Yasmín es quien es, con AMLO y Riobóo o sin ellos

Si un día Rioboó se le cruzó en su vida qué bueno por ellos porque la unión de sus vidas dio resultados que a ambos llenan a plenitud, pero se equivocan quienes supongan que, en este caso en particular, todo se trata de una de las tantas estratagemas de López Obrador para centralizar el poder

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No se trata de Yasmín Esquivel, pero sí de todo aquel mexicano que, en la política o fuera de ella, decide unir su vida a quien le venga en gana, porque parece pecado en plena 4T (Cuarta Transformación, para los recién iniciados) unir la vida familiar a quien detenta el poder casi absoluto en el país o esté cerca de él; termina por ser estigma, se tenga causa o no, responsabilidad u origen.

Doña Yasmín (y uso el muy español título de Doña por todo lo que significa en la península, y no el de licenciada porque el título fue obligatorio en el priísmo y en el panismo, sobre todo en la corta estancia de éste en el poder por la Escuela Libre de Derecho) es de las pocas personas de valía que el Presidente López Obrador ha propuesto en las últimas semanas para ocupar puestos de importancia, en este caso, en un poder autónomo por definición constitucional, ante el Ejecutivo federal, la Suprema Corte de Justicia de la Nación.


Yasmín (y que la señora de todos mis respetos perdone el tuteo) ha cometido un solo pecado en la vida, casarse con el ingeniero Riobóo que, como cualquiera sabe, aparece como inspirador de López Obrador en el absurdo de construir el aeropuerto internacional de la Ciudad de México en Santa Lucía, y todo porque perdió al participar en la licitación de pistas en el NAIM.

Confieso que ignoro si Riobóo goza de la influencia irresistible que se dice en López Obrador, al grado de empujarlo a cometer el error histórico del prescindir del NAIM para optar por una estación alterna que, hasta la IATA, que no es cualquier entidad, ha desechado.

Lo innegable es que el ingeniero Riobóo que, conforme a la información disponible, es una influencia importante ante el Presidente de la República, es esposo de la magistrada Esquivel, la única con las prendas necesarias, en la terna propuesta por el Presidente, para ocupar el lugar que estará vacante en la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Al igual que la embajadora Martha Bárcena, que se convirtió en tía política del Presidente muchos años después de iniciar su carrera en el servicio exterior mexicano, Yasmín Esquivel ha sido un personaje en el medio judicial mexicano mucho antes que Riobóo se cruzara en su camino y juntos formaran una familia a la que la vida gratificó con más vida.

Acusarla y castigarla sólo por unir su vida sentimental al constructor favorito de AMLO, es uno de los tantos absurdos de la vida política mexicana, más aún en plena Cuarta Transformación, en la que todo mundo es sospechoso de lo que sea.

Con la magistrada Esquivel se equivoca quien se quiera equivocar. En la vida jurídica del país está su infatigable andar, muy anterior al de López Obrador como contumaz aspirante a la Presidencia de la República.

Si un día Riobóo se le cruzó en su vida, qué bueno por ellos porque la unión de sus vidas dio resultados que a ambos llenan a plenitud, pero se equivocan quienes supongan que, en este caso en particular, todo se trata de una de las tantas estratagemas de López Obrador para centralizar el poder.

Yasmín Esquivel es quien es con López Obrador y Riobóo o sin ellos.

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