sexenio perdido con un gobierno que se describe en dos palabras: ineficacia y verborrea.

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LA FERIA

Reforma de AMLO busca deformar al INE

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A través de su iniciativa electoral-política * Los consejeros federales, en las urnas, legalito, así como fue su consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco. Lástima que no lo va a lograr: no tiene los votos en el Congreso

ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

Un pito.
Conforme a la prédica actual, el error de don Miguel Hidalgo, lo que explica por qué le salió mal su asunto, es que no hizo una consulta popular antes de precipitarse a dar el Grito de Independencia en Dolores, Hidalgo (por eso ha de ser que le cortaron la cabeza un año después, para colgarla como adorno de “halloween” colonial, en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas).
Otro que no sometió sus decisiones al resultado de las urnas fue Simón Bolívar, que por andar independizando países por sus puras pistolas (Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Bolivia, poquita cosa) lo acabaron echando y murió huyendo, enfermito y pobretón.


En esa lógica, no se entiende que los franceses se hayan atrevido a tomar La Bastilla, sin hacer antes un plebiscito; que Lenin le quitara a Nicolás la chamba de Zar, sin tomarse la molestia de hacer siquiera una votación a mano alzada (cien de sus rojos hubieran cubierto el requisito)… ni que Iturbide y sus amiguitos hayan decidido independizarnos de España, en sabrosa plática en el templo de la Profesa, sin siquiera pedir parecer al pueblo que iban a ‘liberar’.

EL PODER VIENE DEL PUEBLO
Otros sí sabían que el poder viene del pueblo y no movieron un dedo sin escuchar su voz, expresada en plebiscito o proceso electoral, garantía infalible de respeto a la ética y bienestar general.
Uno, Adolfo Hitler, quien fue canciller de Alemania por las urnas, sí señor; o Mussolini, que fue “Duce”, no voto por voto, ni casilla por casilla, pero con el apoyo exultante del pueblo (y por la estupidez del rey Víctor, que le abrió la puerta). Para que no anden con dudas de que “vox populi vox Dei”.
Por si le parece que esos ejemplos de demócratas pasteurizados como Hitler son ya viejos, se le recuerda de otras alimañas que también se hicieron con el poder, sometiéndose primero a la voluntad del pueblo en procesos electorales, como Bordaberry en Uruguay; Bánzer en Bolivia; Perón en Argentina; Fujimori en Perú; Chávez y Maduro en Venezuela; y el fétido Ortega en Nicaragua.
Y para que vea que no es ojeriza con América Latina, ahí está en Europa un perpetuo triunfador electoral: Vladimir Putin, tan simpático él, que no suelta el poder hace 23 años.

En Asia, Xi Jingping, hace 10 años elegido por sus 1,400 millones de habitantes representados muy legítimamente en su Asamblea Popular Nacional compuesta por 2,980 integrantes elegidos por el pueblo (¡pero-por-supuesto!), en la que don Xi tiene a 2096 en la buchaca. Aunque debe advertirse que es muy malo para la salud oponerse a estos dos jefes de Estado elegidos en riguroso apego a sus leyes y la voluntad popular, claro.
Aparte están Marruecos, Corea del Norte, Cuba y Vietnam del Norte, oficialmente gobernados por los que el pueblo decide (y hay otros, pero falta espacio).
Si ya empieza a pensar que en nuestra querida patria esas cosas no pasan, bueno, antes de que se le suba a la cabeza, recuerde que en el siglo XIX tres señores nos gobernaron 78 años: Santa Anna de 1833 a 1855 (y los representantes del pueblo le iban a rogar que regresara cuando abandonaba el poder); Benito Juárez, de 1857 a 1872 (que por su manía de reelegirse provocó la división de los liberales y que lo abandonaran los de a de veras como Jesús González Ortega, y que su juarista amor desmedido por el poder causó guerras y no pocas matazones, cosa de la que parece no se ha enterado nuestro actual Presidente: Juárez no soltaba La Silla… o a lo mejor sí lo sabe y eso es lo que… no, no, ni pensarlo).

Y Porfirio Díaz, que de 1876 a 1911 se hartó de coleccionar triunfos en las urnas… y no olvide, por favor, que don Porfirio no se trepó ni una sola vez por sus calzones, él sabía cómo funciona la democracia contante y sonante.
Luego en nuestro siglo XX, unos se treparon a balazos, pero de 1924 a 1994, 70 años, todos, todos fueron elegidos por el muy buen pueblo, en comicios tan bien hechos que, por ejemplo, Lázaro Cárdenas (otro santón de nuestro actual Presidente) ganó la Presidencia de la República con el nada sospechoso 98.20% de los votos y todas las curules de diputados (entonces 173) y todas las de senadores (58) para heredarle al país el PRI como lo conocimos, imperial, absoluto, invencible, aunque tuvo el buen tino de sacar al ejército del partido (algo les sabía, era general).
Y no se trata de que se ponga usted dramático, que el “fraude patriótico” justificaba las travesuras electorales como cuando Manuel Bartlett jugó brisca con las actas de casilla y las boletas electorales para que asumiera la presidencia Salinas de Gortari, porque sin el voto, aunque sea de mentiritas, no se vale… y ahora resulta que el Bartlett es muy amiguito de López Obrador y el innombrable, tan campante, mirando a su gran cómplice al servicio de la Cuarta Transformación. ¡Cosas de la voluntad popular!


Todo esto a cuento de la cantaleta presidencial de que lo que decida el pueblo en elecciones es infalible. Por supuesto, también por su manifiesta intención de birlarnos al Instituto Nacional Electoral (INE), quitando de golpe a todos los consejeros y magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), eliminando todos los órganos electorales estatales, para que el pueblo elija otros consejeros federales, en las urnas, legalito, como fue su consulta para cancelar el aeropuerto de Texcoco. Lástima que no lo va a lograr, no tiene los votos en el Congreso.
Igual, a la vista, está su intención de hacer un órgano electoral a su gusto y tal vez seguir las huellas de Plutarco Elías Calles que entregó el poder sin entregarlo, mangoneando a los siguientes tres presidentes (Portes Gil, Ortiz Rubio y Abelardo Rodríguez), aparte de arreglar el triunfo de Cárdenas. Pero no se le va a conceder, para empezar porque en 2024 tendrá 70 añitos y para seguirle, porque no es matón.
Pero él confía en el arrastre de su palabra… por eso su desesperación de que vaya una inmensa mayoría a las urnas a eso de la consulta de revocación, porque si no, quedará a la vista que ya solo se oye él y al pueblo… al pueblo le importa un pito.

 

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