La infancia de algunos tan terrible * Esta es la historia de tres amigos, Román Gómez-Tagle, María Vergara y Oscar Noriega, quienes coinciden en ese lugar por diferentes motivos
CARLOS SÁNCHEZ VEGA
Pienso adecuado -previo a la fecha que celebra el Día del Niño- reseñar la magnífica novela de Alma Delia Murillo publicada en 2018, El niño que fuimos.
Interesante de principio a fin, estamos frente a un texto que habla de personas comunes, sin particularidad mayor, que, a vuelo de ojo, no califican como personajes de novela, donde son requeridos altos estándares de fuerza, valentía, arrojo o rarezas de todo tipo.
No es así con tres niños de 10 años que se encuentran en un internado de la colonia Del Valle de la Ciudad de México. Como muchos, cuyas realidades están identificadas por necesidad, carencias y cuyas familias se apoyan en instituciones de asistencia social para darles alguna oportunidad educativa, no dejan, sin embargo, de ser historias como muchas más.
Y ahí está el punto. Las historias “como muchas más” impactan y sorprenden con sólo darnos la oportunidad de descubrirlas.
Encontrar analogías y similitudes en nuestra propia biografía, obliga a la reflexión sobre lo que hicimos por sobrevivir a esa edad que nos puso a prueba, que nos cuestionó si hicimos bien las cosas y cuánto de los primeros años fue fundamental para construir una vida adulta sin siquiera imaginarlo en aquellos primeros años.
Esta es la historia de tres amigos, Román Gómez-Tagle, María Vergara y Oscar Noriega, quienes coinciden en ese lugar por diferentes motivos.
Román es huérfano, despojado de todos sus derechos a manos de una malvada pareja de tíos que lo destierran a pasar de su niñez en un internado después de la trágica muerte de sus padres en un accidente automovilístico. Incluso los fines de semana la pasa en el inmenso edificio que se ve amenazante al encontrarse vacío.
Solo, mira inexpresivo la salida de sus compañeros cada viernes por la tarde. Niñas y niños pasarán el descanso con sus familias. Él ya no tiene a alguien.
Al paso del tiempo, Román se convertirá en famoso diseñador de zapatos de lujo, pero para llegar ahí tendrá que cruzar un infierno que inicia a la salida del internado justo al llegar la adolescencia.
En situación de calle y sin familia a quién recurrir, Román se prostituye en las calles de la Ciudad de México. Con los años, planeará una meticulosa venganza contra su agresor sexual, un conocido político que lo ha venido extorsionando desde el final de su niñez y el inicio de la adolescencia.
María es pequeña y flaca como palo de escoba, así describe la autora Alma Delia Murillo, a este personaje que logrará la tracción entre los tres, cohesionándolos como amigos, cómplices y parte cada uno de la vida del otro.

Con una prosa privilegiada Alma Delia Murillo retrata mucho de sus primeros años en este internado al cual asistió en su infancia, y pese a no ser una novela autobiográfica, consigue estructurar parte de sus memorias en perfectos escenarios de ficción.
María es la menor de diez hermanos, lo que explica su destino. Tantas madres solteras, con ingresos mediocres, con más hijos de los que pueden educar y mantener, obligan a sacar adelante a los más vulnerables en instituciones como el internado Gertrudis Bocanegra.
Al igual que el cincuenta por ciento de los niños del internado, María no tiene papá, sencillamente no existe por la razón que sea y esa frecuencia en el patrón familiar, le permite no sentirse tan mal ni diferente.
Al paso de los años María también toma rumbo. En el futuro, su página en Facebook reseñará: “Actriz, bailarina y acróbata”.
Óscar, junto con Román, completa el dúo de los personajes más melancólicos del grupo. Fue el orgullo de su madre, eran sólo dos en esa familia.
Desde siempre, ella supo del potencial de su hijo y todo lo dio por su futuro, encontrando en el internado la mejor opción a su alcance.
A través de la narración en tercera persona conocemos el carácter de todos. Óscar enfrentará la muerte de su madre en compañía de sus dos amigos. Se han fugado del internado esa noche para ir hasta el hospital y presenciar el evento.
Óscar es en la actualidad arquitecto y maestro universitario y puede reconstruir lo mejor de su pasado reuniéndolos… y concluir con un pendiente, el callado amor por María que sigue ahí. Al encontrarse todos nuevamente, María tiene ya varios meses de embarazo.
Terminando la primaria, Óscar y María dejan el internado al contar con familiares que vieran por ellos, no así Román, quien siguió en el lugar hasta terminar la secundaria, sin sus amigos. Ahora sí, sin absolutamente nadie.
El internado, el edificio que alberga la memoria de los protagonistas y que es lugar de ángeles y demonios conviviendo en los dormitorios (con sus sueños y pesadillas); el comedor, donde incluso ocurrieron travesuras masivas; la biblioteca y los recovecos por donde pudieron escabullirse para leer por las madrugadas.
Asimismo, el acceso a una barda que por sus particularidades permitía que se evadieran algunas noches. El internado es el testigo de las cosas, de lo que se logró y de lo que se perdió.
La novela nos lleva de recuerdo en recuerdo, del pasado al presente y de la niñez a la vida adulta de María, Óscar y Román a lo largo de 302 páginas.
Me permito una apreciación personal sobre lo que puede proponer la autora: la oportunidad de saldar pendientes y reconciliar el pasado con el presente.
Muy adecuada quedaría la sentencia que alguna vez expresó el difunto Papa Francisco: “Tírense los platos, pero al final perdónense”.

En la Ciudad de México estamos rodeados de niños poco afortunados, no son muchos lo que verdaderamente son felices. Y me pregunto, ¿en qué momento y bajo qué circunstancias los responsables de esta realidad iniciaron el proceso? El niño sin amor que inmortaliza Alejandro Lora está presente todos los días y a todas horas.

Pareciera que los elementos que procuran una buena paternidad están fatigados, vencidos, avasallados. Si se cuenta con dinero, los padres acercan un dispositivo electrónico a niños desde muy temprana edad a manera de distractivo, sin importar el daño neurológico y ocular que pueda dar inicio.
Si el dinero no es mucho, el tiempo invertido para conseguirlo obliga a buscar hasta tres empleos en detrimento de la educación del menor. Y si hablamos de pobreza total, el infante muy probablemente será tragado por una ciudad monstruosa y criminal.
Alma Delia Murillo es escritora, divulgadora literaria y columnista en el diario Reforma. Es egresada de la carrera de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

La cuarta reimpresión de El niño que fuimos es de marzo del año 2023 en Editorial Alfaguara y le aseguro no sólo una grata lectura, sino también un sinfín de enseñanzas y recuerdos.