Ya perdió Trump; se acabó el juego

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El canciller Marcelo Ebrard emitió un tuit, hace unas horas, señalando que su par estadounidense “tomó la decisión” de pedir a los jueces que llevan la causa contra el general Salvador Cienfuegos desestimar los cargos y que sea procesado conforme a las leyes mexicanas.

Diría Perogrullo que las leyes mexicanas no operan en Estados Unidos, por lo que es de entenderse que el militar regresará a México tras el espectáculo iniciado en su contra el 15 de octubre, cuando fue detenido en Los Ángeles, California.

Conociendo el estilo de la DEA y de la NSA, hay tres elementos respecto a la “decisión” de la cancillería estadounidense:

1.- La NSA entregó la información que le pidieron y dejó que lo demás siguiera rodando, dado que no es su tema la judicialización. Escribiéndolo en mexicano, la NSA investiga e informa, pero no pone a penalistas para que preparen los hallazgos para ser enviados a las oficinas de los jueces, “a prueba de errores”.

2.- La DEA debe estar haciendo ahora mismo dos actividades complementarias: La primera, preguntándose por qué le ponen a hacer el trabajo sucio y después quedar como villano; la segunda, cocinando la venganza, filtrando todo lo imaginable a los medios amigos para que se vea que Cienfuegos es un criminal de la peor ralea.

3.- Donde las cosas alcanzaron grados Kelvin fue en la Corte, pues el caso ya se había armado y de repente les avisan que recojan sus pertenencias y se apliquen a otra cosa. Seguramente va a haber un reproche silencioso entre la Corte y la Casa Blanca.

 

LO QUE SIGUE, UN EJERCICIO PROSPECTIVO MÍNIMO

1.- López Obrador dirá, en una de sus fatídicas mañaneras, que esto demuestra la estupenda relación bilateral y que el general Cienfuegos no tiene nada que temer porque aquí será juzgado con transparencia y decoro.

2.- En Lomas de Sotelo podrán respirar con cierta tranquilidad porque el nivel de inconformidad que se armó con la detención de Cienfuegos, combinada con la cartita intimidatoria al personal, en el sentido que estaba prohibido hablar sobre el tema, evidenció el grado de ruptura interna y el que algunos mandos no entienden que no entienden.

3.- El general Cienfuegos se pondrá a leer periódicos y más periódicos, que le permitirán darse una idea de la confederación de detractores que se armó en su contra y que lo juzgaron sin tener evidencias. Un ejercicio apropiado, pero desgastante.

4.- Seguramente el militar será enviado a su domicilio y desde ahí seguirá su proceso. Sería una auténtica estupidez el enviarlo a una prisión militar, particularmente, por una obviedad: No tiene acusaciones en su contra.

5.- Al “culiacanazo” se le agrega un par bilateral: “El Trumpazo”, que consistió en hacer pedazos la imagen de un militar por motivos electoreros.

Por último, llama la atención el esquema estadounidense contra el militar: Primero, no podían dejarlo seguir su causa en libertad porque sus aliados criminales lo ayudarían a escapar a México. Después de las elecciones, Cienfuegos ya no se veía tan peligroso. Cosas de las urnas.

 

 

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