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POR LA ESPIRAL

Con la pandemia, políticos juegan a ser dioses con el alfabeto griego

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Guerra contra el coronavirus terminará entre 3 y 5 años * El siglo XXI será muy complicado y complejo para la supervivencia humana, pero allí están la ciencia y la tecnología como escudos protectores, como balsas en medio del naufragio

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Hay fatiga de pandemia. Vamos a entrar en el último mes del año si bien ha logrado fluir un poco más, porque 2020 lo sentimos casi como una losa en un cementerio que a todos nos estrelló contra una realidad aplastante: la muerte nos tocará a todos por igual.

No sólo ha sido por la aparición del virus del SARS-CoV-2 rodeado además de un misterio en torno a su surgimiento, si es natural como los otros seis coronavirus hasta ahora descubiertos y clasificados (precisamente el Covid-19 es el séptimo) o bien es resultado de una manipulación en un laboratorio y escapó de manera accidental o intencionada.

Y además ha pasado en un momento tenso y muy agrio entre las relaciones de las dos potencias hegemónicas  como son Estados Unidos y China confrontadas en prácticamente todos los renglones fundamentalmente en el ideológico: la Unión Americana defiende la bandera del capitalismo, la libertad y la democracia, y China ondea la economía de mercado cocida al estilo del comunismo-marxismo y a la centralización plutopartidista en el poder.

No son pocos los conspiranoicos que dan pábulo a que el virus fue cocinado en Wuhan a propósito, para hundir a la economía norteamericana y con ella al resto del mundo.

Y que para esconder al autor del crimen, China ha decidido cercenarse medio brazo delante del mundo para limpiar toda sospecha. Como diría, Agatha Christie, ¿quién es el principal beneficiario del crimen? En los argumentos de sus novelas, lo es precisamente alguien de bajo perfil.

Nadie duda que estamos en una guerra biológica, lo dijo el mismo presidente de Francia, Emmanuel Macron, sin tapujo alguno ante los medios de comunicación. Una guerra que ya cumplirá el 11 de marzo próximo su segundo aniversario y que como yo preveo, tras conocer la opinión de  muchos expertos que he entrevistado de diversos países, a lo largo de estos meses… esta guerra nos llevará a un frente de mediano plazo -entre tres a cinco años- para derrotar al virus definitivamente.

El siglo XXI será muy complicado y complejo para la supervivencia humana, pero allí están la ciencia y la tecnología como escudos protectores, como balsas en medio del naufragio.

 

A COLACIÓN

Lo malo es que también están los políticos ineptos para tomar decisiones por nosotros y muchas veces, como se ha demostrado a lo largo de esta pandemia, son erróneas y responden más a intereses políticos que a razonamientos científicos y médicos.

El mayor error de esta pandemia ha sido su politización. En la mayoría de los países dejarla en manos de imberbes que han escuchado más a quienes hacen las encuestas, buscando afianzarse políticamente, que a los investigadores y científicos que conocen la potencialidad de los virus.

El coronavirus es una potente arma de control social, el mejor elemento para meter el miedo en el cuerpo para obligarnos a acatar que te vayas a tu casa confinado o que no abras tu negocio por uno o varios días. El mejor pretexto para que no entren migrantes o extranjeros y para prohibir los vuelos de determinado país o países; en suma, para controlar, controlar y controlar.

Quizá la nueva mutación del virus del SARS-CoV-2, conocida como omicron detectada en Sudáfrica y Botswana, sea uno de los ejemplos más plausibles del manoseo alrededor de este patógeno.

El propio panel de expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reunido el viernes pasado ha dicho que necesitará entre dos a tres semanas para tener una conclusión certera de si esta nueva variante es más contagiosa, pero sobre todo más letal y qué tanto evade el escudo protector de las vacunas antiCovid.

Pero los políticos no han querido esperar a pesar de que los epidemiólogos sudafricanos señalan que la información recabada indica que esta nueva variante se propaga más, pero no es más letal, ni sus efectos cambian.

Los laboratorios Pfizer-BioNtech han querido calmar el pánico desatado (que llevó a la caída de las bolsas en todo el mundo el viernes pasado) aseverando que pueden producir una vacuna mejorada antiCovid en tres meses.

La alarma ha sido tan acuciosa, claro porque es África, que el pretexto está ahora servido para aislar más a un continente al que las vacunas le llegan de cuentagotas; un pretexto perfecto para obligar a los no vacunados en Europa a que acudan presurosos a hacerlo de por sí acorralados ya por una serie de medidas para que se inoculen con Pfizer o con Moderna. Menudo negocio.

Un pretexto además que nos obligará a tomar una tercera dosis de la vacuna, sin saber qué efectos nos provocará inmunizarnos ya no sólo con una, sino con dos y hasta tres dosis de vacunas que a lo sumo cumplirán un año de haber sido puestas. No hay un historial de referencia.

¿Quién decide que se debe poner una tercera dosis? Es una decisión política más que científica; así como cerrar las fronteras, es una decisión más política que científica. Hay un virus sí, los propios virólogos expertos lo analizan y lo saben; hay gente que ha muerto de coronavirus lamentablemente la hay y la habrá. Pero lo que me parece intolerable y preocupante es que los políticos -dependiendo de sus siglas partidistas- digan qué es lo mejor o no para nosotros. Creo que están jugando a ser dioses con las letras del alfabeto griego en sus manos.

LA REVISTA

Visos de paz internacional con reanudación del diálogo Rusia-OTAN

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Incluir a Ucrania como nuevo aliado, inaceptable para Putin * No será un diálogo fácil lo que habrá en los próximos meses en busca de un marco de seguridad para las partes, pero por lo menos hay conversaciones

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

El pasado 12 de enero, una delegación de Rusia y otra de la OTAN retomaron conversaciones tras más de dos años sin diálogo directo y luego de una preocupante tirantez en   medio de amagos y fuertes acusaciones de poner al límite la paz internacional.

El Consejo OTAN-Rusia celebrado en Bruselas analiza la forma en cómo puede darse una desescalada mutua y llegar a un nuevo acuerdo marco de seguridad y de entendimiento regional.

La situación en el traspatio europeo, con Ucrania y el enfrentamiento con Rusia, es vista como una amenaza inminente y creciente para la Unión Europea (UE) y que ha motivado que la OTAN deje entrever que, tarde o temprano, terminará incluyendo a Ucrania como un nuevo aliado.

Ese espaldarazo significaría que todo ataque contra suelo ucraniano permitiría a su gobierno activar el artículo 5 de la carta de la Alianza Trasatlántica que argumenta y defiende que toda agresión contra un Estado miembro activa la defensa colectiva.

Para la Rusia del presidente Vladimir Putin este acercamiento es inaceptable porque significa una flagrante amenaza para la seguridad del país eslavo que ve con inquietud no sólo la posible inclusión de Ucrania en la OTAN sino que Estados Unidos establezca bases militares o sistemas antimisiles.

Putin está presionando por un nuevo acuerdo regional de seguridad, tanto con la OTAN, como de forma bilateral con la Unión Americana, bajo el compromiso de que Ucrania y Georgia no formarán parte de la Alianza.

El último Consejo OTAN-Rusia aconteció el 5 de julio de 2019 y estuvo enfocado en el Tratado INF de capacidades nucleares de medio alcance.

Durante varios años han existido acuerdos entre ambas partes, han compartido al menos diez diálogos, sin embargo,  desde 2014 tras la anexión de Crimea a Rusia las tensiones entre ambos ha ido de escalada en escalada.

Julianne Smith, embajadora de EU en la OTAN, afirmó que de ninguna manera se tomarán decisiones sobre Ucrania sin Ucrania; sobre Europa sin Europa o sobre la OTAN sin la OTAN.

Vamos a ver si el hábil estratega Putin se sale con la suya, avieso como es, hace amagos -en especie de farol- para provocar reacciones en sus contrapartes de las que luego sacará provecho.

Interesante: en este juego de espejos, el líder del Kremlin aguardó sigiloso a que Donald Trump dejase la Presidencia de Estados Unidos para amenazar con invadir Ucrania.

Y cuando los analistas esperaban algún movimiento de tropas recién empezado el año, nada sucedió en suelo ucraniano, empero ha surgido el conflicto interno en Kazajistán que nadie avizoraba y sirve de mero distractor.

 

A COLACIÓN

Los pleitos no tienen fin y a veces tampoco final feliz. El think tank, Atlantic Council, elaboró un interesante análisis acerca de los doce riesgos que podrían manifestarse en 2022.

Uno muy claro ligado con Rusia y Ucrania que además involucra a diversos actores preponderantes en la esfera global. Me parece curioso (y no quiero obviarlo) que en la reciente aprobación del billonario Presupuesto de Estados Unidos quedasen fuera una serie de nuevas sanciones.

Precisamente, en el histórico gasto militar aprobado por 760 mil millones de dólares, no entró en marcha el plan de Biden de sancionar a todas las empresas que tuvieran relación con la construcción del gasoducto Nord Stream II que parte de Rusia y se bifurca hasta Alemania. Delicado asunto.

Aunque el encargado de la diplomacia europea, Joseph Borrell, ha sido menos cauto al afirmar que la prevalencia del Nord Stream II depende de lo que militarmente haga Rusia.

Total, no será un diálogo fácil lo que habrá en los próximos meses en busca de un marco de seguridad para las partes, pero por lo menos, hay conversaciones.

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POR LA ESPIRAL

El 2022 marcará el fin de la pandemia

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Revelación de la Organización Mundial de la Salud * Pese a la ola de contagios, especialistas señalan que el Covid está debilitándose, por lo que de un momento a otro vendrá el anuncio oficial de la OMS, aunque el virus permanecerá entre nosotros

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

El nuevo año que recién inicia será el de la resiliencia de personas, familias y empresas obligadas a readaptarse y reinventarse por el letargo de una urgencia sanitaria que continúa condicionando el reloj económico del mundo.

Desde octubre pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha venido especulando con declarar el final de la pandemia en algún momento de 2022.

Su titular, Tedros Adhanom, duda, pero otras veces parece muy decidido, así como parte de su equipo.

¿De qué depende esta declaración? De que el patógeno pierda eficacia, sea menos letal y termine siendo un virus estacional y de que surjan mejores placebos, sueros y medicinas para todos.

La esperanza es que las nuevas vacunas tengan una mayor capacidad inmunogénica ante la velocidad de variantes que el virus presenta.

La empresa española Hipra prepara la suya propia a base de proteínas recombinantes con la finalidad de proteger ante las nuevas cepas.

Los ensayos revelan una alta eficiencia y eficacia ante Ómicron, y la intención de las autoridades sanitarias es tenerla lista de cara al verano.

Pero también hay otras cuyo cometido además es esterilizar a la persona contra el virus, evitar que lo propague y para eso están desarrollándose vacunas nasales: Rusia anunció, para el primer trimestre del año, su versión nasal de Sputnik V que protegerá contra Ómicron.

Tanto prevenir la infección como cortar la transmisión es la meta de la otra vacuna nasal española liderada por el virólogo Luis Enjuanes, director del Laboratorio de Coronavirus y que sigue en fase de experimentación.

Antes de concluir 2021, Adhanom afirmó que “el mundo tiene las herramientas para acabar con esta calamidad” y admitió que la fase más fuerte de la pandemia “ya quedó atrás y sólo hay que aguardar a que remita” y bien podría ser en 2022.

En todo caso, en criterio de la OMS, levantar la declaración de pandemia no implica que el virus se haya extinguido, pues continuará provocando brotes y fallecimientos (con mayor incidencia en los no vacunados), y habrá reinfecciones.

Es importante recordar que seguirá siendo útil el uso de la mascarilla y guardar precauciones, sobre todo en espacios interiores.

Mike Ryan, recién tuiteó en diciembre que la fase aguda de la pandemia, tal y como la conocemos ahora, con hospitalizaciones y muertes, puede acabar el año que viene, aunque el virus permanecerá entre nosotros.

El director de Emergencias de la OMS pide no cantar victoria de forma anticipada porque “queda un camino lleno de baches”, hay un rezago en la vacunación en varios países en distintos continentes y mientras unos están poniendo las primeras dosis, otros van en la cuarta dosis de refuerzo como acontece con Israel, pero lo más importante es que hay una luz al final del túnel.

 

A COLACIÓN

Sin lugar a dudas, la recuperación económica prevalecerá atada a la evolución del virus, lo que añade una enorme dosis de incertidumbre al futuro inmediato, con nuevas variantes de preocupación detectadas tal y como ha acontecido con Alpha, Beta, Gamma, Delta y recientemente con Ómicron.

En los primeros días del año, Francia advirtió que había identificado otra variante derivada de la República del Congo, que el Instituto Hospitalario Universitario de Marsella nombró como IHU y B.1.640.2 de la que hasta el momento se tiene poca información.

Hay otras circunstancias con los casos de Flurona, una infección provocada en una persona cuando al mismo tiempo tiene el virus de la gripe y el coronavirus.

Israel ha reportado algunos casos igual que Cataluña sin que hasta el momento los epidemiólogos encuentren una mayor gravedad en la recombinación.

Al respecto, Juan Jesús Gestal Otero, experto en salud pública en España, declaró a TVE que esta recombinación lo que indica es “que el Covid está debilitándose, lo que podría significar el principio del fin de la pandemia”.

Mientras sólo se trabaja con hipótesis, hay unos sectores que siguen más vulnerables que otros, sobre todo los relacionados con el turismo, los viajes, la hostelería y el ocio.

Pero mientras esto pasa, el año recién inicia y los contagios están a la orden del día, vendrá un momento crítico, pero después de tres meses la OMS declarará el fin de la pandemia.

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LA REVISTA

Pensiones, una bomba de tiempo que explotará en cualquier momento

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Jubilarse o morir, la disyuntiva * La triste realidad es que los pensionados viven prácticamente al día

 

POR CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Así como vamos prácticamente moriremos trabajando, el dilema de las pensiones (y su drama porque en muchos casos son miserables o inexistentes) es una bomba de tiempo que, tarde o temprano, estallará no sólo en los países industrializados sino también en muchos de los catalogados como emergentes.

Algunos países como Dinamarca, Grecia, Italia, Islandia, Suiza, han retrasado la edad de jubilación a partir de los 67 años de edad y en España, recientemente han entrado ciertos cambios.

Con la reforma de las pensiones realizada en 2013 fue gradualmente elevándose la edad de jubilación hasta llegar a los 66 años exigidos desde que inició 2022.

De esta forma todas las personas que en el país ibérico quieran retirarse con el 100% de su pensión necesariamente tendrán cumplidos 66 años y dos meses. Se trata de  la nueva edad para los trabajadores que han cotizado menos de 37 años y seis meses.

Otra modificación importante es el periodo de cálculo de las pensiones que pasa de los 24 a los 25 años; dicha reforma tiene como objetivo que en un lapso de tres quinquenios la edad de jubilación quede ajustada a los  67 años de edad.

El futuro de los pensionados es complicado así como el futuro de los nuevos pensionados que irán sumándose con el tiempo a las filas de la cesantía laboral por cuestiones de edad.

Quizá lo más inquietante de todo no es cómo se sostendrá esa pirámide en el tiempo porque cada vez se requerirá contar con más gente activa laboralmente hablando por cada pensionado, sino el destino que seguirán millones de personas sumergidas en la economía informal y que no han ahorrado para su vejez… que no han realizado alguna aportación para su propia causa.

Y vamos camino de un embudo generacional que además nos pillará en la Cuarta Revolución Industrial más acelerada con la tecnología dominando muchas áreas y desplazando montones de empleos que no volverán jamás.

También asusta la poca visión de los gobiernos con sus políticas públicas al respecto, es como si fuese una gran bomba a punto de estallar, pero a la que se enfría con un poco de agua y simplemente ese problemón se hereda para el presidente de turno.

Y nadie termina de tomar las decisiones correctas, proactivas e inclusivas para impedir que el día de mañana se forme una masa de personas mayores sumergidas en la miseria.

 

A COLACIÓN

Luego está una verdad incontestable: cada vez el ser humano será más longevo, ya no son contados los casos de las personas centenarias y no todas están deterioradas.

A este ritmo, para los hacedores de las políticas públicas todo se arregla retrasando la edad de la jubilación, eslabonan sus decisiones correlacionando  el retiro con los condicionantes de la edad: “Entre más se viva, más será necesario trabajar para jubilarse”.

A eso resumen sus decisiones ignorando que hay gente que entra y sale del mercado laboral formal porque el mercado es inestable, no presenta las condiciones de certeza y de contratos eternos de los que gozaron los “baby boomers” que pudieron además cumplir con sus ambiciones. Muchos dejan esos huecos sin cotizar, ni aportar, a pesar quizá de que hayan obtenido ingresos en negro.

Al final eso termina repercutiendo y lo seguirá haciendo en la medida que no se flexibilicen las cotizaciones y permitan que el trabajador aporte-cotice con su contrato de trabajo o bien lo haga con los ingresos que obtenga por trabajos esporádicos.

Aquí el problema es que del otro lado está Hacienda a la que le importa más ir detrás de esos ingresos sin comprobar aunque sean temporales.

Tienen que reformularse los esquemas y las políticas públicas deberán estar preparadas para dar bonos sociales más cuantiosos para apoyar no sólo a los pensionados que viven prácticamente al día, fundamentalmente a muchos mayores que no cobran absolutamente nada. Esta es una triste realidad.

 

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