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POR LA ESPIRAL

Europa tiene la tormenta perfecta

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Tras 20 años, el euro alcanza paridad con el dólar * Y todavía está en veremos la verdadera dimensión que pueda alcanzar el shock energético a nivel global

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

El pasado 12 de julio, el euro alcanzó la paridad con el dólar, tras veinte años en que la moneda única europea ha mantenido una fortaleza respecto de la cotización del billete verde. Esto no puede ser interpretado de otra manera más que la expresión evidente de una crisis gorda a punto de caerle encima a los países europeos.

Se ha creado la tormenta perfecta y todavía está en veremos la verdadera dimensión que pueda alcanzar el shock energético a nivel global, primordialmente en los países más vulnerables por ser importadores de gas y petróleo suministrados por Rusia.

Ya se verá su rostro este próximo otoño cuando caiga el duro invierno europeo y la escasez de gas y de petróleo provoquen cortes de suministros en la calefacción y en la luz.

Mientras el calor estival baña los cuerpos semidesnudos en las diversas playas europeas, varios gobernantes de diversos países están pidiendo a su población reducir su consumo de luz y hasta en Alemania, el canciller Olaf Scholz habla abiertamente de los duros meses por venir. El invierno se antoja ya indeseable.

En el día 141 de la invasión de Rusia a Ucrania las noticias siguen siendo negativas. Lo son en lo económico y lo son en lo político. Y el dictador ruso, Vladimir Putin, sigue impertérrito, nada lo hace recular, ni desistir, de su invasión a Ucrania.

Y además corre propaganda en su favor para bajar la moral de los europeos que se han lanzado al vacío con las históricas sanciones y el veto energético a Rusia.

Algunos medios de comunicación citan un documento del Banco Central de la Federación Rusa analizando la situación económica del país eslavo con el impacto de las sanciones; parte del texto replicado señala que la inflación ha ido reduciéndose, para ubicarse en el 15% y que están creándose puestos de trabajo y la economía sigue creciendo.

En febrero pasado, varios organismos, como JP Morgan, llegaron a pronosticar “una recesión profunda” por las sanciones impuestas por Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea (UE), Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda, Australia y otros países por su atroz invasión de Ucrania.

En ese entonces, JP Morgan aventuró un desplome del 20% en la economía rusa en el segundo trimestre de 2022 y de un 3.5% a lo largo del año o inclusive superior por toda la serie de medidas severas que han llegado a congelar 630 mil millones de dólares de las reservas de banco central ruso.

Rusia vende en su informe que está creciendo, creando empleo y que las sanciones están causando algunos trastornos, pero nada sorprendente que vaya a hundir en definitiva a la economía rusa.

No puede ser más intranquilizador. Partamos de que la información esté posiblemente manipulada desde el Kremlin y sirva para enviar dos mensajes: uno interno, para  decirle a los rusos que son fuertes ante las sanciones, aunque muy seguramente lo estén pasando mal en el día tras día dadas las restricciones; y otro, para desanimar a una población europea que no quiere sumergirse en otra recesión y que mira cómo su panorama presente y de futuro inmediato es complicadísimo porque hay una inflación amenazante y la guerra no se detiene; nadie habla de otra mesa de negociación para la paz.

 

A COLACIÓN

Siento decirlo, pero Rusia está ganando esta guerra en varios frentes y el propio mandatario, Volodímir Zelenski, está consciente del laberinto sin salida que se ha creado para los propios europeos que lo apoyan y que se han metido en una ratonera para defender la democracia, la soberanía y la dignidad.

Una guerra es un camino de resistencia con muchos frentes abiertos. Algunos estrategas creen que la guerra en Ucrania podría durar dos años, un tiempo demasiado largo para una sociedad europea que empieza a atestiguar cómo la debilidad de sus gobernantes explota como pompas de jabón en el viento. Y eso puede terminar cambiando los apoyos iniciales de los europeos con armas y dinero a Zelenski.

Con el espectro de la inflación fuera del armario y de la recesión asomando la cabeza, no hay bolsillo ciudadano que pueda soportar dos años de guerra en el traspatio europeo. Recientemente la inflación en España escaló al 10.2% en junio a tasa anual, el alza en el precio de los carburantes y de la electricidad ya empezó a trasladarse al precio de los alimentos frescos.

Las familias tienen un golpe real en su bolsillo y no hay una medida efectiva por parte del gobierno que directamente alivie cierta parte de esa tensión creada por la guerra y el efecto de las sanciones.

Desde el Kremlin, a Putin ya sólo le queda ver cómo la UE se va a pique y sus gobernantes van cayendo -uno tras de otro- porque sus gobiernos de coalición estallan no solo por las fricciones ideológicas en el papel fundamentalmente porque se trasladan al quehacer gubernamental, a la toma de decisiones.

A Boris Johnson lo tumbaron sus propias mentiras y su falta de moral demostrada con el escándalo del partygate, pero es verdad que los británicos han escuchado la palabra recesión y los propios miembros del Partido Conservador han acabado con su liderazgo.

Ahora es el primer ministro Mario Draghi, con su dimisión inesperada, tras estallar el extraño gobierno de coalición formado desde el 13 de febrero pasado entre un técnico y los populistas, los antisistema, la izquierda y el partido de Berlusconi.

Mañana podría ser en Francia Macron, en un mes Sholz en Alemania y en diciembre el español Pedro Sánchez.

Mucho antes en noviembre, en Estados Unidos, si los progresistas no apoyan a Biden serán los demócratas los que perderán el control de las Cámaras. Algo se ha hecho precipitadamente mal que nos ha metido en un laberinto sin salida…

 

@claudialunapale

 

POR LA ESPIRAL

Lo peor está por llegar: un invierno con racionamiento energético

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España y su polémico apagón * Ante los hechos, Putin tiene el sartén por el mango

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

Si a principios de enero nos hubiesen pasado la película de nuestras vidas en plenitud de agosto -con el estío ardiente- muy posiblemente nos hubiésemos tomado con otra actitud lo mal que se ha puesto el año, nuestro entorno y el mundo entero.

Llevamos siete larguísimos meses recibiendo malas noticias, una detrás de otra, de manera dosificada. Al final, nos hemos acostumbrado a esta mala medicina tan amarga.

Rusia y su maldita invasión a Ucrania ideada por un “filósofo” que añora a la antigua URSS. Estados Unidos y su maldito imperialismo. China y su maldita ambición económica y tecnológica. Con este escenario, el mundo nos durará tres días.

Y mientras en Europa la gente dora su piel bajo el intenso sol, la vuelta en septiembre a la cruda realidad pone a un otoño e invierno bajo unas duras condiciones. No solo climáticas que eso ya se sabe con las intensas ventiscas, la bajada de temperatura y las nevadas. No, lo peor está por llegar: un invierno con racionamiento energético estricto casi sin calefacción… y esto es gracias a Rusia… y gracias también a los pésimos planes de diversificación energética y a los nimios esfuerzos de los europeos por conseguir su autosuficiencia energética.

Los cortes de gas y de petróleo ruso en su suministro continúan porque así lo ha ordenado el dictador ruso, Vladimir Putin, para devolverle a los europeos una a una las sanciones que, junto con Estados Unidos, Canadá, Japón, Corea del Sur y otros países han aplicado a Rusia para presionar al Kremlin y obligarlo a retirar a sus tropas de Ucrania y sentarlo en una mesa de negociación. Ya es muy tarde, Putin tiene el sartén por el mango.

Lo más reciente es que Hungría, República Checa y Eslovaquia se han quedado sin el suministro de petróleo ruso acostumbrado. Y vendrá lo peor: el corte del suministro de gas ruso que se utiliza, entre otras cosas, para encender la calefacción de empresas, instituciones gubernamentales y de millones de hogares europeos.

Rusia consumará su venganza a partir de septiembre. La ciudadanía solo piensa en las vacaciones estivales y los gobernantes en el azaroso fin de año. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, pide racionamientos de gas y solidaridad entre países para los que menos tienen.

Y no hay forma de decirle que no a una UE que abre el grifo del dinero cada vez que se requiere rescatar de la debacle a algún país europeo miembro. España, recurrentemente beneficiada y rescatada por los fondos europeos, tiene que demostrar solidaridad con la causa.

“Según los acuerdos refrendados por la Comisión Europea, a España le corresponde asegurar un 7% de ahorro en sus consumos energéticos, a contabilizar a partir del 1 de agosto. A la espera de ultimar el Plan de Contingencia adicional que deberá remitir a Bruselas a finales de septiembre, el gobierno estima que el ahorro derivado de la aplicación generalizada de las medidas del RDL del 1 de agosto podría alcanzar entre el 4 y el 5% del total”, de acuerdo con la Moncloa.

 

A COLACIÓN

Esto será una operación por fases. La primera consiste en un plan de ahorro energético que entró en vigor a partir de las cero horas de este miércoles 10 de agosto y que obliga a todos los comercios a apagar su iluminación a partir de las diez de la noche. A mantener el aire acondicionado máximo a 27 grados y la calefacción en otoño e invierno a un máximo de 19 grados.

El apagón, como se la llama a esta medida controvertida aquí en España, tiene a la ciudadanía intranquila, a los comerciantes molestos y a los gobiernos de las comunidades autónomas distintos al PSOE casi en rebelión.

En Madrid, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, advirtió que apagar los escaparates y la iluminación en Madrid a partir de las diez de la noche es una invitación para la delincuencia. Ya advirtió que los delitos aumentarán.

Díaz Ayuso habla de amargura, de un gobierno liderado por el socialista Pedro Sánchez obsesionado por arruinar a los comercios, menguar a la clase media y dificultar la vida a los ciudadanos.

En España es tradición vivir la noche, no solo los fines de semana, a la gente le gusta salir a cenar y de copas. Y caminar, la gente camina mucho en el día, en la noche y en la madrugada; simplemente le gusta disfrutar de su ciudad.

Vivir a medias velas terminará dinamitando el hartazgo de una ciudadanía que ya no aguanta más y torpedearle su ocio es como quitarle su libertad.

En cuanto empiecen a pulular los asaltos, el gobierno de Sánchez estará en problemas.

 

@claudialunapale

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POR LA ESPIRAL

España encabeza exceso de mortandad por Covid en Europa

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Las muertes no esperadas han llegado a cuadruplicar la tasa de fallecidos por coronavirus * Esas personas que están falleciendo no es por el virus sino por otras causas que por alguna razón misteriosa no están siendo reflejadas por el Ministerio de Sanidad en sus estadísticas… ese es el enigma sin respuesta

CLAUDIA LUNA PALENCIA

Las autoridades sanitarias en España no tienen todavía la respuesta al exceso de mortandad que viene registrándose en el país ibérico en los últimos más de seis meses, pero dicen que la culpa no es del coronavirus.
La población en España es de 47 millones 350 mil personas y de ésta 41 millones tiene la pauta completa de dos dosis de la vacuna antiCovid, lo que permite que en la sexta ola del SARS-CoV-2 se mantenga un radio de mortandad baja, así como de ingresos hospitalarios entre los contagiados.
Sin embargo, la gente sigue muriendo y por encima de la media observada en 2019 antes de la pandemia e inclusive hay meses en 2022 que el exceso de mortandad supera a los datos de la primera a la tercera ola del coronavirus.


Esas personas que están falleciendo no están muriendo por el virus sino por otras causas que por alguna razón misteriosa no están siendo reflejadas por el Ministerio de Sanidad en sus estadísticas.
Y parece ilógico, porque seguimos en medio de una pandemia, el coronavirus no ha sido del todo derrotado, viene una y otra ola, de hecho ya se está aplicando una cuarta dosis de la vacuna antiCovid y próximamente España tendrá su primera vacuna producida por Hipra que permitirá proteger contra todas las variantes del virus.


Eso es una buena noticia, pero si el exceso de muertes observadas no es por esta causa, ¿qué lo está provocando entonces? Ya en diciembre pasado, Rafael Cascón, investigador de la Universidad Politécnica de Madrid, cuestionó a las autoridades sanitarias por sus datos señalando que “frente a la veintena de muertes diarias por coronavirus están produciéndose 80 de más” sin saber la causa.
En noviembre del año pasado hubo veinte días consecutivos con muertes excesivas. Hay la sospecha de que pueda darse un mal registro de los datos, una contabilización errónea o que inclusive haya cambiado la forma de cómo contar a los enfermos y los decesos por coronavirus para favorecer la eficacia de la vacunación.
Es decir, estamos en una pandemia declarada desde el 11 de marzo de 2020, lo que ha implicado una subida de la mortandad debido al impacto del coronavirus no solo en los grupos etarios con franjas superiores a los 65 años de edad. Muchos otros grupos etarios también han experimentado contagios, complicaciones y fallecimientos.
Después llegó la campaña de vacunación: España comenzó a vacunar el 27 de diciembre de 2020, a partir de entonces se priorizó avanzar con la inoculación ante la ejemplaridad de la población que acudió presurosa a recibir sus dos dosis iniciales sin chistar.
A partir de entonces inició un relajamiento de las restricciones, una vuelta a la normalidad ya sin mascarilla y sin mostrar el código QR de la pauta completa de la vacuna como requisito para viajar o para ingresar a la hostelería.


Prácticamente la gente en su día a día está más pendiente de la gestión de su propia vida que de la evolución de la pandemia, aunque casi estemos a punto de llegar a la séptima ola y Sanidad esté llamando a los mayores de 65 años de edad para ponerse la cuarta dosis.

A COLACIÓN
La hipótesis es que el gobierno haya dejado de contar algunos muertos por coronavirus y los esté colocando en el rubro de otros fallecidos sin saber la causa.
De esta manera se lograría lo que tenemos actualmente en el mes de julio: un mil 872 fallecidos por coronavirus y 9 mil 687 personas que no se sabe de qué murieron catalogadas como exceso de mortandad tras registrarse 41 mil decesos.
Hay casi diez mil muertos en julio y nadie sabe decir cuál fue la causa, pero insisto: las autoridades repiten que de Covid-19 no es.
El propio Instituto de la Salud Carlos III indica que en julio perdieron la vida 2 mil 124 personas por la ola de calor; esto es, mata más el calor que el coronavirus en el país ibérico.


El caso es que España está a la cabeza de toda Europa por exceso de mortandad: las muertes no esperadas han llegado a cuadruplicar la tasa de fallecidos por coronavirus. Se muere más en España que en Países Bajos, Bélgica, Suiza, Reino Unido, Italia o Francia.
Lo que esto plantea es una falta de certezas preocupante, cómo es que a las autoridades sanitarias se le escapa algo así de grave que atañe a la vida de los seres humanos cuyo control estadístico está bajo su responsabilidad. ¿Dónde están muriendo, cómo están muriendo y de qué están muriendo? Ese exceso de mortandad debe tener una respuesta lógica más pronto que tarde…

@claudialunapale

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POR LA ESPIRAL

Europa encarece el precio del dinero

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España tiene la inflación más alta en casi 40 años * Cada economía resentirá los efectos de recurrir a una política monetaria restrictiva dependiendo del nivel de endeudamiento de las empresas, de las personas, de las familias y, ojo, también de la Administración Pública

 

CLAUDIA LUNA PALENCIA

 

En Europa las familias vuelven a temblar ante el escenario de incremento de tipos de interés que los respectivos bancos centrales están planteando como una estrategia de forma gradual a fin de contener el globo aerostático de la inflación y evitar que termine convirtiéndose en una estanflación para varios países.

El pasado 15 de junio, la Reserva Federal de Estados Unidos movió sus tipos de interés en 0.75 puntos, entre 1.5% a 1.75%, es el alza más importante en las últimas tres décadas.

A la FED la han secundado el Banco Central Suizo moviendo sus tasas del -0.75% a -0.25%, no las subía desde hace 15 años, aunque siguen estando en negativo. También el Banco de Inglaterra rompió su atonía e incrementó sus tipos al 1.25 por ciento.

El jueves 21 de julio le tocó mover ficha al Banco Central Europeo (BCE) con una subida de tasas que su dirigente Christine Lagarde se ha tomado como una prueba de fuego para su administración.

Adiós a los largos años de política monetaria laxa para impulsar la recuperación económica golpeada por la crisis de las subprime; ese balón de oxígeno mediante tasas bajas -en muchos casos en niveles de cero y en otros en terreno negativo- permitió que el poder adquisitivo de las empresas, de las personas y de las familias tuvieran en la financiación un pequeño respiro.

Se acabó este ciclo: pagar en cómodas mensualidades volverá a convertirse en una pesadilla porque el BCE ha decidido romper con 11 años de no subir tasas y ha reajustado los tipos de interés en 50 puntos base; se trata del mayor ajuste alcista en los últimos veintidós años, de hecho, se llegó a especular que la subida sería solo de 0.25 puntos base.

Lagarde no ha descartado que sea el principio de una carrera alcista de tasas hasta que logre domarse a la bestia de la inflación que en junio pasado subió al 8.6% en la Eurozona. Nada más en España, el IPC creció hasta el 10.20% anual, la inflación más alta en 37 años.

Que suban las tasas de interés no son buenas noticias, significa que financiarse será cada vez más caro, y peor: lo llevarán las personas y las familias con créditos variables, fundamentalmente las hipotecas.

No es desde luego una decisión fácil, ni popular, y cada economía resentirá los efectos de recurrir a una política monetaria restrictiva dependiendo del nivel de endeudamiento de las empresas, de las personas, de las familias y ojo también de la Administración Pública y de los gobiernos locales desde los ayuntamientos hasta los órganos de gobierno más grandes. Prácticamente nadie quedará indemne.

Tasas más altas encarecen el crédito, encarecen la deuda, encarecen las amortizaciones de la deuda y afectan a la deuda interna y también a la deuda externa.

Hay varios países con unos niveles de deuda pública como porcentaje del PIB bastante inquietantes. Por ejemplo, en España, su deuda en marzo pasado subió a 1.453 billones de euros tiene un ratio del 117.7% como porcentaje del PIB y no toda es resultado del desequilibrio entre ingresos y gastos también hay préstamos y financiamientos adquiridos como obligaciones por pagar.

 

A COLACIÓN

Habrá que estar atentos a la contabilidad de los bancos, vigilar su índice de morosidad, que siempre sale impactado de una o de otra manera cuando suben los tipos.

Y es que el impacto será en el dinero prestado, pero los sueldos y salarios permanecerán ‘ceteris paribus’. Las suspensiones de pagos suelen irrumpir a la vuelta de la esquina, así es que el reto enorme para los bancos centrales es controlar la inflación, sin contribuir, a futuras nuevas quiebras financieras.

Las previsiones de abril pasado realizadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) aventuraban una inflación promedio a nivel mundial del 7.4% para 2022. Los países emergentes figuraban entonces como los más afectados con una inflación media del 8.7 por ciento.

Al cierre del primer semestre del año, el Banco Mundial en su informe Perspectivas Económicas ha comenzado a advertir del “riesgo de estanflación” con consecuencias “potencialmente perjudiciales” tanto para las economías de ingreso medio como para las de ingreso bajo.

El PIB mundial estimado es del 2.9% para este año, la previsión en enero era del 4.1 por ciento.

La estanflación sería un escenario indeseable porque el estancamiento económico suele acompañarse con un alza en el desempleo y un incremento de la inflación. Significa quemar el dinero… quemar el poder adquisitivo.

¿Por qué suben los bancos centrales sus tasas en épocas inflacionistas? Para enfriar el consumo. La intención es sacar dinero de la circulación porque la gente prefiere invertirlo y depositarlo en las instituciones financieras ante el incentivo de recibir un interés y eso al final coadyuva a que haya menos inflación. Veremos a qué costo…

 

@claudialunapale

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