Venta de cachitos el 9M, machista y discriminatoria

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Mi primera reacción, reconozco que irreflexiva y desmesurada porque no creo al Presidente López Obrador capaz de idear semejantes estratagemas, es que, la decisión de iniciar el 9M la venta de los cachitos de lotería para que 100 ganadores se echen a la bolsa 20 millones de pesos, cada uno, es, por lo menos, machista y discriminatoria.

Porque si las mujeres deciden en esa fecha emblemática quedarse en casa a “lavar trastes”, como aconseja la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, estarán en desventaja ante las hordas de hombres que ilusionados por ganar al menos 209 millones de pesos asediarán a los vendedores de la lotería para hacerse de los que hayan dejado los empresarios invitados a cenar al Palacio Nacional.

En principio desecho que, lo que sería una exhibición de machismo tenga origen en la siempre creativa mente de López Obrador, y caigo irremediablemente en lo obvio: la venta de los chachitos el lunes 9M tiene la intención de bajar el volumen al paro femenil, sea cual sea su tamaño.

La codicia, la ilusión de hacernos millonarios con dinero que es pariente carnal del demonio, según palabras presidenciales, hará que los hombres ni siquiera nos percatemos de la inexistencia de mujeres en la calle.

Así, al final de la jornada, el movimiento habría fracasado gracias a la codicia masculina y a la estrategia oficial de poner los cachitos a la venta en exclusiva para hombres.
¿Exagerado? Si, pero hace rato que todo es así.

No hay duda que el Presidente tiene habilidad innata para encontrar la manera de distraer a la ciudadanía o sus más cercanos pasan el día y los días imaginando con qué reaccionar ante problemas que podrían dañar su popularidad, quizás el bien más preciado de la Cuarta Transformación.

No es una estrategia nueva. En tiempos de Luis Echeverría, el gobernado de Coahuila y líder de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP del PRI), Oscar Flores Tapìa, echaba gala de su humor para salir al paso de los problemas del Presidente.
Echeverría se metía en líos, y Flores Tapia anunciaba la importación de camellos para poblar el desierto coahuilense.

El Presidente se metía en otro, y el gobernador de Coahuila anunciaba que se preparaba para enlatar blanquillos.

Está de sobra decir que sus puntadas provocaban la carcajada nacional, pero todo el mundo dejaba en paz al mandatario para ocuparse de él.

A partir de este razonamiento, es aceptable la versión de que el inicio de la venta de los cachitos el 9M tiene la intención de competir con el éxito grande o menor del paro femenino.
Parece exagerado, sí; mamón, también. Pero en tiempos de la Cuarta Transformación encaja en las estrategias de distracción.

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