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POR LA ESPIRAL

Criptomonedas, ¿la asesina de billetes y monedas?

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El dinero de la mafia va al universo del dinero digital * Hay una telaraña de intereses entretejida alrededor de una red criminal que usa las criptomonedas para robar a las personas

CLAUDIA LUNA PALENCIA

Alrededor de las criptomonedas hay toda una literatura cada vez más extendida: una en favor de su utilidad y como rostro de un futuro que parece inevitable, sin dinero físico de por medio, la sepultura de todas las monedas y los billetes contantes y sonantes.
Otra es negra: habla de fraudes, lavado de dinero, de servir al crimen para evadir a los bancos y a los sistemas financieros proporcionándoles desde Internet un mundo financiero paralelo grisáceo y opaco. El dinero de la mafia va al universo del dinero digital, al menos, eso dicen las malas lenguas.
Algunas webs como bitcoin.org ofrecen el anonimato en las transacciones y pagos rápidos internacionales: “Los bitcoins pueden ser transferidos desde África a Canadá en 10 minutos. No existe un banco que retrase el proceso, honorarios escandalosos o congelar la transferencia”.
Sin una regulación internacional, ni una supervisión prudencial por parte de algún banco central, las criptomonedas siguen estando fuera de la arquitectura financiera actual… al menos hasta el momento.
Al misterio de su creación, en 2009 por alguien que se hace llamar Satoshi Nakamoto, que no ha dado la cara y que se especula podría ser un grupo de personas bajo ese seudónimo, con el paso de los años los bitcoins han ido atrapando primordialmente a la Generación Z y a la Millennial y también a ciertos inversores proclives al riesgo.


Cada vez más gente ha probado inversiones en criptoactivos y no siempre han salido bien, las historias de fraudes reales en un país y en otro, finalmente han llamado la atención de las autoridades supervisoras, cuya postura se había limitado únicamente a advertir que una inversión en bitcoins o similares está fuera del alcance legal del sistema financiero y que un fraude es potencialmente probable.
El gancho utilizado es el de la clásica pirámide: la gente primero cambia poquito dinero a criptomonedas, para ver cómo funciona y qué tal va; los primeros tres a seis meses observa cómo ese poquito dinero cumple con sus expectativas de súbita revalorización… y así se anima a cambiar más.


Desde Internet, las páginas webs dedicadas a captar potenciales inversores anuncian subidas espectaculares: “Si en enero de 2010 hubieses comprado 100 euros de bitcoins y vendido en noviembre de 2013, el valor hubiera sido de 120 millones de euros. No está nada mal ¿verdad? Pasar de 100 euros a 120 millones de euros en tan sólo 3 años. Y todo ello con una inversión de risa, parece un sueño”.

A COLACIÓN
Hace unos meses en España, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) pidió al Juzgado de Instrucción número 31 de Madrid que bloqueara un monedero digital gestionado precisamente por Coinbase con sede en Londres, Reino Unido.
Se trata de una estafa con criptomonedas con múltiples afectados no sólo de España, sino de varios países, gente que durante la pandemia -desde sus casas- pensó que “protegía” su dinero de las consecuencias económicas derivadas de la urgencia sanitaria cambiándolo a inversiones en moneda virtual.
Los defraudados son principalmente estudiantes y gente trabajadora y varios pensionistas que invirtieron una parte o todos los ahorros de su vida.
El dinero invertido por las personas defraudadas, a partir de registros de la UDEF, superaría en conjunto los 20 millones de euros cambiados a un monedero de la entidad Konto.Fx.
Hay una telaraña de intereses entretejida alrededor de una red criminal que usa las criptomonedas para robar a las personas.


El Juzgado 31 investiga a unas 120 personas mientras que la policía científica y cibernética revisa 78 dominios de Internet; es tan extensa la red que abarca 30 países y tiene más de 235 cuentas bancarias y casi mil distintos números de teléfono para llamar a los incautos.
Sin embargo, a pesar de todo el misterio en torno al mundo de las criptomonedas y los criptoactivos, siguen captando más adeptos, gente que libremente cree en este modelo.
La semana pasada, el Banco de España alertó acerca del crecimiento “exponencial” en la negociación de cripotactivos advirtiendo que no tienen soporte de activos financieros tradicionales, ni están regulados, ni amparados por ningún banco central.


La realidad es que tarde o temprano tendrá que tomarse una medida al respecto.

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La familia real, con más poder que el presidente y los parlamentarios

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Pompa y circunstancia * No gobiernan, pero su firma tiene el peso del Estado

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

La última vez que una familia real pasó por la tragedia de las armas fue resultado de la Revolución de febrero de 1917 en Rusia; fruto de la ira Bolchevique, la familia imperial de los Románov fueron asesinados en la noche del 16 al 17 de julio de 1918. A ellos no les cortaron la cabeza como aconteció con el rey Luis XVI y su esposa María Antonieta -en 1793- dentro de los acontecimientos de la Revolución Francesa.

Con el reciente fallecimiento de la longeva monarca Isabel II, me interesé por saber cuántas monarquías existen en pleno siglo XXI y, de los 193 países que conforman este mundo, un 23% está regido por monarquías. Hay 44 Estados soberanos con diferentes tipos de monarquías.

Mientras España y Reino Unido son monarquías parlamentarias, resulta que Arabia Saudita y Brunéi son monarquías absolutas. También el Vaticano es una especie de monarquía.

Cuando pienso en una monarquía mi mente se retrotrae a lo que es hoy la Plaza de la Concordia y pienso en la multitud coreando la muerte de sus monarcas de los que tantos ríos de tinta han corrido por sus excesos. Es como si esa palabra me llevase a eso: a pensar en los excesos.

Estos días de largo recorrido en los funerales de Elizabeth Alexandra Mary Windsor atestiguo toda esa pompa y circunstancia tan ajena a mi forma de pensar que no me extraña que entre la generación millennial crezca su impopularidad y que cada día se sumen más voces, entre los más jóvenes, que hablan en favor de la República. Quien no pase por el cedazo de las urnas que simplemente no pueda gobernar.

Que sea solo la gracia del elector la que decida y no una rancia raigambre que habla del poder de Dios para ungir familias que se pasan el poder de generación tras generación.

Las imágenes del ahora rey Carlos III incapaz de mover un tintero, de hacerse hueco en un escritorio, de no saber qué hacer con las hojas del speech… con sus dientes pelados, su cara larga, sus gestos de disgusto porque unas cuantas gotas de tinta han manchado sus dedos me hacen pensar si, en verdad, los británicos se sienten representados, reflejados y honrados por su realeza.

La monarquía británica lleva décadas haciendo corte de caja con ciertas figuras de su realeza. Nadie ha tenido más portadas en el papel couché que Lady Di y el culebrón del “somos tres en este matrimonio” le dio a la BBC en 1995 el minuto de oro de la televisión.

La prensa ha explotado el chisme, el cotilleo, el famoseo de sus príncipes, princesas, consortes y allegados. La Corte ha estado plagada de adulterios y hasta pederastas.

¿Qué ha dejado Isabel II a Reino Unido, Gran Bretaña, Irlanda del Norte y la Commonwealth? Les ha dejado el camino de salida del Imperio Británico porque no son pocos los países que harán sendos referendos para dejar de pertenecer a la Commonwealth y Escocia, no quita el dedo en el renglón, para en 2023 llevar a cabo su referendo secesionista.

Vendrán muchos cambios en los próximos años que terminarán dejando a la nación insular en eso que el propio escritor Mario Vargas Llosa escribió en su momento cuando el Brexit brotó: “Será un paisito”.

 

A COLACIÓN

Que a Isabel II se le respetó porque era muy mayor y se le tuvo cierta condescendencia como a la abuela que da ternura ya por su cuerpo agrietado, pero las tornas con el rey Carlos III apuntan a que serán menos benevolentes.

La popularidad de la monarquía viene cayendo en los últimos tres quinquenios y las encuestas daban a la figura de la soberana Isabel II como bien aceptada y popular mientras que la figura de la monarquía perdía adeptos.

Con su muerte, la popularidad de Carlos y de Camila están lejos de alcanzar ya no se diga de remontar a la de su difunta madre. Se anticipa una mayor caída en la popularidad del soberano y de los adeptos a la monarquía.

No creo que Isabel II entierre con ella a la monarquía en Reino Unido porque esta institución es una máquina de dar dinero. Mucho se ha hablado de la familia Windsor como La Firma y yo añadiría que funciona como una industria portentosa, una especie de Corona, S. A. de C. V., poseedora de enormes riquezas en tierras, obras de arte, caballos, viñedos, coches, castillos, monedas de oro y colecciones artísticas; se trata de la monarquía más poderosa económicamente hablando de la Tierra.

La monarquía parlamentaria con Isabel II y ahora con Carlos III implica estar al frente de la jefatura del Estado, pero no gobiernan. Aunque eso sí son un poder en la sombra, no sufren el desgaste electoral, ni trabajan arduamente como un presidente, pero sin su rúbrica en los documentos oficiales, decretos, leyes, nombramientos, laudos, bandos, órdenes de distinto calado, sin esa firma simplemente no pueden ejecutarse ni entrar en vigor. Es decir, tienen más poder que el presidente y los parlamentarios… no gobiernan, pero su firma vale el peso del Estado.

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Gorbachov: el adiós de una época

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La grandeza histórica de una gran figura política * Fue el padre de profundos y trascendentales cambios en la URSS que le merecieron el Nobel de la Paz en 1990

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

La grandeza histórica de la figura de Mijaíl Serguéyevich Gorbachov​​ le regaló a mi generación tres décadas con el espectro de otra guerra mundial metida en el fondo del armario. Putin lo ha sacado a pasear otra vez.

Gorbachov, recientemente fallecido a los 91 años de edad, es objeto en la actualidad -debido a la noticia de su muerte- de un amplio debate en Occidente acerca de las verdaderas intenciones de Gorbi hacia la extinta URSS.

Y hay todo tipo de elucubraciones desde aquellas que indican que las reformas políticas (Glásnost) y las reformas económicas (Perestroika) se le fueron de las manos a tal punto que provocaron el derrumbamiento del gigante eslavo. Uno que él nunca pretendió.

Nunca sabremos lo que Gorbachov verdaderamente tenía en mente, pero los signos de los tiempos hablan por sí solos: La década de los ochenta fue especialmente difícil  a nivel mundial producto de los shocks del petróleo padecidos el decenio anterior.

Para los países industrializados la inflación, el menor dinamismo económico y la fuerte presión en las finanzas públicas marcaron años de baja productividad e incremento en el desempleo. Fueron los tiempos de la ortodoxia económica de Tatcher y Reagan mientras América Latina experimentaba el mal trago de una década perdida.

La URSS arribó a dicha década convertida en un gigantesco entramado de corrupción, desde la punta de la pirámide con el Politburó orquestando el pago de favores, de sobornos, de escuchas y de privilegios que llegaban hasta los mismos comités de ciudadanos.

La economía se había convertido en una masa de ociosos con una productividad preocupante y una escasa oferta, porque los monopolios del Estado lo controlaban todo: el qué, el cómo, el cuánto y para quién.

Había que sacar las manos del Politburó de la economía hacerlo a través de modernizar al Partido Comunista; en la página 23, del libro Perestroika, edición 1987, escrito por el propio Gorbachov, el entonces dignatario soviético plasmó: “Un enfoque imparcial y honesto nos llevó a la conclusión lógica de que el país estaba al borde de la crisis. Esa conclusión fue anunciada en abril de 1985, en la Reunión Plenaria del Comité Central”.

No fue además un proceso ideológico, no fue una revolución cultural como la de Mao en China, nunca habló de tocar, ni de trastocar, el socialismo científico, una de las esencias de la extinta URSS.

Han sido esas reformas no sólo hacia adentro, sino fundamentalmente hacia afuera, las que crearon una vorágine de transformaciones: el 9 de noviembre de 1989 la caída del Muro de Berlín y la posterior reunificación de Alemania; el desmantelamiento del bloque soviético en Europa Oriental y una consecuente desintegración de la URSS.

En 1991, varias partes del territorio soviético declararon su independencia: “Azerbaiyán proclamó su independencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Días antes lo habían hecho Letonia, Ucrania y Moldavia. Después le seguirían Kirguizistán y Uzbekistán. Era el inicio del fin de la URSS, una federación de repúblicas fundada en 1922 tras la Revolución Rusa”.

La reunión entre Gorbachov y el Papa Juan Pablo II fue el corolario de un summum increíble.

El mundo atestiguaba cómo el antagonista de la Guerra Fría con Estados Unidos caía hincado sin una sola bala, sin un solo misil, sin alguna amenaza de apretar el botón nuclear. A la URSS, la había vencido su propia corrupción y sus enormes problemas económicos internos con ciudadanos castigados con racionamientos y escasez constante.

 

A COLACIÓN

Gorbachov fue el padre de todos estos profundos y trascendentales cambios que le merecieron el Nobel de la Paz en 1990. Su perfil negociador permitió junto con Estados Unidos poner en marcha el Tratado Sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio (INF, por sus siglas en inglés) que a partir de 1987 eliminó los misiles balísticos y de crucero nucleares o convencionales con una capacidad de rango de entre 500 a 5,500 kilómetros.

Como resultado, en 1991, Estados Unidos destruyó 846 misiles y la URSS (antes de desintegrarse) destruyó 1,846 misiles. Se puso un freno en la carrera armamentista entre ambas potencias militares y eso nos ha regalado años con el espectro de una gran guerra nuclear contenido hasta que el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lo abandonó el 1 de febrero de 2019 y en consecuencia lo secundó Rusia al día siguiente.

Gorbachov ha muerto justo en momentos sensibles con Rusia bajo la era de Vladimir Putin intentando recuperar los territorios perdidos en 1991, cuando al calor de los nuevos tiempos anunciaron su independencia de la URSS.

Ha muerto con el INF desfallecido y tanto Rusia como Estados Unidos realizando sendas pruebas de misiles balísticos intercontinentales con capacidad nuclear. La dialéctica con su espiral ha vuelto con Putin intentando una vuelta al pasado, en cambio Gorbachov estaba convencido que la paz también traía el progreso. Requiescat in pace.

 

@claudialunapale

 

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POR LA ESPIRAL

Guerra de Ucrania ya pega en los bolsillos de europeos

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Mercado energético de Europa: oportunidad histórica * Nunca como ahora, la UE tiene ante sí la posibilidad de reformular su modelo energético

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Termina septiembre y los europeos miran con cierta intranquilidad la llegada del otoño y del largo y duro invierno en diversos países con importantes bajadas de temperaturas. Al menos en España, Teresa Ribera, ministra para la Transición Ecológica y el reto Demográfico, garantiza repetidamente que “pase lo que pase, las familias españolas no van a sufrir cortes de gas, ni de luz, en sus casas”.

La situación es compleja frente a la guerra de Putin en Ucrania con todas las consecuencias colaterales de sobra conocidas y aquí en Europa empezamos a resentirla gravemente en nuestros bolsillos.

La emergencia en la Unión Europea (UE) pasa por encontrar lo más rápidamente posible la cuadratura del círculo para el mercado energético europeo prácticamente dependiente de las importaciones de gas y de petróleo.

Europa ha dejado en manos externas su viabilidad energética. No es más que una enorme irresponsabilidad porque se trata de una vulnerabilidad que no solo atenta contra su seguridad energética presente y futura, por supuesto, pone en riesgo su planta productiva. ¿Cómo se produce sin la luz, el gas y el petróleo necesarios?

Ya no digo suficientes, los necesarios que diariamente echan a andar a las fábricas, las empresas y las industrias. La gran interrogante es ¿cómo los estrategas y asesores internacionales siempre ávidos de crear escenarios futuribles de riesgos, no vieron ante sus narices tal debilidad para la UE?

Rusia, al final, la ha cristalizado lanzando su órdago contra el talón de Aquiles de los europeos que tienen ante sí un reto mayúsculo y al mismo tiempo una clara oportunidad histórica. Nunca como ahora, la UE tiene ante sí la posibilidad de reformular su modelo energético.

La díscola Europa está llamada a entenderse ante el desafío energético por necesidad, por estrategia, por supervivencia y por viabilidad. No es una cuestión meramente pasajera, ni coyuntural, las decisiones deben ser de carácter estructural.

Ahora mismo su principal problema es Rusia, pero dentro de una o dos décadas podría ser Argelia o algún otro país africano o inclusive Estados Unidos; su aliado trasatlántico atravesó cuatro años a la deriva de la globalización durante el gobierno de Donald Trump al que políticamente es demasiado pronto para darlo por muerto de cara a 2024.

Sería un error muy grave pasar de la dependencia energética rusa a la dependencia energética con otro tipo de países políticamente inestables y con los que, además, hay temas de por medio como la democracia y los derechos humanos. No se puede mirar de reojo a dictaduras solo por la persistencia de un interés energético, sin guardar la coherencia, que la propia UE exige para temas tan sensibles.

Con Rusia se llegó al paroxismo: en 2021, la UE pagó 195 mil millones de euros por petróleo importado y 63 mil millones de euros por gas; en total, 258 mil millones de euros. Dicho año, la factura total pagada a las empresas energéticas rusas fue por 160 mil millones de euros (sumada por gas y por petróleo) un cuantioso caudal.

 

A COLACIÓN

Tenemos un club comunitario que, año tras año, de promedio compra el 92% del petróleo que necesita y el 84% de su gas. Los desafíos presentes deben imponerse en las rancias ideas de algunos países sobre la utilización de la energía nuclear, pero es menester que la UE invierta más en exploración en aguas profundas y que vertebre con ductos y gasoductos la Europa mediterránea con la Europa central y la del este.

Diversificar la cesta energética no sucederá pasado mañana porque hay mucho por invertir para generar un boom de la energía eólica, solar, de las alternativas con hidrógeno y de los biocombustibles de los que casi nadie habla y que podrían generar una nueva industria a su alrededor.

Alternativas para lograr una independencia energética existen, lo que falta es visión, voluntad y dejar los egoísmos en el armario.

España tiene ante sí la oportunidad histórica de ser eje de ese cambio estructural si logra consolidar su alianza con Alemania para el gasoducto a través del Pirineo que tanto recelo ha provocado en el presidente francés, Emmanuel Macron, reacio al proyecto aduciendo razones ecologistas e interesado en no abrir un debate al respecto en su país porque carece de una mayoría en el Congreso.

Francia ha sido un tradicional defensor de la energía nuclear. A la fecha cuenta con 56 reactores y ha logrado sortear el impacto del precio de la luz que, por ejemplo, ya resienten los consumidores españoles y otros más en Italia, Grecia, Holanda, Alemania, Austria, Bélgica y en Países Bajos.

Tampoco hay una amplia política de subvenciones que bien podría ser impulsada desde Bruselas para que las comunidades de vecinos puedan con toda facilidad instalar paneles solares. Hay algunas ayudas a cuentagotas y los sistemas siguen siendo carísimos.

Insisto: la ventana de oportunidad la ha abierto Putin, queda que Europa le saque el mayor provecho.

 

@claudialunapale

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