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EN PRIMERA PERSONA

INE, el gran ganador en la elección interna de Morena

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Ya se vio que Morena no sabe organizar elecciones y mucho menos dar transparencia en sus consultas * Urge cuidar y blindar al INE y al TEPJF ante una democracia “morena y rancia” • Todo el catálogo de marrullerías e ilícitos en las urnas fue utilizado en la selección de sus consejeros • Delfina Gómez, beneficiaria del dedazo presidencial; lo mismo se cocina para la zacatecana Rocío Nahle en ¡Veracruz! • Confirma la actitud soberbia y grosera de Adán Augusto López que la ungida será Claudia Sheinbaum

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Cierto, movilizar a alrededor de 2.5 millones de personas en una jornada interna para elegir a sus nuevos consejeros y de paso afiliar a su partido a todos los que sufragaron, es un hecho más que rescatable. El acierto, debe admitirse, no es de Morena ni mucho menos de Mario Delgado, sino de Andrés Manuel López Obrador en su calidad de líder de ese movimiento, y no de Presidente de México.

Lo que se vivió el domingo 31 de julio no fue nada que los mexicanos no hayan atestiguado ya. Lo que llama la atención, en todo caso, es que la Cuarta Transformación (4T) había prometido desde hace tiempo hacer las cosas diferentes, es decir, en este caso organizar elecciones y consultas ejemplares. Lo que se vio a lo largo y ancho de la República fue justo lo que hacían en sus mejores tiempos los priístas y perredistas: violencia entre militantes, acarreo, compra de votos, batazos y golpes, destrucción de casillas, urnas embarazadas; quejas antes, durante y después de las votaciones, denuncias e inconformidades. Absolutamente todo el catálogo de delitos y anomalías que, cuando eran opositores, censuraban un día sí y el otro también.

Morenistas recurrieron a las prácticas de antaño de priÍstas y perredistas que tanto criticaron. Mal comenzó su proceso para elegir candidato para el 2024. No estuvo tan mal, respondieron.

El Ejecutivo federal tuvo que reconocer que hubo anomalías en la selección de los consejeros nacionales que, en su momento, habrán de tener en sus manos el manejo de la elección del candidato de Morena a la Presidencia de la República. Así las cosas, no es cosa menor lo sucedido, pues de origen el proceso de sucesión comienza mal entre los morenistas. Lo que no han admitido ni admitirán es que, además, los dados ya estaban cargados en favor de los incondicionales al inquilino de Palacio Nacional.

Uno de los ganadores de esa jornada electoral es el Instituto Nacional Electoral. Sí, sin necesidad de participar, opinar y mucho menos organizar esa pachanga. A los mexicanos les debe quedar bien claro que esa no es la democracia que se exige y a la que se aspira en estos tiempos. Es de risa loca querer ser ejemplo internacional con lo sucedido en esa jornada. Los propios miembros de Morena y su líder nato deben preguntarse si ese es el México que anhelan para los próximos años. Algunos, obvio, afirmarán que las cosas no salieron tan mal, que antes eran peores. Eso es no tener vergüenza y sí un desmedido apetito por el poder.

El INE salió fortalecido y cualquier reforma electoral debe ser para blindarlo, no para desaparecerlo.

¿Por qué ganó el INE? Simple, porque los mexicanos se han dado cuenta que unas elecciones tan importantes como serán las del 2024 no pueden quedar en manos del actual gobierno ni de su partido. Una experiencia así sería desastrosa, de alcances inimaginables entre el pueblo. No es exageración. Ejemplos de un país dividido, colapsado e incendiado por trampas y hurtos electorales sobran en nuestra historia. ¿La conocerán? Quizá sí, pero eso no les importa.

Ahora más que nunca, es obligación de todos los mexicanos de buena fe hacer todo lo posible para cuidar y fortalecer la independencia y autonomía del INE ¡contra viento y marea! Es más, también tendría que ser responsabilidad de los simpatizantes de Morena. Hoy, como lo ha hecho en el pasado, es la única institución que puede garantizar una organización justa y legal de las elecciones, le pese a quien le pese. En el mismo tenor está el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Debilitar o desaparecer al INE y al TEPJF, como pretende López Obrador, sería un atentado de consecuencias irreversibles que muchos no queremos ni siquiera imaginar. Está bien si el objetivo es ahorrarse miles de millones de pesos, pues ahí está lo que se destina a los partidos, pero de ahí a desmantelar a esas instituciones hay un abismo de diferencia.

La pretendida reforma electoral que ya fue enviada al Congreso por el Ejecutivo y que ahora se discute en otra pachanga organizada por sus defensores, busca precisamente eso: desaparecer al actual INE y Tribunal para dar paso a unas instituciones a modo y multifuncionales para, entre otras cosas, organizar las famosas consultas que tienen cautivado a López Obrador. Y cómo no ha de ser así, ya que se trataría de institucionalizar el mentado dedazo que tanto daño hizo a México en los tiempos priístas.

Y no es ociosa la siguiente pregunta: ¿qué pretende con ello el vecino de Palacio Nacional, que si la situación política no cambia drásticamente, el ganador de las elecciones presidenciales sería el abanderado de Morena? Un INE y TEPJF fortalecidos, como se encuentran hoy, darían legitimidad al proceso. Esto es lo que buscaría cualquier funcionario sensato ¿cierto?

Parece que no es el caso de López Obrador. No está dispuesto a arriesgar absolutamente nada con tal de garantizar la continuidad de su proyecto de nación. No quiere sólo ganar, sino avasallar y destruir a los adversarios políticos. Todo indica que la reforma electoral no pasará entre los legisladores, por más que apriete y amenace el gobierno con jugadas como la investigación al exmandatario Enrique Peña Nieto. ¿O sí? “Lo mío no es la venganza”, repite hasta el cansancio AMLO en el tema del mexiquense, pero por más que insista todo apunta a que la jugada salió y es manejada desde sus oficinas.

Nada hay qué presumir al exterior de la democracia y política de la Cuarta Transformación.

Igual está a la vista de todos que la elección de los consejeros, el proceso interno de Morena y la tan cuestionada encuesta están en manos de López Obrador para cristalizar su plan de ungir a Claudia Sheinbaum Pardo como su sucesora. Y en caso de un resultado adverso (siempre existe la posibilidad por mínima que sea), está la opción de arrebatar. Al tiempo señores.

Claudia votó y se enfila a la meta.

 

DELFINA GÓMEZ Y ROCÍO NAHLE, MÁS DEDAZOS

Y si alguna duda queda de cómo se maneja la política y democracia en la 4T, ahí están los casos de Delfina Gómez Álvarez y Rocío Nahle García. En suma, el Presidente López Obrador quiere (y en ello centra su tarea) que las secretarias de Educación Pública y la de Economía sean las próximas gobernadoras del Estado de México y Veracruz, respectivamente.

Lo de doña Delfina se sabe desde hace años y todo lo que se ha hecho en los últimos meses sólo ha sido para darle formalidad al proceso y llenar los requisitos que la autoridad electoral demanda.

Delfina Gómez va otra vez por la gubernatura mexiquense. El proceso interno fue una puesta en escena.

Exactamente lo mismo sucederá con Claudia Sheinbaum. ¿Para qué tanto teatro y circo? En el Estado de México, el senador Higinio Martínez y el ex diputado Horacio Duarte sabían perfectamente que no eran los queridos y por lo tanto que nadaban contra corriente. No hubo ni milagro ni razón que hiciera cambiar de opinión a su jefe. Algún premio de consolación les tocará si inclinan la cabeza a manera de aceptación.

Esa, pues, es la democracia que impera en Morena. ¿En qué se diferencia de las de sus rivales? Exacto, en nada. Pero lo que se trama en Veracruz es ya escandaloso, arbitrario e inaceptable. Rocío Nahle, nacida en Zacatecas, es la señalada para gobernar Veracruz. ¿Cómo? Se preguntará Usted. Fácil: cambiando la ley de esa entidad con la complicidad de algunos partidos opositores (?).

Rocío Nahle se perfila para Veracruz a pesar de haber nacido en Zacatecas. Tiene la bendición de AMLO y hasta una reforma a la ley fue hecha a su medida.

El Congreso local tuvo el desacierto de sacar adelante la “Ley Nahle”. Evidentemente la estrategia no surgió allá, entre los veracruzanos, sino acá en el centro. Una modificación a la ley con dedicatoria para la secretaria de Energía, quien a pesar de no haber nacido en Veracruz ni vivir ahí, por el simple hecho de que sus hijos son oriundos de aquellos lares ahora estaría en posibilidades de pelear por la gubernatura.

Después de ese albazo, ¿habrá alguien que dude que Nahle es la ungida por el mesías? Así teje el tabasqueño su historia. Algo similar intentó con el ex gobernador de Baja California Jaime Bonilla al ordenar que se modificara la ley local para prolongar su mandato por más tiempo para el que había sido electo. No tuvo éxito, como tampoco lo tuvo con el ministro presidente de la SCJN, Arturo Zaldívar, quien se dejó encantar un rato ante la posibilidad diseñada desde el Ejecutivo. Los morenistas han superado a sus maestros priístas, y López Obrador le dice a sus antecesores “quítate que a’i te voy”.

Por cierto, una cosa es que el Presidente defienda a capa y espada sus proyectos y políticas desde la tribuna de la Mañanera, pero muy diferente es que desde ese mismo escenario opine y mande líneas respecto a las corcholatas, las elecciones de consejeros de Morena, la consulta misma de revocación de mandato, etcétera. ¿Estará violando la ley electoral? Algo hay de eso. ¿Y la autoridad callará por temor a recibir más ataques?

 

ADÁN AUGUSTO SE DESMARCA SOLITO

El secretario de Gobernación camina en la dirección que muchos advierten: ser sólo comparsa en el proceso interno de Morena para empoderar a Claudia Sheinbaum. No existe otra explicación para entender los dos desatinos que ha tenido Adán Augusto López en un par de semanas. Primero, al declarar que no le importaba si el INE lo corría (?) por actos anticipados de campaña, pues al fin y al cabo a ese instituto lo van a desaparecer los diputados. Confiando, claro, que sí aprobarán la reforma electoral.

Pero lo que raya en la grosería y falta de oficio político es lo que protagonizó a mediados de semana afuera de las oficinas de Bucareli. No tuvo la gentileza ni la decencia de recibir dentro de la secretaria a un grupo de mamás que lleva varios días en plantón por la falta de información sobre sus hijos desaparecidos. Ante la tragedia que viven esas familias, consideró que era suficiente con atenderlas en la banqueta. No todo quedó ahí. Vino lo peor al recetarle a una mujer “pues yo tampoco confío en usted”. Esa fue la respuesta del encargado de llevar la política interna del país a una desesperada madre que, previamente, había dicho que no confiaba en las autoridades en lo relativo a la búsqueda de los desaparecidos.

Otro tropiezo de Adán Augusto López evidencia que él no es el bueno.

Cuánta soberbia y prepotencia. Quiso luego, inútilmente, componer la escena. El mal estaba hecho, “pues de la abundancia del corazón, habla la boca”. Insisto, ese no es el comportamiento de alguien que busca ser presidente del país. Su desmarque nos quedó claro y está bien, pues él conoce sus capacidades y limitaciones. Preguntamos: ¿es ese el secretario de Gobernación que necesita México?

Marcelo participó en la jornada y oficialmente ya es de Morena. ¿Por cuánto tiempo?

 

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EN PRIMERA PERSONA

Atrapado AMLO por el ‘crimen de Estado’

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Por filtraciones periodísticas, se le enreda a la 4T el informe de Encinas sobre lo ocurrido en 2014 * ¿Será Ayotzinapa también la debacle del gobierno de López Obrador? • Peña Nieto nunca imaginó cómo lo dañaría el crimen de los estudiantes de Iguala; ¿y López Obrador? • Las Fuerzas Armadas, manzana de la discordia; privilegios al general detenido es un toque de alerta • El Ejército surgió para combatir a conservadores y fifís, recuerda AMLO; a como dé lugar, lo quiere en las calles

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

El expresidente Enrique Peña Nieto jamás pensó que la desaparición de los 43 jóvenes normalistas y la ejecución de otras personas en esos mismos hechos de Iguala y otros municipios de Guerrero durante el 2014, sería un asunto que marcaría para siempre su gobierno y que lo perseguiría incluso judicialmente si así lo quiere su hoy sucesor. Ayotzinapa fue el inicio de la debacle de la administración peñista. Y sí, nunca lo imaginó.

Enrique Peña Nieto fue juzgado de manera inmediata por la opinión pública. Ahora aguarda en España por si le fincan cargos y responsabilidades judiciales.

Quien ahora quedó atrapado en este mismo “crimen de Estado” es quien prometió a los papás de aquellos estudiantes y a México entero que esclarecería totalmente esa afrenta. No sólo fue una promesa en su campaña electoral, sino que a lo largo de su gobierno se ha comprometido a entregar, ahora sí, la verdad de lo sucedido.

No muy contentos han quedado los papás de los 43 estudiantes de Ayotzinapa por la información que se les ocultó sobre sus hijos y por las diferencias que se han dado entre los distintos actores de la Cuarta Transformación sobre el último informe del caso.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador tampoco pensó que el caso Ayotzinapa se le enredaría tanto en las manos.

No son pocas las preguntas que flotan en el ambiente, todas ellas válidas, pues a estas alturas ya nadie, como usted o como yo, sabe exactamente lo ocurrido. Las investigaciones han sido manoseadas por cada autoridad en turno de acuerdo con su conveniencia e intereses, unos para ocultar la verdad y otros para cobrar facturas, aunque sostengan que lo suyo no es la venganza.

Desde los tiempos de campaña, López Obrador prometió verdad y justicia sobre lo acontecido la noche y madrugada del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

 

FUERZAS ARMADAS, EN EL OJO DEL HURACÁN

Casi todos, incluyendo al que esto escribe, han sostenido alguna vez que las Fuerzas Armadas son instituciones que gozan de la aceptación de gran parte de los mexicanos. Sí, pero habrá que matizarlo un poco. Se les reconoce y agradece su participación, casi siempre heroica, en los desastres naturales, como terremotos y huracanes, para ayudar a los connacionales en desgracia.

En las últimas décadas su lealtad institucional a su Comandante Supremo, que es el Presidente de México en turno, ha superado toda prueba. Se han abstenido, incluso, de participar en política, como lo mandatan sus estatutos.

Sin embargo, no siempre ha sido así. Hablamos del México moderno, sí, pero ahí está nuestra historia no tan lejana de finales del siglo XIX y principios del XX, tiempos en que el Ejército y sus integrantes eran actores políticos en la vida nacional. Bueno, la lista de presidentes emanados del Ejército no es corta, como tampoco es menor la lista de sus traiciones que dañaron al país y su democracia.

¿Cumplirá la palabra empeñada o deslindará y protegerá a los militares involucrados en la masacre?

Ahora bien, se sostiene que los soldados y marinos son “pueblo con uniforme”. De acuerdo. entonces pregunto: ¿los policías estatales y municipales no son “pueblo con uniforme”? ¿Quiénes han integrado a las policías federales o nacionales o a la misma Guardia Nacional no son también “pueblo con uniforme”? Claro que sí. Y otra cosa común de ellos es que muchos han traicionado a México. No sólo no han combatido al crimen, sino que se han vuelto cómplices de los hampones y capos.

Y, perdón, pero ni siquiera algunos miembros de las Fuerzas Armadas quedan exentos de esta deslealtad. De qué otra forma se puede explicar la bonanza de los cárteles de las drogas si no es con la complacencia de los militares. Recordemos que en las administraciones pasadas los gobiernos prefirieron utilizar a miembros de la Marina para los grandes operativos porque había plena y justificada desconfianza en los miembros del Ejército. Aún más, era exigencia de Estados Unidos no confiar esas tareas a los soldados y ni siquiera compartirles la información. Así fue como se logró abatir a Arturo Beltrán Leyva, “El Jefe de Jefes”, en Cuernavaca durante el 2009.

Y no olvidemos que igual está la historia de Jesús Gutiérrez Rebollo, general de división, quien encabezó el Instituto Nacional para el Combate a las Drogas hasta 1997, pues fue aprehendido por proteger y ser socio nada más ni nada menos que de Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”. Estas, las historias que se conocen, ¿y las que desconocemos?

El general Jesús Gutiérrez Rebollo, zar antidrogas en el sexenio de Ernesto Zedillo, fue aprehendido por su complicidad con “El Señor de los Cielos”.

¿Y la matanza de estudiantes por parte del Ejército durante el movimiento estudiantil de 1968? Muchos esgrimirán: sólo recibieron y cumplieron órdenes de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez. En efecto, así fue. Entonces ¿tenemos un Ejército que no razona? Esa es precisamente la preocupación del día de hoy: la de un país militarizado en materia de seguridad en donde, sus efectivos, cumplirían al pie de la letra las órdenes de su jefe. ¿Y si se equivoca el Ejecutivo? ¿Y si cambia de opinión en las convicciones que hoy pregona? ¡Ahí está el peligro!

Adán Augusto López Hernández, secretario de Gobernación, defendió al Ejército. Dijo que sólo 4 militares están involucrados en los hechos de Ayotzinapa. “Una golondrina no hace verano”, sentenció. De acuerdo, pero entonces por qué el gobierno de la 4T desprestigia a toda una institución policiaca cuando se encuentran a algunos elementos corruptos y desleales si “una golondrina no hace verano”. ¿Un doble rasero? Parece que sí.

Imposible olvidar 1968. El Ejército obedeció órdenes. Precisamente esa es la preocupación de hoy.

 

FILTRARON EL INFORME COMPLETO DE ENCINAS

Lo cierto es que la administración de López Obrador quedó en un callejón sin salida con el involucramiento del Ejército en el caso Ayotzinapa después de que se filtrara sin tachaduras (datos reservados y confidenciales) el informe completo de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, que presentó el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas.

Alejandro Encinas, al presentar su informe con datos y nombres borrados. Filtraciones a la prensa complicaron las conclusiones preliminares al revelar lo que estaba tachado.

Lo revelado no es cosa menor.

  1. A los jóvenes los desollaron, descuartizaron y disolvieron en ácido. ¿Por qué haber ocultado esta realidad por muy dolorosa que sea? AMLO prometió la verdad a las familias.
  2. Los principales asesinos fueron los miembros de Guerreros Unidos al confundir a los estudiantes con rivales de Los Rojos. Los querían quemar, pero como eran muchos, se dividieron a los normalistas en grupos para cada quien se deshiciera de ellos como pudieran.
  3. Al día siguiente, quedaban con vida seis estudiantes. Fueron ejecutados días después por órdenes del entonces coronel del Ejército, José Rodríguez Pérez.
  4. El entonces alcalde José Luis Abarca ordenó que los jóvenes fueran asesinados esa misma noche. Una hija de Abarca lo relató a una amiga suya por mensajes de celular.
  5. Abarca pidió ayuda al Ejército. Le sugirieron de parte de Peña Nieto que asumiera la culpa y huyera del país. Que lo iban a ayudar.
  6. El día siguiente a la noche trágica, militares desenterraron varios cuerpos para llevarlos al 27 Batallón de Infantería, ya que ahí no entraría nadie. A mediados de noviembre, aún exhumaban cuerpos. ¿Peña lo sabía?

A lo anterior hay que sumar que la Fiscalía General de la República canceló más de una veintena de órdenes de aprehensión, principalmente contra militares, que la Comisión para la Verdad había solicitado y justificado. ¿Por qué? Porque el Ejército comenzó a patalear, presionar y a defenderse. Tal es la discrepancia y diferencias al interior del gobierno de la 4T que los golpes por debajo de la mesa no cesan. La inconformidad topó con la renuncia del fiscal del caso Ayotzinapa, Omar Gómez Trejo, por la intromisión de Alejandro Gertz Manero.

 

EL EJÉRCITO, PARA COMBATIR A CONSERVADORES Y FIFÍS: AMLO

El Presidente López Obrador ha apostado todo por las Fuerzas Armadas. Controlan aduanas y puertos. Construyen las obras faraónicas de este sexenio. Los presume una y otra vez. Sobre ellas finca y consolida su gobierno. Las quiere en las calles más tiempo del que ahora permite la Carta Magna. En soldados y militares finca su lucha contra los criminales, aunque se contradiga con la estrategia de “abrazos, no balazos”. Así las cosas, es obvio que salga en su defensa. Pero ¿acaso no leyó o no le informaron lo que contenía el informe de Encinas? Parece que no. ¡Increíble!

No obstante, el Presidente se enreda en sus propias palabras y discursos. O quizá no y todo está perfectamente calculado. Total, después dirá que lo malinterpretaron sus acérrimos enemigos. En la defensa a las Fuerzas Armadas, López Obrador soltó: “Tenemos que defender a nuestras instituciones y este Ejército, lo he dicho en otras ocasiones, surgió para combatir un golpe de Estado, para combatir a conservadores, a fifís que se atrevieron a asesinar al presidente Madero…”

Incondicional es el apoyo presidencial al general Cresencio Sandoval y las Fuerzas Armadas. López Obrador las quiere en las calles para combatir la inseguridad.

Mire que tal declaración trae doble filo. A sus adversarios políticos, López Obrador los ha calificado de traidores a la patria y estos son, precisamente, los conservadores y los fifís. ¿Coincidencia? En absoluto. El mensaje es claro y no hay intento por ocultar el amago o la franca amenaza. En verdad ¿en esas estamos? ¡Qué miedo!

Con consulta o sin ella, el Presidente quiere imponer su ley. No importa que confronte y divida a los otros Poderes de la Unión. Si así es, mucho mejor. Legisladores y ministros son objetivos de sus dardos venenosos. Soslaya y pisotea al INE. Prefiere una consulta a modo organizada por su incondicional Adán Augusto López en Gobernación, una similar con la que llevará a su corcholata preferida Claudia Sheinbaum a la candidatura de Morena. El resultado es predecible: el pueblo quiere al Ejército en las calles. ¿Por qué? Porque AMLO ya dio esa orden a sus huestes, no de manera directa, pero sí como acostumbra, tirando la piedra (en esta ocasión el mensaje y la orden) y escondiendo la mano.

 

¿QUIÉN VENCERÁ Y QUIÉN SE DOBLARÁ?

Hay cuatro actores y un juez:

1) La Comisión para la Verdad encabezada por Encinas; 2) la Fiscalía General de la República de Alejandro Gertz; 3) las Fuerzas Armadas, y 4) los familiares de los 43 jóvenes de Ayotzinapa. López Obrador no podrá dar gusto a todos. Tendrá que inclinar la balanza por alguno de ellos sin importar que con ello desatienda su compromiso con la verdad y justicia. ¿Quién se impondrá? No es difícil adivinarlo: las Fuerzas Armadas son su bastión y no las dejará naufragar, pues él se hundiría también.

Alejandro Encinas está en una posición extremadamente peligrosa. Enrique Peña Nieto no dudó en sacrificar a Jesús Murillo Karam con su “verdad histórica” y hoy ya está tras las rejas por no empinar a su entonces jefe. Sin duda, López Obrador no dudará, si es necesario, sacrificar Encinas con su Comisión para la Verdad. Eso lo sabe don Alejandro. ¿Guardaría silencio como Murillo?

Enrique Peña Nieto mandó al matadero a su entonces procurador Jesús Murillo Karam. ¿AMLO hará lo mismo con Alejandro Encinas?

Alejandro Gertz ya aguantó varios temporales y podría sobrevivir a uno más, pero no debería confiarse demasiado, pues primero está la imagen presidencial y después la de las Fuerzas Armadas. ¿Y las familias de los 43 ejecutados? ¿Y la verdad y justicia? ¿Habrá más promesas que acciones? ¿Más atole con el dedo? Si ya aguantaron ocho años, que más da a que sea otra administración la que esclarezca lo ocurrido, podrían pensar en Palacio Nacional.

Pero cuidado, no es tan sencillo. La credibilidad de AMLO está en entredicho. Peña Nieto sucumbió con Ayotzinapa. ¿Y López Obrador? Su propia historia la está escribiendo hoy en día y él mismo la definirá en las próximas semanas y meses.

Ayotzinapa y la participación del Ejército, así como la historia misma de las Fuerzas Armadas (que aquí hemos tocado a vuelo de pájaro) están emparejadas con la militarización de México con motivo de la seguridad pública. No es cosa menor. Si a soldados y marinos que violen la ley se les dará el trato de privilegio como al ahora general José Rodríguez Pérez (aprehendido por supuestamente haber participado en la desaparición de los estudiantes), eso no sería justo ni legal. ¿Por qué no está ante un Ministerio Público dependiente de la FGR? En cambio, desde el Campo Militar número uno y portando aún el uniforme castrense, se le permite dar una entrevista periodística. ¿Qué otro presunto delincuente goza de eso? Nadie.

El periodista Jorge Fernández Meléndez, durante la entrevista al militar acusado José Rodríguez Pérez, en el Campo Militar número 1.

Por eso no es gratuita ni un mero capricho el rechazo a que la Guardia Nacional pase al control de la Secretaría de la Defensa ni a prolongar la estancia de las Fuerzas Armadas en las calles. La paz y la democracia están en riesgo. Sería más sencillo y benéfico para México admitir que la estrategia contra la inseguridad ha fracasado e implementar otra. ¿Habrá humildad?

 

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EN PRIMERA PERSONA

Un gobierno de caprichos, ocurrencias, traiciones, chantajes y dobleces

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No sólo eso, también espionaje y fracasos en el combate a la delincuencia • Sólo nos falta que se designe al secretario de la Defensa como otra de las corcholatas • Cresencio Sandoval ya cruzó la línea delgada al confrontar a quienes no comulgan con la 4T

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Estas últimas semanas, el Presidente Andrés Manuel López Obrador se ha mostrado tal como es, ya sin apariencias qué cubrir. Sus propias palabras y decisiones políticas instrumentadas por el mismo, a través del secretario de Gobernación, sus legisladores y hasta la misma Fiscalía General de la República lo ilustran de los pies a la cabeza y revelan lo que hay de verdad en su mente y corazón.

El que dice no mentir lo hace sin tapujos. Quien expresa que la traición ni la venganza son lo suyo, hace de ello un camino para doblegar a sus adversarios. Los ideales históricamente pregonados y defendidos son echados al cesto de la basura, con un simple “sí, cambié de opinión”. Negociar el perdón de delitos a cambio de que políticos se sumen a la fuerza a sus objetivos y propósitos ¡es corrupción!

El tribunal principal de López Obrador es su conciencia misma. Tendría problemas con mi conciencia si mintiera, declaró.

Alguien podría revirar: “Cálmate, vete más despacito”. Y sí, lo haré, aunque no hay peor ciego que el que se niega a ver, o quien anda por fe sin cuestionar lo que afirma y hace su “mesías terrenal”. Tan sólo este jueves el residente de Palacio Nacional lanzó una reflexión que nos dejó de una pieza, pero que en el fondo nos muestra cómo es que funcionan las cosas en su mente:

El periodista Jorge Ramos volvió a confrontar al Presidente por la inseguridad al asegurar que este sexenio ya superó a los anteriores en el número de homicidios dolosos y aún no termina.

“Tendría yo problemas con mi conciencia, con mi tribunal principal que es mi conciencia, si estuviera yo mintiendo”, afirmó López Obrador en un intercambio de ideas con el periodista Jorge Ramos sobre el tema de la inseguridad. Lo que el Presidente nos deja bien claro a todos los mexicanos es que para él no existe ninguna instancia a la que tenga que rendir cuentas o dar explicaciones, llámese pueblo, Poder Judicial, Poder Legislativo, instancias internacionales y hasta al mismo Dios o a Jesucristo a quien se ufana de imitar. ¡No! El principal tribunal de AMLO es su conciencia misma. Él lo es todo. Él hace y el mismo se justifica. Él es la verdad absoluta. Lo que hace está bien hecho, pues así se lo dicta su conciencia. ¿Se puede equivocar o engañar? Ni pensarlo. Ahora, entonces, se pueden entender muchísimas cosas.

 

CAPRICHOS, OCURRENCIAS

Lo que la mayoría de mexicanos esperaba de la 4T eran cambios de fondo, progresos sustanciales y palpables. Es decir, mayor seguridad; menor inflación y carestía; mejores servicios de salud (como los de Europa, que el mismo Presidente prometió) y estabilidad política. Todos esos temas son bastante debatibles. Sin embargo, se ha dado prioridad a asuntos triviales e irrelevantes. ¿Cómo cuáles? Ahí están el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la Refinería Tres Bocas (ahora Olmeca), el Tren Maya que tanta destrucción está causando a la naturaleza, y (no se ría) el Horario de Verano.

El Aeropuerto Internacional (?) Felipe Ángeles fue el primer capricho presidencial para echar abajo el que ya se construía en Texcoco. Hoy el AIFA está semivacío.

Estos son sus caprichos, sin importar que el aeropuerto esté semiparalizado, la refinería no refine, el tren destruya todo a su paso y el horario a nadie le quite el sueño. Obras faraónicas, inútiles y demasiado caras con las que pretende darle sello a su administración.

De pena ajena ha sido la propuesta de AMLO para resolver el conflicto armado entre Rusia y Ucrania. A las cosas hay que llamarlas por su nombre: es un bombardeo inhumano y una invasión militar de Vladimir Putin a los ucranianos. Esa es una ocurrencia, una lamentable y desatinada ocurrencia de nuestro Presidente. La pregunta que nos surge acá es: ¿acaso no hay demasiados fierros en la lumbre en nuestro país para andar metiéndonos a donde no nos llaman? Luego: ¿no es más importante erradicar el narcotráfico y la inseguridad en México? ¿Con qué autoridad moral puede el gobierno de AMLO levantarse como defensor o garante de la paz cuando ha desdeñado todo lo que ocurre en el orbe y ha descalificado a las instancias internacionales? Por ahí dicen que alguien le susurró al oído que haría bien en buscar el Nóbel de la Paz. ¿En serio?

El gobierno de Ucrania descalificó de inmediato la propuesta de paz presentada por México al acusar que era favorable para Rusia.

Pero quien le puso un estate quieto contundente fue el mismo presidente de Ucrania, Volodímir Zelenzki -a través de un asesor-, al rechazar la propuesta, pues era totalmente favorable a Rusia al no contemplar un castigo a los invasores por los crímenes de guerra. Después, el canciller Marcelo Ebrard intentaría componer la plana en la ONU, pero el mal ya estaba hecho. Eso no fue lo peor. Ucrania condenó que algunos pacificadores (léase AMLO) “estén usando el tema para sus relaciones públicas”, es decir, para hacerse propaganda o mantenerse en campaña política. ¡Tómela!

A través de un asesor, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski acusó que pacificadores (refiriéndose a López Obrador) sólo buscan fomentar sus relaciones públicas.

 

TRAICIONES Y CHANTAJES

Como apuntábamos hace dos semanas, el residente de Palacio no dio una explicación razonada de por qué ahora sí quiere a las Fuerzas Armadas en el combate a la delincuencia, y no en los cuarteles como lo prometió. Sí, admitió que cambió de opinión en ese asunto, pero eso era más que obvio y estaba a la vista de todos. Pero ¿por qué? Porque me dejaron al país incendiado, respondió. Eso ya lo sabía de antemano y por eso quiso tomar las riendas del país, para cambiar esa triste realidad.

AMLO no sólo se traicionó a sí mismo, sino que hizo que otros políticos traicionaran sus propios ideales y convicciones. Ahí están casi todos los miembros de su movimiento, a excepción de Alejandro Encinas, quien no lo respaldó. Pero también obligó, a través del chantaje, que miembros de la oposición traicionaran a sus partidos y a los acuerdos que habían firmado en la alianza Va por México.

“Qué chingona, chingoncísima”, felicitó Alejandro Moreno a la entonces diputada priísta Yolanda de la Torre al presentar (por instrucción de la 4T) la iniciativa para prolongar la presencia del Ejército en las calles hasta el 2028.

Al viejo estilo tan duramente criticado por la 4T y rechazado por el pueblo, AMLO y sus operadores políticos pusieron contra la pared al líder (?) del PRI, Alejandro Moreno, para que hiciera como suya la propuesta de prolongar hasta el 2028 la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles. ¿A cambio de qué?

Alejandro Moreno Cárdenas, quien prometió dar la vida antes de ceder al gobierno de la 4T, fue chantajeado para traicionar a su partido a cambio de detener su persecución legal y mediática.

De no perseguir más judicialmente al priísta que tantas cuentas pendientes tiene con la ley, según las propias investigaciones morenistas, además de ya no difundir los audios producto del espionaje de Layda Sansores. La misma estrategia usaron contra el senador panista Raúl Paz Alonzo, a quien doblaron para renunciar al blanquiazul y sumarse a las filas de Morena para tener un voto más. ¿Qué le descubrieron al senador chaquetero? Quién sabe, pero lo suficiente para hacerlo reflexionar. Y eso mismo intentan hacer ahora con otros priístas, panistas y perredistas de cola larga para asegurar los sufragios que necesitan en la Cámara Alta.

 

DOBLECES Y FRACASOS

En otro cambio de opinión, nos quedamos esperando el 16 de septiembre ese discurso en el que el gobierno de López Obrador haría una defensa de la soberanía e independencia mexicana a propósito de la controversia que Estados Unidos y Canadá han interpuesto en el seno del T-MEC por la política energética de nuestro país. Dio a entender que pondría las cosas en claro y no permitiría injerencia alguna en los asuntos de México. Muchos pensaron, entre ellos nosotros, que se envolvería en la bandera a propósito de la fecha. No hubo nada de eso. Todo quedó en bravuconería, pues se nos dijo que Joe Biden le había bajado dos rayitas. ¿Será? Dudamos ese proceder de quien preside a la nación más poderosa del mundo y que hoy enfrenta cara a cara a Vladimir Putin en el tema de una guerra nuclear. ¿Quién se dobló?

En cuanto a la presencia del Ejército y la Marina en las calles para el combate al crimen, la verdad es que las Fuerzas Armadas han sido utilizadas desde hace muchas décadas en esas tareas que no están consagradas en la Constitución. Son, en efecto, las únicas instituciones que garantizan eficacia en esa tarea. Las policías federal, estatales y municipales no sólo han fallado, sino han sido cómplices las más de las veces de los criminales.

La terquedad de usar a las Fuerzas Armadas contra el crimen es una manera de admitir implícitamente el fracaso de la presente administración en la materia, incluyendo a la Guardia Nacional y a la estrategia de “abrazos no balazos”.

La oposición y rechazo a que la Guardia Nacional sea un brazo más de la Secretaría de la Defensa, y a que se prolongue por cuatro años más la presencia de soldados y marinos en las calles no estriba en la función específica de ayudar en la seguridad. Con cambios o sin ellos, lo continuarán haciendo.

Tremendo papelón es el que ha hecho la legisladora por Durango, que luego de presentar como suya la iniciativa sobre las Fuerzas Armadas, pidió licencia de manera indefinida.

Lo que se cuestiona es darles más atribuciones constitucionales por dos razones simples: ¿hasta dónde llegará la participación de las Fuerzas Armadas cuando ya se le están otorgando una especie de fuero o protección legal? Y dos, ¿qué uso político podrán darle la administración de AMLO o las siguientes a estas reformas?

¿Militarización como en Venezuela o Cuba para perseguir a rivales políticos, cerrar medios de comunicación y acabar con la democracia? ¿Es una exageración? Mejor pensar así, pues los “cambios de opinión” y la traición a los ideales están a la orden del día.

 

AMAGOS DE CRESENCIO SANDOVAL

Llámenlo otra exageración, pero son ellos mismos quienes con sus palabras abren esas posibilidades. ¿Podría el titular de Sedena, Luis Cresencio Sandoval, ser otra corcholata de López Obrador? ¡Órale! Algunos podrán responder “claro que no”. Y yo digo ¿por qué no? La Carta Magna sí lo contempla en su Artículo 82, inciso V, donde dice que para ser presidente de México se requiere: “No estar en servicio activo, en caso de pertenecer al Ejército, seis meses antes del día de la elección”.

Al secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, ya le gustó hablar de política y hasta de amagar a quienes no comparten la visión presidencial sobre la militarización del país para combatir al crimen.

Lo mismo que opera para Marcelo Ebrard, secretario de Estado, y Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la CDMX, quienes tendrían que dejar sus cargos al menos seis meses antes de los comicios, se le aplica al general Sandoval.

Los titulares de la Sedena han sido en los útimos sexenios, como debe ser, fieles a su Comandante Supremo, es decir, el presidente de la República. A Cresencio Sandoval le ha gustado, sin embargo, ir más allá e inmiscuirse en asuntos de índole política. En noviembre del año pasado, el general levantó ámpula al llamar a los mexicanos a sumarse a la transformación de México a través de la 4T. Agregó que las Fuerzas Armadas cumplirían sus tareas porque estaban seguros que ese era el camino que México necesitaba. Recordemos que la propia ley militar prohíbe estrictamente a los integrantes de la Fuerzas Armadas inmiscuirse en asuntos de carácter político.

No todo ha quedado ahí. Este 13 de septiembre, el general Sandoval fue más allá al advertir: “La desunión de los mexicanos, generada por la diferencia de intereses nacionales, sólo allanaron el camino a amenazas extranjeras que afectaron y pueden afectar nuestra soberanía”. ¿A propósito de qué dijo esto el titular de Sedena? Simple: en respuesta a los que se oponen a la militarización del país.

Iguales de radicales a las de su jefe, fueron las palabras del general secretario. Casi casi: “nada más hay de una sopa, y si no aténganse a las consecuencias”. Muy preocupante.

Igual de preocupante fue ver al Presidente la noche del Grito. Caminando lento, como arrastrando la pierna izquierda. A veces como perdido, mirando al infinito y con el brazo izquierdo, en ocasiones, como paralizado. Todos lo vimos, ahí están los videos a pesar de las tomas muy bien cuidadas. López Obrador lo negó y volvió a acusar. Ojalá, por el bien de su salud y de México, todo haya sido una mala apreciación y se encuentre estupendamente bien.

Para acallar rumores sobre su estado de salud, López Obrador subió un video para demostrar que había caminado mucho y sin problema alguno, ello luego de que en la noche del Grito provocó algunas especulaciones.

 

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EN PRIMERA PERSONA

Traición a ideales y promesas

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Alito, doblegado y humillado por el gobierno: Impunidad a cambio de apoyar a la 4T; quiebran la Alianza * Por fin admite López Obrador que cambió de opinión sobre el Ejército y la inseguridad; no volverá a los cuarteles * Mantiene política de Calderón y Peña, pero ahora busca que quede plasmada en la ley * Me equivoqué al proponer a ministros; ya no responden a la transformación: AMLO

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

En febrero de 2012, el entonces precandidato a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador, hacía a los mexicanos la siguiente promesa: mandar a las Fuerzas Armadas a sus cuarteles en no más de medio año, ello si conseguía llegar a la silla presidencial.

Estas son sus palabras: “No debe seguir exponiéndose al Ejército, ni socavarlo; regresarlo en la medida que se va profesionalizando la policía y eso nos llevará seis meses, en tanto la nueva Policía Federal sea la que se haga cargo de garantizar la seguridad”.

Ahí están las benditas redes sociales que dan cuenta de su mensaje. Con plena certeza de sus convicciones, sentenciaba: el Ejército “es una institución que debemos cuidar todos…; su encargo es defender la soberanía nacional…; por lo que una nueva Policía Federal debe ser la que se haga cargo de la seguridad pública del país”.

¿Qué nos pasó entonces, Señor Presidente? No fue esa la única ocasión que él y sus discípulos se opusieron a que las Fuerzas Armadas fueran comisionadas a la persecución de los criminales y narcos. Todo lo contrario, esa fue su bandera para atacar a los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa, principalmente, y al de Enrique peña Nieto.

Hace unas semanas, comentábamos que López Obrador debía una explicación seria por su viraje en esa materia. Lo acaba de hacer, pero con una pregunta sembrada en la Mañanera. Sólo para salir del paso y dar una explicación que deja más dudas que certezas.

Traspasar la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa fue una propuesta desconcertante, anticonstitucional y, sobre todo, que chocaba con los principios e ideales por décadas defendidos.

La Guardia Nacional será un brazo de Ejército para que no se corrompa, argumenta AMLO. Es militarizar al país, reviran expertos y opositores.

Así lo matizó el residente de Palacio Nacional: “Sí, sí cambié de opinión, ya viendo el problema que me heredaron. ¿Cómo enfrentar el problema de la inseguridad? Sí sabía yo desde el principio y estoy absolutamente convencido de que la paz es producto de la justicia y eso es la base de la política de seguridad…”

Diametralmente diferente a lo pronunciado en campaña, ahora recula y afirma que “…estoy convencido que debe estar la Guardia Nacional dependiendo de la Secretaría de la Defensa, una rama más, como la Fuerza Aérea…”

Por supuesto que López Obrador conocía en qué condiciones se encontraba México en materia de inseguridad, por lo que no se puede mostrar sorprendido, mucho menos después de llevar cuatro años ejerciendo el poder. Esa realidad, precisamente es la que prometió cambiar. ¿No pudo? Al parecer no, ya que ahora recurre a lo que prometió desterrar.

Pero AMLO va más allá. Cierto, Calderón y Peña, Fox, Zedillo y Salinas, así como mandatarios anteriores, usaron a las Fuerzas Armadas para buscar garantizar la seguridad. Todos fracasaron. Así lo ha hecho también la presente administración y los resultados son idénticos. La gran diferencia ahora es que el líder de la 4T quiere plasmar en la ley esas facultades para soldados y marinos. Enorme, pero enorme diferencia que, por lo demás, viola el Artículo 21 de la Carta Magna que mandata que las fuerzas de seguridad, incluida la Guardia Nacional, deben ser de carácter civil. Luego entonces ¡NO MILITAR!

A pregunta expresa, el Presidente López Obrador admitió que sí cambió de opinión respecto a las labores de seguridad pública de las Fuerzas Armadas. Prometió en campaña regresar a los soldados a sus cuarteles, pero ahora los quiere en la calle.

No se trata, pues, de un cambio de opinión cualquiera. Estamos hablando de militarizar al país y el Presidente lo sabe bien, aunque se niega a reconocerlo. Es tirar a la basura las promesas al “pueblo bueno” y también es una traición a los ideales y convicciones enarbolados. Imagine por un momento que el ganador de las elecciones del 2024 fuera un candidato opositor a la 4T. ¿Qué harían el actual Presidente y Morena respecto a la militarización de la seguridad? Obvio, cambiarían otra vez de opinión, y no por convicción, sino porque ya no convendría a sus intereses de grupo y partidista.

 

HINCARON Y HUMILLARON AL IMPRESENTABLE (M)ALITO

Desde hace tiempo ha quedado más que claro que el líder del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, no será candidato de su partido o de la alianza opositora a la silla presidencial. Fue, sí, su anhelo largamente soñado, pero él mismo se encargó de enterrarlo.

Es un político impresentable, majadero, mentiroso y corrupto (no lo digo yo, sino la Fiscalía de Campeche y su gobernadora Layda Sansores). Los audios filtrados retratan al personaje en cuestión en su justa dimensión.

Layda Sansores, gobernadora de Campeche, decidió no divulgar ya audios de “Alito” por consejo de su abogado. ¿Coincidencia? Mejor piensa mal y acertarás.

Pero lo que hemos visto esta semana es el colmo de los colmos. Quien gritó a los cuatro vientos que era inocente de las acusaciones; que era víctima de una persecución política por estar contra el gobierno de López Obrador; que nada ni nadie lo iba a callar y que incluso daría su vida por México, fue vencido por el sistema. Lo arrinconaron, lo humillaron y lo doblaron. ¿No que eran diferentes?

El espectáculo que ha dado “Alito” es infame. También, renunció a sus convicciones e ideales, si es que en algún momento los ha tenido. Con sus acciones y palabras, da por asentado que todo lo que se dice de él y se le acusa es cierto. Prefirió traicionar a los priístas y a la Alianza Va por México antes de ser desaforado, juzgado y enviado a prisión.

Vaya ridículo, pero él no se inmuta, levanta la cara con un cinismo indescriptible. No va solo, claro que no. Lo acompañan casi todos los diputados del tricolor, entre ellos Humberto Moreira y Yolanda de la Torre. Esta última es quien fue aventada al ruedo para presentar una iniciativa que, en el fondo, busca respaldar al Presidente López Obrador en la militarización del país.

Concretamente, esa fracción del PRI quiere que se extienda hasta el 2028 (y no en el 2024 como ya está aprobado) la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles para el combate a la inseguridad. La explicación que dan es que la seguridad de México no se puede construir de la noche a la mañana y que esto debe ser así mientras se consolida la Guardia Nacional.

No leyó mal, lector. Fue Alejandro Moreno y compinches quienes hicieron suyos las metas de AMLO. En verdad, ver para creer. Lo que se puede hacer cuando el pellejo está en peligro. ¿Dónde quedó el bravucón que daría hasta su vida? Allí están las estampas de humillación: hablándole al oído y abrazando al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en pleno recinto de San Lázaro; y con el secretario de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval, para hacer patente su apoyo a la política del gobierno de López Obrador en materia de seguridad.

Alejandro Moreno, líder priísta, estrecha la mano del general Luis Cresencio Sandoval, secretario de la Defensa. De acusado y acosado por el gobierno, el diputado se sumó a la militarización del país.

¿Acuerdo en lo oscurito? “Amlito” responde que no. El gobierno federal asegura que para nada. Y Layda Sansores anuncia que ya no divulgará ningún audio del líder priísta. ¿Usted les cree? Yo Tampoco. Pero eso es lo de menos, pues la traición de Alejandro Moreno ya dividió tanto al PRI como a la Alianza va por México y todo indica que los esfuerzos por frenar a Morena se irán por la alcantarilla.

La primera señal de que lo habían doblado: “Alito” le habla al oído al titular de Segob, Adán Augusto López, en San Lázaro y ante la mirada de Humberto Moreira. El enfado de otros priístas y la Alianza fue inmediato.

Panistas y perredistas se sienten, con razón, traicionados por Moreno Cárdenas. Por ahora han puesto una pausa a sus acuerdos, tal como lo deseaba el residente de Palacio Nacional. Las consecuencias son más que obvias: una oposición dividida, debilitada y sin posibilidades de triunfo de cara a las elecciones en el Estado de México y Coahuila.

Dentro del tricolor también denuncian traición de su líder y de quienes controlan el consejo político. Eso es cierto, pero quienes buscan destronar a “Alito” ya salieron por piernas en una ocasión de la sede de Insurgentes. No pudieron doblarlo, como sí lo hizo López Obrador.

Los senadores Miguel Ángel Osorio Chong, Beatriz Paredes, Eruviel Ávila y Claudia Ruiz Massieu, entre otros, (incondicionales a Enrique Peña Nieto) son ahora los buenos de la película. Hasta ese grado han llegado en el tricolor. Pobre oposición con un PRI ahora más cercano a Morena que a la Alianza.

Miguel Ángel Osorio Chong y Claudia Ruiz Massieu son de los “distinguidos” priístas que se oponen a su líder Alejandro Moreno y buscan removerlo del CEN de su partido.

Miguel Ángel Osorio Chong y Claudia Ruiz Massieu son de los “distinguidos” priístas que se oponen a su líder Alejandro Moreno y buscan removerlo del CEN de su partido.

 

ME EQUIVOQUÉ CON LOS MINISTROS: AMLO

Si bien es cierto el gobierno de López Obrador tuvo una leve victoria en la Suprema Corte de Justicia de la Nación luego de que no prosperara la propuesta de declarar inaplicable la prisión preventiva oficiosa, la realidad es que el tema aún no se resuelve definitivamente, pues si bien el proyecto presentado no contó con el respaldo de los ministros, sí en cambio la mayoría está de acuerdo en que esa figura jurídica atenta contra la garantía de la presunción de inocencia de toda persona. En otras palabras, no gustó la redacción y la sustentación que hizo Luis María Aguilar Morales, quien retiró su propuesta y elaborará otra.

El ministro Luis María Aguilar Morales retiró su proyecto sobre la prisión preventiva oficiosa y elaborará otro, pues no consiguió el apoyo de sus pares.

Hasta ahí todo va bien y en ruta, pero lo que no tiene desperdicio alguno es la declaración de López Obrador, quien se ha encargado de denostar, desprestigiar y acusar de corrupción al Poder Judicial.

Días antes de que se definiera la votación de los ministros sobre la mencionada prisión preventiva oficiosa y cuando todo apuntaba a que se declararía inaplicable, el Ejecutivo federal declaró algo que ya quedó escrito en la historia: que se equivocó con los cuatro ministros que propuso para que integraran la SCJN, pues ya no piensan en el proyecto de transformación de la 4T. ¡Tómenla!

¿Dónde quedó la autonomía e independencia del Poder Judicial? López Obrador admite implícitamente una intromisión descarada para que desde la SCJN pudiera llevar a cabo sus planes. Con los ministros que propuso y con los que ya contaba (admitió), pretendía o pretende controlar al Poder Judicial. A confesión de partes, relevo de pruebas.

La embestida contra la SCJN continuó de parte de López Obrador. Justo antes de que ministros decidieran su voto, admitió que se equivocó al proponer a cuatro de ellos. Arturo Zaldívar, presidente de la Corte, se pronunció contra la prisión preventiva oficiosa.

“Ya una vez que (los) propuse, ya por el cargo o porque cambiaron de parecer, ya no están pensando en el proyecto de transformación y en hacer justicia; ya actúan más en función de mecanismos jurídicos”, refutó al inquilino de Palacio. ¿Calaron las declaraciones? Vaya Usted a saber. Lo cierto es que al final los ministros (como AMLO y Alejandro Moreno) también cambiaron de opinión.

 

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