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EN PRIMERA PERSONA

De vuelta (III)

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El domingo 12 de marzo de 2017 acabó parte de la pesadilla que yo inicié * Firmé el jueves siguiente el acuerdo reparatorio y ningún agraviado tomó acción legal en mi contra: Ni Tom Brady ni la NFL ni el FBI ni los Patriotas ni su dueño… ¿cómo le llamaría a todo eso? No lo sé, pero sin duda que Dios obró y abrió mi camino… Una lección divina que todavía no termina

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Al volver la mirada atrás, parece como una película. También luce como un despropósito y exageración de las autoridades, pero así fue. O al menos eso creo yo. Mejor juzgue Usted.

Sólo era cuestión de tiempo para que llegaran a casa en busca del jersey de Tom Brady. Así lo sabía y se lo hice saber a la familia. La decisión estaba más que tomada. Después del desatino había que enmendar lo hecho y asumir las consecuencias. La determinación fue entregar la codiciada prenda, a pesar de que algunos aconsejaban negar el hurto y hasta quemar el jersey. Créanme, lo pude haber hecho así. Nunca sabré en qué hubiera terminado ese cuento. En cambio, hoy hay paz y calma.

Gente de la PGR me comentó “en corto” que una vez que supieron quién tenía el jersey del Superbowl LI, pensaron en una estrategia bastante sencilla: acudir a mi domicilio, tocar y pedir que lo devolviera. Así nada más, pues era la única exigencia del jugador. Pero a alguien se le ocurrió proceder conforme a derecho, qué caray; o mejor dicho, hacer una gran investigación y operativo para quedar bien con el vecino país del norte, con el mismísimo Donald Trump, quien ya se había pronunciado al respecto.

Al fin y al cabo la noticia era tendencia en las redes. Había que demostrar la eficacia de la policía mexicana.

Llegó el día. Domingo 12 de marzo de 2017, a las 3 de la madrugada. Les atrasé su operativo ya que ese sábado sí fui a trabajar, lo que no acostumbraba hacer, pues era mi descanso. Calculo no menos de 50 personas. Agentes fuertemente armados con pistolas y ametralladoras. La casa estaba rodeada hasta una zona federal para evitar la fuga.

Robert Kraft, dueño de los Patriotas, junto con agentes del FBI y los jerseys recuperados.

Cerraron la carretera que conduce y sale del fraccionamiento con patrullas y camionetas. Tomaron las casetas de acceso. La calle, repleta de camionetas de lujo en las que supongo iban funcionarios de la PGR y hasta del FBI. Con potentes luces alumbraban la fachada de la casa. Apuntaban con sus armas a la puerta y ventanas. Y lo clásico: tocaron con exceso de fuerza para hacerme saber que ya habían llegado. Eso fue innecesario, pues en muchas manzanas a la redonda los vecinos ya advertían su presencia y, obvio, se escondían en espera de lo peor. Imagino sus preguntas: ¿por qué narco, multihomicida, estafador o político corrupto vendrán?

Golpearon la puerta con mucha insistencia. Esperábamos a mi hija que había ido a una reunión de amigos. Así que mi esposa salió a ver de qué se trataba. Vivió la peor experiencia de su vida, lo cual lamento profundamente y me responsabilizo de ello. Fue ¡encañonada!

Se dio la vuela y entró a la casa, sin saber de qué serían capaces de hacer. Temblorosa me dijo: “ya llegaron; te buscan”. La miré, abracé y le di un beso. Le pedí perdón una vez más.

Repito, ya habíamos acordado qué haríamos al respecto, pero esas circunstancias eran avasalladoras.

Al salir me encontré con dos subprocuradores (qué detalle, ¿no?) que encabezaban la orden de un juez para buscar el jersey. Les abrí la puerta y los invité a pasar sólo a ellos. Accedieron. En la sala conversamos del tema. Debo admitir que desde ese momento hasta el final del caso, el trato fue cordial y respetuoso. Jamás una amenaza ni una palabra altisonante. Supongo que parte de esa reacción fue por no tener ante sí a peligrosos criminales, sino a una familia temerosa y dispuesta a cooperar.

Su primera sugerencia fue que se evitara el cateo. Si tenía el jersey, que lo devolviera y ello seguramente me ayudaría en el proceso. En suma: que lo regresara de manera voluntaria. Dialogué con mi esposa y le dije que no se creyera que tendría atenuantes, como nos afirmaban. Únicamente haríamos lo que ya habíamos decidido hacer: entregarlo y esperar las consecuencias.

Tom Brady y Mauricio Ortega en los vestidores. Superbowl LI en Houston.

Sin más que pensar, entregamos el par de jerseys. Nos insistieron: tomaron la decisión correcta. Ayudantes del agente ministerio público, licenciado David Gutiérrez Ramírez, levantaron el acta de entrega-recepción. Fotos de los artículos, firmas, etcétera. Y al final, cuando ya las decenas de agentes habían vuelto a sus cuarteles, un escueto: “muchas gracias por todo”.

Me citaron para el jueves siguiente en la fiscalía para oficializar todo el desarrollo de la diligencia. “Buenos días”. Acabó parte de la pesadilla, la pesadilla que yo inicié.

Nos abrazamos; lloramos. Intenté ser realista al mencionar que si en esta ocasión no había sido detenido, no podía descartarse que en la cita agendada o en otro momento del proceso lo hicieran. Lo principal para ellos era que ya tenían los jerseys y lo demás caería por su propio peso. Eso pensaba.

Ese jueves acudí a mi cita esperando lo peor. Afuera se quedaron mi esposa, hermanos y cuñados. Ya nos habíamos despedido. Únicamente atiné a decirles que no se preocuparan, que si algo más pasaba y ya no salía, recordaran que jamás estaría solo, que ellos conocían a quien no me soltaría de la mano.

…Y Dios obró.

Diga Usted si no fue así.

Hasta ese momento se me informó que se habría de firmar el acuerdo reparatorio. Ni Tom Brady ni la NFL tomarían ya acciones legales. Tampoco el FBI ni los Patriotas ni su dueño. Lo mismo harían los propietarios del estadio de Houston y las autoridades locales y estatales. Eran muchos los agraviados. Con uno que hubiera exigido acción legal la historia hubiera sido distinta. Todos otorgaron el perdón, algunos en el documento signado y otros al no hacer más alegatos, muy a pesar de que recibían la presión de que procedieran.

Rob Gronkowski “roba” por segunda ocasión de las manos de Brady el famoso jersey.

¿Cómo así nada más?, atacaban. Muchas de esas voces, por cierto, provenían de México. Y uno de esos ciudadanos ofendidos que exigía cárcel era el expresidente que lleva sobre sus hombros la muerte de alrededor de 200 mil personas en su guerra contra el narcotráfico. Muchos de esos caídos, víctimas inocentes, llamados cínicamente “daños colaterales”. Sí ese mismo político que ahora tiene a su zar antidrogas enjuiciado en EU por un sinfín de delitos graves. Pero él ¡no lo sabía!

Salí, pues, de la fiscalía y allí estaba mi fiel y solidaria familia. Todavía lo está.

Luego siguieron varios meses de papeleo burocrático. Eso ya era lo de menos. Era cuestión de tiempo y de las gestiones legales que hacían mi defensor de oficio, el licenciado Oliver Hernández Fuentes, y mi hermano Luis Ortega Camberos en calidad de mi representante. Cuando todo concluyó finalmente, intenté dar una gratificación al abogado Oliver Hernández Fuentes. Se incomodó y todo quedó en un abrazo y apretón de manos. A mi hermano Luis, quien ya fue llamado a la presencia del Señor, lo extraño como a un padre.

Unos apuntes más para que norme su opinión, lector. Pregunté a los agentes que desde cuándo comenzaron a investigarme, pues por más que estaba atento para saber si ya me seguían, no notaba nada. Qué ingenuo. Sí lo hacían, ¡pero con drones! Así como lo oye. De la casa al trabajo y viceversa, y por donde me moviera. Eso es eficacia. Intervinieron la línea telefónica. Pusieron video- cámara en el poste de luz afuera de la casa vestidos como trabajadores de la CFE. Intentaron entrar a mi domicilio haciéndose pasar como taxistas para entregar la despensa que habíamos encargado del súper. Toda la ingeniería al servicio de la justicia. ¿Cuántos avances tendríamos hoy si así se hiciera con el crimen organizado, con la desaparición de personas, con los feminicidios? Es sólo pregunta.

 

Superbowl XLIV, con el MVP de los Santos de Nueva Orleans, Drew Bress.

 

PUNTO Y APARTE

¿Cuántos médicos han muerto durante la pandemia en México? ¿Cuántos doctores padecen hoy las graves secuelas de haberse contagiado no una, sino dos y hasta tres veces con el Covid-19 mientras atendían a los enfermos? ¿Sabe Usted que miles de médicos que cumplen con su servicio social no ganan ni un solo peso durante un año, y otros (los afortunados) obtienen menos que los “ninis” becados? ¿Y cómo les paga México a todos esos médicos? ¡Contratando 500 doctores de Cuba!

 

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EN PRIMERA PERSONA

AMLO: el problema es conmigo; ¡claro que sí!

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En todo su derecho, el Presidente defiende a su hijo; sin embargo, luego llama “hitleriano” a un distinguido mexicano * “Lo perdono. Dios lo bendiga. Pero que primero bendiga a México”, le responde el publicista Carlos Alazraki * En sus pleitos verbales, el Ejecutivo maltrata la investidura presidencial; desviar la atención de lo grave, el objetivo * En su apogeo, el juego de las “corcholatas y el destapador”: Adán Augusto, garantiza protección; Marcelo se sacudiría la paternidad; Claudia, ni fría ni caliente; Ricardo vende caro su amor

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Esta semana se inició con un enfático “…EL PROBLEMA ES CONMIGO, NO CON ÉL”, del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Fue su respuesta al bullying al que fue sometido su hijo Jesús -menor de edad- por tener sobrepeso. Y, por supuesto, razón no le falta. Nos sumamos a ese enojo y reclamo. CON LOS NIÑOS NO. Así tiene que ser.

En todo caso, para el gobierno debe ser muy fácil saber quién filtró la foto del hijo del Primer Mandatario, pues se trataba de un evento muy privado, un juego de beisbol del Presidente al que muy pocos tuvieron acceso. ¿Quién fue?

En su declaración hay, sin embargo, algo implícito. Al aceptar que el problema es con él, admite que su

El acoso al hijo menor de edad del Presidente, por su sobrepeso, provocó el reclamo del Ejecutivo al reprobar el bullying.

relación no está bien con un gran número de mexicanos. Pensemos en alrededor del 50% de la población, si tomamos los recientes números de aceptación que tiene el Mandatario y que están por el 52%. Obvio que López Obrador se refiere más que nada a la clase política, a los partidos opositores, mas no se soslaye que la mayoría de críticas y ataques en las redes sociales es del grueso de la población.

El dicho del Presidente es algo así como “el que se lleva se aguanta; y yo aguanto vara si es conmigo” (interpretación personal de este servidor).  Esto me parece válido, en verdad, para cualquier persona, pero tratándose del Presidente es algo no digno de su investidura. No puede ponerse a la altura de sus detractores, tengan razón o no; pero AMLO incluso va más allá, pues no son pocas las ocasiones en las que él mismo inicia las confrontaciones, descalificaciones e insultos.

O cómo podría entenderse la dura censura que lanzó contra el publicista y articulista Carlos Alazraki, a quien calificó de tener un pensamiento HITLERIANO.

En la Mañanera se exhibió a Carlos Alazraki y se le calificó como “hitleriano” en respuesta a una crítica al gobierno.

¿Dónde quedó la altura de miras para responder a una crítica a su administración? Un distinguido mexicano, como lo es Alazraki (se esté o no de acuerdo con su forma de pensar), no puede ni debe ser juzgado de esa manera tan cruel, siendo que este personaje es de origen judío, pero no por ello menos mexicano. El final de una carta de respuesta de don Carlos es muy duro y elocuente (aunque sin descalificaciones ni ataque racial): “Lo perdono por sus insultos y ofensas. Porque usted no sabe lo que hace. Dios lo bendiga. Pero PRIMERO, que BENDIGA A MÉXICO”.

El publicista dijo que el Presidente lo insultó. Lo perdono, pues no sabe lo que hace, remató.

¿Qué necesidad de exponerse a algo así? Aunque difiero con el publicista en que el Presidente no sabe lo que hace. Claro que lo sabe y una hipótesis tanto de este último tema como el de su hijo es en sentido de desviar, como es su costumbre, la atención de los asuntos verdaderamente importantes para México, como son la inseguridad, la inflación y el cuestionado éxito de las obras emblemáticas de la 4T, léase el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) y la refinería de Dos Bocas.

“Con los hijos no”, estamos de acuerdo. “El pleito es conmigo” es una retadora invitación. Así las cosas, cuál sería el posicionamiento oficial en respuesta a los padres de familia que con sobrada razón han gritado una y otra vez ¡CON NUESTROS HIJOS NO!, pues las medicinas contra el cáncer de sus pequeños no llegan o son insuficientes.

¿Y nuestros hijos qué? Padres de niños con cáncer exigen respeto para sus enfermos, es cuestión de vida o muerte.

Al revire de nosotros “tenemos otros datos” del inquilino de Palacio Nacional y de los responsables en materia de salud, hay infantes que han perdido la vida, sí que han muerto por falta de atención y medicamentos. Esos papás, los hermanos y demás familiares de los pequeños tienen mucho qué decir y protestar acerca de esta inhumana irresponsabilidad del gobierno.

¿CON LOS HIJOS NO? ¿Y ENTONCES? O se trata sólo de un excluyente “con mi hijo no”.

 

INFLACION Y LAS CORCHOLATAS

Otro tópico igual de surrealista es el que tiene que ver con la carestía, la inflación y la desaceleración económica. Lo anterior se traduce en lo que la población bien conoce y más padece: POBREZA. Para enfrentar la crisis, la presente administración ideó un plan (muy pedorro, para robarle la expresión a Gerardo Fernández Noroña) anticrisis con las tiendas departamentales que nadie ve por alguna parte ni experimenta en sus bolsillos. Imagine el alcance de esa estrategia cuando en esa canasta de artículos de primera necesidad no están incluidas las tortillas. Es decir, ya las consideran como alimento de lujo, a la par con la carne de res.

Y lo paradójico del asunto es que el Presidente y los integrantes de su gabinete, en lugar de estar concentrados en cómo resolver este grave problema (porque lo es para la mayoría de mexicanos), su atención y esfuerzos están enfocados ya no en el presente, sino en cómo retener el gobierno rumbo a las elecciones del 2024.

¿Será que AMLO ya tiró la toalla y mejor se enfoca en asegurar que su proyecto se extienda otros seis años? Esto le permitiría que sus cambios constitucionales y transformaciones no se vengan abajo (al respecto, un posible candidato opositor a la silla grande ya advirtió que él echaría por tierra el nuevo aeropuerto).

Pero más que nada, al prolongar el gobierno morenista, AMLO tendría garantizado un manto de impunidad por posibles violaciones que pudiera haber cometido durante el sexenio. Así como ahora AMLO protege a Enrique Peña Nieto (no de manera gratuita, sino sólo ellos saben a cambio de qué), del mismo modo Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard o Adán Augusto López Hernández lo harían por su jefe, líder y DESTAPADOR.

¿Es nuestra imaginación? En absoluto. Al revivir López Obrador a uno de sus hombres más cercanos y leales durante toda su carrera, como lo es César Yáñez (a quien castigó por tener una boda “fifí” al inicio de la gestión), revela dónde están sus pensamientos y estrategias. Este movimiento de ajedrez tiene el claro objetivo de fortalecer y dar seriedad, ahora sí, al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, en la carrera de Morena por la Presidencia. Por añadidura es tabasqueño. Pero más que eso, es quien con los ojos cerrados obedecería a quien para entonces sería “su exjefe”.

Adán Augusto López, la corcholata que garantiza la continuidad del gobierno actual y un manto de protección.

Porque nadie dude que Marcelo Ebrard se le rebelaría y daría un toque personal a un eventual gobierno, buscando sacudirse la paternidad de AMLO.

Debido a su pasado priísta y cercanía con empresarios, Ebrard sería una pronta separación con su antecesor si llegara a la Presidencia.

Claudia está a la mitad de las anteriores opciones. Ni fría ni caliente. Como que sí, pero quizá no. No da color, aunque es sabida su lealtad a quien la llevó a la gubernatura de la Ciudad de México.

Claudia Sheinbaum nada de a muertito… ni frío ni calor… sin sello propio. Su fuerte es la lealtad.

Ricardo Monreal no tiene alguna posibilidad para “la grande” en Morena. En otro partido, tal vez, aunque con posibilidades ínfimas de ganar. Al final quizá acepte un chapulinazo a la Cámara Baja o intentar contender por la CDMX. Vende caro su amor, como ya lo ha hecho costumbre.

Ricardo Monreal se deja desear, aunque nadie muestra interés por él.

Y mientras esto consume las ideas del Ejecutivo y allegados (para eso no se les paga), esto es lo que padece el grueso de la población: un alza galopante en los precios de los principales alimentos y en las tarifas más importantes. El acumulado anual ya superó el 7.5% y es por ello que el Banco de México subió la tasa de interés a 7.75 en su intento por contener la escalada de precios. Y que conste que ninguno de los estudios existentes sobre la inflación se ajusta a la realidad, esa que padecen los consumidores. Pollo, carne roja, verduras, frutas, huevo y tortillas, entre otros, no paran de subir. ¿Y la gasolina? ¿Y el transporte público en la capital? Porque ese pesito, como lo minimizan, equivale a un aumento del 20%.

Los precios galopan sin freno. La pechuga de pollo, que costaba 95 pesos el kilo a finales de 2021, ya está en 140 pesos.

Así transcurrieron estos días y por cuestiones de tiempo y de la entrega de estas líneas (jueves por la noche), no pudimos incluir lo de la Refinería Olmeca (Dos Bocas). Podemos imaginarlo, pero que sean los hechos los que hablen por sí solos. De entrada, se inaugura una refinería que NO REFINA. Así como lo lee. Igual que el aeropuerto “internacional” de Tecámac que no recibe vuelos ni hay forma de cómo llegar y salir de él.

Sí, que Dios nos bendiga a todos, pero PRIMERO A MÉXICO.

 

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EN PRIMERA PERSONA

México, rehén de los criminales

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No es violencia combatir a la delincuencia con las armas que contempla la ley * ¡Cuántos muertos en México!, la frase del Papa que cimbró al país; ¿y qué del clamor del pueblo? * “Ya llegamos y no nos vamos”, el reto del narco y los grupos armados al gobierno * Abrazos, no balazos, insiste López Obrador y culpa a Felipe Calderón

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

El Artículo 87 de nuestra Carta Magna dice:

“El presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta:

El Papá Francisco encendió el debate al decir “cuántos muertos en México”

‘Protesto guardar (cumplir) y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen… y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande’”.

Nuestras leyes, además, son bastante claras y precisas al señar que una de las principales obligaciones del gobierno es garantizar la seguridad de las personas y de sus bienes. También la Constitución y las leyes que emanan de ella son profusas en cuanto a la obligación que tiene el Estado mexicano de combatir a la delincuencia y a los criminales.

Felipe Calderón ya tiene su lugar en la historia por su fallida (y selectiva, acusan algunos) guerra contra el narcotráfico.

Cambiar una estrategia anticrimen para obtener mejores resultados puede estar bien y sería aceptable a la luz de los beneficios que dé a la sociedad. Pero establecer un plan que vaya en sentido contrario a lo que mandata la ley ¡es inaceptable! Vamos, aunque esa estrategia garantizara la seguridad de los mexicanos sería muy discutible y, como se señala, violatoria de la ley. Cuanto más, entonces, debe ser rechazada una estrategia que ni se apega a la legalidad ni cumple con los objetivos de paz y seguridad. Porque ser pasivo u omiso en el cumplimiento de las obligaciones también es quebrantar la ley.

El plan del presidente Andrés Manuel López Obrador en materia de (in)seguridad ya fracasó, y no sólo eso, también atenta contra la propia ley al no ceñirse a los que los mexicanos han aprobado legalmente a lo largo de la historia: perseguir y castigar sin contemplaciones a los criminales. Así de sencillo.

Daniel Picazo, joven profesionista, linchado en Huachinango, Puebla, al ser confundido como un robachicos.

“Abrazos, no balazos”, llama AMLO a su fallida estrategia. “La violencia no se combate con más violencia”, es otra de sus sobadas frases. Cierto, pero la violencia sí se debe atacar con las armas físicas (si no, para qué armar a las corporaciones policiacas) y las armas legales que la propia Constitución permite. Nadie le exige al gobierno violencia en su tarea, pues nadie en su sano juicio podría llamar “violencia” al hecho de que la justicia mexicana persiga a los criminales, aun si eso implicara enfrentarlos y aprehenderlos a balazos. Violencia no, pero justicia sí. Así está implícito y explícito en la propia ley.

A la luz de la realidad, tampoco les ha funcionado “atacar el problema desde la raíz”, como se ha presumido. Las becas que se entregan a los “ninis” con el objetivo de que no se sumen a las filas del crimen no han dado los resultados trazados. Y qué decir del combate a la pobreza. Ahora hay más gente en condiciones de precariedad que antes de comenzar este sexenio. La inflación galopa sin control y el crecimiento es nulo. Esos índices registrados en los sexenios anteriores (criticados duramente por la Cuarta Transformación) son ahora añorados por los propios morenistas.

Al grito de “ya llegamos y no nos vamos”, miembros del CJNG irrumpieron en Tizapán del Alto, Jalisco.

¿Quién traiciona más a la patria: el legislador que vota contra una propuesta del gobierno, o quien se pasa por el arco del triunfo la ley en un tema tan trascendental como es el ataque a la inseguridad? Es pregunta.

Ya una vez lo gritó a los cuatro vientos (refiriéndose a asuntos electorales): “no me vengan con que la ley es la ley”. Sí, López Obrador quien juró cumplir y hacer cumplir la ley, se burla de la Carta Magna, pero lo peor es que la hace a un lado, la desdeña. En los hechos, se siente (y se sienta) por encima de la ley. ¡Además lo alardea!

Nuevamente AMLO responsabiliza a Felipe Calderón ahora por la elevada cifra de homicidios.

Enumerar uno tras otro los actos violentos y de barbarie que tienen a México como rehén del hampa resultaría ocioso. Son los mexicanos quienes mejor los conocen. Los ricos y los pobres. Los empresarios y los trabajadores. Los pudientes y los no pudientes. Todos han caído en manos de estafadores, ladrones, secuestradores y demás tipo de criminales. Cobran por derecho de piso y quitan con violencia las pertenencias, todos los días, en el transporte público. Hay decenas de miles de desaparecidos. La gente está guardada en sus casas, pero tiene que salir a buscar el sustento diario, aunque ello implique jugarse la vida.

La respuesta oficial: “abrazos, no balazos”. ¿Terquedad? Mejor ese calificativo antes de aceptar una equivocación. Faltaba más. Esa palabra no existe en su diccionario.

Oídos sordos, la respuesta oficial a los feminicidios a lo largo y ancho del país.

El gobierno de López Obrador no tiene para dónde moverse. Sus propias cifras y resultados anticrimen lo desnudan. Van más de 120 mil homicidios en lo que va de su administración, superando los asesinatos que se cometieron durante los 6 años en la presidencia de Felipe Calderón Hinojosa (el villano favorito del residente de Palacio Nacional). Obligado por las declaraciones del Papa Francisco, y no por el hartazgo y clamor de los mexicanos, López Obrador intentó darle seriedad al tema. Porque eso fue, un vano intento por justificar a su gobierno.

Ante un contundente ¡CUÁNTOS MUERTOS EN MÉXICO! del Papa, el Presidente busca salirse por la tangente. Responsabiliza (así como lo escucha) a Felipe Calderón. ¡Cuánta obsesión! ¿O cuánto cinismo e ineptitud? Nadie en su sano juicio defendería la también fallida y sangrienta guerra del panista contra el narcotráfico. La historia ya alcanzó a Calderón en vida y el juicio lo ha puesto en el lugar que merece. Pero lo que le importa al “pueblo sabio” no es el ayer, sino el presente. ¿No por eso se le dio el voto mayoritario a López Obrador? ¿Dónde está el cambio prometido?

Ya lo buscaban, pero “El Chueco” estaba libre y asesinó a tres más. Ahora sí, lanzaron cacería.

No debe ser la condena del Papa lo que agite las aguas en México, pues estas ya son un torbellino de muerte y sangre. Los feminicidios están a la orden del día. Linchamientos como el del joven profesionista en Puebla ¿cómo se explican? Pueblos y ciudades tomadas por el crimen con un ofensivo y retador: “ya llegamos y no nos vamos”, claro con ametralladoras en mano y ante la mirada desconsolada de los habitantes. ¿Y las policías? ¿Y la Guardia Nacional? Pues como ya lo hemos visto: con la cabeza baja, en el mejor de los casos, o en plena sumisión y complicidad. Eso sí, se movilizan las caravanas de patrullas cuando el mal ya está hecho, cuando el niño se ha ahogado y, entonces sí, prometen ir hasta las últimas consecuencias. Pero ni así, pue ese discurso ya está gastado y nadie se lo traga.

Los sacerdotes Javier Campos Morales y Joaquín Mora Salazar, víctimas colaterales de un ajuste de cuentas.

  • “Abrazos, no balazos…”
  • “Los delincuentes también son seres humanos…”
  • “No me vengan con que la ley es la ley…”
  • “La violencia no se combate con más violencia…”.
  • “Evitamos una masacre de gente inocente” (con la liberación del hijo de “El Chapo”).
  • La culpa es de Calderón. “Dicen que ahora hay más asesinatos que en la época de Felipe Calderón. Sí, nada más que nosotros recibimos los homicidios hasta la punta, hasta mero arriba, y Calderón no lo recibió así…”

Esa es la posición oficial ante la debacle.

Gran consternación provocó dentro y fuera de México el crimen contra los curas en un lugar abandonado por las fuerzas del orden.

Los asesinatos de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, y del guía de turistas Pedro Palma en la sierra tarahumara por parte de “El Chueco” (quien gobierna en esa zona con su grupo criminal y quien ya debe varias vidas) es un claro retrato de lo que sucede en este lastimado país.

“Estamos en un estado fallido. Es la ley de la selva”. Esa fue la condena de rectores y directores de universidades jesuitas ante el crimen de los curas en Chihuahua, pero sobre todo ante la ola incontrolable de violencia en todo el país. Ese pesar, desencanto y miedo ya no es exclusivo de nadie, sino un sentir generalizado.

Inseguridad, asignatura pendiente

¿De qué hablarán en las reuniones de seguridad todas las madrugadas en Palacio Nacional? ¿Habrá alguien que levante la mano y cuestione la actual estrategia o proponga algo mejor? La respuesta es obvia. Quizá, para desgracia de los mexicanos, ocupan su tiempo y “talento” en el juego de las corcholatas.

 

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EN PRIMERA PERSONA

La ley permite las corridas de toros

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Inaceptable realizar una consulta que insulta * Asisten 5 millones de mexicanos a festejos taurinos al año * Aunque no hay prohibición, en la práctica la suspensión ordenada por un juez cumple la misma función: no hay corridas en la Plaza México * Buscan matar de hambre al toro bravo como lo hicieron con los animales de los circos

 

MAURICIO ORTEGA CAMBEROS

 

Aunque los expertos en las leyes han intentado darle una justa dimensión al proceso legal que enfrenta la Plaza México (y en lo cual la razón les asiste), a la actual suspensión de festejos no deben restarle importancia, pues si bien este tema en específico pudiera salvarse con holgura, la verdad es que los antitaurinos nunca habían estado tan cerca de alcanzar su propósito y difícilmente dejarán pasar la ocasión, aunque este veredicto les sea adverso.

No se trata de una prohibición o cancelación de las corridas de toros en la plaza más grande del mundo y tampoco es un veto definitivo para el coso que puede recibir alrededor de 42 mil espectadores.

“Si la tauromaquia está destinada a morir, quisiera verla morir con honor y como se merece, cuando los taurófilos dejemos de ir a las plazas, y no cuando alguien ajeno me lo quiera imponer”: Gabriel García Márquez.

Un juez aceptó un amparo y decidió suspender las corridas en lo que estudia y escucha a las partes involucradas para después decidir el fondo del tema en cuestión. Aunque no es prohibición, en la práctica la suspensión cumple la misma función.

Jonathan Bass Herrera, titular del Juzgado Primero de Distrito en materia administrativa, con sede en la CDMX, otorgó la suspensión definitiva al amparo que interpuso la asociación civil Justicia Justa, por lo que ordenó que no se efectúen eventos taurinos en la Monumental Plaza México.

“Hay que respetar la fiesta del toro como un bien cultural y como parte del derecho a la libertad”: Fernando Savater.

La empresa Tauroplaza, que opera “la México”, se dio por enterada. Ya presentó sus primeros alegatos y diseña su estrategia jurídica, pero mientras tanto tendrá que dar cumplimiento a la suspensión.

 

LA LEY SÍ PERMITE LAS CORRIDAS DE TOROS

Ante el argumento esgrimido por Justicia Justa en el sentido de que se atenta contra un sano medio ambiente, está el cabal cumplimiento que no sólo Tauroplaza, sino infinidad de empresas taurinas en todo el país dan a las leyes vigentes.

“He conocido a dos genios. Uno fue Einstein. El otro, Juan Belmonte (torero)”: Ernest Hemingway.

Para que la Plaza México organice con plena libertad festejos taurinos desde hace más de 75 años es porque ha venido cumpliendo con la Carta Magna, con las leyes de espectáculos de la Ciudad de México y con el propio reglamento taurino. Todo lo anterior, aprobado por legisladores federales y locales.

Así las cosas, ¿cuáles son las posibilidades de que se falle en favor de los demandantes? La verdad, muy pocas. Esto desean los aficionados, pero ya lo prevén los abogados.

“Era tal mi afición que me la pasaba dibujando toros. No era interés en la pintura… sino en los toros”: Fernando Botero.

Sin hacer mucho escándalo, esa asociación logró lo que los “defensores de los animales” no han hecho en décadas, a no ser por sus constantes manifestaciones afuera de las plazas, con sus cuerpos pintados de rojo y exigiendo con groserías piedad para los toros. Es aquí donde radica el riesgo en serio para la fiesta brava. Difícilmente abandonarán el asunto y aprovecharán el ruido que se ha creado en las redes sociales.

 

CONSULTA NO ES SOLUCIÓN

Los argumentos de defensa que han expuesto en un sinfín de ocasiones todas las partes taurinas involucradas, que viven de y para la más bella de todas las fiestas, han sido sólidos y los resultados están a la vista.

“Sólo cuando el hombre haya superado la muerte y lo imprevisible no exista, morirá la fiesta de toros”. Jacques Cousteau.

Sucede que muy a menudo los propios políticos y sus partidos reviven el tema para sacar raja electoral y allegarse más simpatizantes con el gancho de defender los derechos de los animales. No quisiera pensar que también van tras “su comisión” por las ganancias que deja la tauromaquia.

Si la ley no prohíbe las corridas de toros, ¿por qué Claudia Sheinbaum propone una consulta para resolver el conflicto?

“No me hablen de ecología ni de amor a los animales, porque no conozco a nadie que los ame más que los ganaderos y toreros. Si yo fuera animal, me gustaría ser toro de lidia, pues a ninguno se le respeta más”: Joaquín Sabina.

La jefa de Gobierno de la CDMX le “salió al toro” de fea manera. A ver si no acaba corneada. Porque si se va a llevar a consulta popular todo lo que la ley permite, pero a algunos sectores no les gusta, jamás vamos a terminar.

Aparte, los militantes de Morena (comenzando por ya saben quién) han encontrado en las consultas la manera de lavarse las manos y deslindarse de sus responsabilidades.

Pablo Picasso. Inspirado por la más bella de todas las fiestas, plasmó su tauromaquia en pinturas que aún asombran al mundo.

Ya destapada para el 2024, la principal corcholata de AMLO lanza sus dardos y busca allegarse a quienes andan perdidos y sin rumbo, políticamente hablando.

Basta recordar a los animalistas o antitaurinos el destino que tuvieron los miles de animales después de que se prohibió su exhibición en los circos. ¿Dónde quedaron los recursos para reubicarlos y alimentarlos? Jamás los hubo. Aquellos elefantes, tigres, changos, perritos y caballos (entre otros) fallecieron de hambre en condiciones deplorables.

“El Juli”.

Los circos quebraron y los pocos que quedan ya no dan alegría, sino hacen llorar de pena ajena. Defendieron a los animales ¡para matarlos! Y además sepultaron miles de fuentes de trabajo.

 

¿ANIMALISTAS O ANIMALES?

¿Ese es el mismo destino que desean para los toros de lidia? Porque han de saber que de acabarse las corridas, ese hermoso animal será condenado a desaparecer del campo mexicano ¡para siempre!

Arturo Macías.

¿Y entonces? ¿Animalistas o exterminadores?

Estos son algunos datos duros de la fiesta brava en México que hablan por sí mismos (la economía de la tauromaquia):

José Mauricio.

  • Genera 80 mil empleos directos y 146 mil indirectos.
  • Viven más de 118 mil cabezas de ganado bravo.
  • Deja una derrama económica de más de 6, 900 millones de pesos.
  • Hay 257 ganaderías de reses para lidia.
  • La crianza de los toros bravos ocupa más de 167 mil hectáreas y es el burel el mejor protector de estas tierras al convivir en equilibrio con la flora y fauna.
  • Cristina Sánchez.

  • Asisten más de 5 millones de mexicanos a los festejos cada año.
  • En la Ciudad de México se celebran corridas desde junio de 1526.
  • Entre 80 mil y 100 mil pesos es lo que invierte un ganadero en la crianza de un toro de lidia.

¿Y qué proponen Justicia Justa y los animalistas para que no se pierdan los miles de empleos y la gran derrama económica que también impacta al país con el pago de impuestos? ¿Nada? ¿Cómo? ¿Preferirán, entonces, la construcción de unidades habitacionales en aquellos extensos campos? Y lo que es más importante ¿qué harán ellos para que sobreviva el toro bravo?

Toro de lidia.

Todo esto es lo que tiene que considerar el mencionado juez. La gerencia de la Plaza México, encabezada por el torero Mario Zulaica, los abogados del coso y los millones de aficionados le recordarán al juez estos detalles antes de que emita su fallo (que no es inapelable). También, por supuesto, tendrá que atender los argumentos de los quejosos para poner ambos razonamientos sobre el fiel de la balanza de la justicia.

Ganado bovino de engorda.

Es imposible borrar de la noche a la mañana 500 millones de historia.

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