Videgaray ni en el Senado ni con Meade

Vital su afán de convencer a candidato presidencial del PRI que puede seguir confiando en él como en los 30 años anteriores a su destape

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El problema de Luis Videgaray no es tener un seguro, como el fuero constitucional, que le garantice la libertad en el siguiente sexenio; tampoco recuperar la importancia que tuvo en el ánimo de Enrique Peña Nieto desde que llegó al Estado de México de la mano de Pedro Aspe. Su afán vital es convencer a José Antonio Meade de que puede seguir confiando en él como en los 30 años anteriores a su destape para buscar la Presidencia de la República.

Miguel Osorio Chong no tendrá que lidiar con Videgaray en el Senado, como ocurrió desde la campaña de Peña Nieto a la Presidencia; ya el secretario de Relaciones Exteriores se descartó para ser candidato plurinominal a ocupar un escaño en la Cámara Alta. Ahora dedica todo su empeño a hacerse el imprescindible, pero no para Peña Nieto, como lo ha sido en los últimos cinco años, sino para el candidato presidencial del PRI.

Lo suyo es recuperar la confianza que Meade le perdió. ¿En qué momento? Sólo ellos lo saben.

Los enterados coinciden en que aquel 22 de noviembre de 2017, cuando el secretario de Relaciones Exteriores anunció al mundo, en su muy peculiar lenguaje, que tenía al mejor hombre para gobernar al país a partir del 2018, colocó al Presidente ante una situación delicada, pues las condiciones no le permitían cambiar de “canciller” ni de candidato.

Peña Nieto tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no mostrar su contrariedad; apechugó el madruguete y guardó para otro tiempo el ajuste.

Pero lo mismo ocurrió a Meade.

Ambos fueron puestos en evidencia por quien quería demostrar al mundo que mandaba en el presente y que lo haría en el futuro. No por otra cosa escogió un evento ante al cuerpo diplomático acreditado en México para exhibir que no era poseedor del secreto, sino el mago.

Se equivoca quien suponga que el “canciller” continúa gozando de la confianza del mandatario; permanece en su puesto porque ya no hay tiempo para encargar a otro la relación con el gobierno norteamericano.

También lo hará quien se crea el cuento de que Meade sigue siendo apéndice de su amigo de hace 30 años.

La vida le cambió a Videgaray.

En realidad, él lo hizo.

 

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