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LA FERIA

En Palacio Nacional el país no cuenta… la gente tampoco

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Si no fuera presidente, ‘México sería un caos’ * AMLO y gobierno sólo esperan mantener el tiempo que les queda de esta cruel mascarada

 

POR EL SEÑOR LÓPEZ

 

Mascarada.

Hace ya más años de los que es prudente confesar, un grupo de amigos fuimos al aeropuerto a despedirnos de un querido maestro ya muy viejito, que regresaba a pasar sus últimos años en España, su patria.

En una cafetería del aeropuerto, esperando su hora de abordar, anécdotas, bromas y la disimulada tristeza de saber que no sabríamos más de él, eran tiempos de cartas y meses de espera para recibir respuesta… aquello era un adiós con regusto a funeral con el fiambre vivo.

Alguno le preguntó por qué se había quedado en México… nos habló de las muchas cosas que lo hicieron vivir acá 45 años, habiendo venido sólo a dar unas cuantas conferencias y después de una profunda pausa, dijo como hablando para él: -Pero… nunca entendí a México, nunca -se le preguntó a qué se refería… casi pierde el avión explicándonos.

 

EDADES DIFÍCILES DE LA VIDA

Sí está difícil. A los 20 años de edad uno ni se plantea la cuestión, ocupado en apurarle a encontrar una manera decente de comer tres veces al día y el resto del tiempo a encontrar soluciones adecuadas aunque sean temporales, al vigor glandular propio de esas edades.

A los 30, empiezan las inquietudes, porque no es tan fácil mantener la nariz por encima del agua ya casado, con hijos -nacidos ricos: absténganse- y está del nabo pagar y pagar impuestos y al mismo tiempo, ver el franco progreso material de nuestros funcionarios, sus hijos y sus compadres, inversamente proporcional al IGJ (Índice General de Jodidez).

A los 40, la población no incluida en la ENE (Encuesta Nacional de Estupidez) ya ha elaborado su propia teoría sobre México. Unos, atribuyen nuestro penoso desarrollo, periódicas crisis económicas y baños de sangre, a que nos conquistaron los españoles (que ni es cierto, la conquista la hicieron los indios, la independencia los españoles); a la religión que enseña que ser pobre es a todo dar; otros, a la maldita vecindad con los yanquis, que nos odian gratis; aquellos, al mestizaje -sin atreverse a proclamar las bondades del exterminio de indios-, y también hay los ambientalistas: el clima es culpable de nuestro modo de ser, de nuestra improductividad y mañas: es que ¡con este calor!, nada más se antojan hamaca y fornicio.

A los 50 de edad, algunos de los pensantes tienen muy cuajada su propia teoría sobre México y sus penalidades, y una amplia mayoría, harta de buscarle cuadratura al círculo, simplemente aborrece a los políticos y a la política, se refugia en un egoísmo balsámico, ya perdida la fe en que durante su vida verán algún indicio esperanzador de que nuestro país cambie, que nuestra realidad tome rumbo mejor (digo, ¿ya se le olvidó que estamos en “nuevos pesos”, con tres ceros menos desde 1993?, nomás piense que un “hot dog” de banqueta cuesta el doble de lo que antes costaba un Volkswagen Sedan nuevecito, de agencia; y que hoy, con lo que gasta en ir al cine -más “combo” de palomitas y refresco- antes le alcanzaba para comprar una casa de interés social, grandecita).

NOTA.- esta abulia ante la realidad, explica en parte la pasión por el futbol y los chismes de vedetes, pues con algo hay que distraer las neuronas.

A los sesenta de edad, los que creían conocer bien el Manual de instrucciones para vivir en México, ya ven telenovelas, compran el Hola, sólo leen la sección de Deportes en el periódico, resignados a seguir haciendo panza, conformes con no entender nunca los fenómenos que nos llevan de tropiezo en tropiezo público, a comenzar y recomenzar el país en cada sexenio.

A los setenta de edad, ya pocos se toman la molestia ni de preocuparse, total, ya va uno de salida porque a esas edades se anda todo el tiempo con el pase de abordar en la mano… pasajeros con destino al más allá, último aviso.

 

INEXPLICABLE EXPERANZA EN MORENA

Hoy por supuesto y no tan novedosamente como creen los que no han acumulado en uso de razón más de seis décadas, soplan por el país vientos de inexplicable esperanza en Morena, más bien dicho, en el Presidente López Obrador y a lo más a que se atreven ante la astringencia de resultados visibles, es a proponer:

a).- Tenerle paciencia al Presidente para que enderece el barco, que Roma no se hizo en un año, ni en tres (un ‘ya merito’ recargado);

b).- Darle tiempo a Morena para que sea partido, forme cuadros, expulse oportunistas y pueda poner de candidato a inquilino de Palacio Nacional, a uno que sí tenga la cabeza en su lugar;

o, c).- Darle tiempo a la oposición para que asimile sus derrotas, asuma sus errores, corrija sus extravíos y en caso de que recupere el poder federal nos gobiernen, ahora sí, mejor que Dios Padre a la corte celestial.

Le tengo noticias: cualquier opción (a, b y c) y sus combinaciones, no resuelven la necedad general de poner en manos de una sola persona el destino nacional.

Es tan inmensa la influencia y poder de nuestros presidentes que se vuelven locos; sí, nuestro presidencialismo a ultranza y por encima de las leyes, los vuelve locos; y a los que no, sus secretarios y colaboradores, con baños diarios de confeti, alabanzas desmedidas y sumisión de cachorritos retozones, los vuelven locos.

Habitualmente, en tiempos del PRI imperial era en su quinto año de gobierno que se volvían locos, pues llegaban a la cima de su poder, sabedores de que su autoridad política sería el fiel de la balanza para decidir su sucesión.

Y aunque renieguen los fieles al Presidente actual, estamos en la resurrección del viejo régimen con una diferencia: este Presidente anticipó el proceso sucesorio y enloqueció apenas iniciando su cuarto año de gobierno.

Si piensa que es una exageración de este menda, entérese que el miércoles pasado declaró que si él no fuera presidente, “México sería un caos” y agregó: “Ahora no, nosotros tenemos estabilidad económica, financiera, no se endeudó al país, no se ha empobrecido al pueblo a pesar de la crisis económica y el prestigio de México está por lo alto”.

Vil mentira. Nada de eso es real, pero a ver quién es el macho que se lo dice. En Palacio el país no cuenta, la gente tampoco, ellos sólo esperan mantener el tiempo que les queda esta cruel mascarada.

LA FERIA

Rosa Icela manipula los datos de asesinatos

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Habla de reducción, pero comparado con cifras de este gobierno de la 4T * En el mismo periodo en el sexenio de Fox se registraron 40,563 asesinatos; en el de Calderón, 39 mil 672; en el de Peña Nieto hubo 62 mil 145, y el gobierno de AMLO lleva… ¡105,546 fiambres!.. ¡Nada qué presumir! ¡El sexenio más violento de la historia!

 

POR ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

¡Quién tal hace, que tal pague!

En los años 50’s del siglo pasado, las bodas más rumbosas de la alta sociedad cleptócrata-político-pulquera mexicana, salían en borrosas fotos en blanco y negro, en la sección de Sociales del viejo diario Excélsior; por eso no se enteró la nación que tía Consuelo NO se casó de blanco, sino con un vestido espectacular -perfectamente relleno con su espectacular persona-, sí, pero de color marfil… subidito de tono.

Años después, cuando salía el tema, decía sonriendo la tía: -“Cómo iba a entrar de blanco a la iglesia, se hubiera reído hasta el monaguillo, ¡qué pena!…” -la tía tenía su historia… y sentido común. Ridículo voluntario, jamás.

 

EN INSEGURIDAD, MÉXICO ESTÁ AL ROJO VIVO

Rosa Icela Rodríguez, titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, señora de todos nuestros respetos, informó que en 2021 disminuyeron los homicidios dolosos en el país (¡que se oiga esa banda!), porque hubo 33 mil 308 (3.6% menos que en 2019 y 0.4% menos respecto de 2020, si se le entendió su explicación), gracias a la estrategia de seguridad. ¡Ay, doña Rosa!

Los números a cualquiera ponen en su sitio. Dando por buenos los datos oficiales, el total de homicidios durante este gobierno es de 105 mil 546 (sin feminicidios que pasan de tres mil).

Tal vez a usted como a casi todo tenochca simplex, lo deje impávido la cifra (la danza de los números anestesia al más avispado), por lo que a riesgo de aburrirlo, le recuerdo que en el mismo tiempo que lleva este gobierno, en el periodo de Fox se registraron 40,563 asesinatos; en el de Calderón, 39,672; y en el de Peña Nieto, 62 mil 145; este gobierno lleva 105,546 fiambres (260% respecto de Fox; 288% comparado con Calderón; 173% frente a Peña Nieto).

Ante este brutal incremento de homicidios, hablar de reducciones del 3.6% y el 0.4%, comparando amigablemente con los asesinatos ocurridos dentro de este mismo gobierno, no es mentir, es manipular para afirmar que se ha estabilizado y disminuido la matanza y eso es menos cierto que la pureza virginal de doña Lyn May, señora, también, de todos nuestros respetos.

No dijo el peor enemigo del Presidente que sin recuperar la seguridad pública, no hay 4T, lo dijo el propio Presidente el 15 de julio del año pasado: “(…) si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno (…)”.

Nótese la habilidad discursiva: “si no terminamos”… ¿no terminamos?, no señor, ni siquiera han empezado, los ha rebasado esta catarata de sangre, aluvión de llanto, plaga de tragedias por plantear y sostener contra viento y marea una estrategia que no es sino una frase (abrazos no balazos) y convicciones erradas (la paz es fruto de la justicia y que los programas sociales drenarían de delincuentes a las bandas criminales).

Y de eso a lo irrisorio ante los actos vandálicos: “(…) en una de esas los voy a acusar con sus mamás, con sus papás, con sus abuelos (…) los verían como malcriados, que no deben de andar haciendo eso, les darían hasta sus jalones de orejas, sus zapes” (octubre 2 de 2019).

Tampoco dijo un fifí conservador neoliberal que “No puede haber desarrollo, crecimiento económico, bienestar material, progreso, si no hay paz en nuestro país, si no tenemos garantizada la seguridad pública, el que no haya violencia, que no haya confrontaciones”. No lo dijo un enemigo de la 4T, sino el Presidente el 21 de abril de 2021. Bueno, su boca es su medida.

Mientras nuestro gobierno tiene al país con el alma en un hilo con iniciativas como la de la industria eléctrica; mientras el afán presidencial es conseguir a como dé lugar que se haga la consulta de revocación de mandato, sabiendo que la tiene ganada (ni sus reales opositores políticos quieren que interrumpa su sexenio y México entre en las turbulencias acostumbradas en no pocos países de América Latina); mientras nuestro Ejecutivo dedica no poca parte de su tiempo en insultar, descalificar y ningunear a periodistas, medios e intelectuales; mientras todo eso, el mundo observa. Sí señor.

La Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) lleva el registro de homicidios oficialmente reconocidos en todos los países y elabora el índice de asesinatos por cada cien mil habitantes de cada uno. El promedio mundial es de 6.1 fiambres por 100 mil habitantes; esa tasa de víctimas de homicidio intencional varía por continente: América (17.2), África (13.0), de Asia (2.3), Europa (3.0), y Oceanía (2.8).

Muy bien, pues con la novedad de que México tiene 29 homicidios por cada 100 mil habitantes; casi cinco veces más que el promedio mundial, poco menos del doble que en América, casi el triple que África.

Y doña Rosa Icela hablando de disminución, mientras el mundo nos ve horrorizado, sí, para que le penetre: en la Guerra del Vietnam participaron los EU de 1959 a 1973, catorce años, y le costó la vida a 46,500 de sus combatientes, dejándoles una cicatriz indeleble que no les deja de doler casi 50 años después… y acá en tres años y piquito, llevamos más de 105 mil difuntos.

De esa escala es la catástrofe que estamos viviendo en este país y que el gobierno cree que no es tema político prioritario porque no hay marchas, protestas, plantones, reclamos… mal diagnóstico, los cadáveres de asesinados sin justicia no reposan nunca y nadie se extrañe de que esta carnicería se transforme en denuncias y juicios severos en México o tribunales internacionales. Es imposible ocultar este holocausto mexicano.

Y hablando de cosas imposibles de encubrir, al 3 de enero pasado, según las cifras del propio gobierno (es cosa de no aburrirse de buscarlas), iban 455 mil 576 muertes por el Covid-19, casi 160 mil más de las que reporta la Secretaría de Salud con los datos de fallecidos en hospitales públicos.

Hace 400 años, escribió Tirso de Molina en el Burlador de Sevilla: “Adviertan los que de Dios juzgan los castigos grandes/ que no hay plazo que no llegue ni deuda que no se pague”. Y sentenció el infaltable castigo: “¡Quién tal hace, que tal pague!”.

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LA FERIA

De churro el sexenio de película

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Los gobiernos neoliberales han bajado la pobreza… menos la Cuarta Transformación * De risa el mensaje de Año Nuevo del Presidente: Tengamos fe, no perdamos la esperanza; primer deseo, que termine la pandemia; segundo, que continúe la grandeza cultural del país; y tercero, que haya menos pobres… sólo deseos y nada de realidades

 

POR ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

Churro.

En la familia materno-toluqueña de este menda, se estaba de acuerdo en que tía Beatriz era santa y tonta, pero más tonta que santa; mire si no: estuvo casada 47 años con tío Ricardo, quien estuvo borracho los mismos 47. Muy viejita y viuda, contó que cuando ya llevaba 40 años de calvario, él le prometió dejar el trago: -Pobre, lo único que me pidió fue paciencia… pero ya ven, se me murió –¡que santa ni que ocho cuartos! (la Real Academia y la Asociación de Academias de la Lengua Española, definen “ni que ocho cuartos” como expresión coloquial que subraya el desacuerdo con algo; y explica que “cuartos” alude a una moneda de cobre en España, cuyo valor era el de cuatro maravedís de vellón… y ahí la dejamos, lo de maravedíes y vellón es más largo).

 

LA FE Y ESPERANZA NO SIGNIFICA REALIDAD

¿Nunca le ha pasado en el cine que se aguanta toda la proyección de una película, esperando que se componga la trama? Y que cuando sale el anuncio de “Fin”, se levanta de la butaca, enojado y murmurando “…inche churro”, como veredicto final que justifica la búsqueda inmediata de una compensación sensible, por ejemplo, la ingesta de media docena de tacos de maciza con cuerito, rumiando cosas feas de la mamá del director de la cinta.

Con motivo del fin de año, nuestro Presidente grabó un video en Palacio Nacional, en el que nos dijo a todos los gallardos tenochcas: “Tengo mucha fe en el porvenir y le deseo a todos los mexicanos que nos vaya bien, que haya mucha alegría, mucha felicidad”…

No sé usted, pero este menda cuando oye a un político hablar de fe se pone en guardia; “fe en el porvenir”, ¿cómo estarán las cosas como para que el Ejecutivo recurra a una virtud teologal?, ¡chispas! (para no poner una grosería).

Luego el mero último día del año, mediante tuitazo presidencial, nos exhortó a que “Mantengamos inquebrantable la fe en el porvenir”. ¡Híjole!

Y en la mañanera del jueves 30 de diciembre, él mismo acomodó su monólogo diciendo que le “(…) preguntaban sobre los deseos para el año próximo, pues un deseo es que se termine la pandemia (…) Mi otro deseo es que continúe la fortaleza de México, que es lo que siempre nos ha salvado de calamidades, la grandeza cultural de México (…) Y lo tercero que deseo es que haya menos pobres”. Y remató: “(…) no hay que perder la esperanza”. ¡Vaya!

Resumen: tengamos fe, no perdamos la esperanza; primer deseo, que termine la pandemia; segundo, que continúe la grandeza cultural del país; y tercero, que “haya menos pobres”.

Imagine nomás que el cirujano sale del quirófano, a media intervención de un hijo de usted y le dice: -No pierda la esperanza, deseo que siga usted siendo muy culto y que se cure su hijo -¿se alarmaría o no?… a menos que padezca usted del síndrome de tía Beatriz, le aseguro que se le paran los pelos de susto y le corre a la dirección del hospital para que alguien vaya a ver qué está pasando con su crío. Se lo aseguro.

La pandemia no va a terminar sino hasta que termine (sabio el del teclado); así son esas cosas, con una diferencia, por poner un ejemplo, la peste negra en la Edad Media empezó cuando empezó, duró más de 50 años y terminó solita, que no había vacunas ni médicos ni nadie sabía qué la causaba; la inmensa diferencia es que hoy la ciencia sabe exactamente qué hay que atacar y en tiempo récord se desarrollaron las vacunas (y hasta medicamentos para curar a los contagiados). Eso sí podría ser un propósito presidencial: redoblar el combate al Covid, comprometerse a que no habrá un mexicano sin vacuna, que se reforzará a los ya vacunados y se hará una campaña para convencer a los que no quieran vacunarse. Algo concretito, no un simple deseo.

De lo de mantener la fortaleza cultural del país, habría que preguntarle al señor Presidente a qué se refiere, ¿a la cultura objetiva o la subjetiva?, la cultura que conforma el hábitat nacional, con su inmensa variedad de matices y contenidos, o a la cultura de los individuos, ese cultivar a las personas. Y luego, ya aclarado el punto, pedir la relación de la cultura con el superar calamidades. Como que no, pero él sabrá.

Lo que sí llama la atención es que en último lugar se haya referido a que desea que haya menos pobres. Se le está yendo el tiempo; disminuir el número de pobres como deseó cuando en la primera mitad de su periodo aumentó el número de pobres hasta llegar a 55.7 millones de personas, parece lo menos, inapropiado y obligaría a revisar sus programas sociales porque se están repartiendo carretadas de dinero y lejos de bajar, sube la miseria; algo no cuadra… ¿la estrategia… regalar dinero no mitiga la pobreza?… parece que no.

 

PROGRAMAS SOCIALES VIENEN DESDE LUIS ECHEVERRÍA

Y tampoco es cosa de creernos que estos programas sociales son la gran novedad. Empezaron desde tiempos de Echeverría, con el Programa de Inversiones Públicas para el Desarrollo Rural (Pider); siguieron con López Portillo como Coplamar, más Pider y el Sistema Alimentario Mexicano (SAM). Luego de De la Madrid, Salinas de Gortari armó Solidaridad al que don Zedillo rebautizó como Progresa (que disminuyó la pobreza el 15.4%, recibió el 69% de la población con la panza pegada al espinazo y la bajó al 53.6%), sí, por mal que caiga el Zedillo es el campeón del asunto.

Don Fox también le cambió de nombre, le puso Oportunidades y también disminuyó sensiblemente la pobreza (entregó el país con el 42.9% en pobreza, 10.7% menos de cómo lo recibió); don Calderón mantuvo el nombre y volvió a bajar la pobreza, aunque se implantaron nuevas mediciones que permiten dudar si así fue; con Peña Nieto sí bajó, poquito, pero bajó. Y en lo que va de este sexenio ha aumentado, por la pandemia y porque el gobierno se negó a apoyar a las micros, pequeñas y medianas empresas, por lo que sea, pero recibió el país con 55.3 millones de pobres y ya andamos en 55.7 millones después de cataratas de dinero en los programas sociales, orgullo presidencial. Algo anda mal.

¡Ay, Presidente!, si según usted ¡primero los pobres!, en sus deseos los puso al último.  No, no nos está gustando como va su sexenio de película… parece churro.

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LA FERIA

La estrategia del descontón verbal y el ninguneo oficial

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¿Alzamiento, revuelta o golpe de Estado? * No es normal que un Presidente de México esté peleando diario y con tantos. No es conveniente. Fue elegido para ir al timón de la nave, no para verlo repartiendo leña entre el pasaje y los marineros

 

POR ADOLFO LÓPEZ MAÑÓN

 

A rodilla.

A tía Elena (de las chupacirios del lado materno-toluqueño) la dejó el marido. Poco después -meses- volvió a casarse (escandalazo, fue boda civil nada más y para las pulgas católicas de esa rama familiar, era inaceptable)… también la dejó; regresó la tía al seno de la Santa Madre Iglesia, pero lueguito la atrajo más el regazo de un tercer caballero (bueno, ni la caída del imperio romano de occidente causó más escándalo)… y tercera abandonada.

No le hago el cuento largo, detuvo su carrera matrimonial con obstáculos en el quinto esposo (también la dejó). La abuela Virgen, la de los siete embarazos, un día comentó que “Elenita había tenido muy mala suerte con los hombres” y tía Victoria que de ese tema sabía todo, la atajó: -No hay mujer a la que le salgan malos cinco maridos al hilo… ella anda mal –ya grande este menda supo que tía Victoria tenía razón; no le cuento porque después todo anda diciendo.

 

PRESIDENTE PELEONERO

En el país pasan cosas raras, inusuales y nosotros los gallardos integrantes del peladaje nacional, como si nada. Estamos tan acostumbrados a tanto desfiguro que si mañana anuncian Palacio Nacional como salón de fiestas, lejos de escándalo habría reservaciones.

En particular en este sexenio vemos diariamente a un Presidente rijoso, pendenciero, talante que mal disimula con una sonrisa que ya se le acartona.

No es normal que un Presidente de México esté peleando diario y con tantos. No es normal y no es conveniente. Fue elegido para ir al timón de la nave, no para verlo repartiendo leña entre el pasaje y los marineros.

Si le parece que este su texto servidor exagera, recuerde que está peleado con todos los organismos autónomos, INEGI, Coneval, Comisión Reguladora de Energía, Instituto Nacional de Acceso a la Información, INE.

Tan pronto como el 18 de febrero de 2019, declaró: “(…) hay que seguir adelante quitando todos estos organismos que son onerosos”. Onerosos quién sabe, necesarios, sí. A él le estorban.

Aparte se buscó pleito con España y el Vaticano, por nada, por andar reclamando cosas de hace cinco siglos.

Trae entre ceja y ceja a la prensa nacional (excepto Jornada y Excélsior) y la extranjera (toda); y a muchos periodistas, incluida su ex amiga doña Aristegui, y comentaristas, todos los que no le aplaudan a teclazos; el que lo critique, saca boleto de sonajeada mañanera.

Se peleó con la Organización Mundial de la Salud -que le contestó medio feo viera usted- porque dijo ya debían de haber aprobado las vacunas Sputnik V, CanSino y Sinovac, que en México se están aplicando sin validación de esa instancia.

Le buscó las cosquillas a la UNAM, tiene en jaque al CIDE, se baila el zapateado en las empresas calificadoras internacionales indispensables para que el país tenga acceso al mundo financiero; interpreta el jarabe huasteco en empresarios y laboratorios médicos.

No deja títere con cabeza y gratis, insulta, descalifica y ningunea a toda una clase social, la clase media, de la que no hay noticia le haya hecho algo para merecer el maltrato.

Y no está exento de su flamígera lengua ninguno de los que protestan, marchan, se manifiestan, así sean papás de niños con cáncer o mujeres que, tan delicadas ellas, nomás quieren que no las maten.

Crecen los rumores y se presentan síntomas de que su estilo personal crispa a sus colaboradores. Lleva 35 o 36 renuncias y cambios en su gabinete legal y ampliado. Piense usted si es normal que a un Presidente le renuncie su secretario de Hacienda (Carlos Urzúa) a los siete meses de iniciado el gobierno y se transforme en un firme crítico de su administración, y el segundo de Hacienda (Herrera) también se fue.

Y la lista sigue: También se le fueron la secretaria de Gobernación; su consejero jurídico, Scherer, su ‘hermano’; el director del IMSS; la secretaria de la Función Pública; el director del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, denunciando que ahí se roba; el secretario de Comunicaciones, Jiménez Espriú; el director del Banco del Bienestar; el secretario de la Semarnat, quien dijo que la 4T es una ilusión; la secretaria de Economía; el jefe de la Oficina de la Presidencia, don Romo; el secretario de Educación; la tesorera de la Federación… y más, pero no hay espacio.

No. No es normal. Es más fácil decir a quiénes no les busca bronca: a sus solovinos, sus mascotas, como él definió en analogía muy desafortunada a la gente en pobreza. Fuera de ellos y sus huestes a sueldo en Morena, los demás, todos, encontramos acomodo en su amplio catálogo de descalificados. Ni modo. Chin.

Lo preocupante es que no es tonto, por lo que algo quiere, algo busca, algo pretende con esta estrategia del descontón verbal y el ninguneo oficial. Tal vez haya un indicio en lo que declaró el martes pasado, hablando del pérfido INE.

Dijo en su mañanera que toca al INE por mandato constitucional realizar la consulta sobre la revocación de mandato, pero si se negaran a hacer la consulta (no se niegan, ni se han negado, ni se negarán, no tuerza usted las cosas don Presidente), entonces los ciudadanos podrían hacerla:

“Se organiza el pueblo (…) Nosotros ganamos la elección por el pueblo, por la gente; esa es la esencia de la democracia, el ciudadano que quiere ejercer sus derechos, que participa, que busca los cambios”.

Agregó que va esperar a ver qué resuelve el Tribunal Electoral y luego el Poder Judicial: “Yo creo que van a llevar a cabo la consulta; van a aplicar este método democrático de la revocación de mandato (…) son tácticas dilatorias no muy serias”.

¿Se organiza el pueblo?… ¿se organiza el pueblo mandando la Constitución al basurero?… ¿se organiza el pueblo y realiza actos de gobierno por su cuenta?

Si va en serio, que alguien le diga que eso se llama alzamiento, revuelta, golpe de Estado (así sea quedito, golpecito). Y por cierto, ¿quién es el pueblo?, ¿sus clientes de los programas sociales?

Porque empresariado, clase media, intelectualidad, universitarios y científicos, no, esos no, con todos esos está de pleito.

O no sabe lo que dice o sí sabe y esto está de rezar rosarios a rodilla.

 

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