Ya pasó la expropiación; ahora la no reelección

Si este martes no se atraviesa otra prioridad, quizás la noticia será que Andrés Manuel se comprometerá, ahora sí y por escrito, a no perpetuarse en el poder

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Sin mayor novedad en el frente, y sin la pirotecnia que algunos esperaban, concluyó la conmemoración del 81 aniversario de la Expropiación Petrolera.
El Presidente López Obrador remachó la muy debatible y reiterada afirmación en el sentido de que gracias a que el 1 de julio de 2018 “sonó la alarma… y el pueblo decidió el cambio verdadero”, la Reforma Energética no destruirá la industria petrolera.
Por su parte, la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, reveló el secreto de Estado mejor guardado de la Cuarta Transformación, los nombres de las empresas participantes en la licitación restringida para administrar el proyecto de Construcción de la refinería de Dos Bocas.
Para no opacar el evento en Tula, Hidalgo, López Obrador pospuso, quizás para hoy, la firma, prometida originalmente para el lunes, de su compromiso de no reelegirse como Presidente de México.
Digamos que no quiso competir consigo mismo porque supuso que la carta que consignará su compromiso de no traicionar el apotegma de “Sufragio Efectivo no Reelección” relegaría a segundo o tercer plano sus palabras contra la Reforma Energética y el anuncio de Nahle sobre Dos Bocas.
Acertó. El proyecto de la refinería en Tabasco es polémico no sólo entre sus adversarios neoliberales, conservadores y fifís, sino hacia el interior de su propio equipo, pero aún con el beneficio o incalculable daño que acarreará es poco ante lo que podría hacer con el país la reelección, no sólo la suya, sino la de cualquiera.
En las prioridades de la nación, su decisión sobre la no reelección está por encima del volado que constituye el proyecto de Dos Bocas.
Si cumpliendo el mandato “espontáneo” del pueblo sabio se tomó la decisión de tirar a la basura la millonada que ha costado una obra que lleva casi 40 por ciento de avance, el NAIM, y lo que costará la aventura de Santa Lucía, por qué no jugar a la lotería con Dos Bocas.
¿Qué tanto es tantito? Tal vez razonó el economista cuarto transformador que calculó el costo de la refinería si el proyecto resultara fallido.
Supongo que tanto Nahle como el director de Pemex, Octavio Romero, y, consecuentemente, el Presidente, apostaron por Dos Bocas después de escuchar al ingeniero José Alberto Celestinos, el petrolero que más sabe en el país sobre refinación.
Como sea, en 3 años, cualquier duda quedará resuelta, según la Secretaria de Energía, que se juega todo con el proyecto.
Pero aunque en Dos Bocas estén en juego varios miles de millones de dólares y la estabilidad económica del país, por encima está lo que rodea el no o el sí a la reelección.
Quienes lo conocen no dudan en asegurar que Andrés Manuel sería un gran Presidente los primeros 12 años, nomás por razones de edad, porque necesita garantizar que la Cuarta Transformación llegue a buen destino.
La historia nos demuestra que las transformaciones a que él alude para justificar la que encabeza tuvieron resultados ajenos a las buenas intenciones de sus forjadores, en mucho, por sus ausencias.
La de Miguel Hidalgo desembocó en un imperio que convirtió en emperador a quien consumó la Independencia, Agustín de Iturbide; también en la pérdida de la mitad del territorio por los enfrentamientos entre centralistas y federalistas, y entre masones yorkinos y escoceses.
La segunda nos dio la Constitución del 57 y separó a la Iglesia del Estado; estuvo a punto de entregarnos a Estados Unidos vía el Tratado McLane-Ocampo y permitió a Benito Juárez estar en la Presidencia hasta que la angina de pecho acabó con él. Al final desembocó en la dictadura, de 34 años, de Porfirio Díaz, el héroe liberal que con su triunfo en la batalla del 2 de abril de 1867 marcó el inicio del fin de la intervención francesa en México.
El tercer transformador, a diferencia de los anteriores, no gustaba del olor a pólvora ni del sabor de la sangre, pero la bondad e ingenuidad de Francisco I. Madero abrieron la puerta a la dictablanda de un partido político por casi 80 años.
Al momento de firmar o no su compromiso con la no reelección, el Presidente López Obrador debe tener presente que no hay en torno suyo, ni en todo Morena, quien pueda continuar la Cuarta Transformación, no al menos en los términos por él concebida, lo que significa que necesitará más de 6 años para garantizar su supervivencia o resignarse a que la desvíe cualquiera de quienes desde ahora ya piensan en ocupar su lugar, como hicieron los ganones de las transformaciones de Hidalgo, Juárez y Madero.
Tremenda disyuntiva.
Si este martes no se atraviesa otra prioridad, quizás la noticia será que Andrés Manuel se comprometerá, ahora sí y por escrito, a no perpetuarse en el poder.

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