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LA FERIA

La guerra perdida: No hay combate a grupos criminales

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El Presidente se pone en una encrucijada con su frase: “Si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho, no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno”

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Su boca es su medida.

Tío Tacho (Anastasio, del lado materno toluqueño) tenía todas las características que definen a una persona como una birria de ser humano y su más notable prenda era la avaricia: era agarrado, mezquino, cicatero, tacaño en grado superlativo.

Para que tenga una idea: todas las navidades se declaraba enfermo, se metía en cama y se ahorraba cena y regalos. Infame. Su esposa lo abandonó regresando de la Luna de Miel, así ha de haber estado la cosa.

Murió no muy viejo sin que alguien llorara su ausencia, porque en vez de seguir el consejo del médico de internarse de urgencia para que le extirparan un tumor, regresó a su casa y llamó a la Cruz Roja, que era gratis. Acabó en el médico forense. Merecido.

 

GRAVE INSEGURIDAD PÚBLICA

La titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez, en su comparecencia ante Senado, el martes pasado, en referencia a la grave inseguridad pública que asola al país (o asuela, al gusto), dijo que el gobierno “no busca ganar una guerra, sino lograr la paz”.

Comentamos que tal afirmación siembra desesperanza sobre el futuro inmediato del país (los tres años que restan de gobierno a la 4T) y acerca de qué tan grave situación enfrentará el próximo gobierno federal.

México está en guerra. Se oye feo, así es. No es una licencia verbal. No es una analogía. Estamos en guerra. Guerra según el diccionario, es la “lucha armada entre dos o más naciones o entre bandos de una misma nación”. Estamos en guerra. Queda implícita la aceptación del hecho en el mismo fraseo de la secretaria Rodríguez: si se busca “lograr la paz”, quiere decir que no se está en paz.

En 2018, la Clínica de Derecho Internacional Humanitario de la Universidad de Leiden de los Países Bajos, elaboró un muy detallado estudio titulado: “La situación de la violencia relacionada con las drogas en México del 2006 al 2017: ¿es un conflicto armado no internacional?”.

La conclusión final es: “(…) desde 2007 en México se presenta un conflicto armado no internacional. Aunque este informe sólo ha analizado datos hasta diciembre de 2017, cabe suponer con certeza que el conflicto continúa” (hay versión en español por si le interesa leerlo completo, busque en http://www.cmdpdh.org/publicaciones-pdf/cmdpdh-la-situacion-de-la-violencia-con-las-drogas-2006-a-2017.pdf).

 

EN SEIS MESES QUEDARÍA RESUELTO…. Y YA VA MÁS DE LA MITAD DEL SEXENIO

Lo que sabemos, sin la menor duda, es que ese conflicto armado no internacional, no sólo sigue sino que se ha agravado, muchísimo. Y, ¡por favor!, que deje ya de repetir el gobierno federal que ellos no lo provocaron, eso lo sabe cualquier tenochca debidamente destetado, como sabe también que durante la campaña política para ganar la Presidencia de la República, se comprometieron a resolverlo en los primeros seis meses en que fueran gobierno… luego en un año… y ahí vamos ya cerca del tercer año del sexenio, empeorando todo.

Sorprende que se sorprenda el tenochca ilustrado sobre el modo como nuestro actual Presidente atiende este, el principal problema nacional.

El 22 de agosto de 2008, desde Villa Galeana, Chihuahua, López Obrador afirmó: “Sólo se abatirá la inseguridad con el cambio de política económica”, exhibiendo su absoluto desconocimiento del asunto: nada tiene que ver la política económica con un fenómeno delincuencial regional y ahora, mundial.

Si México tuviera la economía más robusta de América, si mexicano fuera sinónimo de rico, igual los delincuentes seguirían barriendo dinero con el tráfico nacional e internacional de drogas; y si mañana, mágicamente, todo el mundo declarara legales la producción, comercialización y consumo de estupefacientes, son tan extensas las bandas criminales y están tan acostumbradas a burlarse de la ley, que seguirían con la trata de personas, el secuestro, el cobro de piso y tantas cosas más, entre ellas, controlar gobiernos municipales (y parece que estatales, hasta el momento, que si los dejan, van por más, eso no lo dude nadie).

 

NO HAY PERSECUCIÓN A JEFES DE BANDAS CRIMINALES

También hay quien reprocha al gobierno que no tenga una estrategia contra la delincuencia organizada. Pues claro que no. Olvidan los indignados que ya para cumplir su segundo mes en el poder, el Presidente declaró -el 30 de enero de 2019- que en su administración no se detenía a los grandes capos de la droga “porque esa no es nuestra función principal (sino) garantizar la seguridad pública”, y anunció -palabra presidencial-: “No hay guerra. Oficialmente ya no hay guerra. Nosotros queremos la paz. Vamos a construir la paz”.

Es oficial desde esa fecha: no hay guerra ni persecución de jefes de bandas criminales. Y no se puede regatear que es una manera infalible de terminar una guerra: dejar de combatir, rendirse.

Aunque lamentablemente, en este caso, eso no traiga la paz, porque los narcos no están en guerra contra el gobierno, sino entre ellos y sin respeto a los cuerpos policiacos, las fuerzas armadas ni nada, especialmente la ciudadanía, a la que extorsionan, secuestran y matan.

Pero aun así, sin estar enfrentados los delincuentes con el gobierno, el gobierno debería enfrentarlos. Bueno, eso piensan algunos conservadores, fifís, ignorantes voluntarios de las bondades de la transformación nacional que incluye la aplicación selectiva de la ley.

Permanece el misterio sobre los asuntos de que se habla en las reuniones que sostiene el Presidente de lunes a viernes a las seis de la madrugada, con su “gabinete de seguridad”. Según informan, se le entrega al titular del Ejecutivo “el parte” de lo sucedido el día anterior. Ha de ser. Pero resulta del todo inútil si el Presidente no escucha a los expertos, si no toma decisiones a resultas de las recomendaciones de los que sí saben. La terquedad y la necedad son hermanas de la ignorancia. Y hay ignorancia culpable.

El Presidente ha dicho en al menos tres ocasiones que sin paz no hay Cuarta Transformación; el 15 de julio pasado, fue más explícito: “Si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho, no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno”. Bueno, su boca es su medida.

LA FERIA

Su boca es su medida

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Lo que hoy es noticia, mañana queda en el olvido * La gente brama y maldice, pero nada perdura semanas en el escaparate del rechazo o indignación y en cuestión de días, se diluye hasta incorporarse en la amnesia colectiva

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Toda la familia materno toluqueña de este menda, la católica “summa cum laude”, sabía que los tres sobrinos de tía Tencha eran sus hijos, tenidos sin haber contraído nunca nupcias y gracias a las aportaciones de un señor casado del que todos conocían sus generales; igual con el mozo del solterón tío Ricardo, que sí era su mozo, pero de estoques, porque nadie nunca lo vio lavar un plato o hacer un mandado…

¡Ah! pero si quería usted meterse en un problema tipificado en el código familiar como delito grave perseguido de oficio, bastaba que se refiriera a los “sobrinos” y al “mozo” con los sustantivos precisos: hijos y querido; las diez plagas de Egipto sobre su cabeza. Y todo Toluca estaba al tanto.

Se va uno haciendo grande y cae en cuenta que no era una peculiaridad familiar: así somos en general los pobladores de este idílico país; es un rastro genético heredado de los mexicas, cuya dulzura de modos y suavidad de trato, llamaban la atención a Hernán Cortés y sus compañeros de aventura, considerando que después de sus saludos llenos de cortesía seguían las pedradas y los macanazos con que los obsequiaban (la Noche Triste no se olvida, ¡la lucha sigue y sigue!).

 

SACA RONCHAS LLAMAR A LAS COSAS POR SU NOMBRE

Como sea, el caso es que a los tenochca simplex promedio que conformamos el peladaje nacional, nos saca ronchas llamar a las cosas por su nombre.

Malabares hemos hecho para encontrar palabra suficientemente suave para referirnos a los inválidos, baldados o retrasados mentales, ya pasamos por “minusválidos”, intentamos con “discapacitados”, nos estacionamos temporalmente en “capacidades diferentes” y ahora andamos por “capacidades especiales” (a ver qué más se nos ocurre).

Así también, la mierda hasta nuevo aviso, es “desecho sólido” y las prostitutas, de meretrices, busconas y rameras, pasaron a “sexoservidoras”, en tanto inventen algo más edulcorado como “profesionales técnicas en servicio completo y drenado del aparato reproductor masculino”.

Siendo esto un rasgo muy nuestro, también distinguimos cuando se usan palabras suaves con intención de burlarse o de ofenderlo a uno. Nadie sonríe ni agradece si le dicen que su hermana es “de faldas ligeras”, que su hijo es “delicado” o la esposa es de “amplio criterio”, no señor, que todo nacional mexicano nace equipado con detector de ofensas y es coleccionista de agravios.

Un recurso de sobrevivencia nacional que pasó por alto el inmenso Ibargüengoitia en sus “Instrucciones para vivir en México” es la desmemoria voluntaria respecto de las frecuentes cuestiones esperpénticas del orden público cuya reparación sabemos no está en nuestras manos, por lo que el connacional debidamente destetado hace como que las olvida (y a veces sí las olvida).

Por grande que sea un escándalo en México, si se espera el debido tiempo (breve), pasa al olvido. La gente brama y maldice, pero nada perdura semanas en el escaparate del rechazo o indignación y en cuestión de días, se diluye hasta incorporarse en la amnesia colectiva.

 

LOS ESCÁNDALOS CON EL TIEMPO PASAN AL OLVIDO

Nuestros políticos lo saben y cuando les toca aparecer en la picota del vituperio, esperan estoicamente a que transcurran los pocos días necesarios para que el asunto pase a páginas interiores y después al olvido.

No vaya muy lejos, piense en si recuerda cuándo fue el incendio del Lobohombo (22 muertos), los 12 aplastados del News Divine (y don Ebrard tan campante), el incendio de la Guardería ABC con sus 49 bebés incinerados vivos, 70 quemados y sufriendo (y los dueños, tan frescos).

Si le parece lógico que sucesos de hace años ya nadie los recuerde, se le concede, entonces recapacitemos en la tragedia de la Línea 12 del Metro de apenas el 3 de mayo de este año: 26 fallecidos, 80 heridos y 5 cinco desaparecidos (!)… y la autoridad sin despeinarse, nos informa que los responsables son unos pernos mal soldados, sin que salgan las masas a reclamar justicia, cómo para qué, ya ni quién se acuerde.

Sería rudeza innecesaria hacerle recapacitar en que la encuesta diaria de defunciones por la pandemia del Covid-19 ya aburre y francamente ni quién lea la estadística en la prensa, aunque ya vamos oficialmente en cerca de 300 mil fiambres más los que la propia autoridad acepta que no cuenta, que eleva la cuenta al medio millón. Y de los asesinatos y la inseguridad, ni hablar, eso ¡ya chole!

Por eso el Presidente pudo poner a Manuel Bartlett de gran jefe de la CFE: nos conoce. Sabía que no iba a faltar el maldoso que recordara lo que él mismo, el Presidente dijo, en su libro ‘Entre la historia y la esperanza’, que don Bartlett era un corrupto y que como gobernador de Puebla tomó “el federalismo como patente de corso para atropellar los derechos individuales y políticos de los ciudadanos”… ¿sí?, pues ¡a la CFE!

Y qué le parece el nombramiento de doña Guevara al frente de la Conade, aunque el 11 de mayo de 2015 le regaló un tuit: “Es lamentable que Ana Gabriela Guevara haga campaña a favor de la candidata del PRI en Sonora. Son iguales de corruptos los del PRIAN”. Ni quién se acuerde.

 

‘TENGAN PARA QUE APRENDAN’

Tampoco ruboriza al Presidente su tuit del 15 de julio de 2015, en que dijo: “Si cuando menos no renuncia el gabinete de seguridad, va quedar la idea de que hubo complicidad al más alto nivel en la fuga del Chapo”… ¿sí?, pues él declaró tan campante haber ordenado la libertad del Chapito. ¡Tengan para que aprendan!

¡Cómo nos conoce el Presidente!, por eso sabe que puede hacer lo que le venga en gana sin pagar el precio. Por eso se atreve a mandar una iniciativa de reforma constitucional de la industria eléctrica, sin pies ni cabeza. Ni quién se fije.

Sólo olvida el Presidente la afición irreprimible del tenochca estándar de hacer leña del árbol caído y que su tronco favorito son los ex presidentes.

También olvida el Presidente la afición nacional por los refranes:

El 14 de mayo de 2017, echándole pedradas a Peña Nieto, puso otro tuit en el que dijo: “Si el crimen y los delitos crecen, es evidencia que la miseria va en aumento y que la sociedad está mal gobernada”… bueno, su boca es su medida.

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LA FERIA

Las acciones legales, pero inmorales de la 4T

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No es único el caso del desayuno de Lozoya en restaurante de Palmas * Al asumir Andrés Manuel López Obrador el cargo jura solemnemente cumplir y hacer cumplir las leyes, no las costumbres, no la moral. En fin, para el caso que le hacen a uno

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Mala memoria.
Tía Victoria, como bien sabe usted a estas alturas, acumuló en su vida más colchones que la cadena Sheraton y encima, sabía las “historias” de todo el Toluca de la primera mitad del siglo pasado.
En general era discreta, pero cuando de defender a las mujeres de la familia se trataba, en especial a sus sobrinas, no se tentaba el corazón, como la vez que tía Beatriz dijo de la prima Olga, que era una chamaca de vida inmoral y tía Victoria la atajó: -Si tanto te gusta hablar de moral, platícanos por qué tu primer hijo nació sietemesino de cinco kilos y ni se parece a tu marido –soponcio de tía Beatriz, risitas contenidas de los presentes.

 

ESCANDALETE RIDÍCULO DE LOZOYA
Emilio Lozoya, director de Pemex de diciembre de 2012 a febrero de 2016, acusado de corrupción, lavado de dinero, tráfico de influencias y crimen organizado, fue capturado en España y extraditado en México.
Al llegar a esta tierra de hombres cabales, pasó a ser ‘testigo colaborador’ conforme a lo dispuesto en la Ley Federal para la Protección a Personas que Intervienen en el Procedimiento Penal (no ‘testigo protegido’, que eso no existe en la ley, ni ‘persona protegida’ que sí existe pero es otra cosa según las fracciones IX y X del artículo segundo de esa ley).
Quedó sujeto a proceso por los probables delitos de cohecho, asociación delictuosa y uso de recursos de procedencia ilícita.
Ha confesado que recibió un soborno de 10 millones de dólares de la empresa Odebrecht. No pisó la cárcel, pues se supone que va a ‘colaborar’ (a echar de cabeza a otros). Bueno, cada quien se defiende como puede y más si la Fiscalía se va encima de la mamá, hermana y esposa. Cualquiera no afloja.
El caso es que fue sorprendido el pasado sábado 9 de octubre, cenando plácidamente en un restaurante caro de la CDMX. Se armó un escandalete ridículo: el señor puede andar por donde le pegue la gana dentro de la capital del país, portando un brazalete electrónico de localización (se supone que lo usa, pero vaya usted a saber).
Al día siguiente el Presidente de la República declaró que eso “es legal, pero es inmoral”. ¡Áchis!
Es delicado que el Presidente hable de moral, pues la moral la impone la sociedad; la moral son las costumbres, los valores culturalmente establecidos y aceptados por la generalidad; nos gusten o no; sean correctos o no, respecto del Derecho y los derechos.
Interesante sería que nuestro Jefe de Estado y de Gobierno se enterara que la costumbre (la moral) está inserta en las leyes promulgadas que norman el comportamiento de los individuos que pertenecen a determinada colectividad, pues se legisla tomando en cuenta entre otras cosas, las costumbres de la sociedad.
Por eso, y para no arriesgarse a que el titular del Poder Ejecutivo salga con vaciladas de moral, moralina o moralejas, al asumir el cargo jura solemnemente cumplir y hacer cumplir las leyes, no las costumbres, no la moral. En fin, para el caso que le hacen a uno.

 

DELICADO QUE AMLO HABLE DE MORAL


Decíamos que es delicado que nuestro Presidente hable de moral (y lo hace insistentemente), porque en el uso cotidiano que los del peladaje hacemos de ese término, no son pocas las acciones de su gobierno que por legales que sean, son inmorales.
Es legal (ya es legal) la arbitraria suspensión de la construcción del aeropuerto de Texcoco, pero fue una inmoralidad que nos costó carretadas de dinero, que lastimó el prestigio del país como lugar para invertir, con consecuencias que no por silenciosas son menos estruendosas respecto del futuro económico de la nación.
Es legal (a empujones) la construcción de la refinería de Dos Bocas, pero es una inmoralidad haberla decidido por capricho y a contrapelo de las opiniones de los expertos, entre ellos los del Instituto Mexicano del Petróleo (de Pemex), que desde 2008 declararon inviable su construcción por buenas y no pocas razones.


Es legal (porque terminaron por aceptar los propietarios), pero fue inmoral la clausura de la construcción de la cervecera Constellation Brands en Mexicali, a resultas de una consulta popular 100% inventada (bueno, no, 95% inventada), mandando al basurero una inversión de 2 mil millones de dólares, 4 mil empleos indirectos y mil directos,


Es legal (porque la autorizó el Congreso) la contrarreforma educativa, aunque es inmoral haber devuelto a la deplorable CNTE el control de la educación en los estados en que campea.
Es legal y muy inmoral gastar dinero del erario, o sea de todos los que pagan impuestos, en personas que deben llenar dos requisitos: no trabajar y no estudiar, los afamados ‘ninis’, en vez de crear una bolsa nacional de trabajo y centros de capacitación para el trabajo o lo que sea, excepto regalarles dinero.
Podríamos mencionar otras acciones del gobierno federal de turno, legales, pero francamente inmorales y hasta otras pertenecientes al hilarante tratado de la Historia de la Estulticia, como solicitar que España pida perdón a México por hechos sucedidos cuando España no existía (ni México), pero nada de eso atenta contra las obligaciones presidenciales, el cretinismo no está tipificado ni es punible, la ingenuidad o la terquedad, tampoco.

 

ROMANCE GOBIERNO-DELINCUENTES
Más de pensarse son las acciones ilegales e inmorales de este gobierno: decretar la política de “abrazos, no balazos” para la delincuencia organizada y no detener a capos del narcotráfico; su propuesta de “amnistía anticipada” en favor de quienes hayan cometido delitos de corrupción; también es ilegal e inmoral que el 80% de los contratos federales se otorgue por adjudicación directa; igual que el desbasto general de medicamentos que en el caso de los niños con cáncer es una afrenta; también es ilegal la manifiesta omisión para desocupar las vías férreas de Michoacán, clausurar los comedores comunitarios, cerrar las estancias infantiles, las casas refugio para mujeres víctimas de la violencia… ya sin mencionar el abandono del sector campesino y de toda la sociedad ante los embates de la pandemia.


Este esperpéntico panorama prueba que los políticos que tienen la conciencia tranquila tienen mala memoria.

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LA FERIA

En asuntos políticos AMLO no tiene familia

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Resolución del Trife: el INE debe investigar el escándalo de Pío López Obrador * El Presidente expresa que si es culpable, que se aplique todo el peso de la ley… pero mese antes ya había dictaminado: “no es corrupción, son aportaciones”

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

El pantano.

Estará usted de acuerdo con este menda en que lo correcto es hacer lo correcto. Sí, claro. Sin embargo, para el tenochca simplex promedio, hacer lo correcto significa básicamente respetar las formas, con las excepciones reglamentarias (porque eso de que ‘siempre hay excepciones’ no está tan claro, pues si ‘siempre hay excepciones’, entonces a veces no hay excepciones… mmm…); como sea: las formas son las convenciones sociales que hacen grata la convivencia, pero en México son un ceremonial en el que intercambiamos mentiras como muestra de respeto. Y así nos entendemos.

“Mi más sentido pésame”, decimos con cara de circunstancia, aunque sea un reverendo desconocido el fiambre. “¡No supe!”, exclamamos justificándonos por no haber ido a visitar al compadre que estuvo dos meses hospitalizado, entre la vida y la muerte. “Ojalá no sea nada”, toca murmurar cuando reprimimos el bostezo por el relato detallado de la triquinosis del consuegro. “¡Me hubieran avisado!”, se dice disimulando el alivio por no haber sabido que se inundó la casa del vecino. “Cuando quieran, esta es su casa”, despidiéndose-empujando a la visita. “Y ya sabes, lo que se ofrezca”, decimos a la recién viuda, colgando el teléfono, sin dejar de ver la tele.

Así somos: “¡ay, qué lindo nene!” (aun si parece batracio); “preciosa boda” (aunque fueron los granaderos a restablecer el orden); “¿dónde la compró?” (con entonación de “qué cosa más linda”, viendo la sala modelo “Tigres de la Malasia”, que nos presume la esposa del patrón); “¡todo muuuy bien!” (palmeando la espalda del papá de la quinceañera, huyendo del bodrio de fiesta); “ya no hay que echársela tan larga” (a quien no quiere uno volver a ver en esta vida). Y el muy mexicano: “¡Yo te hablo!” (despidiéndose sin el menor deseo de volver a ver al tipo).

Es parte de nuestra herencia mexica-española-cortesana (300 años de Nueva España algo dejan); somos obsequiosos, cuidamos las formas: “no dejes de llamarme”, “me dio gusto verte”, “cantas precioso”, “es envidia de la buena”… podríamos hacer una enciclopedia de frases hechas, adecuadas y socialmente aceptadas para cualquier circunstancia de la vida en que se deba mostrar simpatía, aceptación, entusiasmo o aprobación, sobre cualquier cosa que nos resulta indiferente, molesta, indeseable o queramos evadir. Todo menos la verdad, que para calificar cosa tan molesta, acuñamos la palabra “claridoso”, para el majadero que no atenúa la realidad.

Al leer estas destempladas reflexiones costumbristas, tal vez usted piense: “¡claro!, ni modo de ir por ahí ofendiendo gente”. Y tiene razón. Su texto servidor que también es puro mexicano, se comporta igual y hasta es creativo, como la vez que en una cena, el matrimonio anfitrión enseñaba las fotos de sus vacaciones en las islas griegas y de repente de mano en mano, fueron pasando las estampas en mini-micro bikini -pero chiquitito- de la cincuentona señora cuerpo de tinaco parado, brillosas carnes gelatinosas y cara de rana insolada; se hizo un espeso silencio entre los presentes, urgía decir algo, romper el ambiente de estupefacción que a instantes estaba de terminar en una carcajada general y este menda salió al quite: -“¡Me encanta la naturalidad de la mujer moderna!”… -y como por ensalmo la adiposa dama sonrió, suponiéndose admirada y apetecible; y el marido torció una sonrisa de orgullo de macho alfa. Dejé la cena.

De acuerdo. Así son las cosas en nuestro idílico país: la virtud de la caridad ensalivada… pero, también hay cosas que son exageraciones propias del voluntariado de la corrección gratuita. A un desconocido no se le dice qué elegante es su corbata de mazorcas de maíz; a una doncella con la que se cruza uno por la calle, no se le chulea su peinado de aguacero de sebo; y nadie se mete a una funeraria a repartir pésames anónimos.

Se lo comento porque una característica entre risible y desagradable de los políticos, bueno, de algunos políticos (hay excepciones), es que no desaprovechan oportunidad de hacer lo políticamente correcto, aunque sea incorrecto, como disfrazarse para cada ocasión, creyendo que alguien se traga el cuento de que el funcionario panzón, al mismo tiempo es charro, rescatista, obrero y deportista; son los que comulgan en misa, se ponen mandil con los masones, kipá (gorrito) si comen con la comunidad judía, botas texanas y cinturón piteado para ir a una feria ganadera y le babean la mano a obispos y cardenales. El político camaleónico.

También nuestros políticos (con las excepciones bla, bla, bla…) nos han acostumbrado a oírles decir cosas que todos sabemos no pasan de frases de circunstancia: “se investigará a fondo”, “tope donde tope”, “todo el peso de la ley”, “nuestra solidaridad”, “no están solos”, “no les voy a fallar”… y tantas más.

Y ya en estas, no debemos regatear mérito a nuestro actual Presidente que ha hecho aportaciones notables a este nuestro modo de sobrevivir en México. Como su lucha contra la corrupción es eje central de sus actos, afirma que en asuntos públicos no tiene esposa, hijos, hermanos ni amigos (el tenochca estándar lo escucha sin que se le agite el pulso).

La cosa cambió cuando reventó el escandalete de los videos de 2015 de su hermano Pío recibiendo dinero de David León, colaborador de Manuel Velasco entonces gobernador de Chiapas.

De inmediato el Presidente pidió que se investigara, pero que no era corrupción: eran aportaciones del pueblo bueno al “movimiento” (Morena), detalló que estaba seguro que era para gasolina y añadió que no sabía si Morena lo reportó al INE (como obliga la ley y como aún no sabemos). Pero, igual, remató: “Que se aclare” (sí, pero no es corrupción, ya quedamos).

Ya pre-exonerado su hermano, como el Trife resolvió que el INE debe investigar el asuntito, el Presidente, impertérrito, declaró: “Si mi hermano Pío es responsable, que sea castigado”. Sus malquerientes creyeron que lo acorralaban con esto, pero a él no lo mancha ningún lodo, como a esas aves que cruzan el pantano.

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